—Tengo esferas mucho más bonitas. —Le aseguró a Williams la dependienta de Drasdanian hall, la mejor tienda de recuerdos de cristal de todo Hogsmeade. —También podría hacerle traer otra sin ningún fallo. ¿No prefiere…?

—No, no se preocupe es justo lo que buscaba. —Williams Weasley sacó la cartera.

—¿Esta seguro?

—Sí, es perfecta.

La bruja miró la bola de cristal una vez más y la agitó para ver como la escena iba cambiando en su interior.

—Bien. —respondió la mujer encogiéndose de hombros. Con suavidad movió la varita y comenzó a envolver el objeto.

—No te quedes en la puerta. —Le apremió Snape al ver que Williams no terminaba de pasar a su cuarto.

—No puedo quedarme mucho, pero quería preguntarte algo. ¿Te apetece dar un paseo después de cenar este viernes? —Continuó el pelirrojo.

—Tendré que mirar en mi agenda, ya sabes que soy un hombre muy solicitado.

—Me hago una idea. —Bill sonrío.

Acercándose a Snape se agachó para intentar besarlo, pero en el último instante se dio cuenta de que aun seguía en el pasillo. Lo último que necesitaban era que alguien los viera.—Tal vez si que tengo tiempo para pasar un momento.

—Entra de una vez—gruñó Snape intentando no sonreír.

En el momento que franqueó la estancia y cerró la puerta el pelirrojo lo asió de la cintura y se inclinó para besarlo. Antes de abandonar su boca mordió su labio inferior.

—Tengo que marcharme, Severus. Hay clase en un rato y no puedo llegar tarde—Le susurró, pero en ningún momento Williams hizo ademán de moverse. Sus manos aun asidas a su túnica y la respiración entrecortada del joven le acariciaba el oído.

Las manos del pelirrojo comenzaron a alisar su túnica con suavidad a pesar de que lo que realmente parecía pedir todo su cuerpo a gritos era arrancarle la ropa. Los ojos marrones de Bill lo incendiaban. El más joven rozó sus labios antes de volver a besarle. Era como si cada vez que se tocaban no necesitaran volver a respirar.

—No quiero irme. —murmuró Williams y se mordió los propios labios. La primera clase de la tarde empezaría en media hora, pero aun así... Sería tan delicioso perderse en ese cuerpo.

—Será mejor que te vayas, Bill. Hemos quedado luego, ¿no? Después de cenar podemos continuar con esta conversación.

Weasley volvió a mirar su reloj: —Te veo a la noche. —En su expresión se podía leer que deseaba mucho más que poder verlo.

Cuando Snape se quedó solo pensó en reorganizar algún armario, pero antes de poder hacer nada alguien volvió a llamar a la puerta.

Al abrir se encontró de frente con Bill:—¿No decía que tenía prisa, profesor Williams? —Le peguntó. Antes de que se diera cuenta el joven entró en la habitación sin dejar de besarlo.

La cama se hundió ligeramente cuando Williams se recostó sobre él. Sus cabellos rozaron la piel desnuda de Severus provocándole cosquillas. Mordisqueó sus labios antes de abrírselos para profundizar un beso abrasador. Snape se sujetó a sus anchas espaldas sintiendo como se contraía cada músculo. Tenerlo encima le hacía sentir poderoso.

—Te quiero, Sev.

—No digas eso. —gimió mientras sus delgados dedos se deslizaban por sus caderas hasta su trasero bien formado.

Williams jadeó sorprendido por aquella caricia.

—Puedes impedir que lo diga, pero no por ello dejare de hacerlo. —El joven notó como los labios de su compañero sonreían contra su hombro.

—Pues más vale que dejes de hacerlo—El pelirrojo se tensó—, que dejes de llamarme Sev porque es algo que odio.

—Demonio. —le respondió, pero en sus labios no sonaba despectivo.

Con deliberada lentitud Williams deslizó una mano sobre por su torso. Cada zona que tocaba su palma era mordisqueada con ternura; su pecho, su cintura, su ombligo, su… Al llegar a la altura del pantalón le abrió la cremallera y se lo quitó dejando al descubierto su virilidad. Los ojos negros de Severus lo abrasaban y el deseo que vio en ellos le dio el valor que necesitaba para lo que pretendía hacer. En cuanto Williams comenzó a lamer su miembro Snape gimió sujetándose con una mano al cabecero de la cama y con la otra sobre los pelirrojos cabellos de su amante. Cuanto más escuchaba jadear su nombre más ansiaba hacerlo suyo. En el momento en el que Snape estuvo a punto de correrse lo sujetó del hombro para que se detuviera.

—Aún no—Susurró Severus.

El pelirrojo ascendió para devorar su boca. Sintió aquellos grandiosos muslos rozando su piel cuando Williams se colocó entre sus piernas. Era perfecto, demasiado.

Ambos gimieron a la vez cuando se introdujo en él.

Sus arremetidas se intensificaron hasta que el cuerpo del más joven llegó al límite. Bill tuvo que hacer un sobreesfuerzo para detenerse dentro de Severus, tratando de que aquel momento durara mucho más. Las uñas de Snape se clavaron en su trasero al instarlo a continuar, pero Williams se inclinó sobre su amante para besarlo una vez más. Sus lenguas se enredaron hasta que Williams pensó que moriría si no lograba tomar aire. Snape comenzó a mover sus caderas provocando una oleada de placer que hizo correrse al pelirrojo dentro de él. Bill gruñó con los dientes apretados por el placer. Dispuesto a terminar lo que había empezado se retiró de su compañero y mordisqueó su oreja.

—¿Quién es el demonio ahora?—Le preguntó Snape con la voz entre cortada.

Bill sonrió. El pendiente que llevaba en la oreja le distrajo un segundo. Mordió el cuello del profesor de pociones como un depredador y comenzó a restregarse contra él. Para la sorpresa de Snape, notó como aquel roce entre sus cuerpos provocaba una nueva erección en su ex alumno. Williams subió lo suficiente para que Severus le acariciara el miembro con las manos. Tan solo ver aquel gesto de éxtasis en el rostro del más joven era el paraíso.

Cuando volvió a preparar la entrada de Snape se recreó en incrementar su pequeño tormento. Una vez más se introdujo en su antiguo profesor y deseó no tener que dejarlo nunca más. Williams se sujetó a sus caderas mientras intensificaba las acometidas. Poco después ambos se corrieron exhaustos.

—Te quiero Sev. —Habló el pelirrojo mientras le acariciaba la barbilla con la nariz.

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Los alumnos salieron de sus clases para encaminarse a la próxima. Hermione cargada con sus tomos de Historia de la magia saludó a Ginni, pero esta ni siquiera la vio. Abrazada a sus libros la menor de los Weasley parecía algo distraída.

—Ginni— la llamó Hermione al pasar junto a ella. — ¿Estás bien?

—Oh… Sí… Bueno… no del todo. ¿Puedes venir conmigo un momento?
Las dos muchachas se apartaron de la marabunta de alumnos y se quedaron en un pequeño recoveco.

—¿Te sucede algo?

Ginni dejó escapar el aire con fuerza: —No sé por dónde empezar.

—Cálmate y comienza por el principio. Seguro que podemos hacer algo para solucionar lo que sea.

—Yo… Mi hermano… él… Será mejor que lo suelte de sopetón. Hace unas semanas vi… Bill estaba besando a Snape.

—¿Estás segura?

—Sí. Créeme, ver a uno de mis hermanos besando a otra persona no es una de mis fantasías preferidas.

—Cálmate, Ginni. Eso era lo que querías, ¿no?... Quiero decir, eso es bueno. A él le gusta y al final ha conseguido… Eso no es nada malo.

—Claro que me alegró por él. Adoro a Bill y estoy contenta por él… aunque este con uno de mis profesores. Ese no es el problema. El problema es que Ron y Harry siguen empeñados en demostrar que nos equivocamos y que Snape no puede estar saliendo con nadie así que han insistido en que antes de que termine el curso nos demostraran que estábamos equivocadas. Tengo miedo de lo que podrían llegar a hacer para descubrirle.

—Se acabara enterando de su relación de todos modos. Williams tendría que decírselo a Ron. De todas formas, ¿Qué podrían llegar a hacer?—Ambas se miraron fijamente.—Está bien. Te ayudaré.

—Shhhh. — Ginni continuó hablando más bajo al ver pasar un par de chicos. — Pero ¿Y si en el proceso dejan en evidencia a Bill? Podrían tener problemas.

—Sin duda eso sería un serio problema. Tranquila, Ginni. Encontráremos algo para que dejen de investigar.

—Gracias.

—¿Qué hacéis las dos aquí? Deberías de estar en vuestras clases. —Las amonestó el profesor Weasley.

—Sí, profesor. —Respondió Hermione antes de marchar a toda prisa.

Ginni en cambio le sonrió mientras se acercaba hasta él y lo abrazaba.

—¿Ginni…?

—Ya, ya sé que esto no va a salvarme de perder puntos. —Antes de soltarlo lo besó en la mejilla. —Yo que tu correría a tu clase. Vas a llegar más tarde que Hermione. —Me alegra verte tan contento.

El mayor de los Weasley la vio marchar con una extraña sensación. Tarde o temprano tendría que hablar con su familia, pero por ahora quería estar seguro de que Snape no desaparecería de su lado. Le había costado mucho convencerle para que lo intentaran, pero… muy a su pesar aun tenía miedo de que se echara atrás.