Ni Frozen ni sus personajes me pertenecen, todos pertenecen a Disney.
XXIV
La bella durmiente finalmente había despertado de su profundo sueño.
Astrid estaba impresionada. Jamás imaginó verla así.
Y mientras la joven no salía de su asombro, la ahora imponente Reina de Hielo no le quitaba esa mirada tan profunda de encima.
A pesar de todo, Astrid no podía negar que los ojos de la Reina de Hielo eran preciosos… Y por algunos segundos, se perdió en esa hermosa pero ahora fría mirada.
Saliendo de su ensoñación, se dio cuenta de que había sido muy ingenua, ya que esa era la única situación para la cual no tenía un plan de reserva, porque sencillamente nunca creyó que aquello fuera a pasar, puesto que siempre llevaba aunque sea un pequeño frasco del brebaje entre sus ropas.
Pero sólo bastó un ligero descuido, un descuido de diez minutos, para que todo se viniera abajo.
Trató de correr, temerosa de lo que Elsa quizás le pudiera hacer, pero recordó que aquello era imposible debido a los brazaletes de forja oscura. Pensó en avisar a los guardias, pero hacerlo significaría ponerse la soga al cuello, porque el Príncipe Helmut se enteraría inevitablemente y el castigo que sufriría por su descuido sería terrible.
Sin embargo, con el paso de los segundos, su parte racional se fue haciendo presente.
En primer lugar, la reina se veía muy tranquila, y evidentemente no había tratado de escapar, de lo contrario, ya se habría armado todo un escándalo.
Y en segundo lugar... ¿Acaso Elsa la había llamado por su nombre?
Entonces eso quería decir que...
"¿Usted ha escuchado lo que le he dicho?"
Y con total serenidad, Elsa le respondió.
"Así es."
Astrid no daba crédito a lo que había escuchado, ya que supuestamente aquello era imposible. Y sin embargo, había sucedido.
"¿Pero cómo...?"
"Esa extraña sustancia que me dieron, que evidentemente contiene opio, lo cual es fácil saber por su inconfundible aroma, si bien adormece mi cuerpo, por alguna razón, ahora ya no adormece del todo mi conciencia, así que soy capaz de captar algunas cosas que suceden a mi alrededor. Supongo que he desarrollado algún tipo de resistencia..."
Era imposible que eso sucediera. La dosis había sido incrementada paulatinamente precisamente para que eso no pasara, para que su organismo, por más que tratara, jamás superara los efectos del brebaje. Pero por increíble que pareciera, estaba sucediendo lo contrario. Mientras más fuerte era la dosis, más defensas desarrollaba su cuerpo. Definitivamente el organismo de la Reina de Hielo era diferente al de cualquier persona común y corriente. Hilda había subestimado a aquella mujer.
Sin embargo, Astrid también se sorprendió de que Elsa le hablara con toda naturalidad, como si la conociera desde hacía algún tiempo. Entonces la joven de cabellos plateados se dio cuenta de que en realidad Elsa ya la conocía lo suficiente, por todo lo que le había contado. Aunque Astrid no conocía en lo absoluto a Elsa, a excepción de lo que contaban las historias que se escuchaban por todas las Islas del Sur.
Así que con un poco de temor se atrevió a preguntar más, para tratar de saber de qué tanto estaba enterada Elsa y qué es lo ahora tenía en mente.
"¿Qué tanto ha escuchado?"
"Lo suficiente."
Evidentemente, la respuesta fue algo cortante. Astrid se reprendió mentalmente de nuevo. ¿Acaso podía esperar de que por el sólo hecho de que Elsa supiera ya varias cosas de ella, en automático la Reina de Hielo confiaría en su persona? Asumir tal cosa era una idiotez.
"¿Por qué no trata de escapar?"
Y de nueva cuenta, de manera cortante, la Reina de Hielo contestó.
"Porque no llegaría muy lejos con estos brazaletes que bloquean mi magia y rodeada de guardias portando las armaduras negras; guardias que, seguramente, han de estar por todos lados."
Bueno, para Astrid era fácil ver que en esta ocasión Elsa no trataría de escapar, como la vez anterior. Y que la reina ya había tratado de utilizar sus poderes, con nulos resultados.
Mientras que Elsa no iba a permitir que su desesperación por ser libre, nuevamente le jugara una mala pasada.
La joven de cabellos plateados no tenía razones para creer en lo que la reina decía, pero algo en su interior le hacía sentir que ella estaba siendo sincera.
Escuchar aquello también le permitió entender que mientras Elsa tuviera esos brazaletes y nada extraordinario pasara, no trataría de escapar, lo cual la hizo relajarse ya que pensó que, por el momento, no había de que preocuparse; aunque ello desde luego no significaría que la joven de cabellos plateados bajaría la guardia.
Sólo entonces, Astrid se atrevió a preguntar aún más.
"Y… Bueno... Aunque ya sé que ha escuchado lo suficiente... ¿Podría saber exactamente qué tanto ha escuchado?"
Astrid bajó la mirada, casi apenada ante tanta insistencia de su parte. Elsa sonrió porque parecía ser que la preocupación de la joven era qué tanto había escuchado, no que tratara de escapar aprovechando que había despertado. Y entender aquello le hizo sentir a la reina que Astrid era alguien en quien quizás podría confiar. Por tal razón, cambió de opinión y decidió acceder a la petición de la joven.
"Está bien, te contaré…"
Ese día, Elsa le contó a Astrid todo lo que había escuchado. A la reina le pareció curioso que la chica de cabellos plateados se sonrojara de vez en cuando al saber qué tanto había estado oyendo.
Finalmente, después de una larga plática en la que Astrid se había sonrojado más veces de lo que lo había hecho en toda su vida, la joven de cabellos plateados se dirigió a la reina. Aún le parecía increíble que había estado hablando durante un buen tiempo con la mujer de la que tantas leyendas hablaban en las Islas del Sur.
"Ha sido muy amable conmigo al responder mi pregunta inicial. Y lo mínimo que puedo hacer por usted es… Bueno…"
Astrid no sabía cómo explicarse, aún dudaba si era buena idea lo que estaba a punto de decir. Sin embargo sentía que debía que ser agradecida.
"Lleva mucho rato despierta. Por todo lo que escuchó, probablemente ya se haya percatado de que han transcurrido muchos días desde que llegó y que no ha probado alimento alguno. Es probable que comience a sentir hambre ya que los efectos del brebaje le permiten no sentirla, pero estos desaparecen cuando usted se encuentra despierta. Imagino que quizás también desearía cambiarse la ropa que lleva puesta y poder tomar un baño…"
Astrid calló una vez más y desvió la mirada. No sabía por qué, pero decir todo aquello la hacía sonrojarse un poco.
"Detrás de aquella puerta que está de ese lado, hay un cuarto de aseo totalmente disponible. Ahí podrá encontrar también ropa limpia y..."
La chica dudó antes de decir lo que tenía en mente.
"Es que... Bueno... Mientras tenga esos brazaletes, imagino que usted no podrá…"
Y una vez más, guardó silencio. Aún dudaba si ese cuento de que la Reina de Hielo era capaz de crear sus propios atuendos, era cierto.
Elsa entendió a qué se refería la joven y se dio cuenta de que, por alguna razón, a la chica se le dificultaba decir todo aquello. Así que decidió intervenir para hacer las cosas un poco más fáciles.
"Así es. Por el momento, no puedo hacerlo…"
La joven se sintió ligeramente aliviada cuando Elsa le dio la razón. Sin embargo, una vez más, se quedó callada, con la mirada baja, por lo que la reina decidió intervenir de nuevo para aliviar la tensión.
"Y ahora que lo mencionas, comienzo a sentir hambre…"
Al escuchar aquello, Astrid levantó la mirada y vio a Elsa esbozar una ligera sonrisa. La joven acababa de tener una idea.
"Bueno, la dejaré entonces. Imagino que necesita un tiempo a solas, mientras yo iré a prepararle algo de comer, así usted…"
Y repentinamente, la chica se detuvo. ¿Pero qué demonios estaba haciendo? ¿Iba a dejar sola y sin vigilancia a la mismísima Reina de Hielo? Y peor aún... ¡Completamente despierta! ¡Si por ello mismo había cuatro personas siendo azotadas en las celdas del palacio!
Astrid se reprendió mentalmente por la tontería que estaba a punto de cometer y de inmediato desvió la mirada. Sabía que debía echarse para atrás, pero algo le impedía hacerlo. Ni la idea de ser azotada fue lo suficientemente persuasiva.
Para Elsa no pasó para nada desapercibida la duda de Astrid ante lo que estaba a punto de hacer y lo que eso significaba. Que no le daría a beber el brebaje durante su ausencia. Inclusive la misma reina no se esperaba que en automático Astrid le entregara semejante voto de confianza, si es que podía llamársele de esa forma. Definitivamente Elsa no tenía en mente tratar de escapar, pero de eso a permanecer profundamente dormida siendo apenas ligeramente capaz de saber lo que ocurría en el mundo exterior... Encontrarse en esa situación le había estado destrozando los nervios... Así que mentalmente rogaba a todos los dioses que Astrid no se echara para atrás respecto a la decisión que iría de tomar.
Y Astrid pensó en que, sabrán los dioses por qué, continuaría con su loca idea.
"Así usted podrá tomar un baño tranquilamente..."
Había algo en el fondo que hacía a Astrid confiar en Elsa. Aunque no sabía por qué. Percatarse de aquello le hizo sonrojarse aún más.
Elsa estaba impresionada. Jamás hubiera esperado que la joven continuara con su idea. Así que no tenía nada más que decir, excepto una sola cosa.
"Gracias…"
La joven de cabellos plateados dirigió su mirada hacia Elsa al escuchar esas palabras y se encontró de frente con su amplia sonrisa.
Nunca antes había visto algo similar. Nunca antes había tenido la sensación de que una persona brillara cuando sonreía. Tenía que admitir que aquella sonrisa era simplemente preciosa.
Entonces, sin saber por qué, Astrid sintió que haber tomado la decisión que acababa de tomar, había valido completamente la pena.
La joven se encaminó a la salida mientras Elsa se dirigía al cuarto de aseo, pero justo antes de que Astrid abriera la puerta para retirarse, la voz de la reina la detuvo.
"Por cierto…"
La chica se giró para escuchar lo que la reina tendría qué decir.
"Dos cosas."
Elsa guardó silencio un momento mientras aquella chica la miraba interrogante.
"La primera. Puedes llamarme Elsa."
Astrid se sonrojó de inmediato ante la idea de llamarla por su nombre.
"Y segundo…"
La mirada de la reina se clavó fijamente en la de la joven.
"Cuando vuelvas, creo que sería justo si a mí me correspondiera hacer todas las preguntas..."
Elsa sonrió y sin más cerró la puerta del cuarto al que se dirigía. Si Astrid pensó que la Reina de Hielo la dejaría partir ese día sin explicaciones, evidentemente había estado muy equivocada.
Y aunque sonara igual de loco que sus ocurrencias anteriores, la joven de cabellos plateados estaba decidida a regresar no sólo con comida, sino con todas las respuestas.
Los días pasaron y las dos jóvenes se conocían más y más. Quizás no habían planeado confiar la una en la otra, pero aquel resultado se había vuelto inevitable a raíz de la convivencia diaria que se puede dar entre un vigía y su prisionero.
Y así, forjándose poco a poco la confianza, no pasó mucho tiempo para que tocaran un tema de suma importancia que inconscientemente Astrid había estado evitando, así le matara la curiosidad. ¿Por qué razón la Reina de Hielo estaba ahí?
Elsa le contó todo, con lujo de detalles, a la joven.
Le habló de la boda de su hermana, del ataque, del escape y finalmente, del laberinto sin salida al que llegaron, y que, aunque todo parecía perdido, al final Elsa no había podido salir de ese laberinto, pero Anna sí, y para la reina eso era lo único que importaba.
Sin embargo, de todo lo que le contó, hubo algo que Elsa se reservó para sí misma. La despedida entre ella y su hermana. Aquel recuerdo quería atesorarlo en lo más profundo de su corazón, solo para ella, porque fue el único momento en toda su vida en el que se sintió en el cielo, a pesar de que todo lo que la rodeaba parecía ser el mismo infierno.
Y a través de este relato, Astrid comprendió el profundo amor que Elsa sentía por su hermana, y que lo único que motivaba a la reina a no rendirse, era protegerla, inclusive por encima de su propia integridad, lo cual era evidente ya que por ello, Elsa estaba ahí.
Astrid admiraba ese cariño, esa enorme fuerza y gran voluntad con la que Elsa iría contra cualquier ejército a fin de proteger a Anna. Pero a la vez, sentía algo de envidia. Sentía envidia de una princesa en una tierra lejana a la que ni siquiera conocía ni imaginaba conocer algún día. Quizás sus caminos no se cruzaran. Y para Astrid, aquello parecía ser lo mejor.
Curiosamente, cuando la joven le preguntaba a Elsa si acaso pensaba que Anna iría por ella, la reina prefería no responder. Sin embargo, si algo afirmaba Elsa con total seguridad, es que había confiado en Anna para proteger Arendelle y que sin duda alguna, Anna lo haría.
A lo largo de los días, Astrid vio a Elsa transformarse frente a sus ojos. Poco a poco, la mirada fría que le había dirigido desde el primer momento había sido reemplazada por una mirada mucho más cálida. Le asombraba pensar que la mismísima Reina de Hielo fuera capaz de transmitir tal calidez. La joven sentía que por fin, y poco a poco, estaba conociendo a la verdadera mujer detrás de la leyenda.
Otra cosa que le había llamado la atención fue que la reina deshizo la trenza que llevaba. Ahora sencillamente tenía el cabello suelto. Y Astrid pensaba que así, Elsa se veía simplemente hermosa.
La joven de cabellos plateados había estado llevándole comida a Elsa. Había logrado introducirla en la habitación bajo el pretexto de que ahora comería ahí para no dejar sin vigilancia a la prisionera. Los guardias no le dieron la mayor importancia, prácticamente preferían ignorarla.
El hecho de que el día en el que Elsa despertó, ella esperara pacientemente hasta que Astrid volviera con la comida, forjó una especie de acuerdo implícito. Después de la larga plática que tuvieron en la que la joven respondió todas las preguntas de la reina, Astrid no se sentía capaz siquiera de sugerir que Elsa tomara de nueva cuenta el brebaje.
Entonces, Astrid llegó al punto de no considerar necesario que Elsa lo bebiera siempre y cuando ella estuviera en el castillo, vigilando que todo estuviera en orden para que nada pasara y nadie se diera cuenta. A estas alturas no le quedaba de otra más que seguir con esta locura, ya que si alguien se enteraba de todo, no la azotarían. La matarían. Sin embargo, esa locura tampoco la llevaría a cometer suicidio. Por lo que Elsa y ella acordaron que sólo cuando Astrid se ausentara del palacio, y por precaución, Elsa tomaría el brebaje.
Pocos días después, ya de noche y como se había vuelto costumbre, Astrid se dirigía a ver a Elsa. Hasta el momento todo había transcurrido en completa tranquilidad y esperaba que las cosas así siguieran.
Sin embargo, a medio camino, fue interceptada por un guardia del castillo.
"Uno de los guardias que se encuentra en la cabaña de tu hermana vino hasta aquí y me entregó esto."
El guardia le entregó un pequeño trozo de papel doblado a la mitad y así como había llegado, de la misma forma aquel hombre se fue.
A Astrid no le dio tiempo de preguntar absolutamente nada. Así que después de quedarse mirando al guardia mientras se alejaba sin entender lo que pasaba, desdobló el trozo de papel y lo leyó.
No le agradó lo que había escrito en él…
Minutos después, Astrid llegó a la habitación de Elsa.
Y tan pronto entró a la habitación, Elsa se percató de que algo malo sucedía con la joven. Sus dudas no tardaron mucho tiempo en disiparse.
Astrid fue directa, aunque con cierto temor miró a la reina y le dijo lo que le tenía que decir…
"Mañana a primera hora debo salir del castillo. Hilda necesita que vaya a verla urgentemente."
Eso fue todo lo que dijo la joven de cabellos plateados. Y Elsa comprendió.
"Entonces, yo…"
Y aunque no deseaba que así fuera, la hermana menor de la Hechicera no tenía otra opción.
"Así es."
La afirmación de Astrid fue contundente. Y eso sólo significaba una cosa. Elsa debía beber el brebaje.
La Reina de Hielo suspiró y cerró los ojos. No esperaba que el momento en el que necesitara tomarlo llegara tan pronto, pero tampoco tenía otra opción.
Por el momento sería imposible escapar. Su mejor opción era confiar. Y que Astrid confiara en ella.
Eso sin contar que si por alguna razón, Astrid no cumplía su deber y era encarcelada, aparte de todo lo que le esperaría a la muchacha, solo los Dioses sabrían qué clase de persona estaría ahora vigilando a Elsa. Y ese era un riesgo que la Reina de Hielo no podría correr.
El momento de escapar tarde o temprano llegaría. Tenía que aguardar y ser paciente. Por algo estaba ahí encerrada, así que esperaría su oportunidad. O la crearía cuando fuera el momento...
Tenía que regresar a Arendelle y proteger a Anna... Así Anna la odiara profundamente por los sentimientos que su propia hermana tenía por ella.
Entonces la reina abrió los ojos y miró fijamente a Astrid, con resignación, pero a la vez, con mucha determinación.
"Está bien. Lo haré."
La joven de cabellos plateados no dejaba de admirar esa determinación y la fortaleza de la reina. Si hasta entonces había dudado en algún momento de que Elsa cumpliría su palabra, ahora se deba cuenta de que la reina sería fiel a ella hasta el fin.
Entonces Astrid buscó en su bolso y luego sacó un pequeño frasco con aquel brebaje. Lo miró fijamente durante unos segundos y después sus ojos se posó en la reina. La joven de cabellos plateados extendió su brazo, entregándole el frasco a Elsa.
La reina no creyó que la joven le diera el frasco, pensó que ella misma le haría beber el brebaje. Y ante los ojos de la reina, aquello sólo podía significar una cosa. Astrid estaba confiando en Elsa. Y Elsa no defraudaría esa confianza.
Elsa tomó el frasco entre sus manos mientras lo observaba con atención. Definitivamente ésta era una de las decisiones más difíciles que podría tomar en su vida. Dejarse a sí misma en un estado de indefensión total. Sentía temor, de eso no había duda.
Pero debía de hacerlo. No. Tenía que hacerlo.
La Reina de Hielo retiró el pequeño corcho que tapaba el frasco y lo llevó hasta su boca.
Entonces miró fijamente a Astrid… Justo antes de hacer lo que tenía que hacer.
Y sólo hasta que la última gota del brebaje dejó el frasco, la Reina de Hielo lo alejó de sus labios y de inmediato, se lo entregó vacío a Astrid antes de que los efectos del brebaje comenzaran. Elsa ya sabía lo que estaba a punto de pasar.
Algo en el corazón de Astrid se rompió cuando vio a la hermosa Reina de Hielo perder todas sus fuerzas y caer irremediablemente.
Rápidamente la tomó entre sus brazos. No hubiera esperado que el brebaje tuviera un efecto casi inmediato.
Aquella sensación ya era conocida para la reina, así que está vez no sintió tanto temor. Eso sin contar que en esta ocasión, no estaba sola, y eso la hacía sentir un poco mejor. Así que Elsa sólo pudo pensar en una palabra en ese momento.
"Astrid… gracias…"
Elsa sonrió ligeramente a la joven de cabellos plateados, justo antes de cerrar los ojos y caer en un profundo sueño. Mientras que la joven no pudo evitar sonrojarse y sentir algo cálido en su ser.
Antes de que el cuerpo de Elsa se desvaneciera por completo, Astrid la tomó fuertemente y la recostó en la cama para que pudiera dormir plácidamente. Nadie la molestaría ni entraría a la habitación, de eso estaba casi segura.
Sólo esperaba que los sueños de la joven reina le permitieran dormir en paz...
Y ya estando el cuerpo de la reina yaciendo cómodamente en la cama, Astrid se acercó a ella. Con delicadeza comenzó a acariciar sus rubios cabellos. Cuando se descubrió a sí misma haciéndolo, se reprendió mentalmente y trató de colocar algunos mechones traviesos en su lugar para que no interrumpieran el sueño de la bella durmiente.
Se acercó aún más, su rostro estaba muy cerca del de aquella mujer…
Y se detuvo, mientras cerraba con fuerza los ojos, tratando de poner en orden sus ideas…
Fue entonces cuando un susurro escapó de los labios de la bella durmiente.
"Anna…"
La joven de cabellos plateados abrió los ojos, ante la sorpresa de aquel nombre que la reina dejó ir entre sueños. Y es que aun estando dormida, la poderosa Reina de Hielo no dejaba de pensar ni un segundo en su hermana.
Una vez más, algo se rompió en el corazón de Astrid, sin embargo prefirió pensar en que quizás los sueños de la reina no serían tan crueles con ella y la dejarían dormir en paz.
Así que sólo atinó a besarla dulcemente en una de sus mejillas, antes de salir corriendo de la habitación y cerrar la puerta detrás de sí.
Continuará...
Bueno, con este capítulo concluimos los recuerdos de Astrid y conocemos un poco más el papel que tendrá este personaje dentro de la historia. En el próximo capítulo, Astrid finalmente llegará a su destino después de haber recordado tantas cosas y veremos qué sucede de interesante.
De nueva cuenta, muchas gracias por sus reviews, follows, favs y PM, espero que más gente se anime a comentar, ya que me agrada leer sus comentarios sobre esta historia.
¡Saludos!
