05/03/2104: Editado y re-escrito. Decidido así porque es uno de los más leídos y en su momento no lo escribí como me hubiera gustado. Sigue ocurriendo básicamente lo mismo, pero mejor narrado.


Lauren deslizó el dedo por el borde del vaso. Dejó que sus pensamientos fluyeran mientras observaba el movimiento del licor que chocaba contra las paredes de cristal al balancear el recipiente de un lado a otro. Volvió a mirar hacia la botella que estaba sobre la mesa, frente a ella. El silencio que se instauró en el piso de Kenzi, cuando se había ido con Tamsin, emitía un eco dentro de sí misma sobre todo lo que su mente albergaba, de absolutamente todo, incluso de aquello que no pertenecía a ella. Miedos, pesares, dudas, anhelos… todo se repetían incesantemente en su cabeza.

La doctora levantó el vaso hasta la altura de sus ojos y dejó salir una larga bocanada de aire. Odiaba estar allí sin hacer nada, dejando que su cabeza la torturara con la duda de si Bo estaba bien, de cómo la traerían de vuelta, y, entonces, se daba cuenta de lo dependiente que se había hecho su vida de la súcubo y se ponía furiosa consigo misma por haberlo permitido. Bo había entrado en su mundo con una fuerza a la que fue incapaz de imponerse y ella misma era la mejor que sabía lo que había tratado de luchar en contra de eso. El día que Lauren comprendió que lo que sentía no era una mera atracción, las raíces, de lo que Bo había plantado en el primer momento en el que se cruzó en su vida, se habían enredado alrededor de su corazón de tal forma, que sentía que si trataba de arrancar esos sentimientos de allí, ella moriría con ellos.

La doctora se llevó el vaso a sus labios y bebió un largo trago de licor. La bebida bajó por su garganta como fuego y ella cerró los ojos disfrutando de esa sensación raspando su interior. En ese momento, pensó en si las cosas habrían sido diferentes entre ellas si Bo nunca hubiera sufrido el Amanecer, en si había alguna solución para que la súcubo pudiera vivir la vida que le describió la primera noche que yacieron juntas. Lauren se preguntó seriamente a sí misma si podía darle a Bo eso y la respuesta que asomaba en su mente provocó que volviera a tomar otro trago de su bebida. Era humana y ella fae, nunca podría darle una vida «normal», como Bo le había descrito.

De pronto, alguien abrió la puerta de la entrada y la cerró, seguidamente, con un portazo. La humana esperó pacientemente, sentada en su silla, a que el visitante se dejara ver y, después de varios segundos, Tamsin apareció por el umbral de la puerta de la cocina donde estaba Lauren. La valquiria se acercó a ella en silencio y se sentó a su lado. La doctora volvió a llenar su vaso ignorando la mirada de la fae que seguía cada uno de sus movimientos. Cuando la humana quiso llevárselo a la boca, la mano de Tamsin se lo impidió. Lauren la miró molesta mientras la valquiria le quitaba la bebida de entre los dedos, y fue la fae quien se tomó el contenido casi sin respirar. Tamsin colocó el recipiente vacío sobre la mesa y esperó a que la humana lo volviera a llenar para dejar que esa vez fuera la doctora quien se lo bebiera.

La botella se vació rápidamente y no quedaron más tragos que compartir, solo un incómodo silencio entre ellas que era acompañado por callados sentimientos y recuerdos que, lejos de desaparecer con el alcohol, seguían allí, quizá con más nitidez.

—¿Cómo puedes hacer eso? —preguntó en voz baja Tamsin. Lauren la miró esperando una pregunta más concreta—. Quiero decir —continuó hablando la valquiria—, ¿no te das cuenta?

—¿De qué? —le dijo la otra impaciente.

—De lo fuerte que es ese maldito amor. —Lauren observó con detenimiento el gesto serio del rostro de la fae mientras hablaba.

—No importa lo fuerte que yo lo sienta si no es correspondido —le respondió la doctora.

—Bo te ama.

—También a Dyson y ya no puedo negar la realidad. Nuestro amor es una utopía, yo nunca podré darle a Bo lo que necesita y ella nunca podrá darme lo que yo espero de ella —habló con rabia, aferrando los dedos desesperadamente al vaso ahora vacío.

—Otra vez con eso, Lauren —le dijo molesta Tamsin.

—Estoy siendo realista, aunque sea lo más doloroso y quiera negarlo, es así y tú también lo sabes.

—¿Quieres analizar lo que pasó en Helheim? Porque lo que yo veo es Bo a punto de matar a Dyson por ti.

—No, ella nunca mataría a ninguno de los dos, ni siquiera para salvar al otro, ella no es así… —Lauren dejó escapar una risa amarga—. Y qué más da si fuera así, no puedo llevar a Bo a una relación imposible para ella. Ya lo intentamos y no pude soportarlo.

—Tú hiciste las inyecciones para el hambre de Bo, los híbridos faes, curaste la epidemia del Congo… ¿No crees que podrías encontrar una solución para eso?

—No es tan fácil… —habló casi en un susurro tembloroso. Tamsin se puso en pie golpeando la mesa furiosa con el puño ante la respuesta de Lauren.

—Mierda, ¡tienes que luchar e intentarlo! —gritó la fae perdiendo la paciencia.

—Tú lo sientes, pero no lo entiendes —le dijo Lauren bajando la mirada hacia sus manos.

—No, no es así. Yo perdí a la única persona que he amado en este miserable mundo y jamás podré recuperarlo… —Lágrimas comenzaron a amontonarse en sus ojos verdes, tan rápido que no pudo controlarlas—. Siempre colocamos obstáculos insalvables en nuestras vidas sin entender qué es lo verdaderamente importante y cuando descubrimos lo que es, en ese momento lo hemos perdido. Tú tienes a Bo y me mata que hagas esto. ¡Porque yo no puedo hacer nada para recuperar lo que he perdido, pero tú sí! —acabó de decir en un grito desgarrador.

—Tamsin… —le dijo consternada por la declaración que acababa de escuchar.

—Estoy bien —la interrumpió sentándose en la silla y limpiando una lágrima que bajaba por su mejilla.

—No seas tan dura contigo misma —le dijo dulcemente Lauren—. Has estado sola demasiado tiempo, no sé cómo has podido vivir así tantos siglos… Pero ahora no tienes por qué seguir igual.

—No hagas esto —le respondió retirando la mirada hacia el suelo, sabiendo qué era lo que estaba intentando.

—Puedo sentir tu dolor y puedo entenderlo como nunca nadie lo hará —dijo la humana con la voz un poco temblorosa por todas las emociones que corrían por su cuerpo—. Puedes hablar conmigo.

Tamsin se mordió el labio inferior con fuerza, reteniendo las ganas de llorar. Lauren no lo sabía, pero había despertado a todos los viejos fantasmas de la valquiria y ni siquiera el alcohol que corría por su sangre era capaz de calmar el dolor que eso había provocado en ella.

—Me gustaría poder desaparecer de este mundo y llevarme todo esto que me atormenta conmigo —le confesó Tamsin con la voz quebrada—, pero soy una valquiria y eso significa que no puedo morir, que tengo que cargar con mis errores, con el dolor y con las muertes para siempre. Así que no quiero tener a nadie en mi vida, no quiero felicidad, no quiero buenos momentos, no quiero nada, solo deseo que mi ciclo termine de una vez y que jamás vuelva a empezar.

Aquellas palabras no solo impactaron a Lauren, sino a la propia fae. Esa confesión había sido lo más sincero que había salido desde hace tiempo por su boca y, desenterrar algo que llevaba milenios oculto en lo más profundo de su alma, había sido más aterrador que cualquier batalla que hubiera vivido. La doctora sintió en ella misma la angustia que estaba asolando a la fae y su cercanía a ella solo estaba provocando que se intensificara cada vez más.

Cuando Tamsin se derrumbó y comenzó a llorar, Lauren primero trató de calmarla con un abrazo. Pensó que podría pasar igual que aquella mañana en la ducha, que su tacto podría ayudar a disipar aquella amargura y dolor. Sin embargo, no fue así y Lauren sentía que no podía manejarlo. Era Tamsin y era ella misma, el dolor de ambas unidos en sus cuerpos, atormentándolas sin descanso. Lauren abrió los ojos comprendiendo que necesitaban algo más que un mero abrazo y con el desespero con el que la fae la acercó más contra su cuerpo, le dio a entender que ella también se había dado cuenta. Ninguna de las dos quería repetir lo de la noche anterior y la cuestión era si preferían soportar el dolor tan grande que estaba golpeándolas sin piedad alguna.

Lauren empujó hacia atrás a Tamsin lentamente y la imagen frágil de la valquiria la dejó sin respiración: sus ojos verdes oscurecidos por las lágrimas, sus párpados hinchados, mechones rubios pegados en su frente por el sudor… La observó en silencio, sin saber qué hacer, hasta que se dio cuenta de que ella también estaba llorando. La detective acercó entonces una mano y acarició su mejilla suavemente, limpiando las lágrimas que rodaban por el rostro de la doctora, como si tratara de consolarse a sí misma, y Lauren la sujetó por los hombros con toda la ternura que podía ofrecerle en un intento por calmarla.

—¿Hay más bebidas? —susurró la valquiria alejándose repentinamente de la humana y poniéndose de pie.

Lauren no respondió, pero su silencio fue la respuesta para que Tamsin entendiera que no había más alcohol y pudo escuchar su respiración desesperada por terminar con toda aquella situación. La doctora cerró los ojos lamentando haber provocado todos aquellos sentimientos dolorosos en la valquiria. Ella pensó que quizá podía haber sido bueno que desahogara toda aquella angustia después de tanto tiempo reteniéndola consigo misma, no obstante, ahora comprendía que era demasiado dolor retenido durante muchos años.

—No debiste insistir —escuchó decir a la valquiria.

La humana abrió los ojos justo cuando una mano de la fae se apoyó sobre su hombro para poderse subir a horcajadas sobre la doctora, que seguía sentada en la silla.

—Tamsin… —advirtió Lauren, pero la tragedia que veía en sus ojos verdes la envolvía en recuerdos y sentimientos que la arrastraban a una agonizante pena que necesitaba calmar urgentemente y que la dejó sin habla.

Las manos de Tamsin se deslizaron por la nuca de la humana, produciéndole escalofríos, acunando su rostro entre ellas para poder inclinarse sobre Lauren. Sus labios quedaron muy cerca, pero apenas se rozaron. Sus ojos se miraron, estudiando si era mejor seguir o parar. La valquiria tomó la decisión antes, los restos de lágrimas por su rostro, los recuerdos del pasado en su cabeza, tan vívidos… para ella solo eso fue suficiente para estrellar los labios contra los de Lauren buscando el silencio de su angustia.

Lauren se mantuvo rígida durante un momento, tratando de asimilar el nuevo huracán de emociones que estaba provocando Tamsin en su cuerpo. La forma febril de su beso estaba provocando temblores entre sus muslos, humedeciéndola lentamente, y pronto sus manos sujetaron firmemente las caderas de la valquiria y sus labios se movieron contra los de ella, despertando un hambre voraz que todavía Lauren no llegaba a comprender. Sin darle descanso, la lengua de la fae entró en su boca, frotándose contra la suya con intensidad, rodó las caderas sobre ella y un suave gemido salió de su boca estremeciendo a Lauren al escucharlo.

—Tamsin —murmuró entre jadeos, sintiendo los labios calientes de ella junto a los suyos—. Esto no está bien.

—Esto está… jodidamente genial —respondió balanceando sus caderas con fuerza sobre Lauren y dejando que entre las palabras se le escapara un gemido—. Y estará mucho mejor cuando en lo único que podamos pensar sea en follarnos la una a la otra.

Tamsin era agresiva y directa, había algo en todo eso que acaloraba el cuerpo de Lauren sin remedio. Para la valquiria aquello se trataba solo sexo y para ella… ¿Qué importaba? Era sexo también, que calmaba sus pensamientos y agonía, haciéndolos más maleables. Tampoco estaba jugando con la detective, Tamsin conocía perfectamente los sentimientos de Lauren. Así que no hizo nada al respecto y el deseo fue ocupando el lugar del dolor poco a poco.

Subieron las escaleras hasta la habitación, perdiendo una prenda de ropa a cada pocos pasos. La espalda de Lauren se chocó contra la pared cerca de la entrada a la habitación, empujada por Tamsin que presionó su cuerpo juntando el de ella. Quedaba muy poca ropa y el roce de sus pieles era como acariciar el fuego.

La valquiria arrastró su boca por el cuello de la humana mientras ésta desenganchaba su sujetador y lo deslizaba por los hombros de Tamsin. La fae lanzó la prenda de ropa al pasillo cuando Lauren la sacó de su cuerpo y empujó a la doctora al interior de la habitación. Hicieron el camino hacia la cama sin dejar de besarse y rozar con sus dedos la calidez de sus cuerpos, incitando todo a más. Cuando llegaron allí, Lauren cayó sobre el colchón y la valquiria se subió sobre la humana, colocándose entre sus piernas. Tamsin no dudó en inclinarse sobre ella para poder seguir besándola, mordiendo y succionando los labios de la otra rubia, chocando sus dientes y lenguas. Sus besos estaban llenos de deseo y lujuria, pero no había nada más que eso.

Se separaron después de un rato para tomar aire. Tamsin se incorporó un poco, apoyando las manos sobre las rodillas flexionadas de Lauren, apoyando el peso de su cuerpo sobre el de ella. La valquiria observó los labios hinchados de la humana abriéndose para dejar salir los gemidos que el movimiento repentino de sus caderas estaban provocando al chocar contra el centro palpitante de la mujer bajo ella. La fae curvó los labios en una sonrisa llena de malicia, volviendo los movimientos más lentos, y Lauren gruñó insatisfecha mientras arrastraba las uñas con fuerza por los hombros de Tamsin, que lejos de provocarle dolor, la alentó a deslizar las bragas de la doctora por sus piernas con rapidez. Entonces sus ojos verdes se ensancharon al descubrir toda la humedad caliente que estaba esperando por ella y no tardó en mover con lentitud uno de sus dedos a través de su sexo. El cuerpo de Lauren se arqueó como respuesta y la fae se volvió a inclinar sobre él para, esta vez, dejar besos en un trayecto de bajada por su torso. Su lengua se detuvo a la altura de sus pechos, deslizándose por ellos con lentitud, sintiendo las puntas endurecerse contra su lengua, pero las manos de Lauren demandaron que debían seguir su camino hacia abajo, empujando la cabeza de la fae a través de su piel.

Tamsin sintió los talones de Lauren clavarse en su espalda cuando su boca se acercó a su punto más caliente. La valquiria escuchó satisfecha el sonido gutural que salió de la garganta de la doctora cuando llegó allí. Las caderas de la humana se mecieron con más intensidad que antes y tuvo que acompasar el ritmo rápidamente.

Las manos de Lauren se mezclaron entre el pelo de la valquiria, tratando de juntarla más a ella, mientras los dedos de la fae se deslizaron por el muslo de la doctora hasta que acabar dentro de ella. La humana se mordió el labio inferior sintiendo los movimientos de la otra en su interior y tratando de asimilar las sensaciones que eso provocaba en ella.

Entonces, Tamsin se movió de nuevo, deslizándose sobre Lauren hasta tener sus rostros a la misma altura, mordiéndose las ganas de besarla y solo mirando cómo jadeaba cerca de su boca. Deslizó los dedos dentro de ella con más rapidez, ansiosa por terminar cuanto antes, y sonrió cuando los gemidos de la doctora comenzaron a ser más sonoros y sus caderas comenzaron a moverse más rápido.

Lauren observó con detenimiento los ojos verdes de Tamsin sobre los suyos mientras su cuerpo recibía el latigazo de placer que la recorrió de abajo hacia arriba y en lo único que pudo pensar era que Tamsin no era el cuerpo que quería tener entre sus brazos. La doctora buscó los labios de la fae con desesperación y con la esperanza de que su mente se callara, pero fue inútil, la humana dejó caer su cabeza hacia atrás, contra la almohada, sin poder apartar de su mente a Bo mientras su cuerpo se agitaba extasiado.

Cuando los músculos de Lauren se relajaron, la valquiria se bajó y se acostó a su lado, mirándola fijamente. La humana dejó que sus ojos se perdieran en el techo de la habitación mientras las lágrimas luchaban por salir y correr por su rostro. Después de unos minutos, Lauren volteó su cabeza hacia Tamsin y ella la miró con el pelo revuelto y las mejillas subidas en color, haciéndole entender que no le importaba que llorara. No necesitaban hablarse, parecían entenderse con la mirada. Sin embargo, Lauren no quería llorar y acudió de nuevo a sus labios asustada. La fae recibió a la humana entre sus brazos y Lauren no fue delicada en la forma en la que la besó ni en la forma que desfogó en su cuerpo todo lo que la atormentaba, haciendo llegar al clímax a la valquiria con suma rapidez. La fae no dijo nada, ni tampoco se quejó.

Minutos de eterno silencio llenaron la habitación. Aún con la respiración acelerada, Tamsin observó de reojo a Lauren que se había acostado de lado, dándole la espalda. Dudó durante un rato, pero decidió finalmente hablar:

—¿Estás dormida? —le preguntó.

Lauren no contestó. Tamsin retuvo la urgencia de acercarse y abrazarla. Ya no sabía si eran sus propios deseos, los efectos de resucitarla o aquel deseo que la doctora sentía por Bo y que dejaba a la valquiria casi exhausta. La fae se dio la vuelta y hundió la cara en la almohada. Al poco rato, sintió los dedos de Lauren en su espalda y Tamsin giró la cabeza en su dirección para mirarla. La doctora suspiró sin saber qué decir, pero no era ella la que tenía la urgencia de hablar, sino Tamsin:

—Me iré —dijo la valquiria—, desapareceré durante algún tiempo hasta que este vínculo extraño que tenemos se vaya. —Lauren siguió mirándola en silencio, sin decir nada—. Iré a buscar a Evony para conseguir la muestra de ADN de Bo que ella guarda y seguro que con lo que le conté a Trick, sois capaces de traerla de vuelta a ella y Dyson. —Tamsin se incorporó en la cama y miró hacia la pared, evitando los ojos de Lauren.

—Tamsin…

—Es lo mejor para ti —concluyó poniéndose en pie y saliendo de la habitación sin darle la oportunidad a Lauren de detenerla.