Capitulo 25 Otra vez de nuevo

-¡no!- el peliverde se incorporó en la cama exaltado. Su respiración era agitada, el cuerpo le temblaba y le resbalaban gotas de sudor por la cara; recorrió a habitación con la mirada; suspiró con alivió y dejó caer su cabeza sobre la almohada.

¿Durante cuanto tiempo más durarían esas pesadillas? no lo soportaba, desde el incidente no había dormido ni una sola noche bien. Si seguía así la falta de sueño lo acabaría matando.


-¿estas bien?- le preguntó Mihawk a Zoro en su coche de camino al colegio.

-claro ¿por qué no iba a estarlo?

-porque... desde lo ocurrido no has salido ni una sola vez de casa, solo para hacer el examen.

-ah, bueno, pero no era por eso, simplemente no tenía ganas de salir. Si incluso te dije esta mañana que podía ir yo en bicicleta.-aunque tampoco es que se negara mucho a la oferta del mayor.

-ya... de todas formas no te esfuerces demasiado, no tienes buena cara.

-vale.

Aparcó en la puerta del colegio.

-hasta luego.

-adiós.

El coche se fue. Zoro miró la fachada principal de su colegio, en la entrada ya se veía alguno alumnos con gesto desanimado.

-bueno, otra vez de nuevo.

Anduvo hasta el interior. Era muy temprano y el colegio estaba casi en silencio. No puedo evitar darle un sentimiento de nostalgia al recordad como fue hace trescientos sesenta y cinco días atrás todo estaba exactamente igual que entonces, posiblemente viniera otra vez dentro de veinte años y sería lo mismo, o al menos algo parecido.

Su clase era la misma que la del año pasado, la única diferencia era que en el cartel que había sobre la puerta, en vez de poner 1º A, ponía 2º A.

La clase estaba vacía. Escogió el mismo sitio, ultima fila al lado de la ventana. Apoyó la cabeza contra la mesa e intentó dormir aunque fuera algo.

-¡Zoro!- gritó Luffy avalanzándose sobre él y tirándolo a suelo.- ¡hacía tanto que no te veía!- dijo abrazado a el restregando su mejilla en su pecho.

-solo un par de semanas, no es para tanto.

-¡dos semanas son medio mes! ademas de que han sido más de dos semanas ¿donde has estado?

-en casa.

-¿volviste al pueblo? Oye, que mala cara tienes, si pareces un vampiro.

-ejem, ejem.- le llamó la atención Nami.- os lo dejo montaroslo o tenéis la mínima decencia de esperar al recreo.

-¿otra vez gruñendo?- le preguntó el peliverde mientras se levantaban.

-¡yo no gruño!

La clase se fue llenando poco a poco siendo los últimos en sentarse Eustass y Law respectivamente.

-bueno, bueno, adiós verano- dijo el ojeroso sentándose,-ah.-pronuncio al notar algo raro.

-¿que te pasa ahora?- dijo Eustass molesto.- ¿se te ha olvidado el cuchillo para rajarte?

-la mesa esta coja.

-te odio.

-Buenos días niños- entró la profesora Robin- ¿con ganas de empezar el nuevo curso?

-si...- contestaron todos sin ninguna ilusión.

-me alegro. He de decir que estoy muy contenta de que todos hayáis pasado todos a nuevo curso. Es muy triste que no os graduéis con los compañeros con los que habéis compartido buenos moment..

-¿donde cojones esta el narizón?- pregunto Bonney.

-buscándose a si mismo.- dijo Nami de mala gana.

-coño ¿es que en su casa no hay espejos?

-niños..- les llamó la profesora.- bueno, en cuanto a Usopp, sigue matriculado en el colegio, es decir que si decide volver podrá volver.

-Ese cuando empiece a agobiarse por los exámenes del primer trimestre volverá- afirmó Sanji restándole importancia.

-eso esperamos.- dijo Robin con una sonrisa.

TOC TOC. Llamaron a la puerta.

-pase.

-super-saludó Franky cargando con una mesa y silla- aquí tengo la mesa que faltaba. Y al chico, claro.

-ah, bien, entonces ya estamos todos. Pon la mesa detrás de Zoro. Gin, puedes pasar, no te has perdido mucho de la tutoría.

-¿Gin?- Zoro prestó por primera vez atención a su entorno desde que se había levantado.

Mientras salía el profesor de gimnasia, en la clase entró el chico canoso con la mochila colgada a al hombro, estaba nervioso, pero eso solo lo notaba él mismo y Zoro, para los demás sus ojos solo veían un chico con una escalofriante sonrisa.

-¿que hace ese aquí?- preguntó Helmeppo de mal humor, como siempre.

-se cambia a nuestra clase.- informó Robin.- es simplemente por que nos cuadre el numero de estudiantes por clase que varió con la marcha de Usopp.

-pues que casualidad que precisamente él venga a cuadrar a la clase de Zoro- dijo Law.

-es que lo profesores ya vimos que se llevaban bien, y a él no le importaba ¿alguna otra pregunta? ¿no? Bueno, Gin, puedes sentarte.

-si.- el canoso paso entre los alumnos consciente de que era objetivo de todas las miradas, y no era precisamente de bienvenida. Cuando se sentó se sintió aliviado de estar en ultima fila, le gente no iba a dedicarse a echarle miradas desaprobatorias sin tenían que volver el cuello.

Miro la superficie de su mesa, en ella había un pequeño trozo de papel, levantó la vista para ver que Zoro lo miraba de reojo. Abrió el papelucho y leyó "no les hagas caso".

Sonrió. Parecía que por lo menos esa vez, alguien si le daba la bienvenida.


El empezar de la clases se convirtió en una competición de a ver quien se agobiaba más, sobre todo porque a la tercera hora se dieron cuenta de que los profesores iban a tener en la boca de manera contante la palabra maldita, "selectividad".

En cuanto a Gin, fue ignorado por el resto de compañeros menos por Zoro, claro está. Los dos tampoco tardaron mucho en darse cuenta de que a pesar de estar en la misma clase se iban a ver poco mas que el año pasado por culpa del profesor Aizen que no dejaba de mandarle trabajo a Gin. Ni tan si quiera le dejó tranquilo en el recreo, donde sus amigos ya le mostraron su desacuerdo con el chico.

Zoro ya había pensado a plantearse sobre el rumor que había sobre Gin y Aizen. La verdad le daba igual si estaban juntos o no, pero tal y como estaban las cosas hubiera sido lo mas probable, y la cantidad de trabajo que le mandaba al canoso le hacia pensar que era para pasar mas tiempo juntos.

Pero lo que más le sorprendió en cuanto a Gin fue Luffy, él siempre había sido una chico abierto, simpático y no se dejaba llevar por rumores, sin embargo había ignorado completamente a Gin, incluso más que el resto de la clase, y no solo eso si no que le daba toda la sensación de que no quería que Zoro hiciera amistades con él ¿en que se basaba? Pues aparte de ignorar a Gin, Luffy, evitaba por todos lo medios que pasaran tiempo juntos, lo llevaba a rastras, los interrumpían en medio de conversaciones... entre otras cosas.

A pesar de todo la semana pasó sin incidentes, y el viernes todos salían del edificio con alegría y cansancio considerable.

Luffy y los demás se habían ido corriendo como era normal un viernes, y Gin había sido interceptado por el profesor Aizen antes de salir del edificio, por lo que Zoro caminaba solo en dirección la salida.

Pasó por la puerta principal saliendo completamente del colegio, no vio a Mihawk por ninguna parte.

-tranquilo, puede que solo se haya retrasado.- se dijo a si mismo. Se maldijo por sentirse siempre tan inseguro, ya había pasado una semana y todavía no se había atrevido a ir en bici hasta la escuela solo por su paranoias. -me siento como si fuera una carga.

-¿hola que tal?- dijo una voz tras de si. Se giró con rapidez, era Ace.

-ho.. hola ¿que haces aquí?

-quería invitarte a comer.

-¿hoy? ¿Ahora?

-claro ¿si no que haría yo aquí?

-pero es que hoy... vienen a recogerme.

-puedes avisarles por teléfono.

-pero es que ya tiene que estar de camino aquí.

-Zoro- frunció el ceño.- ¿me estas evitando?

-no te estoy evitando ¿por qué tendría que hacerlo?

-yo tendría que hacer esa pregunta. Llevas desde principios de septiembre dándome largas.

-simplemente he estado ocupado con lo exámenes.

-¿pues entonces que más te da ir a comer conmigo un día?

-ya te he dicho que me vienen a recoger, ademas, tengo trabajo.

-un viernes- dijo en tono de "no me lo creo".

-si, un viernes.

-¿y si le pregunto a Luffy que tenéis de trabajo?-no hace falta decir que la pregunta le cabreó bastante.

-¡pues preguntáselo! ¡Vete a casa corriendo y preguntáselo!- quiso irse pero el pecoso le jalo del brazo.- ¡suéltame!

-¿pero que te pasa? ¡No te he dicho nada para que te pongas así!

-¡me acabas de llamar embustero en toda mi cara!

-¡porque se nota que me estas mintiendo! ¡Vamos Zoro! Primero te da por evitarme y ahora este numerito ¿se puede saber que te pasa?

-¡no me pasa nada! ¡Y aunque me pase no te importa!

-¡claro que me importa! ¡Todo lo que tenga que ver contigo me importa!

-¡a ti lo único que te importa es echar un polvo!- se deshizo del agarre y se fue dando la espalda al otro que se quedó en la cera descompuesto.

Anduvo a paso acelerado hasta esquina mas próxima donde se cruzó con el coche de Mihawk que al verlo paró en cuanto pudo.

-¿que haces aquí?

-esto... es que como tardabas...

-bueno, sube.- el peliverde se sentó en el asiento del copiloto y resopló cruzándose de brazos y desliándose por el respaldo.- ¿va todo bien?

-si...- dijo con la voz apagada.- solo estoy cansado- cerró los ojos y, como siempre, cuando Mihawk lo recogía se quedaba dormido.


Noyiko trabajaba concentrada en su ordenador, casi evadida del mundo.

-Noyiko,- entró Nami en su habitación.- te traigo la merienda de parte de mama.

-ah, gracias, dejala en la mesita.- dijo sin apartar la vista de su trabajo.

-esto... Noyiko.

-¿que?

-es que en la mesita esta Ace.- dijo señalando con una cabeza al chico pecoso que estaba sentado en la mesa escondiendo su cara tras las rodillas flexionadas entre su brazos enlazados, daba un poco de miedo porque de el salia un tremenda aura purpurea.

-ah, si, es verdad, entonces dejala aquí- dijo haciendo sitio en su escritorio.

-¿que le pasa?.

-que se ha peleado con Zoro, ha venido a contármelo pero yo estaba tan concentrada en el trabajo que he pasado de él, así que ha decidido esconderse en si mismo.

-¿se han peleado? ¿Cuando?

-hoy, por lo que he entendido Ace fue a recogerle para ir a comer pero Zoro se negó.

-ah, entonces fue después de que nosotros nos fuéramos, se quedó esperando al nuevo amigo ese y le dejamos en tierra.

-ains...- suspiró Ace apoyando la sien en las rodillas y mostrándoles su cara de tristeza.- no sé que le pasa, últimamente esta muy raro, es como si me tuviera miedo.

-Ace ¿por casualidad no has pensado en que podría estar ocupado de verdad?

-¿pero con que?- exclamó casi cayéndose de la mesita, por lo que se sentó en ella.

-pues en otras cosas que no seas tu, él también tiene su vida. Y sinceramente, tal y como me lo has contado eres tu el que lo a hecho mal. No puedes aparecer por la cara y esperar que te siga a donde quieras, sobre todo si sabe que eres un pirulo inquieto y como termina a cosa.

-pero..

-nada de peros, Ace. Si de verdad le quieres llámale y haz las paces con él, pídele disculpas.

-pe.. pero.. ains... yo solo quiero ser lo único en su vida.

-"solo" dices, creo que eso es pedir demasiado, y si sigues forzándolo a ello no solo no conseguirás ser lo único si no que no serás nada. Si de verdad lo quieres debería bastarte con estar a su lado.

-si- dijo en un suspiro- puede que tengas razón.

-claro que la tengo. Venga, llamalé y haz las paces con él.

-no que me da miedo.

-¡entonces como quieres estar de buenas con él so cazurro!

-mañana lo llamaré que se la habrá pasado el cabreo.

-¡no te comas mi merienda!

-¿porque no sois pareja vosotros dos?- pregunto Nami observando la escena.


Zoro cogió aire como si acabara de salir a la superficie del agua. Otra vez se había despertado en mitad de la noche por culpa de una pesadilla. Se limpió con la manga del pijama la frente llena de sudor y cerró los ojos notando como su pulso se tranquilizaba.

-tengo sed...

Se levantó de la cama y fue hasta la cocina, no le hizo falta encender una luz en el trayecto puesto que por los amplios ventanales se colaba el intenso resplandor de la luna llena.

Se bebió tres vasos de agua que pasaron uno detrás de otro por su garganta.

-puff...- bueno, otra noche sin dormir. -Al menos le quedaba el alivio de que era la madrugada del sábado y que cuando saliera el sol no tenía que ir al colegio.

Volvió sobre su pasos, todo estaba en silencio, no se oía nada más que el típico viento que siempre azotaba la casa y a la ciudad y... una puerta chirriaba.

La puerta esta en su dirección, así que de paso fue a cerrarla. Se sorprendió un poco, era la habitación de Mihawk, pero no era por eso, si no que él... estaba durmiendo. Eso no tenía nada de raro en si pero nunca se lo imagino durmiendo, podría hasta decir que era una de la últimas cosas que esperaría ver de Mihawk.

Dormía bocabajo con los brazos escondidos bajo la almohada, su expresión era tranquila y inspiraba y expiraba profundamente y... no tenía camiseta.

Sin saber porque se sonrojó y cerró la puerta con miedo a que lo descubriera.

-¿pero que demonios me pasa?- Fue a paso rápido hacia su habitación pero en el camino encontró otra parada. Era la sala de lectura.

Entró, y como era de esperar estaba vacía y silenciosa. Se sentó en el sillón, sintiéndose muy raro. Acarició uno de los brazos del asiento y inspiró cerrando los ojos.

-huele a él-. Apoyó la cabeza en una de las orejeras del sillón y puso los pies sobre el cojín. Solo esperaba descansar lo ojos un rato, pero enseguida se quedó profundamente dormido.


-señorito- le intentaba despertar Hermes.- señorito despierte.

-mm...- empezó a estirazarse con los ojos cerrados, al abrirlos y ver donde se encontraba le dio una ataque de vergüenza – yo.. yo... es que no podía dormir y...

-no se preocupe, el señor Ace le llama.

-¿me llama? ?Pero que hora es?

-las doce, señorito.

-¿que? ¿Y no me habéis despertado? Pero.. entonces Mihawk...

-tranquilícese, el señor a sido el primero en encontrarlo aquí y a dicho que le dejaramos dormir.-le dio vergüenza pensar en ello.- Tome, aquí tiene el teléfono.

-Gracias.- el mayordomo se fue.- ¿Ace?- contestó al teléfono.

-¡hola mi arbustillo!- estaba claro que ya se le había pasado el cabreo del día anterior.- ¿como estas?

-recién levantado..

-ah, perdona, no quería despertarte.

-no te preocupes, creo que ya era hora de que me fuera levantando.-dijo bostezando.

-vale...- silencio- Zoro, yo.. quería pedirte perdón por lo de ayer, no estuvo muy acertado presentarme así por la buenas. Es que... tenia ganas de verte y... eso ¿me perdonas?

Zoro suspiró.

-si, te perdono, ademas creo que yo también me pasé. Lo siento, últimamente no estoy en mis mejores facultades.

-no te preocupes, yo te perdono porque soy bueno y bondadoso y justo y amable y guapo y..

-humilde.

-sobre todo.- rió- oye... ¿tienes algo que hacer esta tarde? Me gustaría quedar contigo.

-pues... yo... no estoy...

-venga- le rogó haciendo un puchero.- por favor.

Pensó racionalmente, aun tenía heridas en el cuello, pero podía ponerse un pañuelo, y la de la espalda tardaría lo suyo en desaparecer pero... por otra parte, porque quedara con él no significaba que tuviera que pasar algo.

-bueno, esta bien.- dijo finalmente no muy seguro.

-¡estupendo! ¡te recogeré sobre las cinco!

-¡eh! ¡Espera!- pero ya había colgado. El peliverde resopló. -no cambiara nunca.


Ace le recogió a la hora acordada y le llevó en su moto por la ciudad.

Fue todo muy raro, si tuviera que expresarlo de alguna manera es como si le hubieran metido en una película romántica. Pasearon por el parque, merendaron en una heladería, fueron al cine y, finalmente cuando el sol ya empezaba a ponerse Ace lo llevó a la playa, al mismo sitió que hace un año.

Verdaderamente se comportó como el hombre perfecto. Creó un aura de paz para el peliverde e incluso consiguió que se olvidaran todo los malos royos, se le fuera la paranoia y dejara de sentirse inseguro.

Y ahí estaban, tal y como hace un año, mirando la puesta de sol; Ace cantaba y Zoro apoyaba a cabeza medio dormido en su hombro.

-ey,- dijo el pecoso frotándole el hombro.- creo que ya es hora de irnos.

-vale.-dijo estirando los músculos de los brazos.

Se levantaron y volvieron a la moto.

-agarrate.- Zoro enlazó sus manos en la cintura del pecoso y la moto arrancó. Todo iba bien, como siempre, ellos dos en la moto y nada más pero...

-Ace, sé que yo no tengo muy buena orientación pero creo que este no es el camino.- dijo a contra aire.

-ya lo sé. Quería terminar la velada con una cena romántica en mi casa.

-¿que? No pensara en... no, no puede ser, no estropearía el final solo por echar un polvo.

Llegaron al piso, todo estaba completamente vacío. Según le dijo Ace, había mandado a Luffy a entretenerse en casa de Nami, así todos ganaban.

Se sentaron en el sofá donde Ace lo fue preparando todo.

La cena romántica consistía en unos espaguetis con tomate y albóndigas, estaba claro que la noche anterior se había visto La Dama y el Vagabundo porque incluso se le ocurrió compartir el plato. Pero fue un bonita velada, en vez de tener las luces había puesto velas acompañadas por música relajada.

-¿de que libro has sacado todo esto?

-ayer tuve una larga charla con Noyiko ¿no te gusta?

-mm...- paseó sus ojos por todo y después asintió mirando su plato- admito que no soy muy de esto pero... muchas gracias por preparar lo todo.

-por ti lo que sea- se sonrieron.

De repente Zoro se llevó la mano a los brazos en un escalofrió.

-¿tienes frío?

-un poco, voy a por la sudadera, que la dejé en tu cuarto.- entró en la habitación a oscuras. Su sudaderas estaba sobre la silla del escritorio. Iba a cogerla pero antes de que sus dedos pudieran rozarla Ace le abrazó por detrás agarrándole la muñeca.

-no necesitas la sudadera para sentir calor.-le besó en la mejilla y empezó a bajar por su mandíbula.

-no Ace espe...- su temblorosa se apagó en la boca de del pecoso cuya lengua empezó a recorrerle toda la boca.

Sintió que le faltaba el aire, las rodillas le flaqueaban y el pecho le dolía.

-no- se apartó de él pero estaba tan nervioso que tropezó y calló en la cama.

Ace se le echó encima y volvió a besarle mientra sus manos se paseaban por su torso. Forcejeó intentando quitárselo de encima pero el pecoso era como una lapa. Cada vez le costaba más respirar, sudaba y temblaba a la vez. No sabía si era por eso pero el hecho era que ademas de todo no dejaba de recordar la noche que lo secuestraron.

Las voces, las risas, el cuchillo en su cara, los golpes, el humo, la cama, y sobre todo... aquel hombre.

Una mano jugaba son sus pezones mientra la otra bajaba sinuosamente hacia su entrepierna, por último quitó los labios de su boca y los puso cerca de el pañuelo que este llevaba. Entró en panicó cuando noto como el pecoso intentaba quitárselos con los dientes.

-¡no!- lo consiguió apartar de si de un empeñón.

-¿pero que te...?- Zoro le cruzó la cara de un guantazo, seguía teniendo la respiración agitada y se miraba la mano, el mismo no se creía lo que acababa de hacer, se retiró como asustado hasta que su espalda dio con la pared, cruzado de brazos escondió su cara en las rodillas. Ace, por su parte, lo miró perplejo con un mano puesta en la cara aún mas incrédulo que el otro; no lo comprendía, todo era perfecto y en par de segundos se había caído todo el imperio, le invadió un sentimiento de culpa.

-Zoro... yo...

-¿porque demonios no paras cuando te lo digo?- le gritó sin levantar cabeza. Ace no supo que decir, se acercó temerosamente recogiendo la cara del peliverde con sus manos. Tenía los ojos lagrimosos.

-Zoro lo... lo siento, yo solo quería hacer las paces contigo, no quería que pasara esto. De verdad, yo te quiero más que a nada, solo quiero que estes bien conmigo yo...- no sabía de que mas maneras disculparse.- durmamos hoy juntos, aquí, tu y yo, solo dormir y... mañana lo veremos de otro modo ¿ok?- le puso una sonrisa intentando cubrir su preocupación, miedo, culpabilidad y tristeza.

Zoro, aún con el corazón encogido y sin mirarle, asintió.

Se tumbaron en la cama. No quiso verle, así que se puso de espaldas a él; Ace lo abrazó toda a noche con miedo de que si lo soltaba le faltara tiempo para salir por la puerta.

Apenas durmieron esa noche.

La última vez que Zoro miro el reloj antes de que el sueño se apoderara de él eran las siete y media de la mañana.

Al abrir los ojos de nuevo se encontró solo en la cama. Se levantó y fue a la cocina donde Ace le recibió con tostadas, salchichas, huevos fritos, zumo y una sonrisa.

No hablaron de la noche anterior, intentaron quedarse con ese bonito momento cotidiano y despedirse, como siempre, a las puertas de la mansión negra.

-¿puedes quedar el miércoles que viene?- le preguntó el pecoso antes de irse, el asintió. Tal vez no debió hacerlo, tal vez debería haber cortado por lo sano, tal vez no debió haberle dado aquel beso de despedida en los labios que siempre le daba, tal vez...

De verdad quería hacer como si nada hubiera pasado, como si todo estuviera igual que siempre, pero no era así, él ya no podía estar con él si cada vez que se veían Ace le hacía sentir de esa manera.

Decidió para si mismo que la próxima vez que le viera sería el final para ellos dos.

Continuará...