A regañadientes, publico hoy este capítulo. ¡Me costó muchísimo! Y aún siento que me faltó algo... El siguiente me está costando mucho más, ya llevo 7 páginas del que sigue así que sospecho que quedará más largo que los capítulos habituales.

Siento que me estoy adentrando en un terreno de la historia donde si quiero cambiar algo porque no me gustó cómo quedó, o pude haberlo narrado de otra forma... ya no habrá vuelta atrás. Y tengo miedo (?) jajajajajaj

En fin, espero sea de su agrado.


Capítulo veintitrés: Soñando con un futuro.

25 de Noviembre — Londres, Inglaterra.

Kylian era un joven apuesto, pronto a cumplir los 25 años. Sus ojos de un profundo color verde con pintas color miel habían cautivado a muchas jóvenes durante su adolescencia, sin mencionar su acento francés que tanto le había enseñado su madre. Claro que aún seguía atrayéndolas, pero desde hace cuatro años que no tenía una novia. Sí seguía viendo a algunas féminas y salía con algunas compañeras de su universidad, pero nunca nada formal. Estaba enfocado en su futuro profesional.

—¡Eh, Kylian! —habló una voz masculina, rodeando con su brazo el cuello de un joven de cabellera castaña— Quedamos en juntarnos con las chicas en una cafetería, ¿te apuntas?

—¿Ahora? —cuestionó él— Les dije que luego tenía otro compromiso.

—Oh, ¡vamos! —insistió otro muchacho que lo acompañaba— ¿Tu madre no puede ir a buscar a la niña?

El varón meditó por unos segundos antes de responder.

—Creo que sí, pero quiero darle un día libre.

Sus amigos lo molestaron por ser tan considerado con su progenitora y finalmente lo dejaron para que tomara un taxi hasta su destino.

Había insistido a su madre que se quedara en casa, leyendo algún libro o simplemente mirando películas; cosa que no hacía desde que él había decidido entrar a la universidad. Y ante la insistencia de su hijo en no salir, Alicia había optado por perfeccionar sus habilidades culinarias. Así fue cómo el muchacho terminó yendo en busca de cierta morena a un taller de dibujo.

No tardó mucho en llegar y adentrarse a un modesto edificio donde un par de adultos esperaban sentados fuera de una puerta. Tras ella se escuchaban algunos murmullos de vez en cuando, y después de unos cuantos minutos, poco a poco la gente comenzó a salir; adolescentes en su mayoría, y varias mujeres que no dudaron en dirigirle un mirada.

—Hey, Amanda, mira —murmuró una joven rubia, codeando a una chica pelirroja—. ¿Crees que quiera unirse al taller?

El universitario ignoró la mirada que le dirigieron las féminas a medida que un tumulto de gente se aglomeraba en el recibidor.

—¿Kyle? —una cándida voz se dejó oír a pesar del bullicio, llamando la atención del varón— ¿Qué haces aquí?

Sonrió al ver el ceño fruncido de Yua, quien lo observaba con clara desconfianza.

—Vine a buscarte, Petit —aclaró, enfatizando la última palabra y haciendo una leve reverencia para disgusto de la niña—, hoy estás a mi cargo.

—No me digas así, es asqueroso —dio un paso atrás, dispuesta a huir de él.

Divertido ante su acción, Kylian soltó una carcajada. —Vamos, enana, llamemos un taxi.

Aún reacia, Yua decidió seguirlo y alejarse de sus compañeros de taller que ya comenzaban a mirarla extrañados. No acostumbraba a hacer amigos en sus actividades extracurriculares, y ésta no era la excepción. Quizás debido al hecho que en el taller no había muchos niños de su edad, y de los pocos que había, ninguno se acercaban a ella. Nunca supo la razón, y en general no le molestaba. Aunque de vez en cuando se quedaba observando a las adolescentes parlotear o a los niños bromear entre ellos, intentando recordar si alguna vez ella había actuado así con alguien.

—¿Maman* te lleva directo a casa o pasan por algún lado? —cuestionó el varón.

La muchachita pareció meditarlo, ya que llevó una mano hasta su barbilla en pose pensativa.

—Depende de lo que yo quiera —dijo finalmente.

Él sonrió con paciencia. —¿Y a dónde quieres ir?

Un singular brillo, que le era muy familiar, apareció en los ojos azulados. Yua no era una niña caprichosa, pero cuando le ofrecían algo que ella quería, no lo desaprovechaba. Tampoco era manipuladora, actuaba por lo general con respeto y si se le negaba algo lo aceptaba siempre y cuando fuera bajo una razón que ella considerara válida.

—Buena, hay una tienda nueva que dicen tener los mejores muffins de Londres y…

La interrumpió con una risa mal disimulada, provocando que la pequeña hiciera un mohín.

—Bien, te llevaré ahí —declaró, iluminando la expresión de Yua—. Sólo deja avisarle a tu madre que llegarás más tarde.

—¡Sí! —soltó animada la pequeña.

En cuanto llegó el taxi, ambos se subieron para dirigirse a su destino. Durante el trayecto se mantuvieron gran parte en silencio, de vez en cuando unas breves disputas en las que Yua terminaba haciendo muecas, pero no hablaron de nada relevante hasta llegar al local que la morena señaló anteriormente.

Se adentraron y los atendió una joven que se marchó enternecida luego de que pidieran su orden, pensando que el hermano mayor había sacado a pasear a su hermanita.

—Y bien, ¿cómo has estado? —preguntó el varón, mientras esperaban su orden.

Yua alzó una ceja. No era la primera vez que salía con Kyle, como ella le apodaba, pero sí era la primera vez que él intentaba mantener una conversación normal. En general se molestaban el uno al otro y el resto de la tarde transcurría entre bromas y reproches.

—Bien, gracias —respondió aún desconfiada.

—¿Ninguna novedad?

La niña meditó por unos segundos, recordando a cierto moreno que llegó días atrás. No logró esconder su sonrisa. —Mi hermano Shizuku volvió a casa.

El joven asintió, recordando que su madre le había mencionado ese hecho. —Deben estar muy felices.

—¡Por supuesto! —exclamó con entusiasmo la pequeña, causando que una sonrisa se asomara por el rostro de Kylian— Ha pasado mucho tiempo, apenas sabía algo de japonés cuando él se fue y ahora puedo hablar mejor.

—Estoy seguro que él también las extrañó —comentó ante la emoción de Yua por hablar de su hermano—. Llegó ese día que fui a tu casa, ¿cierto? Seguramente quiere pasar tiempo con ambas por todo este tiempo que no estuvo.

—Sí —sonrió encantada—. La verdad es que yo sabía que estaba en Londres porque lo vi la semana pasada… —susurró pensativa, recordando su visita a su hermana en el cementerio— Pero no quise decirle a mamá porque no sabía si iría a casa ese día… Y como estaba tardando en ir, pensé que quizás no regresaría…

Observó atento a la niña. La conocía lo suficiente como para saber que tenía una facilidad para exteriorizar sus pensamientos, todo aquello que la inquietaba. Sin embargo, también era bastante precavida para su edad y no le confiaba a cualquiera sus miedos.

—Seguramente habrá tenido sus razones —dijo convencido el varón.

—¿Razones? —repitió ella, confusa.

—Que posiblemente Shizuku tenía cosas que hacer antes de reunirse con ustedes.

Yua ladeó su cabeza y meditó en las palabras del castaño. Frunció levemente el ceño, intentando que se le ocurriera algo.

—¿Habrá tenido que ver con Ichigo? —cuestionó pensativa— Lo vi con mi hermano poco después de encontrarme con Ichigo.

—¿Ichigo? —preguntó Kyle, extrañado de escuchar por primera vez ese nombre.

—Es mi amigo —sonrió la morena—, lo conocí la semana pasada y Shizuku me ayudó a ubicarlo el viernes.

Alzó una ceja ante tal respuesta. Sabía por su madre, que Yua no solía hacer muchos amigos. Pero también recordaba hace un par de años cuando ella se hacía amiga de varios animales dóciles que acostumbraban a vagar por las tiendas que ella frecuentaba, y cómo Shizuku siempre le ayudaba a encontrarlos y darles alimento. Claro que aquellos pobres animales terminaban apodados con los nombres más estúpidos que se podría imaginar.

—Ya veo —asintió mientras veía a la camarera traer su orden y acomodarla en la mesa.

La pequeña se distrajo por completo de la conversación al ver que sus muffins habían llegado. Con devoción, comenzó a comer ante la divertida mirada de los ojos verdosos.

El resto de la charla fue mayormente interrumpida por el deguste de la merienda y prosiguió con las usuales burlas mutuas que se otorgaban. Cuando finalmente terminaron y el mayor pagó, tomaron un taxi para dejar a Yua en su casa.

—Ah, Kyle —dijo de pronto la niña—, gracias por invitarme.

Sonrió ante la cortesía de la morena. Sin dudas eran los frutos de la educación de su madre.

—Cuando gustes volvemos a salir, Petit.

—No me digas así —demandó, frunciendo el ceño.

Divertido, posó su mirada en la muchachita. —Maman te dice así todo el tiempo.

—Pero Alicia lo dice de cariño —refutó ella—, tú lo haces sonar como burla.

—Bien —se rindió, percatándose que estaban llegando a su destino—. ¿Tu mamá está en casa?

Parpadeó por el repentino cambio de tema. —No, yo me voy a quedar con Shizuku.

—Ya veo, ¿y a dónde fue?

La pequeña hizo un mohín al sentir que estaba en un interrogatorio. Notó que el taxi se había detenido, señal de que habían llegado a su destino. Así que ante la atenta mirada de Kylian, bajó del vehículo, le hizo una leve reverencia con la cabeza y al enderezarse le sonrió de manera divertida.

—Eso no te incumbe —dijo con una sonrisa satisfecha, para luego voltearse y correr directo a su morada, donde la esperaba su hermano.

Suspiró, sabiendo que a Yua le gustaba salirse con la suya y no le diría el paradero de su madre aunque la siguiera hasta la puerta de su casa. Tampoco halló momento para preguntarle sobre el matrimonio de Rukia, algo se había enterado por su madre, pero no sabía los detalles.

No deseaba que la morena se casara.

Él era Kylian, primogénito y de ascendencia francesa. Un joven atractivo y estudiante de administración de empresas con un prometedor futuro por delante. Quien lo había motivado a incorporarse en el área empresarial era justamente la madre de aquella niña con la que había compartido taxi minutos atrás. Y que además, resultaba ser la mujer que amaba.

Subió hasta el piso que daba a su hogar, dando brincos por la diversión que le había causado molestar a Kyle. A pesar de que se fastidiaban el uno al otro, se tenían cariño. El varón la cuidaba y ella lo respetaba. Yua no sentía que era menospreciada por ser una menor, sino más bien por su estatura, ya que el joven acostumbraba levantarla del suelo y mofarse de ella. Pero ella ya crecería y Kyle no podría molestarla por ello.

—¡Ya llegué! —anunció con entusiasmo en cuanto entró a su hogar.

—Bienvenida —dijo Shizuku, calmadamente.

La pequeña sonrió y se sentó para acompañar a su hermano, quien estaba tomando té.

—¿Mamá ya se fue?

El moreno tomó un sorbo antes de responder. —Sí, llegará en unas horas me imagino —aclaró—. ¿Kylian te acompañó hasta acá?

—Sí, ¡fuimos a una tienda donde vendían unos ricos muffins!

Shizuku sonrió ante el entusiasmo de la niña. Si bien el joven de ascendencia francesa no le caía muy bien, debido a esa constante sonrisa encantadora que profesaba cada vez que estaba cerca de Rukia, debía admitir que se llevaba bien con Yua y la niña lo pasaba bien con él. Además, era hijo de Alicia, y aquella cálida mujer la conocía desde ya tiempo. No debía ser un mal chico si había sido criado por ella, pero aun así Kylian le provocaba cierta desconfianza.

—… ¿Tú crees?

—¿Eh? —articuló el varón al darse cuenta que la muchachita le estaba hablando y él no la había escuchado.

—Te decía que ayer mamá se veía muy seria cuando nos regañaba por lo de reunirla con Ichigo en Strawberry Café… ¿Tú crees que esté muy enojada? —cuestionó, algo temerosa.

Una sonrisa se vislumbró en el rostro pálido de Shizuku, negando de inmediato con la cabeza. —Creo que estaba más bien sorprendida. Hace muchos años que no hablaba con Ichigo.

—¿Entonces no está enojada? —preguntó esperanzada, eran contadas las veces que su mamá se enojaba seriamente con ella y le preocupaba.

—Bueno, si recuerdas, sólo nos dijo "Yo resolveré mis propios asuntos, si quieren que hable con Ichigo lo haré por mi cuenta, así que dejen de intervenir" —imitó el joven, causando una risita en la pequeña—. A mí eso me sonó a que nuestro plan fue un éxito.

—¡Sí! Ichigo podrá convencer a mamá de no casarse —dijo ella muy segura de las capacidades de su amigo—. ¿Crees que pueda convencerla hoy mismo?

Meditó por unos segundos antes de darle una respuesta a su hermanita. Recordaba bien que Ichigo era capaz de calmar a Rukia, pero también discutían a menudo por tonterías. Sin embargo, no dudaba que ocho años habían sido suficientes para que el hombre madurara un poco. Y estaba aquella conversación telefónica que había tenido con Ichigo poco antes que Yua llegara, donde le insistía en que pensara bien las palabras que le dirigiría a la morena, así como los sentimientos que aún guardaba por ella.

—Bueno, eso depende —contestó finalmente—. Si Rukia llega hoy en la noche o mañana temprano —soltó, haciendo alusión a que la fémina podía pasar la noche con el empresario.

Observó el rostro confuso de la pequeña, para luego tornarse en uno de total entendimiento.

—Sí, comprendo —asintió de brazos cruzados—. Mamá puede ser difícil de convencer, me cuesta mucho que me compre esos pasteles de chocolate, dice que mucho chocolate no es bueno.

Shizuku le dio la razón, sabiendo que era muy pequeña para malinterpretar el asunto. Pero realmente esperaba que la antigua pareja replanteara los sentimientos que guardaban por el otro. Habían pasado años, pero su ruptura había sido tan abrupta que no era de extrañar que aún se profesaran cariño. Incluso Yua había señalado el hecho de que algo transmitían con su mirada al estar el uno frente al otro.

Dirigió su vista a la niña sentada frente a él que había sacado una merienda de la nevera. En mayo cumpliría los ocho años y aún no tenía una figura paterna fija. Sabía bien que él había jugado un papel importante en su crianza, también que Rukia se había esforzado demasiado para que a su hija no le faltara nada. Sólo que a veces… durante todo ese tiempo en que estuvo alejado de ellas, se preguntó si estarían bien. Si la escritora no estaría sufriendo en silencio y ocultando todo a la muchachita de ojos azules o si Yua se sentiría sola en aquellas celebraciones del día del padre y si continuaba diciendo con aquella sonrisa cuando le preguntaban por su progenitor "sólo somos yo, mamá y mis hermanos".

—Herma-no Shi-zuku —llamó ella en medio de un bostezo, captando su atención—. Ya es tarde, ¿esperarás a mamá?

El moreno observó de soslayo el reloj de pared, percatándose que marcaba las 9 en punto. Sonrió sutilmente al notar que el horario para dormir de Yua no había variado mucho.

—Te acompañaré hasta que duermas —dijo, para alegría de la pequeña.

Fueron hasta el cuarto de la menor, donde ésta le dijo a su hermano que no entrara hasta que terminara de colocarse el pijama. Paciente, Shizuku esperó hasta que la chiquilla estuvo lista. En cuanto entró acercó una silla mientras ella se metía en la cama sonriente de recordar aquellas noches en que el moreno la acompañaba. Con una leve sonrisa, él la arropó y comenzó a decirle las cosas que podían hacer juntos ahora que había vuelto: ir al parque, visitar algunas librerías, locales donde vendieran muffins, etc. Y con aquella sensación de paz, Yua finalmente cayó dormida.

El joven la contempló por unos minutos, reflexionando lo importante que era para él. Y con la serenidad que lo caracterizaba, tomó una decisión. Él debía continuar luchando por el futuro de su familia. Debía averiguar todo lo posible sobre la identidad del padre de la pequeña, pero debía comenzar por enterarse de los avances que habían sucedido mientras él estuvo en Japón. Yoruichi lo había mantenido al tanto, pero necesitaba charlar con alguien cercano a Rukia, que estuviera al tanto de su delicada situación. Alguien que la conociera lo suficiente para saber acerca de sus sentimientos y tuviera alguna idea de cómo hacerla entrar en razón.

Constriñó levemente el ceño al hallar con el nombre de la persona con la que requería hablar. Debía asegurarse que Yua no se enterara, porque hasta donde recordaba, ella no se llevaba bien con él.

Suspiró resignado. Ojeó por última vez a la niña que sin lugar a dudas estaba profundamente dormida y se levantó de su lugar dispuesto a pedirle el número a Yoruichi.

Se hallaba tendido en la cama de su habitación, con sus brazos haciendo papel de almohada y sus pies colgando. La conversación telefónica que había tenido con Shizuku más temprano, aún le daba vueltas en su cabeza. Sabía bien que debía ser cauteloso al hablar con la escritora, sentía que ella le escondía algo importante. Bueno, el hecho de ocultarle la existencia de una niña que podía ser suya, ya era un tremendo asunto; pero seguía teniendo un mal presentimiento acerca de todo esto. Llegó a pensar que eran alucinaciones suyas, pero incluso Shizuku le había confesado que intuía algo delicado en el asunto de no exponer la identidad del padre.

¿Qué podía ser tan malo para que Rukia no quisiera decirle quién era el padre de Yua? Frunció el ceño al pensar en que él no lo fuera. Después de todo, esa posibilidad no tenía sentido.

—Ichigo… —susurró ya impaciente una voluptuosa mujer— Has estado así desde la firma de libros, ¿pasó algo?

El aludido volteó a ver a Nelliel, quien se hallaba de pie y de brazos cruzados en medio de la habitación. Su mirada denotaba preocupación, pero hasta hoy se había mantenido en silencio tolerando su comportamiento distraído y su falta de comunicación.

Ciertamente había preferido mantener a la fémina de ojos pardos fuera de sus asuntos, para no preocuparla y distraerla de su trabajo. Pero Nel siempre le había comentado que cuando necesitara ser escuchado, ella iba a estar ahí para él. Como una manera de retribuirle todo el esfuerzo que él había hecho por consolarla y la oportunidad de trabajo que le había ofrecido.

—Sé que te gusta resolver tus problemas por ti mismo —mencionó ella—, pero a veces hablando con alguien puedes encontrarles solución más rápido.

Soltó un suspiro al tiempo que cerraba los ojos. Quizás la mujer tenía razón. Después de todo, se había pasado todas sus tardes libres analizando la situación y no hacía más que salir con más dudas de las que comenzaba su reflexión.

—Rukia tiene una hija —confesó finalmente, dejando a relucir el origen de todas sus dudas.

Ichigo creyó ver una expresión de pánico en el rostro de Nel, pero no podía asegurarlo puesto que ahora veía cómo parpadeaba confundida en un intento de digerir la información. Abrió la boca un par de veces intentando decir algo, pero al final se mantenía callada. Optó por caminar sin prisa y sentarse en la cama, de espaldas a él.

—¿Conoces al padre? —finalmente cuestionó de manera audible.

—No —soltó él en un suspiro—, Yua se crió sin su padre.

Vio cómo la mujer asintió todavía sin voltear. Supuso que estaba analizando la situación, puesto que no se la esperaba. Realmente, cuando llegó a Londres tampoco esperó encontrarse con una pequeña niña de ojos azulados.

—Ya veo —dijo Nel en voz baja.

Por unos instantes el varón se mantuvo expectante a lo próximo que diría la fémina. Pero en vista de que ella no emitió otra palabra, dirigió su mirada al techo para seguir con su reflexión a cerca de la situación que lo acongojaba. Aún no sabía bien qué le diría a Rukia en cuanto la viera, sabía que debía respetar su silencio; la morena era sensata y debía tener una razón de peso para su misterio, ¡pero se trataba de un asunto considerable! Su negativa a decir algo no sólo la afectaba a ella misma ahora, ¿acaso no se había dado cuenta de ello?

—¿Sabes por qué viniste a Londres, Ichigo? —preguntó con voz firme la de ojos pardos, ante la mirada extrañada del empresario— No estoy hablando de negocios, sino de la razón por la que buscaste a Rukia todo este tiempo —continuó, alzando su vista— ¿No pudiste aceptar su repentina marcha? ¿Querías verla por última vez? ¿Querías que se quedara contigo? —hizo una pausa, se levantó y rodeó la cama hasta llegar frente a él para mirarlo a los ojos y formular la última pregunta— ¿Aún la amas?

El hombre de hebras anaranjadas se estremeció ante la franqueza de la fémina. Se incorporó para quedar sentado sobre la cama mientras veía que ella tomaba asiento junto a él.

—Yo… —articuló Ichigo, llevándose una mano hasta su sien— La busqué todo este tiempo porque sabía que no se había marchado por simple capricho, sino que huía de algo.

La antigua Arrancar observó inexpresiva la confusión en el rostro del varón. Para ella estaba clara la solución, pero sabía bien que para el empresario resultaba difícil por todas las emociones que la situación implicaba.

—No es tan complicado, Ichigo.

Su ceño se constriñó al oír esas palabras. Las palabras salieron sin poder contenerlas, abrumado por todas las dudas que tenía desde que vio a la morena.

—¿No es complicado? —repitió, empuñando sus manos— Yua va a cumplir 8 años —espetó, conteniendo su impotencia—, ¡ha pasado todo ese tiempo sin un padre! ¡Homura ha muerto y Shizuku estuvo fuera casi dos años haciendo quién sabe qué! —en medio de su desahogo, se levantó de la cama y le dio la espalda a la fémina— Rukia ha estado todo este tiempo sola… —susurró, con sus puños temblando— Sola… criando una niña que podría ser mía…

La mirada de Nel se perdió durante un instante ante las últimas palabras de Ichigo. Había preferido asumir que la niña de la que él le hablaba había nacido en Londres, años después de que Rukia se marchara. Sí, porque de lo contrario, las dudas sobre el porqué la morena no le comentó sobre su hija al empresario, comenzarían a perseguirla.

—Es más complicado de lo que piensas, Nel.

Despertó de su ensimismamiento ante lo dicho por el Kurosaki. Esperaba que él no hubiera visto el atisbo de preocupación en sus ojos, sino comenzaría a sospechar. Así que, cerrando sus ojos momentáneamente, se dispuso a enfrentar su mirada y recitar sus últimas palabras.

—No lo es —insistió mientras negaba con su cabeza.

Antes de que el varón girara y comenzara a descargar su frustración en ella de nuevo, prosiguió.

—¿Qué te importa más? —indagó, desarmando al de cabello anaranjado— ¿Ser un apoyo para Rukia o ser un padre para Yua?

—¿Qué…? —articuló él, sorprendiéndose de no saber qué elegir.

Con diplomacia, la mujer se levantó y lo enfrentó.

—Si quieres estar junto a Rukia, si quieres restablecer tu pasada relación con ella… —se detuvo por un instante, como si le costara pronunciar las siguientes palabras— porque aún la amas… Eso implicaría que deseas convertirte en una figura paterna para Yua, sea tu hija biológica o no —declaró, sorprendiendo al empresario—. Si por el contrario, deseas ser un padre para Yua porque estás obsesionado con la idea de que comparten la misma sangre, eso implica pisotear la autoridad de Rukia, no valorar todos los años que dedicó para criarla y sacarla adelante… Pero sobretodo… eso significaría que estás dispuesto a arrebatársela legalmente si resulta que en verdad es tu hija…

—Yo no… —balbuceó el varón, dando un paso hacia atrás.

La seriedad en el rostro de la fémina desapareció para dejar lugar a una sutil sonrisa.

—Los caminos siempre están, Ichigo. Lo difícil es decidir cuál quieres tomar —murmuró, con su vista perdida al fondo del cuarto.

El empresario volvió a tomar asiento en su cama, asimilando las palabras de la mujer de ojos pardos.

—¿Qué me importa más? —susurró para sí.

Nelliel observó por un momento a su jefe antes que decidiera marcharse para dejarlo en su reflexión. Volteó y se dirigió a la puerta de la habitación, girando la manilla para abrirla. Antes de salir, le dirigió una última mirada al varón allí dentro.

—Piensa bien lo que quieres —dijo con suavidad, abriendo la puerta dispuesta a salir—. En base a eso te enfrentarás a lo que venga…

Ichigo no oyó sus últimas palabras. En su lugar, rondaban en su cabeza las opciones que le había dado Nel sobre su situación. Las cuales, cabe mencionar, lo habían ayudado en demasía. Después de varios minutos repasando la situación en la que se encontraba desde que había desaparecido la morena de su vida, la había encontrado en Londres, se había enterado sobre Yua y todo lo acontecido durante sus días en la ciudad inglesa, tomó una decisión.

Sonrió sin poder evitarlo justo en el momento que alguien tocaba la puerta de su habitación. Se levantó, mirando la hora, sabiendo que sólo podía ser una persona. Y en el instante que abrió la puerta y vio aquella mata de cabellera oscura y aquellos deslumbrantes ojos, supo que no se equivocaba.

—Hola, Ichigo —saludó Rukia, provocando una sonrisa en el varón.


Maman: Mamá, en francés.

Ya, sí... los dejé a la mitad de algo que se viene bueno jajajajaja pero en el siguiente capítulo, que de alguna manera publicaré el miércoles 19, se saciarán de una conversación entre Ichigo y Rukia (?) -lleva 7 páginas de puro IchiRuki-

Arghgh, quiero escribir tantas cosas pero me cuesta ordenarlas! D:

Nos estamos leyendo (: