Capítulo 25: Tengo hambre

IMPORTANTE, LEER LA NOTA DEL FINAL

En la escena del cumple de Katy aparecen muchos famosos; exceptuando Theo y Shailene, que los he añadido porque amo a esos dos actores, todos los famosos que aparecen interactuando con Rosbten, son amigos suyos (podéis buscar en google, o son compañeros de reparto, o en los eventos públicos se les ve con ellos; incluso algunos aparecen en sus vidas privadas). Puede que alguno de esos famosos no os caiga bien, pero yo me he basado en realidad, así que pido que no seáis muy duros con la escena.

Fotos del capítulo en el blog y en el grupo de Facebook (Links en mi bio)

Kristen POV

Robert y yo volvimos de pasear a los perros he hicimos algo muy simple: desconectamos los teléfonos de casa, apagamos los móviles, informamos a los guardias de la urbanización de que no dejasen pasar a nadie que quisiese ir a nuestra casa durante lo que quedaba de día, activamos el sistema de alarma, cerramos con llave, metimos a los perros en casa y nos bajamos al sótano, a la sala de cine a ver películas y jugar al billar. Así no supimos nada del mundo exterior en todo lo que quedaba de día y nadie pudo molestarnos, regañarnos, gritarnos y todo ese rollo. Fuimos solo Robert, el bebé, yo y una mesa llena de comida basura. Y oh dios, como disfrutamos de ello. Debíamos hacer eso más a menudo.

Pero pronto amaneció y no pudimos hacer nada para mantener nuestra burbuja. Cuando encendimos los teléfonos, les faltó echar humo. Mi móvil tenía más de ciento sesenta llamadas perdidas; cuarenta y siete mensajes de voz, dieciséis mensajes de texto, trece correos electrónicos, más de dos mil WhatsApp, y cientos de notificaciones en Twitter, Facebook e Instagram. El de Robert era algo similar, y los teléfonos de casa tenían el contestador lleno y la memoria saturada de tantas llamadas.

―Esto da miedo… ―Robert ojeaba su teléfono mientras desayunaba un cuenco de cereales― No sé por dónde coño empezar a mirar.

―Tengo llamadas de media familia, de todos nuestros amigos, de Ruth y Grace, de todo mi equipo de estilistas, de Julianne…

―El grupo de WhatsApp de los chicos no es necesario que lo leas. Hablan de lo que ha pasado e intentan localizarnos.

―Voy a centrarme en la gente que no va a venir a echar la puerta abajo en un rato, como Julianne o Nicholas o…

No pude terminar de hablar cuando ya estaban llamando al timbre, o más bien intentando fundirlo.

―Kristen Stewart abre la puerta ahora mismo. ―escuchamos gritar a Ruth. Al instante los perros empezaron a ladrar en la puerta.

―Robert Pattinson no me hagas echarla abajo. ―continuó Grace.

―Sabemos que estáis ahí, abrir la puerta. ―dijo una voz chillona que identificamos como Suzie.

― ¿Y si volvemos al sótano? ―murmuró Robert.

―Me parece una idea…

― ¡Kristen Jaymes Stewart Mann! ― volvieron a interrumpirme.

― ¿¡Mamá?! ―miré a Robert antes de levantarme del taburete e ir a la puerta.

―Vamos, Kris. Que me voy a hacer viejo aquí. ―ahora habló mi padre.

― ¿Pero qué coño pasa aquí? ―abrí la puerta. Mis padres, Cam, los padres de Robert y sus hermanas, Ruth, Grace, Suzie, CJ, Scout y Alicia estaban esparcidos por el porche― ¿Se puede saber que hacéis vosotros dos aquí? ―pregunté a mis padres antes de que alguien dijese algo. Mi madre debería de estar en NY, trabajando, y mi padre con Susan en España.

―Kris, ¿Por qué…―Robert apareció detrás de mí― ¿¡Mamá?! ¿¡Papá?! ¿Pero qué cojones…? ―murmuró lo último.

―Mamá y papá. ―Clare, con su metro sesenta y cinco se acercó a su hijo, le agarró de la oreja y le metió dentro de casa. Esto hubiese sido gracioso en otro momento― ¿Quién te crees que eres para no cogerme el teléfono?

Entré detrás de él, seguida de los demás.

―¡Mamá! ―Robert se soltó de su agarré sobándose la oreja y se alejó de ella.

―Kristen, ¿Qué coño se os pasó por la cabeza para desconectar del mundo? ―Ruth echaba fuego por la boca.

―No, ¿Qué coño se os pasó por la cabeza ayer? ―bramó Grace― ¿Sabéis la que habéis formado?

―No, porque han desconectado del mundo desde que pasó eso. ―Scout se sentó en uno de los sofás. También parecía enfadada.

―¡Y ni siquiera pudisteis avisar! Pusisteis el modo hibernación y listo. ―Suzie se sentó junto a Scout.

―¡Hija, no podéis encerraros en una burbuja cuando os da la gana! ―mi madre, aun estando regañándome, me abrazó― ¿Cómo estás? ―dijo de forma maternal acariciando mi tripa.

―Estoy bien, mamá. ―besé su mejilla― Nos encontramos las dos perfectamente.

―Jules, deja eso para luego. ―la reprendió Clare, que seguía encarando a su hijo, con los brazos cruzados.

―Cierto. ―se separó un poco de mí y volvió a ser mamá osa enfadada― ¿En que estabas pensando, Kristen?

―¿Podéis dejar de hacer preguntas estúpidas y contarnos qué coño ha pasado? ―bufó Robert

―¡El próximo que grite sale de mi casa! ―dije a la vez que él, y me giré a mirarle―¡Tú incluido!

―Lo que ha pasado es…―Ruth empezó hablando alto, pero fue graduando la voz cuando nuestra miradas se cruzaron― que la habéis liado bien gorda.

―Os han demandado. ―soltó Grace de golpe.

Abrí mucho los ojos y mi mandíbula cayó por allá por el subsuelo, o incluso más abajo.

―¡¿Qué?! ―Robert y yo hablamos a la vez.

―¿No era que no valía gritar? ―aparté la vista un momento de Grace. Cam, en quien hasta ahora no me había fijado, estaba apoyado en el piano.

―Cállate. ―dije en tono amenazante. Mi hermano levantó las palmas de las manos a modo de ofrenda de paz, y yo volví a poner mi atención en Grace― Explicar eso.

―Os han denunciado por agresión, injuria y amenazas. Y tiene las pruebas en video.

Me pasé una mano por el pelo. ¿Una jodida denuncia?

―Esto es alucinante…

―¿Ellos tienen derecho a denunciarnos? ¡¿Ellos?! ―gritó Robert, rojo por la ira y con los puños apretados― Yo podría denunciarles por acoso, abuso, difamación, injurias, amenazas, intromisión en la vida privada y mil cosas más, ¡Y nunca lo he hecho!

―Robert, sabes cómo son esa gentuza. ―intentó calmarle Victoria, frotando su espalda.

―Ahora mismo solo sé que ayer debí de partirles la cara.

―¿Y empeorar las cosas? Hijo no puedes pensar así. ―Richard le reprendió.

―Ninguno… Ninguno de vosotros sabéis la mierda que es esto.

―Pero tú sí, y por eso deberías saber a estas alturas como tratarlos. ―dijo mi padre.

―Muy fácil es decirlo. ¿Por qué no lo intentáis vosotros? ―escupió Robert.

Me separé de ellos y me senté junto a mis amigos en los sofás.

―Por favor, ¿Podéis dejar de discutir y dejar que Ruth y Grace nos cuenten todo? ―supliqué cerrando los ojos y llevándome una mano a la frente― Ya es suficiente con tener que aguantar todo esto para que encima nos reprochéis cosas.

―Kris tiene razón. ―escuché decir a Lizzy― Sentaros y tranquilizaros para que podamos hablar las cosas como personas normales. Cam, Vicky y yo vamos a por algo para beber.

Abrí los ojos.

Mis "invitados" hicieron caso a Lizzy y tomaron asiento, Robert incluido, mientras que mi hermano y Victoria desaparecían por las puertas de la cocina. Sonreí a Elizabeth antes de que ella también entrase en la cocina.

―Gracias.

Ruth se sentó a mi lado y empezó a relatar todo lo que ocurrió ayer.

―No sé exactamente cuánto tiempo tardarían los paparazzis en vender la exclusiva desde que ocurrió el altercado ayer; pero a las tres de la tarde, imágenes vuestras y varios videos daban la vuelta al mundo. Los titulares eran muy diversos, ya os los podréis imaginar: algunos os apoyaban y daban la razón, otros se ponían en vuestra contra.

―Enseguida se extendió la noticia por todas las redes sociales y medios de comunicación. ―continuó Grace― Entonces fue cuando intentamos hablar con vosotros, pero ya os habías metido en vuestra burbuja.

―En las redes sociales la cosa se revolucionó: todo el mundo hablaba de vosotros. ―dijo CJ mirando algo en su teléfono― De hecho, seguís siendo tendencia mundial en twitter.

―Hasta los famosos han opinado. ―Alicia me pasó su teléfono para que viese una captura de pantalla, donde Demi Lovato defendía nuestra forma de actuar ayer.

―Vamos… Un poco lo de siempre.

―No ha sido como siempre, Kristen. ―habló mi madre― En ese video se ve como Robert se pone violento contra los reporteros. Eso ha causado mucha polémica.

―La gente critica, para bien o para mal, nuestro comportamiento, habla de ello y forma polémica. ¿Eso no pasa siempre, pise una alfombra roja, haga una entrevista o simplemente salga una frase mía en un libro? ―la contradije. Siempre era igual. Aunque me pusiese a limpiar piedras llenas de petróleo en las playas sacarían algo negativo de mi comportamiento. ¡Me han criticado por comprar en tiendas de segunda mano!

―Pero esta vez la cosa se os ha ido de las manos, y las repercusiones han sido peores. ―explicó Grace― Los reporteros exigen una disculpa por como los tratasteis y una indemnización. Y hay quien los apoya.

―Los va a indemnizar su madre. ―escupió Robert― ¿En el video también sale como empujan a Kristen y hacen que casi se caiga?

―¡¿Te empujaron?! ―dijo Clare . Todas las miradas fueron hacia mí y yo solo asentí.

―Serán hijos de puta…―murmuró Scout.

―¿Te empujaron? ―Ruth se puso más seria todavía.

―Si Robert no llega a agarrarme me hubiese caído.

―De hecho, debe de haber muchas fotos y videos de eso. ―Robert echaba humo por cada poro de su piel; y era comprensible. Pensaban que podrían demandarnos así como así… Y aunque pudiesen hacerlo, tenían las de perder.

―¿Y tienen la cara de demandaros? ―mi padre se levantó de sofá y empezó a caminar por el salón.

―En los videos muestran desde que empiezas a romper cámaras ―dijo Richard señalando a su hijo― hasta cuando Kristen grita.

―Desgraciados. ¿Y piensan que van a conseguir algo? ―Ruth también se levantó y sacó su teléfono del bolsillo; marcó un número y se lo llevó a la oreja― James, quiero que consigas los videos completos de ayer; en ellos se ve como empujan a Kristen. ―colgó el teléfono y me miró―Se van a arrepentir de haber nacido.

Grace también llamó por teléfono y se alejó un poco de todos.

―Espera ―Robert también se puso de pie―, ¿Pensabais que me había comportado así ayer sin motivos?

―No cariño. ―Clare tiró de él para que volviese a sentarse― Sabíamos que tenías algún motivo, pero pensábamos que simplemente era que os estaban acosando demasiado.

―Pues también podríamos haber actuado así sin que me hubiesen empujado. ―dije― Ya estoy hasta el coño de tener que aguantarles. Las leyes están de adorno en este estado, y cuidado, que como intentes denunciar el acoso periodístico te cavas tu propia tumba.

―Sí, aquí o te jodes o te jodes. ―Suzie se levantó para sentarse a mi lado― Pero mira esto. ―me enseñó twitter― La gente os defiende; la gran mayoría está a favor de como os desenvolvisteis ayer. ―agarré su teléfono y leí algunos tweets por encima. Había muchos famosos que hablaban del tema y decían que no tenía que haber parado a Robert, que se merecían unos cuantos de golpes; otros hablaban de la mierda de protección a la intimidad que tenía Estados Unidos. Pero en general todos coincidían en lo mismo, habíamos hecho bien en plantarles cara.

―Hablaré con vuestros abogados y me pondré en contacto con los medios que compraron la entrevista. ―explicó Ruth volviendo a sentarse― Van a tener que publicar los videos completos si no quieren meterse en problemas judiciales. Tergiversan las cosas para que vosotros parezcáis los malos, como siempre. ¡Para ellos cuanta más polémica mejor!

―Ruth da igual… ―dije.

―No, Kris, por una vez no da igual. ―Robert me miraba fijamente, todavía enfadado― Ya estoy harto de quedarme de brazos cruzados y dejar que las cosas pasen. No voy a pasar toda la vida aguantando esto, siempre callándome. Esta vez no me da la gana. Voy a denunciarles, y voy a hacer que se pudran, y voy a obligar a los que hayan comprado la exclusiva a publicar los videos enteros, donde se ve el nivel de acoso al que llegan esa mierda de personas.

―¿Eso significa que por primera vez en la vida vais a dejar que os defendamos en las redes sociales? ―CJ nos miró suplicante.

―No. ―dijimos los dos a la vez.

―Jouu… ―nuestro amigo puso morritos y se cruzó de brazos― En mi próxima vida no pienso hacerme amigo de un famoso sin redes sociales públicas.

―¿Y qué vamos a conseguir con todo eso?

―Zas en toda la boca a los paparazzis. ―contestó Alicia.

―Y demostrar que su demanda se cae por su propio peso. ―añadió mi madre― Esos hombres siempre van haciéndose las víctimas y dejando a los famosos como personas egocéntricas y divas a las que les importa una mierda la gente que no está a su mismo nivel.

―Y eso no es verdad. ―continuó Richard― Muchas veces el mundo cree todo lo que esa basura vende, pero la realidad es muy diferente. A mí me gustaría ver como reaccionaria la gente cuando fuesen perseguidos por reporteros con cámaras cada vez que pusiesen un pie en la calle.

―Uh… Acabarían muy mal. ―dijo Cam entrando por la puerta, con una bandeja llena de vasos. Victoria y Lizzy venían detrás con botellas de bebida― Yo mismo he estado a punto de agredir a más de uno.

Suspiré.

―Voy a irme a vivir a Islandia. Seguro que allí no me encuentran.

―Kris…―Robert se levantó de sus sitio y se arrodilló a mis piernas― Sé que prefieres pasar de todo esto y dejar que la gente opine lo que le de la real gana, pero ¿Enserio quieres que nos llevemos una demanda injusta? No pueden seguir pensando que son los reyes del mundo y que hagan lo que hagan se van a salir con la suya.

―No… No soy de cristal, ¿Sabes? ―ahora la enfadada era yo― Me afecta todo lo que dicen, todos los comentarios e insultos. Me afecta que cada vez que salga a la calle estén ahí. Me afecta lo que la gente piensa de mí por culpa de ellos. ¡Llegó un momento que me daban miedo! Hace unos meses no quería pisar la calle por temor a hundirme al escuchar todo lo que suelen decirme. ―hice un gran esfuerzo por no llorar; malditas hormonas. Puede que pareciese muy dura, y que todo me daba igual, pero nadie sabía lo que me dolía que la gente dijese que mi cara no tenía expresión, que era una amargada, una mal follada y mil cosas por el estilo. A veces se me quitaban las ganas de salir a la calle solo por no tener que aguantar lo que se formaba a mi alrededor. He estado días sin salir de casa por eso. Otras veces, los comentarios me hacían tanto daño, aunque en las fotos pareciese que estaba impasible, que al llegar a casa o meterme en el coche empezaba a llorar de la impotencia. Intento llevar siempre los cascos puestos, a máximo volumen, para no tener que escucharlos; y las gafas porque más de una vez mis ojos terminan aguados y no quiero que lo vean. No puedo mostrar debilidad ante ellos― Pero cuanto más caso les haga, más van a querer…―casi me rompí al final― Yo soy la que está embarazada. Es a mí a quien más atosigan y persiguen, haciendo mi vida un circo. Por eso prefiero ignorarles; ya se cansarán y se irán. Es más sencillo un puñado de fotos que una pelea con ellos.

Mi familia me miró con lástima y mis amigos con comprensión. Parecía que todos querían hablar, pero fue Robert el que lo hizo, besando mi tripita antes.

―Se cómo te sientes, cariño. ―empezó con suavidad― Eres una de las personas más acosada de todo el mundo, y aunque digan que al final uno se acostumbra, no es así; nunca podrás aprender a vivir con ello. Es horrible cuando te rodean y empiezan a decir cosas que van directas al corazón, a hacer daño, porque al final de alguna forma u otra te acaba afectando. Por eso quiero frenar las cosas esta vez, para que la pelota de mierda no se haga más grande todavía; y porque me han tocado la moral y los cojones. ―me hizo sonreír― Sobre todo, porque te han tocado a ti. Y no voy a consentir que sigan mintiendo sobre nuestra vida para crear polémica y jodernos. Ya lo hicieron una vez, y me juré no permitirlo más veces.

―Kris. ―Grace se acercó a nosotros otra vez― Tú no vas a tener que hacer nada, puedes quedarte fuera. Ruth y yo nos encargaremos de todo; tú no tiene que preocuparte. ―frotó mi hombro.

―Cariño ―dijo mi padre―, haznos caso por una vez y déjanos defenderte. Llevas toda la vida impidiendo que tus amigos y familiares den la cara por ti, y entendemos y respetamos tu postura; pero a veces nosotros también necesitamos sacar las garras. Y esta vez no te va a hacer ningún daño.

―Solo vamos a demandarles nosotros y a hacer que muestren los videos enteros. ―terminó Ruth.

Cerré los ojos y apoyé la cabeza en el respaldo del sofá.

―No vais a cambiar nada, pero adelante, hacer lo que queráis.

―Gracias. ―dijeron a coro unos cuantos.

Abrí los ojos.

―Pero por favor, no os paséis.

―Tranquila, no vamos a hacer nada que no quieras. ―Suzie, a mi lado, pasó un brazo por mis hombros.

―A veces es necesario dejar que otros te protejan, Kristen. ―dijo Victoria― Por muy fuerte que puedas ser, la vida no está hecha para que te enfrentes solo a todo.

―Siempre tendrás alguien que estará dispuesto a ayudarte. ―Clare me sonrió.

―Y aunque niegues la ayuda y no dejes que te defendamos, vamos a seguir queriendo hacerlo cada vez que veamos que lo necesitas. ―finalizó Scout.

―Kris… ―murmuró Cam, como si no le hubiesen escuchado todos― se han puesto en modo filosófico y puede que no les entiendas entre tanta cursilería, pero quieren decir que si hace falta repartir hostias, se reparten.

Nos hizo reír.

―¿Mejor? ―preguntó Robert, aun a mis pies.

Asentí.

―Ya que estáis todos aquí, ¿Os quedáis a comer?

―¿Pretendes echar a tu viejo padre que ha venido desde España solo para cantarte las cuarenta?

―Puede… ¿Me has traído más dulces españoles? ―mi estómago gruñó al pensar en ellos y a mi alrededor se empezaron a reír.

¿Qué? Es culpa del bebé que siempre tenga hambre.


―Buenos días chicos. ―Anne nos sonrió cuando entramos en su consulta. Robert y yo le correspondimos y nos sentamos―¿Cómo estáis? Ya me he enterado de todo lo que os está pasando. La gente es muy hija de puta.

―Grace y Ruth están tan enfadadas que podrían morder a quien no coopere con ellas. ―dijo Robert sonriendo.

―Y la familia puede llegar a ser muy insistente y persuasiva. ―continué yo― Pero la verdad, es que después de que nos enterásemos de todo y se nos pasase el cabreo inicial y el bajón posterior, volvimos a estar bien. No vamos a preocuparnos por esto, bastante tenemos ya con nuestra vida privada.

―Hacéis bien. Me preocupa que puedas estar bajo demasiado estrés, Kristen. Debes estar relajada, nada de sobresaltos.

―Intento no preocuparme demasiado por las cosas. De hecho, ya me he acostumbrado a que me mimen y cuiden. ―y creo que iba a echar de menos esto cuando finalizase el embarazo.

―Así me gusta. ―miró algo entre sus papeles― Tenemos muchas cosas de las que hablar hoy. Si os parece bien, primero hablamos de todo, después te reviso y hacemos la ecografía 4D y por último el resto de pruebas.

―Perfecto. ―dijimos al unísono.

―Semana 30 de embarazo, nos quedan 10 para el parto. Sabéis que el embarazo puede finalizar en cualquier momento con un parto prematuro, y todos hemos aceptado eso y analizado lo que puede suceder; así que estamos tranquilos al respecto. ―asentimos― Entonces, como nueva medida preventiva me gustaría medicarte para poder madurar los pulmones del bebé, y así eliminar riesgos por si inmadurez en el caso de un parto antes de tiempo.

―¿En qué consiste? ―pregunté. Iba a aceptar cualquier cosa que supusiese algo bueno para el bebé.

―Un bebé con altas probabilidades de nacer prematuramente, tiene también un alto riesgo de padecer diversas complicaciones, como ya sabéis. Entre las más frecuentes se encuentran los problemas respiratorios como el síndrome de distrés respiratorio. Este síndrome es causado principalmente por la falta de una sustancia llamada surfactante o agente tensioactivo, que ayuda a los pulmones a inflarse con aire e impide que los alvéolos colapsen. Esta sustancia normalmente aparece en pulmones completamente desarrollados y suele faltar en los niños prematuros. Es por esto que cuando el médico tiene sospechas justificadas de que una mujer puede tener un parto prematuro, se indica realizar la maduración pulmonar. ¿Me seguí?

―Sí. ―dijo Robert por los dos.

―La maduración pulmonar se realiza mediante dosis de corticoides que se administran a la mamá, las cuales contribuyen a que los pulmones del feto se desarrollen rápidamente. El corticoide indicado en estos casos es la betametasona, el cual acelera la producción de surfactante en el feto, reduce el riesgo de hemorragias cerebrales y disminuye de la mortalidad en bebés prematuros. ―sacó una ampolla de un cajón― Fin de la case teórica.

Robert aplaudió haciéndonos reír.

―Es esta ampolla. ―me la entregó― Grace y yo hemos estado hablando sobre la dosis que deberíamos suministrarte, y hemos llegado a la conclusión que para evitar cualquier daño pulmonar deberíamos administrarte por lo menos tres dosis.

―¿Cómo me las administraríais? ―pregunté mirando el líquido blanquecino junto a Robert.

―Una dosis cada doce horas hasta terminar el tratamiento.

―¿Tengo que quedarme hospitalizada?

―No. Por eso os he citado tan pronto. Te inyectaríamos una ahora; volveríais esta noche para poder ponerte otra inyección y mañana por la mañana a la misma hora que hoy te pondríamos la tercera dosis.

―¿Hay efectos secundarios o algo así? ―preguntó Robert, dejando la ampolla sobre la mesa.

―Kristen puede sentir náuseas y pequeños mareos durante las horas posteriores a la inyección de la dosis, pero no corre ningún riesgo ella o el bebé. Fíjate, es tan inofensiva la inyección que se puede ir a casa y volver para la siguiente dosis. Solo tiene que quedarse tranquila y no hacer muchos esfuerzos.

―Estoy dispuesta a correr el riesgo.

Anne me sonrió.

―Además me gustaría hacerte otras dos pruebas más, mucho más sencillas e indoloras que esta.

―¿Cuáles son?

― El test del estreptococo y una cardiotocografía. ¿Volvemos a la clase teórica?

―Si no hay más remedio… Menos mal que no tengo que aprenderme todo esto. ―farfulló Robert sonriendo.

― El test del estreptococo evita la infección del bebé al nacer. Antes del parto, es conveniente realizarlo, sobre todo por el bebé, que pagaría un precio muy alto si llegara a contagiarse durante el parto. ―ala, ya me había ganado. Otra prueba más que añadir a la lista de las realizadas― Se realiza, aproximadamente, un mes y medio antes de la llegada de los primeros síntomas del parto, pero en tu caso no pasa nada por hacerla antes. Consiste en la realización de un frotis vaginal a la futura mamá ―Robert puso cara de confusión―. Robert, un frotis vaginal consiste en meter una especie de bastoncillo, parecido al de los oídos, en la vagina y el recto de Kristen para poder recoger una muestra de mucosa y analizarla. Es un examen breve e indoloro.

―Ahhhh. Gracias.

Anne volvió a sonreír.

―Este test está destinado a detectar bacterias, que puede anidar en la vagina sin provocar síntomas. Sin embargo, resulta peligrosa para el niño que, al nacer, podría contraer una infección grave. Y, aunque se trata de un riesgo remoto, se reduce aún más con la prevención.

―Mejor prevenir que sufrir. ―puntualicé.

―Exacto, ―continuó Anne― La presencia de estas bacterias se ha asociado a casos de parto prematuro, pero no siempre es así. Si el resultado es positivo, la futura mamá se somete a un tratamiento antibiótico, prescrito también al papá, en ciertos casos; y se intenta debilitar a la bacteria cuanto antes repitiéndose el examen poco antes del parto.

―Mira, algo que no sufriría solo yo. ¡Por fin! ―palmeé el hombro de Robert.

―Muchas veces son los hombres los culpables. ―Ann le miró con una ceja alzada.

―¿Podemos seguir con la clase por favor? ―pidió este algo avergonzado.

―La bacteria puede reaparecer poco después del tratamiento, y, si te pusieses de parto y continuases portándola, el tratamiento debería efectuarse durante el parto. ―explicó―En el momento de la llegada al hospital con contracciones te administraríamos el tratamiento durante unos minutos. En general, se utilizan antibióticos que actúan en menos de media hora a través del organismo materno, protegiendo inmediatamente al niño.

―¿Pero aun así podría contagiarse? ―pregunté.

―Sí, pero eso es algo que ocurre escasas veces, por no decir nulas. Para averiguar si el recién nacido ha contraído la infección, se le efectúa una sencilla prueba. Y los síntomas aparecen durante las 24 primeras horas de vida, así que se suele detectar con rapidez en caso de no realizar la prueba porque se piense que el bebé no lo ha contraído. Los síntomas suelen ser palidez, desgana, vómitos abundantes y falta de apetito.

―Da miedo. ―murmuré frotando mi vientre.

―Kristen, esta bacteria puede ser contraída por los niños después de nacer, y no tendría nada que ver contigo; se llama meningitis, y es muy común. ¡La contraen hasta adultos!

―Ya, pero pensar que un bebé con horas de vida enferma hace que yo me ponga enferma. ―me estremecí.

Robert entrelazó su mano con la mía y me dio un apretón.

―Por eso te voy a hacer la prueba Kris, para asegurarnos de que a vuestra niña no le ocurre nada cuando nazca.

―¿Y cuál es la otra prueba?

―La cardiotocografía…―volvió a adquirir un tono más profesional―Consiste en la monitorización del ritmo cardíaco fetal, de los movimientos del feto y de las contracciones del útero. Es un control que se efectúa una o varias veces durante las últimas semanas de gestación. Se efectúa con dos sondas, parecidas a las que se utilizan para realizar las ecografías, que se sitúan alrededor de la tripa, de ahí que muchos lo llamemos correas. La primera es una sonda de ultrasonidos, que sirve para detectar el latido del corazón del feto. El dispositivo traduce las variaciones del ritmo cardíaco en un gráfico que se imprime en papel. La segunda sonda se utiliza en cambio para medir la intensidad y frecuencia de las contracciones uterinas.

―¿Qué se consigue con esa prueba? ―preguntó Robert

―Las características de la frecuencia cardíaca fetal crean un estupendo indicador de la salud del bebé y nos ofrecen los datos necesarios para determinar si el parto es más o menos inminente, o si la futura mamá tiene que seguir esperando.

―¿Con eso podría saber cuándo voy a ponerme de parto?

―Es un factor que influye, pero puede variar. Es igual que cuando sientes contracciones; eso no significa que vayas a ponerte de parto inmediatamente, pueden pasar semanas hasta que tu cuerpo entre realmente en trabajo de parto.

―Siempre igual… Todo puede significar que me voy a poner de parto, y a la vez no. Es frustrante. ―me crucé de brazos.

―Nada puede decir cuándo va a nacer el bebé, solo él. ―Anne me miró con compasión― Sé que puede llegar a ser estresante, pero cuanto más bien lo tomes, todo irá mejor.

―Lo sé…

―Tranquila. ―murmuró Robert solo para mí.

―El bienestar del niño se ve no tanto en la medición instantánea del ritmo, sino en las posibles alteraciones de la frecuencia cardíaca. Un latido constante no necesariamente indica buena salud, más bien lo contrario: lo que se espera de su corazón es que varíe a medida que pasan los minutos. ―explicó― Es útil contrastar el comportamiento del latido con las contracciones del útero. Las alteraciones bruscas en el ritmo cardíaco, fruto de las contracciones, es lo que busca la prueba, porque significa que todo va como debería.

―¿Cómo se realiza la prueba? ―pregunté

―Te llevaremos a una habitación y te conectaremos a las sondas durante un periodo de entre media hora y una hora y media. Deberás estar o bien tumbada o bien sentada para su mejor funcionamiento, pero no pasa nada si necesitas levantarte para caminar un poco o ir al servicio.

―Vamos, que en resumidas cuentas voy a pasar toda la mañana en el hospital.

―Sí. ―Anne sonrió― Pero no te preocupes, te daremos de comer.

―¿Pensabas que iba a quedarme si no me dieseis de comer?


Después de hablar un rato de cómo me estaba sintiendo y de responder a unas preguntas pasamos a la acción. Anne empezó midiéndome, pesándome y seguidamente me realizó el frotis vaginal.

―Ahora, Kris, necesito que te pongas de costado para poder pincharte en una nalga.

―Me siento un bebé. Nunca me han pinchado ahí. ―ya estaba sin pantalones y ropa interior, así que solo tuve que colocarme de costado con la ayuda de Robert. Anne me pasó un poco de algodón con alcohol por la zona y clavó la aguja― Joder.

―¿Duele? ―preguntó Robert, en frente de mí, acariciándome la tripa.

―Un poco. ―sentía como el líquido entraba.

―Listo. ―Ann sacó la aguja y masajeó un poco la zona― Ya puedes vestirte; nos vamos a la sala de la ecografía 4D.

Robert me ayudó a bajar de la camilla y vestirme. Siempre tan caballeroso él.

Seguimos a Anne por media ala de maternidad hasta llegar a una pequeña sala con varios ecógrafos, taburetes y una camilla. Me coloqué en esta y subí mi camisa.

―¿Nerviosos por ver la carita de vuestra niña? ―Anne se sentó en un taburete a un lado de la camilla y Robert en otro, al otro lado.

―En realidad no queremos verlo. ―dijo Robert― Queremos llevarnos la sorpresa el día que nazca, pero sí que queremos tener el recuerdo, y dejar que nuestras familias y amigos lo vean ya.

Anne nos sonrió.

―Es un detalle precioso. ―giró el ecógrafo para que no pudiésemos ver nada. Me puso el gel en la tripa y después colocó la sonda. Estuvimos un rato en silencio.

―Todo es correcto Kris. ―habló Anne por fin― Pero la pequeñaja está dormida y no quiere moverse, así que, Robert, ¿Por qué no despiertas a tu niña? Así tendréis un video en el que no salga solo durmiendo, y ya de paso nos viene bien para la cardiotocografía.

―Claro.

―Yo vuelvo en unos minutos, voy a ver si ya tienen lista la habitación. ―Anne limpió mi vientre y salió de la consulta. Robert ocupó el sitio de Anne y puso una mano en el centro de mi tripa.

―Pequeña… buenos días. Es hora de despertarse. ―dijo con voz tierna― Mami y papi quieren sentirte. ―besó mi vientre repetidas veces― Eres una dormilona igual que papá, ¿Verdad?

Sonreí y llevé una mano hasta mi tripa.

―Papi, es que dentro de mamá se está muy agustito. ―le contesté sonriendo.

―Con lo mimada que está mi bebé. ―volvió a besar mi hinchada tripa, para después hacer unas cuantas pedorretas― Mi pequeña, que ganas tengo de que nazca.

―Pensé que tu pequeña era yo.

Robert levantó la cabeza y me miró sonriendo.

―Tú eres mi pequeña número uno. ― se levantó y acercó su rostro al mío para besarme despacio―Mami no tiene que ponerse celosa, ¿Verdad bebé? ―dijo bajito, mirándome fijamente― Tú eres mi todo, no solo mi pequeña.

―Gracias papá. ―murmuré antes de volver a juntar nuestros labios. En ese momento sentí una patada y rompí el beso― Alguien se ha despertado ya.

Robert volvió a llevar una mano a mi tripita y la acarició.

―Oh, es verdad. Alguien debe de estar contenta por los bonitos buenos días que ha tenido. ―se separó de mi para volver a sentarse en el taburete― Buenos días bebé. Aunque hoy no queramos verte en el ecógrafo, no significa que te queramos menos princesa. Mami y papi quieren esperar para verte por primera vez cuando nazcas, por eso no queremos ver hoy tu precioso rostro. Queremos que nuestra primera imagen de tu carita sea roja por la sangre y el llanto.

Me reí, haciendo que la enana volviese a patear con más ganas y acaricié el pelo de Robert.

―Estoy deseando que llegue ese día. ―continuó― Cuando te pongan desnudita sobre el pecho de mamá y digan "aquí tenéis a vuestra niña". Y no puedo prometerte que no lloraré, pequeña, porque ese será el momento más feliz de mi vida.

Se me saltaron las lágrimas.

―Desde entonces seremos mamá, papá y tú contra el mundo, cariño.

―Eres increíble. ―murmuré secándome las dos o tres pequeñas lágrimas traicioneras que rodaban por mis mejillas.

Volvió la cabeza para mirarme y sonrió.

―Tú sí que lo eres. ―agarró mi mano y se la llevó a los labios― Te quiero.

La puerta se abrió y entró Anne, con una tableta de chocolate en las manos.

―¿Cómo vais? ¿Está despierta?

―Muy despierta. ―dije sonriendo. Robert se levantó del taburete y volvió al otro.

―¿No hace falta el chocolate? ―me enseñó el paquete.

Al instante se me hizo la boca agua.

―Bueno… Siempre puede estar más activa todavía. ―dije.

Ann soltó una carcajada y me entregó el chocolate.

―Todo tuyo.

―Pero no te lo comas tú sola, comparte con nosotros. ―dijo Robert.

―Búscate tu propia tableta. Esta es mía. ―la abrí y partí un trozo, para después dárselo. Anne volvió a poner gel en mi vientre y reanudó la ecografía.


―Kristen, empuja, tienes que traer a tu niña al mundo. ―me pidió Anne con una sonrisa.

―No puedo. ―sollocé― Duele mucho.

Volví a gritar y retorcerme con otra contracción.

―Quiero a Robert. ―supliqué cerrando los ojos.

Cuando los abrí, a mi alrededor solo veía caras desconocidas, ni si quiera encontraba a Anne y Grace entre ellas.

―Kristen, empuja. ―dijo una voz extraña. Me incorporé sobre los codos e hice fuerza, tal y como me estaban pidiendo, durante más de diez minutos. Hasta que no pude más y caí sobre la camilla.

―Vamos, Kristen. Empuja o nunca nacerá tu bebé.

Negué intentando coger aire. El dolor me mareaba, empezaba a ver borroso, y no era por las lágrimas. EL dolor se hacía cada vez más insoportable.

―Si no empujas tu hija morirá ahí dentro.

―Hacerme una cesárea por favor. ―supliqué llorando― No puedo más. Ya no puedo más.

―Las cesáreas no están permitidas en este hospital.

―¿Dónde está Anne? Ella es mi ginecóloga.

Una mujer con una mascarilla verde se acercó hasta el gotero y le inyectó algo.

―¿Qué es eso? ―murmuré.

―¿Anne? Aquí no trabaja ninguna Anne. ―contestó la mujer entre mis piernas― Tienes que volver a empujar.

―Viene otra contracción. ―anunció la voz de un hombre.

―Empuja ahora.

Grité cuando el dolor se apoderó de mí y empujé otra vez. Sentía como la cabeza del bebé hacía presión sobre mi sexo pero nunca salía.

―No empujas con la fuerza necesaria, no sale ni siquiera la cabeza. ―me reprocharon. Yo solo pude dejarme caer en la cama agotada y llorar.

―¿Dónde está Robert? ―pregunté angustiada, buscándolo entre todas las personas de la sala.

―Robert se ha ido.

―¿Se ha ido? ―grité asustada.

―Estás sola con nosotras. ―la mujer de la mascarilla acarició mi vientre.

―Vamos Kristen, empuja otra vez.

―No…―sollocé― No puedo.

―¡Tienes que empujar! ¡EMPUJA! ―me gritaron. Al instante volvía a dolerme el vientre. Hice un esfuerzo y volví a incorporarme y empujar hasta que me quedé sin aire y me mareé. Sentí entonces como expulsaba al bebé. Y todo acabó. Dejé de sentir dolor y caí contra las almohadas.

―¡Ya ha salido! ―gritó alguien.

―Mi bebé… ―murmuré levantando los brazos casi sin fuerza, para que me la diesen― Dejarme verla. ―supliqué.

―Esto es tu culpa. ―me susurraron al oído― Te dijimos que empujases.

―¿Qué?

―Está muerta. Tu hija está muerta.

Robert POV

Escuché a Kristen gritar.

Asustado dejé el guion y subí al cuarto lo más rápido que pude. La había dejado durmiendo después de haber llegado de pincharle la tercera dosis de medicación. Encendí la luz del dormitorio y la busqué. Estaba en el centro de la cama, removiéndose y gritando de forma histérica.

Solo soñaba. Joder. Solo soñaba.

―¡Kris! ―me acerqué corriendo a ella y la rodeé con los brazos. Estaba sudando, y tenía la cara empapada por las lágrimas― Cariño, estoy aquí. Solo estás soñando. ―le dije despacio, sentándome, y a ella conmigo en mi regazo― Mi amor, es una pesadilla. ―se removió por última vez antes de abrir los ojos asustada, hiperventilando.

―¡Robert! ―lloró angustiada mirándolo todo.

―Shhhh… estoy aquí. Es una pesadilla. ―la abracé y acaricié― Ya pasó, ya está.

―Robert. ―sollozó contra mi pecho, ahora conscientemente―Nuestro bebé-é… Está muerto-o.

―¿Qué? ―casi grité― No por Dios, Kristen. No pasa nada.

Agarré una de sus manos y la llevé hasta su tripa. La niña se movía asustada.

―El bebé está aquí, pequeña. Siéntela. Está muy nerviosa, la has asustado.

―Mi bebé. ―acarició su vientre mientras lloraba―No-o me dejes sola-a en el par-arto por favor.

―Hey, claro que no. ―besé su pelo y la abracé con más fuerza.

―Y-y no permita-as que deje de-e empujar. ―su cuerpo temblaba del susto, y con una de sus manos agarraba fuerte mi camiseta― No deje-es que el bebé-é se muera..

―Cariño, tranquila. Solo era un sueño. ―la acuné― Respira hondo, venga, respira conmigo.

La separé un poco para poder mirarla. Tenía los ojos muy abiertos, llenos de lágrimas, y el pelo en la cara. Limpié sus lágrimas y le aparté los mechones mojados de pelo.

―Ya está. No era eral… ―acaricié su rostro y ella volvió a pegarse a mi pecho.

―Parecí-ía real… ―murmuró angustiada.

―No lo era, Kris, no lo era. ―me tumbé con ella y nos puse de costado, todavía rodeándola con los brazos― Tienes que tranquilizarte, o nosotros podríamos tener un susto.

Respiró hondo un par de veces y cerró los ojos.

―Así, muy bien, mi amor. ―acaricié su vientre despacio, sintiendo como el bebé también se iba relajando, hasta que las dos se quedaron tranquilas un rato después―¿Mejor? ―susurré despacio.

―Sí. ―suspiró abriendo los ojos, todavía enrojecidos― Ha sido horrible…

―¿Quieres contármelo? Me has dado un buen susto.

―Soñaba que estaba de parto, y que ni tú ni Anne ni Grace estabais. Y no hacían más que decirme que empujase, y a mí me dolía mucho. Y empujaba pero no salía el bebé, y me decían que empujase más fuerte… Y yo pedía una cesárea pero no querían hacérmela, y me obligaban a empujar y empujar hasta que sentía como salía el bebé… Y estaba muerta. ―me estremecí y algunas lágrimas volvieron a resbalar por sus ojos.

―Joder… Eso es horrible. ―la abracé con fuerza. No podía imaginar lo que estaba diciendo; no sin querer matarme. Era horroroso― Ya ha terminado. Y nuestra niña está bien. ―junté nuestras manos sobre su tripita y Kristen asintió.

Besé su mejilla, limpiando las lágrimas.

―Ya me dijeron que podía soñar con el parto, y tener pesadillas… Pero esto… Dios mío. ―tembló.

―Ya ha pasado, Kris. ―me había asustado tanto al oírla gritar; pensaba que algo iba mal, que estaba sangrando o que tenía contracciones. El camino del salón hasta aquí había sido el más infernal de mi vida; y eso que no había tardado ni treinta segundos en llegar. Se me habían pasado todo tipo de escenas por la cabeza en ese momento. La única vez que había escuchado a Kris gritar así había sido grabando el parto en Amanecer, y ahí actuaba―Todo está bien, mi amor.

―Te quiero. ―murmuró cerrando los ojos y acurrucándose en mi pecho― Siento haberte asustado.

―No pasa nada, no ha sido tu culpa. ―acaricié su espalda― ¿Quieres seguir descansando?

Negó.

―¿Qué te apetece hacer?

―¿Puedo irme contigo al set? No quiero quedarme sola en casa.

―Claro, pero antes te voy a preparar un baño. Tenemos tiempo de sobra.

―Gracias. ―besó mi pecho― No sé qué haría sin ti.


Kristen POV

Dos días después de la odiosa pesadilla tuvimos clase con Grace, así que pude contársela y ella me ayudó mucho a no tener miedo a lo que había soñado. Era increíble todo lo que me estaban ayudando sus clases. En esa sesión utilizamos música para conectar con el bebé, música relajante y después música que a Robert y a mí nos gustase. Aunque lo mejor de esa parte de la clase fue cuando Grace sacó una guitarra y le pidió a Robert que nos cantase algo a mí y al bebé. Digamos que solo lloré un poco mucho. Después de eso me Grace me explicó como era el sangrado que me acompañaría después del parto, la famosa cuarentena, y como debía de cuidarme y limpiarme. A cualquier mujer que se le dijese que tenía que estar un mes sangrado le daría algo, por mucho que tuviésemos el periodo una vez al mes… Aunque por mi bebé, sangraría todo lo que me quedaba de vida. Continuó la clase con una buena charla sobre la lactancia y como llevarla a cabo, la alimentación tanto mía como del bebé, como cuidar de ella los primeros días tras nacer, los ciclos de sueño normales y su comportamiento. Finalizamos hablando un poco sobre el método canguro en los bebés prematuros. Ah, e ideamos mi plan de parto y hablamos sobre todo lo que podía ocurrir. Hasta me regaló una pelota de yoga para que hiciese ejercicios.

Cuando salimos de la clase, los dos estábamos más relajados y tranquilos. Grace tenía una especie de efecto en nosotros que conseguía apaciguar hasta los peores males.

Terminé de preparar la pequeña cuna que habíamos colocado en nuestro cuarto para cuando naciese el bebé… Bebé… Como no decidiésemos un nombre pronto la niña iba a tener seis años e iba a seguir llamándose bebé. Sonreí y coloqué un pequeño conejo de peluche que Robert me regaló, bueno, a la niña, hace unas semanas. Me senté en la mecedora que también habíamos colocado al lado de la ventana, subí mi camiseta y me bajé la faja.

Mi tripa estaba muy grande, y se supone que tenía que creer más. Pero para una persona tan delgada como yo, era muy extraño verse con un balón de playa entre las caderas. Toqué mi hinchado vientre, sintiendo casi al instante como el bebé se pegaba a mi mano, haciéndome sonreír.

―Hola pequeña… ―la verdad es que me encantaba mi tripita, me encantaba el reflejo que veía en los espejos, me encantaba como me quedaba la ropa. Me encantaba verme embarazada― Soy mamá.

Sentí como se pegaba más en el lugar donde estaba mi mano, haciendo que se notase solo con mirar donde estaba posicionada.

―Me gustaría que te quedases ahí unas semanas más… por lo menos cinco. Pero… también me gustaría que nacieses ya, para poder abrazarte y besarte, y olerte. Quiero tenerte ya entre mis brazos, y ver cómo te duermes acurrucada en mi pecho.

Sentí una patada.

―Puede que no fueses planeada, pequeña, pero te has convertido en lo mejor de toda mi vida, y aun no has nacido; imagínate como será cuando vengas al mundo. ―me rodeé el vientre con las dos manos― Todos nos cuidan mucho y nos miman. Si no fuese por papi, no comeríamos helado cuando se te antoja, bebe.

―Ahora estamos solas en casa porque papá se ha ido a dejarles bien claro, a la gente mala que quiere meterse en nuestras vidas, que aquí mandamos nosotros. ―sonreí al sentir moverse a mi hija con cada frase que decía. Robert estaba con Grace, Ruth y nuestros abogados arreglando todo lo que había pasado; ganando la demanda y consiguiendo una indemnización que iría para alguna ONG, porque nosotros no la necesitábamos―Cariño, si algún día te echas novio, que seguro que será pronto porque vas a ser la cosa más bonita del mundo, tendrás que tener cuidado con papá, porque él es como una mamá oso con sus crías, y esas somos tú y to.

Empecé a mecerme y a trazar patrones sin sentido sobre mi piel.

―No puedo prometerte que seré una buena madre, bebé, pero prometo levantarme en las noches sin importarme la hora que sea para darte de comer o cambiarte un pañal sucio, aunque lleve días sin dormir bien; prometo que no perderé los nervios cuando llores, y no gritarte… Prometo quererte mucho, cariño. Eres… lo más importante en mi vida… un trocito de mí, alguien que me amará siempre.

―Gracias a ti, papá y mamá volvieron a darse una oportunidad, y ahora todo es perfecto. Tú fuiste nuestra luz entre tanta oscuridad, y te estoy muy agradecida por ello. ―me limpié las lágrimas, de las que no me había percatado― Gracias bebé.

―Y ahora, después de este momento tan cursi, ¿Quieres que nos comamos un buen trozo de tarta de frutos rojos que trajo ayer la abuela?

La pequeña dio una fuerte patada, como si realmente me hubiese entendido y yo me reí.

―No hay duda, eres tan glotona como tu padre.


Robert POV

Escuché la puerta de la ducha abrirse, y cuando terminé de aclararme el champú del pelo y pude abrir los ojos me quedé petrificado durante unos instantes. Una mojada Kristen estaba dentro de la ducha, con los ojos muy abiertos, mirándome. El pelo le caía por ambos hombros, tapando un poco sus grandes pechos y el agua resbalaba por su piel, empapándola.

Joder.

Desde que Grace nos había hablado antes de ayer en la clase sobre el sexo en el último trimestre, Kristen estaba muy caliente continuamente.

―Quiero sexo. ―dijo sin dejar de mirarme. Al instante ya estaba duro.

Sonreí.

Me acerqué a ella y la acorralé en una esquina de la ducha, ganándome una sonrisa juguetona por su parte. Miré su cuerpo de arriba a abajo, deteniéndome en su tripa unos instantes, para después, bajar más todavía y comprobar que estaba depilada; eso me volvía loco. Acorté las distancias y besé su boca con fiereza, ganándome algún que otro jadeo por su parte. Sus pequeñas y traviesas manos subieron por mi pecho hasta llegar a mi cabeza y tirarme del pelo para acercarme a ella todo lo que su vientre nos permitía, a la vez que enganchó una de sus piernas a mi cintura. Le agarré la pierna, y rocé mi erección contra su raja, haciéndonos gemir. Si fuese por mí, la follaba ahora mismo hasta que no pudiese sentarse, hasta que gritase mi nombre mientras su estrecho coño me ordeñase hasta la última gota; pero se trataba de ella, no de mí; quería darle placer antes de que yo lo recibiese. Por eso me separé un poco su cuerpo y jugué con su clítoris durante un rato, mientras dejaba que besase mi cuello.

―Quiero más… ―gimió echando la cabeza hacia atrás cuando empezaba a acercarse a su orgasmo. Aproveché para mordisquear sus pezones, levanté un poco más la pierna que tenía sujeta y hundí dos dedos en ella, para al instante hacer que se corriese. Mi polla palpitó de deseo cuando jadeó mi nombre, con la respiración entrecortada. La sostuve, dando pequeños besitos en su mejilla mientras Kristen volvía a respirar con normalidad.

―¿Más? ―mi chica asintió con los ojos cerrados. Entonces bajé su pierna, la llevé hasta el asiento de metal que había debajo de la ducha y la hice que se sentase. Vendito asiento, en qué hora lo colocamos a la medida perfecta para poder follarla sentada.

Agarré la alcachofa de la ducha, le puse mayor potencia, me coloqué entre sus piernas y empecé mojándole los hombros, viendo como disfrutaba con el masaje que le proporcionaban los chorros; bajé hasta sus pechos, y dejé que la presión del agua le diese directamente en los pezones, primero en uno y después en el otro, consiguiendo que ella jadease.

―Qué sensibles… ―lamí su cuello haciéndola gemir y seguí mi recorrido vientre abajo, hasta llegar a mi objetivo. Posicioné la alcachofa sobre su monte de venus, haciéndola removerse de la anticipación, y fui bajando poco a poco. Con una mano abrí con suavidad sus labios y acerqué el chorro de agua a su hinchado botón.

―Joder… ―gritó agarrándose a hombro. Satisfecho con su reacción hice círculos con el chorro alrededor del clítoris mientras la volvía a penetrar, esta vez con tres dedos y mordía su cuello. Poco a poco volví a sentir como sus paredes volvían a contraerse―Voy… ahh… Me corro otra vez.

Esa fue la señal que estaba esperando. Coloqué el chorro directamente sobre su clítoris y la penetré con los dedos con fuerza y rapidez. Kristen gimió en voz alta, escondiendo la cabeza en mi pecho mientras su cuerpo se retorcía por los espasmos del orgasmo.

―¿Te gusta? ―seguí moviendo la mano, esta vez más despacio, pero aparté la alcachofa, dejándola en algún punto del suelo.

―Eres Dios. ―levantó la cabeza para mirarme y me atrajo hacia ella para poder besarme. Sus manos recorrieron mi pecho y bajaron por mi bajo vientre hasta llegar a mi miembro que me llegaba casi al ombligo. Lo agarró con fuerza y empezó a mover la mano, haciéndome gemir contra su boca. Entonces aprovechó para hablar―En esto momentos… Es cuando menos me gusta mi adorable tripa.

―¿Poor qué-é? ―jadeé. Me volvía loca, con esa mano, apretando cuando llegaba a la cabeza y haciendo círculos con el pulgar.

―Porque no podemos follar aquí… Ya dijiste hace unas semanas que era peligroso… ―me provocó, mordiendo mi labio al terminar de hablar.

―Pequeña-a, te voy a follar a-aquí. ―dije separándome de ella y levantándola de la silla.

Kristen sonrió y gustosa se dejó hacer. La puse de espaldas a mi e hice que subiese una pierna a la silla y se agarrase a una de las barras de la pared.

―¿Estás bien sujeta? ―me pegué a ella

―Ajam…―murmuró rozando intencionadamente su culo con mi erección. No esperé más. La agarré por las caderas, le metí un segundo dos dedos, para esparcir sus jugos por todo su coño y la penetré despacio, deleitándome con la forma en que su vagina me acogía y apretaba. Eso era el puto paraíso.

Jadeamos a la vez.

―Santa mierda. ―murmuré entrecortadamente. Kristen pegó la espalda a mi pecho y se soltó de la barra, llevando una de sus manos junto a la mía, en su bajo vientre―Debería-as agarrarte…

―Cállate… y empieza-a a moverte.

Reí y comencé a moverme despacio durante un rato, haciendo círculos con las caderas, entrando en ella hasta el fondo, haciéndola soltar pequeños gemidos acompañados de suspiros; y con la mano que me quedaba libre, acaricié su clítoris. El agua caía sobre nosotros, haciendo que nuestras pieles resbalasen con facilidad, mojándonos.

―Más rápido… ―suplicó rodeando con el brazo mi cuello y echando la cabeza hacia atrás. Besé su mandíbula y aumenté poco a poco la velocidad, haciendo que nuestros sexos sonasen al chocar en cada embestida. Empezaba a sentir como se acercaba mi orgasmo― Así… Sigue.

―Un placer. ―la penetré con rapidez, aumentando también la velocidad de mis dedos contra su clítoris.

Y no sé si fue como sus manos inquietas tiraban de mi pelo haciéndome estremecer, como curvaba la espalda y echaba el cuello hacia atrás cada vez que gemía, o un cúmulo de ambas cosas, pero la imagen se me hizo una de las más eróticas que había visto en mucho tiempo.

Cerré los ojos y la embestí con fuerza, ganándome sus últimos gritos, mientras me apretaba al correrse y se retorcía entre mis brazos.

―Rob-ert… ―gritó.

Joder.

No pude más; me corrí gimiendo su nombre, mientras los espasmos se apoderaban de mi cuerpo y yo me hundía hasta el fondo de ella de una forma casi demencial, hasta que no me quedó ni una gota dentro.

Había sido intenso.

Seguí moviéndome en su interior y acariciando su entrepierna, despacio, para prolongar nuestro placer mientras recuperaba el aliento. Entonces Kristen volvió a gemir, agarró fuerte mi mano bajo su vientre y volvió a estremecerse, teniendo un segundo orgasmo casi instantáneo. Asombrado, por las pocas veces que pasaba eso, continué dándole placer, y disfrutando de sus contracciones internas, hasta que perdió la fuerza y sus piernas flaquearon, resbalándose hacia abajo, mientras jadeaba buscando aire.

―¿Intenso? ―la agarré y pegué a mí, bajando su pierna de la silla. Kristen no contestó, solo dejó caer la cabeza hacia un lado respirando entrecortadamente.

Salí de ella y esperé a que volviese en sí, besando su cuello.

―Ha-hacía tiempo… que no tenía-a dos de golpe… ―jadeó abriendo los ojos.

―¿Satisfecha? ―la giré entre mis brazos para poder mirarla.

―Mucho…―besó mi mentón y sonrió― ahora estoy muerta por tu culpa.

Sonreí yo también, apartándole un mechón de pelo mojado de la cara.

―No he sido yo quien prácticamente se ha lanzado en busca de sexo. ―besé sus labios.

―Cierto. ―bostezó.

―Anda, tira para la cama, pequeña ninfómana.


—Kriiisteeen… —Alannah y Lindsey se acercaron a ella y la movieron. Estábamos de "picnic" en Griffith Park –todos excepto Jadan, Tamra y Alicia― porque sí, porque las chicas querían pasar ratos al aire libre y nos habían arrastrado a todos con ellas alegando que hoy hacía un día estupendo; y era verdad, para estar en octubre hacía sol y algo de calor. Así que varios manteles en el suelo, neveras con comida y bebida, alguna silla y juegos me rodeaban. Yo nunca había sido mucho de hacer estas cosas, pero de vez en cuando era agradable pasar el día en el parque. Además estábamos en una zona poco conocida, escondida entre los árboles que nos permitía actuar con libertad.

―Yo no os recomendaría eso. ―dijo Sienna, viendo como su hija jugaba con Tom, CJ y Marcus a la pelota. Pero Alannah y Lindsey pasaron de ella y volvieron a mecer a mi embarazada novia más fuerte, quien estaba tumbada en una toalla, a la sombra. Yo solo cruzaba los dedos para que se le hubiese pasado el mal genio de hoy con la hora y media de siesta que acababa de echarse. Anoche, después de que me atacase en la ducha, buscando sexo, se quedó dormida casi al tocar la cama; pero pocas horas después el bebé decidió que ya había descansado lo suficiente y no la dejó dormir más. Podría que eso fuese lo que la tenía de mal humor, pero podrían ser sus hormonas.

―Kriiis…―canturreó Lindsey― No hemos venido a dormir. No seas zángana.

―Me da a mí que esto va a acabar mal… ―me murmuró Scout, que estaba a mi lado recogiendo el Uno.

―Ajam.

Kristen se removió un poco y gruñó sin abrir los ojos.

―Chicas, creo que deberíais dejarla. ―dije― Lleva todo el día que no se aguanta ni ella.

―Robert nos prometió que iba a pasar la tarde con nosotras, jugando y riendo. ―se quejó como una niña pequeña Suzie, antes de acercarse a sus dos amigas― Y está durmiendo.

―Para dormir que se hubiese quedado en casa. ―finalizó Alannah antes de volver a mover a Kristen.

―Dormilona, arriba. ―añadió Suzie.

―Mmm… Dejarme en paz. ―se quitó la mano de Alannah de encima. Su voz seguía sonando de mal humor.

―Kristen Jaymes Stewart Mann. Mueve tu puto culo ahora mismo si no quieres que te echemos un vaso de agua por encima. ―sentenció Suzie cruzándose de brazos. Katy, Sydney y Jack, que estaban a lo suyo, prestaron atención a las chicas.

―Suzie, juega tu a esa mierda de juegos. No me necesitas. ―gruñó Kristen, todavía sin abrir los ojos, encogiéndose un poco más.

―No nos obligues a levantarte.

―Piérdete Lindsey.

Se escuchó a Jack reír ante el comentario de Kristen.

―Tú lo has querido, preciosa. ―dijo Alannah mirando a Suzie. Se apartaron del lado de Kristen y entonces todo pasó antes de que nos diese tiempo a parpadear. La rubia cogió la primera botella de agua que encontró, se acercó y empapó a Kris con ella, quien abrió los ojos y con la peor cara de enfado que había visto se sentó demasiado rápido para tener un balón de playa entre sus caderas. El agua chorreaba por su pelo, y había mojado su sudadera.

Las chicas empezaron a reír, seguidas de Jack; y Sienna y Scout se miraron.

―¿Qué tal la siesta? ―preguntó Lindsey.

―Si pensáis que voy a reírme la lleváis clara, panda de subnormales.

―Te lo advertimos. No puedes quedar con nosotros y pretender dormir todo el día. ―le contestó Alannah

―Sí, tienes razón. Debería de haberme quedado en casa. Al menos allí no hacía el gilipollas. ―bufó― Que idea más buena, venir al parque a pasar el día con un grupo de niños pequeños.

―Que tú te hayas levantado hoy con un humor de perros no significa que los demás debamos jodernos y quedarnos cruzados de brazos mientras te observamos dormir. ―Suzie empezaba a enfadarse. Sienna me lanzó una mirada y asentí. Me levanté de mi sitio y fui hasta Kristen, mientras Sienna se acercaba a Suzie.

―Anda, vamos a quitarte esa sudadera antes de que te pongas enferma otra vez. ―me arrodillé a su lado. Me miró sin suavizar una pizca su enfado y bufó.

―¿Podemos irnos ya a casa?

―No.

―¿No?―escupió.

―Es bueno que salgas de casa y estés al aire libre.

―Pues yo no quiero estar al aire libre ahora. ―se arrodilló para sacarse la sudadera y quedar en manga corta.

―Además, les prometiste que ibas a salir. Es normal que las chicas quieran divertirse contigo.

―Pues deberían respetar que yo no quiera. Estoy cansada, me duele la espalda, tengo acidez, y me siento incómoda―se quejó, con un tono de voz demasiado arisco y alto― Estoy deseando que acabe ya este dichoso embarazo para poder volver a estar normal. ―dicho esto, se apoyó en mí para ponerse de pie y se alejó del grupo, dirección a los columpios que había en la otra parte del claro.

―¿Y a esa que le pasa? ―preguntó Marcus, quien se acercaba a nosotros con Marlowe en los hombros.

―Hormonas. ―soltó Suzie.


―Te vas a quedar fría.

Kristen se encogió de hombros y siguió columpiándose despacio. Llevaba una hora aproximadamente sola, y no parecía importarle. Me quité la chaqueta y paré el columpio para ponérsela.

―No la necesito. ―pude notar que seguía enfadada.

―La necesitas porque empieza a hacer fresco y la tuya sigue mojada.

―No estaría mojada si…

―Kristen, ya vale.

Me quitó la chaqueta de las manos y se la puso de mala gana.

―¿Feliz?

―Mucho. ―no pude evitar sonreír por la mueca que puso al preguntar. Me acerqué a ella hasta quedar entre sus piernas y la agarré de la barbilla para que me mirase y pudiese besarla.

―Quita. ―se soltó― No me dejas columpiarme.

―¿No quieres un beso?

―No quiero tus besos.

La miré entre sorprendido y divertido. No era la primera vez que me encontraba con la Kristen malhumorada por el embarazo, pero hoy era, con diferencia, el peor de todos los días que había pasado así. Había aprendido que lo mejor era dejarla sola hasta que se le pasase.

―Pues nada, hasta luego, nena. ―dije lo último riendo.

―¡No me llames nena!

―Lo que tú digas. ―sonreí y me fui con los demás, antes de que volviese la cabeza cual niña del exorcista y se lanzase a mí.

―¿Sigue enfadada? ―preguntó Lindsey

―Casi me muerde. ―me senté al lado de Jack―Os juro que este es su peor día, con diferencia.

―Puede que nosotras no hayamos colaborado mucho… ―murmuró Alannah.

―No, da igual que colabores o no. ―dije― Esta mañana se enfadó porque no quedaban Oreos, y cuando me ofrecí para ir a comprarlas me dijo que no, que ella las quería ahora, no luego y que era mi culpa por no estar atento a sus necesidades. Ah, y después me llamó gilipollas y se fue de la cocina.

―Joder con la niña. ―Marcus se giró a mirarla.

―¿Y qué hacemos? ¿Le pedimos perdón? ―preguntó Suzie, que no hacía más que darle vueltas a lo que había pasado.

―No, mañana, o cuando se le pase el mar humor, se sentirá mal por todo lo que ha pasado y os buscará para pediros perdón― expliqué―. Si le pedís perdón vosotras, solo se sentirá peor. Así que hacer como si nada hubiese pasado.

―Sienna, tú no eras tan complicada estando embarazada. ―Tom se rascó la cabeza con una mueca de confusión.

―Sí, bueno… Eso que lo digas tú. ―contestó su mujer, mientras le daba de comer a Marlowe, en brazos de Scout.

―Katy, faltan cuatro días para tu fiesta de cumpleaños, ¿No nos vas a contar nada de lo que tienes preparado? ―Sydney cambió de tema, con voz suplicante.

―Bueno…

Katy empezó a contarnos lo que tenía pensado, y acabamos enfrascados lo que quedaba de tarde hablando de los preparativos para su cumpleaños.


Cuando empezó a anochecer y a hacer frío recogimos la mini acampada.

―¿Vamos a por unas pizzas y cenamos en mi casa? ―preguntó Marcus mientras me ayudaba a doblar toallas y manteles.

―Vale, pero pagas tú. ―Suzie estaba metiendo toda la basura en una bolsa.

―Tendrás morro. Tú eres la que más come, deberías de pagar tus porciones. ―le contestó.

―Yo voy a por Kris. ―dijo Scout separándose del grupo.

―No quiero oír ni una broma hacia ella. ―Sienna miro sobre todo a Tom, al igual que el resto. Me encantaba Sienna en modo protector con Kristen.

―¿Qué? Se comportarme. ―mi amigo empezó a recoger los juguetes de su hija.

―Marlowe, ¿A qué papá es tonto? ―preguntó Katy, cogiendo a la niña del suelo.

―¿Papá? ―Mar se giró a mirar a su padre y después a su madre. Al final sonrió―Papi llillipollas… Peo compa guguetes a nena. Y- y mominolas. ¡Nena quele muto a papá!

Nos hizo reír a todos.

―Gracias cariño, yo también te quiero. ―el padre le lanzó un beso a la niña desde el suelo.

―Dios, si es que te voy a comer a besos. ―Katy empezó a hacer pedorretas en el cuello de la niña ganándose carcajadas por su parte.

―¿Quién ha dicho tacos delante de Marlowe? ―Sienna seguía sonriendo, pero…

―Puede, y solo puede, que nos escuchase a Jack y a mí el otro día. ―Tom cerró la mochila de los juguetes y se levantó.

―Ya te daré yo a ti llillipollas en casa.

―Demasiado pura es esta niña estando rodeada de quienes está rodeada. ―dije.

―¡Tita Kis! ―Mar fue la primera en verla venir con Scout. Se revolvió entre los brazos de Katy hasta que esta la dejó en el suelo y salió corriendo hasta donde estaban Kris y Scout, como si no hubiese estado jugando con Kristen unas horas atrás.

Kristen se paró y agachó cuando la niña llegó hasta ella.

―Hola bebé. ―le dio un abrazo y besó su mejilla.

―¡Nena nande! ―le corrigió Marlowe llenando a mi novia de besos. Cada vez que veía a las dos juntas, me sentía pleno; no solo porque podía ver cómo sería Kristen con nuestra hija, sino por el amor que compartían la una por la otra. Era una escena tan perfecta que difícilmente separabas la vista de ella.

―Claro, tú eres una nena muy grande, que ya va a la guardería.

―Parece de mejor humor. ―murmuró Alannah.

―No cantes victoria todavía. ―Lindsey sonreía al ver la escena.

―¡Tita men men men! ¡Abiba! ―Marlowe hizo que Kristen se levantase, a agarró de la mano y a arrastró hasta el banco que se encontraba dónde estábamos nosotros. Scout llegó antes y nos sonrió mientras negaba con la cabeza.

―Sigue enfadada, pero es muy graciosa. ―dijo solo para nosotros. Terminé de doblar las toallas y empecé a meterlas en las mochilas, sin dejar de prestar atención a Kristen y Marlowe, que acababan de llegar al banco.

―Aquí, aquí. ―Mar palmeó el banco para que Kristen se sentase, y cuando esta lo hizo, se puso entre sus piernas y miró con adoración la tripita. Después puso una sonrisa que le ocupó toda la cara y levantó la camiseta de Kristen hasta que le dejó al aire todo el vientre y pudo poner sus manitas sobre la piel. Abrió mucho los ojos―¡Se meve! ¡Ta depieta!

Sonreí ante el entusiasmo de Marlowe, al igual que Kristen.

―Sí, está despierta y muy contenta. ―dijo Kris llevando una mano a un costado de su tripa.

―¡Hola bebé! ¡Yo Malowe! ―movió las manitas― ¿Ta gutito ahí ento? ¡Da patatas!

―Patadas, cariño. ―la corrigió Sienna. Me giré un segundo para comprobar que todos miraban más o menos embobados hacia el banco.

―¡Patatas! ¡Mutas patatas! ―Mar acercó su oreja a la tripa― Ohhhh…

―¿Qué te dice el bebé Marlowe? ―me acerqué a ellas cuando no pude resistirlo más y me senté junto a Kristen.

―No sé… No tiendo… No habo su idoma. ―Empezamos a reír, y la niña siguió escuchando― ¡Ahhh! Tene hambe. ―se separó y nos miró― Bebé tene hambe. ¿Doy yo papilla mía?

―No hace falta, preciosa. ―dijo Kristen entre risas.

―¿Tienes hambre? ―pregunté mirándola. Sonrió mordiéndose el labio y asintió. Apostaría lo que fuese a que por ser tan cabezota no había venido a por comida en toda la tarde.

―Tita… ¿Tuando salí bebé? ―puso una cara de confusión adorable.

―Pues… En navidad. ―Kristen le quitó el pelo de la cara.

―!Vavidá! Peo… ¿Cómo sae e tipita?

Kristen me miró y yo me encogí de hombros. ¿Cómo le explicas a un niño como nace otro niño? Miramos a Sienna en busca de ayuda.

A los demás debíamos de parecerles muy graciosos porque les faltaba tirarse al suelo a reír.

―Mi vida, ―Sienna se acercó y se arrodilló al lado de su hija― cuando el bebé quiera salir, el tito Rob llevará a la tita Kris al hospital y nacerá el bebé. ―Marlowe miró atentamente a su madre y frunció el ceño.

―Ya o sé. Peo, ¿Cómo sae e tipa e tita?

―Pues… ―Sienna nos miró ahora en busca de ayuda.

―¿Tita?

―Ehhh…―Kristen dudó― El bebé sale por donde tú haces pis. El agujero se hace grande y el bebé sale.

―Ahhhh… el titi. ―la niña asintió como si lo entendiese y de fondo se escucharon las carcajadas de CJ y Alannah― ¿Hase pupa?

―No, no duele, cariño. ―volvió a contestar Kristen sonriendo falsamente.

―Que va…―murmuró Scout riendo.

―Anda, despídete del bebé, que se va a constipar. ―Sienna le dio un azote a su hija en el culo de forma cariñosa y se levantó de su sitio.

―¡Adiós bebé! ¡Ta ponto! ―besó varias veces la tripa y bajó la camiseta―Ya ta. Bebé a momí.

―Sí, el bebé se va a dormir y tú con papi a que te ponga el abrigo. ―dijo su madre. Los demás terminaron de recoger.

―Dios mío, menos mal que no soy su madre, porque van a tener preguntas embarazosas para rato. ―Kristen se colocó bien la camiseta.

―Tendrás tu propia hija que te haga esas preguntas, o incluso peores. ―agarré su chaqueta ya seca de una de las mochilas que estaban junto al banco y se la pasé― Ponte esta debajo de la mía, empieza a refrescar.

―Entonces serás tú quien responda a sus preguntas Pattinson; tú me dejaste embarazada. ―me contestó de forma algo borde, sin ponerse la chaqueta― Si es que nace algún día…

―¿Quieres que nazca ya? ¿No es muy pronto?

―No. Me tiene cansada con no dejarme dormir, y con todas las ansias que me provoca cuando no le gusta la comida, que a mi si me gusta. Por no olvidar que no me vale mi ropa, y que me duele todo. ―bufó.

Me costó reprimir una sonrisa. Sabía que no pensaba nada de lo que estaba diciendo, pero su irritación le jugaba malas pasadas; sobre todo hoy, que la estaba llevando al límite.

―Pero si nace ahora tendrá muchos problemas, y que estar en una incubadora, llena de tubitos, y no nos la podremos llevar a casa.

―Yo… ―bajó la mirada hasta su tripa y la acarició con mimo― No quería decir eso… Es que tengo hambre, y sueño, y me duele la espalda, y estoy de mal humor.

―¿Estás de mal humor? ―dije socarrón.

―¡No te rías de mí! ―golpeó mi hombro con el ceño fruncido― No tengo un buen día.

―Lo siento, mi amor. ―pasé un brazo por sus hombro― ¿Te pones la chaqueta? Por favor.

―Claaaaro.

Se separó de mi para quitarse mi chaqueta, ponerse la suya y volver a ponerse la mía encima.

―Gracias. ―besé sus labios de forma casta.

―Robert, Kristen. Si queréis que sea yo quien pague las pizzas ya podéis mover el culo del banco. ―gritó Marcus. Me fijé en que ya estaba todo recogido.

―¿Pizza? ―a mi embarazada le brillaron los ojos.

―Creo que se le acaba de pasar el mal humor. ―sonrió Suzie.


Eran las nueve de la mañana y estábamos Scout, Alicia y yo en mi cocina preparando galletas para esta noche –el cumple de Katy- cuando lo sentí por primera vez. El bote de harina se me cayó de las manos, rompiéndose en pedazos contra el suelo y yo llevé una mano a mi bajo vientre.

Efectivamente estaba duro.

—¡Kris! —Scout y Alicia gritaron asustadas. Pero yo estaba concentrada en mi cuerpo. Estaba sintiendo una contracción. No era dolorosa, pero sí incómoda; como si fuese un pequeño dolor menstrual. Era la primera vez que sentía una sin necesidad de poner la mano. A los pocos segundos desapareció.

—¿Estás bien? —Scout me puso una mano en el hombro. Pestañeé y la miré, estaba un poco asustada.

—¿Te encuentras mal? —preguntó Alicia.

—No…—negué — Tranquilas. Solo he sentido una de las contracciones que me dijo Grace. Me ha cogido de improvisto. —mentí. Grace y Anne ya me habían dicho que podría empezar a sentir las contracciones de Braxton algo más fuertes semanas antes de ponerme de parto, pero que a veces no significaba nada. Aunque yo estaba muy lejos de ponerme de parto. Se supone que no debía preocuparme si solo sentía dos o tres; o si no se hacían más seguidas e incrementaban el dolor. Sonreí a las chicas— No es nada malo. Ya me avisaron que empezaría a sentirlas, pero ni siquiera duele. Solo se pone la tripa dura. —como les dijese que había sido molesta tardarían cero coma en llevarme al hospital.

—¿Por qué no te sientas un poco? —Alicia, más tranquila, separó uno de los taburetes y me ayudó a sentarme— Quizás es porque estás muy activa.

—Sí, posiblemente sea eso. —agarré una galleta y le pegué un mordisco. Cuando le conté a Grace que mis amigos me ponían nerviosa me convenció para traerles un día a una clase pre-parto. Desde entonces, todos se habían relajado ahora que sabían más sobre el embarazo, y no me agobiaban.

—Como se entere Robert nos matará porque estamos todo el día sin parar cuando nos juntamos contigo. —Scout empezó a barrer los trozos de cristal y la harina.

—No se lo digáis a nadie, por favor. Lo que menos me apetece es tenerles a todos a mí alrededor agobiándome, eso es lo que no me iba a hacer bien. Ni siquiera a Robert.

—Okay. No necesitas estrés. —dijo Alicia.

—No te preocupes, no diremos nada. Pero si las contracciones siguen nos lo vas a decir. O no hay trato. —Scout me amenazó con un dedo.

—Os avisaré las primeras. —me acabé la galleta y en cuanto Scout terminó de barrer empezamos a decorarlas. Si supiesen que las estaba mintiendo me quedaría sin cabeza, al igual que la momia que rompió Alicia.

Tuve que usar mis mejores dotes de actriz para que no se diesen cuenta que estuve sintiendo las contracciones durante toda la mañana. Fueron tres en tres horas, y no llegaban a doler realmente; nada de lo que preocuparse, ¿No? Pero si siguiesen así, hablaría con Grace.

Cuando las chicas se fueron me tumbé en el sofá y me dediqué a controlar las contracciones durante dos horas. Tuve tres, y el "nada que preocuparse" de hace unas horas se borró de mi mente para dar paso a un ataque de nervios. Decidí que una visita a Grace antes de que llegase Robert no me iría mal para relajarme. Cuando llegué estaba liada con una clase pre-parto llena de mamás que me miraron entre alucinadas, emocionadas y estupefactas.

—Chicas, seguir repitiendo los ejercicios que os he dicho. —Grace se levantó de una colchoneta y se acercó a mí—Kristen, ¿Qué haces aquí? ¿Va todo bien? —dijo bajando la voz.

—¿Te pillo muy liada? —miré por encima de su hombro al grupo de mujeres, que seguían mirándome y hablando entre ellas.

—Un poco, pero no te preocupes. Pasa. —me hizo quitarme la chaqueta y se sentó conmigo en uno de los sofás—¿Qué ocurre?

—No se estoy siendo un poco paranoica, pero llevo toda la mañana sintiendo contracciones de Braxton un poco fuertes y sin necesidad de poner la mano.

—¿Cuántas has tenido? ―el tono de su voz pasó a una mucho más profesional.

—Siete en cinco horas. No han durado más de treinta segundos, y tampoco creo que lleguen a ser dolorosas, pero la última ha sido más molesta. ¿Va algo mal? Empiezo a preocuparme…

—No necesariamente, Kris. —Grace acarició mi espalda a modo de tranquilizante. En ningún momento perdió la sonrisa del rostro.

—Sé que puedo romper aguas en cualquier momento, y las contracciones me han asustado, porque me dijisteis que son indicios del parto y… ―empecé a acelerarme y a desvariar.

—Kristen, tranquila. ―me cortó―Hagamos una cosa, vamos dentro y te monitorizo y reviso para ver si todo va bien, ¿Te parece?

—No quiero molestar.

—No les va a pasar nada por estar quince minutos solas. Ahora mismo tu situación tiene prioridad. —me ayudó a levantarme y se acercó a las demás—Mamás, ha surgido un imprevisto. Vuelvo en unos minutos. Podéis tomaros ese tiempo de descanso. —las chicas asintieron y nosotras entramos en la consulta, no sin antes escuchar un "En increíble que tengamos la misma matrona que una famosa!" y "¿Le pasará algo a su bebé? Parecía preocupada."

Grace me hizo una ecografía primero. El bebé estaba posición cefálica, o sea, posicionado y listo para el parto, pero eso no era un indicio, porque podría moverse en cualquier momento. Todo lo demás estaba perfecto, incluso vimos como la enana estaba chupándose un pie. Después de eso me revisó e hizo un tacto vaginal.

—Kris, has dilatado alrededor de un centímetro y medio, pero no tienes de que preocuparte. El cuello del útero sigue intacto, no se ha borrado.

—¿Es-estoy dilatada? —me incorporé sobre los codos de golpe y la miré algo asustada. Grace sacó las manos de mi vagina y me aplicó un poco de crema, ya que estaba algo irritada.

—Ey, apuesto a que tu corazón acaba de saltarse un par de latidos. —frotó mis muslos—Puedes dilatar semanas antes de ponerte de parto. Piensa por ejemplo que cuando tienes relaciones sexuales dilatas con mucha facilidad y casi ni te enteras. Es algo normal. Además no es mucho y la dilatación podría menguar en unas horas.

—¿Entonces todo va bien?

—Si no pensase eso yo misma te llevaría al hospital. —se levantó y empezó a colocar las cosas. Yo me puse los leggins despacio— Debes de relajarte. Estas en la semana treinta y uno, y aunque el bebé fuese prematuro, hay una mínima posibilidad de que salga mal, Kristen. No estés continuamente pensando en que te vas a poner de parto en cualquier momento porque tienes muchas posibilidades de que nazca antes de tiempo. Eso solo te pondrá mal.

—Lo intento…

—Sé que es difícil. —se sentó a mi lado—Soy madre, y aun siendo matrona, cuando estuve embarazada tenía los mismos miedos que tú, creo que incluso más, porque estaba continuamente pensando en todo lo que podía pasar que había estudiado. —sonreí, sus palabras me hicieron sentir mejor—¿Por qué no te vas a casa y disfrutas de Halloween? Si ves que las contracciones se hacen más regulares o se intensifican, llámame. Da igual la hora que sea, y estaré en tu casa en quince minutos.

—Gracias Grace.

—Para eso estamos, mamá.


Mis amigos bailaban y comían a mi alrededor disfrazados de vampiros, brujas, momias, zombies y un largo etcétera. Estábamos en casa de Katy, donde este año era la fiesta de Halloween que había juntado con su cumpleaños. Cientos de invitados llenaban el jardín, decorado al más puro estilo Halloween, todos ellos disfrazados, y música de Michael Jackson sonaba de fondo en ese instante.

Llevaba un camisón viejo manchado de sangre y las partes del cuerpo visibles maquilladas para parecer más pálida de lo que ya era, el pelo desordenado, los ojos pintados oscuros y un poco de sangre alrededor de la boca. No me sentía cómoda desde que había salido de la consulta de Grace, así que no me apetecía ponerme nada muy elaborado; y haberme levantado pronto hoy empezaba a notarse. Solo había tenido dos contracciones más desde que estuve con Grace, y de eso ya hacía más de cinco horas, así que me sentía más calmada.

Y por supuesto, nadie sabía nada.

—¿Te apetece bailar un rato? —Robert apareció a mi lado con un vaso con Coca-Cola que me entregó. Iba vestido de vaquero muerto, haciendo juego con Tom, que iba de indio degollado. Me había costado un rato maquillarle, pero el resultado merecía la pena.

—No. —negué a la vez que hablaba, y bebí un poco de refresco. Rob frunció el ceño y me miró.

—¿Te sientes bien? Llevas toda la noche un poco apagada. —acarició mi cara y me rodeó con un brazo hasta pegarme a él. Apoyé la cabeza en el hueco de su cuello y cerré los ojos.

—Solo estoy cansada.

—¿Quieres sentarte?

—Por favor.

Nos separamos del grupo y fuimos hasta una zona llena de sofás. Theo James, Shailene Woodley, Jennifer Lawrence, Zac Efron y Nicholas Hoult, entre otros, estaban sentados conversando en varios sofás. Al final sí que era cierto que Katy había invitado a casi todo Hollywood. No mentía cuando dijo que este año sería una fiesta de Halloween-Cumpleaños épica.

—¡Hey! —saludó Zac con un ojo colgando y el pelo chamuscado― Pensé que no habíais venido. ―se levantó y abrazó primero a Robert y después a mí.

―Era o venir o venir. Katy nos hubiese traído arrastrando hasta aquí y después nos hubiese encadenado a algún árbol de su jardín para que no pudiésemos escapar. ―contesté un poco más animada que antes. Hacía tiempo que no veía a ninguno de ellos y me entusiasmaba poder pasar un rato juntos.

―Morena, te he echado de menos. ―Nicholas también me dio un abrazo, pero el suyo duró más. Él iba disfrazado de Jocker.

―Mmm y yo a ti. ―le apreté con fuerza― No tengo con quien jugar al billar y hacer el loco.

Reímos y nos separamos.

―Estás enorme, ¿Seguro que es un bebé?

―Serás… ―fui a arrearle un guantazo, pero Jennifer lo hizo por mí.

―Más tonto y no naces, cariño. ―le apartó de mí y me sonrió para después abrazarme― Estás preciosa.

Nos separamos.

―Y muy embarazada. ―reí. Me fijé entonces en que ella iba de ángel negro, con alas incluidas― Me gusta tu vestido.

―Pues yo estoy hasta las narices de las puñeteras alas. Te lo cambio.

―Dudo que entre en ese trozo de tela ajustado.

―Seguro que algo podríamos apañar. ―me sonrió y nos sentamos en uno de los sofás, donde estaban Shailene y Theo, vestidos de muñeca y policía respectivamente.

―Venditos los ojos que te ven. ―dijo Theo frotando mi espalda de forma cariñosa.

―No, venditos los ojos que os ven a vosotros dos. ―contesté sonriendo de vuelta a Shailene.

―Sí, eso es cierto. Están borrados del mapa. ―me apoyó Jennifer― Es lo mismo que yo les he dicho antes.

―La vida de novios es buena, ¿Eh? ―soltó Robert de forma socarrona. Estaba de pie junto a Nicholas y Zac, delante del sofá.

―Dímelo tú. ―le contestó Shai.

―No querría escandalizarte. Eres demasiado inocente. ―Rob sonrió burlón y se cruzó de brazos. ¿Por qué mi vida giraba en torno a este tema de conversación?

Todos se miraron durante un segundo y después volvieron a mirar a Robert.

―¿Qué? ¡Está embarazada! ―dijo Zac.

―¿Y? Ella es peor que yo en estos momentos.

Ahora todos me miraron a mí. Juraría que ni el maquillaje pálido tapaba mi sonrojo en estos momentos.

―¡Se acabó! ¡Cambio de conversación! No hagáis enfadar a la mujer embarazada. ―medio grité― ¡Y dejar de mirarme así! ¡Son las hormonas!

―Eso dicen todas… ―murmuró Theo por lo bajo haciéndonos reír.

―Ya me reiré yo de vosotros, ya. ―contesté.

―Soy demasiado joven para cambiar pañales. ―se excusó Nick―Además, es repugnante.

―Doy fe. ―le apoyó Jennifer― Una tarde que nos quedamos con mis sobrinos le mandé cambiar un pañal. Fue desastroso.

―¿Qué hizo? ―preguntó Shai. Yo ya me imaginaba cómo había acabado la cosa y me aguantaba la risa.

―Primero se puso unos guantes y un delantal, después llenó toda la cama de toallas y tumbó al niño en medio. Y solo se le ocurre a él, soltar a Jamie sin haberle limpiado para cerrar el pañal y dejarlo a un lado. El niño se dio la vuelta y manchó todo, Nick intentó agarrarle y se le cayó el pañal.

―¡Espera, espera, espera! ―gritó Zac―¡Que lo adivino! Nicholas acabó de mierda hasta arriba. Ah, y el bebé igual.

―Hasta arriba dice… ―murmuró Nick. Ya no pude reprimir más la risa y empecé a reír.

―Pisó el pañal, se resbaló y cayó al lado de Jackson. Jackson creyó que Nicholas estaba jugando y se subió encima de él, manchándolo. Y a Nick le dio tanto asco que acabó vomitando en las toallas. ¡Un show!

Todos reíamos y Nicholas se tapaba la cara rojo de vergüenza.

―Me tocó limpiarlo todo, porque Nick se pasó la tarde verde del asco. ―explicaba Jenn riendo―Desde entonces no ha vuelto a cambiar un pañal ni a acercarse a un niño con el pañal sucio.

―Es que me lo imagino y… ―dijo Theo riendo.

―¡Eso no son pañales! ¡Deberían llamarlo bombas! ―saltó Nick.

Entonces recordé uno de los incidentes que había tenido Robert con Marlowe:

―Al menos a ti no se te han hecho pis encima.

―¿Se te han meado encima? ―Nicholas me miró―¿A ti?

―No, a Robert. ―eso pareció alegrarle, porque se carcajeó.

―Ni se te ocurra, Kristen. ―Robert me amenazó desde su lugar, aunque un amago de sonrisa se escondía debajo de tanto maquillaje.

―¡Jenn te dije que no soy el único!

―¿También se te han meado? ―le peguntó Zac.

―Sí… pero eso no viene al caso. ¿Qué le ha pasado a Robertito?

―¡No me llames así! ―se quejó―Yo no me he llenado de mierda.

Rob puso una cara de asco muy graciosa.

―¿Quién se ha llenado de mierda? ―Katy apareció detrás de Robert vestida de novia cadáver, y, detrás de ella venía Suzie ángel blanco y Jack de demonio, Dakota Fanning de rockera, Cara Delevingne de Barbie muerta, Jamie Dornan de Eduardo Manostijeras, Dakota Johnson de pirata, Jesse Eisenberg de policía con una bala en la frente y Tom. ¿Antes había dicho que todo Hollywood estaba aquí? Ahora lo confirmaba. Empezamos a saludarnos mientras Jennifer resumía el incidente de Nick a los nuevos oyentes, y estos reían.

―Olvidar esa información. Centrémonos en lo que iba a contar Kristen. ―Nick parecía horrorizado con que todos supiesen su desliz con los pañales. Los que acababan de llegar se fueron sentado o quedándose de pie cerca del grupo. Suzie y Jennifer empezaron a bromear sobre sus disfraces de ángel bueno, ángel malo.

―Oh no, esto no lo voy a olvidar rápido, Nicky. ―dijo Cara.

Nicholas le dio un codazo.

―Oh sí que lo vas a olvidar, Carita. Ya me encargaré yo de ello.

―¿Qué ibas a contar? ―preguntó Jamie.

―Nada. ―respondió Robert.

―Oh sí, si lo va a contar. ―Si había algo que le gustaba a Nick era meterse con Robert. Los dos parecían niños pequeños cada vez que se veían. Disfrutaban diciendo gilipolleces y picándose― Aquí yo no soy el único que ha tenido percances con bebés.

―¡Lo mío no fue un percance! ¡Marlowe se vengó de mi por no darle de mi tarta de chocolate!

―¿Mar? ―preguntó Tom―Ahhhhh… Ya sé que decís. ―rio.

―¿Tú niña? ―le preguntó Dakota J.; este asintió.

―Oh Dios, eso fue lo mejor del mundo. ―se rio Suzie también.

―El verano del año pasado estábamos en mi casa y Robert estaba sentado en el suelo y tenía a Marlowe en brazos, desnuda, porque habían salido de la piscina y le daba pereza ponerle el pañal. ―empecé, ganándome la atención de todos―Entonces la niña se hizo pis encima de él, y para nuestra gracia salpicó con las manos en su propio charquito de pis y se las puso a Robert en la cara antes de que nos diese tiempo a pararla. ―la carcajada fue colectiva―Ahora, imaginar a Robert manchado, con cara de asco, de pie y sujetando a Marlowe lo más lejos posible de él.

―¡Y dando saltitos! ―añadió Tom descojonándose de Robert mientras le imitaba― "¡Joder, qué asco! ¡Está caliente! Sienna, coge a tu hija y ponle un puñetero pañal antes de que os joda a todos por reíros. ¡Me voy a la ducha! ¡Qué asco! ¡¿Qué coño os hace gracia?! ¿Queréis que os mee encima a ver que sentís? Iros a la mierda."

Todos empezaron a reír, hasta Robert, quien se tapaba un poco con el sombrero

―¿No hay ninguna cámara en tu casa que grabase eso? ―preguntó Fanning.

Entonces se me iluminó la bombilla.

―¡Las cámaras del patio!

Robert salto de su sitio y la cara se le desencajó.

―¡No! ¡Ni de coña! ¡Esas cintas se quedan dónde están!

Me dio la sensación de que Robert estaba deseando verlas, por mucho que lo negase, tenía la mirada de niño.

―¿Qué quieres por la grabación de ese día? ―dijeron Zac y Tom levantándose a la vez de donde estaban sentados y mirándome.

―No están en venta. ―gruñó Robert con los brazos cruzados. Katy le dio un empujón amistoso y este acabó sonriendo. ¡Lo sabía! Quería verlas.

―Yo creo que sí…

―Kat, cállate.

―Oh, vamos. Mira la cara de Kristen. ―comentó Jesse.

Todos se giraron a mirarme. Vale… Puede que estuviese pensando en darles el video de ese momento.

―Conozco esa cara… ―murmuró Jack.

―Tú y todos. ―dijo Cara.

Guardé silencio durante un momento pensándolo. Y luego sonreí de forma malvada. Iba a cobrarme la que me debía.

―Si pintáis el cuarto del bebé y montáis los muebles os doy el video del momento exacto.―Robert abrió la boca para protestar pero luego se lo pensó y sonrió satisfecho. ¿Qué estaba pensando?

―¿Cuándo vamos a pintar y a qué hora? ―preguntó Nicholas entusiasmado. Lo pensé durante un momento.

―El lunes por la mañana. A partir de las 12.

―Hecho. ―dijeron Tom, Nicholas, Zac, Jack y Theo a la vez.

Ala, ya tenía pintores.

―¿Y tú por qué estás tan feliz? ―le preguntó Jennifer a Robert.

―Porque vais a pintar y montar muebles por mí. ―ahora fue su turno de reír.

Me acaricié la tripa de forma desinteresada mientras le miraba. El bebé se movió despacio.

―Eso que te lo has creído. Tú también pintas.

―¡Ja! ―se burló Tom.

―Yo no quiero conseguir el video.

―Pero sigo enfadada porque te comiste mis dulces.

―Te conseguiré otros. ―Robert se había comido un dulce llamado Hueso de Santo que me trajo mi padre de España cuando estuvo la semana pasada de visita.

―Claro, vete a España a por ellos.

Nuestros amigos nos miraban graciosos. Creo que siempre acabábamos siendo el espectáculo gratis.

―Vendes mi video y encima me haces pintar…Stewart me las vas a pagar.

―Vale, ―hice una mueca que no pasó desapercibida―todo lo que tú quieras, pero primero me dejas ir al baño.

―¿Estás bien? ―preguntaron varios a la vez, tiñendo su voz de cierta preocupación. ¿Dejaría alguien de preguntar eso cada vez que pestañease?

―Sí, solo que el bebé se divierte saltando en mi vejiga.

―Eso no parece muy agradable. ―dijo Cara.

―Ah no, lo único es que voy al baño cada… ¿Dos horas? ―miré a Robert con un puchero. Al instante se acercó a mí y me ayudó a levantarme del sofá

―Sube al de mi cuarto. ―Katy me tiró la llave de su dormitorio―Nadie te va a molestar y no estará ocupado o algo así.

―Gracias.

―¿Sabíais que Tom también tuvo un encontronazo con Marlowe y un pañal sucio? ―escuché que decía Suzie mientras me alejaba. Esto prometía.

Tardé un poco más de lo necesario en el baño y cuando volví todos tenían platos de comida en sus manos y volvían a reír. Me acerqué al sofá donde estaba Robert sentado sobre el respaldo, junto a Jamie y Katy. Nada más verme abrió las piernas para que me sentase entre ellas.

―¿De qué habéis hablado? ―le pregunté echando la cabeza hacia atrás. Él se acercó a mí y besó mis labios despacio, cogiéndome de improvisto. Una postura un tanto extraña para besarnos.

―Nada importante, trabajo. ―sonrió y besó mi nariz antes de volver a nuestra posición inicial― ¿Quieres?

Me enseñó un plato con tres porciones de pizza barbacoa, una de mis favoritas, pero la miré sin ganas. Llevaba todo el día sin tener hambre, supongo que por el mal cuerpo que se me había quedado desde que tuve las contracciones.

―No tengo hambre.

―¿Segura? No te he visto comer hoy.

―Kris, ¿Quieres comer algo distinto? ―me preguntó Katy, asomándose por un hueco entre Jamie y Robert.

―Yo tengo sándwiches de ensaladilla. ―Nick me enseñó su plato, que parecía compartir con Jesse, desde donde estaba sentado en el suelo.

―No gracias, ahora mismo no quiero nada. Preguntarme en un rato, cuando se despierte el mini elefante que tengo dentro. ―sonreí y me recosté entre las piernas de Robert.

Miré a todos los que me rodeaban y sonreí aún más; me encantaba estar así, riendo y pasando un buen rato con amigos y conocidos sin importarnos nada. Era muy agradable coincidir con tanta gente fuera de eventos sociales, premios y grabaciones. El ambiente era diferente, más cómodo, más relajado; no teníamos que estar pendientes de miles de cosas y tener cámaras cerca. Debía empezar a celebrar alguna fiestecilla de esta, pero con mucha menos gente.

Los temas de conversación fueron variando hasta que llegamos a uno que llevaba días rondado por mi cabeza.

―¿Vais a ir al Hollywood Film Awards? ―preguntó Shailene, que estaba sentada en el suelo junto a Cara y Dakota F. comiendo pizza.

―Como para no ir después de la que han liado con mi vestido. ―Jenn seguía en el mismo sitio que antes, bebiendo de una copa con un extraño líquido negro que parecía muy viscoso― Lo enviaron una talla mayor, después del color que no era y cuando ya lo tenía, ¡Lo perdieron!

―El vestido rojo que llevé a Cannes llegó treinta minutos antes de que empezase la alfombra. Ruth casi se queda calva del estrés. ―recordé riendo― En el aeropuerto de LAX se equivocaron y metieron la bolsa del vestido en otro vuelo que fue a parar a Fuerteventura y el vestido no aparecía por ningún lado.

―Yo pensé que ese día temblaba Francia. ―comentó Robert― a tu equipo le faltó echar espuma por la boca. ―me dijo.

―No te digo yo que no la echasen…

―Pues yo todavía no tengo vestido para los premios. ―dijo Dakota J― No me gusta ninguno.

―Escoge rápido antes de que te veas con uno que no te gusta nada porque no tienes más opciones. ―le recomendé.

―¿Tú vas? ―preguntó Theo.

―No… No creo.

―¿Cómo qué no? ―Rob detrás de mí, se asomó por un costado para mirarme― Tú le entregas el premio a Julianne.

Abrí la boca y los ojos se me salieron de sus cuencas.

―¿Qué yo qué? ―me giré a mirarle.

―¿No te ha llamado Ruth? ―murmuró más bajo, solo para mí. Los demás nos dieron nuestro espacio y siguieron hablando ellos del tema.

Se me vinieron entonces las dos llamadas perdidas de Ruth que vi esta tarde e ignoré.

―Ehhh… He visto dos llamadas perdidas suyas, pero no te tenido tiempo para llamarla. ―mi voz se llenó de agobio. Si llevaba unos días dándole vueltas a los premios era porque no quería aparecer por allí con una tripa de casi 34 semanas de embarazo. No es que tuviese nada en contra de mi tripa, pero no quería tener que pensar en vestidos. Y menos todavía, quería ser la atracción de circo andante. Yo ya no estaba para salir de casa, y arreglarme y pasar por semejante trapatiesta, y llegar a casa tarde y tener que poner en todo momento una sonrisa falsa de agrado. Estaba demasiado cansada para eso. Además, conmigo sobre el escenario, ¿A quién iban a hacer más caso ¿A mí? O ¿A Julianne?

―No te agobies. ―Robert masajeó mis hombros despacio.

―Que bien. ―me crucé de brazos― Sabemos que Kristen no va a ir a la ceremonia, pues hagamos que entregue un premio al que no va a poder negarse y la tendremos en la gala. ―hablé falsamente― Son unos hijos de puta.

―Puedes hablar con Julianne, seguro que lo entenderá. Es una de las personas que más se preocupa por ti, no va a obligarte a que le des el premio.

―Pero ella ya debe saberlo; ahora no quiero quitarle la ilusión que seguro que ya se ha hecho… ―me pasé una mano por el pelo.

―Siempre puedes ir solo a entregar el premio. Nada de alfombra, cena y afterparty.

―Joder…

―Hey, recuerda que yo voy a estar ahí.

―Lo sé, pero es que ahora me veo entre la espada y la puta pared. ―apoyé la cabeza en su bajo vientre y el me acarició el pelo― No voy a poder decir que no.

―Si puedes decir que no.

―Robert… ¿Tú le dirías que no a entregar un premio a Julianne? ¿Con todo lo que hace por nosotros? ―levanté la cabeza para mirarle.

Suspiró.

―No, no podría.

―Buff…

―No dejes que esto te amargue la noche; ya lo hablaremos con Ruth mañana o pasado.

―Está bien.

―Esa cabecita tuya se va a quedar pensando en ello. Prométeme que vas a dejarlo por esta noche.

―Lo prometo. Palabra de patata frita.

―Gracias. ―sonrió y se agachó para besarme.

Gustosa le correspondí, mordiendo su labio inferior con algo de picardía y acariciando su mejilla con la mano.

―¡Ya están estos dos! ―escuché de fondo a Tom, y alguna que otra broma y ruidito.

Me imaginé por donde iban los tiros y agarré a Robert de la camiseta para acercarlo más a mí e intensificar el beso.

―Tom, deberías saber a estas alturas que cada vez que te quejas les das más motivos para empeorar lo que están haciendo. ―se rio Suzie, seguida de los demás.

―¿Por qué Sienna se ha quedado en casa? Yo también quiero besitos.

Robert y yo empezamos a reír por su comentario y nos separamos.

―Envidioso. ―dijo Robert, tirándole gominolas de un cuenco de al lado del sofá.

―¿Envidia de qué? ¡Puajjj! Yo no quiero que Kristen me de besos.

Ahora fui yo la que le tiré gominolas, haciendo que se cubriese con los brazos.

―Tú te lo pierdes.

―Pero que creída eres, Stewart. ―me contestó.

―¿Quién tiene una estantería solo con premios al mejor beso? ―le miré con insuficiencia, haciendo que los demás riesen.

―Eso es verdad, esta puta me ha robado todos esos premios. ―me apoyó Jennifer.

―Eso no quiere decir que beses bien. ―me devolvió Tom las gominolas lanzadas.

―Oh, pero yo puedo afirmar eso. ―Nick me guiñó un ojo.

―Y yo. ―dijo Dakota F. sonriéndome.

―¿Alguien más ha besado a la embarazada? ―gruñó Tom en tono aburrido, aunque el brillo de sus ojos le delataba. Le encantaba hacer estas gilipolleces para molestarme.

Jesse levantó la mano riendo.

―Yo te lo diré en unos meses, cuando grabe con ella Revolution. ―dijo Theo.

―Pues por ahí están Taylor Lautner, Eddie Redmayne y Sam Claflin ―comentó Katy, como quien no quiere la cosa― Puedo llamarles y que te den su opinión.

―¡Suficiente! ―Tom se levantó de su sitio― ¡Has besado a todo Hollywood, me queda claro!

―Hay por ahí algunos que se me escapan. ―me encogí de hombros― Dame un poco de tiempo y los podrás añadir a tu lista.

―Que hija de puta… ―cara empezó a reírse― Si te encuentras con DiCaprio llámame para decirme si es tan buen besador como dicen.

―Pues vive a dos calles de nosotros. ―comentó Robert― Nos lo cruzamos hace un par de semanas.

―Tengo que mudarme a vuestro barrio.

―Cara, ¿Vas a colarte en la casa de DiCaprio? ―Nick la miró de forma pícara.

―Puede que lo haga. ―sonrió la susodicha.

Shailene saltó de su sitio

―¡Avísame y me cuelo contigo!

―¡Oye! Estoy aquí. ―Theo le lanzó un borde de pizza.

―¡Es Leonardo DiCaprio! ―se defendió, quitándole un puñado de gominolas a Dakota J. y lanzándoselas.

―¡Queréis dejar de lanzar comida! ―gritó Katy. Y no debió de haberlo dicho; al instante la empezaron a bombardear con comida por todos lados.

Trocitos de nube incluidos, de mi parte.

―¡Basta! ¡Ya! ¡Juro que saco la manguera y os baño! ―Katy empezó a devolver los golpes con más comida― ¡El año que viene no os invito a ninguno!

―¡Ya nos invitamos solos! ―Jack le lanzó un trozo de pan.


Nos mecíamos a un ritmo lento, siguiendo la canción que sonaba. Me estaba quedando dormida de pie, entre los brazos de Robert, mientras el me cantaba al oído.

—Kris…

—¿Mmm...?

—Te duermes. —acarició mi cuello con su nariz.

—Mmm…

—¿Nos vamos a casa?

—Mmm… —mis ojos empezaban a cerrarse, aunque a nuestro alrededor hubiese un gran alboroto.

—¿Solo vas a decir eso? —se rio y separó de mí, haciéndome protestar.

—Mmm…

—Ya veo… —volvió a reírse y besó mi nariz antes de tirar de mi hasta el grupo donde estaban nuestros amigos, al que se habían unido muchas personas más. Yo iba medio zombie, dejando que me guiase, solo preocupándome de caminar—Nosotros nos vamos.

Bostecé y me apoyé en Robert, cerrando los ojos.

—Creo que Kristen se te va a dormir antes de llegar al coche. —reconocí la voz de Taylor.

—Así es como mejor está, mansa y buena. —se mofó Tom.

—Te he oído… —murmuré abriendo los ojos, de forma perezosa— Debería de haber escupido en tus galletas.

―¡Robert! ¡Robert! ¡Robert! ―Katy apareció gritando, con un micro en cada mano, haciendo que me sobresaltase y despegase de mi novio― ¡Me debes una ronda de Karaoke! ¡De aquí no te vas sin cantar conmigo como en cada cumple!―y entonces se fijó en mí, y debió de adivinar que en realidad sí que nos íbamos a ir ya, porque puso un puchero casi al instante― Kris… Déjamelo una canción, solo una. Por favor. ―se puso de rodillas delante de mi le empezó a dar besos a mi tripa― Porfis… Luego os vais a casa.

―Katy, ―bostecé al hablar― tienes que convencerme a mí, no a la niña. ―a mi alrededor se rieron.

Mi amiga me miró fijamente y sonrió.

―¿Necesitas alguien más para ayudar con el cuarto del bebé?

Me contagió la sonrisa y negué.

―Mmm… ¿Quieres que vayamos a que nos den masajes al spa que tanto te gusta?

―Ya me llevó mi madre la semana pasada.

―Mierda…

―¡Kat te quedas sin ideas! ―gritó Scout, sentada en el regazo de Taylor.

Katy se calló unos instantes.

―¡Lo tengo!

―Ilumínanos. ―se mofó Jamie.

―Te compro una casa hecha de dulces como la que te regalamos hace unos años que tanto te gusto.

Abrí mucho los ojos, y al instante me entraron unas ganas terribles de comer pastelitos de merengue.

―Todo tuyo. ―me separé de Robert, agarré un micrófono de los que tenía Katy y se lo entregué a Robert.

―Y así es como a una embarazada le pierden los antojos… Y superan al sueño.

―Tom, si no quieres ver como una embarazada es capaz de hacer que te saquen de esta casa en camilla, cállate. ―dije con la voz más angelical que pude, teniendo en cuenta que estaba más dormida que despierta. El grupo empezó a reír y Katy arrastró a Robert con ella antes de que a este le diese tiempo a pestañear, hasta un mini escenario que había muy cerca de donde estábamos nosotros, y que desde nuestro sitio veíamos sin problemas.

―¿Una casa de dulces? ―preguntó Dakota J.

―Una casa hecha de dulces del tamaño de una persona. ―especificó Suzie.

―¿Qué? ―chilló Nick― ¿Dónde puede comprarse eso?

―No lo sé, pero yo pude hasta entrar dentro de la casa. ―me acerqué a un hueco que había entre Shailene y, Scout y Taylor en uno de los sofás y me senté.

―¿Van a hacer el ridículo? ―preguntó Jesse mirando el escenario.

―Los dos saben cantar… ―empezó Jamie, pero Suzie, Jack, Taylor y yo hablamos a la vez, cortándole.

―Van a hacer el ridículo. ―dijimos a coro, echándonos a reír después. En ese momento empezaron a sonar las primeras notas de "Single ladies" de Beyonce, y confirmé la teoría.

―Oh Dios mío. ―murmuró Cara― Sacar los móviles, esto va a merecer la pena.

Robert y Katy empezaron a cantar, sincronizados…

Bailando.

En ese momento todo rastro de sueño se me fue del cuerpo y me incorporé en el asiento a la vez que empezaba a reírme. Robert intentaba imitar los pasos de la pantalla que tenía delante, a la vez que cantaba; y Katy, a su lado intentaba no empezar a reír al ver a su pareja bailar.

―Pero… ―murmuró Shailene antes de romper a reír a carcajadas, cuando Robert intentó subir una pierna por encima de la altura de su rodilla imitando a Katy y estuvo a punto de caerse hacia atrás.

―¡Esto es un show! ―gritó alguien.

Y había que darle la razón, esto era un show. Ver a ese dúo, encima del escenario, intentando imitar a Beyonce a la vez que cantaban en falsete era el mejor espectáculo que había visto en mucho tiempo.

Me quedé floja de la risa antes de que llegasen al segundo estribillo, sobre todo al ver como Robert se daba en el culo. Y no fui la única: todo el mundo a mi alrededor estaba riendo, y cuando digo todos, digo todos; no solo la gente que me rodeaba en este momento.

Cuando finalizó la canción y bajaron del escenario tras varios minutos de aplausos, piropos e intentos de que cantasen una segunda canción, nosotros seguíamos riendo.

―¡Mira que dos bailarinas vienen hacia nosotros! ―gritó Tom levantándose del suelo y aplaudiendo.

―Si llegáis a decirme que ibais a hacer esto, os hubiese dejado un par de mallas para que llevaseis vestuario. ―Scout se secó las lágrimas a causa de la risa.

―¿Alguien tiene el número de Beyonce? Hay que mandarle este video. ―dijo Zac.

―Rob me encanta como levantabas la pierna. ―Nick, sentado en un sofá, levantó la pierna imitándole.

―Sois unos hijos de puta. ―Robert se acercó hasta donde yo estaba y se sentó en el suelo, al lado de mis piernas.

―Verás cuando vean tus padres el video… ―susurré.

―Pues a mí me encantan mis sesiones de karaoke con Robert. ―dijo Katy― Cada año nos superamos. Y Ahora, ―miró a todos sus invitados presentes― os toca a vosotros.

―Ni hablar, yo tengo sentido del ridículo. ―empezó a protestar Jenn― Y ya lo he hecho demasiadas veces.

―¡Yo canto! ―gritó Scout, levantándose del regazo de Taylor.

―¡Me apunto! ―Cara se levantó también.

―A la mierda, voy con vosotras. ―Dakota F. las siguió al escenario.

―Verás estas tres. ―Theo volvió a sacar el móvil para grabar.

―¿Ya no tienes sueño? ―me preguntó Robert más bajo, acariciando mis piernas desnudas.

―Sí, pero esto es demasiado bueno como para perdérselo.

―¿He hecho mucho el ridículo?

Sonreí recordando su actuación de hace un momento.

―Bastante, pero… ver como disfrutas cuando haces a Katy feliz no tiene precio. ―acaricié su pelo.

―No puedo negarle nada, es mi mejor amiga.

―Y tú eres el mejor amigo que ella podría tener.

No pudimos seguir hablando, en ese momento el escenario volvió a iluminarse y aparecieron en el Scout, Cara y Dakota. La música de fondo desapareció y empezó a sonar una nueva canción.


Estaba tumbada en la cama junto a Robert hablando del día de locos que habíamos tenido: a las doce en punto aparecieron en casa los "pintores", o Theo, Jack, Tom y Nick, acompañados de Shailene, Suzie, Jennifer y Katy. Durante lo que quedaba de mañana estuvieron pintando junto a Robert, mientras que las chicas y yo sacábamos de las cajas y hacíamos recuento de todo lo que teníamos para el bebé. Después de comer aparecieron Scout y Taylor, CJ, Sienna junto a Marlowe, una loca Tessa que se moría por conocer a Theo y Shai, y Cameron. Así que dividimos a los chicos en dos y unos se quedaron terminando de pintar y empezando amontar muebles y otros fueron -junto a algunas chicas- a comprar provisiones para organizar una barbacoa de emergencia en el porche, para terminar la noche metidos en ropa interior en la piscina, que menos mal que era climatizada.

Sin esperármelo, empecé a sentir una contracción, como las de cuatro días atrás, pero más dolorosa. Volvió a cogerme por sorpresa, y esta vez no solo a mí: Robert que estaba acostado a mi lado, con una mano en el centro de mi vientre, dejo de hablar. Era… como un dolor menstrual –algo más fuerte- pero en este caso empezaba gradualmente, llegaba a un punto álgido y volvía a descender hasta desaparecer. Además, durante el proceso mi vientre se volvía duro como una piedra.

Me incorporé sobre los codos con el rostro pintado por el pánico y mentalmente intenté contar los segundos, mientras me recordaba que debía relajarme y no asustarme por una contracción. Respiré hondo.

―¿Estás bien? ―preguntó Rob, acariciando mi vientre cuando la contracción acabó y yo suspiré dejándome caer otra vez entre los cojines. Busqué su mirada, encontrando un Robert demasiado calmado.

―Yo… Estoy asustada…

No me di cuenta de las lágrimas hasta que me las limpió con sus manos.

―¿Te ha dolido, amor? ―su tranquilidad me descolocaba; no esperaba esto cuando se enterase de que tenía contracciones.

―Un poco… No tanto. Era soportable… Algo más fuerte que un dolor de regla, pero tampoco creo que se pueda considerar una contracción fuerte… Dios, no lo sé… Ha durado unos cuarenta segundos, más o menos como las otras. ―nada más decir eso fui consciente de que lo había dicho. Me llevé una mano al pelo y le miré asustada― Yo… esto, no quería asustarte… Solo fueron unas cuantas y no dolieron y…

―Ey. ―Robert se sentó y me obligó a hacer lo mismo. No parecía enfadado, ni sorprendido, más bien aliviado… No entendía nada― Tranquila. No pasa nada.

―Lo siento… ―agaché la cabeza y miré mi tripa.

―Kris, cariño. ―sentí sus manos acariciar mis mejillas, para luego obligarme a mirarle― Me lo contó Scout, y después Grace.

Chivatas.

Aunque yo sabía que lo hacían por mi bien, que solo querían cuidar de mí.

―¿Estás enfadado? Yo… no quería preocupar a nadie, y no quería destrozar el día de Katy.

―No estoy enfadado. Estoy aliviado de estar contigo ahora que has tenido otra; y estoy aliviado porque me lo has contado… Aunque sea porque se te ha escapado.― sonrió de lado.

―Debería habértelo contado.

―Sí, pero no te voy a reprochar nada. Grace me contó lo alterada que llegaste y comprendí que no querías que los demás nos alterásemos igual y que lo que necesitabas era que actuásemos con normalidad para que tu estuvieses más tranquila. Lo que menos necesitabas era que te agobiásemos. ―llevó una mano hasta mi camiseta y la levantó, para acariciar mi vientre.

―Si Grace me hubiese dicho que algo iba mal, o que el parto estaba cerca o que debería guardar reposo… o cualquier cosa, te lo hubiese dicho al instante. Pero todo estaba bien, y no era necesario asustarte. Pueden pasar semanas hasta que rompa aguas. ―no era necesario que supiese que había dilatado un poco.

―Sé que lo hubieses hecho. ―volvió a sonreír. ¿Por qué estaba tan tranquilo?― Entonces, ¿Esta no ha dolido mucho?

―No… Ha sido una pequeña molestia.

―Entonces no hay nada de lo que preocuparse, si no se repite.

―Pero… ¿Podríamos quedarnos a controlar si hay más? Yo… Estoy algo asustada. ―admití.

Robert juntó nuestros labios, despacio, y tiró de mi hasta que estuve en su regazo, entre sus piernas.

―Claro que podemos quedarnos aquí, pequeña. ―antes de decir algo más, cogió su teléfono de la mesilla y llamó a CJ. Escuché atentamente.

Pattinson.

―CJ.

¿No aguantas ni una hora sin hablar conmigo? Sé que soy irresistible, pero no puedes estar todo el día queriendo más de mí, Kristen va a sospechar. ―soltamos los tres una carcajada.

―Por ese mismo motivo llamo. No puedo quedar esta noche, mi chica empieza a sospechar. ―volví a reír

¿No venís? ¿Pasa algo?

―No pasa nada; Kristen está cansada y no tiene ganas de salir.

¿Pero ella está bien?

―Sí sí, solo está cansada.

Vale, no pasa nada. Yo se lo digo a los demás.

―Gracias, tío.

Que descanse la gordita.

―Pasarlo bien, hasta mañana. ―se despidió Robert, contando la llamada― Listo.

―Gracias, sé que querías que fuésemos a la cena.

―Tú eres más importante que una cena. ―besó el tope de mi cabeza. Esta noche habían organizado una cena de bienvenida a Riley y Ben, que volvían de Londres; y tenía muchas ganas de verles, pero no me encontraba con las fuerzas y el humor necesario para asistir a la cena― ¿Por qué estás asustada?

―Yo… Tengo miedo de que algo salga mal, tengo miedo de que nazca antes de tiempo, y de ser la culpable de que le pase algo a nuestra niña… Es que… Esto me supera. Y parecía que lo tenía controlado, hasta que han empezado las contracciones; y ahora ya no sé qué hacer para no sentir este miedo que tanto me agobia y poner nerviosa…―había empezado a hablar con decisión, y había acabado murmurando. Robert me abrazó con fuerza.

―Es normal que tengas miedo, mi amor. ―me consoló― Todo va a salir bien, a nuestro bebé no le va a pasar nada, porque es tan fuerte como tú. Y si no quiere esperar cuarenta semanas para conocernos, no podemos hacer nada para evitarlo; es una pequeña ansiosa, como su mamá. ―me movió un poco al decir esto último, haciéndome sonreír― Eres mamá primeriza, y no has llevado un embarazo de color rosa todo el tiempo; has tenido tus buenos y malos momentos, pero nada te ha impedido llegar hasta aquí hoy.

―Lo sé… ―suspiré.

―Sé que no puedes evitar estar preocupada, porque es normal. Aunque no lo parezca yo también estoy muerto de miedo. Pero piensa que el bebé ya casi no está en peligro. Si nace con 32 o 33 semanas, o incluso con 34, aunque se le considere prematuro, va a estar bien. Quizás dos o tres días de incubadora y listo. El hospital está preparado para los partos prematuros, lo dijo Anne. Y hablamos con Grace sobre todo lo que podía pasar si el bebé nacía antes de la semana 36. ―mientras hablaba empezó a masajear mi cuello― Además, tu misma has dicho que pueden pasar dos o tres semanas hasta que te pongas de parto. No nos pongamos en lo peor, pequeña; disfrutemos de esto.

―Gracias. ―me acurruqué en su pecho― Siento estar tan paranoica, y nerviosa y asustada. Es solo que… pienso en todo lo que puede salir mal y… Buff.

―¿Quieres que llame a Anne o a Grace para que te tranquilicen? ―susurró haciendo presión en un punto clave de mi cuello.

―No quiero molestarlas. ―gemí del gusto.

―Pero te sentirías mejor y dejarías de estar tan agobiada.

―Sí…

―Y así te quedas más tranquila. Que seguro que estar así solo lo empeora todo.

―Está bien. ―claudiqué. Robert se separó un poco de mí y volvió a coger el teléfono. Marcó el número de Anne y puso el altavoz para que yo también pudiese participar en la conversación. Al tercer pitido atendieron la llamada.

―Hola Anne.

―Hola Robert, soy Grace.

―¿Grace? Perdón, he debido confundirme, estaba llamando a Anne.

―No, no te confundes, estoy con ella. Hemos estado atendiendo un parto hace un rato y acabamos de terminar. Anne está cambiándose.

―¿Quién es? ―se escuchó a Anne de fondo.

―¡Robert! ―le contestó Grace.

―Un segundo, ya voy. ―volvió a hablar Anne.

―Un segundo Robert, ahora viene Anne.

―Gracias.

―¿Va todo bien? ―preguntó.

―Bueno… Tengo a una asustada Kristen a mi lado que necesita relajarse.

―¿Pasa algo? ¿Está bien Kristen?

―Hola Grace. ―dije.

―Hey Kris, ¿Cómo estás?

―Ya estoy. ―nos cortó Anne. Al parecer ellas también tenían puesto el altavoz.

―Hola Anne. ―saludamos Robert y yo a la vez.

―Buenas tardes chicos. ¿Pasa algo?

―Si bueno… Ahora me siento como una tonta. No tendría que haberos molestado por algo tan normal.

―¿Qué pasa? ―pregunto Grace.

―Kris ha vuelto a tener otra contracción, y está al borde de un ataque de pánico.

―¿Cuánto ha durado? ―habló Anne casi al instante.

―Unos cuarenta segundos… ―respondí.

―Kristen, ¿Recuerdas el nivel de dolor que probamos el otro día? ―dijo Grace.

―Sí.

―Vale. Si el uno es como un dolor cuando ovulas, casi inexistente, y el diez es como cuando tuviste el aborto, ¿Qué número le pondrías a la contracción?

La línea se quedó en silencio y yo lo pensé.

―Quizás un cuatro…

Anne y Grace no contestaron y Robert volvió a masajear mi cuello, cuando sintió como empezaba a tensarme.

―Todo está bien. ―me susurró.

―Kris, ¿Solo ha sido una? ¿No has tenido más desde la mañana del 31? ―pregunto Anne.

―Solo ha sido esta.

―¿Has manchado o expulsado el tapón mucoso o algo de líquido amniótico en las últimas horas?

―No. Nada de eso ha pasado.

―¿Sientes algo de dolor, fiebre, escalofríos o mareo? ¿Presión en la pelvis, caderas o en tu vagina? ¿Mal estar, dolor continúo de espalda? ¿Calambres o cólicos abdominales? ¿Llevas muchas horas sin notar al bebé?

―Ehhh… no… no siento nada de eso. Bueno, algo de dolor de espalda sí, pero llevo varias semanas con él. Y la presión la he sentido con la contracción, pero ya está. Y he notado moverse a la niña hace un rato.

Durante unos minutos me hicieron unas cuantas de preguntas más.

―Todo parece normal, Kristen. ―habló Anne― No deberías preocuparte, eso no te hace bien. Las cosas están yendo de maravilla, todo es correcto.

―Lo que tienes que hacer es relajarte y no pensar en ello. Ya te conté que hay una mínima posibilidad de que a tu niña le pase algo, y mucho menos con la medicación que te inyectamos hace una semana. ―me calmó Grace

―Lo sé… Solo, no puedo evitarlo.

―No pasa nada, mamá. Es comprensible. ―dijo Anne― Menos mal que tienes a Robert para tranquilizarte ahí contigo.

―Ya le habría dado algo. ―comentó el susodicho― Se ha puesto muy nerviosa.

―Pues ahora que ya has visto que todo va bien te toca relajarte, que seguro que tienes a la niña algo asustada. ―casi pude ver a Grace sonreír.

Llevé una mano a la tripa; al contrario, el bebé parecía muy relajado ahora que su papá nos tenía abrazadas y nos daba mimos.

―Túmbate de costado, mantente hidratada y tranquila durante lo que queda de día y no hagas esfuerzos. ―nos recomendaron.

―Me encargaré de que se quede en la cama. ―Robert besó mi sien después de hablar.

―Si veis que las contracciones son cada menos de veinte minutos y sube la intensidad y el tiempo de éstas, veniros al hospital. ―explicó Anne― Puede que, aun aumentando las contracciones, no estés entrando en trabajo de parto, pero te monitorizaremos.

―Y si alguno de los síntomas que os hemos dicho antes aparecen, acercaros también al hospital. ―finalizó Grace.

―Gracias. ―suspiré, más tranquila

―De nada chicos, pasar una buena noche. Mañana os mandaré un WhatsApp para saber cómo va la cosa. ―se despidió Anne. Nos despedimos de ella y Robert colgó el teléfono.

―¿Mejor?

―Sí, me siento más tranquila. ―levanté la cabeza y besé repetidas veces su mentón― Gracias por estar conmigo.

―No hay de que, mi amor. ―buscó mis labios, y me dio un beso dulce y lento.

―Más… ―murmuré contra su boca. Se carcajeó y metió sus manos por debajo de mi camiseta, mientras volvía a besarme, esta vez de una forma más apasionada, mordiendo mis labios y recorriendo toda mi boca con su lengua.

Cuando volvimos a separarnos, se recostó entre las almohadas conmigo todavía en su regazo, tumbada de costado sobre su pecho, con sus brazos rodeándome.

―Estás muy mimosa.

―Me gusta que me cuides. ―besé su pecho.

―¿Te apetece darte un baño, pequeña? Puedo llenar la bañera de espuma y sales aromáticas, poner música e iluminarlo todo con velas.

―¿Harías eso?

―Claro que sí.

Le miré sonriendo.

―¿Y te metes conmigo?

―¿Quieres que me meta contigo? ―me devolvió la sonrisa

―Ajam.

―Vamos a llenar esa bañera.


Una nueva contracción, más fuertes que las demás, me obligó a dejar de soñar con un par de bebés entre mis brazos. Abrí los ojos y suspiré medio dormida. El dolor era soportable y no tan incordioso como se haría más adelante, pero aun así, había conseguido despertarme del sueño más profundo que había tenido en las últimas horas. Iba a sobarme la tripa, cuando Robert me leyó la mente y empezó a masajear mi bajo vientre durante todo el tiempo que duró la contracción, y unos minutos después.

―Duerme, cariño, todo está bien. ―pegó mi espalda a su pecho.

―¿Qué…qué haces despierto?

―Shhh no te preocupes, vuelve a dormir. ―empezó a tararear una canción y pronto volví a sumirme en un estado adormilado

Abrí los ojos a causa del dolor de espalda -como últimamente-, solo que esta vez me dolía algo más. Posiblemente fuese por la mala noche que había pasado. El miedo y la intranquilidad no me habían dejado dormir en condiciones, y cada poco rato me despertaba algo agobiada; podría decirse que había dormido a ratos, y cuando por fin conseguí dormir profundamente, una contracción me despertó. Ahora, me encontraba cansada y sin fuerzas a causa de la ajetreada noche.

La ventana, por la que podía verse el amanecer ya que no habíamos bajado la persiana anoche, le daba algo de claridad al cuarto, dejándome ver las siluetas de los muebles y objetos. Me coloqué de lado para calmar el dolor de espalda, sin apartar el brazo de Robert de mi vientre y encontré unos ojos del color del cielo mirándome.

―¿Qué haces despierta, pequeña? Es muy temprano todavía.

―Me ha despertado el dolor de espalda… ―bostecé.

―Estás cansada.

―Ajam…―me acerqué más a él y escondí la cara en su pecho. Enseguida me abrazó y masajeó mi baja espalda con la mano que antes estaba en mi tripa, aliviándome un poco casi al instante―No he dormido muy bien.

―Lo sé. Has estado inquieta toda la noche.

Besó mi pelo.

―¿Qué hora es? ¿Qué haces despierto?

―Son las seis.

―El despertador no suena hasta las siete…―murmuré somnolienta.

―He estado pendiente de ti.

―No tenías que haber hecho eso… Seguro que no has dormido mucho. ―me separé un poco para mirarle, no parecía cansado; al contrario, me sonrió y besó en el entrecejo.

―Bueno… No me importa. Me gusta cuidarte.

Sonreí y volví a acurrucarme, cerrando los ojos.

―Me gusta que me cuides. Me hace sentir… No lo sé… Pero me gusta la sensación que hay en mi estómago.

―Hablando de sensaciones… Solo has tenido dos contracciones más.

―¿Dos? ―volví a separarme y mirarle― Solo he notado una.

―Antes de esa tuviste otra, más suave, que pareció no perturbarte el sueño. ―acercó sus labios a mi cuello y depositó pequeños besos a lo largo de éste.

―No la sentí… ―lo que si sentía era el miedo y la tensión otra vez.

―Yo puedo sentir lo tensa que estás. ―se separó de mí y volvimos a la posición inicial, yo en su pecho y él, masajeando mi baja espalda― Estar así no puede hacerte mucho bien.

―Pero, ¿Cómo no voy a estar preocupada, y tensa y…?

―Shhhh ―me cortó―, Grace y Anne dijeron anoche que todo iba bien.

―Lo sé, pero no puedo evitar preocuparme.

―Tres contracciones diez horas no está mal.

―Y no eran muy molestas. ―bostecé y cerré los ojos.

―Eso es bueno. ―besó mi cabeza y dejó de frotar mi espalda―¿Por qué no te vuelves a dormir?

―¿A qué horas vienes hoy…? ―aun estando semiinconsciente supuse que me tocaría pelear con él para que fuese a trabajar.

―Hoy salgo a las dos. Como mañana vamos a estar todo el día rodando, hoy solo trabajo medio día.

―¿Te espero para comer? ―volví a bostezar― ¿Qué te apetece?

―No quiero que cocines. Traigo yo comida del italiano que tanto te gusta.

―Mmm… Vale.

―Vuelve a dormir, pequeña. Estás cansada.

―Despiértame cuando te vayas…

―Claro. ―empezó a acariciar mi tripa y a cantarme bajito. Pronto volví a estar dormida, y esta vez nada perturbó mis sueños.


―Estoy tan lleno que creo que podría irme a la cama y pasar tres días seguidos durmiendo sin necesidad de comer.

―Cuando te veo comer me planteo donarte a la ciencia; eres un espécimen raro. ―se había comido él solito una pizza barbacoa, un plato de raviolis de carne, una cestita de pan de ajo y una porción de tarta de queso.

―Tenía hambre. ―se excusó. Como había dicho esta mañana, después de su día de rodaje fue a por comida italiana, y acabábamos de terminar de comer.

No había vuelto a sentir ni una sola contracción a lo largo de la mañana, aunque me pase casi toda ella durmiendo y no estuve muy atenta. Pero Grace dijo que si tenía contracciones mientras dormía pero no me despertaban, eran contracciones suaves y muy comunes en esta etapa del embarazo. De hecho, me sentía muy bien –quitando el sueño, las pocas ganas de hacer algo que requiera levantarme del sofá y el dolor de espalda-, y ya no estaba tan asustada. Ahora me encontraba más relajada, y mentalizada para cualquier cosa.

―Tú, en cambio, has comido muy poco. Has dejado casi todos los raviolis y no has probado el brownie. ―estaba recostado entre los cojines del sofá de al lado, sobándose la tripa.

―No tengo mucha hambre.

―¿Quieres un poco de fruta?

―No, enserio. Estoy bien. Últimamente no tengo tanta hambre. ―le sonreí para verificar que era verdad― Y ya era hora; me pasaba el día comiendo sin parar.

―Tienes un bebé dentro.

―Un bebé glotón como su padre. ¡Viendo como comes es normal que la niña tenga hambre todo el tiempo! ―le lancé un cojín.

―¡No es mi culpa tener un estómago sin fondo! ―me tiró de vuelta el cojín, riendo.

―¡Glotón! Tus fans no te van a querer como engordes, dejes de tener músculo y te salgan mofletes.

―Ja ja ja. Mis fans me van a querer aunque me ponga el pelo azul, me tatúe un culo en la frente y me llene la cara de piercings.

―Yo misma me plantearía con quien salgo como hicieses eso. ―me reí de él― Tus fans saldrían corriendo espantadas. Creo quo que hasta tu madre te daría en adopción.

―Vaya gracias, ¿Es qué no me verías guapo con un tatuaje?

―Pues nunca te he imaginado con tatuajes, ahora que lo dices.

―Yo tampoco te imaginaba a ti, y ahora tienes cuatro.

―Pero yo si me imaginaba a mí misma con tatuajes. Desde pequeña he visto a la gente a mi alrededor con ellos, sobre todo a mi familia.

―Me gusta el ojo que todo lo ve. ―Robert había apodado así al tatuaje de Guernica que llevaba en el brazo.

―A veces, cuando estoy vestida de gala, me veo muy rara con él. Es como que no pega.

―Pero te queda muy bien. Es muy Stewart.

Sonreí.

―¿Quieres tatuarte? ―le pregunté.

―No lo sé… Quizás cuando nazca la niña. Algo que tenga que ver con vosotras.

―Sería un gesto precioso. ―yo no era partidaria de que la gente se hiciese tatuajes sobre otras personas que no fuesen de su familia, como su pareja o un amigo, porque si por alguna circunstancia esa relación se rompía ¡Tachán! Un tatuaje indeseado… Pero sentía algo en mi interior que me decía que con Robert si podría hacerlo.

―Podría hacerlo. ―sonrió― Algo que me recuerde siempre la maravillosa familia que tengo. Tú, la niña, los perros, y yo. ―me tuve que reír por el tono cursi que puso, y él me acompañó.

―Cómo sigamos así, el bebé habrá nacido y se seguirá llamando "niña"

―¿Hora de hablar de nombres? ―preguntó.

―Hora de hablar de nombres.

Una vez recogida la comida que había sobrado y la cocina, volvimos a los sofás; esta vez sentándonos los dos en el mismo, yo de lado entre sus piernas.

―Nombres de niñas. ―dijo levantando mi camiseta y acariciando mi tripa.

―¿Has pensado en alguno?

―Bueno… No he pensado en uno en concreto, solo tengo algunas ideas. ―se rascó la nuca― Soy malo en esto de poner nombres y no quiero decir alguno que no te guste.

―No seas tonto, también es tu hija. ―besé su cuello― ¿Cuáles te gustan?

―Abigail y Kiandra son mis favoritos, sobre todo el segundo porque se escucha poco.

―Son bonitos. Me gustan, sobre todo Kiandra.

―Es un nombre con fuerza, con carácter. Y seguro que nuestra hija hereda mucho de eso.

Tuve que reírme.

―Muy cierto.

―A ti, ¿Cuáles te gustan?

―Pues… Me gusta Grace, aunque lo veo más como segundo nombre. También he pensado en Bianca, y algunos en español, pero no sé si sonarán extraños.

―¿Cómo por ejemplo…?

―María, Ginebra y Triana.

―María, Ginebra y Triana…

Volví a reírme al escucharle pronunciarlos: "Yinebra" y "Thriana"

―Voy a tener que ensayar pronunciación como escojamos alguno de esos.

―¡No son tan difíciles! Tri-a-na, Gi-ne-bra.

Yo no hablo español. ―murmuró despacio en ese idioma, con un adorable acento inglés. Le miré sorprendida― Bueno… un poco para tú.

―¿Qué?

¿Qué?

Sonreí como una tonta y me puse de rodillas cara a él.

―Di algo más.

Pequeña, te quiero. ―me miró fijamente a los ojos mientras hablaba― Eres mi vida.

Rodeé su cuello con los brazos emocionada. Puede que no fuese gran cosa, pero era un gesto precioso por su parte.

Yo estar… estaré contigo… ―murmuró acercándose a mí y pegando su frente con la mía a la vez que me rodeaba la cintura― Para siempre.

Para siempre, juntos. ―se me cayó una lágrima de alegríaPase lo que pase.

Sí. ―juntó nuestros labios despacio, trabándolos con cariño, sin prisa, haciendo que notase mariposas en el estómago. Era en estos besos, cuando más sentía el amor que compartíamos; su forma de besarme con delicadeza, sus suaves caricias, sus te quiero murmurados contra mis labios… Todo lo que compartíamos con un simple roce me embriagaba― ¿Te ha gustado?

―Me encanta; sé que odias aprender idiomas, excepto en el ámbito de la música. ― volví a colocarme como estaba antes y me apoyé en su pecho.

―No es tan difícil como esperaba.

―El español es un idioma difícil, me frustra muchas veces. ¿Qué más sabes en español?

―Cosas básicas: perro, casa, cerveza, bebé, mujer, familia, amor, comida, mierda, joder, naranja, tengo hambre, sexo, ¿qué tal?, hola, culo, adiós, miércoles, amigos, tetas… Esternocleidomastoideo. ―dijo esto último demasiado rápido.

―Espera, ¿Qué? ―reí― Ester, ¿Qué?

Es-ter-no-cle-ido-mas-toi-deo

―¿Y eso es?

―¡Oh! ¿No lo sabes? ―se llevó las manos a la cabeza y yo le di un amistoso golpe en la espalda.

No te pases listo. Sé mucho más… que tú.

―¿Qué?

Lo que digo yo… Que no te pases de listo, que se mucho más que tú. ―me miré con superioridad.

Esternocleidomastoideo; es un músculo. Esternocleidomastoideo. ―me repitió esta vez en nuestro idioma.

―¿Y eso lo has aprendido…?

―Por una apuesta con Marcus.

―Como no. Y, ¿Culo, sexo, tetas, joder y mierda son importantes?

―Pues claro, siempre está bien saber mandar a la mierda a otras personas. Y seguro que a ti te pondría mucho que te dijese guarradas en español en la cama. ―le miré graciosa― ¿Qué? Si a mí me pone, a ti también.

―¿Te pone que hable en español? ―pregunté de forma seductora, aun sabiendo la respuesta, trazando un camino con el dedo desde su pecho hasta su bajo estómago.

―Sí. ―tragó.

―¿Mucho?

―Ajam…

Puedo bajar tus pantalones ahora… y hacer buen trabajo con mi boca. ―me acerqué a besar su nuez.

―No sé qué has dicho… Pero joder. ―se removió en el sofá

―Y mejor que no lo sepas. Nosotros estábamos hablando de nombres de niñas, ¿Cómo hemos acabado hablando de sexo? Al final va a ser verdad lo que dicen, tenemos un serio problema con este tema.

―Muy serio. ―mordió mi oreja de forma juguetona― Si no fuese por el susto de anoche, ahora mismo te pondría en cuatro sobre el sofá y te follaría hasta que mañana no pudieses andar. ―me susurró.

Ahora la que tragué en seco fui yo. Sabía cómo calentarme rápido, con una simple frase y un mínimo roce. Y es que, mi cuerpo no iba a durar mucho más en calma como soltase algo más por esa boca.

―Robert…

―¿Qué? ―me besó justo debajo de la oreja.

―Nombres de niñas…

―Kiandra, Abigail, Grace, Triana, Ginebra, María, Bianca… Nombres de niñas. ―volvió a besarme, esta vez pasando la lengua por la zona.

―Robert… ―jadeé. Estaba sensible; llevaba días sin sexo. Cualquier roce, por muy pequeño que fuese, me encendía. Así que tuve que utilizar toda mi fuerza para separarme de él, poniendo una mano en su cara y echándolo hacia atrás― Como sigas así tu menor problema va a ser que vuelva a tener contracciones. ―intentó volver a acercarse a mi cuello con una sonrisa pícara, pero se lo impedí― ¿Me cambio de sofá?

Hice amago de levantarme

―¡No! ―agarró mi cintura de forma posesiva.

―Pues estate quieto. ―le amenacé, volviendo a acomodarme en su regazo

―Si señora.

―Volvamos al tema de antes. ¿Qué nombres te gustan más? Nuestra hija no puede tener siete nombres.

―No veo el inconveniente. María Abigail Bianca Ginebra Triana Grace Kiandra Pattinson Stewart.

Levanté una ceja al mirarle.

―Tenemos que descartar algunos. Mi hija no va a ser el hazme reír de Hollywood.

―Del mundo. ―me corrigió.

Volvió a levantar mi camiseta para acariciar mi tripita.

―Mejor me lo pones.

―Vale… Ginebra no. Es una bebida, no quiero que mi hija tenga el nombre de una bebida.

―Buen punto.

―No se mueve.

―¿Eh? ―le miré confundida.

―La niña digo, que no se mueve.

Puse una mano en la tripa, aunque no era necesario, la sentía sin necesidad de tocar.

―Acaba de comer, es su hora de la siesta. Además, escuchándonos hablar y contigo acariciándola… ¿Quién no se dormiría?

―Suertuda ella, calentita dentro de su mamá, sin nadie que la moleste, recibiendo mimos todo el día.

Sonreí.

―A ti también te puedo dar mimos, papi. ―acaricié su mejilla.

―Me gusta cuando me llamas así.

―Y a mí me gusta llamarte así.

Me abrazó y besó el pelo.

―Momentos como este no los cambiaría por nada del mundo.

―Ni yo. ―murmuré contra su pecho, disfrutando de su olor.

―Ya hemos descartado un nombre, ¿Alguno más que quieras tachar? ―preguntó.

―Mmm… María. Está muy usado, y la gente nunca lo va a pronunciar en español. Además, María tiene miles de apodos.

―María fuera.

―Ya tenemos menos. Tenemos que elegir dos.

―Nos quedan unas semanas para pensarlo.

―Eso espero.

―Ya verás como sí. ―frotó mi hombro y yo quise creerle, pero algo en mi me decía que no iba a tener tanta suerte. Aunque Grace, Anne y Robert dijesen lo contrario― ¿Cómo te encuentras?

―Ahora mismo bien, aunque tengo un poco de dolor de espalda.

―¿Quieres un masaje?

―Mmmm… me encantaría. ―miré en ese momento la foto de Robert dándole un beso a mi tripa –nuestros amigos la sacaron una tarde, sin que nos diésemos cuenta- que había sobre la mesa y recordé algo―¿Qué vamos a hacer con la foto para la gala benéfica?

Hacía unos días Ruth y Grace nos habían explicado que se iba a organizar un evento benéfico para recaudar dinero para los tratamientos de niños enfermos cuyos padres no podían permitirse pagar. Y me había llegado al corazón solo de pensar que algún niño, mi hija por ejemplo, pudiese nacer con una enfermedad que la estuviese matando y no se pudiese hacer nada por ella, porque no tuviese los recursos necesarios.

―No lo sé… Anda que pedir fotos caseras a los famosos para crear una exposición y recaudar fondos cobrando la entrada…

―Pues yo creo que es una buena idea. Piensa que cada persona que vaya a la exposición pagará por entrar, y que mucha gente ira por ver las fotos, no porque quieran donar, y aun así lo estarán haciendo.

―Entiendo tu punto… La curiosidad mató al gato. Una gala benéfica puede tener millones de espectadores, y de todos ellos solo un treinta por ciento dona. Pero…

―¿Pero qué?

―Donar una foto de nuestra vida privada… No me convence. No quieren una foto normal, quieren una foto que muestre nuestra vida cotidiana, algo que los fans no vean.

―Rob, no nos lo exigen, solo nos han dicho que si queremos podemos hacerlo. Hay quienes entregarán fotos suficientes para llenar una pared, y hay quienes no entregarán ninguna… No ―rectifiqué―, todo el mundo entregará fotos. Es por una buena causa.

―Lo sé.

Me volví a girar entre sus brazos.

―Piensa que en vez de ser el bebé de otros, es tu hija la que tiene una enfermedad que la está matando. ¿No moverías cielo y tierra para buscar una cura?

―Lo haría.

―Tú tienes el dinero para hacerlo; pero hay millones de familias en el mundo que no tienen dinero para pagar un tratamiento médico o para viajar a otro país para que su hijo reciba mejores cuidados. ―acaricié su mejilla― Un par de fotos no van a matarnos.

―¿Qué has hecho con la Kristen que dice que nunca dejará que el mundo sepa de su vida privada?

―Se la ha comido la maternidad.

Sonreímos.

―¿Las hacemos? ―pregunté.

―¿Y qué fotos sacamos?

―Mmm…

Me llevé un dedo a la boca y lo mordí, costumbre que había cogido últimamente cuando pensaba.

―¿Qué fotos podemos hacernos? ―murmuré― No quiero que sea demasiado personal, pero debe ser una foto que la gente quiera ver desesperadamente…

―¿Y si enseñas la tripa? La gente quiere ver eso desesperadamente.

Lo pensé durante un segundo y alcé la cabeza para mirarle.

―No sé… ¿Eso no es algo demasiado personal? ―dudé― Tú eras el que no quería nada demasiado personal.

―Ya… Pero… El mundo quiere ver eso…

Entonces lo entendí.

―Tú lo que quieres es joder a todas las revistas que nos han llamado para hacer una sesión de fotos y una entrevista sobre mi embarazo y que hemos rechazado.

―Anda, esa es una buena idea. ―sonrió haciéndose el loco. Habíamos estado aguantado llamadas y súplicas prácticamente desde que se supo la noticia; y seguían llegando peticiones. El mundo de los medios quería un pequeño reportaje, unas cuantas preguntas, una puñetera foto, y nosotros no hacíamos más que decir que no. Antes permitía a alguno de mis amigos subir una foto de mi tripa o de mi hija a Instagram que permitir que me hiciesen una entrevista; pagasen lo que pagasen.

―Eres un jodido cabrón. ―le di de broma en el pecho.

―También quiero que todo el mundo sepa lo adorable que es nuestra tripita, y que vean lo felices que somos y que nos envidien… Y agradecerle de alguna manera a los fans todo lo que hacen por nosotros. Anda que no tiene que sufrir los pobres…

―Pues si vamos a hacer una foto de mi tripa, tú vas a salir conmigo.

―¿Y quién hace la foto? ―se excusó sonriendo antes de besar mi nariz.

―Hay una cosa que se llama disparo automático.

―Bruja lista. ¿Tú eres consciente del paro cardíaco que le va a dar a más de uno con esa foto?

―Lo soy. ―le devolví el beso, pero en la mandíbula… Me encantaba morderla― Y la otra foto va a ser el montaje en el que sales haciendo una tortilla española. Son unas fotos muy graciosas.

―No no, eso no es justo; yo saldría en dos fotos y tú solo en una… Así que, o pensamos en otra foto en la que salgamos los dos, o tienes que salir tú sola en otra foto.

―Mira que eres niño pequeño ehh.

―Aquí los dos tenemos que estar en las mismas condiciones. ―puso una mueca de niño y me sacó la lengua.

―Y eso que solo querías que mandásemos una foto… Que fácil consigue una lo que quiere.―murmuré para que me escuchase, mirando con mucho interés uno de los cuadros de la pared.

―¿Decías algo? ―volví a mirarle con carita de ángel, y él contraatacó con una sonrisa malvada― Porque se me ocurren unas cuantas formas de hacerte pagar que al final me hayas liado para enviar más de una foto.

―Pues decía que…―nuestros móviles empezaron a sonar como locos a la vez impidiéndome terminar.

―WhatsApp. ―dijo Robert. Le quité el móvil del regazo y lo desbloqueé― ¿Cómo se llama hoy el grupo?

―Espera…―entré en WhatsApp― Hoy se llama "La resaca perdura" y hay una foto de Suzie y Riley sentadas en el váter. Supongo que será de la cena de anoche.

Se encogió de hombros.

―Ese grupo cambia más de nombre que tú de bragas.

―Pues casi. ―nos reímos y coloqué el móvil para que pudiésemos leer los dos. Hablaban de la comida de mañana en casa de Scout. Al final, Como nosotros no habíamos podido ir

―Por Dios, ¿Es que no tienen que trabajar?

―SI tú y yo trabajamos más que todos ellos juntos.

― ¿Vamos a ir? O ¿No te sientes con ganas? ―acarició mi tripa otra vez con suavidad.

―Vamos a ir, como pensábamos hacer inicialmente; los chicos están entusiasmados. Hace un tiempo que no conseguíamos estar al completo. ―le recordé― Además, debo hacer vida normal. Por dos o tres contracciones no voy a quedarme encerrada en casa.

―Esa es mi chica. Tengo ganas de ver a Riley.

―Yo también, me fastidia que no pudiésemos ir anoche a la cena. También están Tara y Charlotte en la ciudad, así que las veremos mañana.

―Vamos a estar al completo. ―Robert sonrió.

―Sí, estamos todos.

―¿Quieres que te deje antes de grabar?

―Mmm, no. No quiero madrugar. ―me hice la perezosa― Además tengo que pasarme antes por la consulta de Grace para que vuelva a hacerme la prueba de las correas.

―Es inútil discutir, ¿Verdad? ―asentí y Robert claudicó al instante― Está bien. Pero coge el Mercedes, que vas más cómoda.

―¿Sigue adaptado para que no me moleste la tripa?

―Ajam, no lo he tocado.

―Perfecto. ―le di un pequeño besito de consolación―Y… ¿Dónde está ese masaje que dijiste hace un rato?


El móvil sonó haciéndome abrir los ojos enfurruñada; la siesta a media mañana era sagrada, nadie debía molestarme en mi hora de sueño. NADIE. Ni Robert. Absolutamente nadie.

Ignoré el sonido del WhatsApp y me di media vuelta en el sofá.

Pero no, quien fuese siguió dando por culo. Agarré el teléfono y abrí WhatsApp, más específicamente el grupo que ahora se llamaba "Trabajar es una mierda".

Scout: Kris

Scout: Kris

Scout: Kris

Suzie: KRISTEN!

Alannah: Stewart

Suzie: Tierra llamando a la nave nodriza

Scout: ¿Estás ya con Grace?

Jack: Deja de dormir, Stewart

CJ: A alguien se le ha olvidado de todo lo que tiene que hacer hoy y está sobando en el sofá…

Scout: KRISTEN MUEVE TU TRASERO HASTA LA CONSULTA DE GRACE , YA

Alicia: Para una vez que Scout nos cocina se nos va a quedar frio

CJ: Kristen haz caso al puñetero teléfono antes de que decidamos dejarte sin tarta de chocolate

Suzie: KRISTEN, NO ME OBLIGUES A IR A BUSCARTE, DEJA LA SIESTA PARA OTRO MOMENTO

Riley: Kristen, estoy esperááááándote.

Alannah: Coño, ¿Tan predecible es que esté durmiendo? ¿No ha quedado con Grace?

Suzie: Es Kristen, su tiempo libre se basa en sexo, cocina, dormir, perros

CJ: Y hoy no tiene que cocinar, Robert no está, no tiene cita con Grace, solo debe pasarse a lo largo de la mañana y los perros estarán durmiendo como ella

Tom: Alguien está en problemas…

Jack: Coño, esta tiene el iPhone para lo que le da la gana

Alicia: De adorno, lo tiene de adorno

Bufé enfadada y agarré el móvil. Solo eran las doce, ¡Las doce! ¡Nunca comíamos antes de las tres cuando nos juntábamos todos! Tenía tiempo de sobra para ir a ver a Grace y llegar donde Scout… Podría haber dormido una hora y media más.

Kristen: Iros a la mierda

Suzie: Estaba dormida. OS LO DIJE

Scout: Vale, yo me voy a la mierda, pero tú mueve el culo y ponte en marcha

Alicia: Si muero de hambre será tú culpa, y las mierdas no se comen!

Kristen: Deberíais respetar la siesta y meteros el móvil en modo vibrador por el coño

Jack: La siesta que se respeta es a las cuatro de la tarde

Tom: Joder como está el patio jajajajaja

CJ: Amor, ¿Cuántos días llevas sin sexo?

Kristen: Yo tengo sexo! Y da igual a qué hora sea la siesta. FUCK. TODOS DEBERÍAMOS DORMIR SIESTA DE MEDIA MAÑANA.

Scout: Tanto que no duermes de noche y tienes que dormir de día

Tom: Alguien está irritada…

Kristen: Es lo mejor del jodido mundo.

Suzie: El sexo? Ya lo sé.

Kristen: Nah, la siesta. Es incluso mejor que el sexo

Alannah: Oh dios… Kristen, el sueño te afecta

Tom: O Robert lleva días sin follarla como es debido…

Kristen: Tom, ¿Has probado ya a meterte el teléfono por el culo? Puedo prestarte lubricante, aunque seguro que a ti te van estas cosas y no lo necesitas

Suzie: Jaque mate

CJ: Mueve el puto culo del sofá ya

Kristen: Mi bonito culo y yo estaremos ahí en un rato. Ah, y Robert me folla divinamente

Si alguien leyese nuestras conversaciones de WhatsApp nos contrataría para un reality show como el Gran Hermano español. Se forrarían con nosotros, no lo dudo. Dejé el móvil en la mesa y haciendo uso de toda mi fuerza de voluntad me di una ducha rápida. Anoche me había quedado hasta tarde en el cuarto del bebé, cambiando cosas de sitio, doblando ropita y haciendo la cuna -no tenía sueño y acabé levantándome de la cama para no molestar a Robert-, y ahora me moría de sueño; aunque estaba muy contenta por cómo estaba quedando el cuarto.

Cuando terminé de arreglarme, le dejé un mensaje a Robert antes de salir y cogí el Mercedes. Deberíamos empezar a pensar en comprar un coche más grande, familiar y seguro. Quizás le regalase uno de los que teníamos a Dana antes de comprarlo. Tampoco necesitábamos tener un concesionario en casa.

Había demasiadas cosas que preparar y parecía como si el tiempo se me echase encima. Todavía faltaban casi ocho semanas para que mi embarazo llegase a término, si es que llegase, y el cuarto del bebé no estaba terminado, ni sabía qué clase de parto quería al cien por cien, ni cómo íbamos a llamar a la niña. Eran cosas importantes que deberíamos resolver cuanto antes, pero que no hacía más que posponer. Tampoco es que estuviese estresada por ello, nos quedaba algo de tiempo y esas cuestiones no deberían de llevarnos mucho resolverlas.

Grace, Triana y Bianca me gustaban como nombre y de momento eran mis candidatos; y Robert había dicho ayer que a él le gustaba Abigail y Kiandra. Ahora solo deberíamos de decidir. Quizás Kiandra Bianca Pattinson Stewart o Grace Abigail…

Escuché un ruido. Y después, todo pasó demasiado rápido cómo para procesar y reaccionar.

Primero hubo un frenazo, después un coche colisionó contra mí, y después otro y otro mientras yo no reaccionaba, solo cerraba los ojos asustada y abrazaba mi vientre mientras recibía los impactos. El cristal delantero se rompió cortándome y me golpeé la cabeza contra el volante antes de que saltase el airbag.

Y después todo paró.

Gemí llevándome una mano a la frente, mareada. Mi visión se tornó borrosa y escuché los golpes, frenazos y gritos, pero no fue eso lo que me hizo dejar de respirar, sino una extraña sensación que me hizo temblar.

Creo... Creo que acabo de romper aguas.


¿Alguien tiene ganas de matarme? Recordad que si lo hacéis, nunca sabréis como acaba esto.

Vale, tengo mucho que contar; primero, dar las gracias a todos los comentarios de ánimo que he recibido, me han ayudado mucho a escribir este capítulo. Una autora no pide reviews para subir en el ranking de FF (o por lo menos yo no), los pide para saber que no escribe para la pared, para que la gente le diga que le ha parecido un trabajo que ha llevado muchas horas de esfuerzo, para saber que tiene apoyo. Yo necesito que me digáis todo eso, sobre todo porque escribo una historia sobre dos personas que a día de hoy no tiene una relación. Y me cuesta mucho escribir, si no lo he dejado ya, es por vosotras/os, porque os merecéis esta historia. Por eso solo pido un pequeño comentario, un pequeño review, que no lleva más de dos o tres minutos. Gracias. Y lo de dejar de escribir si siento que nadie me lee o deja su opinión es enserio.

Siguiente punto del día: malas noticias… No volveré a actualizar hasta principios de abril, porque prácticamente tengo examen cada dos días, y o escribo y duermo, o estudio y duermo. Enserio, es horrible, subiré una foto de mi calendario de exámenes al grupo de Facebook para que veáis que no bromeo.

El capítulo que publicaré en abril será el último de la primera parte de Para Siempre. Sí, la historia finaliza con 26 capítulos. Pero aquí no acaba todo. La segunda parte de Para Siempre volverá en julio, cuando ya haya hecho mis exámenes para la universidad. Pero… No os voy a dejar tantos meses sin nada. Desde abril hasta julio, cada una o dos semanas publicaré pequeños Outtakes, escenas que habéis pedido a lo largo de la historia y que no han sido publicadas; todavía estáis a tiempo para decirme si os gustaría ver alguna cosa en concreto sobre el embarazo Robsten, o sobre el pasado de la pareja y yo lo escribiré y añadiré a los outtakes. He decidido esto porque es una forma sencilla de poder publicar todo lo que tengo guardado que no he usado, y no me quitará tiempo de estudio. INTENRARÉ PUBLICAR TAMBIÉN UN OUTTAKE O DOS DE AQUÍ A ABRIL, PARA QUE NO ESPERÉIS TANTO.

¿Qué más tenías que decir Aroa? Ah, sí… Que sepáis que la gente que está dentro del grupo de Facebook de la historia recibe adelantos de los capítulos. Yo no digo nada… Pero quizás os vendría bien entrar en el grupo.

Ya tengo quien traduzca la historia al inglés. Jael (mi traductora) y yo, estamos trabajando en ello. Gracias a todas las que os habéis ofrecido.

Por último, pero no menos importante, no tengo forma de estar informando de lo que le pasa a la historia a toda la gente que no está en el grupo de Facebook, por eso he pensado, que para ir informando del tiempo que queda para las actualizaciones, o cualquier imprevisto que pueda haber, voy a dejar notas en la parte de reviews; así podréis enteraros de todo y estar en contacto conmigo; y yo podré contestaros. El nombre del review será "La autora dice".

Creo que ya lo he dicho todo. Muchas gracias a…

Todos los guest que no dejan nombre pero si comentario, a Sandy Rosas, charli r, Citla, DS21, ale3409, maryany87, CHRCullen, Isabel g, Greijuly, MadeleineTCullen, Vero, smairy, ElizabetStew, azarey, ClauVero, madmerlina, WendyCuba, stef-cullen, yohf, rhiannacooper, Kirsten Masen , anonimo robten, lalyrobsten, twilightica, zonihviolet , Leah De Call, María, Kalita Cullen, mirri95, NataC, alejandra 12326, Lili, victoria, LeiFer12, elena robsten, Jane Bells, Jael Cullen Stewart, Marce, Mariagracia Algarraferriz, Grace Melba, Claudia Suarez, Maria Lopez, Pao De Armas, Diana Hurtarte, Marycarmen Pancardo, Noelia Escarabajal, Telesa Cazares, Iza Martinez, Yohana Liz Elena Cediel, Karla Skyla, Pame Qm, Sele Erramuspe, Diana Hurtarte, Andrea Fernandez, Kirsten Velez, Titina Masen Cullen, Esther Buigas, Andrea Blanco, Anahi Diaz, Kathy Stewart, Carmen Fernandez, Pamela Pérez, (mi querida Pamela no me mates por haber metido a cierta persona en este capítulo), Tamara Del Valle, Leticia Martinez, Ana Valenzuela, Leslie Dzul, Roh de Simon, Cris Feal, Valeria Fàbregas, Jaqueline Valerio, Iza Martinez, Isabel Acosta, Ana Gabriela, Mei Li, Diana Hurtarte, Cecy Luna, Virginia Coromoto, Nene Masen, Karla Skyla, Anahi Diaz, Loana Peralta, Lourdes Isabel, Éricka Azucena, Ariadna Robledo, Lorena Cortés, Valeria BGarcia, Greii Sd, Alejandra Godoy, Yulieth Serrano, Bëlü Peña, Patty Miranda, Lei Cullen, Juliana Isabel, Karen Vanessa, Claudia Suarez, AF Rojas, Alexander Rojas, Kari Salinas, Evelyn Melendez, Estefania Escobar, Paulina Valenzuela, Elysa Arguello, Mariana Lozada, Francis Gaby, Karizza Marroquin, Yandari Doña, Yoliana Laguna, Aidé Nuño, Carla Grun, Desireé Férez, Fernanda Rebolledo, Maria Fernanda, Valeska Saavedra, Nerea Ortega, Lucia Lorenzo, Titina Masen, Monica Yañez, Catalina Medero, Naire Elena, Esther Buigas, Noelia Escarabajal, Francisca Gonzalez, Citlali Runner, Lu Gómez, Ninoska Simone, AbBy Castellon, Karla J. Franco, Ilian Vs… Más gracias a Patu, Tessa, Aurora, Anita, Annabella, Arelis, Jael, Kenzie, a todo el grupo de Robsten's wifes y a Around The World.

Si me he olvidado de alguien que me lo diga para añadirla en el próximo capítulo.

Creo que ya está… Nos vemos en los reviews y en el grupo de Facebook. Mil gracias por leerme.

Aroa.