Muchas querréis matarme por tardar tanto, y no tengo excusa, de verdad lo siento. Pero como prometí: no abandonaré este Fic. Puede que tarde más o menos en actualizar, pero garantizo que habrá un final.

Dejando eso de lado, estoy con al vena romántica y sensible, así que aunque se suponía que este iba a ser un cap en el que avanzaría la trama de misterio e investigación, acabé por meter una escena a mayores, y la verdad es que estoy secretamente orgullosa de ella (aunque mi favorita sigue siendo la de la biblioteca).

Espero que les guste ^^


Capítulo 25: Yo también me lo pregunto

...

Se sentía un poco mareado, y tenía una idea más o menos acertada de por qué: por alguna razón, probablemente por culpa de la herida del brazo y los bajones emocionales que había llevado en los últimos días, tenía fiebre, y considerablemente alta.

Se revolvió en cama incómodo e inquieto, después de comprobar por enésima vez el reloj.

Hattori no había llamado, y eso solo podía ponerlo más de los nervios. ¿En qué demonios andaría metido si lo único que tenía que hacer era comprobar qué había en un simple almacén? Ah, sí, es cierto: resolviendo casos de asesinato que no venían a cuento. Cómo si él pudiera quejarse.

Sin embargo, la cabeza lo estaba matando, tenía mareos y por si fuera poco desde hacía un rato que empezaba a notar nauseas, pero temía caerse si se levantaba de la cama. Lo peor: eran las seis de la mañana y en apenas una hora y media tendría que levantarse para ir a trabajar. Por encima de todo, no podía permitirse faltar en la investigación.

Rezaba por todos los dioses que Haibara hubiera entrado en razón y decidido quedarse en casa vigilada durante una temporada antes de que ocurriera otra desgracia, o de lo contrario se vería obligado a seguirla durante otro día más en su interminable paseo por el instituto.

La verdad es que no había tenido oportunidad de hablar con ella y averiguar qué opinaba sobre el incidente de la bomba ni qué iban a hacer a continuación. Planeaba hacerlo en cuanto llegaran a casa del profesor y se deshicieran de los niños, pero la llegada de Mayama Sagaru había tirado todo al traste.

Se había alterado y gritado delante de los mocosos que era un agente del FBI, y ahora que lo pensaba con claridad, esa no había sido para nada una buena idea. Solo de imaginarse cómo podían reaccionar los tres mocosos entrometidos la próxima vez que se encontraran le quitaba todavía más las ganas de ir al instituto.

De pronto su teléfono empezó a sonar. Medio adormilado y moribundo se enderezó en la cama y tanteó la mesilla hasta que dio con el aparato. Se quedó bloqueado unos segundos mirando la pantalla cuando descubrió que se trataba de Hattori. Al segundo siguiente su instinto de detective se activó, sus preocupaciones volaron y mágicamente el dolor de cabeza pasó a un segundo plano.

Descolgó y se pegó el aparato a la oreja.

—Hattori. —Se limitó a decir, esperando a que el otro empezase a hablar.

—Kudo, ya sé lo que hay dentro del almacén. —Dijo el moreno, y utilizó un tono tan serio que no se atrevió a interrumpirlo.

"¿Una pista? ¿Por fin? Por favor dime que es una pista porque no creo que pueda sobrellevar el chasco si resulta ser otro paso en falso"

¿Y? Hattori no tengo todo el día.

—No te lo vas a creer, Kudo. Es un laboratorio.

—¿Qué? —Preguntó desconcertado.

Se hubiera esperado un montón de cajas de alguna sustancia sospechosa almacenadas, o incluso un armamento allí metido, aunque lo más normal hubiera sido que estuviera completamente vacío. Sin embargo, ¿Hattori había encontrado dentro de un almacén de un centro comercial un laboratorio?

—Lo que escuchas, amigo. Esto está lleno de tubos raros y frascos con reactivos. No tengo ni idea de que son ni la mitad de las etiquetas que tienen estas cosas, pero muchas ponen una calavera, así que no me da buena espina.

—¿Habéis encontrado algún documento o información de qué se suponía que hacían en ese laboratorio?

—Tengo a tu subordinado buscado. Yo te he llamado en cuanto hemos entrado. Apenas he tenido tiempo de buscar nada. ¿Sabes el día que llevo?

—Yo he tenido que detener una explosión y he salido por los aires, ¿puedes superar eso? —Preguntó con sorna.

—¡¿Una explosión?! ¿Qué cojones, Kudo?

—La organización ha intentado matar a Haibara de nuevo. Sabes que estoy a cargo de su protección en el instituto, ¿no?

—¡No me digas que han volado el insti!

—No, fue en el camino a casa. Me despisté un segundo mientras hablaba contigo y cuando me di cuenta, Ayumi ya tenía una bomba en la mano.

—Joder, tío. ¿Pero estás bien?

—Tengo el brazo entablillado, pero por lo demás nada grave.

—¿Roto?

—Solo resentido. Me duele de cojones ahora mismo, pero según el médico no es nada grave.

—Se te escucha mal, sí.

—Creo que tengo fiebre.

—Uhhh, pues ya sabes, pídele a tu querida chica que ahora vive contigo que te cuide…

Sí, Hattori solo quería hacer una broma. Era una simple broma de las suyas típicas y sin ninguna intención de hacer daño. Pero esta hizo daño, y el joven detective no pudo evitar cabrearse un poco y soltar:

—Cállate. —Dijo en un tono seco que hizo que el otro, al otro lado de la línea, se estremeciera por completo.

—Kudo, no me digas que ha pasado algo con ella… —Aventuró el moreno, aunque su instinto le gritaba que no se metiese en terreno minado.

¿Algo? Había pasado de todo. Y nada bueno.

—Supongo que podría decirse que sí.

En una situación normal, habría eludido el tema, llamado idiota a su amigo y vuelto a centrarse en la organización y en el laboratorio en el que el otro se encontraba en ese preciso instante, pero no era una situación normal. Se encontraba débil, tanto física como mentalmente, y la verdad es que necesitaba contárselo a alguien, y probablemente la única persona en el mundo capaz de comprenderlo era Hattori.

—¿Bueno o malo?

—¿Tú qué crees? —Replicó irónico.

—Ya, tienes razón… perdón por preguntar.

Tomó aire y se dispuso a contárselo:

—Hoy vino por comisaría su prometido.

—Uf…. —Lo escuchó murmurar.

—Y se ha empeñado en verla.

—¿Y se lo permitiste?

—No tuve más remedio.

—Kudo, ¿y si hubiera sido uno de ellos?

—No me lo pareció. —Se defendió tratando de no alterarse.

—¿No te lo pareció? ¿Desde cuando eres tan bueno como para detectar miembros de la organización simplemente por las apariencias, Kudo?

—No son apariencias. Tenía varias razones para querer confiar en él. Además, no es como si los hubiera dejado estar a solas.

Aunque en realidad sí lo había hecho, pero por encima de su cadáver le contaría a Hattori que se había echado a llorar cuando los vio juntos.

—¿Tengo que recordarte que en el pasado había algunos que podían cambiar de cara? No digo que el prometido de Ran sea uno de ellos, sino que ese pudo no haber sido su prometido.

—Entiendo tu punto, Hattori, pero en serio yo…

—No fuiste capaz de enfrentarlo, ¿verdad?

—¿Qué? No, sí lo hice.

—¿En serio? Yo creo que el Kudo que conozco no se hubiera dejado amedrentar por nadie y se hubiera negado en rotundo en dejar que un desconocido viera a una mujer que está bajo custodia policial porque una organización oscura atenta contra su vida. A no ser claro que esa mujer fuera la mujer de su vida y el hombre en cuestión su prometido… —Ironizó. —Ah, no, espera. De hecho, el Kudo que conozco se hubiera negado más en esa situación si cabe.

—El Kudo que conoces ya no existe. —Empezaba a cabrearse y respondió de mala leche.

—No, de eso ya he dado cuenta hace tiempo, Kudo. Pero veo que en serio no tienes los cojones para hacer nada por mucho que la quieras.

Y esa fue la gota que colmó el vaso.

—¡¿Y tú qué sabes?! ¡Para empezar no eres el más adecuado para decirme eso! ¿Acaso no dejaste tú también ir a Kazuha-chan pese a que la amabas? ¿EH? Y no te atrevas a negarlo, porque si me apuras puede que todavía tenga por alguna parte la grabación en al que la llamabas "tu Kazuha".

—Hey, Kudo, no te metas donde no te llaman. Lo que yo haya hecho con Kazuha o no, no es de tu incumbencia.

—¿Ah, no? Pues bien que comentas tú sobre mi vida amorosa, Heiji-kun.

—Bueno, solo estaba tratando de animarte, ¿vale? Mira que eres cerrado y terco con este tema, macho.

—Soy así porque me gusta. Y tienes la culpa de todo, que lo sepas.

—¿Y ahora de qué hablas?

—De que no debería haberte hecho caso. Si ya lo sabía, joder. Lo supe desde hace diez años: que no había esperanza. No sé ni por qué me molesté en dejar que tus palabras se quedaran siquiera en mi memoria.

—Kudo, no te sigo. ¿De qué palabras hablas?

—De nada, Hattori, de nada.

Se quedó en silencio, todavía con el cabreo metido en el cuerpo. Después de desahogarse con el moreno se sentía, quizá, un poco mejor y fue capaz de devolver la conversación al punto inicial:

—Hattori, cuéntame más sobre ese laboratorio.

El otro aguardó un momento antes de terminar por hacerle caso.

—Tengo una teoría, y supongo que tú también has llegado a la misma conclusión.

—Es el laboratorio donde mejoraron el APTX. —El propio Conan termina la frase del otro, confirmando las sospechas del moreno.

—Exacto. Creo que quizá sería buena idea enseñarle todo esto a tu amiga la científica, Kudo. Tengo a Jonathan sacando fotos y buscando por todas partes, te las enviaré y creo que deberías enseñárselas, pero aún así sería genial si pudieras traerla. A lo mejor ella encuentra algo que nosotros no sabemos ver.

—Entiendo el punto, pero ahora mismo Haibara está bajo vigilancia policial y te recuerdo que ayer intentaron matarla. Maldita sea, Hattori, ¿no habías dicho que ahora la querían con vida?

—Yo solo dije que podía ser el caso. Están jugando con nosotros, y esa chica es su principal objetivo.

—Bueno, es un hecho que tengo que contarle esto a Haibara. Necesita saberlo y de momento es la única pista que tenemos.

—¿No has encontrado nada relacionado con la productora de ropa?

—Sato-san está investigando pero no ha encontrado nada. Es como si ese mensaje no hubiera existido nunca. La teoría del virus de ordenador cada vez se hace más tangible.

—¿Y no has encontrado nada sospechoso? ¿En serio?

Conan se quedó callado un segundo, pensando en que, ahora que lo pensaba, Hattori tenía razón en una cosa: sí había algo que había llamado su atención.

—Ahora que lo mencionas, sí: ¿Todavía anda por ahí Katsumura Yuki?

—¿La asesina del karaoke? No creo, ¿por qué?

—Tengo un favor que pedirte: ¿Recuerdas el abrigo que había en la foto? El tercer abrigo.

—Sí. ¿Qué pasa con él?

—Yo sabía que me sonaba de algo. Puede que solo sea una estupidez ya que no es posible que tenga algo que ver, pero es el mismo abrigo que Sonoko diseñó.

—No te sigo, Kudo. Es un abrigo, ¿y qué si lo diseñó esa chica rica? Me alegro por ella, supongo, ¿pero y qué?

—¿No lo entiendes Hattori? Esos son los diseños que Sonoko perdió hace semanas, lo que quiere decir que nunca se llegaron a comercializar. He hablado con ella, y además de su compañera de trabajo, nadie había visto esos diseños todavía.

—¿Entonces sólo por eso quieres que yo hable con Katsumura Yuki? ¿Y qué le pregunto? "Oye, mira, resulta que ese abrigo que sale en la foto y que supuestamente es tuyo no debería estar aún en el mercado, ¿de casualidad lo compraste en el mercado negro o algo?" Probablemente me llamen loco cantes de que me dé tiempo a acabar.

—Hattori, por favor, piénsalo un segundo: Tenemos un productor de ropa que no viene a cuento involucrada. La organización la ha estado usando para algo y se aprovechó de esa conexión para mandarnos una amenaza. Sin embargo, en Hachecelle no parecen saber nada de lo que decimos y desconocen por completo estar afiliados con nadie. Al mismo tiempo, de repente un diseño que no debería estar en venta se filtra y aparece de la nada ante nosotros. Ya te lo he dicho: probablemente no tenga nada que ver y sea una chorrada, pero me parece muy raro que precisamente cuando estamos investigando a una tienda de ropa, aparezca más ropa metida en el ajo. Tú no pierdes nada preguntándole eso a Katsumura Yuki. Si pasa algo raro yo iré a hablar con Inoue Ami, la amiga de Sonoko, y preguntarle al respecto. No tenemos más pistas, así que ¿qué importa intentarlo?

Hattori se queda callado un segundo, después Conan lo escucha suspirar y decir:

—Lo que tú digas, Kudo. —Trataré de pasarme por la comisaría a buscar a esa chica cuando salgamos de aquí. De momento te pasaré las fotos que ya tengo.

—Gracias por hacerme este favor, Hattori.

—Solo espero que tu corazonada nos lleve a algo y no me hagas perder el tiempo.

-o0o-

Después de colgar la llamada, Conan volvió a tirarse en la cama, derrengado. Así que un laboratorio, ¿eh? Bueno, ya sabían desde el principio que alguien había mejorado el APTX de Haibara y que probablemente ya estuviera terminado, pero todavía no sabían quién lo había hecho y cómo. Con un poco de suerte ahora descubrirían todo eso. Pero necesitaban eso: suerte.

Conan se llevó la mano buena al rostro y se masajeó las sientes tras cerrar los ojos. Se quitó de nuevo las gafas, las cuales se había puesto en algún punto de la conversación con Hattori, y las dejó con cuidado sobre la mesilla. Tener que ver todo a través de aquellos cristales estaba empezando a marearlo.

Tirado en cama comenzó a sentir como sus entrañas se revolvían de nuevo. Necesitaba llegar al baño o acabaría vomitando todo en su habitación. Quizá ya era momento de admitir que no se encontraba bien y apresurarse a tomar algo para el dolor.

Salió de la habitación haciendo el menor ruido posible y tratando de mantener el equilibrio, aunque los mareos, las jaquecas y las náuseas se lo impidieron.

Cayó al suelo a medio camino hacia el baño, apoyando la rodilla en el último segundo para evitar tener que hacer fuerza con el brazo herido y haciendo sonar un ruido sordo que resonó por todo el pasillo.

Maldijo por lo bajo. Lo último que quería ahora era despertar a la chica que dormía un par de habitaciones más allá y mostrarle esa imagen de sí mismo tan lamentable.

"Por lo que más quieras, Ran. No te despiertes, por favor."

Después de fallar dos veces y volver a caer al suelo, cada vez con la vista más nublada, consiguió enderezarse a duras penas y continuar su paseo hacia el baño. Finalmente logró llegar sin más contratiempo y se encerró, poniendo el seguro a la puerta.

Sintiéndose agotado de nuevo se apoyó sobre la madera de la puerta y se dejó caer hacia el suelo, resbalando su espada por la superficie de esta. Una vez sentado en las baldosas del baño, se llevó las manos a la cabeza para tratar de calmar el revoltijo que tenía formado allí dentro. Si recordaba con claridad, en el armario junto al lavabo debería haber analgésicos y calmantes. Sin embargo, todavía se encontraba demasiado desorientado como para pensar siquiera en apartar su espalda de la puerta.

Se dejó estar allí tirado un rato más, apoyando la cabeza hacia atrás y estirando las piernas. Pensándolo mejor, no era buena idea tomarse nada si no conseguía deshacerse de las náuseas. Tan pronto como consiguiese tragarse el analgésico probablemente lo vomitaría todo. Y al segundo de pensar eso tuvo que levantarse de golpe y apresurarse a acercarse a la taza del retrete para vaciar todo el contenido de su estómago en su interior.

Escupió asqueado y apretó los puños mientras esperaba a la siguiente náusea. Qué asco.

—¿Conan-kun? —Maldita sea su suerte.

"Mierda"

Escuchó la voz de Ran llamándolo preocupada al otro lado de la puerta, tras golpearlo con los nudillos tímidamente dos veces.

—Conan-kun ¿estás ahí? ¿Te encuentras bien?

Al principio no fue capaz de responder, se atragantó y tosió fuertemente. Después, una vez recuperó el control sobre su respiración y consiguió calmarse, habló:

—Ran-neechan, ¿Qué haces despierta a estas horas? —Intentó hacerse el idiota.

—Te he escuchado quejarte. —Por desgracia ella no cedió ni aceptó el cambio de tema. —Conan-kun, ¿estás vomitando? ¿Te encuentras bien?

—Estoy bien, no tienes que preocuparte. Probablemente comí algo que me hizo daño. Vuelve a la cama. —Conan trató de librarse de ella, algo que sabía inútil porque estaba seguro de que dijese lo que dijese, ella no iba a hacerle caso.

—No suenas bien para nada, Conan-kun. Déjame entrar, te prepararé algo para calmar las náuseas.

—¡No hace falta! —Gritó antes de darse cuenta de que lo estaba haciendo. —Quiero decir, —Trató de rectificar —Estoy bien, de verdad. Me iré a dormir enseguida. Mañana tengo que madrugar.

"¿Mañana? ¿Qué mañana? ¡Hoy! Y dentro de unas pocas horas, de hecho"

—Precisamente por eso es mejor que te pongas bien antes. —Ella se negó a ceder y al segundo siguiente la escuchó tirar de la manilla de la puerta, tratando de abrirla.

En ese momento Conan se sintió tan aliviado de haber puesto el cerrojo. No quería que Ran lo mirase justo ahora. Por encima de su cadáver. Dejando de lado que pudiera darle asco y que no quisiera enseñarle un lado suyo tan patético y débil justo tras haber sido rechazado, conocía a Ran lo suficiente como para saber que ella, lejos de asquearse y dejarlo tirado, probablemente trataría de ayudarlo, tal y como estaba haciendo ahora, y la verdad es que no se encontraba con las fuerzas suficientes como para contenerse si ella hacía eso. Debía mantenerla al otro lado de la puerta, mientras ella estaría a salvo de él.

Una nueva arcada volvió a interrumpirlo y tuvo que abandonarlo todo para acercarse de nuevo al retrete. Escupió y se quejó en silencio tras enjuagarse la boca, asqueado.

—Conan-kun, si no me abres tiraré la puerta abajo. —No se esperaba que Ran usase esa amenaza. —Sabes que soy capaz, así que, por favor, abre. No quiero romper la casa de los Kudo.

Conan observó sorprendido la superficie de madera tras la que le llegaba la voz de Ran y durante unos segundos no supo qué decir.

—Estás mejor donde estás, Ran. —Dijo. —De verdad que no quiero abrirte. Por favor, márchate.

—No me marcharé. Conan-kun, déjame ayudarte.

—Ya te lo dije antes, Ran: ¿por qué te empeñas en ser tan buena y cuidadosa conmigo? ¿Acaso no te dejé claro mis sentimientos? ¿Qué haces dándome esperanzas? Por favor, déjame solo.

—Eso me da igual. —Terció ella, dejando al chico todavía más desorientado de lo que estaba al principio. —No puedo corresponderte, eso es un hecho. Pero tú sigues siendo mi querido Conan-kun, y eres importante para mí. Lo siento, soy alguien egoísta. No puedo hacer simplemente lo que tú me pides y abandonarte.

—Ran… —Intentó argumentar, pero ella lo cortó.

—No soy idiota, Conan-kun, me he dado cuenta lo que pretendes: Después de declararte y darlo todo por perdido vas a volver a huir. Volverás a abandonarme, igual que hiciste hace ocho años. Pero esta vez no pienso dejarte alejarte de mí.

Estupefacto el chico contempló la puerta si poder decir ni hacer nada.

"No pienso dejarte huir" era como si Ran prácticamente le hubiera dicho eso, y la chica tenía razón: su plan durante todo este tiempo había sido volver a Japón sin involucrarse con nadie y luego marcharse de nuevo. Quizá en el medio había fallado un poco (por no decir totalmente) a ese plan, pero después de declararse y dejar las cosas claras entre ambos había dado por supuesto que tan solo le quedaba volver al FBI.

¿Y ahora resulta que ella no iba a permitírselo? Sonrió tristemente.

—Ran, estás siendo muy injusta.

—Me da igual si soy injusta. Ya lo perdí todo una vez, y tú formabas parte de ese todo. No pienso dejarte abandonarme para siempre, no igual que a Shinichi.

Esas palabras impactaron fuerte contra el chico. "No igual que a Shinichi." Ah, era cierto: tanto él como el detective del este abandonaron a Ran al mismo tiempo. Porque no había cura y nada podría devolverle a sus días felices al lado de la mujer que amaba, y al mismo tiempo tampoco se creía lo suficientemente fuerte como para seguir al lado de Ran para siempre y continuar fingiendo que no era más que un niño pequeño, nada más que su hermanito.

¿Y ahora Ran pretendía retenerlo a su lado como su hermanito? ¿Mientras se casaba con otra persona?

"Lo siento Ran, no soy alguien tan amable"

—Puedo abrir la puerta. —Dijo y durante unos segundos pudo escuchar a la chica suspirar aliviada al otro lado. —Pero en cuanto entres te saltaré encima. ¿Estás preparada para eso? ¿Siquiera entiendes lo que significa que yo te ame? Quiero besarte y hacerte mía. Esta vez no pienso contentarme con un simple roce de labios. ¿Sabes cuantos años he deseado acariciar tu pelo o tocar tus labios? ¿Estás preparada para eso si entras aquí conmigo, Ran?

La mujer no respondió. Se quedó muda al otro lado de la pared, probablemente demasiado sorprendida como para articular palabra.

—Así son las cosas, Ran. No hagas esto todavía más complicado y vuelve a la cama, por favor.

Ella no le dio respuesta y como al cabo de un rato dejó de escuchar ruidos procedente del pasillo llegó a la conclusión de que ella ya había vuelto por su cuenta hasta su habitación, así que se recostó sobre la pared de azulejos y soltó un largo suspiro tras llevarse la mano de vuelta a la sien y masajearla intentando eliminar el insistente pinchazo que parecía querer llevárselo a la inconsciencia. Joder.

Mientras discutía con la chica no se dio cuenta, pero por suerte su estómago había dejado de quejarse. Probablemente ya lo había vaciado por completo y no había nada más que echar. Sin embargo, ahora que ya no tenía que preocuparse por ello empezaba a darse cuenta de que en realidad el dolor de cabeza lo estaba matando.

Justo cuando estaba a punto de levantarse para tratar de alcanzar la caja de los medicamentos escuchó un ruido seco procedente del pasillo. Al segundo siguiente la puerta se abrió de golpe, casi saliéndose del sitio y haciendo un ruido tremendo.

En el pasillo y mirándolo con una expresión colérica estaba Ran, todavía con una pierna en el aire y los puños cerrados en guardia.

Al chico tardó como dos segundos en comprender que la mujer había cumplido su amenaza y acababa de tirar abajo la puerta con una patada.

Todavía sentado en el suelo Conan miró estupefacto como ella se le acercaba lentamente y sin quitarle el ojo de encima, como si temiese que escapase a la mínima oportunidad. Bueno, de hecho, si se hubiera encontrado bien como para levantarse y salir corriendo, probablemente lo habría hecho.

—¿Acaso has olvidado quién soy, Conan-kun? —Dijo cuando llegó hasta su altura y se lo quedó mirando desde la altura, con sus pies prácticamente pegados a los de él. —Puede que lo hayas olvidado porque estuviste ochos años en el extranjero y porque recientemente te he dado tantos problemas y has tenido que protegerme continuamente, pero yo soy una karateka, puedo defenderme sola y no te tengo miedo. No servirá de nada que me amenaces, Conan-kun. Puedes intentar hacerlo mil veces, puedes tratar de alejarme de ti y escapar de mi ayuda; pero yo no pienso permitírtelo. Hace años, cuando lo perdí todo, me juré a mí misma que nunca permitiría que nadie más me impidiese ayudar a las personas que son importantes para mí. ¡Eres importante para mí, Conan-kun, y ni siquiera a ti te permitiré que te hagas daño!

Dicho esto la joven se agachó para coger una toalla del armarito que había bajo el lavabo y luego, mirándolo con esa desgarradora mirada violácea, se acercó al estupefacto chico y con cuidado y ternura le limpió el rostro manchado de vómito y babas.

—Eres una idiota. —Fue lo primero que el joven consiguió articular tras recuperar el control de sus propios pensamientos.

Después de eso el chico se rindió y se dejó cuidar.

Le dolía la cabeza como mil demonios, todavía le costaba mover el brazo y se sentía sucio y repugnante. Sin embargo Ran no dijo nada, ni se quejó, ni varió la expresión de su rostro. Simplemente se limitó a ayudarlo a enjuagarse y le prestó su hombro para volver hasta su habitación. Lo arropó con cuidado, inclinándose peligrosamente sobre él de forma que el chico tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no agarrarla y tirar de ella para obligarla a tumbarse a su lado.

Después lo dejó solo mientras le preparaba algo para el estómago y no mucho más tarde volvió a entrar por la puerta cargando con una infusión humeante. Se lo tendió y pacientemente esperó sentada en la silla junto a la cama a que él decidiese empezar a beber y terminarse toda la taza, y durante todo ese tiempo no dijo nada.

—Ya me encuentro mejor. —Dijo Conan una vez la chica hubo recogido la taza. —Puedes volver a dormir.

—Me quedaré hasta que te duermas. —Negó con la cabeza.

Conan suspiró y cerró los ojos cansado.

—¿En serio piensas que seré capaz de quedarme dormido si sé que me estás mirando? Por favor, Ran, márchate.

—Entonces me quedaré contigo toda la noche. —Terció ella, terca como una mula.

Conan tuvo que hacer verdaderos esfuerzos por no sonrojarse al escucharla decir eso y apartó la mirada rápidamente para que ella no le viese la cara.

—¿Acaso lo estás haciendo a propósito? —Se quejó, llevándose la mano a la cara, tratando de disimular el leve rojo de sus mejillas.

—¿Uh? ¿El qué? —La chica le devolvió una mirada sincera y Conan en serio tuvo que recordarse que Ran siempre había sido así de despistada e inocente.

Se la quedó mirando detenidamente mientras sentía como ella empezaba a ponerse nerviosa bajo su mirada.

—¿Conan-kun? ¿Qué pasa?

—Sigues siendo tan adorable como antaño. —Soltó de pronto, sin pensárselo mucho. Probablemente si lo hubiera hecho se habría echado para atrás.

Ran reaccionó sonrojándose y poniéndose nerviosa por un momento, y en guardia. Verla tensarse de esa manera lo hizo sonreír, porque le mostró que ella sí se había tomado en serio sus amenazas si bajaba la guardia.

—¿Q…qu…qué estás diciendo, Conan-kun?

El chico soltó una risita por lo bajo.

—Algo que siempre he querido decir.

¿Entonces estaba bien hacer eso? Solo estaba dejando su cabeza fluir, echándole la culpa a la fiebre, como un borracho que culpa a los grados de más. Hace nada había acusado a Hattori de meter ideas raras en su cabeza y haberle dado esperanzas, pero allí lo estaba: sin querer rendirse y completamente dispuesto a seguir desahogándose.

—Todavía no me puedo creer que en serio tiraras la puerta abajo. —Rio. —Los Kudo me van a matar.

—¿Y qué querías que hiciera? Tú no planeabas abrírmela. —Se quejó, haciendo un puchero.

—Tienes razón: no pensaba hacerlo. Pero cuando te vi aparecer de pronto, tras pegarle semejante patada y mirándome como si fueras a echarme un sermón recordé porqué me había enamorado de ti.

La chica volvió a avergonzarse con la declaración.

—Me hizo recordar a la chica fuerte y segura de sí misma que conocí. La chica con unos preciosos ojos violetas que sonreía a todo el mundo con una inocencia que casi rozaba la estupidez, pero que a mí me parecía tan adorable.

—¡Conan-kun! Deja de decir cosas tan vergonzosas.

—Son vergonzosas… sí, supongo que lo son. Por eso nunca lo había dicho hasta ahora. No era capaz de decirlo. Pese a que te he amado desde hace años. Nunca fui capaz de decirlo por miedo, por vergüenza. Me pregunto cómo hubieran acabado las cosas si simplemente me hubiera dejado llevar. —Guardó silencio durante unos segundos. —Son palabras vergonzosas, pero son la verdad.

Por primera vez desde que comenzó a hablar se atrevió a mirarla directamente a los ojos.

—Ran, te amo. —Dijo una vez más, y sonrió.

Ella lo miró entre sorprendida y avergonzada durante segundos enteros, tartamudeando y abriendo y cerrando la boca alternativamente, queriendo decir algo pero sin conseguirlo.

—No te preocupes. —Se apresuró a añadir el chico. —Ya me rechazaste una vez y la verdad es que ahora no tengo estómago para digerir otro rechazo, así que simplemente no digas nada. Simplemente… quédate sentada donde estás y espera a que me quede dormido, tal y como dijiste antes. Trataré de dormir, lo prometo.

Antes de que se diera cuenta, el chico se quedó efectivamente dormido. Ran lo acompañó hasta que escuchó como su respiración se volvió larga y profunda. Solo entonces se levantó de la silla, agarró el teléfono del chico que estaba encima de la mesilla y tratando de no hacer ruido ni despertarlo con la luz del aparato se apresuró a apagar la alarma con la que el chico pretendía despertarse en menos de una hora. Ahora mismo Conan-kun necesitaba descansar, ya se encargaría de mandarle un mensaje a Mégure para avisarle de que el pequeño iba a llegar un poco más tarde.

Después, justo antes de abandonar la habitación, se acercó una última vez al chico y le apartó fugazmente el flequillo de la frente mientras lo miraba dormir plácidamente.

—Yo también me lo pregunto, Conan-kun… —Murmuró, tan bajito que apenas fue capaz de escucharse a sí misma. —Me pregunto qué hubiera pasado si me hubieras dicho todo esto hace ochos años.

...


¡Han descubierto el laboratorio del APTX! ¿Por fin será una pista? ¿Y qué pasará con el abrigo? ¿Y a qué viene todo lo de Hachecelle y qué relación tendrá con la organización?

Dejando eso de lado: lindo momento ShinRan muejejej (siempre he tenido debilidad por esos momentos badass de Ran en los que protege a Conan y él se queda mirándola con admiración). Sin embargo, ¿qué podrán significar esas palabras finales de Ran?

¡Esperen a la próxima actualización para saberlo y díganme que les pareció!