Al entrar en la habitación de su hermana, Dean vio que Julie estaba de pie, apoyada en la cama, pero de pie. Sonrió al ver que sus mejillas habían recuperado parte de su color habitual, incluso se dibujaba una bonita sonrisa en sus labios.
"Deberías estar descansando."
Sorprendida, Julie levantó la vista; sonrió de nuevo, más ampliamente esta vez y alargó la mano hacia su hermano para que se acercara.
"Quiero ver a mi niña, quiero asegurarme que está bien y que es…" Bajó la mirada, se odiaba por pensar aquello, pero después de todo lo que había ocurrido durante los últimos meses, no tenía más remedio temer en lo que aquella gente pudiera haber convertido a su bebé.
Dean caminó tranquilamente hacia ella, con la mirada puesta en su hermana y pendiente de que no perdiera el equilibrio y pudiera caer al suelo. Todavía débil, lo podía leer en sus ojos y en su forma de hablar; pero sin duda, Julie era una chica muy fuerte.
"Julie… tu bebé es una niña preciosa, la más bonita que he visto nunca, sin contarte a ti claro. Y por lo que he podido ver hasta ahora, no tiene ninguna diferencia con los otros bebés. Es una niña normal y corriente, no tiene nada demoníaco dentro de ella."
"¿Estás seguro? ¿Y que hay de lo que dijo Cass, de ese ritual para traer de vuelta a su maestro? ¿No crees que pueda estar dentro de mi niña?"
Dean caminó los últimos pasos que le separaban de Julie y la abrazó. Casi no había tenido tiempo de decirle lo orgulloso que estaba de ella y lo seguro de que iba a ser la mejor madre posible. Le dio un beso en la frente y la sostuvo entre sus brazos con fuerza, aunque no la suficiente para poder llegar a lastimarla.
"La niña es igual que tu, tiene tu misma vitalidad, igual de dormilona y esa sonrisa… tienes que verla sonreír, cuando la miró solo te veo a ti cuando papá te pus en mis brazos por primera vez. Es un bebé completamente normal."
Los ojos de Julie se llenaron de lágrimas en pocos segundos. Había aguantado durante días, había sido fuerte, igual que sus hermanos, había dejado aparcado en su interior el temor a que algo saliera mal, había tratado de olvidar lo que Micke le había hecho y como y porque se había quedado embarazada en un principio. Pero ahora que todo eso había terminado, ahora era el momento de dejarse llevar, de derrumbarse, aunque fuera en la felicidad de que todo había salido bien de una vez por todas.
"Julie…"
"Soy tan feliz Dean. No sabes el miedo que he pasado estos meses, pensando que estaba a punto de traer al mundo… y ahora me dices que la niña es normal, que se parece a mi, siempre y cuando eso sea algo bueno y que todo ha salido bien. Casi no me lo puedo creer."
"Pues creételo. Y creete también que Sam se está tomando muy en serio su nuevo papel de tío. No se ha movido de delante de ese cristal en toda la mañana. No deja de mirarla y decirme todo lo que hace y… bueno yo solo me separado de la niña ahora para venir a ver como estabas."
"Gracias Dean."
"¿Por qué?"
Jueli no dijo nada y dejó que su hermano acercara una silla de ruedas. Quería decirle que estaba bien, que podía caminar y sobretodo que no hacía falta que se preocupara tanto por ella; pero al mismo tiempo, agradecía que sus hermanos estuvieran pendientes de ella. Era una chica independiente, pero en el fondo, le gustaba sentirse la pequeña de la familia, a la que sus hermanos protegerían por encima de todas las cosas.
"¿No me digas que no lo sabes? Después de lo que te he hecho pasar durante todos los meses del embarazo… te has sacrificado por mi más que nadie y no te lo he agradecido lo suficiente."
"No tienes porque hacerlo, eres mi hermana y lo haría de nuevo si fuera el caso." Los dos se miraron un momento. Bajo ninguna concepto, Dean quería ver a Julie sufrir o preocuparse, por lo que no dijo nada más, no dijo que estaba dispuesto a dar su vida por sus hermanos o que haría todo lo necesario para mantener a su sobrina alejada del peligro. "¿Quieres ver a la niña?"
"No sabes las ganas que tengo de verla y de tenerla en mis brazos." Una sonrisa inocente se dibujó en los labios de Juie "Esta noche he soñado con ella, la vi, en su cunita, era preciosa, había crecido y tenía tus ojos, unos ojos verdes grandes y muy abiertos y me miraba y yo sabía que mi niña estaba destinada a hacer cosas maravillosas."
"Todavía no le has puesto nombre."
Julie se ruborizó, pues todavía no había hablado del tema con ninguno de sus hermanos, no había tenido tiempo para hacerlo. Quería haberlo hecho la noche que se había puesto de parto, pero el momento, obviamente no había sido el más propicio para ello.
"En realidad si, aunque no lo he hecho oficial. Quería preguntaros lo que os parecía a vosotros, ya que mi madre… no es vuestra madre y pensaba que si os sentaría mal si, si le ponía su nombre. Quiero que se llame Sara. No conocí a mi madre y tras el incendio de nuestra casa no me queda nada que me ayude , pero quiero tener un recuerdo de ella."
"Sara. Me encanta ese nombre, seguro que tu padre y papá estarían muy orgullosos de saber que tienen una nieta preciosa."
"¿Estás seguro? ¿Te parece bien?"
Dean se arrodilló frente a ella y suspiró antes de continuar hablando.
"Esto no se lo he dicho a nadie todavía, pero hace tiempo que he pensado que si algún día tenía un bebé, le llamaría como mi madre o como papá. Es la mejor decisión que has podido tomar para tu bebé, así siempre recordara quien es su familia.
- o -
Salieron de la habitación, se cruzaron con varias enfermeras que le preguntaron a Dean por el estado de la pequeña, después de todo se había montado un revuelo cuando llegaron al hospital.
Por una vez y que Dean no quería volver a repetir, pues iba a pasar unos cuantos días por delante, limpiando y desinfectando el coche había aparcado rápidamente el Impala, como si de una película de acción se tratara, sin titubear, haciendo chirriar los neumáticos y el motor. Dos médicos y tres enfermeras habían salido a su encuentro, Dean cogió a Julie en brazos, pues después de la cantidad de sangre perdida, apenas podía caminar. Sam por su parte, colocó al bebé en brazos de una enfermera.
Así, a los pocos minutos, los recién llegados eran conocidos por todos, Dean como el intrepido conductor que había traído a su hermana, Sam, como el maravilloso hombre, que había tenido al precioso bebé en sus brazos y que había cuidado de él, haciendo que todas las enfermeras se enamoraran de él al instante y Julie como una mujer valiente que había tenido a su bebé en casa.
Por su parte, Castiel apareció un rato más tarde, para asegurarse que todo estaba bien. Había estado unas horas investigando al culto de las sombras, o culto de los antiguos, como había oído llamarlos y por el momento parecían tranquilos. Micke y su hermano, todavía viviendo en casa de Bobby, también parecían estar llevándolo bien.
"Todo el hospital habla de vosotros y por una vez no es por los destrozos provocados."
Aunque a desgana, Durante un momento Sam dejó de mirar a la niña a través del cristal y se dio la vuelta. Apoyó la espalda en la pared y suspiró con fuerza, no se había dado cuenta que estaba realmente cansado, hasta ese momento. Castiel estaba a su lado, mirando la niña que dormía.
"Parece completamente normal."
"Porque es completamente normal. Cass, tío vamos, es un bebé, aún en el caso de que fuera a ser alguien malo en el futuro, podemos educarla como cualquier niño, jamás permitiríamos que se volviera malvada. Pero te lo digo en serio, ese bebé es la criatura más bonita y buena que he visto en toda mi vida."
"Debéis darle tiempo."
"Cass por favor. Estás hablando de mi sobrina, de un bebé." Se dio de nuevo la vuelta y miró a la niña. Dormía tranquilamente, ajena a todas las conversaciones que tenían que ver con ella. "Tal vez para vosotros, los ángeles las cosas blancas y negras y seáis capaces de diferenciarlas sin problemas, pero los humanos no somos tan racionales, no podemos ver un bebé, no puedo ver a mi sobrina y pensar que va a convertirse en algo en lo que no creo. Es un bebé, es una niña y la voy a querer y cuidar como tal."
"Gracias Sam, creo que no se quería haría sin vosotros." La aparición de Dean y Julie, fue toda una sorpresa para Sam. Fue hasta su hermana, se agachó frente a ella y le acarició la mejilla.
"Lo digo en serio, tal vez tengamos que luchar contra viento y marea por esa niña, pero es mi sobrina, es tu hija y de la misma forma que haría cualquier cosa por ti, lo haré ahora por ella."
"Sam…" Julie le abrazó y dejó que Sam rodeara su cuerpo con ambos brazos, la levantó y con mucho cuidado, la llevó hasta la ventana delante de la que él había pasado gran parte del día. "Mi niña…" Julie, colocó inconscientemente la mano sobre le cristal, como si así pudiera tocar a la niña y notó los labios de Sam sobre su mejilla al darle un beso.
"Te prometo que todo saldrá bien."
"Lo se. Tengo un buen presentimiento." Con una mirada, Julie le pidió a su hermano que la dejara en el suelo, aunque no apartó sus manos de sus hombros, por si después de todo, perdía el equilibrio. "¿Qué hay de ti Cass? ¿Tienes tu un buen presentimiento sobre mi niña?"
El ángel no supo que contestar. Ya se había dado cuenta hacía unos días del cambio que estaba sufriendo, pero no había pensado mucho en ello. Ahora se daba realmente cuenta que todo el tiempo que llevaba rodeado de humanos le había convertido en un ángel completamente distinto.
Unos meses antes les hubiera dicho sin dudarlo, que la niña terminaría por tomar el camino oscuro, que sus probabilidades eran demasiado altas como para poder ser una niña normal y que sería mejor, por mucho que les doliera y por muy insensible por su parte que sonara, acabar con el problema cuanto antes.
Sin embargo, ahora, al mirar a Julie a los ojos, se dio cuenta que no era capaz de hacerle tanto daño, pues no estaba seguro de estar en lo cierto. Tal y como había dicho Sam, había visto a la niña y no había visto más que un bebé recién nacido, nada que indicara la maldad para la que en principio había sido destinada.
No se atrevió a decir nada, tan sólo se acercó a Julie, puso una mano sobre su hombro y luego los miró a los tres.
"Defenderé a tu hija Julie. No se cual es su futuro, pero te conozco a ti y se la bondad que le vas a transmitir."
"Gracias Cass, sabía que podría confíar en ti."
Julie abrazó al ángel, y aunque en un primer momento, él no supo como contestar, tras mirar a Dean y verle asentir, cerró el brazo, notando el latido del corazón de Julie tan cerca, que casi notó la sensación humana, del calor de un hermano.
