Capítulo XXIV. Verdades y Promesas. Parte II.


- ¿Viniste a hablar o a quedarte parado como tonto mirándome?

- Perdón. Fue lo primero que salió de su boca tomando a Marin por sorpresa lo que hizo que la furia en su interior apaciguara un poco.

– Las palabras que te dije esta mañana nunca debí decirlas pero no se me ocurrió nada mejor y he venido a contártelo todo.

Tales palabras la dejaron más contrariada de lo que estaba, ¿a qué se refería con "todo"?

Nuevamente esa rara sensación le golpeó la boca del estómago.

- Tiene que ver con que Athena haya regresado al santuario ¿no es así?

Aioria la miró y asintió con la cabeza. Ella comprendió que no era algo trivial. El del leo arrastró una silla y tomo asiento, pensó que ella haría lo mismo pero permaneció en la misma posición la cual lo hacía sentir algo incómodo. Le invitó a tomar asiento con él pero se rehusó.

- ¿Al menos quieres quitarte la máscara? – sugirió ya un poco malhumorado.

- ¿Por qué habría de hacerlo? – respondió con el mismo humor.

- No quiero mirar ese trozo de metal sin expresión cuando te hable, siento que me ignoras.

Marin hizo una mueca de fastidio pero se retiró la máscara y la colocó sobre la mesa. Volvió a recargarse sobre la viga cruzada de brazos, sin mirarlo pero dispuesta a escucharlo. Él sabía que estaba molesta pero sintió algo de alivio al ver que aceptó su petición.

Aioria comenzó a hablar, le contó desde la mañana que había recibido aquella carta de Saori desde Japón encomendándole la tarea de reconocimiento en Corinto; le relató el encuentro que había tenido con alguien que parecía ser ella y lo que sucedió dentro de aquellas ruinas de templo con el espíritu de esa hechicera, su pelea y el cómo lo maldijo después de advertir la pronta llegada de un enemigo al Santuario; Marin se quedó más que sorprendida al escucharlo, atando cabos sueltos, entonces lo detuvo para confirmar.

- Así que, las heridas en tu espalda y rostro habían sido por… - volteó a mirarlo. Él solo movió la cabeza afirmativamente – Pero… ¿y la tal maldición? ¿qué te dijo?

Aioria no quería decirle de que forma lo había sentenciado aquella horrenda bruja aunque cada palabra resonara fuerte en su mente en ese instante.

– Pues, palabras, tonterías, no sé, ya no lo recuerdo, no importa – le contestó solamente desviando el tema esperando que su escucha no siguiera presionando para que le contase y siguió adelante con el resto.

Le contó también de las pláticas con Milo sobre las advertencias del peligro que se acercaba, ambos habían experimentado advertencias similares entonces, le habló de la reunión con los otros santos de oro tras recibir la notificación de que Athena regresaría y también lo que hablaron con ella esa mañana.

Le reveló la misión que les había encomendado a él y a Milo de sellar una de las entradas al tártaro: la Hierápolis; y era a donde se dirigía ahora mismo. El corazón del santo femenino estaba desbocado, el estómago hecho un nudo y sintió las piernas débiles tras escuchar el nombre de "Hades" al final del relato y más aún sobre la misión a la que se dirigía el griego. Fue entonces que volvió sus ojos de lleno al joven frente a ella, observó como tenía esa expresión de angustia, frustración y ¿acaso era temor en sus ojos?

Se dio cuenta entonces de la inmensa carga que llevaba sobre sus hombros hacía ya un tiempo y tragó saliva pesadamente. No supo qué decirle para aliviarlo un poco y se quedó tanto estática como muda.

Aioria al no recibir una respuesta finalizó su relato.

- Bueno, eso es todo hasta ahora. He desobedecido a Athena contándote. Sé que pronto tanto tú como Shaina serán llamadas ante ella, solo finge sorpresa cuando lo escuches de su boca ¿quieres? - intentó bromear para aligerar el momento pero siguió sin recibir réplica.

El tiempo se había ido volando y eran casi las cinco, la hora pactada para partir. El santo se levantó y se dirigió hacia la puerta, eso hizo reaccionar por fin a Marin, la sola idea de verlo salir por esa puerta y no verlo más la volvió al aquí y al ahora doblegando su actitud digna y orgullosa. No quería que las cosas se quedaran así, no era justo para ninguno de los dos.

- ¡Aioria! – se precipitó a pronunciar para detenerlo - ¿por qué no me lo habías contado?

- Ya te lo dije, no podía y…

- No, eso no. Me refiero a lo de Corinto. ¿Sabes lo preocupada que estaba por ti? ¿Tienes una idea? – No quería que su voz sonara a reclamo pero fue casi inevitable – Luego llegaste, estabas herido y empezaste a actuar extraño y no sabía el por qué y tampoco sabía cómo ayudarte y luego hoy…

- ¡Lo hice por ti, para protegerte!

- ¡¿Protegerme de qué?! – se contuvo, respiró profundo tratando de medir lo que diría en seguida – Aioria, yo también soy un santo de Athena, que no se te olvide que nuestro deber es el mismo, además sé cómo cuidarme, sé que lo hiciste con la mejor intención pero no puedo evitar estar molesta contigo por hacerme a un lado así como así, sin preguntarme.

Aioria pudo ver que era un reclamo justificado como doloroso, entonces agachó la mirada, ella también tenía razón en su argumento.

- Lo siento – dijo una vez más con la mayor sinceridad que había en él.

Ambos se quedaron en total silencio, el ambiente era tenso todavía, ni uno ni otro sabían que terrenos pisaban o en qué términos estaban ahora. Finalmente, el águila se resolvió.

- No puedo dejarte ir así, no ahora que sé todo esto - Aioria se volvió hacia ella – Así que – hizo una breve pausa - ¿Quién de los dos va a dar el primer paso hacia el otro? – lo cuestionó.

El joven santo la miró fijamente y también se resolvió – ¿Y si lo hacemos al mismo tiempo?

Ella hizo mueca de una tenue sonrisa, al parecer era la respuesta que quería escuchar y los dos fueron al encuentro...


El cielo oscuro de la noche comenzaba a clarear anunciando que pronto sería un nuevo día. Milo de Escorpio se dirigía al lugar donde se vería con Aioria para partir hacia la Hierápolis, el viento más que fresco era frío esa madrugada, le meció los largos cabellos sobre su espalda y llegó a erizarle la piel. Casi al llegar a la salida del santuario se topó con alguien casi de frente. Al igual que él iba cabizbajo y un tanto distraído, la sorpresa fue mutua al levantar la mirada.

- ¡¿Shaina?!

- ¡¿Milo?!

- ¡¿Qué haces aquí?! – preguntaron al unísono y se sonrieron al haber coincidido en pensamiento.

- ¿Estabas de guardia?

- No realmente, la verdad es que no pude dormir y salí a caminar muy de madrugada, eso ayuda a veces pero creo que el amanecer me alcanzó – fijó su mirada por sobre los hombros del griego y notó su cargamento - ¿Vas a alguna parte fuera del santuario, cierto?

Milo se percató del comentario sobre su armadura y respondió positivamente.

- ¿Vas solo?

- No, iré con el holgazán de Aioria. Ya casi es la hora acordada y no lo veo por aquí – frunció el ceño mientras volteaba a sus espaldas buscando signos de él.

- Eso… quiere decir que no estarás para la Khalkeia… - dijo en voz baja y un tanto decepcionada creyendo que Milo no la escucharía.

- Haré todo lo posible por estar aquí, lo prometo – contestó aún de espaldas buscando a su compañero.

Tras su máscara, Shaina sintió sonrojarse levemente por la pena y la sorpresa de haber sido escuchada.

- Cuida de este lugar y de Athena hasta mi regreso ¿quieres? - Le sonrió gentil y pasó por su lado para seguir su camino.

- ¡Cuídate! – le dijo ella mientras Milo sin voltear ni detenerse alzó su pulgar en respuesta.

- Ja,ja, eres un arrogante.

Dijo muy complacida de aquel encuentro...


El calor y la seguridad en ese abrazo hacían más difícil el separarse. Tan solo había pasado un día y se sentía como una eternidad, ¿qué pasaría cuando tuvieran que separarse definitivamente? ¿Quién sería el más fuerte? ¿Cómo hacerle frente a lo inevitable? todo eso cruzó la mente de Marin mientras Aioria la estrechaba y tomaba prisioneros sus labios con los propios necesitadamente. Apartó su mente del tema por un instante y se centró en él correspondiéndole con la misma necesidad. Al sentir que su pasión amenazaba con desbordarse se detuvo y lo detuvo.

- Aioria, debes irte, Milo te espera – le dijo mientras detenía el avance de su boca con sus manos, él solo se quedó mirándola, sabía que tenía razón.

Resignado, descansó su frente sobre la de Marin y esta llevó las manos a sus cabellos rizados y los acarició mientras sentía el tibio resuello de su respiración chocar contra su nariz y hacerle cosquillas.

- Te prometo que regresaré para el festival, iremos juntos como lo planeamos.

- El festival ya no me importa, lo único que quiero es que regreses de una pieza, que ambos regresen sanos y salvos – le decía mientras le sujetaba la cabeza con firmeza y lo miraba severamente.

- Te prometo que regresaré bien y que traeré a Milo a rastras de una pieza si es necesario, no dejaré a Shaina sin acompañante – se echó a reír.

- Eres de lo peor a veces – ella se echó a reír también – Una última cosa, es de vida o muerte que me digas la verdad, ¿Quién besa mejor? ¿Esa bruja muerta o yo?

- No lo sé, ella se esforzó mucho esa vez y pues...

- ¡Largo de aquí Aioria de Leo! – empujó su cuerpo y ambos comenzaron a reír.

Aioria, decidido y con nuevos bríos, tomó la caja de pandora y se la echó a los hombros, a punto de salir Marin lo detuvo inesperadamente, le tomó una mano y puso algo en ella; este echó una mirada y reconoció el objeto.

- Pero, esto es… - le dijo bastante sorprendido.

- Quiero que me lo devuelvas cuando regreses – lo sentenció apuntando a su rostro con un dedo.

Él comprendió el mensaje y asintió. Apresurado salió corriendo mientras se despedía en voz alta.

- ¡Cuida de Athena y de este santuario en mi ausencia, no tardaré, espérame!

Ella lo miró alejarse a toda prisa y una vez que su silueta se desvaneció en el horizonte, una extraña punzada atravesó su pecho provocándole cierto dolor.

- Yo siempre…siempre voy a estar esperándote – susurró al vacío.

Veloz como el rayo, Aioria atravesó el recinto hasta el lugar pactado con Milo; temió el que este ya se hubiese ido, pues habían ya pasado 10 minutos de la hora acordada, sin embargo lo encontró allí, sentado bajo el enorme olivo con los ojos cerrados, parecía muy tranquilo, "¿A caso estará dormido?", Se preguntó.

- ¡Llegas tarde! – le reclamó.

- Pensé que estabas dormido.

- ¿Crees que soy tú? - Se levantó, se sacudió el pantalón y cargó su caja de pandora – vámonos ya.

Comenzaron su viaje, caminando por aquél camino serpentino, Milo notó un sutil sonido, como de campana, al parecer provenía de su compañero, lo examinó rápidamente y encontró el origen: un bello colgante de estructura entramada con lo que parecía un cascabel de cristal en el interior.

- ¿Y eso? – le señaló el objeto con el dedo.

- ¿Qué? ¡Ah! Esto es… un objeto muy valioso que prometí devolver cuando regresemos – respondió orgulloso y con una amplia sonrisa en los labios.

- Hum, creo que pudiste arreglar tus asuntos. Creo que ambos tenemos promesas que cumplir así que tenemos prohibido morir por ahora.

Ambos guerreros se miraron con complicidad sonriendo arrogantes y continuaron su camino.


Parte II ya lista por fin! yay! jajajaja. Pero me molesta que se modifique todo el formato y el acomodo cuando lo subo, alguien sabe como se soluciona esto? :(

Nuestros sexys muchachos dorados van camino a la Hierápolis a sellar esa entrada al inframundo, el otro día me topé con una nota de: "Los 10 portales al inframundo alrededor del mundo" y esta era una de las que se mencionaba, se me ocurrió incorporarla a la historia. Les paso los datos que decía:

Hierápolis es una antigua ciudad helenística, actualmente en ruinas, situada en lo que actualmente se conoce como la ciudad de Pamukkale, en la provincia de Denizli, Turquía. Desde 1998 los remanentes arqueológicos del lugar han sido considerados como un Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En el templo de Apolo, en una zona conocida como Plutonium puede encontrarse una antigua grieta sobre la que la tradición dice es una entrada sin retorno al averno.

Gracias por sus reviews una vez más. Proxima parada, el festival de la Khalkeia (espero que no se atraviese algo más XDDD) Nos leemos pronto de nuevo, Bye-Bye.