Gracias por su maravillosa lista de reviews, me hacen suspirar de felicidad. Gracias chica/os, de verdad espero que este capítulo les guste, di lo mejor de mí para esto. Si debo confesar algo a ustedes (risas) es que cada vez que veo un nuevo review en mi historia me pongo a chillar como fangirl y los leo como tres veces cada uno. Son mi motivación para apurarme, es mi perpetuo recordatorio que tengo un compromiso que cumplir. Así que agradezco todas sus palabras.

Sin más disfruten.

Declaimer:

Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.


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Episodio

XXV

La promesa de una oveja

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En ese momento fue como si mi cerebro se desconectara.

Las palabras que salían de tu boca, ¿realmente estaba escuchándolas?

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El tiempo avanzó impasible, corriendo valeroso, se dice que sólo posee una dirección y sentido sin ningún atajo o revés, que la vida se dirige a donde éste dicta, careciendo de alguna clase de oposición, pues la única cosa que el hombre no puede evadir es el envejecer y llegar a su culminación como todas las cosas vivas condenadas a su mortalidad dolorosa. Las estaciones cambian unas a otras, empujándose gentilmente en algunas ocasiones o siendo totalmente bruscas en otras, el calendario marchó de acuerdo a su programa; y la primavera llegó para llenar el aire de un olor floral, dotado de un tinte de renovación indiscutible, pues es la temporada en que todo termina melancólicamente y al mismo tiempo empieza nostálgicamente, el inicio y el fin se toman de la mano para abrazar los corazones que el sol ilumina con sus rayos tan cálidos, y en contadas veces, abrasadores. Febrero concluyó en un suspiro, Marzo pasó tan rápido que los graduandos apenas si sintieron el fin de sus vidas como estudiantes de escuela media para comenzar la nueva etapa que estaban obligados a soportar, la adultez.

Finalmente Abril llegó y con él dio apertura a un nuevo ciclo escolar para el instituto Konoha. La clase F pronto se convirtió en un salón de tercer año tal como se supone que debería ser. Con ello también vinieron nuevas cosas para los chicos, ahora tenían la responsabilidad de poner especial atención a sus decisiones sobre el futuro, las tutorías respecto a ello eran apoyadas por los maestros y los eventos de la escuela tomaban un sabor más especial, pues era la última vez que serían alumnos de preparatoria, los amigos que tenían, las cosas que vivieron, los errores, los aciertos, todas las cosas que componían su juventud terminarían más rápido de lo podrían procesarlo.

Así que sólo restaba vivirlo tan intensamente como fuera posible.

Hinata se encontraba repasando los temas a tratar para el festival deportivo que tendría lugar la primer semana de Mayo, mientras miraba los mapas de las rutas para el maratón, la carrera de tres piernas y el concurso de búsqueda recordó que había quedado con su primo para ir al centro de lenguas donde Hanabi tomaba lecciones de chino e inglés luego de sus clases. El mayor pese a estar acostumbrándose a sus horarios de la universidad seguía ayudándola fielmente en su decisión.

Ella iría al extranjero.

Pero no porque su padre lo ordenara, por supuesto que no, en realidad se había dedicado todo ese tiempo a idear una muy buena contrademanda en sus acciones. Cuando estuviera lista, sería entonces, que le plantaría cara su padre. No obstante antes de ello, tenía que limar algunos detalles. Entre los cuales estaba prepararse para eso tomando clases extras, trabajar en sus argumentos para con su progenitor y, lo más importante, pensar en cómo decirle a Sasuke.

No es como si hubiera querido ocultárselo por tanto tiempo, al fin y al cabo lo tenía decidido desde hacía ya dos meses, pero es que cada vez que salían juntos y le llegaba una oportunidad para ponerle al tanto de todo, las palabras que necesitaba no salían. Era como si su garganta se secase en el momento menos oportuno y terminaba por perderlo, se sentía tan frustrada en esos casos que quería arrancarse los cabellos, que dicho sea de paso, ya le llegaban a los hombros. La Hyuuga era plenamente consciente que el tiempo vale oro y mientras más tardara, el Uchiha más enojado se pondría al saber lo que ocurría. Porque era natural que el lobo se crispara al enterarse de la situación de su oveja. Sin embargo, ¿cómo decírselo? Ella misma tenía sus propias dudas que le carcomían la cabeza y luego de haber hablado sobre aquel precioso cuento en la boda de Itachi, su corazón comenzaba a flaquearle un poco respecto a su decisión.

Pero no se retractaría.

Ella crearía su propio destino, y Sasuke al ser su fuerza, no podía quedar exento de estar en él. Bien, su meta a corto plazo era, decirle al morocho la verdad. Debía confiar en si misma sino quería perder antes de pelear. Porque estaba segura que ya no sería más una mujer débil.

La única que podía salvarla, era ella y sólo ella.

Desvió la mirada al almanaque que estaba junto a un portalápices en su escritorio de la oficina administrativa escolar. Tan inmersa había estado en sus pensamientos que por poco y se olvidaba de la presencia del resto de los integrantes del consejo estudiantil, quienes hacían esplendorosamente bien su trabajo. Los números sobre la hoja crecían conforme pasaba sus pupilas por ellos, pero no carecían de significado, al menos no uno en específico.

Ah, esa fecha se estaba acercando.

Su mirada se tornó un poco melancólica al saborear el porqué de esa expresión. Más la cambió instantáneamente al recordar la petición del Uchiha aquel día luego de su alta. Una sonrisa amena se dibujó en sus belfos y la tranquilidad se instaló en su cabeza por un segundo. No podía permitirse la libertada de dejar que la tristeza se sobrepusiera a la felicidad, pues a diferencia de aquel lejano tiempo, ahora, justo en ese momento, ya no estaba sola.

Y no volvería a estarlo.

La ojiperla respingó al sentir que algo vibraba en el bolsillo de su chaleco, pues el suéter le daba un poco de calor últimamente así que lo había cambiado por la otra prenda oficial usada mayormente en fechas cercanas al verano, sacó su móvil del interior y pasó uno de sus dedos por el táctil para revisar el icono de la aplicación de mensajes instantáneos. El corazón le latió desbocadamente en el pecho, casi como si fuera un colibrí encarcelado en sus costillas. Resultaba gracioso darse cuenta que seguía actuando como una principiante aún y cuando su relación con Sasuke ya llevaba alrededor de medio año, por no mencionar que su cercanía era mucho más personal de lo que alguna vez sería capaz de admitir. Sus mejillas estallaron en rojo carmesí, sí, ellos ya habían acortado mucho su relación desde hace un tiempo para acá, sin dejar saber que también recientemente volvieron a rectificar esa profundidad, de verdad que era malo—algunas veces no siempre—permitir que sus hormonas actuasen. Jamás hubiera pensado que su relación se volvería tan "estrecha" durante ese momento de paz. Aunque no engañaba a nadie. Ella estaba tan feliz como su novio, y era tan pervertida como él.

La oveja y el lobo estaban creciendo juntos después de todo.

El memorándum del azabache decía:

Mis padres se irán de viaje a partir de mañana por una semana. Deberías quedarte conmigo el sábado por la noche ¿no crees?, hay una película que quiero ver ese día.

No aceptaré un no.

Hinata se rió para sí misma al sopesar esas líneas. Sasuke no era nada delicado, en realidad rozaba más lo descarado y contundente al hablar. Ni siquiera era capaz de hacer una invitación sin que esta sonase como una orden en su totalidad. Pero, así era él, bajo esa mascara de presunta arrogancia y orgullo exuberante, la indiferencia del lobo pecaba de su verdadera intención.

Esa era su amabilidad sin duda alguna.

Releyó nuevamente el mensaje que el dueño de sus pensamientos le acababa de mandar. No pudo evitar sentirse un poco avergonzada de lo contenta que estaba. Miró de un lado a otro para saber si alguno de los presentes le estaba mirando, al comprobar que seguían inmersos en sus actividades se apresuró a escribir una contestación.

Vale, haré lo que pueda para poder ir. ¿Mikoto-san estará bien yendo? Había dicho que no se sentía muy animada últimamente, espero que no se sobres fuerce.

Por cierto ¿cuál película quieres ver?

Presionó el símbolo de enviar y aguardó por una contestación que llegó un minuto después.

Más vale que puedas. Veo que ustedes continúan teniendo conversaciones muy seguidas, estará bien, mi padre la llevará a Sapporo para que descanse.

Eso ya lo verás ese día.

La peliazul cabeceó para disimular su risa. En efecto al moreno aún le resultaba muy extraña la amistad entre su novia y su madre.

De alguna forma se llevaban muy bien.

Está bien Sasuke…

Se detuvo un momento para ver la pantalla, pensando en si hacer esa petición que le roía la cabeza o no.

Está bien Sasuke, pero antes de eso, me gustaría que el sábado me acompañases a un sitio ¿puedes?

Terminó por hacerlo, después de todo no había nada que temer. El lobo no se negaría.

¿Un sitio? Vale, supongo. ¿A dónde iremos?

La curiosidad era palpable en las palabras del globo. Hinata apretó los labios, luego marcó su respuesta sobre el táctil.

Hay una persona a la que debo ver, me gustaría que le conocieras de ser posible…

Por favor.

El mensaje del pelinegro apareció sólo treinta segundos más tarde.

Vale.

Corta, pero poderosa, esa palabra le hizo saber a la Hyuuga que él estaba de acuerdo y aunque no lo estuviera, igual no la dejaría sola en lo absoluto. Pues el Uchiha sin importar la situación, siempre y cuando fuera con ella, haría cualquier cosa por su oveja.

Porque Hinata era lo más valioso que tenía.

La oveja era un tesoro para el lobo.


El sol se escapaba en el horizonte, extinguiéndose por el resto del día. Los rayos anaranjados, rosados y morados tintaron el panorama de los colores del crepúsculo. Las instalaciones de la escuela brillaban sutilmente mientras los pocos estudiantes que quedaban en el área terminaban de recoger las piezas de los equipos utilizados para sus diversas actividades extraescolares. Ya que aunque el torneo de primavera había pasado con aceptables resultados, debían continuar puliendo sus habilidades. Tales como los integrantes del equipo de beisbol, que limpiaban el diamante, o por lo menos lo hacían aquellos miembros de primer año, supervisados por los de segundo, mientras que los de tercero se preparaban para irse. Al ser los nuevos superiores sus actividades se reducían un poco, pues tenían que poner atención a sus estudios, dado que la mayoría estaban inscritos en alguna de las tantas escuelas de repaso del distrito académico. Además que en otoño, sin excepción, todos los de ultimo año se retirarían oficialmente de los clubes.

—¡Hah! ¡Estoy tan cansado-ttebayo!—vociferó escandalosamente cierto rubio mientras estiraba los músculos de su brazo izquierdo haciendo movimientos circulares en la zona de su hombro. Los cartílagos le crujieron deliciosamente para librarlo de tensión en los tendones. Se había lastimado un poco al barrerse en la base durante un juego de práctica. No obstante parecía haberse divertido bastante—, ¿Deberíamos ir al bar de Ichiraku por un poco de ramen? Tengo unos cupones, ¿Qué piensas Teme?—cuestionó girándose sobre la punta de sus zapatillas deportivas y se acomodó el bolso sobre el hombro.

—No me digas Teme, Dobe.

—No me llames Dobe, Teme.

—Tch.

—Sólo dime si quieres o no—demandó el ojiazul.

—Hmmp—Sasuke rodó los ojos y metió las manos dentro de los bolsillos de su pantalón. No obstante esto no era una negación, más bien todo lo contrario.

—Vamos, vamos, sólo di que sí-ttebayo—pidió insistentemente el blondo—. Estoy muy aburrido porque Sakura-chan tiene turno hoy en la clínica y no puede venir conmigo, además Hinata-chan también quedó de hacer algo con Neji y estás libre. Así que anda, hace mucho que no salimos sólo nosotros dos—lloriqueó aferrándose al brazo de su mejor amigo.

—Sólo si te callas y dejas de pegarte a mí así, si vuelves a tocarme te golpearé Dobe—amenazó estrechando los orbes.

—¡Genial-dattebayo!—alzó los brazos en un ademan de festejo—. ¡Ah!—exclamó de pronto, el ojinegro lo observó de reojo al tiempo que se detenían a media reja de la entrada, Naruto abrió los fanales y echó un vistazo a Sasuke con un ligero atisbo de espanto y asco—. ¡Pero esto no es una cita, eh, es sólo una salida entre hombres Teme!—lo apuntó con un dedo ruidosamente.

El puño del Uchiha se estrelló contra la coronilla del Uzumaki sonoramente y con bastante fuerza, también su pie terminó por chocar dolorosamente con el trasero del hiperactivo chico. El rubio se quejó acuclillado en el suelo mientras se sobaba el pronto chichón en la cabeza con una mano y su espalada baja con la otra.

—De verdad que no sabía hasta qué punto tu estupidez era capaz de llegar, pero nuevamente logras sorprenderme como no tienes una idea Dobe—escupió de mala manera cruzándose de brazos.

—¡¿Pero porque me pegas-ttebayo?! ¡Me sacudiste el cerebro bastardo! ¡¿Y qué vas hacer si dejo de ser virgen por el trasero, eh?!—acusó molesto el zorruno muchacho.

—Oh, ¿tienes cerebro? No lo sabía—musitó irónico—. ¿De dónde carajos sacas eso de virgen por el trasero? Ya deja de ver porquerías en la computadora— El Uzumaki frunció el ceño y dejó escapar un bufido.

—¡Eres un hijo de…!

—Ustedes son tan unidos como siempre—la voz de Ino hizo que Naruto parara de insultar al Uchiha. Ambos se voltearon sólo para ser testigos de cómo la Yamanaka cargaba algunos rollos de papel entre sus brazos mientras era seguida por Sai.

—Si chillas tanto por un golpe así, ahora entiendo porque tienes pene de bebé Naruto—Sai nuevamente hacía gala de sus apostillas nada oportunas.

Sasuke e Ino sintieron sus pupilas achicarse y luego cada uno volteó disimuladamente a otro lado para no reírse a carcajadas.

En cambio el agredido se puso rojo del coraje.

—¡Sai bastardo pervertido!—riñó.

—¿Esos son los carteles para el club de fotografía?—inquirió el moreno a la muchacha, los otros dos se habían puesto a discutir. Bueno Naruto peleaba, Sai sólo se limitaba a atacar su "orgullo" con oraciones mordaces.

—¿Eh? Ah, sí, Asuma-sensei me pidió que los llevara a reducir, al parecer Iruka-sensei le pidió ponerlos en la revista de la escuela para el próximo número.

—Hmm.

—¿Y Hinata?

—Iba a ir con su primo.

—Oh—la blonda lo observó suspicaz, pues era consciente que al azabache no le agradaba eso. Era muy buena leyendo las expresiones de su fuente de ingreso.

—¡Arg, vete a la mierda imbécil!—chilló el Uzumaki a viva voz haciendo que Sasuke e Ino lo miraran, cogió al primero de las correas de su mochila para remolcarlo consigo—. ¡Vamos Teme!

—¡Suéltame Dobe!—sin embargo el chico hizo oídos sordos a las demandas del pelinegro, quien estaba seguro de que le daría una paliza apenas lograra ponerse de pie correctamente sin ser arrastrado.

—¿Qué le dijiste?—indagó entre parpadeos la Yamanaka a su novio. El joven de piel pálida se encogió de hombros con aparente inocencia.

—Sólo le pregunté si la fea estaba satisfecha con su pequeño amigo, no fue nada realmente—masculló sin comprender cuan grosero e hiriente había sido ese comentario.

Ino suspiró sobándose la sien. Vale, que a veces Sai podía ser insensible y bruto como ningún otro en el planeta, más al estar diciendo cosas sobre los miembros masculinos de otros tipos e insultando a las novias de éstos sin darse por enterado.

Eso debía ser alguna clase de habilidad extraordinaria.


El sonido de los coches y los mormullos de la muchedumbre creaban una hermosa sinfonía urbana. Los carteles de los locales eran brillantes gracias a la oscuridad de la noche, aunque muy difícilmente el centro de Tokio podía verse en penumbras con todas esas luces. La paleta de personajes era tan diversa como extensa. Asalariados saliendo de sus trabajos, universitarios yendo a por una copa, estudiantes de escuela secundaria apurados por llegar a las arcadias y alumnos de preparatoria dirigiéndose al karaoke, un restaurante o escuelas de repaso. Cada uno inmersos en su propio universo. En medio de ellos se podía apreciar la figura de Hinata quien cruzó la intersección de cuatro vías donde se alzaba el gigantesco anuncio electrónico que salía en un montón de postales sobre la ciudad. En el cual se notificaba sobre la presentación de un cantante de rap que últimamente sonaba mucho, Killer Bee o algo así recordaba haber escuchado a sus compañeros decir en la escuela mientras miraban una revista. Apresuró el paso para atravesar las banquetas y llegar lo más rápido que podía a la entrada de la escuela privada de idiomas. Distinguió frente a las grandes portezuelas de cristal, custodiadas por un par de esculturas en forma de león, la figura de Neji quien miraba su teléfono al tiempo de que estaba recargado contra el vitral. Llevaba una mochila negra colgada del hombro y su largo cabello se notaba bastante conservado, la figura le resaltaba con esa camisa blanca y chaqueta negra, además de ir a juego con unos pantalones de vestir oscuros y un par de zapatos café.

—Neji-niisan—saludó una vez se hubo parado a medio metro de él. El castaño levantó el rostro y le dedicó una pequeña inclinación con la cabeza.

—Hinata-sama.

—Lamento distraerte de tus cosas, sé que debes estar muy ocupado con la universidad y tus amigos—pidió haciendo una reverencia muy respetuosa para con su familiar.

—Descuide, estoy bien con ayudarla ahora. Además Tenten y Lee saben que yo no puedo ignorarla.

—Ya veo, Lee-san y Tenten-san lo están haciendo bien, ¿huh?—sonrió.

—Sí.

—Hablando de eso, Tenten-san ¿no va a venir a casa? Después de todo ustedes…

—Hinata-sama—interrumpió el Hyuuga aclarándose la garganta—, en lugar de eso, deberíamos entrar para solicitar a su tutor, Hanabi-sama llegará en cualquier momento, y no debe verla dado que…

—No debo verla dado que… ¿Qué, Neji-niisama?—la suave voz de la menor de los Hyuuga hizo que los vellos en la nuca de Hinata se erizaran. Neji no mostró un gran cambio en su expresión impasible, en cambio Hinata se giró mecánicamente con una cara de susto. Casi como si le hubieran sorprendido en medio de una redada.

—Hanabi-chan…

—¿Y bien?—se llevó las manos a las caderas para formar una figura de jarra. El uniforme de la secundaria le quedaba bien, era estilo marinerito, sólo que negro—. ¿No me debo enterar de que entraras a la escuela de idiomas dado que… qué Hinata-neesama?

—Yo…

—Hanabi-sama, no se altere.

—Sólo quiero saber Neji-niisama porque no me debería de haber enterado—la menor frunció el entrecejo.

—Por nuestro Padre Hanabi-chan—respondió al final la ojiperla, suspiró, vale que no podía hacerse la desatendida una vez atrapada por su hermana—. Yo estoy haciendo esto por nuestro Padre—la miró fijamente.

—¿Por nuestro Padre?—enarcó una ceja

—Porque yo no deseo bajar otra vez la cabeza frente a él, yo quiero enfrentarlo correctamente. Pero no poseo las habilidades que debería para hacerlo todavía, he ignorado mis responsabilidades por mucho tiempo, y tú te has llevado la peor parte por eso; sí tan sólo pudieras pasar de ello y no contárselo hasta que sea el momento oportuno, te estaría muy agradecida—confesó, pues Hinata no deseaba mentirle a Hanabi.

No quería herirla sacándose excusas de la manga, suficiente había sido con que por su causa, la mayor parte de la infancia de la Hyuuga se hubiera visto retenida en un mundo demasiado horrible para una pequeña niña. Recientemente estaba aprendiendo a ser más honesta con sus sentimientos, y si no lo hiciera en ese momento le sabría mal por el resto de su vida ese recuerdo.

Mutismo.

Hanabi analizó la cara de su consanguínea. Tratando de encontrar una pizca de temor en sus facciones tan parecidas a las suyas, notó que Hinata no estaba dudando, ni por asomo; tampoco temblaba, si fuera la de antes ahora sería una gelatina humana, de hecho sus ojos eran firmes, fuertes, brillantes. Ella resplandecía como nunca la había visto, ni una sola vez le miró así de desinhibida y decidida, su voluntad era algo muy abrumante para alguien que siempre la observó siendo débil a través de los años. Por un segundo sintió que la figura de su hermana mayor era nuevamente como un ejemplo a seguir, cuya espalda persiguió hasta que la quimera se le desmoronó frente a sus ojos un día hacía mucho, mucho tiempo atrás. Estaba siendo fuerte y valiente, tan esplendorosa como un sol en la tierra, uno cálido y familiar. Miles de emociones enterradas de removieron en el corazón de la castaña al pensar en esto. Pues era como regresar en el tiempo, casi podía verse a sí misma jugando con la muchacha delante suyo bajo una sábana riendo a carcajadas, abrazándose mientras la admiraba como a un héroe.

Sonrió imperceptiblemente

—Vale, haré como que no he visto nada—soltó la pelicafé para romper el silencio haciendo que los dos mayores se sorprendieran ligeramente, sacudió una mano en ademan desinteresado—. Por cierto si quieres estar muy bien preparada, el maestro de la sala ocho, es el mejor en seis idiomas—musitó como si no importara mucho y comenzó a avanzar hacia el interior de la escuela ante la atónita mirada de su hermana y su primo—. Será mejor que te esfuerces por ganarle Hinata-neesama—alentó por lo bajo.

Desapareció en la entrada.

Hinata pestañeó cuatro veces sin comprender del todo la reciente escena. Viró el rostro hacia Neji que estaba igual que ella. Sin embargo esbozó una sonrisa para su primo, después de todo…

Hanabi nunca había sido su enemiga.

Ahora sentía más confianza para comenzar con todo aquello, tan sólo faltaba un detalle muy importante.

Decirle al lobo su plan.


Bostezó contra la palma de su mano y aprovechó para revisar con sus orbes azabaches la hora que marcaba su reloj de pulsera. Ocho y veinticinco de la mañana de ese esperado sábado. No supondría algo tan pesado si no se hubiera desvelado con Naruto jugando Mortal Kombat, Street Fighter, y BlazeBlue* la noche anterior. Sasuke no era capaz de recordar la última vez que él y su mejor amigo se habían pasado casi ocho horas seguidas pegados a la consola de su cuarto porque los dos eran lo suficientemente tercos como para no admitir que uno era mejor que el otro; al final se habían quedado dormidos sobre la alfombra con los controles marcándoles las formas de los botones en las frentes sin determinar esa lucha eterna que tenían desde el parvulario.

El Uzumaki se había levantado como cogido por el diablo cuando una llamada de su madre le advirtió que estaba furiosa porque no había llegado a casa en toda la noche y ni hizo amago por avisarle que se quedaría en la residencia Uchiha. Había salido pintando rayas de cohete por la entrada mientras gritaba una sarta de suplicas para que su progenitora no le tirase sus preciadas colecciones de cupones de ramen, figuras de acción y quien sabe que otras boberías de niño de primaria como castigo por su inconsciencia. Definitivamente el Uzumaki no se veía que fuese a madurar pronto, y si lo hacía, vaya por Dios, que milagro más grande serían sus ojos capaces de ver en ese caso.

Otra boqueada de aire salió de sus labios, metió las manos en los bolsillos de sus jeans negros al tiempo que se recargaba contra el poste de luz. La camiseta azul marino de manga ¾ resaltaba esa atlética figura, sumada a además esa buena altura le conferían al moreno una apariencia propia de un modelo. Naturalmente que resaltaba a la vista, y muchas féminas le ponían los ojos encima con morboso deseo.

Era un lobo muy apuesto.

Pero él sólo se dedicaba a ignorar las lascivas miradas de esas jóvenes, ya que eran seres muy molestos y estúpidos, no soportaba del todo su presencia, aun y cuando había sido capaz de cambiar un poco desde que se enamoró, eso era quizás algo que siempre padecería respecto al género femenino. Claro, salvo su mujer. Hinata era la excepción a la regla y solamente ella era dueña de toda su atención, no había ni una cosa que pudiera encontrar molesto sobre su persona, todo lo contrario a decir verdad, la Hyuuga era fascinante por excelencia. Sabía que nunca sería idóneo de ver a su lado a nadie que no fuese ella. Con su torpeza, con sus tontos sonrojos, con esa sonrisa tan frustrante y atrayente, todo en ella era una trampa que astutamente tejía para él, pues estaba, literalmente, hechizado por sus encantos. Y estaba tan gustoso de verse atrapado por eso que realmente a veces llegaba a desconocerse por completo.

Era un oveja demasiado apetecible que lograba hacer al lobo delirar completamente.

—Lamento la demora Sasuke—exclamó jadeando el objeto de sus pensamientos atrás suyo. El morocho respingó al tiempo que se giraba sobre los talones. Distinguió un poco de sudor en las mejillas de muchacha y un sonrojo algo acentuado en sus pómulos, debido a la carrera que estaba seguro había pegado para llegar—. Se me ha pasado un poco la hora, aún y cuando yo fui la que te citó aquí, llego tarde, perdón—su pecho subía y bajaba, los mechones azulados le enmarcaban el rostro tiernamente.

Sasuke tuvo que hacer uso de mucho de su autocontrol para no lanzarse sobre ella para comérsela a besos al reparar en ese exquisito vestido celeste, cuya cinta ceñida al nacimiento de los pechos lograba resaltar muy bien sus curvas tan provocativas. El bolso medianamente grande de color blanco se caía un poco de su hombro y la pulsera con las figurillas del lobo y la oveja tintinearon cuando la muchacha se enderezó.

Mierda y más mierda, ¿es que acaso ella no podía ser consciente de cuán tentadora se veía justo ahora? Maldición.

—Da igual—se rascó la nuca y desvió los ojos hacia otro lado. Lo mejor sería apagar su lado perverso—. ¿Traes todo lo que necesitas para quedarte hoy?—cuestionó.

—Sí, me he cogido lo más sencillo—sonrió.

—Vale, ¿Qué les haz dicho?

—Que me quedaría con Ino-san y Sakura-san—contestó, ya no le preocupaba decir de vez en cuando alguna que otra mentirilla piadosa.

—Bien—aprobó—. Venga dame eso—apuntó estirando una mano para que la ojiperla le diera su bolso. Ella separó sus parpados un tanto y sus mofletes se sonrosaron aún más.

—No…no te molestes, puedo llevarlo yo misma.

—No digas estupideces—rezongó quitándoselo.

Le cogió la mano también.

—Vale.

—Entonces—comenzó él, tomarse de ese modo se había vuelto tan natural que no hacerlo era lo que resultaba extraño. Lentamente la presencia del otro era normal para ellos—, ¿a dónde iremos ahora?—cuestionó caminando unos cuantos pasos por las veredas del parque para dirigirse a las calles principales.

Quién hubiera pronosticado semejante panorama el año pasado. Nadie podría haber predicho que ellos terminarían así en esas mismas fechas meses atrás. Aquella época ahora sonaba tan lejana, era como si simplemente hubiera sido así—juntos— desde el inicio.

—Tenemos que tomar el autobús—musitó la Hyuuga, el moreno le miró de soslayo—. Espero que no sea una molestia, ya que al sitio al que vamos está un poco lejos—los quinqués de la peliazul se volvieron un exiguo desolados.

—Hmm.

De alguna forma, el azabache tenía un presentimiento del porqué de esto.

La tristeza de la oveja seguramente era por…


—¡Muchas gracias Kawashita-san!—exclamó Hinata haciendo una pronunciada reverencia. Cuidando no lastimar el ramo de flores que traía cargando entre sus brazos con suma delicadeza. La florista correspondió su gesto y la despidió amablemente desde la puerta.

La de orbes perla sonrió amenamente y giró sobre su eje para caminar hasta el poste donde Sasuke le esperaba pacientemente con los ojos cerrados. Parecía estar tan calmado que la joven dudó un momento en llamar por él.

—¿Terminaste?—preguntó el ojinegro abriendo los parpados.

Analizó las cosas que su novia cargaba y distinguió las formas y los perfumes de las acacias rosas. También vislumbró un cubo de madera y un cucharon del mismo material, algunas espigas de incienso y otras cosas.

Viró medio rostro hacia sus espaldas para admirar nuevamente la entrada de ese lugar. En efecto, no había errado en su corazonada. Sasuke había decidido no decir nada cuando el camión que habían tomado en la ciudad les llevó hasta el Cementerio de Aoyama*.

Estaban ahí para visitar a alguien después de todo.

—Sí, gracias por esperar—cabeceó un poco a modo de gratitud.

—Vamos—apuró en respuesta indicándole la reja con un movimiento de cabeza.

—Hmm—asintió y emprendió el paso por el largo camino de adoquín, cercado por un pasillo lleno de cerezos en flor. El Hanami* estaba en sus últimos momentos después de todo.

Avanzaron en total silencio.

Sólo escuchando el sonido que producían sus suelas al chocar contra el piso. El astro rey se alzaba en lo alto, pero era como si tuviera una lagañosa tela melancólica sobre sus rayos. La paz que se percibía en la necrópolis hacia a Sasuke sentir un escalofrió recorrerle la espalda, no podía ser de ese mundo definitivamente. Detestaba esos sitios con todo su corazón. No obstante estaba dispuesto a hacer lo que fuera por Hinata. Aunque no era del todo capaz al momento de disimular sus nervios en punta cuando auscultaron los tambores de un cortejo fúnebre en la lejanía.

Pasaron por lo estrechos caminos entre las lapidas, algunas estaban muy mal arregladas, seguramente por abandono, y otras resaltaban por lo bien cuidadas que se les tenía. El Uchiha pensó en todas las historias que poseían aquellos que descansaban ahí, sus vidas, sus familias, los detalles que le llevaron hasta ese lugar de reposo. De esa forma era más fácil pasar por las criptas sin sentirse como un invasor del camposanto.

Finalmente tras unos quince minutos de caminata, la peliazul por fin detuvo sus pasos. Los ojos del muchacho cayeron en la imponente figura del monolito con los caracteres de la familia Hyuuga. Sus hombros se tensaron y casi por inercia se cuadro sobre sus pies. La tumba familiar esbozaba algunas tablas de madera con los nombres de los que ahí reposaban y se veía que era contantemente cuidada, pues ni una mota de polvo cubría el mármol, o alguna maraña de hierbas descomponían el suelo. Hinata se volteó hacia él con una mirada un tanto extraña y que causó un remordimiento en el pecho del Uchiha.

Se veía tan frágil ahora.

—Primero mostremos nuestros respetos Sasuke—pidió con voz suave.

—Vale—el susodicho afirmó con la cabeza y bajó el bolso de su oveja para posicionarse a su lado.

Ella sacó una pequeña bandeja de metal oscuro que dejó en la base de la lápida y depositó ahí el incienso, lo encendió con los fósforos que traía consigo; acomodó las flores en los jarrones de mármol y con el cubo, que había llenado en un pozo un poco antes de llegar, metió el cucharon para coger un escaque del líquido para después dejarlo caer respetuosamente sobre el monolito.

Los surcos del agua llegaron hasta el piso.

Bajó el balde hasta el embaldosado y asintió para sí una vez terminó con su labor. El moreno imitó sus acciones cuando se enderezó e inclinó el cuello hacia abajo para bajar la cabeza, cerró sus ojos y juntó sus manos en pose de plegaria para rezar.

Silencio.

Estuvieron así por un rato hasta que Hinata se irguió nuevamente y abrió sus perlas. La añoranza se dibujó en sus pupilas.

—Ha pasado mucho tiempo, lamento no haber venido antes—su tono era como un cristal, demasiado nítido. El Uchiha la observó de reojo—, de verdad…lo siento…—su garganta vibró y pidió al cielo no quebrarse todavía—. Mamá.

Sasuke no se inmutó, pues ya se lo intuía. Seguramente aquel día era el aniversario luctuoso de la difunta madre de su novia.

Por eso la oveja se veía tan dolida.

Hinata conversó con la lápida, largo y tendido. Diciéndole un montón de cosas con la voz medio rota por las ganas de llorar. En cambio Sasuke sólo se limitó a acompañarla silentemente, dándole su espacio. Ella necesitaba desahogarse de todos sus demonios con lo que podía representarse como la presencia de Hana Hyuuga. Rió y lloró en las mismas oraciones y él pensó que deseaba confortarla de alguna forma. Más no lo hizo. No la interrumpiría por sus absurdos impulsos.

—Pero—musitó sintiendo sus cejas temblar—. Al final creo que lo he encontrado mamá—las comisuras de sus labios temblaron al intentar sonreír—. La fuerza que tú deseaste para mí, me ha enseñado que debo mantenerme con la cara en alto, y que nadie puede hacerme daño a menos que sea yo quien lo permita—su corazón se calentó lentamente y sus mejillas se colorearon de rojo manzana—. He llorado y reído por su causa, lo habrías amado, estoy segura que también te sentirías orgullosa de conocerle—una sonrisa se dibujó en su rostro, pura y dulce como ella misma—. Hoy, él está aquí conmigo mamá—el moreno supo que pronto le haría un llamado. Por algún motivo se sintió nervioso—. Ésta persona a mi lado, es a quien… yo más amo— se inclinó hacia un lado para coger la mano de Sasuke firmemente—. Este es Sasuke Uchiha, mamá, mi novio…mi fuerza.

La presión de sus delgados dedos fue una motivación para que él alzara la cara orgulloso de ser quien es y sin olvidar sus propias fallas.

—Es un placer conocerle, me disculpo por la tardanza—usualmente el moreno no inclinaría la cabeza por nadie, ni haría gala de sus modales. Pero esa persona, era alguien especial para su oveja.

—Estamos viviendo bien, mamá. Día a día crecemos y estoy segura que el futuro no será fácil, pero…por favor, egoístamente te pido, que cuides de nosotros—la Hyuuga hizo una reverencia muy pronunciada y apretó sus parpados.

Sasuke notó que temblaba un poco.

—"Puede tomarlo con calma señora, yo me encargaré de cuidar a su hija"—dijo dentro de sus pensamientos.

—Ah…—Hinata se quejó por lo bajo cuando una ráfaga de viento le despeinó los cabellos que trató de mantener en su sitio como una mano sobre su oreja derecha.

Los pétalos rosados cayeron alrededor, como nieve en abril.

—De verdad—murmuró el Uchiha alzando su extremidad libre para quitarle las flores que se pegaron a su melena.

Ella cerró los ojos con fuerza y sus mofletes rebosaban de sangre caliente, hasta sus orejas estaba enrojecidas. Sasuke chasqueó la lengua y le acarició el rostro embriagado por esa belleza tan perfecta de sus facciones. El céfiro soplaba, como una sinfonía espectral de instrumentos de aire, las copas de los cerezos bailaron, y la nieve floral seguía cayendo. Como una especie de bendición. No pudo aguantar más y sutilmente bajó el rostro para posar sus labios contra los de la oveja.

Sellando una promesa no dicha de quedarse juntos para siempre.


El reloj marcaba la una treinta y siete cuando abandonaron el cementerio. Anduvieron por la acera cogidos de la mano todo el camino hasta la parada de autobuses. Llegaron al encapotado y Sasuke dejó el bolso sobre la banca. Miró los horarios en la caseta y calculó que el camión pasaría en unos veinte minutos. Suspiró y echó la mirada hacia la carretera para admirar el paisaje. Estaba haciendo uso de todo su autocontrol para no besar más a su oveja. Ya habría tiempo para ello más tarde. Hinata por su parte estaba mirando fijamente el suelo, metida profundamente en los recovecos más recónditos de su mente que era ajena a la encrucijada moral de su novio. Un gesto que no pasó desapercibido para el azabache, quien estaba curioso del contenido de su cabeza.

Este era un momento oportuno, sopesó la Hyuuga en su interior. Podía aprovechar esta situación para poner sobre aviso al lobo respecto a su plan. No obstante, la cuestión era ¿cómo iniciar? Después de todo, tendría que decirle a la persona que más quería, que debía dejarlo por un tiempo a causa de su intento por ser fuerte. Inhaló y exhaló tres veces, recitando un mantra de motivación para animarse a ella misma.

—Sasuke—llamó.

—¿Huh?

—Hay…—tragó saliva y se rehusó a levantar la cara para verlo—, hay algo más que debo decirte el día de hoy,

—¿Qué?—preguntó mirándola directamente. Sentía un pinchazo detrás de las sienes, como una corazonada.

—Yo… la verdad…

—Sólo dilo.

—Lo siento… es un poco difícil—sus cejas de fruncieron con aflicción. Él suspiró ruidosamente y rodó los ojos antes de tomarle el rostro con fuerza para obligarla a mirarle a los ojos.

—Dilo y mírame cuando lo hagas—ordenó serio.

Hinata podría haberse perdido para siempre en ese par de ónix. Eran tan hermosos y tan aterradores. Sus rodillas temblaron como las piernas del esqueleto que había en el salón de biología.

—Vas a enojarte—auguró pestañeando.

—Me voy a molestar sino me lo dices, así que apúrate.

Mutismo.

Bien, ya no podía retractarse.

—Yo…—se mordió el labio y éste tic logró distraer al morocho un momento—. Yo… me iré a Estados Unidos el próximo año.

Un cristal, o al menos algo parecido a eso, se estrelló dentro de la cabeza de Sasuke.

Su disco duro se borró de pronto, marcando un contundente error de sistema. No podía creer lo que escuchaba, en realidad quería reírse a carcajadas por la broma tan mala de la Hyuuga. ¿Irse? ¿Ella? ¿A Estados unidos? ¡Debía ser una tontería! Ella no podía irse, no lo haría. Había prometido quedarse donde sus ojos pudieran verla y donde sus manos lograran alcanzarla. De modo que no podía salir con esto ahora. No lo aceptaría. Se aferraría tan fuerte a ella que podría dañarla en el proceso. No se iría a ninguna parte.

No lo permitiría.

Su ceño se frunció automáticamente y el agarre de sus mejillas se soltó. Una ligera molestia se alojó por debajo de sus costillas y con cada latido de su corazón palpitaba una punzada que le abría llagas en el tórax. Trató de calmarse y pensar concienzudamente las palabras de la muchacha y antes de explotar, terminar de escucharla. Pero era difícil.

Porque no era capaz de imaginar ya no tenerla a su lado. No podía hallar una lógica a ese conjunto de verbos y sujetos que le seguían taladrando los tímpanos.

—¿De qué… estás hablando?—hiló pausadamente apretando la quijada.

—Iré a Estados Unidos—reiteró con voz trémula—. Aplicaré para una universidad allá—agregó bajando un par de octavas.

No quería ver esa expresión tan descompuesta en el rostro de Sasuke. Sin embargó debía hacerlo, porque tenía que terminar de decirle todo.

—¿Por qué?—Hinata se estremeció por su tono tan frio.

—Porque es mi decisión.

—No estoy preguntado si es tu decisión, estoy preguntando por qué estas planeando irte tan lejos—sonaba muy saturado.

—Yo… no era fuerte, no lo era y tú lo sabes—bajó la mirada con cierta tristeza—. Mi padre me dijo que soy una vergüenza para la familia, que no me preocupo por nuestra posición. Me dijo que debía escoger entre un matrimonio arreglado o irme al extranjero bajo sus condiciones de permanecer allá permanentemente para dirigir la célula de la empresa.

—¡Y una mierda!—gritó furioso por lo que acababa de escuchar.

La ira circuló por sus venas con pesadez, volviendo su sangre espesa y una nebulosa roja le cubrió los ojos nuevamente.

No se había sentido así desde de lo de Karin.

—Yo decidí ir al extranjero—continuó pese a tener miedo.

—¿Lo hiciste? ¿Por él? ¿Es que acaso no entiendes que debes oponerte cuando no estás de acuerdo?—habló tan rápido que el aire silbaba al pasar por sus dientes.

Estaba tan frentico.

—¡Lo sé!—por primera vez, Hinata alzó la voz.

—¿Lo haces?

—Lo hago, lo sé. Yo también estaba frustrada, tan frustrada que pensé que me moriría. Pero no puedo hacerlo como tú, no puedo ponerme a chillar para que se detenga—soltó—. Yo también quiero quedarme aquí, quiero estar contigo, pensar que no te veré es más doloroso que ser odiada por mi padre. Sin embargo… ¡Es mi única manera de luchar ahora!—vociferó.

Hinata había explotado como una olla a vapor.

—¡¿Y tú lucha te lleva a estar lejos de mí?!

—¡Sí!—contestó exaltada—, lo he pensado por dos meses y es la única conclusión a la que he llegado.

Ambos jadearon, el calor los rodeaba y los ojos de la Hyuuga sintieron ese escozor predecesor a las lágrimas.

—Ya veo…

Se sentía tan herido y estúpido.

Hinata abrió los ojos como platos al ver esa expresión en las facciones de Sasuke. Su corazón se estrujó horriblemente y el aire le lastimó los pulmones. Un zumbido inundó sus oídos. Estaba entrando en pánico. Las cosas no estaban yendo bien para nada. Intentaba pensar en algo que le dejara en claro al lobo que ella no tenía planeado dejarlo, que en realidad deseaba quedarse a su lado por todo el tiempo que se lee permitiera. Pero no encontraba nada y la situación no mejoraba al quedarse callada. Lastimaba cada vez más al Uchiha con eso y no deseaba seguir haciéndolo, también era doloroso para ella.

—Por eso debo pedirte una cosa… muy egoísta—la gotas saladas cayeron una a una por sus mejillas.

Había una manera de calmar esa ansiedad desgarradora.

Sasuke sintió terror. ¿Acaso Hinata le pediría que terminasen?

No.

No quería, definitivamente no. No se quedaría escuchar esas blasfemias de los labios de la muchacha. No obstante tampoco podía huir. No era parte de su naturaleza.

—¿Qué?...

—Sasuke—tomó una profunda bocanada de aire y saboreó las palabras dentro de su cabeza. Los orbes azabaches le miraron intensamente, con esa palpable zozobra por oír lo que le diría. Si iba a pedirle que lo dejaran, no importaba qué fuera necesario, no lo permitiría; si debía convertirse en el mismo demonio lo haría. Ella lo cogió de las mejillas para su sorpresa y le obligó a bajar hasta su altura para verse uno al otro sin ningún obstáculo—. ¿Quisieras por favor…casarte conmigo?

Pequeña, directa y contundente, esa oración salió limpia de los labios de la Hyuuga. El Uchiha por otro lado, sencillamente no daba crédito a lo que había escuchado.

La oveja había hecho una propuesta que el lobo no podía concebir jamás ni en sus más remotos sueños.

¿Qué?


.

.

Continuara

.

.


Terminé, Uff, de verdad que sufrí por escribir esto. Me siento tan ansiosa yo misma, pues es mi última semana de vacaciones. No sé cómo le haré, pero aún y cuando entre a la universidad seguiré haciendo esto. Gracias por sus comentarios, me fascina mucho leerlos. Espero que les haya gustado el capítulo de hoy. Lamento los errores, trataré de corregirlos.

Aclaraciones:

1* Mortal Kombat, Street Fighter, BlazeBlue: Son tres de las franquicias de juego de video más famosas.

2* Cementerio de Aoyama: El Cementerio de Aoyama (en japonés: 青山霊園) es un cementerio de Aoyama, Minato, en la ciudad de Tokio, la capital del país asiático de Japón, que es administrado por el Gobierno Metropolitano de Tokio. El cementerio también es famoso por sus flores de cerezos, y en la temporada de hanami, muchas personas lo visitan. El cementerio fue originalmente la tierra de la familia Aoyama del clan Gujō (ahora Gujō, Gifu) en la provincia de Mino (ahora Gifu). Este es el primer cementerio público de Japó cementerio tiene una superficie de 263.564 metros cuadrados.

3* Hanami: Hanami (花見 lit. "ver flores") es la tradición japonesa de observar la belleza de las flores, pero por lo general se asocia esta palabra al período en que florecen los cerezos y en el que los japoneses acuden en masa a parques y jardines a contemplar sus flores (sakura). De finales de marzo a principios de abril, los cerezos florecen por todo Japón, de sur a norte acorde a los distintos climas existentes en las diversas regiones. Los primeros cerezos del año florecen en las islas de Okinawa a principios de marzo (la región más meridional) y los últimos en la isla de Hokkaidō aproximadamente la última semana de abril (la región más septentrional).

Sin más.

Akari se despide.

Yanne!