Capítulo XXV: La Furia del Cuerno Rojo.

-¿en verdad debemos tomar esta dirección?-preguntó Pippin con inseguridad.

Nadie le contestó, y el hobbit miró sin aliento la Montaña, ya casi sin esperanzas de tomar otro camino.

El Caradhras era la más cruel y maliciosa montaña existente en esos territorios; tenía muy mala fama, incluso desde antes de la llegada de la Oscuridad.

Nieves eternas coronaban su cima, y su voluntad era tan cambiante como siniestra.

Pero debían enfrentarla, era el camino más seguro hacia el otro lado, aunque eso significara morirse del frío y el hambre.

Al otro día de partir de Eregion, llegaron a la base del Caradhras, totalmente cubierta de nieve, la cual caía ya copiosamente desde los cielos.

Los hobbits nunca habían visto la nieve, y estaban entre impresionados y atemorizados, mientras sus espesas cabelleras se iban llenando de aquellos helados copos.

-oh, ya sabe de nuestras intenciones-gruño Gimli, a paso lento-, desde ahora impedirá que lo crucemos.-

-¿a que te refieres?-murmuró Lila, sacudiéndose el cabello-.

-la Montaña tiene voluntad propia-le explicó el enano-, Caradhras nos desafía.-

A Lila le dio un escalofrío, no le gustaba para nada el panorama.

La comitiva iba dirigida una vez más por Gandalf, quien los guiaba ascendiendo por un estrecho sendero apenas limitado; la nieve comenzaba a ocultar el firme suelo, y los pies de los hobbits estaban completamente helados.

Siguiendo a Gandalf iban Legolas y Nibenwen, caminando con paso ligero, y apenas tocando la nieve. Bellcaunion iba tras ellos con su corcel cargado de alimentos y agua.

Gimli andaba de mal humor, no le gustaba la nieve, y menos el lugar de donde provenía.

Los hobbits iban protegidos por Merilnen y Aragorn, cuidando de que no resbalaran o perdieran el ritmo.

Al final del día, lograron llegar a un buen punto de la montaña, y se detuvieron para descansar.

No prendieron fogatas, tanto por seguridad como por la simple razón de que entre tanta nieve era imposible.

-en un par de días más estaremos al otro lado-les dijo Gandalf, con voz serena-, pero me temo que tendremos que andar mucho, y la nieve se agrupa en demasía bajo nuestros pies.-

Todos, menos los Elfos, tiritaban de frío, y un repentino sueño los adormecía.

-ahora mismo quisiera una cama…-pensó en voz alta Merry-.

-mejor no desees nada, Merry-le dijo Lila-, aún falta mucho para que podamos disfrutar del placer de un lecho. Lo que es yo, tengo tanto sueño…-.

-vamos, deberías descansar-le sugirió Merilnen-, yo te arroparé.-

Se acurrucó junto a la hobbit, abrigándola, hasta que ésta se quedó profundamente dormida, y luego la dejó delicadamente tendida.

Pippin y Merry también descansaban, y Frodo, como casi siempre, estaba entre el sueño y el insomnio, deseando dormir, pero aún en eso no encontraba mayor descanso.

-Frodo, duerme-le dijo Aragorn, y el hobbit, para no contradecirle, intentó pegar un ojo, hasta que lo hizo, pero después de unas horas.

Por mientras, escuchaba como el resto de la compañía susurraba cosas entre ellos.

-no entiendo cual es el objetivo-comenzó Gimli, intentando apaciguar su voz-. Caradhras no nos quiere aquí. Nos matará antes de que lleguemos a su cima.-

-yo también opino lo mismo, ahora que lo veo-dijo Bellcaunion-, los beriain no aguantarán el trayecto-.

-Caradhras por sí solo no nos echará, aún cuando su voluntad sea muy fuerte-aclaró Gandalf-. Necesitaría de otro poder semejante o más grande, que lo aliente y así, dará por ganada la lucha-.

-voluntades en nuestra contra hay de sobra-comentó Bellcaunion-. Ya nos basta con dos Enemigos, y el Cuerno Rojo.-

-si te refieres a Sauron y Saruman, estás equivocado. Saruman nos persigue, pero él no es más que un títere del verdadero Enemigo, sólo que aún no lo sabe-dijo Gandalf-.

-eso es cierto, pero de todos modos en este camino no nos irá bien-dijo Aragorn-.

-insisto en el punto que Bellcaunion remarcó-dijo Merilnen-. Estoy preocupada por los hobbits, para ellos esto es muy difícil.-

-sí, pero no los compadezcamos mucho, ellos decidieron venir sin que nadie se los pidiera o rogara-dijo Gandalf-, tampoco los subestimen. Son más resistentes de lo que aparentan.-

-yo no lo veo así…-dijo burlonamente Bellcaunion, haciendo que Frodo estallara en ira mientras escuchaba. El elfo siguió- por ejemplo, Lila, es una muchachita, y con suerte soporta todo esto-.

-no entiendo que insinúas-replicó Nibenwen, con un tono algo molesto-, está tan cansada como todos.-

-no quiero decir que porque sea mujer sea más incompetente-.

-bueno, yo diría que es tan incompetente como Frodo-comentó Aragorn con una sonrisa sarcástica.

-insinúas que ambos tienen la misma fortaleza?-preguntó Bellcaunion, de forma suspicaz.

-no sólo eso-interrumpió Gandalf-, sus destinos están unidos.-

Frodo tragó saliva.

Gandalf volvía a hablar acerca de eso, algo que le confundía demasiado.

Recordó las auras doradas, pero lo último le puso los pelos de punta.

¿Destinos unidos?

-eso se ve a simple vista-murmuró Merilnen-, por lo menos para un Elfo.-

-cualquier Elfo puede notarlo, pero sólo los más poderosos, los Sabios, pueden determinar de qué se trata todo esto-dijo Gandalf-.

-tú eres uno de ellos; explícanos-espetó Bellcaunion.

-tú eres un Noldo, en ti el poder se acumula aún más que en las otras razas de los elfos-respondió el mago-, pero aunque tuvieras tus dudas, no las resolvería, porque este asunto es algo peculiar y secreto.-

-¿entonces?..¿Para que lo mencionas?-.

-para que todos estén atentos a los designios del Destino-declamó Gandalf-. Y no sólo hablo del Destino de ambos hobbits, sino de la repercusión que esto tendrá en los grandes asuntos.-

Todos permanecieron en silencio, mientras el viento soplaba con fuerza.

Frodo cerró los ojos.

¿Por qué todos ellos hablaban acerca de eso?

¿Por qué todos sabían lo que ocurría, menos él?

No entendía cual era el objetivo de unirlo a Lila, y seguro que ella tampoco lo entendería.

¿o lo sabría ella?

Como iban las cosas, tardaría en hablar con ella, debían preocuparse del camino.

Gandalf le ocultaba cosas, Bellcaunion le ocultaba cosas, Merilnen, y todos!

Eso no era nada alentador.

-uf! El viento está demasiado helado-susurró Nibenwen-, será mejor que descansen. Yo haré la primera guardia-.

Así terminó la 'secreta' charla, y el fuego se apagó rápidamente, mientras todos trataban de dormir.

Menos Frodo, ya atormentado por un sinfín de dudas.


Esa mañana todos los seres 'no-élficos' amanecieron calados hasta los huesos. El frío era perturbador, casi doloroso, y la nieve, un tormento.

Habían ya subido bastante, y una atronadora tormenta los amenazaba.

Además, ya no había camino. Estaba todo cubierto de nieve.

Los hobbits apenas podían caminar, eran tan pequeños que la nieve les llegaba hasta el pecho, y a menudo se resbalan, caían, o se quedaban varados.

Por lo tanto, lo más grandes se encargaron de ellos.

Aragorn llevó a Frodo a cuestas, Merilnen a Merry, Nibenwen a Pippin, y Bellcaunion a Lila; Frodo no pudo evitar sospechar del Elfo pálido, quizás que planes urdiera.

Gimli tuvo que montarse en el corcel del Noldo, y Gandalf lo llevaba de las riendas. Legolas se había alejado cuesta arriba para verificar como estaba todo.

Después de unos momentos, comenzó a nevar con más fuerza, y la tormenta estalló sin demora.

Ya no podían ascender más, el paso estaba bloqueado, y pequeños aluviones caían desde la cumbre, poniendo en peligro a la Compañía.

Se encontraban en un pequeño desfiladero, ya bastante alto, y podían caer fácilmente de el.

Legolas volvió raudo, con el hermoso rostro preocupado.

-no hay camino…, a menos que podamos hacer una zanja, pero es demasiado peligroso-les dijo al llegar-. Además, siento una voz maligna en el aire, junto con el sonido de los truenos, el viento y la nieve-.

El resto de la compañía se prestó a escuchar atentamente en silencio, haciendo caso a Legolas.

Frodo no oía más que las ráfagas de viento, y algunos truenos, hasta que sintió un terrible poder erguirse junto al Cuerno Rojo; un vozarrón lleno de malicia sonaba a lo lejos, mezclado con el viento nevado, y remeciendo los cimientos del Caradhras.

-¡Es horrible!-gritó Lila débilmente-.

-¡Es peor que eso!..¡Es Saruman!-exclamó Gandalf con los ojos como tizones encendidos.

-¿Qué quiere hacer?..¿Derribar la montaña?-los gritos de Aragorn apenas se escuchaban con la tormenta y las ráfagas-.

-¡Resguárdense, yo me encargaré de esto-, Gandalf estaba lleno de ira, y se puso casi al borde del precipicio con su bastón apuntando hacia el cielo. Comenzó a declamar con potencia palabras extrañas y desconocidas, seguramente contra-conjuros para reestablecer la montaña; pero eso no ayudaba en mucho, porque el Caradhras ya había elegido el lado del cual quería estar.

Los aluviones seguían ocasionándose, y Frodo creía escuchar una risa diabólica desde lo más profundo de la montaña.

Ya apenas veía a Gandalf, la nieve se agolpaba por encima de él, hasta que sintió un gran trueno chocar contra el pico del Cuerno Rojo, y más nieve cayó sobre ellos, ahora sepultándolos por completo.

Luego de unos minutos, los Elfos lograron salir de la 'tumba' que el Caradhras les había preparado, y sacaron al resto de la Compañía.

Gimli y los hobbits se hallaban muy por debajo de la nieve, y cuando salieron, estaban casi ahogados, del frío y la presión.

El viento seguía soplando maléficamente extraño, pero ya no había voz alguna que lo manejara.

De alguna u otra forma, el Caradhras había cumplido su cometido.

El paso estaba totalmente cerrado, y la Compañía ya no lo podía cruzar.

-¡Bajemos!-gritó Gandalf- ¡ya no podremos cruzar el paso!-.

Sin pérdida de tiempo, y deseosos de abandonar aquel lugar, la Compañía obedeció, descendiendo trabajosamente, contra los ventarrones, y todavía con el riesgo de nuevas tormentas.


-¿y ahora¿Qué haremos?-preguntó Nibenwen, llegando de las últimas al pie de la montaña, con Pippin a cuestas.

-debemos seguir otro camino-dijo torvamente Gandalf.

-¿pero cual, este era el único posible!-dijo Merilnen.

-no. hay muchos otros caminos, recuerdo habérselos mencionado. Sólo que este me parecía mucho menos arriesgado.-luego el mago agregó- alguien nos espió en el momento en que decidimos tomar esa dirección, por eso Saruman vertió en el Caradhras toda su maldad. Ahora, no podemos ni siquiera volver a Rivendel. Debemos seguir por otro camino, aunque me temo que sea el más sombrío.-

Pippin miraba a Merry con desesperanza, estaba algo arrepentido de su decisión de dejar Rivendel, y su primo también lo estaba.

Lila prefería no perder el ánimo, todavía ni empezaban los verdaderos horrores; Frodo era de la misma opinión, pero el ánimo le había abandonado hace días.

-¿entonces?-preguntó Legolas.

-Gandalf, debemos pasar por debajo de la montaña.-le sugirió Gimli, con los ojos centelleantes-. Debemos cruzar Moria.-

Todos lo miraron aterrorizados, menos Gandalf.

-¡Moria!- exclamó Nibenwen-. ¡Es un lugar lleno de oscuridad y horror!. No podríamos salir de allí jamás.-

-te equivocas-le contradijo Gimli-. Ese fue el hogar de Durin y todos sus descendientes, y es improbable que se encuentre en ruinas-.

-pero también es muy probable de que se encuentre así-dijo Gandalf-, aún así, es el único camino que podemos seguir-.

-sí, entiendo Gandalf. La salida de Moria lleva directamente al Valle del Arroyo Sombrío, ya he estado una vez allí-comentó Aragorn.

-pero…¿no hay otro camino disponible?-Nibenwen se resistía a la idea de cruzar las Minas de Moria, el terror se apreciaba en su pálido rostro.

-No-negó el Mago, seriamente-. El trayecto será oscuro, penoso y largo, pero no hay otro. Lo seguiremos, a no ser que no lo deseen-.

-yo iré contigo, Gandalf-dijo Gimli con firmeza-. ¿Qué tipo de enano sería si no me atreviera a cruzar Moria?

-yo también voy-dijo Aragorn-.

-y yo-agregó Bellcaunion, con su orgullo característico-.

-yo desisto-murmuró Nibenwen, y Legolas le dio la razón.

-no hay otra manera-Merilnen se veía perturbada-. Iré a Moria.

-¿y los hobbits?-preguntó Aragorn.

Ninguno de ellos habló. Esperaban que Frodo lo hiciera.

-me parece horrible cruzar esas minas…aunque no conozca muy bien que ha pasado con ellas-murmuró, indeciso-. Pero tampoco podemos volver a Rivendel sin haber intentado sortear todos los obstáculos o no haber aprovechado bien las oportunidades. Me sobrepondré a cualquier miedo. Iré con ustedes-.

-en ese caso, yo también-dijo Lila; y Pip y Merry no tardaron en dar su aprobación.

-muy bien-dijo Gandalf, con satisfacción-iremos allá; lo siento por los que no lo deseaban, si quieren, pueden abandonar aquí la misión-.

Legolas y Nibenwen se mostraron reacios a dejar a la Compañía, por lo que accedieron a ir por Moria, algo atemorizados.

-entiendo su miedo-les dijo a los Elfos; Bellcaunion dio un respingo-. Allá hay cosas más viejas y mortales que los orcos, puesto que los enanos cavaron demasiado hondo. Pero no se preocupen demasiado, iremos con cuidado- y luego agregó-. Bien, en marcha! Debemos retroceder, creo, para así tomar el camino que sigue el cauce del Sirannon. Quizás podamos entrar por la puerta de Acebeda-.

Diciendo esto, la Comunidad reanudó una vez la fatigada marcha, rumbo a la oscuridad de la 'Mina del Enano'.