CAPITULO VEINTICINCO:
¨A veces las experiencias mas simples no llevan a grandes transformaciones..."
Con pesar en su alma la joven princesa observa el rítmico movimiento de las tupida crin de su corcel, rememorando con detalle, como horas anteriores habían abandonado la ciudad de las rocas, el hogar de los Gorons.
No pudiendo soportar aquella tristeza que la embargaba alzó su rostro al cielo, apreciando la clara tonalidad de la bóveda celeste, libre de aquella presencia maligna, permitiéndole en comparación con la que habían experimentado hace unos días, poder disfrutar de aquel despejado cielo azul. En su mente solo podía recordar las palabras del anciano de la tribu, aquella enseñanza, esa verdad que se había negado en aceptar y por sobre todas las cosas la embargaba de sufrimiento, uno de los calvarios mas terribles que puede llevar un corazón, el de enamorarse de aquel que no puede correspondernos, atado al incompleto y terrible e imposible anhelo.
Apreciando como su vista volvía a nublarse, la aristócrata parpadeó rápidamente, intentado despejar la humedad de sus ojos, mientras pasaba su dígitos por sus pestañas, disipando cualquier muestra de las cristalinas gotas que se formaban en sus ojos. Regañándose internamente por sus acciones, ya que en aquel momento, lo que menos deseaba era volverse en una carga para el guerrero, no quería regresar a vivir aquellas frías palabras y acciones del paladín, el ser recordada, que no era más que una copia de la divinidad, que ella nunca sería lo suficientemente importante en su vida, que no había lugar en su corazón, ya que él siempre le sería fiel a la blanca divinidad.
Sintiendo el cambio en su jinete el gris garañón, detuvo por completo su paso, moviendo su cuello y volteando su cabeza, posando sus negras pupilas sobre la figura de la doncella. Angustiado sin saber como expresarse, teniendo poca experiencia en el tema, sin pensarlo, dejó salir un agudo rechinido, bufando un par de veces, mientras golpeaba con uno de sus cascos en el suelo de roca. Llamando con sus acciones, no solo la atención de su ama, sino también del legendario caballero y su fiel yegua.
Ante inesperado calmor de su compañero, Epona detuvo su andar, alzando sus finas orejas y volteando a buscar al potro, enfocando su completa atención en él, apreciando como este la miraba a la distancia con un poco de pánico y temor. Preocupada sin la necesidad de solicitar a su amo su comando, giró por completo su cuerpo avanzando lentamente hasta este, mientras buscaba con el resto de sus sentidos, algún enemigo, agresor o situación por la cual se había comportado de aquella manera.
Angustiada se detuvo frente al garañón, mientras movía sus pabellones auriculares, respirando profundamente por sus ollares, olfateándolo ligeramente. Ante la penetrante mirada de la Silver Bay, notando la seriedad de sus actos, sintiéndose abochornado, Saki bajo su cabeza, dejando salir un pequeño resuello, mostrando su sumisión, intentado explicar la causa de su ansiedad. Incrédula ante el razonamiento del joven equino, Epona aventó sus orejas contra su cabeza, mientras le soltaba un par de moriscos contra el hocico en forma de castigo y represalia. Haciendo sus dientes resonar, al tiempo que sus incisivos se cerraban chocando contra ellos, detenidos por las acciones de su rienda.
- Basta Epona, tranquila. - Amonestó el paladín a su yegua, al notar su agresivo comportamiento, castigándola con un poco de presión sobre su delicado paladar, deteniendo por completo sus acciones.
Ignorando la molestia de su yegua, Link posó su mirada sobre su protegida, apreciando con aprensión aquella tristeza que embargaba sus pupilas. Confundido, preocupado por la forma de actuar de la doncella desde que la había encontrado llorando con el gran patriarca, golpeando suavemente el costado de su cabalgadura, se acercó hasta ella, intentado de alguna manera confortarla.
- Zelda -
- Estoy bien, has solo ha sido un poco de tierra que me ha entrado en el ojo - musitó inmediatamente la princesa, mientras pasaba nuevamente su manos por sus ojos, obligando a sus labios a crear una simple, pero fingida sonrisa.
Dolido, sintiendo una fuerte punzada en su pecho al ver aquella reacción, sin saber como responder. Aturdido por aquel sentir, y el pesar que causaba en su interior, el caballero solo asintió levemente, sin mostrar ninguna reacción. No sabiendo como comportarse, sin poder olvidar aquel ardor y hueco que había creado en su corazón, Link le dio vuelta a su potra, volviendo a iniciar su viaje, mientas en su mente no podía dejar de cuestionarse la razón por la cual la joven se comportaba de aquella manera. Se suponía que había creando una amistad entre ellos, qué había cierta confianza, entonces por qué le ocultaba su pesar, por qué se comportaba de aquella manera y por qué le molestaba tanto. Apreciando como la frustración crecía en sus venas ante estos cuestionamientos, temeroso de la respuesta que podía encontrar, el caballero sacudió levemente su cabeza, intentado concentrarse en el camino.
Resignada a aceptar su silencioso sufrimiento, Zelda solo acarició, el cuello de su potro, mientras lo impulsaba a continuar andando. Confundido por el actuar de los presentes, tanto Hylianos como equinos. El gris garañón solo se sacudió, mientras soltaba un largo resoplido. No entendía bien lo que estaba sucediendo, lo único que comprendía era que su ama necesitaba cariño, uno que el no podía brindarle. Así como el enfado de su líder por haberla asustado con sus acciones, pero que más podía hacer, había llamado la atención del propietario de la Silver Bay, y la joven había rechazado su ayuda.
Aprehensivo ante la distancia que le llevaba Epona, el garañón apresuro su paso, acercándose a ella al entrar por aquella extraña cueva. Rememorando lo que había pasado la última vez que habían estado dentro de una caverna, nervioso el potro pegó su cuerpo contra su líder, moviendo sus orejas ante cualquier sonido.
Ignorante de las acciones de su cabalgadura, Zelda solo miraba con atención aquella estructura, observando embelesada, no podía apartar su pupilas de las brillantes piedras de cristal que iluminaban el recinto. Ante el peso del corcel sobre su pierna, preocupado Link buscó el rostro de la princesa, deteniendo en sus labios, las palabras que deseaba decir, al ver su abierta fas, expresando su admiración y jubilo.
- Es hermoso – expresó con quietud la futura regente en voz baja, temiendo que el timbre de sus palabras rompieran el maravilloso hechizo en el que había caído.
Anonadado sin saber como reaccionar en aquel momento, el eterno héroe solo se quedo en silencio contemplando la imagen que tenía frente a él, la etérea luminiscencia de las rocas sobre el rostro de la joven, resplandeciendo su caballera castaña en diferentes tonos, acentuando con el contraste de su color sus opalinas iris, sus mejillas sonrojadas, y sus rosados labios abiertos. Haciendo que el ritmo de su corazón aumentara en su pecho, al tiempo que la joven unía su mirada con la suya. Robándole de cualquier coherente pensamiento, quedando a merced de las fuertes emociones que se a galopaban en su débil alma.
- Link -
Atrapado en aquel torbellino de sentires, detenido por aquel embrujo que había hecho el tiempo sobre él. El inmortal héroe solo podía observar a su protegida, apreciando como sus labios se movían al pronunciar su nombre, marcando cada una de las letras en una angelical y tortuosa manera, una que alimentaba aquellas dormidas llamas que yacían en su corazón. Indefenso ante aquellas acciones, imposibilitado sin poder apartar su mirada, el guerrero solo observaba la expresión de la reencarnación de su amada. No, de aquella hermosa joven que se había convertido para él en algo nuevo, algo diferente, más importante, algo que no sabía como describir con certeza.
- Link -
Al volver a escuchar su nombre, saliendo del estupor en el que se encontraba, carraspeando un momento, recordándole a sus cuerdas vocales como funcionar, pronuncio con lentitud el nombre de la doncella, cuestionado su llamado. Sorprendida, sin saber como interpretar aquella intensa mirada sobre su persona, la princesa se detuvo por un momento, apreciando como el calor aumentaba en su cuerpo y subía por sus mejillas, sin poder seguir manteniendo aquella batalla contra los zafiros iris del hombre que amaba. Apartó su vista llevándola hasta los cristales, mientras volvías repetir su palabras.
-Nunca había visto algo similar, ¿qué tipo de cristal es? – Cuestionó la futura regente con premura, odiándose por haber cambiado lo que deseaba expresar en aquel momento.
Confundido por un instante, Link repitió el nombre de la aristócrata, tratando de discernir su verdadero sentir, notando la falsedad de sus palabras, ya que con anterioridad le había explicado sobre aquellos brillantes cristales.
- Lo siento, yo no quería… Es que son tan hermosos y olvide su nombre y … -
Sin poder seguir soportando aquella actitud, haciendo a un lado la etiqueta y propiedad, el guerrero se acercó hasta ella, soltando las riendas de su yegua, atrapando sus manos entre las suyas. Deteniendo con aquel gesto, la voz de la doncella, sorprendiéndola.
- Dime, ¿qué sucede?, ¿qué puedo hacer para devolverte aquella sonrisa? -
Incrédula y asombrada por las acciones de su protector, sin saber como responder en aquel momento, la joven bajó su rostro, mas sus acciones fueron detenidas al sentir el cálido y áspero tacto de los guantes de piel sobre su mejilla, los cuales con suaves caricias se posaron delicadamente bajo su mentón, haciéndola levantar su cara, encontrándose con aquella fuerte y maravillosas pupilas que se habían vuelto desde un delirio hasta un tormento para ella.
Angustiado al ver aquel reflejo de tristeza y dolor en aquellas cristalinas iris, sin poder resistirse, rozó con el dorso de sus dígitos aquella tersa piel, bajando lentamente, hasta entrelazar sus dedos en el largo mechón de su cabello, levantándolo y llevándolo hasta sus labios, dejando que la suavidad de cada una de las fibras capilares y aroma lo envolvieran.
Estremecida por las acciones del caballero, sin poder detener el mar de sensaciones que la dominaban, dejándose llevar por aquel gesto y las palpable expresión de este, cerró sus ojos, disfrutando del momento, imaginado por un instante que aquel ademan no era una muestra de preocupación, sino una real demostración de afecto.
- Zelda, por favor – Suplicó el guerrero sintiéndose inútil en aquel momento, deseando poder saber que hacer para reconfortar a la joven que tenía frente a él, ya que odiaba verla de aquella manera.
- Link, yo… -
Empezó a decir la princesa deteniendo al final sus palabras, dudativa de continuar con ellas, pues temía externar el verdadero conflicto que se encontraba en su alma. Mas ante la abierta y apasionada mirada del guerrero sabiendo que no podía engañarlo, decidió expresar una de sus preocupaciones.
- Después de lo que paso con la batalla en el cráter, no he podido dejar de pensar en mi hermano. Sé lo que pasara al final, él nunca renunciará y yo no sé si tenga la fortaleza para detenerlo, para… -
Sintiendo como su corazón se rompía al escuchar aquella palabras, entendiendo por completo el dilema de la aristócrata, el guerrero dejo salir un largo suspiro. No iba mentir, aún sentía aquel fuerte vacío en su interior, aquel que se había originado tras la muerte del Darbus. Que cargaría por siempre el resto de su existencia.
- Para esos estoy aquí, para defenderte, protegerte… -
-Pero es mi hermano, así sea cruel, y un mal gobernante… Puede que este confundido o atrapado por algún tipo de embrujo, no lo sé, Zander… él es mi única familia. -
Declaró abiertamente la futura soberana, dejando que las lagrimas corrieran por sus mejillas, recordando con pesar y cariño aquella época de su infancia, donde había sido tan dichosa en compañía de su padre y su fraterno, donde no se había percatado de sus planes o intenciones, antes de mostrar aquel radical cambio.
Enternecido, el eterno paladín, limpió con cuidado el camino de aquellas cristalinas gotas, mientras miraba con compasión a su protegida. Entendía por completo sus sentimientos, comprendía a la perfección sus temores, en especial aquella negación a aceptar la cruel realidad, la posibilidad de tener que enfrentar un futuro sola, el perderlo todo.
- Zelda por favor mírame -
Comando el guerrero con suavidad, alzando el rostro de la doncella, haciendo que sus pupilas se encontraran.
- Te prometo. No, te juro por mi honor pequeña, que buscare la manera de salvarlo… -
Declaró con devoción el paladín en voz alta, comprometiéndose a si mismo con la responsabilidad de cargar con aquel peso cuando el momento llegue, de ser el verdugo, el ejecutor de aquellos violentos actos. Era preferible ganar al final el odio de la joven, que dejarla lastrar con la carga de la muerte.
Agradecida por aquellas palabras, reconfortada, sin poder evitarlo, la princesa colocó sus manos sobre la del guerrero mientras le dedicaba una cálida y sincera sonrisa. Aunque en su interior sabia la triste realidad, una que debía aceptar lentamente, pero que esperaba que con la ayuda del guerrero pudiera aprender a sobre llevarla.
- Gracias - pronuncio la aristócrata, acercándose lentamente al rostro de su protector, mas antes de pudiera cometer sus acciones, sorprendida se separó de este al sentir el movimiento de su caballo.
Apreciando el cambio en el ambiente y en su jinete, Saki no puedo evita mover su cabeza y cuerpo, agitando su cola, mientras buscaba la expresión de la educada yegua, quien con enorme paciencia se había quedado quieta esperando los comandos de su amo. Molesta, Epona bajó sus orejas mirando de manera amenazante al potro, regañándolo por su falta de mansedumbre, pues ante aquellas circunstancias ellos debían permanecer inmóviles, dejando que sus propietarios resolvieran sus problemas y no estar interfiriendo.
Recuperando la cordura y sabiendo que no podían seguir perdiendo aquellas horas, Link le regalo a la joven una amigable expresión, mientras comenzaba nuevamente a guiarla fuera de la caverna, retomando la dirección hacia el lago, donde se encontraba el espíritu de la luz Lynaru, quien seguramente podría responder muchas de sus dudas, en especial sobre la falta del fragmento.
Tras largas horas de camino, apreciando la nueva posición del sol en el firmamento, Link posó su mirada sobre la aristócrata, apreciando algunas marcas de cansancio en su rostro así como el pesado caminar de su corcel. Preocupado, cuestionó por un instante el detener su camino y descansar por un momento. Más al recordar lo peligroso que era quedarse cercase de la faldas de la montaña, sabiendo que era mejor llegar al refugio que se encontraba entre la Ciénega y el Lago, apresuro el paso de su yegua, tratando de acortar la distancia lo más rápido posible.
Desacostumbrada a cabalgar durante tanto tiempo y mas sobre una silla tan grande, la noble trato de acomodar su equilibrio, apretando sin querer los costados de su caballo, haciéndolo aumentar su velocidad instantaneamente, saliendo se su cómodo paso a un rápido trote. Desconcertada por las acciones del corcel, apretando las bridas de piel en sus mano, trató de detenerlos, mas al no tener suficiente fuerza por la incómoda posición en la que se hallaba, en vez de lograr su cometido, logro el efecto contrario, haciendo a su garañón levantar su velocidad, iniciando un galope. Ante el fuerte sonido de los cascos sobre la tierra, Link volteó inmediatamente, apreciando la escena que se desenvolvía frente a él, deteniendo a su yegua, el caballero instintivamente interpuso el cuerpo de la Silver Bay contra la trayectoria del gris corcel, el cual trató de detenerse sin éxito al derrapar sus cascos sobre la delgada grava, colisionando contra la robusta potranca.
Derribados por la falta de equilibrio de sus caballos, siendo presa de la gravedad y la inclinación de la tierra, ambos jinetes y sus cabalgaduras, cayeron contra el suelo deslizándose por la garbilla del terreno un par de metros, hasta llegar al fono del pequeño pedrusco. Conmocionada, e irritada, Epona se levantó inmediatamente buscando presurosa a su amo, detenido sus agitados movimientos al apreciar la imagen que estaba frente ella. Incrédula sin saber acercase o no, solo observaba la figura del guerrero el cual había quedado de espalda contra el suelo, sosteniendo contra su pecho, sobre él, el cuerpo de la aristócrata.
En un desesperado intento por protegerla, Link había agarrado a la doncella de su cintura atrapándola contra él, al tiempo que impactaban en el piso. Resguardándola con su presencia, mientras eran arrastrados por el a grava y el peso de sus monturas, quedando en aquella precaria, e interesante situación. Desorientada, la princesa abrió sus parpados incorporándose notando la pequeña distancia que la separaba del guerrero, apreciando aquellos zafiros iris. Sintiendo su rostro enrojecer, tratando de alejase la joven se movió bruscamente, poniendo sus manos sobre el pecho del paladín, y balanceo sus caderas, deteniendo por completo sus acciones al escuchar el ahogado gemido de su protector.
Temiendo el haberlo lastimado, la doncella permaneció quieta, mirando con ansiedad el rostro del héroe quien había cerrado sus ojos, y detenido su respiración, mostrando un indescifrable semblante. Recordándole a sus pulmones como funcionar, Link llenó estos, mientras cernía con sus manos la cintura de la joven sosteniéndola e imposibilitándola de hacer cualquier movimiento, mientras trataba de disipar su mente, de aquella niebla que lo había dominado.
- Link, ¿estas bien? -
Sintiendo como su cordura era probada con aquellas palabras, cómo iba encontrarse bien, si tan solo momento antes, había sido derribado de su yegua, arrastrado por el suelo y sometido por un maravilloso y tortuoso placer. Mas antes de pudiera formular otro pensamiento, apreciando nuevamente como la joven se movía, volviendo a presionar parte de su delicada anatomía, rápidamente aumento la presión de su manos, deteniéndola por completo, mientras luchaba contra si mismo.
- No te muevas -
Comandó el guerrero a su protegida, abriendo lentamente sus párpados, tratando de controlar su agitada respiración. Temerosa de haber lastimado al caballero, Zelda permaneció quieta observando la opacidad y las extrañas emociones que embargaban sus ojos, aumentando el enrojecimiento de sus mejillas. Consciente del efecto que estaba teniendo la joven ante él, haciendo acopio de toda su fortaleza, el guerrero trató de incorporarse levemente, sosteniendo sobre una de sus manos, intentando con sus acciones alejar a la doncella de aquella delicada parte, más para su absoluto horror, placer y frustración la joven solo se acomodó sobre este mientras llevaba sus manos hasta sus pómulos. .
- ¿Esas bien? -
Desarmado por la fragilidad de aquella voz, completamente embelesado el guerrero solo asintió levemente sin poder apartar su mirada. Un extraño sentimiento se apoderaba de él, al verla de aquella manera, su rostro sucio por la tierra, pero brillante, despreocupada por si misma y solo pendiente de su situación, mostrando una mirada tan diferente a la que había vivido no solo con su diosa, sino también con su primera reencarnación. Eran aquel mismo color de ojos, pero los sentimientos que estos emanaban era tan distintos, contrastantes como la tonalidad de su caballera.
Imposibilitado a seguirse resistiendo, el eterno guerrero en un rápido movimiento acomodó el cuerpo de la princesa contra el suyo, mientras unía sus labios contra la delicada piel de su mejilla, dejando al resto de sus sentidos deleitarse con aquel dulce contacto. Abochornada, Zelda solo abría sus ojos sorprendida, maravillada de aquella sensación que la inundaba. Separándose lentamente de este, sin saber como interpretar aquel gesto. Mas antes de que el caballero pudiera volver a repetir sus acciones, el sonido de un fuerte relinchido lo despabiló por completo, haciendo percatarse de lo que estaba sucediendo a su alrededor.
Apreciando la pequeña riña entre sus monturas, con pesadez y un poco de premura el caballero retiró a la doncella de su cuerpo, ayudándola a levantarse, para acercarse con determinación hasta donde estaban sus corceles. Epona, furiosa trataba de morder y patear al joven potro, quien no solo la había derrumbado, tirando ambos jinetes en un peligrosa caída, sino el muy ingrato, había tenido la osadía de intentar alejar a la doncella de su amo, cuando estos estaban teniendo un momento especial entre ellos. Tratando incluso de mordisquearla, cuando ella lo freno, despertando su completa ira por su irreverencia y falta de mansedumbre.
- Epona, quieta ya -
Amonestó el paladín tomando las bridas de su yegua, deteniéndola de continuar con su asedio sobre el pobre garañón, quien solo se había alejado asustado resoplando. Preocupada, la doncella se acercó a su amigable corcel, acariciando levemente su cuello, buscando alguna muestra de dolor o lastimaduras. Irritada aún con la actitud tan infantil del caballo de pueblo, la fuerte Silver Bay dio un fuerte relincho, mientras golpeaba con su pata el suelo, imponiendo su presencia y rango. Ella era de la casta mas noble de caballos, de legendarios corceles de guerra, cargaba no solo con el nombre de una leyenda, sino también su sangre y sus virtudes, como para ser irrespetada de esa manera, y tratada como una simple potra de rancho.
Sintiendo un poco de pena por el garañón, Link dejó salir un fuerte suspiro, mientras sacaba de una de las alforjas traseras de su montura, una zanahoria, entregándosela en mano a la princesa para que consintiera un poco al garañón. Indignada por las acciones de su propietario, la noble yegua resolló expresando la injusticia que estaba sucediendo, era ella la que había sido perjudica, la que había intentado mantener la paz y darle oportunidad de convivir con la chica, no el joven potro.
- Calma Epona, también tendrás la tuya… Es nuevo en el trabajo, debes tenerle paciencia -
comentó el guerrero, mientras acariciaba los carrillos de su yegua, tranquilizándola, al notar la envidia que había cubierto sus ojos, al haber compartido su premio favorito.
- ¿Hasta donde viajaremos? -
Sorprendido por aquella pregunta, el caballero detuvo sus acciones, para voltear a ver su protegida, quien continuaba mimando al gris equino. Permaneciendo un par de segundos en silencio, apreciando su localización, sintiéndose aliviado al saber que no se habían alejado de la ruta que el había trazado.
- Iremos al Lago Hylia, pero nos detendremos cerca de un refugio en las orillas del pantano – Replicó rápidamente el caballero, dándole un pequeño bocado a su potra, mientras revisaba sus estribos y el cincho de su silla. .
-¿El pantano? -
- Una profunda Ciénega que se hizo algunos años antes, tras la gran inundación, no es un lugar seguro para transitar, por ello tomaremos una ruta más larga para rodearla y llegar hasta el lago. -
Explicó con paciencia el guerrero, acercándose hasta la aristócrata ayudándola a montarse de nuevo sobre su corcel, sintiendo como el color aumentaba en su rostro al auxiliarla a acomodar sus piernas sobre los estribos. Amonestándose mentalmente por su reacción, el caballero volvió su atención a su yegua, llamándola con un suave silbido, la cual inmediatamente se acercó a su lado, estirando un poco su cuerpo, permitiendo a su amo el poder subirse con premura.
Alistados en sus caballos, y listos para continuar con su travesía, el guerrero comando a su potra a avanzar, controlando su velocidad, cabalgando a lado de la doncella, asegurándose de que esta vez no tuviera ningún problema. Pasados algunos minutos, sin poder aguanta el silencio entre ellos, buscando un tema de conversación, recordando la triste despedida que había tenido con la pequeña hada, volvió a cuestionar al guerrero la razón por la cual esta se había quedado en la fuente del cráter en vez de continuar con ellos. Extrañando también la compañía de su amiga, Link explicó a la princesa, sobre el rumor que había de la expansión de la oscuridad, pidiéndole a la sílfide que los fuera investigar, así como pasar visitar a la saga del bosque, aceptando reunirse con ellos mas adelante.
Ligeramente confundida y triste, pero aceptando aquella explicación la reencarnación de la diosa no puedo evitar sentir un poco de remordimiento y preocupación, ya que aunque al inicio no se había llevado bien, al final sentía un enorme cariño por la nereida, quien la había ayudado e incluso protegido un par de veces, arriesgando su propia vida, formando entre ellas un fuerte lazo de amistad.
Con el pasar de las horas, perdiendo poco a poco terreno, el astro rey comenzaba a avanzar hasta su descanso, llevándose consigo la luz, dejando crecer lentamente las sombras que ansiosas esperaban, la llegada de la soberana de la noche.
Aprehensiva ante el radical cambio del clima, sintiendo como un fuerte viento los envolvía, la aristócrata aumentaba la presión de sus manos sobre las bridas de piel, notando como el tranquilo camino que transitaban se volvía más oscuro, y tenebroso al tiempo que la vegetación al su alrededor comenzaba a cambiar. Notando el nerviosismo en su corcel, la joven posó su mirada sobre la regia yegua, quien a pesar de su confiando andar, sus atentas orejas y agitados movimientos de su cola mostraban su inseguridad y temor.
Odiando cruzar por aquellas malditas tierras, Link contemplaba el alejar a su protegida de aquel camino, mas la idea de cruzar uno de los usados trayectos para comercio fue disipada rápidamente de su mente, hasta no tener conocimiento sobre los acontecimientos que habían llevado a la muerte de la anciana hechicera, la cual estaba seguro que no había sido de causa natural, no quería correr el riesgo de exponer al doncella a su enemigo. Por ello aunque arriesgado y altamente peligroso, sabía que la energía tenebrosa y maldita del lugar eran lo suficientemente fuertes como para esconder su aura. Siendo su primer y mas importante objetivo el proteger la vida de la reencarnación de la diosa, y mas ahora que había perdido un par de aliados.
Sintiendo como su piel se erizaba, ante el cambio atmosférico, sin saber como sentirse en aquel momento, apreciando la extraña sensación de ser vigilada, Zelda, golpeo los flancos de su caballo, haciéndolo pegarse más cerca de su protector, experimentando como el miedo comenzaba invadirla lentamente.
- Link -
Ante la angustiado sonido con el que era pronunciado su nombre el guerrero detuvo su yegua, mientras que con calma liberaba el broche de su capa, retirándola lentamente, para colocarla en sobre la doncella. En si aquella tela no era una gran protección, excepto por algunos encantamientos que había recibido de la actual guardiana del poder de las diosas, la cual en su momento le había hecho aquel obsequio antes de se castigado. Pero sabia que la calidez de ella, y la fuerte presencia la tranquilizaría, y evitaría experimentar el deseo mal sano que cubría el lugar.
- Esto te protegerá hasta que salgamos de aquí -
Agradecida por la tela, sintiendo sus pulmones llenarse con el aroma del guerrero, aquella esencia de sándalo y pino, sin poder evita detener el rubor en sus mejillas, expreso una tímida sonrisa.
- ¿Qué es este lugar?, siento como si algo estuviera acechándonos -
- Y así es, muchos años antes incluso de que tu padre naciera, hubo una terrible tormenta, sin poder contener la afluencia del rio, para protegerse los Zoras abrieron las compuertas de lago, permitiendo que aquella cantidad de agua pasara, siguiendo su cause hasta el océano. Pero desgraciadamente la fuerza de este fue mayor de lo planeado, arrasando contra un pueblo entero, sumergiéndolo en su fondo, cobrando miles de vidas… Creándose así el pantano de los caídos, un lugar cubierto por la tragedia, con la interminable maldición de las almas en pena de atrapar a los viajeros. -
Explicó el caballero con seriedad, mientras terminaba de acomodar el pesado manto sobre su protegida. Sin poder rememoran en su mente aquel fatídico día, en aquel que a pesar de sus esfuerzos, no había podido salvar a la gente de aquella villa, quienes con su muerte y dolor habían creado una de las peores encantamientos, condenado para siempre aquellas tierras.
Incrédula ante aquella historia la joven solo podía ver con aprensión su entorno, entendiendo la razón de aquella pesada aura. Entristecida por el relato, no podía dejar de imaginarse la desesperación que debieron sentir los habitantes ante aquella tragedia, así como podía apreciar la culpa y el remordimiento que llenaban a su guardián, por no haber podido salvarles.
- Vamos, pronto llegaremos al refugio, ahí descansaremos. -
Comando el guerrero con tranquilidad, intentado disipar la extraña energía que se había apoderado de ellos, en especial deseando calmar los fuertes latidos de su corazón, los cuales habían aumentado al ver la expresión de la futura regente. La cual había sido tan similar, pero diferente a la que había visto en su amada diosa. Haciéndolo rememorar aquella cruenta batalla, cuando se habían conocido, como la divinidad había expresado su tristeza ante la perdida de tantas vidas, dolida por fallarles como su protectora. Mientras que la de la princesa, no solo enseñaba su aflicción, sino también verdadero arrepentimiento, compartiendo aquel calvario como si fuera propio, de una manera tan personal y profunda.
Tratando de distraerse el caballero apartó su mirada, cayendo sobre uno de los repetitivos letreros que rodeaban el lugar.
- Cuidado, Aquel que entre a estas tierras, sus muertos revivirá -
Leyó en voz alta sin poder experimentar un escalofrió recorrer su alma, al tiempo que la ansiedad llenaba su corazón. Ya que no importaba que fuerte o osado fuera, no estaba exento de los poderes del embrujo, uno que no deseaba en ninguno de sus días de vida, volver a tener que confrontar.
Imperceptibles a la oscura presencia que los observaba desde dentro de la aquel lugar, la cual observaba con atención y deseo a la reencarnación de la diosa, sabiendo que había llegado el momento perfecto para actuar, comenzó a aumentar sus poderes, alterando el clima, creando una fuerte y tupida niebla que comenzó a extenderse rápidamente.
Asustado ante la maligna presencia, perdiendo el contacto visual con su líder, Saki dejó salir un fuerte relinchido, mientras angustiado daba pequeños saltos sobre sus patas traseras. Empezando una fuerte carrera al apreciar como una criatura tocaba sus sensibles ancas. Imposibilitada de controlar el fuerte arrebato de su caballo, Zelda gritó el nombre de su protector, al tiempo luchaba por mantenerse sobre su montura. Ante el asustado y angustiado llamado de la doncella, sin perder tiempo, dejando que su instinto lo guiase, el caballero, golpeo los flancos de su potra, quien asustada y nerviosa se quedo inmóvil por un instante. Afligido, sabiendo que no podía quedarse ahí, necesitando sacar a su fiel yegua de su estupor, odiándose por un momento por sus acciones, con su fuete y seguro movimiento de su enfundada espada golpeo los cuartos traseros de esta, obligándola a avanzar.
Tratando de seguir su paso, utilizando el resto de sus sentidos, el guerrero buscaba a su protegida, haciendo aun lado el extraño sentimiento de ansiedad que comenzaba a invadirlo, un extraño pesar, que crecía desde lo mas profundo de su conciencia, que luchaba dentro de él, por liberarse. Apreciando como aquella extraña aura comenzaba a invadirlo, llenado sus pensamientos de confusión, al tiempo que su vista se nublaba, perdiendo por completo el equilibrio, cayendo estrepitosamente contra la húmeda y lodosa tierra.
Angustiada Epona, al sentir la falta de su jinete se detuvo intempestivamente, dejando salir fuertes relinchidos, mientras buscaba con sus ojos, el cuerpo de su amo. Acongojada, temiendo el estado en que se encontraba, haciendo aun lado el miedo que la invadía por estar en aquel lugar, comenzó caminar lentamente usando su fino oído y fuertes ollares, para detectar su presencia.
Sintiendo su cuerpo arder desde el interior, sin poder soportar aquel calvario, Link trató de retirar las capas de tela sobre su cuerpo, en especial la cota de maya de Mitril que sentía que lo quemaba. Experimentando como sus pulmones se contraían, mientras aquellas presencia se hacia mas fuerte, perdiendo por completo la capacidad de ver a colores, tratando de contener las lagrimas que recorrían su rostro, sintiendo como cada una de las venas de su cuerpo hervía. Sin poder aguantar la agonía que lo atormentaba, al tiempo que lentamente las articulaciones de sus manos y sus vertebras atronaban, asfixiándolo momentáneamente, liberando con sus cuerdas vocales, un desgarrador y gutural grito.
Afligida ante el aquel sonido, reconociendo la voz de su amo, sin perder tiempo, la noble Silver Bay se acercó al lugar donde había sido producido aquel tortuoso alarido, deteniéndose al percibir una extraña presencia. Confundida, resoplo, llenado sus ollares confirmando el aroma de su dueño, notando que este había cambiando ligeramente, combinándolo con algo exótico, diferente y peligroso. Mas antes de que pudiera moverse, una oscura y gigantesca criatura salió de la profundidad de los altos pastos, espantándola al mostrar sus largos y afilados colmillos. Guiada por su instinto de éxodo, trató de golpear a al ente con sus cascos, mientras se alejaba de el, en busca de ayuda, pues temía por la vida de su propietario.
Habiendo tranquilizado a su corcel, tratando de regular su respiración, preocupada, la regente buscaba algún indicio de su protector, agradeciendo mentalmente a las diosas al notar como la niebla comenzaba a disiparse. Odiando el sepulcral silencio que la rodeaba, sin poder seguir esperando un minutomas, iba a comenzar con su búsqueda cuando a metros frente ella pareció la robusta figura de la Silver Bay, la cual completamente asustada, daba de coces relinchando. Alarmada por aquella imagen desmonto inmediatamente su caballo, intentado acercarse a la histérica yegua, la cual al sentir aquella cálida presencia detuvo por completo sus acciones, posando sus profundos ojos en la figura de la compañera de su dueño. Temiendo por la vida de su guardián, la joven tomo las riendas de la potra, acariciando su frente, mientras que con pausada voz, le cuestionaba si sabia donde había quedado el guerrero, si podía mostrarle el lugar donde se hallaba. Mas esta se libero de su agarre, girando violentamente su cuerpo, interponiéndose entre la espesura del follaje y la doncella, golpeado furiosamente sus patas contra el suelo, mientras bufaba, retando aquella invisible presencia que solo ella podía detectar.
Confundida la regente trató de calmar a la potra, deteniendo todas sus acciones al percibir el movimiento de las hojas, escuchando con aprensión como algo se movía entre ellas en su dirección. Temerosa, colocó su mano sobre su arco, dispuesta a defenderse cuando el sonido se detuvo por completo. Apreciando como entre la espesura un par de brillantes y zarcas pupilas la observaban con detenimiento. Desconcertada, saliendo de la protección que había hecho la yegua, trató de ver mejor aquel visitante, el cual tímidamente, abandono la seguridad de la protección de las plantas.
Agazapando su largo y pesado cuerpo, metiendo su cola entra sus patas, se hallaba la presencia de un gris lobo, el cual era mayor al tamaño usual de su especie, así como poseía una tupida cresta de pelaje, que descendía de su cuello hasta su lomo. Marcado por extrañas cicatrices en su hueso frontal hasta el nasal, dándole un elegante pero temeraria expresión. el cual con sumisa actitud había bajado sus orejas y cabeza, arrastrándose lentamente hasta donde estaba ella, observándola abiertamente con sus brillantes y zafiros iris.
Sintiendo una extraña conexión con aquella bestia, apreciando la inteligencia que había en aquella mirada, desechando aquel temor que la había inundado, se acercó lentamente hasta el canido, el cual era observado fieramente por la noble yegua, la cual aun no estaba muy cómoda con su presencia. Levantando su mano, y llevando su palma hasta la cabeza del enorme depredador quien seguía con tranquilidad quieto sobre el suelo observándola sin cambiar su postura, dejando que la joven colocara su apéndice sobre su frente, permitiendole acariciarlo por un momento. Satisfecho, de haber conseguido, su confianza, el inmenso animal se incorporó suavemente no deseando asustar a la joven para retornar a la protección del follaje.
Confundida la reencarnacion de la diosa, observo su mano con cuidado, intentado comprender lo que había pasado, la razón de la aparición de aquel animal, y si este tenía alguna relación con la desaparición de su protector, mas antes de que pudiera incorporarse y continuar con su búsqueda, nuevamente el sonido de las plantas llamó su atención, preciando con ansiedad como emergía nuevamente aquel lobo, el cual cargaba sobre sus poderosas fauces un bulto de ropajes verdes y una cota malla, encontrándose entre ellos la espada maestra.
Notas de autor:
Hola a todos y Felices fiestas o mas bien feliz año nuevo, y como debía ser, antes de que este acabara aquí el nuevo capitulo que tanto esperaban y habia atarsado debido a la presentacion de mi pequeño fic Navideño.
Como siempre agradesco a todos los que me han dejado sus comentarios y me siguen, así como invito todos aquellas que estas semanas me han puesto de sus lista de favoritos y seguidores, para dejar sus opiniones las cuales, seran gratamente recibidas.
Una vez más los dejo con una intensa, escena, que nos llenara de emoción por un momento al darle este pequeño giro de la trama, pero antes de despedirme a mi amiga
Yahab:
Ignis es un dragón que pertenece a la misma familia que Volvagia, pero no en especia, ya que el anterior no tenia alas, y este si, haciendolos completamente diferentes.
Y bueno sin mas que decir, que espero que la esten pasando super estas fiestas, me despido para verlos el próximo año...
