XXV. Los Patata
El auto se detuvo por inercia. El domador soltó un suspiro involuntario. Movió sus pies nerviosamente y abrió el candado de su puerta.
-¿Todo bien?
- Sí…claro, ¿Por qué no?
- Bueno, pareces bastante nervioso.
- ¡Elena, conozco a tus padres desde hace casi una década, por qué tendría que estar nervioso? – Dijo fingiendo una sonrisa.
- ¡Exactamente! Me alegra que pienses así.
Ambos bajaron del auto y se pusieron frente a la puerta principal. Zick observó con cuidado la actual casa de sus ex – vecinos, debía admitir que era mucho más grande y linda que la de Old Mill, se notaba que su padre había sido ascendido y que podían darse una mejor calidad de vida. Eso lo intimidaba un poco.
-Es una pequeña visita solamente, no es cómo sí vinieras a pedir mi mano. – Elena le sonrió, tomo su mano y le dio un suave beso.
- ¡Bueno, no es cómo si eso no fuera a pasar! – Respondió a su sonrisa, ella no pudo evitar sonrojarse. Él se rio por su reacción y le robo un pequeño beso. Ella le respondió y convirtieron ese pequeño beso en uno mucho más largo, y sin darse cuenta, la puerta principal se abrió y un grito masculino se escuchó de pronto.
-¡¿Qué le estás haciendo a mi hija?!
- ¡Nada señor! – Zick arrojó a Elena al suelo instintivamente.
- ¡Pero qué besote! – Charlie y Violeta estaban pasmados.
- ¿Qué sucede? – Llegó Julie gritando desde el interior.
- ¡Qué abrí mi puerta y este tipo le estaba comiendo la boca a mi hijita!
- ¿A Violeta?
- ¡Claro que no Julie a mi Elena!
- ¡Ah, eso ya me lo esperaba! – Dijo mientras ayudaba a su hija a levantarse. - ¿Entonces ya es oficial? – Dijo emocionada.
- Sí, mamá.
- ¡Qué buena noticia! ¡Ya era hora! – Abrazó a su hija fuertemente. - ¡Yo siempre lo supe! ¡Sí no se hubieran separado, habría pasado desde hace años!
- ¡Julie cómo puedes estar contenta con esto! ¡Elena apenas es una niña no puede…!
- ¿Una niña universitaria Harvey? Mira atrás de ti, esos sí son niños. ¡Pasen estamos terminando de arreglarnos!
- ¿Arreglar qué mamá?
- ¡No me digas que no te acuerdas! Hoy es el cumpleaños número ochenta de la abuela Patata. E iremos a verla. – Dijo tratando de convencerse a sí misma.
- ¡Lo había olvidado! ¡Bueno, no importa! ¡Vamos Zick!
- ¿Qué? ¿Con tu abuela y toda la familia?
- ¿Por qué tanta prisa de presentarlo Elena?
- ¡Calma papá no te alteres! ¡Es sólo que Zick es tan maravilloso que es una buena oportunidad para que conozca a todo nuestro clan. – Elena le guiñó el ojo, Zick le sonrió y se tensó después de sentir la mirada hiriente del señor sobre de él. - ¡Bien vamos las chicas arriba a arreglarnos! – Elena, su madre y hermana la siguieron gustosas al segundo piso. Mientras Harvey miraba al desprotegido domador con desprecio.
-Yo… yo también iré a arreglarme, con permiso. – Tan rápido cómo había terminado de hablar, había subido ya las escaleras al cuarto de huésped que se le había acondicionado.
"Luego de cinco minutos de arreglo", las mujeres bajaban las escaleras orgullosamente. Desde abajo Zick miraba a Elena con los ojos abiertos, llevaba puesto un hermoso vestido color verde aqua que la resaltaba sus hermosos ojos y su larga y rizada cabellera.
-Te…te ves hermosa. – Le sonrió torpemente.
- Bueno, tu luces genial también. – Mientras ella se arreglaba, el domador se cambió a una camisa de vestir color negra, unos jeans oscuros y unos zapatos de vestir. Elena se sentía orgullosa del guapo domador que le acompañaría.
- ¡Bien entonces ya estamos listos! Todos a la camioneta.
Al aumentar la familia, los Patata habían cambiado su pequeño auto por una camioneta familiar, grande y nueva. Elena deslizó la puerta y sus pequeños hermanos subieron detrás de ellos. Elena se sentó junto a Zick y tomó su mano disimuladamente a los ojos de su padre.
-¡No te preocupes, todo saldrá bien, fue sólo el impacto de la noticia!
-Estaré tranquilo mientras no se acerque a la cuchillería del restaurante. – La pelirroja no pudo evitar soltar una carcajada ante el comentario de su novio. Lo abrazo y disfruto del paisaje nocturno de su segunda ciudad de infancia, aunque de todos, el de Old Mill seguía siendo su preferido.
Luego de un cuarto más media hora, la familia llegó a un restaurante ambientado cómo una villa muy elegante. La familia bajó del auto y un mesero les indicó el área donde la fiesta se estaba llevando a cabo.
-¡Mami, dile a Charlie que yo voy a entregar el regalo! – La rubia se quejó.
- ¿Verdad que lo haré yo mamá?
- ¡Lo harán los dos y cuidado con romperlo!- Los pequeños corrieron felices y entraron al área reservada. La familia ya se encontraba ahí.
-Ahora lo que debes hacer es mantener la calma, son personas agradables… excepto mi abuela… ella puede llegar a ser…. ¿Intimidante?
- ¡Ah con que se hereda! – El domador recibió un leve puñetazo de su novia.
- ¡Elena que bueno que viniste! – Un pelirrojo joven llegó y la abrazo efusivamente.
- ¡Me da mucho gusto verte a ti también!
- ¿Y este quién es sí se puede saber? – Zick sonrió tranquilo mientras se interponía en el abrazo.
- ¿Acaso no me reconoces chico raro de los monstruos?
- ¿No lo recuerdas? –Imagínalo con el rostro más joven y revuelto. – Le dijo con el pensamiento.
- ¡Lonzo pero sí eres tú! – El domador no salía de su asombro. - ¡Estás enorme!
- ¡El ya para nada pequeño de mi primo acaba de cumplir 15 años! ¡Esta por entrar a la preparatoria!
- ¡Es bastante extraño, yo aun te recordaba como un pequeño!
- ¿Y dinos qué te trae aquí? ¿No me dirán que vienen juntos? ¿O sí?
- En realidad… sí. – Ambos se sonrojaron y agacharon la mirada.
- ¡Qué emocionante yo siempre supe que terminarían juntos! ¡Los dos son unos locos tal para cual!
- ¡Lonzo ven y ayuda a la abuela!
- ¡Sí mamá, debo irme, bienvenido primo!
- ¡Gracias! Bueno, eso fue fácil.
- El no cuenta porque ya lo conocías. Ven para que te presente al resto. –La pareja caminó hacia la mesa y comenzó a saludar a sus parientes. – Ella es mi tía abuela Catty, es la hermana menor de mi abuelo.
- ¡Es un placer conocerla señora Patata!
- ¡Señorita! – Le murmuró Elena.
- ¡Señorita Patata!
- ¿Y tú eres?
- Mi nombre es Ezekiel Zick, soy el novio de Elena.
- ¡Ja, ya otro! ¡Deberías concentrarte en tus estudios de medicina! – La dama dejó al domador con la mano extendida.
- Gracias por el consejo tía, continuemos. – Elena le sonrió a Zick cómo disculpa por el comentario anterior. – El mi tío Borys, era primo hermano de mi abuelo.
- ¡Un placer conocerle!
- ¿Qué?
- ¡Qué es un placer conocerlo! – Zick elevó su voz.
- ¡Yo no quiero caramelos!
- ¡No yo digo que es un gusto conocerlo!
- ¿Y tú quién eres? – Elena golpeó su frente con la mano, y suspiro profundamente.
- No importa, continuemos. Ella es mi tía Lydia, la madre de Lonzo.
- Un placer.
- Lo mismo digo, te divertirás en la familia… es muy… peculiar.
- ¡No creo que más que la mía!
- ¡Y este pequeño caballerito es el hermanito bebé de Lonzo! – Elena cargó al regordete bebé y le dio besitos en la barriguita.
- ¡Es muy gracioso!
- ¡Es un amor! – Elena le hacía caras graciosos a su primo, Zick la miraba con ternura, ese lado materno de su novia le encantaba.
- ¡Son lindos pero no te apresures a tenerlos! – Harvey paso por detrás de ellos.
- ¡Papá!- Roló los ojos y suspiró con fastidio. - El es mi tío Ronnie, el papá de Lonzo.
- ¡Buenas noches señor!
- Un placer hijo, un consejo, ten calma con mi hermano, tardará en superar esto, Elena es su adoración. Sólo intenta acercarte, recobrar su confianza y lo tendrás en la bolsa. – Le susurró al domador.
- Gracias señor. – Le contestó con una sonrisa.
- ¡Oh dime Ronnie!
- ¡Gracias por nada! – Harvey colgó su celular y se acercó a su hermano y yerno. -¡Ronnie tenemos un problema!
- ¿Cuál?
- El chico que habíamos contratado para tocar la guitarra a mamá se fracturó la mano.
- ¡Demonios mamá odiaría que no toquemos en su fiesta! Tal vez con tutoriales Lonzo pueda.
- ¿Qué?, yo no…
- ¡Lonzo ya sabes cómo se pone tu abuela cuando no…!
- Yo lo haré.- Todos voltearon hacia el dueño de la voz que acababa de dictar su sentencia.
- ¡Zick, no! – Elena le susurró.
- ¡Tranquila, ya lo he hecho antes! ¿Recuerdas?
- ¡No se me olvida! – Dijo con molestia.
- ¿Entonces puedes hacerlo? – Le preguntó el más joven de los hermanos Patata.
- ¡Claro tío Ronnie! Sólo préstenme una guitarra y listo.
- Enseguida te lo conseguimos. – Ambos señores se fueron mientras Harvey aun lo veía expectante de lejos.
- ¿Pero qué haces?
- Trato de ganarme a tu familia.
- ¡Sí pero aun no haz conocido a mi abuela! Es demasiado… ¿especial?
- ¡Sí es pariente tuyo, no lo dudo!
- Yo no me refiero a "especial" de esa manera, si no a "especial de la mala manera, por su carácter".
- ¡Lo sé, yo igual! – Elena frunció el ceño. - ¡Tranquila, confía en mi!
- Zick, ya es hora. – La tía Lydia le señalo el camino.
Toda la familia se sentó en círculo y dejó a la abuela en medio, justo en frente de ella, y en el centro de todos, había una silla. La tía le dio la señal y pasó a tomar su asiento. Elena también se dirigió a su asiento, rogando al cielo que la buena impresión fuera buena.
-Buenas noches.
Zick se puso frente al micrófono, pateó un poco el pedestal y el micrófono cayó al suelo. Elena cerró los ojos. El avergonzado joven sonrió con torpeza y por primera vez miró a la mujer que tenía enfrente. Su expresión era completamente sería firme. Cómo si nada la inmutara. El peliazul tuvo que admitir que eso lo intimidó un poco, pero no lo asustó. Muchas eran las cosas que Elena había hecho por su familia, estaba más que claro que reunirla había sido la mas grande de todas, sabía a la perfección que sin ella y "su intromisión en el mundo de los monstruos", nada hubiera pasado, así que un pequeño recital con guitarra era cosa de nada.
Suspiró y en ese momento, una gran idea inundó su mente. ¿Qué mejor forma de ganarse a la familia de Elena, que de la misma forma que se la ganó a ella? Pues con su propia naturaleza monstruosa.
-Buenas noches, mi nombre es Ezekiel Zick, y soy el novio de su nieta mayor, Elena. Esta noche le ofrezco cómo obsequio, una pequeña interpretación musical.
El joven apoyo una pierna en la silla y el resto de su cuerpo en la rodilla contraría. Tomo aire y comenzó a tocar con su guitarra una muy vieja y poco conocida, canción folclórica.
"Y en aquel día cualquiera, mi amor partía a la guerra,
Ya no se si lo veré, ya no se sí viviré,
Aunque sea el quien luché, moriré yo sin él.
Tan lejos te llevas mi vida,
Mi esperanza, era mi guía,
¿Quién verá ahora por los sueños que forjamos?
¿Le interesa a alguien todo este daño?
Vuelve tarde, vuelve de lejos, pero vuelve.
Que sin ti, mi vida desfallece"
La anciana se puso de pie tan pronto terminó de tocar. Todos los familiares se veían extrañados, no entendían el porque había interpretado aquella desconocida y triste melodía. Cuando la pequeña anciana se acercó a Zick, todos esperaban lo peor, ya que la veían caminar con determinación. Elena quiso acercarse a defender a Zick, pero su madre la detuvo, Elena negó con la cabeza e intentó alcanzar a su abuela, sin poder lograrlo.
-Hace 74 años, fue la última vez que escuché esa canción, cuando mi madre se la cantó a mi padre cuando llegó de la guerra. Nunca olvidaré esa emoción de poder cantársela. ¿Cuál era tu nombre?
- Zick señora Patata.
- Pues, Zick, encontraste mi canción preferida. Gracias. – Sin cambiar su expresión de fastidio durante toda la conversación, la anciana le dio la mano y volvió a la mesa. - ¡Qué esperan todos! ¿A que muera de hambre? ¡Qué sirvan la cena! – Pese a ello, Zick supo que lo había hecho bien. Unos brazos rodearon de pronto su cadera con un abrazo.
- ¡Lo hiciste! ¡Impresionaste a la abuela Patata!
- ¡Bueno, qué te puedo decir! ¡Soy un trovador que sabe los sentimientos de las personas y con su música sabe llegar a ellos!
- ¡Usaste tu empatía y tu Dom para ver su mente y recuerdos, pequeño domador astuto!
- ¡Nadie dijo que no pudiera hacerlo! Además, si me golpeaba, ¿Me hubieras defendido?
- ¡Probablemente la hubiera ayudado! – Lo tomo de la mano.
- ¡A qué tu perfecto ingeniero no lo hubiera logrado!
- ¡Ya supéralo celoso!
Cuidándose de la vista del señor Patata, la joven pareja se dio un dulce beso de victoria.
