El gran animal se estrelló contra las ventanas. Sakura jadeó y rodó a un lado cuando el leopardo se detuvo para deshacerse de los cristales rotos. Aterrorizada por su violenta entrada, se las arregló para tropezar sobre sus pies, pero no había escapatoria. Se acuñó en la esquina junto a la cómoda que había usado para bloquear la puerta. La escopeta estaba detrás del intruso, lejos de su alcance.
El hombre sacudió su cuerpo peludo de nuevo, eliminando los últimos escombros y se enderezó. Su cabeza giró en su dirección y ella identificó sus características y ojos. Había pasado demasiado tiempo con Danzo y los ejecutores como para no saber qué aspecto tenían transformados, así como en su piel. La sorpresa amplió sus ojos cuando su mirada se posó sobre ella y su visión se ajustó a la habitación oscura.
Oh, mierda. Va a matarme. No tenía ninguna duda sobre eso. La última vez que había visto a Yahiko en la oficina de Danzo, había estado considerando montarla hasta que el líder orgullo le había prohibido tomarla. El tiempo pareció congelarse. Sakura no apartó la mirada de él hasta que dio un paso en su dirección.
Se aferró a la única cosa a su alcance. Un jarrón sobre la cómoda. Lo agarró la base y rompió la parte superior.
—¡Atrás!
Él empezó a cambiar y vio cómo su nariz se dilataba mientras olfateaba. Había recogido el cambio en su olor. La marca de Sasuke podría ofenderle y también sabría que había entrado en calor. Sus colmillos se habían alargado, pero mantuvo los labios cerrados, esperando que no notara que sus uñas eran ahora garras también. Necesitaba cualquier ventaja que pudiera obtener para sobrevivir.
Sasuke, ¿dónde estás?, gritó silenciosamente, pero sabía que su compañero estaba probablemente luchando por su propia vida.
La voz de Yahiko surgió en una mezcla de hombre cabreado y leopardo indignado.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Vine a advertirles —apoyó la espalda contra la pared y empujó lentamente su otra mano por detrás del borde la cómoda. Tendría que acercarse y ella planeaba empujar la cómoda hacia él cuando lo hiciera.
—¿Qué? —Dio un paso amenazador hacia adelante, pero se detuvo, con la boca abierta.
—Les advertí —se burló, rezando por ser capaz de ponerlo furioso. No pensaría y estaría más en sintonía con apenas arrancar su diferencia y esa era la única ventaja que tenía —. Les dije que la manada realizó un llamado a la unión.
—¿Por qué nos traicionas de esa manera?
—¿Por qué crees? —Finalmente alzó la barbilla, permitiéndole ver sus colmillos —Odio a la manada.
Él no se abalanzó sobre ella como imaginó que haría. Dio un paso atrás, con el rostro pálido.
—¡Apestas a lobo!
—Me he emparejado con uno.
Su absoluto shock era evidente.
Ataca ahora, su voz interior instó. Pero no era lo suficientemente valiente como para abandonar el seguro, espacio reducido. Su instinto jugaba un infierno y la parte cambiante en ella quería ocultarse del gran macho peligroso amenazándola. Él era más fuerte, más rápido y no estaba dispuesta a engañarse sobre sus probabilidades de ganar, ya que eran casi nulas. Su mitad humana quería provocarle algo de dolor antes de que la matara.
—Tengo a tu hermana —él finalmente escupió. Era su turno estar en shock.
—¿Qué?
—Sakumi nos ha seguido hasta aquí, pensando que te seguíamos —Sus ojos se estrecharon —Baja el jarrón y sígueme fuera de aquí o voy a matarla.
—Estás mintiendo.
—También odio a Danzo —ladeó la cabeza, mirándola fijamente —. Ni siquiera envió a Sasori a luchar por esta causa. Estoy cansado de ser su lacayo. Contigo y tu hermana podremos criar una nueva manada. Ven conmigo y sin oponer resistencia y no la mataré. Siempre te quise —susurró —, pero primero tendremos que deshacernos de ese olor a perro.
—No tienes a Sakumi —Se negó a creerle.
—Lo hago —La expresión de suficiencia en su rostro la aterrorizó porque decía la verdad —. Está con mi hermano. Él puede tenerla y yo te tendré a ti. No creo que seas defectuosa —Su mirada bajó por su cuerpo con interés —. Creo que Sasori es tan cobarde como su padre y disparan a los espacios en blanco. Sé que jode a cualquier cosa que le dice que sí y ninguno de ellos ha dejado a ninguna embarazada. Tu madre era una criadora y entregó a tu padre cuatro gatitos antes del accidente. Te quería, pero Danzo dijo que su precioso niño podía tenerte. Vente conmigo ahora o Sakumi pagará, Sakura. Te llevaré conmigo de cualquier forma, pero voy a hacerle daño como castigo si luchas.
Su control sobre el jarrón se aflojó. Yahiko lo aprovechó para moverse más rápido de lo que pudo reaccionar y agarró su muñeca, de forma violenta y con la fuerza suficiente para sacudir el objeto roto de sus dedos. Se estrelló contra la alfombra y la arrastró fuera de su escondite.
Se volvió, dispuesto a arrastrarla por donde había llegado, pero la visión de Sasuke trepando por la ventana les detuvo. Sakura nunca había estado tan feliz de ver a su furioso compañero como en aquel momento ya que estaba demasiado preocupada por la suerte de su hermana como para saber qué hacer. Él gruñó y se lanzó hacia adelante. Algo húmedo salpicó su cara y giró la cabeza, vio sus garras rasgando el pecho de Yahiko, todo el camino a través de la espalda.
Gritó y su control sobre ella desapareció cuando Sasuke lo lanzó por la habitación. El codo de Sasuke captó su hombro, enviándola a estrellarse contra la cama. Aterrizó boca abajo sobre el colchón, rebotó una vez y se dio cuenta de lo que había pasado. Giró la cabeza y vio a Sasuke desgarrar a Yahiko. La visión sangrienta era horrible. El ejecutor ni siquiera tuvo la oportunidad de gritar de nuevo antes de morir.
Sasuke se volvió, mitad hombre y mitad bestia, jadeando. Sangre fresca cubría su piel y caía por sus garras. Sus ojos eran de lobo mientras la miraba.
Sakura parpadeó unas cuantas veces, en shock.
—¿Estás bien? Pensé que podría ser Sasori pero puedo decir por su olor que no lo es.
Tuvo que adaptarse a su voz rugosa para entender lo que decía. Consiguió asentir.
—Era un ejecutor de mi manada.
Dio un paso adelante, y luego otro y se arrodilló junto a la cama. Mantuvo los brazos extendidos a los costados, sus garras extendidas, pero lejos de ella.
—Sakura, ¿te ha hecho daño? —Su voz era menos gruñona ahora, más humana. Rodó y se sentó.
—Estoy bien. Dijo que tenía a mi hermana —Volvió la cabeza para mirar lo que quedaba de Yahiko. La bilis subió por su garganta y tragó, evitó la visión cuando desesperadamente volvió a sostener la mirada de Sasuke.
—Lo siento, cariño —Se acercó un poco más, pero no la tocó —. Pensé que estarías segura aquí arriba.
—Estoy bien. ¿Y si realmente tiene mi hermana? Dijo que Sakumi le siguió hasta aquí y que su hermano la tiene.
Sasuke respiró hondo, pero sus garras se deslizaron de vuelta en sus dedos. Cogió parte de la ropa de cama y se limpió las manos.
—¿Crees que decía la verdad?
—Sí. Quizás. No lo sé. Sakumi puede ser muy impulsiva, así que es posible.
Sasuke ralentizó su respiración, tratando de alcanzar el control y echó un vistazo alrededor. Miró fijamente algo en la mesita de noche.
—¿Tiene teléfono? Llámala.
Sakura seguía aturdida, pero asintió. Su hermana tenía la costumbre de tomar decisiones precipitadas. ¿Habría seguido a los hombres fuera de las tierras si pensara que iban tras Sakura? Era posible. Gateó por la cama y agarró el teléfono. Sus manos temblaban mientras marcaba el número de su hermana. Sonó seis veces antes de saltar el buzón de voz.
—No responde. Siempre lo coge.
—Quizás es porque no conoce el número entrante.
—Eso no va a detenerla. Está cerca de muchos humanos y siempre están cambiando sus números —esperó al pitido —. Sakumi, soy Sakura. Esto es urgente. Llámame. ¿Entiendes? A este número. Llámame ahora mismo —Colgó.
Sasuke fue el baño estrecho ubicado en la esquina de la habitación. El sonido del agua dejaba claro que estaba lavándose la sangre. Se aferró al teléfono, esperando a que sonase. Cada segundo parecía un minuto. Una mano húmeda sobre su hombro la sobresaltó y miró a Sasuke asustada.
—No me ha llamado. ¿Y si les siguió? —Su mirada se desvió hacia las ventanas rotas frente al bosque —. Es una zona en guerra allá afuera y mi bebé podría estar en el medio de ella.
—La encontraremos.
—Tu manada la matará, ¿no es así? —entró en pánico —Pensarán que les está atacando con los machos de mi manada.
Sasuke la obligó a levantarse.
—Vamos a bajar y a encontrar un lugar más seguro e iré a buscarla.
—¿Cómo sabrás quién es? Nunca la conociste.
—Es una gata en mi territorio. No será difícil —Sakura se aferró a él con su mano libre, manteniendo el agarre del teléfono con la otra
—. Tengo que ir contigo. Estará aterrada.
—Sakura —Sasuke gruñó —. Cálmate, nena. Confía en mí. Necesito llevarte abajo, con Kane y su hermano. Pueden protegerte. Iré a buscar a tu hermana. Ni siquiera estamos seguros de si está ahí fuera.
Quería ir con él, pero sabía que sólo iba a retrasarlo. Intentó pensar racionalmente.
—No puedes ir ahí fuera tú solo. Yahiko dijo que su hermano tiene a Sakumi. Podría haber más de un ejecutor con ella. Serías superado en número.
—Puedo manejar a unos pocos gatitos.
La situación era infernal para Sakura. Sasuke estaría en peligro si iba a localizar a Sakumi. Se debatía entre el amor por su hermana pequeña y por su compañero. Sasuke se inclinó y apoyó la frente contra la suya.
—Confía en mí, cariño. Voy a encontrar a tu hermana si está aquí. Sé por dónde han venido. Retrocederé sobre sus huellas, ¿de acuerdo?
—Ten cuidado. No puedo perderte.
—Nada va a impedirme pasar una larga vida contigo —juró —. Ahora ven conmigo abajo. Kane y Klax pueden protegerte. Quizás lleve a Shisui conmigo. Él querrá pelear. ¿Eso hará sentir mejor?
—Sí.
La soltó y miró una vez el cuerpo sin vida de Yahiko. Se aclaró la puerta y se volvió, extendiendo una mano hacia ella.
—Vamos, Sakura. El tiempo no está de nuestra parte. Tu manada debe estar huyendo ahora. No están ganando esta guerra.
Corrieron escaleras abajo. Los sonidos de lucha podían oírse dentro de la casa y Sakura vio un cuerpo en el suelo cuando llegaron planta baja. Dos altos rubios estaban junto al cadáver ensangrentado de un leopardo a sus pies. Ambos se volvieron, gruñendo a su acercamiento. Vieron a Sasuke y bajaron sus manos con garras.
—Protege a mi compañera —Sasuke ordenó severamente. Soltó Sakura —. Quédate con ellos. Te mantendrán a salvo.
—¿Dónde está Shisui? —ella miró a su alrededor desesperadamente.
—Le encontraré —Sasuke se precipitó fuera.
Sakura observó a los idénticos gemelos con un poco de temor. Eran grandes hombres lobo, algo que siempre había temido, pero Sasuke dijo que estaría a salvo con ellos. Sólo que no lo sentía mientras la miraban con idénticas miradas intensas.
—Hola —Sintió la necesidad de decir algo, cualquier cosa, para romper la tensión. Uno de ellos se alejó, olfateando.
—Más aproximándose.
Su hermano se movió rápido, haciendo a Sakura jadear cuando sólo la enganchó por la cintura y la giró sobre sus pies. Intentó no temblar, sabiendo que la humedad filtrándose a través de su ropa era la sangre fresca de la matanza. Tenía otras cosas por las qué preocuparse. En cuatro zancadas la llevó a una puerta y la abrió.
—Entra —ordenó, bajándola sobre sus pies —. Quédate quieta. No vamos a permitir que alguien te alcance.
Se metió dentro del armario y la puerta se cerró, dejándola en la oscuridad. El teléfono sonó en su mano y se sobresaltó, entonces frenéticamente aceptó la llamada, esperando que fuera Sakumi.
—¿Hola?
—Lo siento —una mujer canturreó —. Debo haber llamado a un número equivocado. Estaba intentando contactar con mi ex-novio.
—Es el nuevo número que acabo de obtener. Quienquiera que sea con el que intentas contactar, obviamente cambió el suyo. Lo siento —susurró Sakura, colgó. No tenía tiempo para ocuparse de otra Karin.
Escuchó los gruñidos y la batalla teniendo lugar al otro lado de la puerta. Se apoyó contra la madera gruesa, esperando que los dos hermanos fueran tan feroces como parecían. Las manadas parecían enfocadas en atacar la casa alfa. Cerró los ojos y rezó porque Sasuke estuviera a salvo.
