LEALTAD: ¿AMIGO O ENEMIGO?

Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore caminaba en su despacho, algo desesperado. Seguían sin encontrar el colgante, y aquello no podía ser bueno. ¿Pero qué podía hacer? Seguía sin tener ninguna pista sobre su paradero, y tampoco sabía si podría haber caído en manos de Voldemort. Tenía que hacer algo, pero él sólo no podía... De repente, una pequeña bombilla se prendió encima de la cabeza del director, ya sabía lo que hacer...

Diez minutos después, por la puerta del despacho entraban tres chicos de séptimo año, con cara de haber venido corriendo.

- Albus... ¿nos habías mandado llamar, no?- preguntó Sirius, sentándose con mucha familiaridad en una silla del despacho y repantigándose en ella cómodamente.

Remus y James imitaron a su amigo, sentándose en otras sillas. El último aún tenía la mejilla ligeramente roja del tortazo que le había propinado Lily, cosa que seguía sin comprender, pero intentaba disimularlo lo mejor posible.

- Esta vez no hemos hecho nada, director- dijo James, con carita de niño bueno-. Lo de Snivellus fue un accidente, y a Malfoy no le habría pasado nada si no se hubiera metido en medio...- empezó, con esa cara de eterna inocencia, esa sonrisa angelical y esos ojos tan pícaros que hacían un gran contraste con el resto.

- Señor Potter, ahórrese las explicaciones, no les he llamado por eso, aunque quizás luego me interese oír esa historia- James bajó la vista, había metido la pata, aunque tratándose de Dumbledore, estaba seguro que no les pondría un castigo muy severo

- ¿Entonces por qué?- dijo Sirius, interesado, pues no era muy normal que el director los llamase a su despacho si no era por alguna broma.

Remus permanecía callado, y algo reservado, quizás por respeto al director, un respete que estaba seguro jamás perdería por aquel hombre que le había dado una oportunidad y gracias a él había conocido a sus amigos. Y no sólo a se había ganado unos amigos inigualables con todo aquello, si no que también se había divertido, había aprendido que no importa lo que opinen los demás, que con ser él mismo llegaba y sobraba y al final sólo importaba la clase de persona que eres... Y la había conocido a ella. Pero no, el dolor aún estaba demasiado reciente, pensar otra vez en ella sería como rascarse compulsivamente la herida no cerrada y en ese momento, lo que menos necesitaba era sufrir.

- Bueno, chicos, este es un tema de vital importancia, y deseo que sea llevado a cabo con especial discreción, nadie lo puede saber- empezó el director, mientras ellos asentían, preguntándose que estaba en la mente del anciano director-. He estado pensando que nadie conoce mejor que vosotros el colegio, así que me he decidido, señor Black, creo que recordará el castigo que tuvieron usted y la señorita March recientemente.

Sirius asintió, con una sonrisa, aquel castigo que no había cumplido (tampoco entendía para qué lo había echo) y que al final no habían andado ni un metro con aquel estúpido detector de poder que les había dado Hagrid.

- Sí lo recuerdo, pero realmente ese castigo fue demasiado raro... ¿Qué se suponía que estábamos buscando?- preguntó Sirius, cada vez tenía más curiosidad por ese tema, mientras James dejaba de apoyar su espalda en el respaldo para escuchar mejor, tenía la ligera sospecha de que aquello tenía algo que ver con lo que el director de la escuela le estaba ocultando referente a él.

- Eso no viene al caso, información confidencial que no puedo revelaros- dijo con voz grave el director, cosa que los alarmó, mientras los tres se miraban entre sí-. La cuestión es que quiero que me ayuden a encontrar... un objeto perdido, eso es.

- ¿Pero cómo vamos a encontrar algo que no sabemos qué es?- preguntó Remus, desconcertado, algo bajo, pero en tono algo extrañado. El director clavó sus ojos azules en el merodeador Lunático, que desvió la mirada incómodo.

- Es muy simple, yo les voy a dar algo. Quiero que lo lleven en sus manos y cuando el objeto sólo empiece a balancearse, no hagan nada, quédense en el sitio, uno de vosotros deberá venir a avisarme y señalarme en lugar donde estaba, las personas que estaban en el momento y todo eso- ahora sí que los tres estaban totalmente seguros de que al profesor Dumbledore se le había caído el último tornillo que le faltaba-. Yo ya estoy viejo para estos trotes, pero estoy seguro de que vosotros lo sabréis hacer bien, chicos.

- ¿Y cuando tenemos que hacer eso?- preguntó Sirius, que sabía que si hiciera más preguntas sobre los objetos, no recibiría respuestas. No le gustaba para nada aquella faceta del director, pero aguantó la mirada dura que le dedicó el anciano, que no se parecía nada a la antes alegre que le enviaba, pues siempre le había tenido gran estima, pero desde fin de Año parecía que esa estima hacia el merodeador Canuto se había esfumado, o, en todo caso, se había ido de vacaciones.

- Yo les daré el aviso, simplemente ahora quería darles las instrucciones, pueden retirarse, alumnos- dijo el director y observó a los chicos abandonar el despacho, con una melancolía muy grande y una sonrisa cansada reflejadas en su cara.

- Yo creo que Albus cada día chochea más- comentó Sirius algo ya alejados del despacho, en un corredor que a aquellas horas de la tarde estaba algo vacío.

- La verdad es que un poco raro lo que nos ha pedido sí que es, pero tampoco es para tanto- le contradijo Remus, siempre fiel al director. Sirius lo miró durante un rato, para acabar resoplando.

- Tú estás conmigo, ¿verdad James?- preguntó Sirius, volviéndose hacia su mejor amigo en busca de un respaldo-. ¿James?- el chico de pelo azabache, que se frotaba sin disimulo la mejilla dolorida miraba a Sirius bajo una nueva luz, como si él tuviera la culpa del comportamiento de Lily-. ¿James, qué te pasa?

Sirius había descubierto el moratón que había dejado la mano de Lily en la cara de James y ahora la inspeccionaba, algo sorprendido.

- ¿Cómo te has hecho esto, James?- preguntó Remus, que al ver que Sirius se paraba también se había acercado a mirar. James calló, no le apetecía mucho que los chicos lo supieran, pero por otra parte tenía ganas de gritárselo a Sirius.

- Trae- Sirius había sacado su varita, preocupado, y tras retirar las manos de James del moratón, con un golpe seco de varita, el moratón y el dolor desaparecieron al instante-. A ver si andamos con más cuidado, ya mañana mismo es luna llena y si tenemos ya más golpes podría resultar sospechoso.

James lo miró, como sopesando posibilidades. ¡Qué demonios! Él había llegado mucho antes a su vida que Lily, él siempre había estado allí, él siempre lo había ayudado, apoyado, prestado su atención y se preocupaba por él. En ese momento comprendió que enfadarse por una chica no era la solución, y si era cierto que ahora salía con Susan...

Cogiendo por total sorpresa a Sirius, lo abrazó allí, en medio del pasillo, y Remus, que era muy sentimental se unió al abrazo.

- ¡Lily, por fin!- exclamó Susan cuando su amiga entró por la puerta. Llevaba esperándola un buen rato, ya era la hora de dormir y tenía que hablar con ella sobre un tema que en ese momento le preocupaba mucho: Anna.

Lily la miró desdén, luego se dedicó a mirar las camas con suspicacia, como intentando averiguar algún rasgo característico en alguna de ellas.

- Liliana, tengo que hablar contigo, es urgente- Susan estaba empezando a desesperarse y cuando la pelirroja se tumbó en la cama de Susan, la muchacha alzó una ceja-. ¡Por Dios!- exclamó, empezando a crisparse-. ¡No sé lo que os pasa a las dos, que estáis de un raro últimamente! Primero Anna, ahora tú... Lily, ¿te importa irte a tu cama?

La pelirroja la miró raro, luego, todavía sin hablar, atinó tumbarse en su propia cama, corrió los doseles y no dio señales de vida en toda la noche. Susan, por su parte, con una mueca de frustración, también se tumbó en su cama, no sin antes dirigirle una mirada preocupada a la cama vacía de la habitación, donde debería de estar Anna en ese momento. ¡Dios, la vida era tan complicada!

Al día siguiente, Susan se sorprendió al despertarse sola en la habitación. La cama de Anna seguía intacta, como la noche anterior, lo que la condujo a pensar que la chica no había pasado la noche allí, cosa que tampoco la sorprendió en exceso. La cama de Lily estaba más revuelta de lo normal (y eso que la pelirroja acostumbraba a moverse bastante, aquella vez parecía que se había excedido) y la propia Susan miró su reloj. ¡Dios mío, iba a llegar tarde!

Se vistió lo más rápido que pudo y bajó al Gran Comedor apresuradamente, donde todo el mundo ya estaba acabando de desayunar. No vio ni a Anna ni a Lily, por lo que e acercó hacia donde estaba Sirius, le dio un beso en la mejilla de buenos días y le cogió las pocas galletas que le quedaban, para comérselas con prisa.

- ¡Susan!- la llamó James, que estaba sentado al lado del novio de la chica. Susan se volvió hacia James, aún comiendo lo más rápido que podía-. Hoy a las seis, entrenamiento- le indicó el capitán, que ya había vuelto a tomar el mando del equipo. Susan asintió, y cuando volvía a lo suyo (comer, ahora sentada entre las piernas de Sirius) James la llamó de nuevo-. Por cierto- dijo en voz más baja, que sólo pudieron oír Susan y Sirius-. ¿No sabrás lo que le pasa a Lily, verdad? Con eso de que os contáis todo y eso...

- La verdad es que ayer estuvo muy rara- dijo Susan pensativamente, mientras Remus hacía desesperados intentos por oír lo que decían-. No parecía saber cual era su cama, estaba rarísima, tenía una risa muy rara que nunca le había oído...

James la miró pensativamente y suspiró. Si Susan no sabía lo que le pasaba, ¿quién podía saberlo? Lo que menos se imaginaba el chico de pelo azabache era que un rubio que estaba en la mesa de los profesores y que hablaba con el profesor de Pociones, sabía muy bien lo que le pasaba a su Lily, así como dos alumnos de la casa contra la que se enfrentaría el sábado: Slytherin.

Sirius, cuando Susan acabó de desayunar en un tiempo récord, la cogió de la mano para llevarla él mismo a la torre de Adivinación (N.A: Y si no fuera porque Sussie se negó en rotundo, el merodeador la habría subido en brazos) Llegaron al aula y los dos novios de apresuraron en sentarse juntos.

Cuando llegó James, un poco después comprobó no supo sin con horror o sin él, que el único sitio libre era al lado de Lily, pues tanto Anna como Remus, en ese momento estaba en clase de Runas Antiguas por que ninguno había cogido la asignatura de Adivinación. Resignado, James ocupó el asiento al lado de la pelirroja, que ni a mirarlo se dignó.

- Bien alumnos- la voz etérea de la profesora Sintanny los sobresaltó, mientras ella hacía su habitual aparición entre las sombras-. Hoy vamos a tocar por primera vez un tema extremadamente importante, que no tengan duda que saldrá en los ÉXTASIS. Se trata de la visión conjunta. Por favor, en las parejas en las que están sentados, abran el libro en la última página para practicar. Este va a ser el último día que veamos algo nuevo, el resto del curso será basado en el repaso de las pruebas que pueden caer el los ÉXTASIS. Empiecen a trabajar, al día siguiente quiero un resumen de los resultados obtenidos en la clase de hoy. Pueden empezar.

Tras el monólogo de la profesora, James abrió el libro. Tras leer vagamente de qué iba la visión conjunta, se volvió hacia Lily que estaba sentada con un aire insolente nada propio de ella y no se había dignado a abrir el libro como les había indicado la profesora.

- Lily, tenemos que hacer el hechizo a la vez... ¡Lily!- la chica parecía estar en su mundo particular y cuando James la sacó de sus pensamientos se volvió lentamente hacia el capitán del equipo de quidditch de Gryffindor con una sonrisa lacónica y le espetó.

- Vaya, vaya, Potter ya no se siente tan seguro, ¿no? ¿Qué pasa, no es capaz de hacer el hechizo él solito?- preguntó con sorna la pelirroja, mientras sus ojos verdes esmeralda emitían un brillo poco común en ellos, que en cierta manera sorprendió a James.

¿Qué le pasaba a Lily? Definitivamente, no la entendía, al despertar había sido con él... ¿Cómo decirlo? Había sido amable, cariñosa... Y ahora cambiaba radicalmente de actitud, y según Susan con él no era con el único que se comportaba raro... Allí había gato encerrado, y él se iba a encargar de descubrir lo que le pasaba a su pelirroja favorita.

- Lily, el hechizo hay que hacerlo entre los dos, por algo se llama visión conjunta- explicó James, con infinita paciencia. La pelirroja lo fulminó con la mirada, pero no comentó nada más. Se colocaron frente a frente, tal y como indicaba el libro, y tras mirarse a los ojos, los dos exclamaron a la vez:

- ¡Veiseoinelles!

De pronto, ninguno de los dos estaba allí, podía verse una imagen no muy nítida... Una mujer corría, subía una escalera como si le fuera la vida en ella, se oyó una explosión, un rayo de luz verde... La mujer empezó a sollozar, miró atrás durante un momento, como si dudase en volver atrás, pero cuando empezaron a oírse nuevos pasos, no se lo pensó más, siguió subiendo las escaleras, mientras su cabellera pelirroja la atosigaba...

Entró en una habitación, se acercó a lo que parecía una cuna, había un pequeño niño que no debía de tener mucho más de un año, que dormía plácidamente, la mujer iba a cogerlo en brazos, pero la puerta de la habitación se abrió de una forma muy violenta, la mujer no dejaba de llorar, pero en ese momento se unieron sus sollozos los de la criatura que acababa de ser despertada de su plácido sueño...

Lily estaba gritando de forma estridente cuando abrió los ojos, toda la clase la miraba. Pudo captar la mirada indefinida de James, que la miraba con la boca abierta. Durante un momento, la mente de Lily se despejó por completo... La mujer... La mujer era ella.

Pero eso no importaba ahora, Dios mío, tenía que avisar a Dumbledore, tenía que enterarse de lo que había pasado, la mente de la pelirroja empezó a trabajar con rapidez y su primera reacción fue apartarse cuando la profesora llegó a ella preguntándole qué le pasaba. Tenía que hablar con el director, tenía que hacerlo, tenía que enterarse de lo que le había hecho Lucius Malfoy.

Así que se levantó lo más rápido que pudo y salió de la habitación lo antes que le fue posible. James todavía tenía la boca abierta de la impresión. A pesar de la imagen que acababa de ver, pudo distinguir algo cuando Lily lo miró después de ella. Sus ojos, sus ojos tenían el mismo brillo de antes, no aquel tan extraño que había adoptado desde el día anterior. ¿Qué estaba pasando?

Lily corría por los pasillos, en ese momento lo que menos le importaba eran sus deberes de prefecta y Premio Anual, sabía que estaba dando mal ejemplo corriendo por los pasillos, pero tenía que llegar hasta Dumbledore, tenía que contarlo lo que le había hecho aquel desgraciado...

Dobló una esquina... Y tropezó con alguien.

- Vaya, vaya, Evans, veo que tienes mucha prisa, ¿no?- preguntó una voz burlona por encima de ella. Lily levantó la vista para encontrarse con los ojos oscuros y fríos de Lucius Malfoy. Un ataque de rabia la invadió:

- ¡Tú!- exclamó, con odio reprimido, mientras el rubio esbozaba una sonrisa burlona-. ¡Te vas a enterar, me las vas a pagar, Malfoy, a mi nadie me controla!- exclamó, le daba igual que el chico le sacase más de una cabeza, que la estuviera señalando con la varita o que estaba en clara inferioridad, el coraje que sentía hacia el rubio se estaba extendiendo por cada médula de su cuerpo.

- ¿A sí que la pequeña sangre sucia se rebela?- preguntó el rubio, muy tranquilo-. Pues me temo que no será por mucho tiempo, querida.

Y, con la varita nueva que sostenía en sus manos, murmuró un hechizo que le dio de lleno a Lily, el mismo que había usado la vez anterior, sólo que esta vez intensificado. No iba a permitir que ella se opusiese, las represalias del señor oscuro podrían ser terribles. Miró con codicia el colgante que estaba oculto tras la camisa de Lily, pronto, ese colgante estaría en su poder, él se lo entregaría al señor oscuro y sería proclamado como el mejor mortífago...

- ¡James! ¿Qué le pasó a Lily?- Susan abordó al mejor amigo de su novio nada más terminar la clase, bajo la atenta mirada del novio (Sirius). James, que había estado el resto de la clase muy pensativo se volvió hacia ella.

- Que más quisiera que saberlo- y algo enfadado salió de la torre, mientras Susan se debatía con ella misma mentalmente.

Las clases de Defensa Contra Las Artes Oscuras y la de Encantamientos transcurrieron con normalidad aparente, pero Susan estaba preocupada. Lily no había hecho acto de presencia en ninguna de las dos y, además, la pelirroja tenía que tener un buen motivo para saltarse su clase favorita, Encantamientos.

Susan caminaba al lado de Anna, como siempre callada, rumbo al Gran Comedor, con la esperanza de ver a su amiga pelirroja allí. Pero antes de llegar al comedor, alguien la llamó.

- ¡Susan!- la aludida de dio la vuelta, para encontrarse con un sonriente Michael Prewet que la saludaba con la mano desde lo alto de unas escaleras. Con un gesto, Susan le indicó a Anna que fuera adelantándose y esperó a que el muchacho llegase hasta ella.

- ¿Qué tal, Michael?- le preguntó, sonriéndole de forma muy débil. Aún recordaba su último encuentro en San Valentín, lo había dejado solo... Aunque en buena compañía-. Mejor dicho... ¿Qué tal con Sarah?- preguntó, con una sonrisa pícara.

- Pues la verdad es que muy bien... Gracias a ti, claro- dijo el chico, con una sonrisa humilde, a Susan cada vez le caía mejor aquel chico-. Bueno, quería agradecerte lo del otro día, en serio, me dijo Sarah que tú le habías dicho que fuera a la mesa...

- No fue nada, todo por un amigo- le contestó Susan, mirando de forma distraída a su alrededor, como buscando con la mirada a Lily, pero era inútil. Susan se estaba empezando a preocupar.

- Entonces... ¿Amigos?- preguntó Michael, mirándola a los ojos. Susan asintió, conforme-. Pues podíamos quedar un día de estos y charlar ¿vale?- propuso. Susan asintió con, mucha convicción quizás era eso lo que necesitaba, distraerse un poco, se estaba empezando a agobiar con lo del tema de Lily.

- Si quieres quedamos el viernes, pero que sea temprano, que creo que luego tengo entrenamiento de quidditch- contestó la chica, mientras veía a Sirius haciéndole señas desde la entrada, para que entrase con ella-. Bueno, nos vemos, Michael- se despidió con un beso en la mejilla, que hizo que Sirius, a lo lejos frunciera el entrecejo.

- ¡Susan!- la llamó Michael una vez cuando esta estaba a punto de irse. Susan se volvió-. Buena suerte en el partido del sábado- la chica no pudo más que sonreír, agradecida.

- ¿Qué quería ese?- preguntó Sirius con disgusto, observando al chico hablar con sus amigos de Ravenclaw. Susan le lanzó una mirada de reproche.

- Yo no digo nada cuando las descerebradas de tus admiradoras te acosan, así que a callar- dijo ella, mientras se sentaba en la mesa, al lado de Anna. Sirius se lo pensó un minuto, Anna estaba muy alejada de Remus, que estaba con James. ¿Con quien se sentaba él? Sin pensárselo mucho, se sentó al lado de su novia.

- Ya, pero yo a ellas no les doy besos en las mejillas- protestó Sirius, enfurruñado. Susan, que estaba intentando que una cabizbaja Anna comiese algo, se volvió hacia él, algo molesta.

- Sirius, anda, calla un rato, ¿quieres? Me empieza a doler la cabeza- dijo hastiada, y no era del todo mentira. Sirius la miró, herido y se levantó de la mesa, para ir junto a sus amigos. Susan puso los ojos en blanco, ya se le pasaría y volvió a su labor de intentar que Anna comiese algo, o al menos, intentar subirle el ánimo un poco.

- Vaya, Sirius, ya nos tenías preocupados, esta sería la primera vez que comerías con tu novia...- intentó bromear Remus, pero la cara que traía Sirius le quitó la gracia.

Los tres amigos comieron en extraño silencio, pensando irónicamente que sus tres compañeras de Gryffindor podían influir de una forma tan grande en ellos que antes ni se lo hubieran podido imaginar, pues los tres estaban mal cada uno por una de ellas.

La semana pasó de una forma muy extraña que ninguno de los siete habitantes de Gryffindor de séptimo curso se pudo explicar. Las cosas seguía su ritmo normal, las clases eran tan aburridas como siempre, la ya habitual pila de deberes se acumulaba de una manera algo alarmante, Lily seguía con aquella actitud tan extraña y nadie había logrado averiguar lo que le pasaba (y con el poco tiempo que tenían, tampoco podían averiguar mucho), Susan y James practicaban todos los días quidditch, lo que les quitaba mucho más tiempo, pues como James no había podido practicar, tenían que reforzar los entrenamientos, Sirius estaba cada día de peor humor porque Susan estaba muy atareada, entre sus amigas, los deberes y el quidditch y Remus y Anna... pues seguían igual, callados, tristes, evitándose y ocupados, igual que el resto.

La víspera del partido, Sirius alcanzó a su novia después de la comida, mientras ella guardaba distraídamente los libros en la mochila, para dejarlos en la Sala Común y bajar a la biblioteca, donde había quedado con Michael.

- ¡Sussie!- la llamó. Ella, tras meter el último libro en su mochila y cerrarla, se volvió hacia el joven Gryffindor.

- ¿No te he dicho que no me llames así?- le preguntó Susan, algo divertida, pero de mejor humor. Últimamente había estado muy pendiente de sus amigas, esperaba aquel fin de semana poder desconectar un poco.

- No, de hecho nunca lo habías dicho- negó Sirius, encogiéndose de hombros-. Aunque dejemos el tema, como no tenéis entrenamiento hasta tarde, quiero que vengas conmigo, tengo que enseñarte una cosa que he estado...

- Sirius, hoy no puedo- le interrumpió Susan, con la máxima delicadeza que pudo, lo que no impidió que la cara ilusionada de Sirius cambiase de pronto a una algo decepcionada-. He quedado con Michael para estudiar en la biblioteca...

- ¿Con Michael?- preguntó Sirius, intentando en vano no sonar algo enfadado. Intentó dulcificar su expresión-. No importa, bueno, otro día...- algo apenado, el chico dio media vuelta, mientras Susan se mordía ligeramente el labio... Si Sirius se lo hubiera propuesto antes quizás... Dejó el tema, se dio la vuelta y se encaminó a la biblioteca.

Susana Alexa March pasó una tarde muy divertida con Michael, el chico cada vez le caía mejor y además no era de esos típicos chicos que Susan odiaba, que lo único que tenía en mente era quidditch, chicas, quidditch y más chicas. Encontró que tenía bastantes cosas en común con el chico y este prometió animarla en el partido del día siguiente.

Susan y James pasaron el resto de tarde, junto al resto del equipo de quidditch de Gryffindor, entrenando muy duro para el partido del día siguiente. Tenían que ganar aquel, pues habían empatado el anterior y este año tenían la ambición de ganar la copa por sexto año consecutivo para cerrar el último año de estancia en el colegio.

- ¡Y aquí llegan los jugadores!- la voz de Sirius, amplificada mediante magia, resonaba en el estadio de quidditch al día siguiente-. Por la repugnante casa de las serpientes... ¡Auch, profesora, no es para tanto!... De guardián Bercker cerebro tamaño de la snitch... Ya, profesora, ya, Cazadores las hermanas Parkinson, no saben distinguir la bludger del quaffle y la queridísima de mi prima, me abstengo de hacer comentarios por que no me responsabilizo de mis palabras...

- ¡Black!

- Ya, sí, bueno, de golpeadores a los hermanos Lestrange, una centésima más idiotas y baten el récord mundial y como buscador la copia frustrada y muy desmejorada de mí, que no merece llamarse mi hermano- Regulus levantó su dedo corazón hacia donde estaba su hermano, que iba a empezar a insultarlo ya.

- Señor Black, por el amor de Dios, ahórrese sus opiniones y comente.

- Está bien, por el equipo de Gryffindor, Finnigan el guardián, todo un galán, March y Estevins los golpeadores, ¡dale fuerte a las bludgers, Sussie, Reack, el buscador, ¡encuéntrala pronto! Jonson y Williams los cazadores junto al capitán James Potter, ¡Tú puedes Cornamenta! Vale, profesora, vale... Que humor tienen algunas...

James le dio la mano al capitán, Rodolphus Lestrange que lo miró de forma insolente, como si aquello fuera un juego de niños. James, antes de oír el pitido de la señora Hooch e incluso antes de montarse en su escoba, echó una rápida mirada a las gradas, donde no tardó en encontrar una melena pelirroja. Con una media sonrisa, cogió fuerzas, y, más decidido que nunca, se echó a volar.

A los cinco minutos, Gryffindor ya aventajaba a Slytherin 50-0 y cuatro de los cinco tantos habían sido conseguidos por James. Bellatrix estaba furiosa y cuando un Black se enfada... Los resultados suelen ser catastróficos, y, por supuesto, aquella vez no iba a ser la excepción.

Cuando James cogió el quaffle, Bellatrix giró bruscamente el rumbo de su escoba, y, en un ángulo muerto desde las gradas que no pudieron ver lo que hizo la chica, sacó su varita y murmuró un hechizo, apuntando a la pelota.

El quaffle resbaló de forma muy extraña de las manos del chico, que lo miró asombrado, mientras Bellatrix se apoderaba de la pelota y anotaba el primer tanto para Slytherin. James, algo confuso, intentó interceptar el pase de Bercker, el guardián a una de las hermanas Parkinson, pero cuando la pelota estuvo en sus manos, volvió a resbalar entre ellas, de forma muy misteriosa.

- ¡Eh!- exclamó James, indignado, mientras una muy sonriente Bellatrix recogía la pelota, lanzándole una mirada maliciosa. James alzó una ceja, allí estaba pasando algo raro... Pocos minutos después, tras que cada vez que James tocase la pelota, resbalase de sus manos, Slytherin ya había empatado con Gryffindor, y ahora el rótulo que indicaba el resultado podía leerse 50-50.

Jonson y Williams lograron marcar dos tantos más, mientras que el equipo de Slytherin, en clara superioridad, marcada el doble que ellos. 70-90 a favor de Slytherin, la cosa se estaba poniendo fea y en pocos minutos el resultado no tardó en ascender a 70-140. La gente empezaba a impacientarse, los Slytherin se reían, todavía no sabían por qué James no era capaz de sostener el quaffle en sus manos, pero eso les provocaba bastante gracia.

- ¡James!- Susan, tras lanzar una bludger que bloqueó a una frustrada Bellatrix, se volvió hacia el chico, que no sabía qué hacer-. Creo que han encantado la pelota, prueba un finite incantatem- le dijo, mientras volvía a la carga tras la bludger furiosa.

James reaccionó, la pelota la tenía en ese momento Williams, y, de nuevo, aprovechándose de que la atención estaba puesta en él, sacó su varita, como antes lo había hecho Bellatrix y murmuró el hechizo:

- ¡Finite Incantatem!- guardó la varita y aceleró un poco-. ¡Aquí!- gritó, tras colocarse en la posición adecuada.

Williams le pasó el quaffle, James se volvió para tirar, pero en ese momento, la robusta Parkinson mayor le embistió, apoderándose de la pelota roja. La señora Hooch pitó, penalti a favor de Gryffindor. James se encargó de lanzarlo y convertir el resultado en 80-140, aún les llevaban ventaja, tenían que coger la snitch, sino, todo sería inútil... De pronto, James la vio, la snitch estaba allí, a ras de suelo.

- ¡Reack, allí!- exclamó el muchacho, mientras el juego se detenía de pronto. Reack, gracias a la alerta de James empezó a descender, pero Regulus le llevaba demasiada ventaja... Susan se encargó de ello.

Lanzó una bludger certera que hizo que el hermano de su novio tuviera que girar bruscamente, dejando camino libre al buscador de Gryffindor... El estadio rugió cuando Reack levantó, triunfante, la pequeña snitch dorada entre su puño. La señora Hooch pitó el final del partido. 230-140, Gryffindor ganaba.

Los alumnos volvían charlando animadamente por el camino. James estaba contento, pero no pudo dejar de sentir la ausencia de cierta pelirroja a su lado... ¿Dónde estaría? Desistió de buscarla con la mirada, mientras intentaba zafarse de el molesto corro de chicas que se había formado a su alrededor, en otros tiempo se habría sentido alagado o habría empezado a alardear delante de ellas, incluso tan solo para hacer rabiar a Lily... Ahora todo era distinto. Con un suspiro, continuó su camino, rumbo al colegio.

Sirius se había acercado a Susan, para felicitarla por el gran partido de la chica, pero en ese momento, Michael se acercó a ella, con una gran sonrisa, seguido de Sarah, claro que, con tanta gente, Sirius no se percató del detalle de que el chico venía con su novia.

- ¡Buenísimo partido, Susan!- le felicitó el chico, con una sonrisa. Sarah estaba detrás de él y sonrió a la chica, siempre se habían llevado bastante bien, sólo que quizás nunca se habían acercado mucho debido, quizás, a ir a distintas casas.

- Muchas gracias- contestó ella, levantando la mirada entre la altitud para intentar ver a Sirius, pero no lo vio, lo que la desilusionó un poco-. Aunque estoy un poco cansada...- suspiró ella, algo exhausta.

- Bueno, Susan, Sarah y yo nos preguntábamos si te apetece pasarte mañana por la noche por la fiesta que vamos a celebrar en nuestra sala común, si te apetece, a las diez delante del pasillo de Greig el viejo- le propuso Michael, mientras le daba la mano a Sarah-. Aunque a lo mejor, como seguro que tenéis fiesta hoy en vuestra Sala Común, no te apetece...

- Me lo pensaré, ¿vale?- dijo ella, que en ese momento no le apetecía nada pensar en fiestas-. Bueno, chicos, nos vemos- se despidió, con prisa, tenía que buscar a Sirius, aunque ella en ese momento no sabía que era inútil... Cuando el joven había visto a Michael acercarse a su novia, se había ido de allí.

Aquella noche, como siempre tras los partidos de quidditch, hubo una gran fiesta en Gryffindor. Sólo que algunos alumnos no estaban de humor para fiestas.

- ¡Susan!- llamó a la chica James, preocupado-. ¿Has visto a Lily? No la he visto desde el principio del partido...- comentó. Susan hizo memoria.

- No, no la he visto. La verdad es que ya me duele un poco la cabeza, nunca había estado tan extraña...- se quedó pensativa un momento-. Bueno, cambiando de tema, ¿has visto a Sirius?- preguntó la chica. Llevaba desde que se había acabado el partido buscando al moreno, que no aparecía por ningún lado.

- Creo que está en la habitación, lo vi subir y murmuró algo extraño que no entendí- le contestó James, encogiéndose de hombros.

Susana no se lo pensó mucho, algo extrañada por el comportamiento de su novio, que nunca solía ser así, subió a la habitación de los merodeadores a buscarlo. Lo encontró tumbado en su cama, con el dosel descorrido, mirando al techo, al parecer sin percatarse de su presencia. Parecía extraño y preocupado.

- Sirius- lo llamó con suavidad ella, cuando estuvo lo suficientemente cerca de él. Pudo distinguir que el chico tenía algo en una de sus manos. Era un periódico, concretamente, El Profeta-. ¿Te pasa algo?- le preguntó, al ver que el chico no contestaba ni hacía ningún ademán de haber notado su presencia.

Sirius giró la cabeza hacia ella, se la quedó mirando fijamente, mientras Susan se sentaba en la cama, a su lado, algo preocupada. Tras un momento de un silencio algo extraño, Sirius habló:

- Lee- dijo simplemente. Susan cogió, con las manos algo temblorosas el periódico y leyó el titular del día:

"NUEVO ATAQUE MASIVO

El Ministerio ha confirmado que el día de ayer, a las siete y media de la tarde se ha registrado un fuerte ataque en una concurrida calle de Londres. El ataque de nuevo, esta tras la marca del que se hace llamar el que no debe ser nombrado, pues el pánico esta empezando a extenderse por toda Inglaterra. El número de muertos se calcula superior a cinco mil personas, la mayoría de ellas muggles. El movimiento oscuro en contra de la raza muggle y los magos "de sangre sucia" se está extendiendo de forma alarmante y preocupante. Crónica interior por Óscar Heggis."

La noticia venía acompañada por una gran foto que ocupaba casi toda la portada. En ella se veía representado un gigantesco edificio que Susan identificó como un centro comercial, que estallaba en mil pedazos, para dejar lugar a una enorme calavera verde a la que le salía una lengua en forma de serpiente. La escena se repetía de forma simultánea.

Susan levantó la vista, con horror. Sirius estaba cruzado de brazos, parecía molesto. Susan pudo entenderlo, por una parte, pero por otra no entendía por qué le había dado por ponerse así. ¿Acaso él conocía a alguien que había muerto...? No, su cara no reflejaba dolor, reflejaba indignación.

- No lo entiendo- dijo al fin, al ver que Susan no hablaba, solo le miraba, preocupada-. No entiendo como los que están allí abajo en la Sala Común puedan estar allí, riéndose, celebrando un estúpido partido de quidditch cuando están pasando estas cosas.

- Sirius ahora no podemos hacer nada...- intentó convencerlo Susan-. Por lo menos, tenemos que disfrutar el tiempo que nos queda aquí, por que cuando salgamos de Hogwarts todo va a ser distinto, tendremos que enfrentarnos al mundo que nos espera fuera, pero no es justo ni para ti ni para nadie que esta abajo celebrando perderse esto. Hay un tiempo para todo, pero no vas a ayudar a nadie quedándote aquí lamentándote- le dijo con dureza-. Disfruta mientras puedas, porque si no, cuando menos te lo esperas, puede ser tarde- le dijo.

- Tú no lo entiendes- negó Sirius, levantándose hasta quedar sentado en la cama, pero algo alejado de la chica-. Tú no lo comprendes, no sabes lo que es vivirlo en carne propia- dijo el chico, negado a aceptar la verdad de las palabras de ella.

- Sirius, por favor- pidió Susan-. Tú puedes quedarte aquí, lamentándote, o bajar abajo y seguir con tu vida, prepararte, afrontar, lo que va a pasar fuera, incluso prepararte para lo que va a venir fuera del colegio. No puedes encerrarte en ti mismo, eso es muy egoísta, ¿sabes? Por que fuera hay una realidad, dentro otra menos cruel, pero tarde o temprano tendrás que lidiar con la de fuera, no estropees lo poco que te queda de la de dentro lamentándote- le reprochó.

- Mira, mejor déjame solo- le contestó Sirius, de mala gana. No estaba de buen humor, no quería reconocer la verdad de lo que ella decía-. Vete con tu querido Michael si quieres, pero déjame.

- ¿Qué?- Susan le miró sorprendida-. Por favor, Sirius, he oído chistes malos, pero desde luego, ese se lleva la palma. ¿Yo y Michael? Mejor haz lo que te de la gana, si quieres, por lo que a mí respecta, me da igual.

Y Susan se marchó de allí, enfadada. Sirius sólo miró a la puerta por donde la chica se acababa de ir y se cruzó de brazos. El orgullo del merodeador era demasiado grande para admitir que se había equivocado y se había pasado un poco.

Cuando Susan bajó a la Sala, se encontró con Anna, que parecía estar divirtiéndose mucho.

- ¡Susan! ¿A dónde vas?- le preguntó al ver que parecía pasar de largo, rumbo a las habitaciones de las chicas.

- Se me han quitado las ganas de tener fiesta- contestó escuetamente la chica, mientras se perdía escaleras arriba. Anna se limitó a encogerse de hombros, ella se lo perdía. A ver si podía olvidarse un poco de las cosas y divertirse un rato...

Pero algo le estropeó el buen momento a Anna. Se dio la vuelta y allí estaba él, mirándola con esos ojos de color miel tan penetrantes y que podrían leerle el alma. Apartó la vista.

- Remus, ¿me dejas pasar?- preguntó con un hilo de voz. Remus la miró, sin quitarle la vista de encima, hacía tanto tiempo que no la veía tan de cerca... Le entró de pronto uno de esos impulsos que le venían a ratos y dijo:

- Tenemos que hablar- dijo Remus. Anna palideció, no, era justo lo que menos quería.

- Bueno... Otro día, es que hoy... tenía que hacer... ¡Los deberes de pociones, eso, los deberes de pociones!- dijo ella con una risilla nerviosa, desde luego, las excusas no eran su fuerte, tenía que cambiar el repertorio.

- ¿Ahora? ¿En mitad de la fiesta?- Remus alzó una ceja. Anna miró hacia ambos lados, nerviosa.

- Sí, esto... es que yo suelo hacer los deberes con mucho ruido, sabes, es que me concentro más- dijo rápidamente la chica, en un ademán de zafarse del licántropo, pero este la cogió de la mano, mirándola a los ojos, sin decir nada-. Esto... ¿Remus?- preguntó dubitativa la chica.

Pero él no respondió, fue un acto reflejo, quería besarla una vez más... Y así lo hizo. Se olvidó de todo, de los confusos sentimientos, del malestar que sentía los anteriores días, de las especulaciones que había hecho, de su vano intento de olvidarla... Ahora sólo estaban ellos dos, allí, en mitad de la fiesta, de la cual los ruidos hasta le parecían lejanos.

Y Anna le correspondió, se dejó llevar, por ese deseo tan profundo que ella también tenía de volver a estar a su lado, de sentirlo de nuevo, de estar junto a él... Por que en ese momento no importaba nada más, sólo ella y él. Pero no podía, no podía olvidar, no podía flaquear en ese momento...

Se separó de forma muy brusca del chico, mirándolo con ojos de súplica, no quería que la volviera a besar, no podría resistirlo... Sin poderlo controlar, rompió a llorar y salió corriendo de allí, dejando a un Remus muy confuso. Pero esta vez se le habían aclarado las cosas, le daba igual aquella sensación que tenía al estar cerca de la chica, en ese momento, lo único que le importó fue lo bien que se sentía a su lado, que no quería que ella sufriese.

Anna abrió la puerta de su habitación de golpe, llorando de forma furiosa y la cerró con gran estruendo, para tumbarse sobre su cama para llorar amargamente.

- ¡Anna! ¿Qué te pasa?- peguntó Susan asustada, acercándose hacia la chica, que lloraba sin consuelo. Pero entonces se oyeron unos pasos de intento fallido de llevar tacón en el corredor.

- ¡Anna, abre la puerta, sé que estás ahí!- exclamó la voz de Remus, suplicante.

Susan pasó la vista de Anna a la puerta y viceversa. Lo decidió en una fracción de segundo, después de todo, Anna le debía una encerrona con Sirius y que en el juego de principio de curso la hubiese obligado besar a Sirius, ahora ella tenía que hacer algo con ella para devolverle sus "favores".

Abrió la puerta, cogió a Remus de la túnica y lo metió en la habitación. Ella salió de la estancia y cerró la puerta. Ahora solo era cuestión de esperar, pero no demasiado, que a esos dos sabe Dios lo que se les ocurría hacer si se reconciliaban...

James estaba en la fiesta, pero realmente no hacía caso a nadie. Unas cuantas chicas de sexto y quinto le coqueteaban descaradamente, pero él se libró de ella, mientras se preguntaba por qué demonios Sirius no había bajado, para ver si así se libraba de las chicas porque iban a por su mejor amigo.

Entonces, el retrato se abrió, y por él apareció Lily. James levantó la vista, para toparse con los ojos color esmeralda con aquel brillo tan extraño. Lily pasaba de largo, pero James se puso entre ella y la entrada a las escaleras que subían a las habitaciones de las chicas.

- Potter, apártate, quiero subir- Lily le lanzó una mirada amenazante, que, por supuesto, no acobardó a James. En otras circunstancias le habría divertido, pero en aquella, sólo le lanzó una mirada preocupada.

- Evans, ¿Dónde has estado?- preguntó James, mirándola de forma inquisidora. Lily alzó una ceja, de forma sarcástica. La gente seguía celebrando a su alrededor, ajena a lo que sucedía entre los dos muchachos.

- Vaya, Potter, ahora te ha entrado complejo de súper mami, ¿Quién te crees que eres para controlar mi vida?- le espetó una furiosa pelirroja. Su mirada seguía siendo ausente, lo que empezaba a preocupar cada vez más a James, que la miró durante unos segundos, meditando su respuesta. Parecía que la chica no había perdido del todo su habilidad para contestar.

- ¿Acaso no puedo preguntar? Es raro que una Gryffindor no esté en su Sala Común durante la celebración de un partido de quidditch que le hemos ganado a los Slytherins- dijo James, con aparente calma.

- ¿Te crees muy valiente, no Potter?- dijo ella con frialdad-. Te crees mejor por que eres un Gryffindor, ¿no? Bueno, pues ya se te irán bajando los humos, querido. Ahora, si no te importa, déjame subir.

- Hablas como si...- las palabras se perdieron en la garganta de James. Iba a terminar la frase diciendo: "Hablas como si estuvieras tú en Slytherin" Pero la idea era tan descabellada que hasta al mismísimo James Potter le pareció imposible.

Lily se aprovechó del despiste de James para colarse y subir por las escaleras, dejando al muchacho cavilando. No, no podía ser, estaba seguro que después de la clase de Adivinación la chica era como la Lily de antes... ¿Por qué? Tenía que averiguarlo, y su instinto de merodeador, ese que casi nunca se equivocaba, le decía de forma muy sutil que alguien de Slytherin tenía algo que ver. Pero, ¿Quién? Con esa pregunta, James llegó a su habitación, donde se tumbó en la cama, sin percatarse de que los doseles de la cama de Sirius estaban corridos y que el muchacho yacía dentro de ellos, tan pensativo o más que él. Ninguno de los dos iba a dormir bien aquella noche, de eso no cabía duda.

Lily subió las escaleras, rumbo a su habitación y se encontró con Susan en la puerta.

- Déjame pasar- le dijo Lily, amenazante.

- Ahora no, que he encerrado a Anna y a Remus dentro- negó Susan, muy divertida, mientras intentaba escuchar algo a través de la puerta.

- ¿Se escucha algo?- preguntó Lily interesada, mientras Susan le hacía un poco de hueco. Parecía que Lily no había cambiado tanto, después de todo, seguía siendo tan cotilla como siempre. Susan sonrió, intentando escuchar algo.

Anna seguía tumbada en la cama, aunque sus sollozos se habían apagado. No quería voltearse y encontrarse con el rostro de Remus allí. Notó como una suave caricia le recorría por el pelo, y no hacía falta ser muy listos para saber que se trataba de Remus.

- Ssh- dijo Remus, intentando calmarla. Si por algo se caracterizaba el licántropo era por saber apaciguar a las personas-. No llores, por favor, que si lloras tú, yo me pongo muy triste- dijo con un amago de sonrisa.

Anna se dignó a darse la vuelta y quedarse cara a cara con Remus, pero, en todo momento, evitó mirarle a los ojos. Con un suspiro, como armándose de valor, la chica pudo mirarle a los ojos, que le dieron las fuerzas necesarias para hacer todo lo que estaba haciendo, no podía permitirse echarlo a perder en ese momento... Con la voz ligeramente temblorosa, susurró:

- Ni se te ocurra volver a hacer eso- dijo en un tono de voz tajante, sacando la seguridad de un lugar desconocido para ella-. Por favor, Remus, esto ya es bastante difícil para mí, te agradecería que me dejases sola- tuvo que tragarse las palabras que en realidad quería decirle: quería que él estuviera a su lado, que él la abrazara y la besase de nuevo, pero no, eso era demasiado egoísta por su parte, era mejor acabar con aquello cuanto antes.

- ¿Por qué?- preguntó Remus, con un brillo en los ojos hasta entonces desconocido para Anna. Ahora se había decidido, quería estar junto a ella, le daba ya igual aquellos confusos sentimientos, lo único era que ella no quería...

- Remus, no lo hagas más difícil, por favor- dijo ella, alejándose de él, rogando interiormente que el chico no insistiera, sus fortalezas estaban muy bajas.

- Anna, te estás comportando como una niña pequeña- le dijo con dureza, acercándose más a ella, poniéndola muy incómoda y algo nerviosa. Pero intentó relajarse y que no se le notara, para mirar a Remus se nuevo con una expresión de intento de furia que no salió lo que podría considerarse muy bien que digamos:

- ¿Y cómo crees que te estás comportando tú? No quiero que te acerques a mí, Remus- dijo Anna, con voz temblorosa, lo podía sentir tan cerca de ella, no podría resistirlo mucho más, cada vez estaba tan cerca, no podía caer de nuevo...

Y la besó de nuevo. Esta vez ella no le correspondió, pero tampoco se apartó. Simplemente, disfrutó del que tenía casi la completa seguridad de que podría ser el último beso.

- No sé por qué pero me da a mí que eso dice lo contrario- Remus no estaba dispuesto a darse por vencido, porque el tiempo que había estado sin ella había sido muy tormentoso, no quería repetirlo, y sentía que ella también disfrutaba a su lado, entonces... ¿Por qué ella lo negaba? ¿Por qué desmentía lo que estaba claro que era verdad?

- Remus, sal de mi habitación- la voz segura que le llegó de Anna fue como un cubo de agua fría para él. Ella lo miraba con furia, intentando contener las lágrimas, no quería caer, lo necesitaba demasiado...-. Y por tu bien, no te vuelvas a acercar a mí en tu vida.

Las palabras fueron duras y frías y le dolieron incluso más a Anna que a Remus, era lo mejor, tenía que ser fuerte, no iba a depender de otra persona, ahora más que nunca estaba deseando acabar el curso, porque un poco más así y sentía que no podía seguir.

Remus no sin antes mirarla por última vez aquel día, se levantó de forma lenta, para salir de la habitación, donde al abrir la puerta, Susan y Lily cayeron al piso, muy nerviosas. Tan solo habían alcanzado a oír las últimas palabras pronunciadas por Anna.

- ¡Anna! ¿Te hizo algo?- preguntó Susan preocupada, corriendo a la cama de su amiga. Pero la chica cerró los doseles, todavía entre débiles sollozos, haciendo caso omiso de Susan. La chica miró un rato, preocupada, y se tumbó en su cama, mientras Lily imitaba a Anna y cerraba los doseles de su cama con ella dentro.

Susan, la que tenía la cama en el medio, echó un vistazo a un lado y a otro y suspiró. Como siguiera a ese paso, llevaban una temporada un poco mala de más.

Mientras tanto, en un lugar algo apartado, lejos de Hogwarts, un hombre se aparecía con urgencia. Había sido llamado por Lord Voldemort y todo el mundo sabía que al que tú sabes que yo sé que tus sabes que yo sé quien es (alias señor oscuro, por si os habéis perdido) no le gustaba nada esperar, por lo que había tenido que ir lo más rápido que podía, no fuera a ser que le diera por castigarlo.

- ¿Me mandaba llamar, mi señor?- preguntó, tras hacer la reverencia reglamentaria establecida por el código del mortífago al aparecerse ante el mismísimo Lord Voldemort.

- Sí, Lucius, necesito tus servicios- siseó el Lord, sentado en su acostumbrada silla parecida al trono, rodeada por su querida serpiente, Nagini.

- ¿De qué se trata, mi señor?- preguntó Lucius, interesado. Si hacía aquella misión bien, de seguro que se ganaría más confianza por parte de su amo, y si todo seguía como él lo había planeado (en sus fantasías casi imposibles de cumplirse) dentro de poco él sería la mano derecha del Lord, y entonces, nadie podría detenerlo.

- Quiero que consigas un diario- dejó caer con su voz fría habitual, mientras sus ojos rojos brillaban con regocijo. Lucius Malfoy se sorprendió en sobre manera.

- ¿Un diario? ¿Qué clase de diario?- preguntó Malfoy, desconcertado. En su interior se preguntaba para qué demonios querría el mago un diario, pero supo que hacer esa pregunta enfurecería al Lord, que no consentía que se pusieran en duda sus habilidades de hacer planes.

- No un diario cualquiera, no señor- dijo él, riéndose para sus adentros de la ingenuidad del rubio-. Si no mi diario. Mi diario de cuando yo tenía dieciséis años.

Lucius Malfoy abrió la boca con asombro. Aquello era lo que menos se esperaba que le pidiese el por entonces relativamente joven Lord. Su curiosidad aumentó bastante, aunque seguía sin atreverse a preguntar, pues, después de todo, como se repitió el rubio mentalmente, rogando a su autocontrol, la curiosidad mató a la serpiente, ¿no?

- ¿Y cómo lo puedo conseguir, mi Lord?- preguntó, intentando parecer casual. Voldemort sonrió, mientras en su mente se dibujaban los resultados de su maravilloso plan que había ideado.

- Te daré luego las instrucciones, ahora eso no importa- dijo Tom Ryddle, contento. Iba a burlar al mismísimo Albus Dumbledore delante de sus narices y el director no se iba a dar ni cuenta... ¡Se iba a enterar ese vejestorio de quien era mejor de los dos!-. Quiero saber si ya tienes bajo control a esa sangre sucia que tenía el colgante- preguntó, mirándole a los ojos para saber si mentía.

- Claro que sí, mi señor, estoy a la espera de nuevas instrucciones respecto a ese tema- se apresuró a contestar el rubio, con una sonrisa. Le encantaba hacer los trabajos bien, así se libraba de las torturas.

- Bien, pues la quiero aquí dentro de una semana, no quiero precipitar las cosas de momento. Relega la tarea de controlarla a dos alumnos de confiada, preferiblemente de séptimo porque tú vas a estar ocupado ocupándote del tema del diario, ¿entendido?- preguntó el Lord, mientras Malfoy asentía-. Puedes retirarte, Malfoy, buen trabajo.

Y, con una sonrisa, Malfoy desapareció de la sala, dejando a un Lord Voldemort muy sonriente, al igual que el rubio. Sus planes cada vez iban mejor y lo mejor era que Dumbledore no sospechaba nada, cuando lo hiciera, sería demasiado tarde.

A la mañana siguiente, un Peter Pettigrew corría torpemente por los pasillos, para variar el muchacho se había quedado dormido mientras soñaba con James. Pero alguien salió a su paso, en los vacíos corredores.

- Peter, mi buen amigo Peter- dijo una voz dulzona y a la vez burlona-. A ti te estaba buscando yo- dijo Bellatrix, acorralando al chico gordo en una pared.

- ¿A mí?- preguntó él, mirando a un lado y otro, con miedo, como deseando que apareciese alguien o que ella se estuviera refiriendo a otra persona.

- Sí, mi querido Peter- dijo ella con una voz muy peligrosa y sacando su varita-. ¿Tú no querrás que yo me enfade, verdad?- preguntó, mientras él negaba con la cabeza, casi incapaz de hablar-. Bien, pues vas a hacer lo que yo te diga, ¿A qué sí?- dijo ella, con una voz muy amenazante.

- Sí...- dijo con un hilo de voz

- Bueno, pues quiero que vigiles muy de cerca de tu buen amigo Potter y luego me cuentes todos sus pasos, ¿entendido, Peter?- preguntó, amenazante-. ¿Entendido?- volvió a preguntar, apuntándole con la varita al corazón.

- Va... Vale- contestó él, tragando saliva. Bellatrix sonrió con dulzura.

- Así me gusta, Peter, vigílalo bien, como me entere que me mientes...- hizo un gesto con la mano, parecido al de cortar la cabeza. Peter tragó saliva, asustado.

CONTINUARÁ...

Holaaa!

Bueno, qise poner este capitulo pronto para compensar x no abr actualizado en tanto tiempo, asi q espero q os guste, eps? Advertencia: Este es el ecuador, más o menos de la historia, así que aún quedan el doble de caps (unos poqitos +...) Asi q no os preocupeis, q vais a tener historia para rato... Jejeje

Muxos besitos, asta la proxima, q espero que sea pronto i musas asias x vuestros rr!

AnnaBlack22