25. En el desván

- ¿Puedo hablar en privado con vosotros? – Pidió Harry en voz baja

Emy y Molly salieron de la cocina, ambas visiblemente afectadas. Miraron a un lado y vieron a Harry, miraron al otro y vieron a los cuatro Weasley. Molly se tranquilizó un poco al verlos a todos y les mandó lavarse las manos para cenar de inmediato. Luego pidió a Harry que fuese a por Ron para que bajara pero él se quedó inmóvil. Emy le observaba, vio en sus ojos que lo había oído todo y aunque nada de lo que dijese fuese un gran secreto, o desmintiera algo sobre lo hablado con él, se sentía culpable, culpable por no hablarle con toda la claridad que se merecía. Harry entendió a la perfección aquella mirada y se limitó a esbozar una leve sonrisa, que calmó los ánimos de su tía.

- Venga chicos ¿A qué esperáis? – Apremió la señora Weasley

- Ahora vamos, mamá – Contestó Bill en un tono serio. Pasó por al lado de Harry y le susurró – Sígueme

Llegaron al cuarto de Bill y Charlie, se notaba por la seriedad de la decoración. Dos camas, una mesita en medio y un ropero, eran los únicos enseres que allí había. No obstante, Charlie hizo aparecer una silla, en la que los dos hermanos mayores dejaron sus chaquetas. Luego se sentaron en una de las camas, lo cual imitaron los gemelos en la de enfrente.

- ¿Cómo va todo, Harry? – Preguntó cortésmente Charlie

- Mal

- Sí, eso es lo que pensamos los cuatro – Dijo Bill

- Sabía que debíamos haber hecho algo con él – Soltó de pronto Fred

- Aún no es tarde – Añadió George

- Yo necesito que hagáis algo... no pensaba en eso, aunque no quita para... – Harry movió la cabeza, se estaba trabando con las ideas – Sé que os referís a Ginny y a la... Lo siento mucho

- ¡Fuiste tú quien la salvó! No nos pidas disculpas – Habló Bill – Te agradecemos de corazón...

- No, no me agradezcáis nada que yo no crea que merezca... No es para esto que he pedido hablar con vosotros

- ¿Entonces? – Preguntó Charlie

- Es por Ron – Harry bajó la voz – Nunca le he visto así, está hecho polvo porque piensa que no ha sabido proteger ni a su hermana, ni a Hermione, que no merece miraros a ninguno a la cara y que es un desastre. He intentado que entre en razón y que entienda que ninguno lo vemos así pero no me hace caso. Había bajado a pedir ayuda a vuestra madre. Cuando habéis entrado, he decidido pedírosla a vosotros, a sabiendas que Ron se puede mosquear conmigo, por ponerle en evidencia delante vuestro. Él siempre cree que debe demostrar que es tan bueno como cualquier Weasley. Él cree que le habéis puesto el listón muy alto y a mí se me han hinchado ya las narices. No soporto que Ron sea una persona insegura porque crea que sus hermanos no le ven capaz de ser un gran hombre, un gran mago. Para mí Ron es mi hermano y es el mejor que pude desear. Lo que quiero es que vosotros le digáis esto, si lo pensáis, claro.

Nadie dijo nada más durante al menos cinco minutos. Nunca vio Harry a los gemelos con semejante semblante, ni se imaginó que Bill pudiese esconder la cara entre las manos, al igual que lo hizo su mejor amigo momentos antes. Charlie se levantó después de llevar un rato con la mirada perdida, fue hacia Harry y apoyó sus manos en los hombros del muchacho.

- Mi hermano tiene suerte, tiene un gran amigo, un gran hermano. No sólo pienso que él será un gran hombre, Harry, estoy convencido de que ya lo es

- No debimos darle tantos caramelos aturdidores cuando era pequeño, Fred

- Ni tampoco asustarle por la noche – Contestó éste

- Ni mojar su cama para que creyera que había tenido una fuga – Añadió George

- Ni soltar aquellas arañas...

- No, no debisteis – Dictaminó Bill – No sé cómo ha podido suscitarse esta situación. Yo creí que él... bueno, ya sabéis... que tenía todo eso superado y que no nos idolatraba de esa manera. Harry, aquí donde nos ves, somos incapaces de pensar que Ronald no es genial y no sólo porque haya demostrado, a pesar del miedo que cualquier mago tendría hacia el-que-no-debe-ser-nombrado, un valor extraordinario en las increíbles hazañas que ha vivido junto a ti y a las chicas. Sabemos que él es un tipo estupendo pero no sabíamos que él no creyera serlo

- Entonces decírselo, porque de nada vale lamentarse luego, cuando uno ya no pude expresar lo que siente... de nada vale

- Tienes razón – Dijo Bill – Baja a la cocina y déjanos a nosotros hablar con él. Cuando terminemos, te aseguro que no tendrá dudas de lo que pensamos y de lo que sentimos hacia él

- Eso espero, porque necesita un empujón – Aseguró Harry, saliendo ya de la habitación

- ¡Ey! – Le llamó Bill – Que sea un gran hermano para ti, te convierte en un gran hermano para nosotros, lo sabes ¿verdad?

- Te puedo asegurar que no hay nada que me guste más que un buen Weasley – Harry sonrió

- Yo puntualizaría esa frase – Exclamó Fred

- Sí, más bien es: "Nada me gusta más que una BUENA Weasley" – Terminó George soltando una risita

Harry no contestó a ese comentario, aunque se tratase de una afirmación rotunda. Bajó a la cocina, se sentó al lado de su tía y anunció que bajarían un poco más tarde porque tenían reunión de hermanos. Al cabo de quince minutos, en los que la paciencia de la señora Weasley se estaba acabando, al ver que la cena se estaba enfriando y que iba a necesitar calentarla de nuevo a golpe de varita, bajaron los cinco hermanos en silencio, con cara ni seria ni alegre y se fueron sentando alrededor de la mesa. Ron lo hizo junto a Harry.

- "¿Ha sido idea tuya?'" – Le preguntó mentalmente el pelirrojo a su amigo

- "Tenía que hacer algo, además tú me echaste una mano antes, en el despacho de Dumbledore, cuando estaba apunto de perder el sentido común"

- "No sé qué les has dicho pero te puedo asegurar que tengo vacile para rato"

- "¿Te han tomado el pelo?" – Le preguntó Harry medio enfadado por no haber servido de nada su fenomenal discurso

- "No" – Contestó Ron – "Soy yo quien va a poder vacilarles durante mucho, óyeme bien, mucho tiempo"

- "Es la revancha"

- "¡Oh, sí! Y que gran sabor deja la venganza"

- "Revancha, he dicho revancha" – Especificó Harry

- "¿Es que no es lo mismo?" – En la boca de Ron apareció una sonrisa, se borró en cuanto se metió un gran trozo de pastel de carne

Tener allí a Emy significaba contestar muchas preguntas, sobre todo de los dos gemelos. Y es que, según Molly, era un auténtico milagro de la magia que Emy hubiese vuelto. A esta declaración le siguió una serie de murmullos continuos, por parte de la matriarca, dando las gracias a no se sabe muy bien quién. Ron y Harry ya estaban acostumbrados y no prestaron mucha atención a las continuas cuestiones que se planteaban los curiosos Weasley. Ellos mantenían una morbosa conversación mental sobre las múltiples opciones sádicas que podrían poner en marchar en cuanto volviesen. Todas destinadas en exclusiva para Draco Malfoy.

Cuando el reloj de pulsera de Harry marcó las doce de la noche, Emy se levantó y recordó a los asistentes que al día siguiente debían enfrentarse a un duro reto y que nada podía fallar o el plan se vendría abajo. Harry atravesó el jardín de nuevo para ir a la casa de los abuelos. Se fijó en que Emy no hizo ni el más leve movimiento para comprobar si les vigilaban. O había un hechizo muy poderoso en la casa, o los mortífagos tenían una nube en los ojos. Decidió no darle vueltas y subió escaleras arriba para meterse en su cama e intentar dormir algo, la verdad es que estaba muy cansado. Se desvistió despacio, tiró la ropa en un sillón que había en un rincón y se puso una camiseta holgada. Al abrir la cama, pensó si su tía le habría hecho algún conjuro, ya que no entendía que dormir en España o allí fuese igual que dormir en su cuarto de Hogwarts. Y es que las sábanas eran idénticas, tal era así, que olían de la misma forma. Estaba acurrucándose y poniendo bien la almohada, cuando ella llamó y entró en el cuarto.

- ¿Sabes de quién era este cuarto? – Preguntó mientras corría las cortinas para tapar la ventana

- Mmmm, mmm... – Contestó a modo de afirmación

- Mi niño – Emy se sentó en la cama y le acarició el pelo – Que duermas bien, mi ángel

- Mmmm

- Te quiero mucho – Le dio un beso en la frente, cerca de la cicatriz, se levantó y se marchó cerrando la puerta

Ahora la aguja del reloj marcaba las siete y media de la mañana. Harry se había despertado violentamente. La pesadilla era muy desagradable. Veía impotente como enterraban a Ginny bajo tierra, mientras ella intentaba, desesperadamente, desatarse de pies y manos. La oía en su mente "Socorro, Harry, sácame de aquí, sigo viva". Estaba empapado en sudor, el pelo pegado en su frente, le dolía la cabeza y le quemaba la cicatriz. Se levantó, necesitaba un vaso de agua, salió al pasillo y lo oyó. Sonaba una nana, sonaba lejos, muy baja pero la voz... Abrió la habitación de Emy y Sirius y vio que la cama ni siquiera estaba deshecha. No se preocupó en cerrar de nuevo, bajó hacia el salón pero no estaba allí. Entró en la cocina y tampoco, sin embargo, como si Emy hubiese sabido a la perfección lo que necesitaba, una jarra de agua fresca junto con un vaso le estaba esperando en medio de la mesa. De cuatro tragos se bebió dos vasos y se encontró mejor. La canción volvió a sonar, esta vez lo tenía claro, venía del desván.

Subió las escaleras despacio, se agarraba a la barandilla, tenía la sensación de estar a punto de caerse. No entendía el temor, se había pasado una buena parte del verano allí arriba pero sin ella. Los recuerdos, siempre los recuerdos. "Fantasmas del pasado" les había llamado Emy, esos eran los que cantaban la nana. Abrió lentamente la puerta del desván. La tenue luz del amanecer entraba por las inclinadas ventanas. Dejaba ver las cajas amontonadas unas encima de otras, también se veía que estaban abiertas, todas ellas estaban abiertas. Había cosas tiradas por todos lados menos en uno. Justo debajo de una ventana se formaba un claro de trastos, allí, a través de la suave luz, se veía remansar el polvo, roto por unas huellas, roto por dos objetos, una grabadora y una pistola.

Los ojos de Harry se abrieron más que si hubiese tomado café en vez de agua. Él no pudo encontrarlos, los había buscado en verano pero no los encontró y ahora estaban delante de él. La sensación de tener que hallarlos quizás era la advertencia para que Emy no lo hiciese jamás ¿Cómo iba a él a imaginarse que ella volvería, que iría de nuevo allí, que subiría al desván y que encontraría lo que años atrás dejó en manos de su padre? Sus pies se posaban inseguros en donde podían para avanzar hasta aquellos dos objetos. Estaba muy cerca cuando la cinta sonó de nuevo. La voz de Emy sonaba entrecortada chocando contra las paredes, contra los trastos, contra los recuerdos y por lo que cantaba, sobre todo, chocando contra los fantasmas.

Harry se quedó quieto escuchando aquella triste canción para luego oírse los ruidos de la cinta y de nuevo la voz de Emy, esta vez una Emy mucho más joven y destrozada que la que estaba junto a él antes de dormirse.

"Lily, necesito que lo entiendas, yo no puedo seguir así, sólo quería... sólo quería estar a tu lado, yo te quiero tanto pero te he fallado... Me siento horrible, si al menos él me hubiese matado, acabaría este sufrimiento pero papá ¡Oh, Dios mío! Papá ha cometido una locura, siento que no va a pasar nada bueno, él morirá, lo he visto en mis sueños. Quiero dejar de soñar, quiero dejar de vivir... Te querré siempre hermana, siempre."

A Harry se le encogió el estómago. Él había estado allí, había oído esas palabras, la había visto con la pistola en la mano y sentido la angustia tan horrorosa de saberse culpable, todo lo decía aquella voz atormentada. Había compadecido a Emy por una adolescencia marcada, injusta, dramática. Había entendido sus ganas de morir, de borrar para siempre la culpa, de dejar de sentir, de dejar de sufrir.

"¡NOOOOO!"

- Lo sabía – Exclamó Harry – Sabía que continuó grabando

"¡EMY, SUELTA ESO! - Déjame James, tú no lo entiendes - Lo único que entiendo es que tu hermana ha despertado y que quiere verte - No quiere verme, fui yo quien la entregó, soy una asquerosa traidora, merezco morir - Tu hermana te necesita, te está llamando, ella quiere que permanezcas a su lado - No... No es verdad - Claro que lo es, cariño, yo también quiero que te quedes con nosotros, tú eres... eres mi hermana, suelta eso Emy, por favor - James ¿Cómo he podido hacerle eso a ella? ¿Qué le he hecho a mi familia? - No pienses ahora en eso, debemos permanecer juntos y a su lado - No vuelvas a hacer esto, mi niña ¿Me oyes? - Ahora baja conmigo y estate con tu hermana, que no te vea así, tenemos que quitarle todo el mal de la cabeza, ayúdame a devolverle la sonrisa"

- Mi padre... – Dejó escapar Harry con añoranza, recordando el instante en que se vieron, recordando cuando le llamó "hijo", recordando cómo le miraba

"Hola, Harry"

Eso sí que no se lo esperaba el muchacho. Sus ojos verdes abandonaron el suelo para volver a mirar a la grabadora. La voz que sonaba era de Godric Gryffindor. Incluso eso se había grabado.

"Has cumplido uno de los puntos de tú destino - ¿Qué hago aquí? ¿Qué significa todo esto? - Debías ayudar a tu padre a salvarles a todos, por eso has venido pero no debes permanecer aquí, no se debe cambiar nada más - Aún queda una cosa, debo decirles lo que va a pasar, debo decirles que huyan de aquí, él los matará, no me puedo quedar de nuevo solo - ¿Eso es lo qué crees? ¿Qué estás solo? - No pero no les tengo a ellos - Te mostraré qué puede suceder si les dices algo más."

- Fantasmas – La voz de Emy provenía de una esquina oscura. Estaba acurrucada, tapada con una manta vieja y su cabeza echada hacia atrás y posada en una polvorienta pared, sin mostrar el rostro – Estamos rodeados de fantasmas. Si alguien viene a intentar quitárnoslos de la vista, estúpidos de nosotros, vamos en su busca. Ni con ellos, ni sin ellos

- Llevas toda la noche aquí

- Sí, mi niño, toda la noche viendo sus caras en las fotografías, recordando, intentado sentir de nuevo los buenos momentos. Parece mentira que la experiencia no me haya enseñado aún, que viajar al pasado, revive también los malos

- ¿Dónde has encontrado eso?

- Esa es una larga historia

- Estuve buscándolos todos los días que estuve aquí y no pude hallarlos

- ¿Y por qué buscabas tú una grabadora y una pistola? – La mirada de Emy se posó en la de su sobrino, intentando hallar la respuesta verdadera y deseando que no fuese por los motivos por los que ella los cogió a tan temprana edad

- Necesitaba escucharte, oír tu voz, aunque fuese atormentada, hundida... triste

- Y volver a sentir que estuviste allí con tu padre

- Sí

- Siempre pensé que el cambio que sufrió James a partir de ese día, fue producido por los hechos pero me equivoqué. Fuiste tú el que propició esa transformación, fue verte a ti de adulto y saber que no volvería a hacerlo, lo que predispuso que James cambiara y adaptara su vida. Lily se vio arrastrada a vivir de forma intensa. Nunca pensaban en el futuro. James no lo hacia porque sabía que no había uno para él. Aún así, no he conocido a nadie tan valiente, que mirara cara a cara a la muerte como él lo hizo, sin temor, sin miedo. Sólo una pregunta le atormentó y fue esa pregunta la que movió sus pasos para encontrar la respuesta. Una respuesta tan difícil como sus hazañas para conseguirla. Una respuesta que no le llegó jamás, que tuvo en la punta de sus dedos el último día de su vida pero que no consiguió averiguar. Sin duda, ese fue el mayor regalo de su existencia, no hallar contestación a semejante cuestión. Un regalo inmenso que se habría arruinado si James hubiese escuchado esa cinta. Menos mal que nunca lo hizo.

Harry permanecía de pie, junto a los dos objetos que tanto había ansiado encontrar y, sin embargo, ahora no les prestaba la más mínima atención. Estaba embriagado por la voz de su tía. Era pausada, tranquila e incluso cansada, como quien ha explicado lo mismo una y otra vez sin descanso, sin refrescar su garganta o, en este caso, su alma. Sentía paz al oír hablar de sus padres, no había dolor si eran Emy, Sirius o Remus y Arabella quienes le contaban algo, sólo sentía paz y orgullo.

- ¿Y Lily? – Siguió hablando Emy - ¿Ella conocería a su hijo? Tu padre estaba convencido que ella se ocuparía de ti. Por eso no se sentía triste, porque siempre creyó que ella se ocuparía de ti, que a pesar de que él faltara, tu madre jamás dejaría de cuidarte ¿Oíste la canción?

- Sí ¿La compusiste tú? – Le preguntó tontamente, sabiendo que la respuesta sería afirmativa

- No, ni era yo quien la cantaba – Emy sonrió tristemente – Era mi madre, fue ella quien la escribió. Mi padre se la oyó cantar cuando estaba paseando a su perro por el parque. Se acercó a mi madre y la oyó cantar esa canción. Se presentó y la invitó a tomar un café. Así se conocieron ¿no es encantador? Él le compuso la música y la inmortalizaron en esa grabadora. No sabes las veces que la he cantado pensando en mi madre, en Lily y en mi abuela, no sabes las veces que me he dicho que ellas siempre estarán cuidándonos

- Y lo están

- Claro que sí, mi niño, claro que sí – Emy sonrió – No dudes nunca de ello, jamás. Fue mi madre quien recogió la grabadora y la pistola del desván. Fue quien ocultó semejante destino a su hija y a su yerno. Por eso nos mandó a España. Allí encontraríamos a la única persona que pudo cambiar su destino, mi abuela. Supongo que pensó que James hallaría allí su respuesta. Supongo que pensó que ocultándolo todo podrían vivir mejor. Y tuvo razón.

- ¿Cómo podía hallar mi padre respuesta a esa pregunta?

- Averiguando el destino de Lily

- ¿El destino de mi madre? – Harry comprendió entonces la conversación que habían mantenido Emy y Molly en la cocina la noche anterior – Fue de eso de lo que hablabas, tú leíste el destino de mi madre

- ¡Para lo que sirvió! – Emy se levantó, estiró su cuerpo tanto como pudo y se acercó a la ventana. Harry vio que no tenía buena cara – Es el tiempo el que contesta todas las preguntas importantes, al menos a mí me ha aclarado ciertas dudas

- No te ha sentado bien estar aquí esta noche ¿Por qué no bajas a descansar un rato?

- Ya lo haré luego

- Pero...

- Nada – Atajó Emy – Esperaré a que tu padrino regrese

- Debí quedarme contigo anoche

- Tú tenías que descansar, hoy va a ser un día muy duro, él está...

- Furioso, Voldemort está furioso y no sabes cuánto me alegro

- Y yo, aunque eso signifique que debamos resguardarnos de pensamientos. Por la noche es cuando él tiene más acceso a nuestros sentimientos, como nosotros a los de él – Emy revolvió el pelo de su sobrino y le dio un beso en la frente - ¿Sabes? No me vendría mal un buen desayuno ¿Y a ti?

- Tampoco

- ¿Seguimos hablando abajo?

- ¿Y todo esto? – Preguntó Harry señalando las cosas tiradas por el suelo

- No creo que venga nadie a hurgar en los trastos, nadie que no seamos tú o yo

- Está bien

Bajando por las escaleras, se encontraron con la llegada de Sirius. Traía unas considerables ojeras y una visible cara de pocos amigos. Emy sonrió aliviada mientras que Harry saludó con un "¿Cómo ha ido todo?". Se metieron en la cocina y el muchacho les mandó sentarse mientras él hacía el desayuno. Sirius estaba que echaba chispas. Al parecer habían atacado el depósito en donde se suponía que guardaban los cuerpos de Ginny y Hermione, seguramente con la intención de llevárselos al Innombrable. Dumbledore lo había previsto y había cambiado a última hora los planes y él mismo se había asignado la misión de proteger a Dobby y a Winky aquella noche, ya que era muy importante que no se descubriera que las verdaderas Ginny y Hermione no estaban muertas. No obstante, aquello no cambiaba el hecho de que había un claro traidor en aquel asunto y todo apuntaba al mismísimo Ministro de magia. Dumbledore se había decepcionado mucho al saber que sus suposiciones eran ciertas y tomaría cartas en el asunto, una vez finalizados los funerales.

De momento todo seguía su rumbo y tendrían que irse a los nueve y media a casa de los Weasley, desde donde se trasladarían por la red de polvos flu, hasta una casa cercana a la residencia de los padres de Hermione.

La ducha no le quitó el sabor amargo que Harry tenía en la boca. Representar el dolor de la muerte de su mejor amiga y de la chica que quería con locura, estaba siendo demasiado surrealista para él. Claro que sólo tenía que pensar en que tardaría en verlas, para que ese dolor se reflejara en su cara pero no podía dejar de imaginar cómo se sentiría si aquella noticia fuese verdad. Su cuerpo se estremeció, su alma se encogió y un dolor agudo en el estómago le hizo sacudir la cabeza para que aquel pensamiento se fuese de su mente. Vale, se le hundiría el mundo, ya le había pasado, ya había perdido una de las personas que más quería en este mundo, seguramente la persona que más amaba en aquel momento, Emy ¿Habían cambiado las cosas? No es que fuese un puesto a ocupar, no se trataba de un reinado que ostentase la persona que más amara, que más necesitara, que más significara para él. Simplemente se estaba dando cuenta que otra persona superaba los límites que él creía establecidos y eso le estaba asustando demasiado.

Los Weasley parecían haberse metido en el papel desde muy temprano. Todos estaban en la cocina cuando llegaron sus vecinos. Emy y Sirius iban vestidos de riguroso negro, mientras que Harry se limitaba a unos pantalones vaqueros oscuros, un polo azul marino y una chaqueta en el mismo tono. Miró a Ron que se ciñó a saludarle con un movimiento de cabeza. No perdería cincuenta galeones si apostaba a que se sentía como él. Los señores Weasley también iban de riguroso color negro, como Bill, los demás vestían como Harry. Aquella ausencia de color, marcaba claramente el silencio y el nerviosismo de ese mañana.

El plan era ir a casa de los Granger y allí darles las indicaciones de cómo se debía de llevar todo a acabo. En verdad era un cambio de información, ya que supuestamente enterrarían a Hermione al estilo muggle. Fueron llegando a un salón. En él estaban Remus y Bella. Sirius intercambió unas palabras con su mejor amigo en un rincón apartado. Ron le dio un codazo a Harry para que lo viese pero no hacía falta, ya estaba fijándose. Salieron a la calle en grupo. Iban andando por la acera como un conjunto de sombras pero, al fin y al cabo, como gente normal.

- "No lo entiendo" – Dijo Harry entablando una conversación mental con Ron – "Podrían atacarnos ahora mismo"

- "Eso pienso yo" – Contestó Ron – "La gente nos mira, eso significa que nos ven claramente, que no llevamos ningún hechizo desilusionador y que los mortífagos también podrían vernos"

- "Pues eso es lo que no entiendo, que nos lleven completamente desprotegidos por la calle"

- "Tiene que ser otro hechizo"

- "¿No te parece liberador?" – Le preguntó Harry

- "Sí" – Dijo Ron con un suspiro – "No sabes lo que me gustaría escaparme por las calles de Londres y pasear como cualquier otra persona"

- "Lo siento"

- "¿Por qué?"

- "Tengo la sensación de que es por mi culpa que no puedas hacer eso" – En la voz de Harry se mostraba pesadumbre

- "Según tengo entendido, estás hasta las narices de que yo me ponga en plan inseguro, por no ser mejor que mis hermanos, cuando les doy mil vueltas, lo cual es cierto"

- "¿Qué estás inseguro?"

- "No, que les doy mil vueltas"

- "Ah" – A Harry casi se le escapa una carcajada

- "Así que no te pongas tú en plan mártir, de que todo esto pasa porque no acabaste con él de una sola vez" – Continuo Ron – "Por que yo también estoy hasta las narices de esa actitud ¿entendido?"

- "Entendido"

Ambos sonrieron tímidamente y siguieron caminando, aunque no fueron las únicas personas que sonrieron, Sirius y Emy también lo hicieron. Llegaron a casa de los Granger. En la puerta había una corona de flores y un crespón negro en señal de luto. Varios vecinos estaban en el porche hablando con los padres de Hermione y dándoles el pésame. En cuanto ellos llegaron, se metieron todos a la casa y se cerraron en el despacho del señor Granger.