Mejor esta vez no digo nada y dejo que disfrutéis del capítulo. Espero que sea así, aunque se vuelva a tratar (creo), de otro capítulo de transición.

Disclaimer: Naruto pertenece a Masashi Kishimoto, yo simplemente utilizo sus personajes para distraerme un rato.

Advertencias: Spoilers Capitulo 367 (Quien avisa no es traidor), y de todos los que siguen hasta la fecha.


Cruzando la línea

Capítulo 25: Planes

La habitación estaba iluminada débilmente. Los pálidos rayos de sol que traspasaban la ventana apenas alumbraban, y la bombilla que colgaba del techo apenas transmitía unos trémulos destellos que se desvanecían en el aire.

Minato se levantó con tranquilidad de su silla y apartó las cortinas de la oficina para ver si así entraba más luz natural en el cuarto, pero era inútil. El cielo amenazaba tormenta y las abundantes nubes, cargadas de pequeñas gotas condensadas de agua, creaban una capa entre el Sol y la Tierra. Corrió de nuevo las cortinas y se volteó hacia su mesa para encender un quinqué. Se encontraba en plena faena cuando Jiraiya sacó la cabeza por la puerta.

"¿Querías verme?" preguntó serio.

El Hokage levantó la cabeza y dejó el quinqué encima del escritorio.

"Sí, siéntate" susurró, y con un gesto de mano le indicó que tomara asiento en una de las sillas que tenía enfrente.

El ninja lo obedeció y, en el mismo momento en que tomó asiento, se produjo un pequeño destello en el interior de la bombilla que tenían sobre las cabezas. Los dos levantaron la vista de inmediato ligeramente sorprendidos.

"Deberías plantearte cambiar de marca de bombillas. Esas no duran nada."

El rubio lo observó con las cejas levantadas.

"Llevaba aquí desde el día en que Hiruzen me cedió el despacho. Ha tenido una vida duradera…" comentó.

Esta vez fue Jiraiya quién lo observó con las cejas levantadas.

"¿Realmente estamos hablando acerca de bombillas?" preguntó preocupado.

Minato dejó escapar una risita y apartó la vista de la bombilla.

"Lo siento, nos hemos desviado del tema."

Su maestro le restó importancia con un movimiento de muñeca.

"A veces es mejor desviarse para encontrar los caminos"

"Y distraerse también" hizo una pequeña pausa y tras una ligera sonrisa por parte de su interlocutor, continuó. "Te he llamado para preguntarte algo importante, Jiraiya. Se trata de Tenzô, el chico que encontramos en el laboratorio de Orochimaru. Manipula con total libertad el elemento madera y muchos investigadores se han planteado que puede tener genes del primero, pero otros dicen que tal vez es una manipulación innata de la energía natural. Y me preguntaba, ya que tú manipulas la energía natural, si alguien puede tener esa capacidad de manera propia."

Jiraiya se fregó distraídamente la barbilla.

"Se trataría entonces de un caso excepcional. Pero si quieres saber mi sincera opinión, yo creo que tiene los genes del primero y que ha heredado, de manera natural o casual, su habilidad para el elemento madera. Conociendo a Orochimaru lo considero la opción más asequible."

El Hokage dejó escapar un largo suspiro y observó la luz que brillaba dentro del quinqué.

"Menudo lío"

El maestro dejó escapar una sonrisilla divertida y se inclinó ligeramente sobre la mesa que tenía delante.

"Tú te lo has buscado metiéndote a Hokage". El rubio le devolvió una mirada amenazante. "Aunque, desde luego, es un gran problema que nos afecta a todos" continuó. "Pero siendo sinceros ahora no tengo ganas de embotarme la cabeza con teorías sensacionalistas. Lo importante ahora es saber una cosa" y se inclinó aún más sobre el escritorio causando que su interlocutor levantara una ceja en extrañeza. "¿Cómo llevas la boda? He escuchado del viejo que a veces estás un poco ausente…"

El rubio frunció los labios como si se tratara de un niño pequeño, provocando que su maestro dejara escapar una carcajada.

"¿Por qué todos me preguntáis lo mismo? Esta mañana Shikaku también lo ha hecho. ¿Acaso no podéis suprimir vuestros deseos chismosos por unas horas? Se trata de una boda, no de un evento internacional."

Jiraiya se cruzó de brazos.

"Te lo acabo de decir, eres el Hokage. Tu boda va a ser un evento importante, por no hablar del impacto social que ocasionará que tú especialmente contraigas matrimonio. Las pobres adolescentes que se esfuerzan en la academia por impresionarte perderán toda esperanza. ¿O te pensabas tú que esas pobres chiquillas entrenaban en el gimnasio de la academia por puro gusto, justo cuando tú ibas a visitar a los retacos? Vaya uno. Creía que de pequeño te había enseñado acerca de las sutilezas femeninas…"

"Me sorprende la rapidez con la que cambias de tema" dijo apoyando un codo sobre la mesa. "Y permíteme decirte que tus enseñanzas de sutiles tenían poco. Decirme cual era el mejor arbusto para esconderme cerca de la cascada que las chicas usaban para bañarse, o las mejores grietas para espiar en los baños termales no están catalogados como tales. Sutil es saber que una mujer ama la pulcritud, la puntualidad, los detalles, el romanticismo y también el amor pasional. Deberías haberme enseñado eso y me habrías ahorrado unos cuantos bofetones."

Jiraiya se encogió de hombros.

"Al menos no podrás decir que no te enseñé nada sobre mujeres"

Los ojos azules chispearon con maldad una décima de segundo.

"Eso lo tengo claro"


Inoichi no eran de los que lo llamaban por nada, ni aunque fueran amigos de la infancia. Por esa razón, le sorprendió cuando le trajeron el mensaje de que quería verlo y cuanto antes mejor en las dependencias del escuadrón de sensores.

En cuanto recibió el mensaje ordenó los papeles que estaba revisando y se dirigió hacia allí. Aquél cuartel era espacioso, con una multitud de salas y aparatos que él no se molestó nunca ni en saber su nombre, tal vez alguno le sonaba de la academia, pero el resto para él eran simples cachivaches. No obstante sabía que tenían una función, igual que los aparatos de encriptación y las máquinas hospitalarias.

Al llegar a donde lo esperaba su compañero, después de atravesar un largo pasillo lleno de puertas, se adentró en la sala y se situó al lado de Inoichi.

"Apenas recuerda nada del ataque y mucho menos del tiempo que estuvo en el zulo, pero hemos podido averiguar un poco sobre los experimentos a los que lo sometió Orochimaru." Le dijo volteándose a mirarlo. Minato asintió, dándole a entender que podía continuar. "No son experimentos normales, como cualquier cosa que podría hacer Orochimaru, pero tienen una base en los escuadrones del ANBU. Te he llamado para preguntarte si deberíamos consultarlo con alguien…"

Minato desvió la vista hacia el chico que estaba tumbado en una camilla en el centro de la sala. Tenzô dormitaba sobre el catre conectado a una extraña máquina que tenía infinidad de cables que los sensores usaban para introducirse en la mente ajena. Habían decidido usar aquel método tan invasivo después de que ninguno de los métodos convencionales surgiera efecto.

"¿Minato?"

El Hokage volvió a mirarlo.

"Puedes consultarlo con Danzô si lo consideras correcto".

Inoichi asintió distraídamente y Minato se retiró de allí tras dar un último vistazo al chico.

Salió del edificio por el mismo lugar por el que había entrado y apunto incluso estuvo de perderse en una sala que tenía más puertas de las que recordaba.

Una vez fuera y con el fresco aire del invierno saludándolo se arrebujó en su capa y se encaminó de nuevo hacia el cuartel general del Hokage, casi en el centro de la villa. Sin embargo, poco antes de llegar, se cruzó con Kakashi, o con el que él creía que era Kakashi.

El chico vestía el traje de los ANBU y ocultaba su rostro bajo una máscara de perro. La figura se paró en un tejado y lo observó durante largo rato para después desaparecer con un suave plof y aparecer a su lado un instante después.

"Vamos, que te invito a comer".

Kakashi se descubrió la cara y lo acompañó hasta el Ichiraku.

No fue hasta que casi se acabaron la comida que su alumno se decidió a abrir la boca después de que Minato tratara de sonsacarle más que frases escuetas.

"¿Cómo está ese chico?" preguntó con cierto disimulo.

Minato engulló parte de su Ramen.

"¿Quién?"

Kakashi se lo quedó mirando con ojos inocentes.

"El de las pruebas de Orochimaru".

Tras masticar, el rubio contestó.

"Bien, ¿Por qué lo preguntas?".

"En el ANBU hablan. Dicen que tal vez se une debido a su poder tan especial… dicen que tiene los genes del primero".

Minato apartó su comida de delante suyo y se limpió con una servilleta, dándose tiempo para pensar en la respuesta.

"Deberías saber que tienen razón. Ese chico es especial, pero dudo mucho que se quiera unir al escuadrón después de todo lo que ha pasado. Tenía pensado que cuando se recuperaría lo ajuntaría en un grupo de tres…".

Kakashi frunció el ceño.

"En nuestro escuadrón hay espacio. En la anterior misión perdimos a un compañero. Pensaba que tal vez podríamos substituirlo…".

Pidió la cuenta.

"Si me prometes que cuidarás de él y que le enseñarás lo que significa trabajar en equipo podría destinarlo contigo. Puede que le vaya bien distraerse con alguien de su edad".

Bajo la máscara, Kakashi sonrió.

"¿Entonces formará equipo con nosotros?".

Minato se encogió de hombros mientras recogía el cambio.

"Si tanto insistes y el chico pasa adecuadamente su formación, es muy posible que lo destine a tu escuadrón si os es de ayuda", dejó escapar un suspiro y se volteó hacia su alumno. "Pero quiero que tengas algo presente, Kakashi. Nadie podrá nunca reemplazar a aquellos que se quedan atrás".

Tras un leve fruncimiento de ceño como única respuesta y un suave plof, Minato se encontró solo delante del mostrador. El dependiente levantó una ceja en extrañeza al ver que lo estaba mirando.

"¿Eso ha estado mal?"

El dependiente bajo la vista y movió los fideos para que no se pegaran a la olla.

"Depende".

"¿De qué?".

"De a quién te estuvieras dirigiendo".

Con esa afirmación grabada a fuego en la cabeza, volvió a su despacho. Estuvo dándole vueltas durante largo rato y no fue casi a media tarde, justo cuando creía que se podría ir a casa y permitirse pensar en otras cosas que lo interrumpieron. El hilo de sus pensamientos se perdió junto con el informe que Tsunade zarandaba delante de sus narices.

"Creo que tienes un problema".

"Más de uno querrás decir".

La mujer se rió y tomó asiento delante suyo, abriendo la carpeta por una página que contrastaba dos fotografías. Minato las observó juicioso y se preguntó que eran puesto que él sólo veía rayas.

"No sé que otras preocupaciones puede tener alguien como tú Minato, pero te garantizo que esta es una de las gordas. Resulta que el ANBU tenía razón, y fíjate tú qué casualidad, que también tenían razón en sus hipótesis teóricas. El chico tiene los genes del primero. De algún modo Orochimaru se los traspasó y su poder se ha manifestado, aunque ni yo sabría que decirte hasta que nivel".

Minato tomó con cautela las hojas que Tsunade le tendía. Las observó atento, leyendo frases sueltas del informe que le permitían tener una visión general. En ellos se comentaba, que según una teoría realizada por los ANBU, si se conseguían transmitir correctamente los genes de un ninja a un cuerpo capaz de aceptarlos, aquél recipiente podía tomar el poder como suyo. No era cómo el caso de un jinchuriki, ni tan siquiera cómo el de Kakashi. Se trataba de algo más especial, algo más profundo, algo más…

"No hay margen de error, ¿Verdad?".

"Podría haberlo habido si no hubiéramos realizado el examen completo, pero puesto que hemos analizado sus genes junto con los de mi abuelo, sólo te puedo decir que esta es la mejor teoría que tenemos. Ese chico es un hibrido creado a partir de mi abuelo".

"Y supongo que esa conclusión está relacionada con estas fotos llenas de rayas…".

"Podríamos decir que esas rayas son lo que hacen la teoría de los ANBU viable".

Apartó la vista del informe y la centró en Tsunade.

"Gracias por todo. Lo tendré presente".


Lo primero que consiguió al llegar a casa, fue que su prometida le metiera una cucharada en la boca del guisado que estaba preparando. Quemaba y le abrasó la lengua pero cuando el líquido le corrió garganta abajo, no pudo estarse de decir que sabía maravillosamente bien.

"¿Qué te parece? ¿Está bueno?" preguntó con una sonrisa, sosteniendo la cuchara aún entre las manos.

Minato asintió y se deshizo de las sandalias como pudo.

"Aunque está muy caliente".

Kushina se llevó una mano a la cintura y con la otra lo golpeó en la frente con la cuchara.

"Lleva tres horas en el fuego. Lo raro sería que no quemara".

"Al menos podrías haber soplado antes de metérmelo en la boca. Ya sabes, como cuando las madres soplan las cucharitas de los niños antes de hacérselas tragar".

De repente, se puso roja y escondió la cabeza en su cabellera rojizo fuego.

"¿Pero te ha gustado?".

Aquello lo enterneció. Rodeó un brazo por la cintura y la acercó a su cuerpo. Las curvas de su prometida se acoplaron a él y Minato no pudo estarse de pensar en lo perfectos que eran el uno con el otro y lo bien que encajaban sus cuerpos.

"Será una cena deliciosa".

Kushina rió y Minato sintió sus labios en su cuello.

"En realidad es la comida de mañana".

"Entonces será una comida deliciosa".


Si había algún momento en el que se sentía realmente a gusto, sin preocupaciones y en paz consigo mismo, era tras estar con Kushina. No sabía si era por el esfuerzo, la recompensa, o las palabras y el calor de su amante pero se sentía bien, tan bien que se permitía a si mismo bajar la guardia y perderse en su propio mundo interior, en su burbuja de la felicidad, donde nada era malo y la única ley consistía en estar en paz con uno mismo.

Sin embargo, aquel día se sentía mal. Llevaba horas dando vueltas en la cama, preguntándose si estaba haciendo lo correcto o si debería haber hecho las cosas de otra manera tanto en el pasado como en el presente, y se martirizó sobre algo que ya ni tan siquiera se acordaba hasta esa misma noche.

Había sido casi al final, con Kushina revolviéndose debajo suyo y con sus manos en su pecho haciendo presión. Recordaba haber deslizado una mano desde su clavícula hasta su pecho y más allá de su abdomen. La había estimulado mientras la embestía y, en medio del placer físico y las bajas defensas, el sello maldito que guardaba el secreto de Kushina se había dibujado. Apenas había sido la sombra, pero Minato pudo verlo apenas un instante. No quiso ni preguntarse en ese momento, ni en los siguientes, cuantas cosas compartía el bijû con su jinchuriki.

Tras aquello le había devuelto la sonrisa y los besos a su amante y la había acunado cuando ella se arrebujó en su pecho, sintiendo el latido de su corazón como uno solo. Minato se dedicó a continuación a acariciarle el pelo bajo el influjo maldito del fantasma del sello. Incluso había llegado tan lejos como para apartar las sabanas que cubrían su desnudez y pasar los dedos por el abdomen, justo donde residía el poder.

Eventualmente, se quedó dormido pero volvió a despertar pasado el amanecer y se quedó mirando el despertador mientras pensaba en todo y en nada. Al sonar, lo apagó de un golpe y se levantó para ir a la ducha, donde aclaró sus ideas y llegó a la conclusión de que estaba haciendo una montaña de un grano de arena. Ese tipo de sellos siempre se manifestaban cuando las emociones se desbordaban. Pero lo que tenía en vela a Minato era que aquel desbordamiento podía tener incluso un mal resultado. ¿Qué pasaría si el sello se rompía? ¿O si se debilitaba tanto que Kushina no podría controlar al Kyûby?

Cerró el grifo y apoyó la cabeza en las frías baldosas del baño, dejando que el agua le corriera por los mechones de pelo, cuello abajo hasta el desagüe. "Kushina es fuerte", se dijo a sí mismo para tranquilizarse, "nunca dejaría que algo así rompiera el sello".

Al volver a la habitación y vestirse, no pudo evitar volver a la cama y observar de nuevo el abdomen de su amante. Acarició con la yema de los dedos las finas costillas y los surcos intermedios, dejando que las uñas rasgaran ligeramente la piel. Al llegar a su ombligo, lo rodeó con una mano y la otra continuó bajando hacia los huesos prominentes de su ingle. Los rozó como si el simple tacto los fuera a romper mientras se inclinaba para besarla justo debajo del diafragma.

Allí, en la penumbra de la habitación, se dijo a si mismo que jamás dejaría que algo malo le pasara. Ya había tenido suficiente.


Los días y las semanas pasaron y Kushina se sentía cada vez más nerviosa. Aquella tarde, justo después de volver de casa de Mikoto y arreglar cuatro tonterías que quedaban de los preparativos, se desvió para ir a rezar al templo. Nunca había sido muy devota, e incluso odiaba formular las plegarias, pero la situación lo requería. El próximo mes su vida ya no dependería solo de ella, si no que dependería de su amante rubio y las personitas que podrían venir después. Rezó para que tuvieran buena salud y que el futuro fuera prometedor, pero sobretodo rezó para que todo funcionara a las mil maravillas y que el horrible monstruo que se aferraba a sus entrañas estuviera ahí dentro mucho, mucho tiempo.

Al regresar a casa, se tumbó en la cama y dejó morir los minutos y las horas hasta que Minato hizo acto de presencia. Lo escuchó desde el recibidor y cuando apareció por la puerta de la habitación, pudo ver la sorpresa en sus ojos azules grandes e inocentes de niño.

"¿Se puede saber que haces aquí a oscuras?" le preguntó.

Ella se encogió de hombros, viendo como Minato se deshacía de la capa de Hokage, el chaleco y su atuendo hasta quedarse completamente desnudo delante de ella. La situación no duró mucho ya que no tardó en vestirse con ropa más cómoda.

"Pensaba", dijo tras un largo silencio.

Minato la observó a través del agujero del cuello de la camiseta.

"¿En qué?".

"En nosotros".

Minato no pudo evitar sonreír tontamente ante aquello. Pocas veces Kushina expresaba sus pensamientos elocuentemente y esa parecía una de las escasas situaciones. Se acercó a la cama y se sentó en el filo, enredando los dedos e las hebras rojizas de ella.

"Eso está bien. De vez en cuando es inteligente usar el cerebro."

No supo que le dolió más, si el puñetazo que le dio en la boca del estomago o el mordisco cuando intentó besarlo para disculparse.

"Y yo que trataba de parecer seria y vas y apareces tu con la tontería. ¿Qué tienes en esa estúpida cabecita rubia tuya? ¿Serrín?"

Minato sonrió contra sus labios.

"Puede", hizo una pausa, "y es altamente probable que sea que si".

No pudo evitar una carcajada al oírlo.

"Oye, quiero preguntarte algo desde hace un tiempo, pero nunca me he atrevido por miedo a lo que dirías".

Minato se encogió de hombros, asintiendo con la cabeza en el proceso.

"¿Por qué te preocupas por eso?".

"Tu… déjame terminar", se enderezó en la cama y lo observó fijamente. Los ojos azules de niño, el cabello rubio revuelto y las facciones finas. "¿Hay algo malo con todo esto? Desde hace unas semanas es como si viviéramos en el paraíso idílico de la nada."

"¿Qué quieres decir?".

"Lo que quiero decir…", tragó saliva, sintiendo de repente la garganta seca, "lo que quiero decir es que… si hay algún aspecto en esta relación y este matrimonio que no veas claro, quiero que me lo digas. A veces te me quedas mirando por las noches, como cuando te conté lo del…"

"Kyûby"

"Si, eso, y me preguntaba si, bueno, eso nos, te, ¿nos? afecta del algún modo. Yo que sé, como por ejemplo en..." lo observó fijamente y Minato bajó la vista avergonzado. "Sabes lo que quiero decir, ¿No?".

Asintió distraídamente mientras le cogía la mano y se la estrechaba.

"Claro que lo sé. Y siento si te he podido transmitir eso pero… no era en absoluto mi intención, espero que lo sepas".

"Lo sé", bajó la cabeza y miró sus manos juntas, "por supuesto que lo sé".


"No va a haber fiestas de soltero, ni clubs nocturnos, ni compañía femenina. Eso, queridos amigos, es lo que ha dicho el Hokage en su tono impetuoso de tenéis que hacer lo que yo os diga".

Inoichi bebió un largo trago de su bebida para evitar comentar alguna cosa. Desde que habían sabido lo de la boda, Shikaku y Chôza habían empezado una especie de plan maestro y malévolo que, si alguna vez llegaba a cumplirse, los llevaría a todos al infierno de cabeza. Jiraiya se había mostrado entusiasta, e incluso había propuesto el nombre de un par de locales donde dar rienda suelta a sus fantasías, pero el resto de compañeros, en los que él se incluía, no deseaba mover un pie fuera del Karaoke en el que pensaban empezar la fiesta. En cierto modo, no pudo evitar alegrarse cuando Shikaku les comunicó la decisión de Minato.

"¡A la mierda con todo! ¿Desde cuándo se le hace caso al novio en las bodas? ¡Todo el mundo sabe el estrés que se pasa preparándolo todo, por eso se idearon las fiestas!".

La opinión de Jiraiya fue clara, desde luego, aunque Inoichi no las tuviera todas consigo. Las fiestas, se recordó, servían para desconectar, pero tampoco para organizar el desmadre general que ellos pensaban hacer. Emborracharse, decir guarrerías, ver mujeres, hablar de guarrerías relacionadas con las féminas que acababan de conocer, hacerse el macho, volver a las guarradas, vomitar y volver a beber, y por último, decir o hacer más guarradas. E intentar no acabar en la caseta de los guardias en el intento, ni con un aviso, ni una retirada de privilegios ni, y eso era importante, el vetado de la realización de misiones por conducta inapropiada.

Inoichi lo tenía claro, y estaba seguro que los gemelos pensaban lo mismo. Nada de fiestas que implicaran la pérdida de consciencia. Pero no eran ellos los cabecillas, y se odió por ello.

"¡Yo estoy con Jiraiya! Además, va a ser su última noche de disfrute antes de encadenarse a una mujer. Bien tendrá que probar otras mieles antes de hartarse de la suya, ¿No creéis?".

Inoichi se revolvió incómodo en la silla antes de volver a empinarse el vaso. Estaba vacío. Lo rellenó y también rellenó el de los gemelos, que parecían haberse encontrado en el mismo apuro que él. Bebió y rezó para que decidieran cumplir la voluntad del casadero.

No lo hicieron, aunque cambiaron un poco el plan. Dentro de dos semanas, Inoichi sabía que tendría que ir al hospital para que desintoxicaran su hígado. Bueno, el suyo y el de casi todos, empezando por el del novio.


Lo sé desde hace tiempo. Y sé que llevo haciendo lo mismo desde hace tiempo. Debería actualizar más seguido, pero sinceramente, entre que mi inspiración va y viene y que hacer una carrera es algo parecido a una tortura larga y lenta, no abro el Word más que para hacer trabajos o escribir un fic que nunca verá la luz porque no quiero publicarlo. Creo que me encanta perder el tiempo con estupideces.

A lo que iba, espero y deseo que la larga espera no os haya hecho tirar atrás en este fic, por qué lo único que me mantiene activa es saber que estas palabrejas (las de arriba, no estas estas), van a hacer feliz a alguien. Igual que me hacen feliz a mí cuando veo que han actualizado un fic que me gusta. O que mi escritora favorita del mundo fan se ha embarcado en una nueva aventura de mi pareja favorita. Por eso, espero que el capítulo haya sido de vuestro agrado.

Y ahora, sé que debería repasar los reviews uno por uno y esas cosas pero me voy a limitar a citaros y a deciros gracias, un enorme gracias con letras mayúsculas.

Zory, Ari, Tsuyu ryu, AiDeAguinaga, Chieko, Naomi-chian, Shiiinita, Abigail, AntoRG, kumina, kaomi, amy, Hinathita, Ania Masen, Fanny uzumaki-chan, ¿Anónimo?, isidipi, fran, death the alex, ariiana, giina3, poison girl29, minakushi.

Y nunca me hubiera esperado poner tantos nombres. Y sé que faltan, y os agradecería que me dijerais algo, simplemente por saber opiniones.

Gracias de nuevo y… Creo que sabéis cuando va a ser la próxima actualización, ¿Verdad? Aunque intentaré, y con grandes letras, publicar antes. Especialmente para compensar esa larga espera.

Besos y abrazos, Ankin.