Capítulo 24.
Severus estaba de pie, frente a la gárgola y golpeaba la piedra de la escalera que conducía a la oficina del director, con un pie. Dumbledore lo había hecho esperar por unos veinte minutos y el Maestro de Pociones estaba impaciente por terminar con el asunto par poder ponerse a planear con mucho cuidado, como atraer a Hermione hacia él.
La noche se desplegó frente a él y lo inundó con un potencial terror. Se permitió imaginar a la jovencita mirándolo y con una enorme sonrisa en la cara, al descubrir que el hombre al que amaba, era de hecho, su más odiado y asqueroso profesor de Pociones. Severus resoplo. Mas bien, le darían ganas de vomitar a la pobre chica, pero, por supuesto, ella era demasiado amable para demostrarlo. Seguramente intentaría hacer lo más fácil posible, la transición. Posiblemente pidiera algún tiempo libre.
Se movió un poco y aclaró la garganta, incómodo. No, eso no estaba bien. Ella podía ser joven, pero no era una hueca, y cuando amaba, lo hacía profundamente. A pesar de lo que Severus sabía que tenían en contra, se sintió...esperanzado.
Minerva McGonagall subió por las escaleras y miró a Severus de soslayo.
"Sr. Prince," dijo ella con una mueca de desaprobación.
"Minerva," replicó él, con aplomo.
La boca de ella se transformó en una delgada línea. "Así que ya recuerdas..."
"Eso parece." Severus cruzó los brazos sobre el pecho y la miró con desdén. "Y no voy a olvidar tu parte en esto."
"Por qué tengo la sospecha que no habrá un gracias, como sería apropiado, Severus?"
"Porque a pesar de haberle permitido a Dumbledore llevarte de la nariz como a una vaca, siempre fuiste una mujer astuta. Tienes razón. Fue difamación, no aprobación." Su voz sonaba fría como un viento invernal pasando entre los dos.
"Trate de advertirte, ingrato." La mano de Minerva fue a colocarse sobre el cuello, mientras se alejaba de el, asustada por el tono de su voz.
"Trataste de advertirle a alguien que pensaba que era un joven de 18 años, que no podía estar con una chica, a la que consideraba la mujer ideal." Severus movió las manos con impaciencia. "Pero ese no es el asunto al que me refería. Seguro te diste cuenta de lo que Dumbledore planeaba. Después de todo, si su objetivo era protegerme, por que esconderme a plena vista?"
"Desde cuando Albus se molesta en comunicarnos sus planes?"
"Un buen punto Minerva. Sin embargo, Hubiera sido bueno que nos informara lo que estaba haciendo cuando exponía a la Srta. Granger frente a Lucius Malfoy, como un pedazo de carne. Tal vez podríamos haber pensado un plan mejor, que no involucrara a la hechicera más brillante de su generación o que la pusiera en peligro mortal. Tal vez había otra manera de hacer las cosas y evitarle a Hermione horas de tortura bajo el sagaz filo del cuchillo de Lucius." Se inclinó hacia la mujer y le susurró al oído. "No te parece que había mejores maneras de atraer a Lucius hacia mí, en lugar de hacer que encontrara a mi amante de 18 años desnuda, destrozada y medio enloquecida por el miedo?"
"Oh!" Severus escuchó una voz femenina sollozando. Se dio vuelta para ver a Poppy Ponfrey de pie frente a él y sosteniendo una mano sobre la boca. Tenia un brazalete de cobre en la muñeca.
"Poppy..."La voz de Severus se puso más suave para dirigirse a la mujer que había actuado como su madre cada vez que la suya no había podido. Se veía avejentada y ajada y la boca de Severus se deformó en una mueca ácida. La anciana medimaga jamás debió ser cargada con el peso de sus años.
"Severus, es verdad?" Una lágrima corrió por la arrugada mejilla de la mujer. "Pensé que estábamos ayudándote hasta que pudiera terminarse de crear el antídoto. Mi querido niño! Pensé que seria un alivio que pudieras olvidar! Lo siento tanto!"
"Tú eres parte de esto?" La voz de Severus sonaba muy joven. "Oh, Poppy! Tu me conoces mejor que eso!"
"No sabía! Albus dijo que te cuidaría!"
"Oh, sí. Albus me iba a cuidar. Claro, como no."
Los tres fueron interrumpidos cuando el Director abrió la puerta de su oficina. Remus Lupin estaba esperando adentro.
"Es una broma? Involucraste al hombre-lobo también? Por amor de Dios! Tengo que esperar que también aparezca Longbottom?" Severus se abrió paso empujando a los dos hombres hasta los sillones. "Terminemos con esto. Tengo muchos asuntos que atender."
Severus se paro en medio del pentagrama. En cada punta se hallaban, Poppy Ponfrey, Minerva Mcgonagall, Remus Lupin y Albus Dumbledore. La quinta esquina se hallaba vacía, y el Maestro de Pociones supuso que era el lugar de Alastor Moody. En su lugar, el Director había puesto un pedestal con el brazalete de cobre del Auror.
"Poppy, quieres comenzar? Como te indique," dijo Dumbledore.
La boca de la medimaga era una línea de infelicidad. Alzo su varita y pronuncio. "Eram quod es, eris quod sum." El brazalete cayó de su muñeca y un hilo de horrible magia gris comenzó a salir de los poros de su piel hacia el aire. Cuando se separó de ella, Poppy se paró mas erguida y, de pronto, pareció verse mas joven, como si una gran carga hubiera sido levantada de sus hombros. Cuando la última onza de magia salió de ella, Severus se puso rígido.
Ya había recobrado sus más dolorosos y volátiles años cuando Moody murió. Había sido un Mortífago desde los 18 a los 23 años, y las torturas que había sufrido a manos de Voldemort, habían decorado su cuerpo con las peores cicatrices. Mientras los años que había estado cargando Poppy, regresaban a él, sintió pequeñas cicatrices por quemaduras aparecer en sus manos y piernas, producto de varios accidentes, culpa de sus tontos alumnos en las clases de Pociones.
Cuando todo el vapor gris había sido absorbido, se paro derecho y se veía como un hombre de 28 años.
Remus Lupin movió su varita y pronuncio, "Eram quod es, eris quod sum." Esta vez, Severus sintió algo del cambio. Sonrió. había recibido su primer par de botas de cuero de dragón y una túnica a prueba de pociones para su cumpleaños número 29. habían reducido notablemente las heridas. Todavía podía sentir la sensación suave de esos cinco años, asentarse sobre él, haciéndole la visión un poco borrosa y produciendo algunas líneas en un rostro de 33 años.
Minerva McGonagall dio un paso al frente y Severus aguantó la respiración. Los próximos cinco años habían sido particularmente difíciles para el espía. Había sido forzado a regresar con Voldemort y había sufrido muchísimo debido a la desconfianza del oscuro hechicero con respecto a las lealtades del Maestro de Pociones. Severus había tenido que soportar la maldición Cruciatus por larguísimos momentos, además del abuso físico que significaron los primeros días después de reincorporarse a las huestes del Señor Tenebroso. Cuando la Profesora de Transfiguraciones murmuró, "Eram quod es, eris quod sum.", Colapsó en el suelo, a medida que sus huesos se rompían y volvían a soldarse. Parpadeó y abrió la boca en un silencioso aullido de dolor, y una solitaria lágrima se deslizó desde la esquina de su ojo hacia un costado de la frente.
Poppy se adelanto para ayudarlo, pero una aguda mirada de Dumbledore la detuvo.
Aguantándose las náuseas, Severus se arrastró hasta ponerse nuevamente de pie, haciendo un gesto de dolor cuando uno de los huesos de su cadera hizo un ruido. Lucius había tomado un gran placer, destrozándole esa articulación en particular, con la punta de sus botas reforzadas. Los familiares dolores de su cuerpo de 38 años se asentaron sobre él, como una mortaja. Hizo otro gesto de dolor al mover cuidadosamente, el hombro que había sido dislocado repetidamente.
"Se volvió para mirar a Dumbledore. "Puedes considerar esto como mi renuncia. Habré desocupado mis habitaciones en una semana."
Los azules ojos eran solemnes detrás de las gafas en forma de media luna. "Quisiera que reconsideraras, a pesar de la mancha que hay entre tu y yo. De verdad eres un profesor excelente, Severus."
"Sabes muy bien que soy un profesor malísimo. Siempre odie enseñar y eso se noto, sin dudas. Además, ahora que me has demostrado, por la fuerza, que solo soy una peón de ajedrez para ti, no me quedaría ni aunque me lo ruegues. Una vez que Hermione se gradúe, no tendré mas lazos con este lugar."
"Oh, Severus! No esperaras una declaración de amor de una chica que ni siquiera sabe quien eres!"
"Minerva, por una vez en tu vida, cierra esa mojigata boca tuya." El Maestro de Pociones se sacudió la ropa y con las manos, las transfiguró en su atuendo habitual. "Ahora, si me permiten..."
Severus Snape salió de la habitación, llevándose los andrajos de su dignidad como si fueran las ropas dignas de un rey.
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Hermione gimió al entrar al Invernadero Once. Alguien había puesto cientos de velas contra las ventanas, envolviendo el lugar con su cálida luz. También había velas flotando en el estanque de los jenetts y en aire sobre su cabeza. Todo el lugar estaba lleno con la suave y dorada luz, y su corazón saltó al pensar en todo el trabajo que Severus se había tomado para crear una atmósfera romántica.
Miró alrededor y finalmente lo vio, allí parado, de espaldas a ella, debajo del árbol de la esquina. Parecía que estaba mirando hacia fuera, pero estaba tan oscuro que ella imaginaba que lo único que podía ver, era su propio reflejo en los vidrios. Se paso un dedo entre las cejas y sobre las arrugas en la piel alrededor de los ojos. Sus hombros parecían caídos, como si estuviera derrotado.
"Hola,", dijo ella con amorosa calidez.
"Hermione." El no se movió y ella entendió. El conocimiento nacía de ella como el sol sale en la mente del soñador. Su voz había perdido los suaves tonos de la adolescencia y se había vuelto mas profunda, en los tonos afectados por el whiskey del Profesor Snape.
"Hola Severus." Dijo ella esta vez, pero con el mismo calor de antes.
El Maestro de Pociones se dio vuelta para mirarla. "Lo sabes? Lo sabias?"
Hermione observo el rostro que tanto amaba. Si, sabía que él era Severus Snape y sabía como se veía en su forma adulta. Sin embargo, un recuerdo era totalmente distinto a tener al hombre de verdad frente a ella, en toda su cínica gloria. Después de todo, sus ojos lo habían visto de manera diferente. Ahora entendía que ese ceño fruncido que tanto terror había causado, durante tantos años en el salón de clases, era, en verdad, la marca de un hombre que había sido usado y forzado en una profesión que detestaba. La boca que estaba rodeada de arrugas demasiado profundas para alguien de 38 años, era la boca de un hombre al que se le había negado consistentemente el afecto. Pero sus hermosas y delgadas manos, eran las mismas. podía ver a ambos, a su amante y a su meticuloso profesor, y los músculos de su estómago se tensaron al recordar esos inteligentes y suaves dedos sobre su piel.
"Si," susurro ella.
El color comenzó a llenar el rostro de él. Se acerco un poco.
"Era...era eso lo que tratabas de decirme cuando me fui esta mañana, para ver a Albus?" El se miraba las botas de dragón como si allí residieran los secretos del corazón de Hermione. El rostro de Severus estaba limpio de cualquier expresión, pero ella lo conocía lo suficiente para saber que estaba aterrorizado por su respuesta.
Hermione se acerco mas a él y Severus levantó la vista de pronto para mirarla a los ojos.
"Por supuesto," Hermione estiró las manos para tocar su ropa, deslizando los dedos sobre las solapas. "Y te lo diré de nuevo. Te amo, sin que nada me importe más." Lo acercó hacia ella, pero él, era como una estructura remachada al suelo.
Su rostro tenía una expresión angustiada cuando dijo, "Pero soy mucho más viejo que tu, mi querida. Seguramente tenías la expectativa de una vida con un hombre más joven que yo, cuando dijiste que me amabas." Las enormes manos de él, cubrieron las pequeñas manos de ella, mientras descansaban sobre su pecho.
Hermione se aproximo mas, hasta que su cuerpo estuvo apretado contra el suyo. "Tengo la expectativa de vivir una vida con el hombre al que amo, tu, gran tonto. Ahora cállate y bésame."
Eso era todo lo que él necesitaba escuchar.
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El Maestro de Pociones envolvió a su amante con sus brazos y la acercó hasta su cuerpo, tan apretadamente que no podía verse ni un atisbo de luz entre los dos. Una sonrisa apareció en los delgados labios de el, mientras acariciaba el cabello de Hermione con un brillo exultante en los ojos. Tenía la mirada enfocada en la de ella, acercando su boca a la de ella, lentamente, para darle tiempo a que se apartara de el, si así lo deseaba.
Mientras su boca hacia contacto con la de ella, la observaba con cuidado en busca de signos de repulsión o de desagrado. Se sintió sorprendido cuando los ojos de Hermione se cerraron e hizo un ruido que nacía desde el fondo de su garganta y que denotaba, a gritos, deseo. Ella abrió la boca y succiono gentilmente el labio inferior de el. Entonces, Severus se perdió en la sensación. Sus ojos también se cerraron y sus hermosas y cuidadosas manos se deslizaron hasta el trasero de ella, para presionar su abdomen con fuerza contra su creciente erección.
Ella lo deseaba. Ella lo deseaba. Ella lo deseaba, a el.
La aparto un poco de su cuerpo para desabotonar su ropa. Dejo su túnica sobre el suelo, al lado del estanque de los jenetts y la transfiguró en un colchón. Se enderezó para regresar a la tarea de mirarla y para encontrarla observándolo con ojos ardientes de deseo, y su miembro se estremeció por su femenina expresión.
Hermione apunto al colchón. "Acuéstate."
Él alzo una ceja.
"Hazlo, Severus. Quiero explorar cada parte de ti."
No era la clase de hombre que aceptaba bien las ordenes, pero la forma en la que ella había dicho Severus, no dejaba lugar a dudas. Tenía tanta claridad y belleza al salir de sus labios, que estaba seguro que si tomaba su nombre entre sus dedos y lo sacudía, sonaría como una campana. Después de quitarse el saco, se recostó y se alzó sobre los codos con una sardónica expresión que parecía decir, Y bien?
Inhalando temblorosamente, Hermione se pasó las manos sobre los pechos y se arqueó levemente. "Sé que te resulta difícil creer que te deseo, pero no creo que tengas idea de lo muy hermoso que te ves justo ahora. Tus ojos están ardiendo y te ves tan bien de negro." Su lengua apareció para humedecer sus labios, y comenzó a desabotonar su camisa.
Los ojos de el estaban fijos en cada porción de piel que era descubierta. Severus gruñó al ver que se había puesto un brassier verde con breteles de encaje. Se sintió feliz de haber puesto un hechizo de ocultación alrededor del invernadero. El Maestro de Pociones era un hombre posesivo y no quería que nadie mas viera a su hermosa Hermione parada frente a el, y estremeciéndose por la lujuria.
Las manos de ella fueron a parar sobre la falda para deslizarlas hasta quitársela. Encajó los pulgares en la cintura, y la boca de Severus se puso seca cuando vio unas bragas que hacían juego con el brassier. Severus se sentó y estiró una mano para tocar su suave cadera. Se puso serio cuando ella le golpeo la mano para quitarla de allí.
"Ah, ah, ah. Yo seré la que explore primero." Hermione se puso de rodillas y luego a horcajadas de la cadera de el. Presiono sus labios con los de Severus juguetonamente y abrió su camisa, haciendo saltar los botones en todas direcciones. "Mmmmmm." Dijo ella con aprecio. "Acuéstate," Severus hizo lo que le pidió y su camisa y el saco quedaron abiertos sobre el suelo como alas. "Creo que tienes un poco mas de músculos ahora."
Él sonrió. "Así era más fácil posible, recuperarme de los castigos de Voldemort, aunque creo que me estas adulando desvergonzadamente." Severus la toco en los labios. "Continua, por favor."
Una secreta sonrisa apareció en el rostro de ella. Desabotonó los pantalones y liberó su erección, inhalando con fuerza cuando vio una profunda y deformada cicatriz en su bajo abdomen. La toco con suavidad.
"Lucius Malfoy. Esa estuvo cerca." Se rió secamente, luego se maldijo cuando vio la sombra que descendió sobre el rostro de ella. Acaso era un idiota? En que estaba pensando al nombrar a ese psicópata en la cama?
Observó como sus ojos se ponían más oscuros antes de escucharla sisear. "Me alegra que ese bastardo este muerto. Te amo tanto. Y te amo todavía mas por haberlo matado por mí." Su rostro estaba lleno de bravura, cuando puso su cabello a un lado y se inclino para ponerse el miembro de el en la boca.
Observar como su órgano desaparecía dentro de su boca era una de las cosas más eróticas que había visto en su vida. Allí estaba ella, sentada sobre sus piernas, vestida solo con esa ropa interior verde y su pequeña mano en la base de su enorme pene. Sus labios alrededor de su piel, mientras movía la cabeza, estimulándolo. Podía escuchar suaves sonidos de succión mientras su órgano entraba y salía de su boca. Hermione alzo un poco la cabeza y le dedico una picara mirada, mientras la punta de su lengua jugaba con la pequeña hendidura en la cabeza de su pene. De repente, él sintió que era insoportable no poder tocarla.
Se sentó, tomándola del cabello mientras su otra mano se deslizaba hasta su trasero y más abajo, entre las piernas. Su órgano salió de la boca de ella con un sonido mojado y sus labios se abrían y gemía, al presionar su cuerpo contra la mano de Severus. Ella murmuro un hechizo y su palma quedo cubierta de lubricante. Luego volvió a acariciar y a lamer su miembro mientras él, metía dos dedos debajo de la ropa interior y los deslizaba sobre su empapada vagina. Ella se estremeció pero no dejo de moverse rítmicamente sobre el. Su lengua se deslizaba sobre la gruesa cabeza y la succionaba con fuerza. Él maldijo y alzó un poco la cadera. Dios, solo el calor de su boca, hace que casi se descargue. Con suavidad, la apartó un poco y la urgió para que se recostara.
Cubrió el cuerpo de ella con el suyo y se frotó contra esa sensible parte de ella, entre sus piernas. Ella gimió y puso sus piernas alrededor de su cintura. "Oh, Dios, sí. Por favor." La voz de Hermione sonaba jadeante y se quebró cuando él volvió a frotarse contra ella. "Por favor, Severus."
"No." El quito una de las manos de ella que estaba en su cabello y se la llevo a la boca, lamiendo la piel entre los dedos. Sus ojos estaban pegados a los de ella y Hermione se lamía los labios mientras él, con suavidad, deslizaba su lengua sobre la tierna piel y frotaba su duro pene contra su vulva.
"Quiero hacerlo...Severus...lo necesito...por favor."
"No," repitió él con infinita paciencia.
Él soltó su mano y se apartó de ella para poder quitarle esas verdes bragas. Los ojos de ella se agrandaron al darse cuenta de lo que iba a hacer. "Tendré un orgasmo tan pronto como comiences."
"Esta bien. Luego haré que tengas otro."
Hundió su cara entre las piernas de ella y gimió al percibir su dulce esencia. Estaba increíblemente mojada y el se dedicó a lamerla, deslizando su lengua sobre los húmedos labios y alrededor del clítoris. Se vio forzado a sostenerle la cadera, porque ella no dejaba de moverse y flexionarse, tratando de incrementar la presión. Severus deslizó dos dedos dentro de su mojada vagina y observó mientras los flexionaba, deslizándolos dentro y fuera de ella. Su lengua regresó a su clítoris, y cuando escucho que su respiración comenzaba a hacerse mas agitada, añadió un tercer dedo dentro de ella y lamió unas tres veces mas sobre el duro botón de su amante.
Ella enterró los talones en el colchón y se vino, y él pudo sentir como su apretada vulva empapaba su mano por oleadas. Quito la mano y la penetro con su miembro, flexionando la cadera. Hermione estaba apretada como un guante y Severus apretó los dientes al sentir como su orgasmo lo apretaba y luego volvía a estirarse para acomodarse a su grosor.
Severus la beso gentilmente mientras ella volvía de las alturas. Pronto, sus ojos volvían a enfocarse y él le sonrió. "Te amo, Hermione."
"Te amo, Severus." El se movió contra ella y Hermione cerro los ojos.
"No pensé que se sentiría así de bien, tan pronto después del orgasmo."
"Solo aguarda, amor."
Él le imprimió a sus movimientos un suave ritmo, mientras le daba tiempo para recuperarse de la sensibilidad post orgásmica. Cuando la vio morderse el labio, supo que el fuego se incrementaba de nuevo en su abdomen, así que comenzó a moverse mas fuerte. La cabeza de ella se echó hacia atrás y fue a poner las manos, sin vergüenza, detrás de sus rodillas para que él pudiera penetrarla mas profundamente.
"Oh, sí. Dios, sí, Hermione."
"Por favor!" Gimió ella. "Mas, Dios, mas!"
Severus atrapo una de sus piernas y se la puso sobre un hombro. El golpeteo de sus muslos contra su trasero era un hermoso sonido mientras él seguía penetrando esa pequeña y apretada vagina. "Estoy tan cerca, amor..."
"Dios, Severus. Sí...mas profundo. Severus...Severus, Sev, Sev...SEV...oooooooohhhh...siiiiiiiii...OH! OH! SEVERUS!"
Y escucharla gritar su verdadero nombre, lo envió, finalmente, sobre el límite. El también gimió con fuerza y se descargó dentro de su amante, colapsando entre sus amorosos brazos. Mientras sus respiraciones volvían a la normalidad, él apretó su cara contra los rizos detrás de su oreja y susurró. "Has perdido tu oportunidad. Ahora eres mía, y nunca voy a dejarte ir."
"Gracias a Dios," respondió ella, temblando. "Gracias a Dios."
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N/A: Ok, ahí esta la cosa. Ya esta todo aclarado, no? Si terminara el fic aquí mismo, me matarían, no? Jeejejeee No. Todavía falta un poquito, pero por lo menos, ahora los dos saben que quieren estar juntos.
Ahora solo falta que Ron y Harry se enteren...BWAHAHAAHAHAHAHAAHAHAAA
Gracias por leer!
