DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

AMOR DE VERANO

CAPITULO XXIV

Edward y Bella seguían exhaustos. La noche había sido larga para ambos.

Nessie por el contrario estaba entusiasmada haciendo planes.

- ¿Podemos ir a la playa? – pidió la niña

- Creo que hoy no hace tanto calor – adujo Edward – Yo había pensado que fuéramos a pasear por la ciudad, sé que te gustará.

- Ok, vale – aceptó no muy contenta

- ¿Tú qué quieres hacer, Bella? – preguntó trayendo a la chica de vuelta de donde fuera que su mente estuviera viajando

- Eh, yo – balbució – No sé, lo que tú creas mejor. Eres nuestro guía turístico – le sonrió a su hija pero su sonrisa se borró cuando volvió la vista hacia él.

Después de lo sucedido la noche anterior, mientras daba vueltas en la cama, su enojo fue creciendo.

¿Quién se creía Edward que era para hablarle como le había hablado? ¿Quién se creía que era él para intentar llevársela a la cama, si aún conservaba las pertenencias de su ex novia?

En realidad, lo que más le molestaba era no saber qué tan ex era su ex novia.

Edward le había dicho que lo había dejado hacía un par de meses, y que había estado con ella durante cuatro años. No era extraño pensar que aún tuviera sentimientos profundos por la chica.

Eso la desestabilizaba.

Cada vez estaba más convencida de que había sido un error ir con él a Barcelona.

Acabaría enamorada de él.

Enamorada de alguien que estaba destinado a salir de su vida. Era imposible que no saliera de allí con el corazón roto.

Era evidente que Edward le gustaba y la atraía físicamente. La atracción no era algo que estuviera en discusión. Y era evidente también que era mutua.

Pero lo peor era ver lo encantador que podía ser, con su hija, con ella...

Hasta el momento sólo le había encontrado un defecto. Su intransigencia ante la idea de volver a vivir a su ciudad natal.

Un solo defecto, pero el único que realmente podría mantenerles separados.

- Si ya has acabado el desayuno, podríamos salir – le dijo Edward a Nessie – ¿Qué te parece?

- Sí, genial – dijo la niña con entusiasmo

- Ness, ve a lavarte los dientes – la instó su madre – Subiré en un momento – agregó levantándose para recoger la mesa

- ¿Vienes, papi?

- En un minuto.

Cuando la niña corrió a su habitación, Bella se volteó para guardar la botella de zumo y el sirope en la nevera.

- Bella – la llamó Edward levantándose también y acercándose a ella.

Notó con claridad cómo la chica aguantaba momentáneamente la respiración y se maldijo en silencio.

- Hey, Bella – susurró retirándole un mechón de cabello que había caído hacia delante cubriéndole en parte el rostro

- No, Edward – se alejó como si él quemara

- No, Bella, cariño. No te escapes de mí, por favor.

- Por favor, Edward – rogó mirándolo con rostro adusto

- No, cariño, no voy a hacer nada. De verdad. Ya me lo has dejado claro. Pero no quiero que estemos tensos el uno con el otro, Bella. Te aprecio demasiado para ello. Quiero que seamos amigos, de verdad. Por mí, por ti, pero especialmente por Ness.

- Yo también quiero que seamos amigos, Edward – reconoció

Edward sonrió bastante más tranquilo.

Cogió con ternura su barbilla para levantar su rostro obligándola a mirarle.

- Quiero que me disculpes por la forma en que te hablé ayer. No estuvo bien, no te lo mereces.

- No, Edward, está bien. No soy quién para entrometerme en tu vida.

- No, cielo, no te estás entrometiendo. Tienes derecho a saber mis razones para no querer volver. Al fin y al cabo eso os toca a ti y a nuestra hija.

- No, Edward, de verdad, no tienes que explicármelo.

- Quiero explicártelo – aseguró – Sólo que este no creo que sea el momento, ya que es largo y Nessie estará demasiado impaciente. – explicó haciéndola sonreír comprensiva

- Sí. Yo también lo creo.

- ¿Me disculpas, entonces?

- Sí.

- Gracias, cariño – dijo besando su frente con ternura – Y ahora ve a prepararte que tengo muchos planes para hoy – agregó empujándola suavemente de cara a la puerta.

Le dio una nalgada rápida que la hizo mirarle con los ojos entrecerrados.

- Tú, señor, tienes la mano muy larga – le espetó haciéndole reír

- No lo sabes tú bien. Venga, sobre todo calzado cómodo.

- En seguida.

El entusiasmo de Nessie fue patente y contagioso desde el momento que bajaron a la estación de metro más cercana al departamento.

El metro era algo que había experimentado en Nueva York, cuando habían ido con Bella el año anterior, pero ya no lo recordaba.

El metro de Barcelona, le resultó fascinante, aunque en el mediodía del mes de julio, a sus padres les pareciera caluroso, atestado de gente y pesado.

Bajaron en la Plaça Catalunya y la mirada de la niña se agrandó al volver a salir a la calle.

- Hay mucha gente – comentó algo intimidada

- Sí que la hay – reconoció Edward – Así que no te alejes mucho.

- Vale – aceptó y cogió la mano de su padre enterneciéndole

El paseo por las Ramblas fue todo lo que Nessie podía imaginar.

Cada pocos metros se detenían para que la niña, y Bella también, pudieran admirar las estatuas vivientes, los pintores, retratistas y caricaturistas, los puestos de flores y aves.

En algún momento del paseo Bella se dio cuenta que su mano se entrelazaba a la de Edward, sin que ninguno se diera cuenta de la implicancia de ese gesto.

Pero se sentía bien, se sentía demasiado bien como para soltarle, así que simplemente se aferró a él.

Nessie caminaba delante con su cono de helado, deteniéndose frente a los distintos puestos e insistiendo para que su padre tomara fotos con su teléfono móvil. Además de conseguir que les hicieran una caricatura, le vendieran un pergamino con su nombre escrito en letras chinas, y su padre le comprara un libreta con dibujos de los edificios de Gaudí en cada página.

Edward sentía un regocijo que nunca había sentido antes.

Entonces se dio cuenta que eso era exactamente lo que había estado buscando. Esa era la vida que quería.

Un domingo cualquiera paseando por la ciudad con su hija y la mujer que sin dudas elegiría para que le acompañase.

Tenía que lograrlo. Aún no sabía cómo lo haría pero tenía seis semanas para convencer a esa mujer de darse una oportunidad.

En tres horas de paseo por la ciudad, Bella estaba ya encantada. En seis semanas no se resistiría.

En la Plaça Reial, una plaza con palmeras y edificios con pórticos, donde se instalaban cervecerías y restaurantes, se sentaron a comer.

Edward, decidido a enamorarlas, pidió una pequeña selección de tapas que degustaron con placer.

Mientras ellos disfrutaban de un café después de comer, Nessie corría entre los coleccionistas de sellos y monedas, sin alejarse de la vista de sus padres.

- ¿Qué te ha parecido todo hasta ahora? – le preguntó Edward con interés

Bella volvió hacia él la mirada que tenía fija en su niña.

- Me encanta. Es una ciudad preciosa, Edward. Supongo que no será igual en invierno, o de lunes a viernes.

- No te creas. Los inviernos no son muy crudos aquí, y la ciudad es muy cosmopolita. Tiene mucho turismo todo el año, estudiantes que vienen de intercambio... qué sé yo, suele ser bastante similar.

- Entiendo que te guste vivir aquí

- Me gusta mucho, sí – reconoció – Y sé que a ti también te gustaría.

- Edward...

- Lo sé, lo sé. No voy a insistir... – aún, pensó aunque no lo dijo

- Gracias

Sonrió mirándola con ternura.

- ¿Qué planes tienes para la tarde?

- No sé, supongo que depende de lo cansada que esté Ness. Podríamos ir al acuario, pero temo que sea agotador, y en realidad lo que sí quisiera enseñaros es el espectáculo de la fuente mágica de Montjuic.

- ¿Qué es eso?

- Son unas fuentes con música y luces de colores. El espectáculo es maravilloso pero el primer pase es a las 9. Si seguimos dando vueltas, Nessie estará agotada para entonces. Pero podríamos coger el bus turístico y hacer un recorrido por la ciudad. ¿Qué te parece?

- Buena idea.

- Veremos un poco de todo y no nos cansaremos tanto.

- Genial.

Con la decisión tomada, volvieron sobre sus pasos para subir al bus turístico y recorrer la ciudad.

Se sentaron en el piso superior.

Nessie exclamaba ante cada edificio o monumento que llamaba su atención y su padre le explicaba lo que sabía sobre cada uno.

Exhausta como estaba, después de haber dormido tan poco la noche anterior, Bella se recostó en el cuerpo de Edward que rodeó sus hombros con un brazo, y la instó a apoyar su cabeza contra él.

No pudo evitar adormecerse bajo el sol de julio, ante el regocijo del hombre de tenerla junto a él.

Cuando llegaron al final del recorrido dos horas después, Bella se había perdido la mitad de la ruta y Nessie no dejaba de burlarse de su madre.

Se sentaron en un heladería antes de acabar el día viendo las aguas danzantes que, tal como Edward había predicho, les pareció hermoso.

Nessie dormía en el regazo de su padre cuando sentados en el vagón del metro volvían a casa, cargados con pequeños souvenirs que no se habían resistido a comprar en el mercadillo de las ramblas y las tiendas de regalos.

- Mañana tendría que pasar por el despacho – le comentó en voz baja intentando no despertar a la niña

- Claro – aceptó Bella – Te toca volver a trabajar – sonrió

- Sí. Alguien tiene que hacerlo – comentó burlón – Intentaré resolver lo indispensable por la mañana, y podremos pasar la tarde juntos.

- Sí, no te preocupes por nosotras. Encontraremos cómo distraernos. Estoy segura que si me dejas un plano del metro y una guía, nos las apañaremos. Puedes, si quieres, recomendarme lugares para visitar.

- Desde luego, aunque reconozco que quisiera visitarlos con vosotras. Pero mañana comienza la feria de arquitectura y debería organizar un poco nuestro stand.

- Entiendo, de verdad – aseguró aunque tuvo que reconocer que también a ella le gustaría pasar el día entero con Edward.

Edward metió a la niña en la cama, y bajó para encontrarse a Bella en la cocina.

Con la nevera abierta, se servia agua en un vaso.

Su visión le conmocionó. Vestida con una camisa de dormir que le llegaba a la mitad del muslo, la luz del refrigerador translucía su figura.

- Pensé que te habías ido a la cama – susurró sobresaltándola

- Oh, lo siento – se disculpó volteándose a verle sonrojada – Ya me iba. Estoy agotada.

- También yo – reconoció haciendo un esfuerzo sobrehumano para desviar su vista del cuerpo de la chica

Se acercó y se sirvió un vaso de agua para él, recostándose en la encimera para beberlo.

- Lo he pasado muy bien hoy – confesó Bella – Gracias, Edward.

- No tienes nada que agradecer. Para mí también ha sido un día maravilloso.

- Nessie lo ha disfrutado mucho.

- Lo sé. Casi tanto como yo he disfrutado compartirlo con vosotras.

Bella bajó al vista incómoda antes de decidir despedirse.

- Creo que me iré a la cama.

- Sí, lo mejor será que yo haga lo mismo – reconoció y juntos subieron a la planta alta

La acompañó hasta la puerta de su habitación y se volteó a mirarla con ternura.

- Que descanses, Bella – susurró antes de inclinarse para besar sus labios

- Edward... – se quejó ella

- Shh... sólo quiero agradecerte por este día – murmuró volviendo a sus labios para rozarlos una vez más.

Se separó antes de que ella pudiese hacer nada por evitarlo y dándole un toquecito en la nariz con los nudillos, se despidió.

- Hasta mañana, cariño

- Hasta mañana – susurró viendo al chico entrar en su habitación cerrando la puerta tras de sí

Tal como había dicho la noche anterior, esas iban a ser seis semanas muy largas.


Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por leer.

Gracias también por las recomendaciones, y bienvenidos a los nuevos lectores.

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Dejo el adelanto para el próximo capi:

- Gracias por la confianza, Carmen, necesitaré todo el apoyo que sea capaz de conseguir.

- Cuenta conmigo. Pero también aprovecharé para decirte que María Sandino ha estado viniendo, una vez a la semana al menos.

- Dios – gimió – ¿Qué quería?

- Saber cuándo volvías.

- ¿Qué le dijiste?

- Que no tenía idea y que tú te comunicarías con ella si lo veías necesario.

- Gracias, Carmen. No sé cómo hacer para que comprenda que lo nuestro está más que acabado.

- Discúlpame el atrevimiento, Edward, pero a esa niña no le conviene comprenderlo.

- Lo sé. No le será sencillo conseguir otro idiota dispuesto a mantenerla para que ella juegue a las actrices.

- Lamento decirte que creo que tienes razón.

- Lo sé – se lamentó – Pero está terminado, lo entienda ella o no. Yo tengo cosas más importantes de las que ocuparme.

- La madre de tu hija, por ejemplo

- Por ejemplo – reconoció sonriente

Besitos!