Hola a todas chicas, ¿Como estan? Espero que muy bien, yo la verdad con muy poco tiempo ya que estoy trabajando mas hors y empezando a preparar una mudanza, asi que el poco tiempo que tengo lo estiro como chicle.

Bueno hoy les traigo un capitulo muy fuerte en esta historia, asi que espero millones de comentarios con todas las hipotesis que se les ocurra que puede pasar.

Miles de besos y recuerden pasar por el grupo de facebook.

Capitulo XXIV

Capitulo betado por Flor Carrizo, beta de Elite fan fiction

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Rosalie POV

Me levanté una vez más gracias al llanto del mocoso, le serví un tazón de cereales y un poco de leche y lo encerré en su cuarto nuevamente. Él había sido el culpable de todo. En realidad, el único culpable de todo había sido mi padrastro, si ese monstruo no hubiese abusado de mí, si no me hubiese dejado embarazada cuando tenía diez años y luego me hubiese llevado a abortar a una clínica de mala muerte, podría seguir felizmente casada con Emmett y haber tenido hijos llenos de amor.

Pero mi vida siempre había sido un desastre, primero mi padre me abandonó, luego mi madre se casó con el bueno para nada de Paul, hasta que la terminó matando a golpes y yo fui enviada a una casa de acogida hasta que me adoptaron dos años más tarde. Luego conocí a Emmett, nos enamoramos, nos casamos y casi de inmediato quiso que tuviésemos hijos. Él no sabía mi verdadera historia y tenía miedo de que me dejara si se enteraba de que no podía tener a su bebé en mi vientre. Nunca se lo dije, inventé mil excusas y luego manipulé al doctor encargado de nuestros estudios de fertilidad para que utilizara las muestras de sus espermatozoides y mis óvulos para hacer una inseminación en un vientre de alquiler. Necesitaba darle a él un hijo, en cuanto tuviese al pequeño en mis brazos le confesaría todo y estaba segura de que él no me abandonaría, no con nuestro pequeño de por medio.

Pero todo había salido mal, cuando el embarazo iba por el quinto mes se dio la oportunidad de trabajar en una película y me aboqué de lleno en eso. Centré todas mis fuerzas en el proyecto y logré, por un pequeño lapso de tiempo, dejar de pensar en el hijo que no podía cargar en mi vientre. Pero fue entonces cuando Emmett me pidió el divorcio. La verdad era que no sabía qué hacer, estaba desesperada. Intenté hacerlo entrar en razón, pero fue imposible. Luego él se marchó de viaje dejándome sola y yo me dediqué a beber y a salir todas las noches. El día que me anunciaron que mi bebé había nacido, fue la primera vez que probé las drogas.

Durante días estuve inconsciente, me casé con uno de los hombres con los que me acostaba y nos drogábamos: Royce King.

Mantuve al pequeño Emmett alejado de todos al cuidado de una niñera y, finalmente, un año y medio más tarde me separé de Royce, ya que él quería que dejara de consumir, pero para mí eso era imposible. Fue en esa época cuando los rumores de un romance entre Emmett e Isabella Swan comenzaron a escucharse y yo sólo quería alejarla de él.

Al principio me mantuve al margen, luego intenté llamarlo, pero no quería atenderme. Hasta que un día, mientras fumaba marihuana, tuve la brillante idea de enviarle anónimos. Ambicioné, además, con convencer a Edward Cullen de ayudarnos mutuamente para recuperar a nuestras respectivas parejas, pero él se negó de inmediato.

Para colmo, el dinero estaba escaseando, ya no podía pagar la niñera y el departamento del pequeño. No me quedó más alternativa que traer al niño a mi casa y frecuentar fiestas donde por acostarme con algunos hombres pudiese conseguir algunos cigarrillos de marihuana, alguna dosis de heroína o pastillas de éxtasis, en el mejor de los casos. Cualquier otra droga que me hiciera olvidar, aunque fuera por unos instantes, el hecho de que mi vida apestaba estaba bien.

Ver las fotos de Isabella del brazo de mi marido me partió el corazón, saber que ella estaba esperando un hijo suyo me desesperaba. Yo debía ser quien estuviese en lugar de esa simplona, yo debía haber cargado a nuestro bebé. Emmett debía conocer al pequeño y, sobre todo, debería volver conmigo. Sabía que sólo había una manera de lograr eso: debía eliminar a Isabella.

Durante días estudié cada movimiento de Isabella, lamentablemente no salía mucho. Una mañana, luego de que Emmett saliera en su auto, ella se dirigió a un parque a caminar y más tarde a un café. Un rato después aprovechando al pequeño Emmett, lo hice caminar por el estacionamiento del café y el pequeño hizo lo que mejor sabía: llorar. Isabella salió al encuentro del niño y luego la busqué en la parte trasera del estacionamiento. Allí la tenía al fin, a mi merced.

En cuanto la tuve en frente la apunté con el arma que había robado hacía un par de días, la mosquita muerta trató de cubrir con su cuerpo a mi hijo y rogó para que bajara el arma. Pero nada iba a alejarme de mi objetivo, ni siquiera Emmett pidiéndome que la dejara ir. En cuanto tuve la oportunidad, jalé del gatillo y disparé. Pero cuando me di cuenta de lo que hacía era demasiado tarde, luego no sentí nada más.

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Bella POV

Jenna fue la encargada de atenderme nuevamente, tal como la primera vez que había estado con Edward en ese lugar.

Me acomodé en un reconfortante rincón que me permitía ver la ventana y a la vez daba la espalda al resto de la estancia. Pedí un late y un trozo de pastel de chocolate. Sentía a mi bebé moverse una y otra vez, parecía enojado o molesto, aunque tal vez, en el fondo, era yo quien estaba enojada y molesta conmigo misma. Me di cuenta de que había cometido una locura, había arruinado por completo mi vida y, para peor, arrastraba conmigo a Emmett y a mi hijo. Los dos eran personas inocentes que debían pagar las consecuencias de las malas decisiones que había tomado en mi vida, de mis errores, mi falta de sentido común.

La camarera me trajo el pedido y me dejó sola. Mientras comía el pastel recordé esa primera vez que vine aquí, recordé la cara de Edward, sus gestos, ese primer beso que me dio cuando me dejó en el hotel. Mientras acariciaba mi vientre pude sentir el sabor salado de mis lágrimas. Estaba cansada de ser una mujer débil, de pasar los últimos meses llorando. Estaba cansada de darme cuenta de que mi vida era un asco y todo por mi culpa.

Con bronca tomé mi móvil que sonaba en el fondo de mi bolso y luego de ver que había llegado un mensaje de Emmett lo abrí.

Bella, ¿dónde estás? Por favor no te muevas de donde sea que estés, nena. Hay algo que va muy mal.

Me asustó el tono del mensaje, así que de inmediato lo llamé.

Bells, amor, ¿dónde estás?

—En un café, Emmett. ¿Qué sucede?

Nos han llegado unos anónimos amenazándonos, voy a buscarte, cariño. Por favor, quédate allí.

—¿Qué clase de anónimos, Emmett? ¿Amenazándonos con qué?

Alguien quiere matarnos, Bella. Voy para allá, luego te cuento.

Estaba aterrada, no podía creer que algo así estuviese pasando. De inmediato pagué la cuenta y esperé a que Emmett llegara. Mientras miraba por la ventana divisé en el estacionamiento a un pequeño de no más de tres años llorando y mirando hacia todos lados. No lo dudé, salí corriendo a preguntarle qué le pasaba.

—No encuentro a mi mami —dijo entre sollozos.

—Tranquilo, cariño. ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Emmett como mi papi y mi mami se llama Rosalie.

Mi sangre se heló, eso no podía estar pasando, ¿sería ese un hijo de Emmett? No podía pensar en eso en ese momento, lo importante era encontrar a la madre de ese pequeño, luego veríamos qué sucedía. Limpié sus lágrimas y le di un abrazo.

—Tranquilo… ¿Recuerdas dónde fue la última vez que la viste?

—Por allá. —Señaló el pequeño con su dedo a la parte trasera del local.

Me dirigí con el nene de la mano en esa dirección y encontré a Rosalie, muy nerviosa.

—¿Rosalie? —pregunté

Ella se dio vuelta en mi dirección y me apuntó con un arma. De inmediato cubrí con mi cuerpo al pequeño Emmett, que seguía llorando y se agarraba a mis piernas.

—Hola, Isabella. Al fin tengo el gusto de conocerte en persona.

—¿Puedes bajar el arma?

—¿No te bastó con quedarte con mi marido, ahora también cuidas del pequeño bastardo y pretendes darme órdenes?

—¿Emmett es tu hijo? —pregunté incrédula.

—Sí, es mi hijo y de Emmett.

—Pero no puede ser, él me informó que se separaron porque no querías tener hijos.

—Lo sé, pero tienes que saber también que intentó que me embarazada durante mucho tiempo, pero él no sabía que eso era imposible. Cuando era chica, mi padrastro me violó y quedé embarazada, tenía solo diez años y me llevó a una clínica de mala muerte para sacarme al bebé. Pero el muy bastardo no pagó lo suficiente e hicieron mal el trabajo y terminé perdiendo mi útero. Nunca iba a quedar embarazada, pero Emmett no podía saber esa parte de mi historia. —Miró al niño que se escondía entre mis piernas—. No podía quedar embarazada, sin embargo ovulaba y con todas las pruebas que hicimos logré convencer al médico que utilizara las muestras y las implantara en un vientre de alquiler. Ese mocoso iba a ser mi seguro con Emmett, pero él se separó de mí y luego tuve que hacerme cargo del pequeño y mi segundo marido me dejó, y para entonces tú te interpusiste en nuestro camino.

—Emmett se hará cargo de su hijo, no tienes que preocuparte, si no quieres tenerlo contigo nosotros podemos cuidarlo.

—¿No te basta con ese crío que cargas? Isabella, yo quiero recuperar a Emmett y tú me estorbas.

El miedo invadió mi cuerpo, el mensaje era más que claro, ella quería formar una familia y yo estaba de más, iba a matarme.

—Rosalie, si quieres podemos hablarlo, pero por favor baja el arma. El pequeño está muy asustado.

—¡Cállate! —gritó desesperada.

Entonces lo vi, Emmett venía en mi dirección.

—Rosalie, baja el arma —ordenó.

—No lo haré, ella sobra aquí. Tenemos una hermosa familia, bichito. Mira, conoce a nuestro hijo.

El niño miró a su padre por primera vez.

—¿Papi? —preguntó entre sollozos.

—Rose, por favor, deja que Bella se vaya y hablemos de nuestra familia —pidió.

Comencé a sentir mis piernas temblar, estaba sumamente asustada, mi cabeza me daba vueltas.

—No, Emmett, ella debe morir.

Entonces sentí el sonido del disparo y caí al piso, luego no recuerdo nada más, todo se puso negro.