ADVERTENCIA: Los personajes de Candy Candy, son propiedad de Misuki e Igarashi, usados en este fic, sin fines de lucro.

Historia ficticia. Todos los personajes nuevos, son exclusiva invención de esta autora.

Capítulo XXIV

Cambios II

Cuando amaneció, Albert se encontraba en su cama, con la misma ropa que utilizara el día anterior, pero abrigado con mantas que él no recordaba haber puesto sobre sí. No se asociaba cómo era que las frazadas había llegado ahí, ya que lo último que supo de él era que lloraba en los brazos de su tía en los sillones de la antesala de su habitación

-¿Ahora qué voy a hacer?- se agarraba la cabeza pensando- la tía querrá que le cuente todo y yo no puedo hacerle eso a Elisa

Albert caminó hacia el baño, se aseó, vistió y bajó a darle la cara al mundo, que en ese momento se llamaba Elroy

-Buenos días familia- fue el saludo del rubio a su tía y prima en el desayunador

-Buenos días- contestaron las dos mujeres y vieron como el joven se sentaba para recibir sus alimentos que ya estaban dispuestos en la mesa, solo le fue llenada la taza con un aromático café. Imposible no ver el mal semblante del joven patriarca

-Ayer te esperamos mucho tiempo Albert, mi abuela dice que llegaste muy tarde- Candy hablaba con preocupación, y Albert mirando a la anciana comprendió que su secreto estaba a salvo

-Se me pasó la hora en los quehaceres del trabajo que George me tenía acumulado- pobre George, se llevaba la culpa y ni siquiera había visto a Albert el día de ayer

-Te estuvimos esperando por algo que surgió en el colegio- comenzó a hablar Elroy- ayer tuve una reunión con la directora

-¿Con la directora?- la pregunta surgió con sorpresa de labios de Albert y un muy evidente ceño en esas cejas rubias

-Sí Williams, ella me llamó para ponernos al tanto de que Stear ha bajado mucho su promedio de notas

-¡Stear!, ¿dice que bajó sus notas?- Candy estupefacta- debe haber un error abuela, Stear y Terry eran los mejores en su clase

-Lo mismo le discutí yo a la directora, pero me mostró sus calificaciones y los exámenes en los cuales le ha ido peor y debo decir que es preocupante…

-Ya lo creo que es preocupante, Stear siempre ha sido sobresaliente en sus notas, es un chico estudioso y responsable- Albert sabía que el chico no sacaría malos resultados en sus exámenes si no fuera por algo grave

-El problema que me manifestó la directora, es que si él no recupera sus notas no podrá rendir el año y si tuviese que repetir curso, el colegio no lo aceptaría para el próximo

-¡Eso es muy injusto!- reclamó Candy

-Sí, yo también lo considero así. Stear siempre ha sido un chico muy responsable y dedicado en sus estudios, aparte de eso es muy inteligente…

-Sí Albert- se atrevió a interrumpir Candy- tienes mucha razón, es más, él ya tiene prácticamente decidido lo que quiere estudiar, y todo va dirigido a las ciencias

-Dígame tía, ¿Cuál fue la reacción de Stear?- Albert miraba a la tía esperando la respuesta

-La verdad es que no hablé con él, no se me permitió, solo me reuní con la hermana Grey- dijo y sorbió su té

-¿Pero cómo podremos ayudarlo si no hablamos con él?

-Es verdad Albert, quizás si tú vas a verlo…

-No creo que sea necesario ir hasta allá, estamos próximos al quinto domingo de marzo y ahí los chicos podrán salir del colegio sin que tengamos que hacer ningún escándalo- decía la anciana, ya que ella creía que llevando las cosas en forma delicada, era menos escandaloso que sacar a Stear del colegio un día cualquiera

-Tiene razón tía. Lo haremos así entonces, esperaremos el quinto domingo

-Yo también tengo algo que decirles- habló Candy cuando notó que el tema Stear, había pasado

-Dinos Candice, somos todo oídos- dijo la anciana mirando hacia su nieta con mucho orgullo, era muy bonita la chiquilla ahí sentada como toda una señorita, con su cabello solo tomado en una media cola, que la anciana no aprobaba del todo, pero viéndola con ojos de amor, Elroy aceptaba ciertos caprichos de su nieta

-Bueno- comenzó con cierto nerviosismo, frotando sus manos que se le habían helado de un minuto a otro- yo quiero entrar a estudiar enfermería…

-¿Por qué?- fue la pregunta casi inmediata de la anciana- tú no necesitas estudiar, eres una de las herederas más importantes de América y…

-Abuela, no me mal entienda, pero no puedo quedarme aquí, de brazos cruzados toda mi vida, esperando casarme y llenarme de hijos, yo necesito hacer algo con mi vida, y sé que la enfermería es algo con lo que podré ayudar

-Podemos levantar una fundación de la que tú te hagas cargo…

-Tía- la voz de Albert sonó fuerte y clara y para asegurar la atención de la anciana, Albert había tomado su mano- conozco a Candy mucho mejor que nadie en esta ciudad, bueno, creo que Terry también te conoce pequeña- dijo mirando a la rubia con diversión- siempre hemos sabido que Candy no es de quedarse encerrada viendo pasar la vida, no creo que le afecte en nada el estudiar una profesión tan noble como la enfermería, ella de igual manera seguirá siendo la principal heredera y si a eso le sumamos logros de tipo humanitario, filantrópico o como lo quiera llamar… mmm, pienso que le podemos dar esa oportunidad

-¿Pero qué dirá el duque y su familia?

-Ya hablé con Terry, y él está de acuerdo, me apoya- el expresivo rostro de la rubia, gritaba a los cuatro vientos que era muy feliz con la aprobación de Terry, para ella, el pensamiento del castaño, valía oro y Albert rió para sus adentros, sabía que Candy tenía ya todo preparado

-Supongo que ya tienes visto donde estudiar, ¿verdad?

-Sí Albert, el Hospital Saint Thomas, en el centro de Londres- Albert entendió enseguida de donde había sacado sus ideas la pequeña rubia, Constanza trabajaba en ese hospital

-Buena elección Candy, es un hospital con mucha historia- cuando Albert aún no terminaba su oración, entró al comedor el mayordomo de la mansión llevando consigo un telegrama

-Señora Parks- había dicho el hombre extendiendo hacia la mujer una bandeja de plata y en ella un papel- este telegrama acaba de llegar para usted desde América- al oír América, Albert puso más que atención al telegrama que recibía su tía, nadie más que Sarah Leagan era quien le escribía a la tía desde el otro lado del mar, podría tratarse de noticias sobre Elisa, quizás quedó viuda, fantaseaba el rubio

-Gracias- fue toda la respuesta cuando ella tomó el telegrama de la bandeja- puede retirarse

-¿De qué se trata abuela?- Candy al ver la reacción de Albert, también pensó en noticias parecidas a las que pasaban raudas por la cabeza del rubio

-Son muy buena noticias… las mejores- dijo la anciana una vez leyó la nota- dice que Elisa está encinta, que esperan al bebé para fines de septiembre- la anciana tía no notó que los colores naturales de Albert habían desaparecido con su comentario, y Candy tratando de atraer la mirada de su abuela hacia ella habló

-Sarah debe estar muy contenta, ¿verdad?

-Ya lo creo que sí, yo también estoy muy contenta, solo espero que el embarazo no se le complique a Elisa, es tan joven aún, debe haber quedado embarazada apenas y se casó

-Permiso tía- dijo Albert con voz un tanto gruesa, por el nudo que se le había formado desde el estómago hasta la garganta, arrastrando la silla con él cuando se puso de pie algo apresurado- me voy a mi habitación, con eso de que llegué tan tarde anoche- la anciana lo dejó ir sin ningún problema, la justificación de su sobrino era real para ella, no así para Candy

-Entonces, abuela- habló Candy con sus bellos ojos verdes puestos en Elroy una vez volvieron a estar solas- ¿me va a apoyar?

-Supongo que si Williams ya te dio su beneplácito, lo que yo diga va a estar demás- la anciana se sintió algo herida al constatar que su amado sobrino ya había tomado la decisión de dejar estudiar a Candy sin siquiera conversarlo con ella

-No lo tome así abuela- Candy tratando de hacer entender a la anciana mujer- yo necesito hacer algo, y sé que tengo vocación para la enfermería- Elroy la miró fijamente por algunos segundos y su semblante volvió a mostrar lo orgullosa que se sentía de su nieta y dijo

-Tu abuelo Burian, era un hombre al que le gustaba ayudar a los demás… creo que de ahí es que heredaste ese noble sentimiento Candice. Cuentas con mi aprobación y apoyo- la anciana cerró sus ojos e hizo una afirmación con su cabeza, luego sonrió a Candy que ya puesta en pié, caminó hasta la anciana y como ya era costumbre entre las dos la abrazó y llenó de besos de agradecimiento. A la anciana las primeras veces que Candy se mostró tan cariñosa con ella, se mostraba reticente a aprobarlas, les costaba un poco aceptar las muestras de cariño, pero con los días y la convivencia, notó que era la forma de la chica de entregar amor y agradecimiento, supo por el matrimonio Russo, que Candace, la madre de Candy, era así, de piel, y pudo aceptar de buena gana los cariñosos detalles que le prodigaba la chica, si hasta estaba intentando de devolver de algún modo esos abrazos y besos que su única nieta le regalaba.

Albert llegó a su habitación y lo primero que atino a hacer fue echarse agua en la cara, para despejar sus pensamientos, luego caminó hacia la ventana y recordó

-¡El sueño! Entonces ahora Elisa está embarazada… quedó encinta… ¡tan rápido!… ¿Cómo saber si ese bebe es mío?... porque…¡ puede ser!, yo estuve con ella días antes de su matrimonio- razonaba en soledad el rubio, caminando de un lado a otro de su habitación, pasaba las manos por su cabello en evidente desasosiego, y al notar que ninguno de sus pensamiento lograba calmar el tormentoso latido de su corazón, decidió en forma rápida y sin meditar, enviar a George a América…pero pasados unos minutos

-¡No puedo enviar a George a América!- se respondió casi de inmediato- esa no es solución… esperar, ¡eso es! Esperar, si ese bebé es mío, Elisa no podrá ocultarlo de mí

Candy al ver a Albert salir tan apresurado del desayunador, entendió a la perfección que su hermano no lo estaba pasando nada bien con las últimas noticias desde América, pero ¿Qué podía hacer ella en este momento?… nada.

-Esperar- se dijo- no nos queda más que esperar.

Cuando Elisa se dio perfecta cuenta de que estaba embarazada, lo primero que hizo fue hablar con Benjamín, su esposo. El hombre al que ella había unido su vida, y se daba perfecta cuenta de que era un muy buen compañero.

En estos casi tres meses de matrimonio, Benjamín Smith en pleno conocimiento de que su esposa no llegaba virgen al matrimonio y que cuando perdió su virginidad había sido por lo que ella llamaba amor, el señor Smith se había comportado como el caballero que era, cincuentón pero hombre, se esmeró en su noche de bodas, que llegó tres semanas después de casados, ya que Elisa no estaba preparada para unirse a él en la cama. Como decía, Benjamín puso todo su esfuerzo porque su joven cónyuge se sintiera cómoda en sus brazos cumpliendo su "deber" de esposa como lo llamaba él, frase heredada de boca de su difunta mujer. Benjamín que había perdido a su muy amada compañera de vida mucho antes de lo que él hubiese querido o siquiera pensado, que dicho sea de paso, la mujer había sido educada en el siglo pasado, y nunca se había dejado ver ni el ombligo, mucho menos la había visto desnuda, para ella el sexo solo era para que el hombre se desfogase y procrear. Concebir, fue algo que ella logró solo una vez en su vida, y dio a luz a una niña que Benjamín amaba entrañablemente.

Elisa desde la noche de bodas, o mejor dicho la noche en que se entregó a su esposo, se mostró diferente en la alcoba a lo que él conocía con su desaparecida mujer, y ya que Benjamín siempre fue un hombre fiel, y nunca había intimado con mujeres de la noche ni amante de ninguna clase… (Difícil de creer, pero este señor era realmente fiel) y aunque su joven esposa no le había dado el derecho de desvirgarla, si le había enseñado que existía todo un mundo que él desconocía en cuanto a relaciones de alcoba se trataba. S bien es cierto Elisa tampoco traía con ella la experiencia de la vida, la chica era moderna y un tanto desinhibida y aceptaba las caricias de su esposo de buena gana. Benjamín conoció recién ahora, con Elisa, lo que era el verdadero placer de tener a una mujer en sus brazos y fundirse con ella en un solo ser, no solo por necesidades de él como hombre, sino también sintiendo que dándole placer a ella, él era inmensamente feliz y pleno. Estamos de acuerdo, Elisa no amaba a Benjamín, pero aunque no lo amara, su cuerpo reaccionaba a las caricias que el hombre le prodigaba y ella se daba perfecta cuenta de que también lo acariciaba, no era un cuerpo joven y terso como el de Albert, pero tampoco flácido y lleno de arrugas, sí muy cariñoso y considerado, y algo extra que ella no creía posible, el aroma de Benjamín era adictivo a sus sentidos, en palabras actuales, había química entre ellos. Él le había tenido una paciencia infinita y ella entendía cual era su papel de esposa, pero muy en su interior le hablaba a Albert, pidiéndole perdón a su rubio amor por lo que hacía, sabía que llevando las cosas por la paz con su esposo, dándole lo que él quería y necesitaba, todo resultaría mejor para ella y su hijo que aún no nacía.

Elisa estaba segura de que la criatura era de Albert. ¿Cómo podía ella asegurarse a sí misma que el bebé era de su muy amado mosquetero? Instinto de madre, se decía, sexto sentido, deseo de tener algo de Albert, tal vez o… el haber tenido un atraso de más de una semana, cuando debía llegar su período.

Elisa confiaba en la palabra de Benjamín, él le había prometido que si ella estaba embarazada y el bebé no era de él, jamás nunca se lo reprocharía y criaría al hijo de su esposa como si fuera de él

-Estoy embarazada Benjamín- dijo Elisa una vez había confirmado que el atraso en su menstruación era por culpa de su canita al aire con Albert. La cara de la muchacha y la fecha en que ella le da a conocer a su esposo su estado actual, estar encinta, le gritaban a Benjamín que él no había sido quien la embarazara. El hombre al recibir la noticia se encontraba sentado detrás de su escritorio, solo vestía una camisa arremangada hasta los codos, no llevaba corbata y su pantalón era algo así como de descanso, para la casa, y sacando sus propios cálculos, cerró sus ojos por unos segundos tratando de asimilar lo que estaba sucediendo

-Bien- dijo abriendo sus ojos. Al ver que Elisa no se había movido de su lugar, él la llamó con la mano y acercándose la mujer que ahora era suya por la ley y la entrega, la abrazó firmemente por la cintura, apoyando su cabeza entre los pechos de Elisa y habló- mi palabra está dada Elisa, ese hijo será tuyo y mío, nadie tiene porque enterarse de lo contrario

-Gracias Benjamín. Sé que tu corazón es grande y bondadoso, y te prometo que trataré de ser la mejor esposa que un hombre pudiera querer- ella prometía entre sollozos acariciando el cabello del hombre

-No es necesario que cambies nada de lo que has sido hasta ahora. Yo estoy agradecido de ti, has llegado a dar una luz diferente a mi vida y mi mundo ha cambiado de colores gracias a ti- se puso de pié y le besó en la cabeza, esos cabellos de fuego que lo tenían loco- cuidas de mí y de mi hija, yo también cuidaré de ti y de nuestro hijo

Esas palabras sellaron la naciente relación de la pareja, no olvidemos que todavía no llevan dos meses de casados, pero han tenido que fundamentar su relación en cosas externas al amor, como el cuidado mutuo, el cuidado de la hija de Benjamín, darle herederos, etc. El amor aquí aún no tiene hogar.

Al otro día de la conversación con Benjamín, la noticia llegó a oídos de Sarah. Por la mente de la madre de Elisa, solo pasaba que el negocio con su yerno estaba viento en popa. Elisa se había embarazado muy rápidamente, nunca pensó que su hija sería la llave que le daba el futuro que ella esperaba y en su egoísta alegría, sin siquiera preocuparte por lo que su joven hija sintiera o no, envió el telegrama a Londres, así enterar a la tía abuela Elroy y de paso mostrar lo adelantada que iba su hija en obediencia y sumisión hacia sus padres con respecto a Candy.

Así llegó el quinto domingo del mes y con él la tan esperada salida desde la cárcel, como lo llamaba Stear.

Los chicos Cornwell , Lorna y Neal, fueron los primeros en ser retirados del San Pablo por George, dirigiéndose directamente hasta la mansión de la familia, encontrándose allí a la tía abuela, Candy y Albert, Lorna había sido invitada por su prima, ya que sus padres no pudieron visitarla por problemas de salud de Nerys. Si recordamos, Albert no había sido presentado a Neal como lo que era, el patriarca de la familia, así que imaginemos la gran sorpresa que se llevó al saber que Williams A. Andrew era el gran amor de su hermana. Albert notó de inmediato la alteración de que era presa Neal. Albert pensó rápido y llevó a Neal hasta el despacho para mantener una conversación a solas, antes de que el muchacho evidenciara algo delante de la tía abuela

-¡No lo puedo creer!- Neal se paseaba por la habitación visiblemente furioso- eres el patriarca de la familia y dejaste que Elisa fuera unida en matrimonio con un anciano- era lo que Neal imaginaba, que su hermana estaba casada con un repulsivo anciano, con malos olores y desagradable, nada más lejos de la verdad pero recordemos que él y Benjamín solo se habían visto una vez y el hombre era mayor aún, que su propio padre

-¡Yo no sabía que a ella la casarían tan pronto!- exclamó Albert en un tono conciliador ya que de todos modos, sí se sentía culpable

-Esa no es una disculpa digna de ti, patriarca- el tono de voz, la ironía y la insolencia que el chico añadía a sus palabras, le gritaba a Albert lo enfurecido que estaba Neal- era cuestión de llamar por teléfono o enviar un telegrama, pero no, mejor sacarse de encima a…

-No sigas diciendo estupideces Neal, yo no estaba en Londres cuando tus padres vinieron por Elisa, y el telegrama con el aviso del matrimonio llegó cuando estábamos en Escocia a dos días del evento

-¡Pero igual pudiste haber hecho algo!...

-Cuando la tía abuela leyó el telegrama que envió tu madre, yo quedé en shock, no atiné a nada en varios días. Hubiese hecho hasta lo imposible, pero no pude…

-Sabes- interrumpió el moreno algo más tranquilo pero llorando por su hermana- ella te esperó hasta el último minuto- al notar que Albert lo miraba cuestionando sus palabras, agregó- Elisa te dejó una nota antes de partir a América, en ella te decía lo que estaba sucediendo y que por favor no permitieras que la casaran. Como tú no estabas en la ciudad, y nadie supo decirme donde encontrarte, no pude hacerte llegar el mensaje. El mismo día en que Elisa se caso, unos minutos antes, ella me llamó vía telefónica para preguntarme si tú ibas en camino a buscarla- a estas alturas ya los dos hombres lloraban por lo sucedido y el duro momento que tuvo que vivir Elisa- tuve que decirle la verdad y sabes lo que más me dolió…que ella realmente esperaba tu llegada, y cuando le dije que nunca te pude encontrar para darte la nota, su voz se quebró y asumió así su futuro, dijo algo así como "ya no importa"

-Lo siento, yo realmente…

-Lo peor de todo vendrá cuando ella se entere de quien eres en realidad… ¿Por qué no nos lo dijiste antes?- recriminó el moreno

-Por tus padres- fue la respuesta del rubio y Neal entendió que no era recomendable que sus padres se hubiesen enterado de que Elisa estaba en una relación con el patriarca de la familia, tan sencillo como eso, sus padres, sus interesados padres

-Entiendo- dijo Neal bajando la cabeza con profundo pesar y salió de la habitación dejando a Albert aún más abatido de lo que estaba

La familia desayunó en medio de una conversación ligera y muy amena, a pesar del sentimiento presente en las personas de Neal y Albert. El primero con algo de rencor pensando en su hermana y su "sufrimiento" y el segundo con un dolor más intenso que el de saber a la mujer de sus sueños en brazos de otro, que fácilmente pudiera ser el padre del hijo que esperaba Elisa. Pero la vida continuaba y Neal de a poco fue dando paso a que su rencor no creciera en su interior hacia Albert, que como resultado pudiera dar paso al odio hacia un hombre que no podía llevar toda la culpa de lo sucedido a su hermana

-¿A qué hora quedaron de juntarse con las chicas?- quiso saber Candy

-Después del almuerzo, Cinnia, Fabienne e Ivo fueron con Patricia a su casa invitados por la abuela Marta- dijo Archie- y quedamos en buscarlas en su casa

-Sí- apoyó Neal- los padres de Patricia están de viaje y la abuelita se dio esa licencia de invitar a los chicos

-Entonces le avisare a Terry y Edward- Candy miró a Albert y preguntó- ¿vas con nosotros Albert?

-No lo sé, todos van en parejas y yo…

-Te equivocas tío- se oyó la voz de Stear- Ivo y Fabienne no son pareja, en todo caso vamos en grupo, para divertirnos todos juntos

-Eso es cierto Albert- insistió la rubia- deberías venir con nosotros, eres joven y no tienes porque trabajar en domingo, no aceptaré escusas- Candy terminó su frase con un típico gesto de cruzar sus brazos no dando pie a su hermano de negarse

-Candice tiene razón Williams- la anciana tía apoyando a su nieta- aún eres muy joven y tienes derecho a divertirte

-Está bien, ustedes ganan, pero primero necesitamos tener una conversación con Stear tía- dijo mirando muy seriamente a Stear quien al oír su nombre se atragantó con una miguita de la tostada con mermelada que se servía

-¿Conmigo?- quiso saber

-Sí, creo que tú respondes al nombre de Stear- dijo con una sonrisa el rubio patriarca

-Sí, está bien- dijo algo confuso- ¿pero me pueden decir de qué se trata la conversación?

-Todo a su tiempo Stear- la voz de la tía no auguraba nada bueno. Stear no tenía la menor idea de que iba todo eso de la conversación, notaba que se trataba de algo serio pero no lograba entender. Las monjas habían lanzado la piedra, pero en ningún momento le dijeron al chico que su anciana tía había sido llamada por ellas para oír de sus malas calificaciones. Terminado el desayuno, cada uno de los chicos se dedicó a lo suyo, siendo Stear llevado al despacho de Albert junto a la tía abuela. Se sentaron en los cómodos sitiales ubicados en la habitación y se dispusieron a hablar

-Hace unos días- comenzó Elroy- fui al San Pablo en respuesta a una citación de la directora, la hermana Grey- ahora sí Stear estaba vislumbrando de que venía todo esto… las calificaciones

-La tía dice que le mostraron tus calificaciones y se quejaron de los malos resultados que has obtenido en los últimos exámenes Stear…- el chico no presentó defensa alguna como supuestamente debió haber sido, dando pie a que los mayores entendieran que realmente sucedía algo importante en la vida del chico

-Necesitamos algún tipo de respuesta Alistair- la tía lo había llamado por su nombre completo y eso no auguraba nada bueno

-Estoy en problemas- fue lo que susurró- mi mente ha estado en otro lado y he descuidado mis estudios

-Pero supongo que tiene solución ¿verdad?- inquirió Albert, al notar el evidente nerviosismo de Stear, quien sudaba copiosamente y los colores de su rostro había desaparecido de su linda carita

-Creo que no tiene solución, tío…

-¿A qué te refieres con que no tiene solución? Yo creo que con más disciplina de tu parte…

-No es solo disciplina tía- interrumpió Stear, sabiendo que si no contaba todo como era, se metería en más problemas que dando a conocer lo sucedido. Tomando aire y tragando prácticamente en seco dijo- Cinnia está embarazada

-¡¿Qué?!- las voces mezcladas del tío y la tía abuela hicieron dar un salto a Stear, confundiéndolo a tal grado, que volvió a repetir exactamente lo mismo

-Cinnia está embarazada- volvió a decir

-Ya entendimos eso Stear- dijo Albert conciliador colocando su mano en el hombro del chico para alentarlo en este paso que estaba dando, no quería que se sintiera solo contra el mundo o mejor dicho en contra de la tía abuela

-Pero… pero…- Elroy no sabía que decir, como tomar la noticia, ella conocía a Cinnia y a su familia y la sabía una chica bien, pero también estaba al tanto de que la juventud en esos días era diferente a lo que ella vivió en su propia mocedad- ¿Qué vamos a hacer ahora?

-Todo en esta vida tiene solución tía- la voz de Albert tranquilizó a la anciana que no concebía el hecho de saber a Stear en tremendo embrollo- bien, supongo que la familia de Cinnia aún no sabe nada…

-Supones bien tío, ustedes son los primeros en saber…

-Entonces, en vez de ir con los chicos de paseo cuando vayas por ella, se vienen directo hasta acá- reaccionó la anciana- Williams, temo decirte que tu domingo no será tan entretenido como mi nieta desea

La tarde llegó y el momento de la salida de los jóvenes en su quinto domingo de libertad estaba junto a ellos. Nadie supo porque, pero Stear y Cinnia no se quedaron con ellos, argumentando que tenían una cita con Elroy y Albert. Los chicos Andrew y Lorna, supusieron que era algo relativo a la conversación que tuvieron en la mañana.

Luego de pasear y disfrutar de tan hermosa tarde de libertad para los que aún estaban encerrados en el internado, se dirigieron tras los pasos del francés, ya que los días aún eran fríos y las chicas se quejaron de aquello solicitando tomar aunque sea un té

-¿A dónde nos dirigimos?- preguntó Lorna

-A una cafetería que conocí la última vez que vine de paseo por estos rumbos- contestaba un melancólico Ivo

-Espero que sirvan un buen chocolate con pastel de fresas- dijo una rubia pecosa

-Pecas, con todo lo que comes no sé como no tienes pancita- dijo Terry al oído de su novia, no tenía porque ventilar que sus manos ya conocían en plano vientre de la chica

-No sé, siempre me han gustado las cosas dulces, pero no me hacen engordar y si engordara… ¿igual me vas a querer?- quiso saber

-Te querría de todas formas, pecosa- contestó el muchacho con sinceridad

-¡Miren, aquí es!

Entraron a una hermosa cafetería, de pisos de madera muy bien cuidados, con mesas redondas colocadas a un lado de las muchas ventanas con que contaba el local, pintado de amarillo y gris

-¡Es hermoso este lugar Ivo!- decía Fabienne, que iba acompañada de Ivo, para no hacer mal tercio a ninguna de las parejas. Ellos aunque habían dado fin a su relación, no dejaron de ser amigos, y en el colegio aún seguían encontrándose en las clases que tenían en común- es muy acogedor

-Fabienne tiene razón Ivo, gracias por traernos- Candy tenía tanto frío que hubiese agradecido una taza de chocolate aún debajo de un árbol. Fueron atendidos por una mesera que hacía gala del buen manejo de su función, ubicando al grupo de guapos clientes, desgraciadamente todos con compañía femenina, en un par de mesas dispuestas para grupos grandes. Hicieron sus pedidos y siguieron conversando, hasta que…

-Mira Edward- decía Constanza- la mesera de allá, me parece haberla visto en Escocia…- Edward dirigió su mirada hacia donde señalaba su novia y efectivamente la chica era conocida por todos ellos

-Tienes razón, pero no es conveniente decir nada- explicó el chico y aunque Constanza se quedó queriendo saber más, guardó silencio, pero al lado de Edward estaba Candy que dirigió sus verdes ojos hacia donde miraban los chicos encontrándose con la azul mirada de Annie Britter. Terry siempre pendiente de las actitudes de Candy, descubrió lo mismo y dijo

-Si quieres podemos irnos pecas- ofreció Terry

-No es necesario, yo no le he hecho nada para correr de su presencia como si algo le debiese- dijo la chica, dejando muy tranquilo, en suposición, a su apuesto novio con sus palabras, pero Terry no miró más hacia la chica, le daba revoltura de estómago recordar lo que tuvieron que pasar por su culpa. Aunque siendo sinceros, parece que a ella le había ido mucho peor. Ivo también notó la presencia de la chica que anhelaba su corazón, él había venido antes a este salón de té, pero Annie no estaba la última vez, el chico no dijo ni hizo nada, y Annie si notó la presencia del grupo de chicos, lo disimuló muy bien, y como por ahí ella no servía, no hubo ningún momento de incomodidad ni para ella, ni para el grupo

-¡Tengo una noticia que darles!- exclamó Candy con su habitual alegría

-¿De qué se trata?- cuestionó Patty- se te ve feliz

-¿Se casan?- preguntó Edward, haciendo que Candy se pusiera de todos los colores, Terry solo miró a su primo con una bella sonrisa imaginando que eso podría ser cierto, pero aún no era el momento por mucho que él lo deseara

-No Edward, aún no- respondió Terry ayudando así a Candy a salir de un momento incómodo, pero a la rubia le quedó dando vueltas el "aún no", aún… dijo aún

-Voy a estudiar enfermería- soltó la pequeña pecosa, dejando a todos menos a Terry y Constanza, como jugando al "un, dos, tres momia es…" en sus puestos, con los bocados yendo hacia la boca o la taza con chocolate, pero nadie decía nada- ¿no dicen nada?

-Están en shock- dijo Terry y Constanza y Candy rieron

-Es una noticia que no esperábamos- se atrevió a decir Neal

-Es verdad, no lo esperábamos…- secundó Patty

-¿Dónde vas a estudiar?- quiso saber Lorna

-En el hospital Saint Thomas…

-¿El mismo Saint Thomas en el que trabaja Constanza?- Edward también era algo curioso

-Sí, el mismo, ella me ayudó a conseguir un lugar para comenzar mañana mismo…

-Entonces gatita- dijo Archie, soportando estoicamente la mirada de Terry- brindemos por eso- y levantó su taza de humeante chocolate para brindar junto a sus amigos por la nueva decisión de vida de su bella prima.

Annie, aunque no se acercó al grupo de jóvenes, si los observó y añoró de alguna manera, devolver el tiempo y no cometer tanto error estúpido.

En la mansión las cosas no eran tan entretenidas como en el café donde se encontraban los chicos, disfrutando de su domingo

-Stear, Cinnia… tenemos que ver la forma de solucionar este asunto- hablaba Elroy y Cinnia agarraba la mano de Stear como escudo a la voz y las palabras de la imponente señora

Todos hemos tenido malos momentos por culpa de malas decisiones o pasos en falso dados en nuestra vida, y cuando tenemos que enfrentarnos a las consecuencias de nuestros actos, nos sentimos tan chiquitos e insignificantes que todo nos parece más grande y temible de lo normal.

-Lo entendemos tía- habló Stear por los dos

-Entonces hoy mismo le haremos llegar un telegrama a tus padres Cinnia, para ver los pasos a seguir. Ese bebé será uno más de los Andrew y debe llegar a este mundo en las mejores condiciones que podamos ofrecerle

-Tus padres Stear, ya fueron notificados- la afable voz de Albert

-Gracias tío- fue todo lo que pudo responder Stear, no sabía si sentía vergüenza o era otro sentimiento el que se había alojado en su estómago al saber que muy pronto tendrían que enfrentarse a sus padres. Cinnia si sentía una vergüenza espantosa, ya todo el mundo sabía que ella y Stear intimaban, y más a menudo de lo que todos pudieran pensar. No era que ella había quedado embarazada a la primera, Stear con su inteligencia había buscado métodos anticonceptivos, obviamente naturales para la época, y los habían venido utilizando desde el mismísimo festival de mayo, al más puro estilo de la canción

Tarde o temprano

Camilo Sesto

Quién no importa la edad
no tuvo un romance
en un rincón de un portal
y amó bajo el manto
de la oscuridad.

(Extracto)

¿Se acuerdan del corte de luz?, ahí fue la primera vez. Pero algo falló, y ella estaba de tres meses.

El quinto domingo terminó y para Ivo fue fenomenal. Cuando los chicos salieron del salón de té, se dispusieron a ir todos juntos hasta el San Pablo a dejar a los muchachos, pero Ivo se disculpó argumentando que tenía que visitar a una persona que no había visto en mucho tiempo, y si somos sinceros, es verdad, no la había visto en mucho tiempo

-Annie- la llamó Ivo cuando el turno de la morena terminó y la vio salir del salón de té donde obviamente prestaba sus servicios. La chica lucía algo delgada, no desarreglada, pero sí diferente, ahora ya no llevaba su cabello tan cuidado como en el colegio pero sí seguía vistiendo elegante

-¡Ivo!- fue la exclamación de la morena, nunca pensó que él la buscaría

-Sí Annie, necesito conversar contigo, me das unos minutos- y al ver que la chica titubeaba agregó- te invito a cenar, para que estemos cómodos- Annie no sabía si aceptar o no, estaba consciente de que el francés estaba interesado en ella desde el mismo momento en que se conocieron, pero para su desgracia personal, nunca pudo responder en forma favorable a ese interés por parte del chico, tonta de mí, se decía Annie…

-Está bien, acepto- Ivo no sonrió, ni hizo gesto alguno, solo se limitó a tomar a la chica del brazo para guiarla hasta un carruaje y llevarla a un buen restaurant. Una vez instalados y servidos en el lugar escogido por el francés, Annie preguntó

-¿Por qué me esperaste Ivo?- Annie comía con refinamiento, pero se notaba que no había probado un buen bocado en días

-Simplemente porque no puedo dejar que estés pasando necesidad, si en mis manos está prestarte ayuda- Annie no podía creer que el chico fuese tan noble, ella poco menos que lo había tratado con la punta del pie, y el ahí, ofreciéndose a ayudarla

-Yo no creo que puedas ayudarme Ivo… sé que cometí el mayor error de mi vida al poner mis ojos en Terry, tratar de comprometerlo de la manera en que lo hice, y me arrepentiré toda mi vida. Mis padres o los que decían serlo, me abandonaron aquí, por suerte el señor Britter se apiadó de mí y me dejó algo de dinero, pero este no durará para siempre…

-No te voy a ofrecer dinero Annie, pero sí puedo conseguirte un trabajo mejor- ofreció el francés

-No he podido ubicarme mejor, por mi edad no me aceptan como institutriz, que era lo que yo pretendía encontrar, pero en el salón de té, los dueños son algo inescrupulosos y contratan a menores de edad porque les pueden pagar menos- decía Annie, ya nada sacaba con ocultar su desgracia y si Ivo estaba dispuesto a ayudarla aún sin que ella se lo pidiera, aceptaría lo que fuera, si era mejor a lo que tenía ahora

-Te puedo recomendar como institutriz, pero en Francia- ofreció el chico- conozco familias que estarían muy interesadas en una americana que pueda enseñar inglés y hable a la perfección el francés, además, estudiaste en el Real Colegio San Pablo, nadie tiene porque saber que solo fue por un tiempo- Ivo no podía dejar de contemplar la belleza de la chica, pero hacía lo posible por no evidenciarse delante de ella, sirviéndose sus alimentos a medida que conversaban

-Si lo que dices es cierto, yo no tendría ni un problema en mudarme a otro país, necesito un mejor ingreso, y eso solo lo conseguiré con un mejor trabajo

-Entonces, no se discuta más, apenas tenga noticias te las haré llegar ¿tienes una dirección?- Annie lo miró como rogándole que no insistiera en nada más con ella, pensando erróneamente que Ivo pedía su dirección para comenzar a frecuentarla- no me mires así Annie, solo quiero tu dirección para dejarte el mensaje una vez que te pueda ubicar en un buen empleo, no es otra mi intención- Annie se puso de todos los colores, claro, se dijo, ya ni siquiera Ivo querrá estar conmigo

-Está bien- suspiró y anotando la dirección en un papel, se levantó agradeciendo a Ivo el favor y la cena y se retiró del lugar

Ivo, nunca más volvió a ver a Annie. Encontró para ella lugar como institutriz de una familia amiga de su hermana en Francia que tenía un par de gemelos de tres años a los que no querían enviar al colegio hasta que crecieran un poco y envió el mensaje con los pasajes, fechas y direcciones en un gran sobre por mensajería convencional a la dirección que Annie le había dado, ni siquiera una palabra amiga para la chica. El francés entendió que en Annie jamás encontraría un corazón dispuesto a aceptar los sentimientos de él para ella, y decidió vivir para él mismo.

Federico y Carmina Tabone, los padres de Cinnia, llegaron a la semana siguiente de recibir el telegrama de parte de la familia Andrew, argumentando que les necesitaban por una situación en particular difícil, que no se podía tratar ni por teléfono ni por correspondencia. Los padres de Cinnia, fueron recibidos en la mansión Andrew, ofreciéndoseles alojamiento por el tiempo que se necesitase

-Buena tarde señora Parks- saludaba la señora Tabone, mujer joven muy parecida a Cinnia pero de ojos verdes y personalidad más bien retraída

-Buena tarde señores Tabone, son muy bienvenidos a nuestra morada- saludó la anciana junto a Williams que la acompañaba. La pobre Elroy, había estado pensando toda la semana en como abordar la situación con los padres de Cinnia, tenía vergüenza de decir…"mil perdones, pero mi sobrino nieto dejó embarazada a su hija"

-Vinimos lo más pronto que pudimos- habló el señor Tabone a Williams, sacándose de encima el abrigo que traía, sombrero y todos los accesorios de su mujer pasándolos al encargado de guardar esas pertenencias

-Su habitación ya está dispuesta. Supongo que querrán descansar y refrescarse un poco del viaje- ofreció la anciana tratando de alargar más y más el embarazoso momento que tendrían que vivir.

Los Andrew al saber que los Tabone llegarían por la tarde, habían enviado a George a buscar a los chicos para tratar la situación sin mayores demoras

-Sí señora Parks…

-Por favor, solo llámeme Elroy- pidió la anciana

-Está bien, Elroy, acepto encantada su ofrecimiento, tengo mucho frío y un baño no me vendría nada mal

-Entonces, no se hable más- intervino Williams- Germania y otras mujeres del servicio les guiaran a su habitación llevando su equipaje

-Muchas gracias- fue lo que dijeron los italianos y se dirigieron a descansar

-¿Qué vamos a hacer Williams?- preguntó la anciana con los nervios de punta una vez que se vieron solos en el despacho de Albert

-Supongo que lo que ellos pedirán es que Stear responda a Cinnia con matrimonio…

-Pero son tan jóvenes, todo el futuro que tenía Stear por delante lo echará a perder…

-No tía, no lo vea así, Stear y Cinnia fueron lo suficientemente grandecitos como para hacer un bebé, ahora tienen que asumir su responsabilidad y saldrán adelante con la ayuda de todos nosotros- eran lo positivos pensamientos de Albert

-Espero que los padres de Cinnia piensen igual que tú- era la esperanza de Elroy, que había recibido respuesta vía telefónica de los padres de Stear, donde le pedían que por favor ellos solucionaran "el problemita", ya que estaban varados en Filipinas, no podrían salir por un período de tres meses que eran los que ellos como diplomáticos de su país natal, se habían comprometido con su gobierno a solucionar algunas problemáticas típicas de las colonias.

A la hora de la cena fue que se reunieron todos en familia, los Andrew, Williams A. Andrew, Elroy Parks, Candice Parks y Alistair Cornwell, junto a la familia Tabone, Federico, Carmina y Cinnia.

Candy, Archie y Neal, habían sido puestos al corriente de lo que sucedía entre Stear y Cinnia. No ocultaron su asombro y Archie hasta lloró por la metida de pata de su hermano mayor, preguntándose si esto afectaría en algo el futuro tan prometedor de Alistair.

Una vez terminaron de cenar, Candy se despidió deseando buenas noches a todos los presentes, ella no era una de las que estaría en la reunión que solo incumbía a Cinnia y su amado primo Stear

-Buenas noches- fueron las únicas palabras que la rubia logró pronunciar, no le gustaría estar en los zapatos de los chicos. Antes de retirarse, fue hasta donde estaba Stear y le dio todo su apoyo en un muy escueto- cuenta conmigo- y salió de la habitación

-¿Pasemos al salón?- ofreció Elroy con su mejor sonrisa y los presentes la siguieron. Ya todos instalados en la habitación, fueron servidos con té, café o brandy para los mayores, disponiéndose así a la conversación que los tenía reunidos

-Supongo que esta reunión es por algo que tienen que decirnos los chicos, o ¿me equivoco?- fue la directa pregunta del señor Tabone la que apagó la voz de Stear, el chico no sabía como decirle a los padres de Cinnia que la chica estaba embarazada y que él era el culpable directo

-Toda la razón señor Tabone- comenzó Albert

-Solo Federico, por favor- pidió el italiano que ya tenía una idea de lo que ocurría y no lo estaba tomando nada bien. Quizás no era un hombre con tantos años de experiencia pero sabía reconocer la actitud de su hija, y esta se estaba mostrando demasiado nerviosa y muy agarradita de Stear, como si quisiera protegerlo de algo o todo lo contrario, sentirse protegida

-Bien, Federico, Carmina- habló Albert- los chicos tienen que contarles algo- tanto Elroy como Albert, habían llegado a la conclusión que si el pastelito era de los chicos, eran ellos quienes tenían que sacarlo del horno. Albert había hablado en privado con Stear, y este entendió que el problema era de él y Cinnia, pero que siempre contarían con el apoyo de la familia

-Bueno… este, yo…- Stear no hacía más que tartamudear, no lograba decir ni una sola palabra coherente y Cinnia, al ver que su novio se quedaba trabado, apretó la mano del muchacho dándole a entender que ella estaba allí y que el problema era de los dos, no estaba solo- no sé como decirles lo que ocurre…

-Solo dilo y ya muchacho- lo alentó Federico

-Cinnia y yo… es decir… nosotros… este… vamos a ser padres- ¡ya!, lo dijo, pero el silencio que se produjo en la habitación después de su accidentada confesión le estaba dando miedo…

Continuará

Notitas: Otra vez tenemos opiniones encontradas, pero eso es lo que le da el gustito a la lectura... sus reacciones transformadas en reviews.

Gracias por permanecer en la lectura.

Nos leemos.