Lo de siempre: Soul Eater no me pertenece. Es de un tal Atsushi Okubo, ese que nos ha hecho sufrir una innumerable cantidad de veces con su prodigioso manga. Si fuera mío... en fin, sería un asco.
Finalmente. Un capítulo largo, con retraso, y con alguna que otra sorpresa en él. Haré un pequeño anuncio al final, así que no se lo salteen, ¿sí? Espero que disfruten del capítulo.
Si ustedes gustan...
¡Lean!
Invierno
Capítulo XXV
…
Me encontraba en mitad de un gran grupo de técnicos y armas, todos de distintas edades, pero de alto rango en combate. El hombre que tenía a mi lado debía ser diez veces más grande que yo, y dirigía una fría mirada a los muros que nos rodeaban. Me preguntaba cuál de nosotros duraría más en aquella batalla.
Shibusen había organizado aquel viaje en el dirigible del instituto. Una gran cantidad de combatientes se encontraban allí dentro, desperdigados por las distintas instalaciones que había dentro del singular medio de transporte. Blair y Eruka también viajaban con nosotros, pero no podía verlas; debían hallarse en la cabina, puesto que eran quienes sabían dónde se ubicaba nuestro destino, el Castillo de Babayaga. Decenas —o quizás cientos— de brujas iban a estar allí, planeando nuestra destrucción.
Otro grupo se había quedado en Death City, cuidando de la ciudad ante cualquier percance, y protegiendo especialmente al Shinigami. Me preguntaba por qué un Dios de la Muerte necesitaría ayuda para proteger su propia vida, pero aún así me agradaba aquella parte del plan: Que cuidaran de nuestra ciudad, y que aseguraran que nada sucediera a alguien tan importante para nosotros; el padre de Kid.
No pasaron más de diez minutos desde que despegamos hasta que Black Star decidió recorrer el interior del dirigible. Nos había preguntado a mí y a Tsubaki si queríamos acompañarle, pero ambas decidimos quedarnos dentro de aquel espacio. En lo personal, no quería estar perdida en el zepelín en cuanto la batalla comenzara. Además, por alguna extraña razón, me sentía cómoda estando allí, con aquel grupo de gente. Todos actuaban muy normal, como si fueran a una batalla todos los días. Tal vez así era, después de todo, las luchas con los demonios jamás acababan. Quizás en el futuro mi vida se convertiría en algo similar a la de aquellas personas. Aún así, esta vez no estábamos por enfrentarnos a un par de demonios enclenques que tenían un raro antojo por devorar almas. Los brujos y brujas eran seres mucho más peligrosos, con más ambiciones, y por lejos mucho más inteligentes y perspicaces.
Tenía a Tsubaki enfrente, en la hilera de asientos colocada a unos pocos pasos. No charlábamos, no sentíamos que hubiera algo en especial para decir. De un momento a otro, había aparecido Patty y había intentando sacarnos tema de conversación, pero al ver que no tenía éxito alguno, simplemente recostó su cabeza en el regazo de Tsubaki, y mientras ella acariciaba su corto y rubio cabello, se quedó dormida. Mi amiga siempre hallaba la forma de enseñar ese lado maternal suyo, incluso aunque a veces parecía que no lo notara.
Una puerta se abrió y Spirit me buscó con la mirada hasta encontrarme. Un grupo de hombres de su edad se hicieron a un lado para dejarlo pasar, y entonces recordé que todos lo tenían como una figura importante de Shibusen, el actual arma del Shinigami. A veces olvidaba aquel tipo de detalles.
Se sentó a mi izquierda, en el sitio que estaba vacío, y por un momento se mantuvo en silencio. Me costaba admitirlo incluso para mí misma, pero me alegraba que hubiera venido hasta mí en aquel momento. Si no hubiera sido así, lo habría ido a buscar con la intención de tener una breve conversación con él. Solo para asegurarme. En caso de que algo ocurriera, quería que nuestra última charla fuese al menos agradable.
—¿Estás preparada? —preguntó, mirando finalmente a mi rostro. No había preocupación en sus ojos azules, parecía más relajado de lo que yo había creído.
—Sí —admití, y formé una sonrisa un poco tensa con mis labios.
Spirit movió la cabeza, negando.
—A veces no te detienes a pensar las cosas, Maka. Mucho menos cuando se trata de tu vida.
No podía entender a dónde planeaba llevar aquella conversación.
—¿A qué te refieres?
—Dime, ¿cómo piensas luchar contra una bruja sin un arma? —inquirió, pero sin lucir molesto. Yo no tenía respuesta alguna para darle. Él sonrió al notar mi silencio—. ¿De verdad creías que te dejaría ir hasta allí, sin un arma con la que puedas defenderte?
—¡He estado practicando! —comencé a explicarle, temiendo que de pronto decidiera que yo no participaría de aquella pelea. Tenía tanto derecho como todos ellos—. No solo habrá brujas, Eruka explicó que también hay distintos humanos como súbditos, y que a su vez darán pelea. ¡Y contarán con mi percepción del alma! También he entrenado en...
Spirit apoyó su mano en mi hombro para detenerme antes de que explotara con más cosas.
—Lo sé —respondió—, y sé que nos brindarás mucha ayuda. Pero no planeo dejarte sola —explicó, tomándome de las manos.
Nuevamente confundida ante aquella confesión, no hice más que mirarlo con miles de preguntas escritas en mi rostro. Spirit sonrió, y de forma inesperada, su cuerpo resplandeció por completo en un segundo. Al momento siguiente, una guadaña reposaba en mi regazo, y yo la sujetaba con fuerza. La hoja negra de ésta me devolvía el reflejo de mi rostro, sumamente sorprendida. Podía sentir su frecuencia del alma, y no me hacía daño. La guadaña no me pesaba, mis manos no ardían ante el tacto. Alcé el arma con una mano para asegurarme, y me puse a girarla un poco, pero la facilidad con la que podía dirigir los movimientos se mantuvo, dejándome completamente asombrada.
—¿Cómo es posible? —musité, aunque él logró escucharme.
Sus palabras resonaron en mi cabeza:
"Hay lazos que no pueden destruirse con facilidad, Maka. A veces, con un desconocido o con alguien que hace poco tiempo que es tu amigo, necesitas trabajar en ellos para fortalecerlos. Pero nuestra unión, la de un padre y su hija, puede superar todo lo demás".
Me quedé sin palabras ante aquello. Noté que los ojos me picaban un poco, pero decidí ignorarlo. Me dediqué a sentir la frecuencia del alma de Spirit, la calidez con la que parecía abrazar a mi alma. Era una sensación tan extraordinaria, tan rara y difícil de expresar. Pero me llenaba de felicidad y confianza. Me hacía pensar en Kami. Aferré la guadaña con mayor fuerza, sintiendo el poder de la Death Scythe. Su fuerza me resultaba incomparable, me daba la sensación de que podría destruir todo a mi camino sin ningún tipo de esfuerzo. No sería una inútil en esta batalla, protegería a mis seres queridos, y ellos volverían a casa.
Sintiendo la gran necesidad de hablar, pero con un montón de pensamientos bloqueando mi mente y sin encontrar las palabras exactas para expresar lo que sentía, no fui capaz de soltar más de una palabra.
—Gracias —Creí ver el rostro de mi padre sonriendo en el reflejo de la hoja.
La misma puerta de antes se desplazó, dejando esta vez paso a dos figuras. La que estaba detrás de la primera, con cabello largo y castaño, dirigía miradas nerviosas a su compañera, como si hubiera algo que no dejara de preocuparle. Kim, quien estaba adelante, se mantuvo por unos momentos quieta, buscando algo entre el gentío. Finalmente pareció hallarlo, porque comenzó a caminar hacia mi dirección al verme. Miré a mi alrededor, pero no creía que quisiera ponerse a charlar con los sujetos que la doblaban en edad y que se hallaban cerca nuestro. Sí, sus ojos se habían enfocado en mí, no había duda de ello.
Antes de que la tuviera enfrente, recordé que, tras haberse marchado Soul, no habíamos vuelto a dirigirnos la palabra. Shinigami-sama también la había interrogado, pero yo no había hablado con ella sobre el tema, y la información que dio no fue nada relevante: En el tiempo que estuvo con ella, Soul había actuado como cualquier chico normal, nunca la había hecho sospechar de nada. Incluso cuando rompió con ella, no perdió la confianza en el albino. Yo había supuesto que había sido horrendamente doloroso enterarse de la traición de Soul, pero lo cierto es que no tenía idea de cómo había reaccionado ante aquello.
Me miró a los ojos: cerró las manos en puños para ocultar el temblor que la había asaltado, pero yo había llegado a notarlo un segundo antes. Le devolví la mirada. Había algo en ella que era indescifrable. No podía adivinar qué era lo que habría querido decirme en aquel momento. Parecía enfadada, pero a su vez su semblante indicaba que también podía echarse a llorar de un momento a otro. Un dilema. ¿Había sido porque había declarado en contra de Soul? ¿Aún lo quería, después de todo? Jacqueline estaba un par de pasos detrás de ella, observándola con creciente preocupación. ¿Qué ocurría con ellas dos?
Kim abrió la boca con intención de hablar, pero la puerta volvió a abrirse y por ella ingresó Sid, anunciando que en unos minutos habríamos llegado, dando órdenes de preparación y recordando los detalles del plan. Kim desapareció de mi vista entre el lío de personas que de pronto se pusieron a correr a nuestro alrededor, con los preparativos para la batalla. Me quedé en mi lugar, sentada y en silencio, con una gran duda por querer saber qué había querido decirme ella. Sin darme cuenta, estaba apretando el mango del arma con mayor fuerza, como si fuera capaz de partirla en dos de un momento a otro.
Spirit no era la única Death Scythe del grupo: Entre nosotros se encontraba Marie, la mujer que había sido la mejor amiga de mi madre y que me había salvado de ser secuestrada por Eruka; Jingaran, quien parecía demasiado bajo al estar parado junto al otro Death Scythe, Dengu, pero aún así no dudaba de que en caso de que me atreviera a hacer algún comentario respecto a ello acabaría conmigo en mitad de un parpadeo.
Otras Death Scythe habían quedado en Death City, entre ellos Azusa, una mujer que a primera vista parecía ser demasiado fría, y también habían quedado Tezca y Tsar, a quienes había conocido solo un día antes de nuestra partida, y en mi opinión, eran los que más llamaban la atención de entre todas las armas del Shinigami, siendo que el primero cubría su rostro con el disfraz de una cabeza de oso, y su colega tenía pinta de astronauta. Tampoco consideraba sensato decir aquello en voz alta, porque tal vez se les ocurriría adelantarse a las brujas y acabar mucho antes conmigo.
Aterrizamos en el Amazonas. Había ido a distintos lugares durante esos últimos meses a causa de las misiones, pero nada podía compararse con aquel sitio. La selva nos rodeaba con su basta vegetación, y la temperatura difería demasiado a la Death City; el calor era agobiante, no habían pasado más de quince minutos que ya sentía cómo la ropa se me pegaba al cuerpo del sudor. Pero más tarde tendríamos la oportunidad de quejarnos del calor, cuando todo aquello acabara.
Eruka y Blair habían dibujado un hexagrama en el suelo. Ambas se hallaban en puntos distintos del dibujo, y pronunciaban en voz baja palabras incomprensibles: un conjuro. Se estaban encargando de abrir un portal para el grupo que no había podido viajar con nosotros, porque a pesar de que el dirigible era de un tamaño considerable, no tenía el suficiente espacio para la cantidad de personas que se había planeado desde un principio enviar a la batalla. En cuanto ellos se unieran a nosotros, invadiríamos el Castillo de Babayaga, que se encontraba a algunos kilómetros de distancia. Mientras tanto, algunos técnicos y armas habían comenzado a investigar el área.
Yo buscaba a Kid, porque en aquel momento necesitaba hablar con él. Mientras buscaba entre los distintos grupos de gente, me había encontrado con Kim y Jacqueline, que charlaban con Kilik y Ox. No estaba segura de cómo haría Ox para combatir sin un compañero... Quizás Kilik le compartiría alguna de su par de armas, Fire y Thunder, pero lo dudaba mucho. Aún así, en cuanto me había encontrado con él, las ansias por dar pelea y vengar la muerte de su amigo saltaron a la vista.
Encontré a Kid. Estaba solo, sujetando su par de pistolas, mirando en la dirección donde nuestro objetivo se encontraba. Lucía más serio que nunca, y podía ver alguna suspicacia en su mirada ambarina. Volteó al percatarse de mi presencia, mientras que yo me mantuve de pie a un par de metros de él.
—¿Te has dado cuenta, verdad? —inquirió él.
—Esperaba que pudieras explicarme. Me recuerda al brujo que vi con Soul... En aquel momento su alma parecía la de cualquier otro ser humano. Sólo supe de su verdadera naturaleza en cuanto se alejó con su escoba.
Kid asintió en respuesta.
—Eso es lo que conocemos como la protección del alma. Es un poder muy particular de brujos y brujas: es lo que les permite ocultar su verdadera frecuencia y su poder, y que puedan pasar desapercibidos como si fueran simples humanos.
—Entiendo —murmuré, al mismo tiempo que otras piezas lograban encajar entre los sucesos de aquella última noche que había visto a Soul.
Mis ojos viraron hacia la derecha, donde podía notar a mi tío Stein escrutando a través de la vegetación. Cerré por un momento los ojos para concentrarme en aquellas almas que se encontraban ocultas en el castillo. Me preguntaba si, de examinar una por una, podría encontrar alguna que conociera, ya sea la de Medusa o...
Mis ojos se abrieron con sorpresa. Por un instante perdí el hilo de mis pensamientos y no pude volver a concentrarme, porque algo había sucedido, algo inmensamente inesperado y terrible.
Volteé hacia Kid, que aún no dejaba de observar la selva que nos rodeaba, con una expresión de puro desconcierto y terror.
—Kid... —El giró su rostro hacia mí. Parecía tan perdido como yo, pero aún así no pude evitar preguntar—: ¿Qué acaba de ocurrir?
Stein venía caminando hacia nosotros, completamente alterado. Sid se había acercado a nosotros con anterioridad, y había llegado a oír mis palabras, del mismo modo en que lo hicieron Black Star y Tsubaki.
—¿Ocurrió algo? —preguntó Sid, visiblemente preocupado.
Sus palabras eran dirigidas a mí, pero no sabía cómo responder a su pregunta. Unos segundos atrás sentía las presencias de todas aquellas almas, y entonces...
—Desaparecieron —Explicó Kid por mí—. No podemos sentir la frecuencia del alma de los brujos. Es como... si se hubieran esfumado. Había cientos de ellos —insistió, siendo incapaz de asimilar todo aquello en tan poco tiempo.
—¡Saben que vinimos aquí! —gritó alguien a mis espaldas. Sin notarlo, un enorme grupo de técnicos y armas se había formado a nuestro alrededor, todos oyendo lo que hablábamos.
—¿Es una emboscada?
—Si fuera así —dijo Stein—, nos habrían matado antes de que tuviéramos sospechas.
—Tal vez decidieron huir —sugirió otra voz.
¿Huir? ¿Medusa? Quizás no sería la primera vez, pero aún así...
—Shibusen —dijo Sid, en voz tan baja que solo unos pocos lograron oírlo—. Shinigami-sama...
Se formó un alboroto en cuanto todos comprendieron a lo que el zombie se refería. Y una pequeña parte mía me incitaba a que sucumbiera al pánico, pero aún así, me vi incapaz de decir algo, de ayudar a idear algún plan o de siquiera moverme. ¿Death City estaría en peligro? A pesar de que cierto número de hombres había decidido quedarse allí para defender la ciudad, ¿podrían soportarlo? ¿El padre de Kid estaría a salvo? ¿Y los ciudadanos que no podían defenderse, qué sería de ellos?
"Maka, cálmate. —Oí la voz de Spirit interrumpiendo en mi mente—. Todo estará bien". Afirmé mi agarre a la guadaña, tratando de convencerme de aquello.
—¿Deberíamos volver? —sugirió alguien.
—Es posible que hayan ido a Shibusen —dijo Stein a mi lado. Un gesto serio acompañaba a los movimientos de sus manos, que encendían un cigarrillo colocado entre sus labios—. Pero aún así, no podemos marcharnos sin registrar antes el castillo. Es casi seguro que ellos no se marcharían sin dejar nadie protegiendo su guarida...
—De acuerdo. —Kid hizo aparecer el skate entre nosotros, y se subió a él sin vacilar por siquiera un instante—. Maka y yo iremos a registrar el lugar. Ustedes utilicen el portal que Blair y Eruka ya deben de tener listo. Su magia no puede transportar a todos, pero si los brujos están en Death City y Shibusen necesita nuestra ayuda, es mejor que lleguen la mayor cantidad de gente posible en este preciso instante. Si tenemos suerte, los brujos aún no habrán llegado. El resto irá en el dirigible, y nosotros los alcanzaremos luego.
Tras decir aquello, me sujetó del brazo e hizo que me parara encima del skate, a sus espaldas. La patineta tomó altura de forma brusca, tomándome por completa sorpresa, por lo que me vi obligada a sujetarme del hombro del shinigami, mientras que con la otra mano seguía sujetando a Spirit en su forma de guadaña.
Entonces Kid se impulsó hacia adelante y salimos despedidos, viajando entre los árboles a una velocidad vertiginosa. Las plantas pasaban volando a ambos lados, y podía sentir como algunas de las ramas por pocos nos rozaban, pero Kid tenía un control absoluto y perfecto de su skate, razón por la cual lograba esquivar todo aquello que se nos interponía. Mis coletas se agitaban contra mi rostro por el viento, y no tenía oportunidad de apartar mis cabellos.
—¡HEY! —A mitad de camino, oímos un grito muy cerca de nosotros. Por un momento creímos que se trataría del enemigo, hasta que me atreví a voltear y lo único que pude ver fue una figura oculta por las hojas, luchando por alcanzarnos. Entonces hubo algo que tironeó de la patineta y que por poco nos hizo perder el equilibrio. Kid maldijo y yo me preparé para dar batalla, pero finalmente pude ver de quien se trataba.
Black Star sostenía la katana a un lado. Se había impulsado contra cada árbol que iba dejando detrás, y cuando se colocó a nuestro lado, la misma sombra giró hacia nuestra dirección y se enroscó en el skate de Kid. Fue eso mismo lo que casi hizo que nos cayéramos.
—¡¿En qué estabas pensando?! —le solté, a pesar de que entonces no podía verlo ya que se encontraba debajo nuestro.
—¡¿Cómo se atreven a dejarme atrás?! —exclamó Black Star desbordando rabia—. ¡Sin mí no son nada, no podrían llegar a ningún lado, y además...!
Estuve a punto de responderle a ello, pero entonces Kid nos calló:
—¿Pueden parar de gritar ya? No tenemos idea de qué está ocurriendo. Alguien podría oírlos y entonces estaríamos todos muertos, así que cállense.
—¿Pero no acaban de decir que dejaron de sentir la presencia de los brujos? —cuestionó Black—. No entiendo por qué... ¡Woah!
En cuanto lo oí gritar, volteé a ver qué le había ocurrido. Sin embargo, el skate de Kid había perdido de pronto el equilibrio, y descendió en picada a su vez que se inclinaba hacia un lado. Caí al suelo junto a Kid, mientras que su patineta aterrizaba unos metros más allá.
A pesar del dolor, busqué la guadaña en el suelo, y al encontrarla miré a mi alrededor, aterrada porque no podía ver a nuestro amigo.
—¡Black Star! —grité, y tras cinco segundos de una angustiosa espera, apareció caminando medio oculto tras los árboles. Sentí como volvía el oxígeno a mis pulmones.
—¿Te atacaron? —preguntó Kid bastante alerta. No dejaba de mirar a nuestro alrededor, y no perdí un segundo en utilizar mi percepción de almas para comprobar si algún enemigo se encontraba cerca. Sin embargo, no parecía ser el caso.
Black Star negó con la cabeza.
—Tenías otro tripulante, imbécil, debiste haber prestado más atención: Un tronco me golpeó y la sombra de la katana se atoró en una rama.
Kid alzó los ojos al cielo, tratando de inspirar, pero no consiguió mantener la calma y al enfrentarse a la mirada de reclamo del otro técnico, enseguida perdió los estribos.
—¡Ni siquiera te pedí que vinieras! ¿Por qué no estás con los otros, si es posible saber?
—¡Porque no tenía ninguna intención de marcharme sabiendo que ustedes, par de mortales idiotas, estarían aquí sin ningún otro tipo de ayuda! Ni siquiera están seguros de lo que van encontrar allí.
Mientras que los chicos seguían discutiendo, tanto Tsubaki como las hermanas Thompson habían regresado a su forma humana, y estaban tratando de calmar las aguas entre ellos dos.
Sin embargo, hubo algo que llamó mi atención a mis espaldas. Di la vuelta, y empecé a marchar casi sin hacer ruido. La flora silvestre nos rodeaba, y tras una hilera de árboles de gran altura, había un estrecho afluente que nos separaba de nuestro objetivo. Había dejado al grupo a varios metros a mis espaldas, y aunque podía oír sus gritos, la extraña arquitectura del castillo de Babayaga capturó mi atención por completo: solo veía la parte superior, pero podía notar que cierta distancia nos separaba. Debíamos apurarnos enseguida, llevábamos cierta prisa.
El grupo venía caminando hacia mí, y me apresuré a enseñarles que estábamos cerca del castillo. Esta vez, Black Star decidió ir por su cuenta, impulsándose con los árboles y con el poder del manejo de la sombra de su katana, mientras que Kid se limitaría a cargarme a mí en el skate. Tsubaki, Liz y Patty me dirigieron una última sonrisa antes de volver a sus respectivas formas de arma, sujetadas por sus dueños. Spirit trataba de guardar silencio, pero durante el trayecto no dejó de repetirme y suplicar que tuviera cuidado. Podía comprender su preocupación, pero comenzaba a ponerme nerviosa, y era precisamente aquello lo que quería evitar.
Solo tuve un pequeño momento para observar el castillo: nos dirigíamos directamente a una de las aberturas que había a la altura del suelo, por lo que tuve que alzar mi cabeza para contemplar aquel sitio. Suponía que iba a ser inmenso, pero aún así, al enfrentarme a un lugar como aquel, la sorpresa fue inevitable. En su ascenso, los distintos niveles eran cada vez más estrechos, de modo que le daban un aspecto cónico, y estaba rodeada de ocho torres en total, que al alcanzar cierta altura se retorcían y se unían a la torre central, como si fueran meras extremidades. Y de pronto nos hallábamos en mitad de largo pasillo con muros de piedra, con las antorchas encendidas y distribuidas hasta el final. Black Star apareció un segundo más tarde, y miró a su alrededor con desconfianza.
—¿Sienten algo?
Por enésima vez en el día, cerré mis ojos y traté de sentir cualquier frecuencia del alma, la que fuera que llegara a ponernos alerta. Kid aún no había mencionado nada al respecto, lo que significaba que aún no había logrado encontrar a alguien. Habíamos esperado toparnos con alguna especia de guardia en la entrada, pero no había sido de ese modo.
En mi mente podía imaginarme distintos pasillos, escaleras y habitaciones. Recorría distintos sitios al mismo tiempo, ampliando el radio de percepción, abarcándolo todo.
Y finalmente lo hice: Dos almas habían aparecido, y segundos después que yo, Kid se encontraba en mi misma situación.
—¿Y? —insistió Black Star, que comenzaba a molestarse.
Kid y yo lo miramos.
—Son Soul y Chrona —dije por fin, aunque me costaba creer que esas palabras habían salido de mis propios labios.
—¿Qué? ¿Ellos? ¿Por qué...?
—Eruka nos había dejado claro que Chrona estaba con Medusa y los demás —respondí—. Y Soul... No lo sé.
En mi mente nada de aquello tenía sentido. Aún no había asumido que estuvieran allí, precisamente ellos dos. Había esperado tener la oportunidad de ver por mis propios ojos a Chrona, aunque se una última vez, con la intención de asegurarme que ella era alguien distinto a quien imaginaba. Pero no a Soul, quien además estaba asociado a un misterioso mago que parecía guardar poca relación con sus iguales. Pero, ¿por qué precisamente ellos dos debían estar en el castillo? ¿Qué papel cumplían dentro de todo esto?
—¿Están en el mismo sitio? —preguntó Black Star.
—No —habló esta vez Kid—. Chrona está en un piso superior, y Soul debe encontrarse en una especie de subsuelo. Está varios niveles por debajo de nosotros.
—¿Vamos a dividirnos, entonces?
Aquella era la pregunta que había comenzado a rondar por mi mente. Nos dirigimos una mirada entre todos, comprobando la diferencia en cada uno de nuestros rostros. Kid estaba más serio que nunca, aunque tenía la piel realmente pálida. Black Star no dejaba de fruncir el ceño. Por alguna razón, no dejaban de observarme.
Entonces me di cuenta que esperaban que tomara una decisión, y aquella respuesta era clara en mi mente.
—Ustedes vayan con Chrona. Avisen por el transmisor a los otros de la situación, y expliquen que vamos a tener que demorarnos. Es posible que si dejamos correr esta oportunidad, no volvamos a tener otra chance de encontrarlos de nuevo.
Black Star asintió, comprendiendo mis razones. No era necesario que las dijera en voz alta.
Los tres comenzamos a caminar por el pasillo, sumidos en distintos pensamientos. No me atrevía a mirarlos al rostro. No estaba segura de la razón para ello, pero en mi pecho el miedo iba tomando forma y aumentando su tamaño. Me preocupaba lo que ocurriría a continuación. No habíamos aclarado qué haríamos una vez que ellos se enfrentaran a Chrona y yo estuviera frente a Soul. ¿Debía saber la respuesta? ¿Se revelaría ante mí en cuanto lo mirara a los ojos?
Ni siquiera quería tenerlo delante mío. Una parte de mí me suplicaba que fuera con Chrona, porque sabía que podía ser mi última oportunidad. Pero ese pensamiento me alejaría de actuar de forma razonable, y posiblemente, si lograba que ella me convenciera, terminaría dejándola escapar. No intencionalmente, pero quizás no me esforzaría tanto por hacer lo correcto. Además, confiaba en mis amigos. Hubiera preferido que Kid no se enfrentara a ella, pero también contaba con Black Star, y a diferencia mía, ambos tenían las cosas bastante claras.
—Bueno, supongo que nos vemos luego.
Las palabras de Black Star me tomaron por sorpresa. De pronto el pasillo se dividía en tres: el camino que veníamos siguiendo se extendía varios pasos hasta ser devorado por la oscuridad; a la izquierda una escalera que ascendía, y a mi lado, otra que bajaba —mi siguiente ruta.
Era el momento en que debíamos separarnos. Lamenté haber decidido ir sola, pero era lo justo. La vez que Chrona nos había atacado había sido muy difícil detenerla, y Black y Kid eran mucho más fuertes que yo, por lo que juntos podrían vencerla. Y en esta ocasión yo contaba con Spirit, una Death Scythe, y sería probable que lograra detener a Soul en caso de que decidiera atacarme. (¿Se atrevería?).
—Nos vemos luego —musité. Miré a mis amigos y me despedí mentalmente de ellos. Les di la espalda, comencé a bajar por las escaleras, y cuando supe que ya no me veían, eché a correr a toda prisa, tratando de no preocuparme por ellos, de centrarme en mi próxima batalla. De no pensar en Chrona. De no ponerme a desear con todas mis fuerzas que salieran ilesos, que las cosas acabaran bien.
"Maka —me advirtió Spirit—, ve con cuidado".
Pero no podía bajar la velocidad. Necesitaba acabar con ello lo más rápido posible, para volver a reunirme con mis amigos. Con Tsubaki, Liz y Patty. Volver a Shibusen y ayudar a nuestros compañeros.
Bajé más pisos hasta darme cuenta que había encontrado el correcto. Podía sentir las almas de Black Star y Death the Kid alejándose, pero en cambio la de Soul estaba cada vez más cerca. Observé el sitio en el que me encontraba: era mucho más oscuro que los otros, apenas había una antorcha, y yo debía caminar a través de un pasillo que se abría hacia la izquierda. Comencé a andar con cuidado, y cuando mis ojos se adaptaron a la oscuridad, pude ver que se trataban de distintas celdas. Algunas eran como las de Shibusen: muros de piedra con puertas pesadas de metal. Las otras eran simples de barrotes que dejaban a la vista su interior: no había nadie allí además del que había sido mi único compañero.
—Papá.
"¿Sí?"
—¿Qué crees que le sucederá a Chrona?
No respondió.
—¿Qué piensas que debería hacer con Soul?
El silencio siguió.
Soul estaba al final del pasillo.
No podía verlo, pero lo sentía. No había ningún tipo de ruido, siquiera el de sus pasos, aunque no parecía estar en movimiento. A medida que me iba acercando, noté que se encontraba dentro de una celda, y pronto comencé a notar que había algo extraño en ese hecho, porque en un principio había creído que Soul estaría recorriendo el castillo. Y si no era así...
Sí, estaba en una celda. De haber sido de otro modo, no me habría impactado tanto por tenerlo nuevamente cerca, y no habría podido ver su aspecto moribundo a través de los barrotes, su cuerpo lastimado y los hombros junto a la cabeza, hundidos.
Estaba ensangrentado y sucio. Los cabellos blancos caían sobre su rostro, cubriendo su mirada, pero no los profundos cortes en su torso y los tajos en sus extremidades. Solo vestía unos vaqueros que estaban al punto de ser simples harapos. Vi moretones. Oí su respiración dificultada.
—Soul...
"¡Maka!"
Volteé al mismo tiempo que oí la voz de mi padre advirtiéndome. Una sombra se abalanzaba sobre mí, con los brazos extendidos. Una esfera de luz y energía pasó muy cerca de mi hombro, alcanzó los barrotes de la celda y los destruyó dejando un enorme hueco, pero no llegó hasta Soul.
Dirigí la guadaña a mi enemigo guiándome por la percepción del alma puesto que había quedado a mis espaldas en cuanto había saltado para alejarme de él. Desvió mi ataque y trató de lanzarme un golpe. Por fin lo tenía delante mío: Iba encapuchado y con el cuerpo cubierto por una túnica. Era un brujo. Era el mismo brujo que había visto con Soul, el que había actuado con la suficiente confianza con él. Esta vez su alma se mostraba tal como era, sin el uso de la protección de la misma.
No pude controlarme. La ira y el odio me dominaron. Sin darme cuenta, había despreciado esa figura desde que la había visto, y lo único que hacían mis pensamientos eran ordenarme que atacara, que lo hiciera pedazos y acabara con su existencia. El poder de la Death Scythe me alcanzaría para lograr aquel objetivo, y yo no desaprovecharía aquella oportunidad.
Volví a alzar la guadaña para continuar con el ataque, pero el sonido de unos pasos que avanzaban a toda velocidad me obligaron a vacilar por un microsegundo, haciendo que fracasara en el golpe y le permitiera a mi oponente esquivarlo.
—¡Maka, detente! ¡Detente! —Kim venía corriendo hacia nosotros, con Jacqueline transformada en su forma de linterna escupe-fuego, y aunque no tenía intenciones de detenerme, se interpuso entre el brujo y la guadaña.
Estaba sudada, y tenía la respiración agitada. Yo también respiraba con dificultad por el reciente esfuerzo, pero aún así no me sentía agotada. Y si antes de que apareciera me estaba preguntando por qué Soul estaba como prisionero de las brujas y la razón por la que el brujo se apareció allí de pronto, la llegada de Kim me había dejado descolocada. Y no simplemente por su presencia, no. Su frecuencia del alma era distinta a la que yo conocía.
Era la de una bruja.
—¡También eres una bruja! —exclamé, mirándola sin tener idea de qué pensar. Por rara vez, no parecía enfadada, ni mucho menos mostraba sus aires de engreída. Lucía débil, agotada, y terriblemente preocupada.
—Sí, sí, lo soy. Pero no por eso debes pensar que estoy con Medusa. Maka, entre los brujos también existen diferencias. Yo no soy ningún tipo de traidora, estoy del lado de Shibusen —explicó—. La única razón por la que yo esté aquí ahora es Soul. Vine a rescatarlo.
—¿Y cómo sabes que se encontraba aquí? —exigí saber, aún sin soltar la guadaña.
—Tengo mis contactos entre las brujas. Nunca supe que él estuvo relacionado con los de nuestra especie, no sabía nada al respecto —dijo en lo que parecía ser un deje de tristeza—. Entonces comencé a investigar, y antes de partir en la misión me había enterado de que él estaba aquí, capturado.
—Pero Soul es un traidor, Kim —insistí—. Nos ha mentido a todos. ¡Nos utilizó! No puedo entender por qué has venido a ayudarlo.
—No seas tonta, Maka —gritó, de pronto enfurecida—. Soul no es ningún traidor, y en el fondo lo sabes. Ambas lo conocimos lo suficiente. Él no es ese tipo de persona.
—¿Qué me garantiza que lo conozco de verdad? —le refuté, dando un paso hacia ella—. ¿Qué te lo garantiza a ti? ¿Y por qué diablos estás defendiendo a ese brujo, acaso lo conoces?
—Demonios, no —dijo ella, alejándose enseguida del sujeto encapuchado—. Solo quería evitar que armaran un desastre aquí dentro y que Soul acabara herido por culpa de ustedes.
Entonces despegó sus ojos de mí, miró al sujeto que había estado quieto y sin hablar durante nuestra discusión, y luego vio a Soul, que seguía en la misma posición que antes, inmóvil.
—¡Soul! —chilló de asombro. Corrió hacia él a través del espacio que había creado el ataque del brujo, examinó su cuerpo con los ojos y lo obligó a recostarse.
Dirigí la guadaña al cuello del brujo en cuanto este trató de moverse, dejando que el filo se apoyara en su nuez.
—No irás a ninguna parte —le advertí—. Necesito saber quién eres, de qué conoces a Soul, y cuál es tu rol dentro de todo esto.
El brujo se mantuvo quieto, pero no respondió.
Desvié mi mirada por un segundo para ver a Kim. Sus manos estaban a ambos lados del rostro de Soul, y de ellas nacía una luz blanca que comenzaba a cubrir el cuerpo del albino. Nunca había visto una magia como esa.
Volví a observar al brujo. La capucha le cubría casi toda la cara, y me sacaba una cabeza y media de altura. Hice más presión con la guadaña sobre su piel.
—Tu rostro —exclamé—, déjame verlo.
El brujo siguió sin moverse.
—¡Ahora!
Vaciló. Alzó una de sus manos hasta la capucha, y dejó que esta cayera sobre su espalda.
Ahogué una exclamación de sorpresa, pero Kim había mirado en nuestra dirección, y en su caso no pudo evitarlo.
—¡¿Soul?! —preguntó, aunque era evidente que no se trataba de él, ya que el verdadero se encontraba en el suelo, a su lado.
Pero el parecido era sorprendente. El brujo tenía la misma tez de piel, el cabello del mismo color blanquecino, solo que unos centímetros más largo y con un peinado más prolijo. Los rasgos de ambos rostros tenían una alarmante similitud. Pero lo más llamativo de todo eran sus ojos. Rojos. No azules, sino rojos.
—¿Quién eres? —volví a preguntar.
—Es mi hermano. —La voz de Soul llegó desde la celda.
Di un pequeño salto en el lugar donde estaba. Kim también se giró hacia el albino, con los ojos ampliamente abiertos. Las heridas de su cuerpo ya no sangraban, se habían cerrado, pero quedaban marcas sobre su piel que demostraban que todos aquellos cortes habían existido.
Estaba sentado en mitad de la celda. Kim tenía una mano apoyada en su hombro, sujetando su cuerpo débil y sin fuerzas. No recordaba haberlo visto así antes, tan destruido. Siquiera luego de una misión, o la primera vez que lo vi, cuando no tenía un hogar. En esas ocasiones guardaba un aspecto mil veces mejor en comparación con el Soul de entonces.
—Dijiste que estaba muerto —le dije a Soul, percatándome luego de que aquellas eran las primeras palabras que le dirigía tras habernos separado.
—Nunca me dijiste que tenías un hermano —musitó Kim.
"A mi tampoco", dijo Spirit en mi cabeza, de pronto perturbado.
—¿Dijiste que estaba muerto? —El hermano de Soul tenía la voz de un adulto, grave, aunque en realidad parecía alguien joven, de unos veintipocos. Había alzado la voz por encima de la de Kim, y había sonado realmente ofendido.
Soul se llevó una mano a la cabeza para masajear sus sienes. Entonces, por fin, alzó los ojos hacia el brujo. Por alguna razón, tal vez porque a medida que pasaba el tiempo iba acostumbrándome a cierta variedad de sorpresas, en aquella ocasión no me extrañó encontrarme una mirada escarlata, del mismo color que su supuesto hermano muerto.
—Wes. —El nombre de su hermano salió en modo de reproche, y parecía terriblemente agotado, adolorido.
—Muñeca, ¿podrías quitarme esta guadaña del cuello? Comienza a lastimarme. —Miré enfurecida a Wes, sin aflojar el agarre sobre el arma. Me sentía tentada a hacerle daño en ese preciso instante.
—¿Qué hacen ustedes tres aquí? —inquirió Soul, escrutando a uno por uno—. No comprendo.
—Vine a sacarte de aquí —contestaron Kim y Wes al unísono, y se miraron entre sí, desafiantes, como si estuvieran a punto de ponerse a pelear por Soul.
Soul clavó sus ojos en mí, esperando una respuesta de mi parte. Le devolví la mirada con la misma intensidad.
—Coincidencia —me limité a decir.
Soul intentó ponerse de pie, pero saltaba a la vista que no tenía la fuerza suficiente. Kim trató de ayudarlo, pero a su vez Wes pasó completamente de mí y apartó la guadaña con la que lo estaba amenazando, se dirigió hacia su hermano, hizo a Kim a un lado y colocó a Soul de pie, al mismo tiempo que lo ayudaba a mantener el equilibro.
Trató de caminar con él, pero volví a alzar la guadaña para dejar bien en claro que no les permitiría irse a ninguna parte. Wes hizo un gesto de frustración en respuesta.
—Wes —volvió a decir Soul, antes de que este comenzara a protestar. Soul enfrentó mi mirada, y nuevamente tenía su par de rubíes frente a mí—. Mira Maka, comprendo que estés enfadada conmigo...
—Nos traicionaste —le interrumpí, tal vez con la voz demasiado débil.
—No lo hizo —saltó Wes en su defensa, dirigiéndome una gélida mirada—. Ni siquiera le has dado la oportunidad para oír la historia.
—¡Wes! —repitió Soul. Su hermano puso los ojos en blanco, claramente harto de que su pariente lo regañara como si él fuera el menor.
"La historia". Soul me había hablado sobre su pasado en una ocasión, pero era difícil saber si hubo algo cierto en aquel relato. Ni siquiera el detalle de su hermano había sido verdadero.
Soul me miró nervioso. Podía darme cuenta de lo que pensaba: quería contármelo, aclarar de una vez toda aquella situación. Yo también deseaba eso, que llegara la paz de una vez, que no hubiera más mentiras. Pero no estaba segura si sería capaz de creerle. Ya me había engañado antes, ¿qué sería diferente ahora? ¿Por qué razón querría decir la verdad en ese momento?
"Maka —La voz de Spirit se abrió paso en mi mente—, déjalo hablar. No solo por ti, sino por toda Death City".
Inspiré. Él tenía razón: aquello no se trataba solo de la traición de un arma contra su técnico. Era algo mucho más grande y más importante. Si yo le creía o no, tal vez incluso no importara. Pero Spirit ocupaba un alto cargo en Shibusen: la Death Scythe del Shinigami. Él también necesitaba oírlo.
Evité la mirada de Soul.
—Solo quiero la verdad —dije, haciendo la guadaña a un lado.
Él asintió. Se recostó contra el muro de piedra, aunque Wes no se despegó de él y tampoco me quitó los ojos de encima. Quizás aún seguía esperando un momento para escapar.
—No estoy seguro por dónde empezar —confesó Soul finalmente, agachando un poco la cabeza.
—Sabes exactamente por dónde, Soul. —Wes lo miró como si aquello fuese algo evidente—. Cuéntale sobre nuestros padres.
Soul tembló al escuchar esas palabras. Miró con ojos rabiosos a su hermano, del mismo modo en que lo haría alguien que se está planteando seriamente si asesinar o no a otra persona.
—¿Quiénes son? —preguntó Kim.
Soul tomó aire antes de contestar.
—Nuestros padres son brujos —comenzó, y noté que se me helaba la sangre—. De hecho, todos en mi familia lo han sido por largas generaciones. A excepción mía —enfatizó—. Fui el primer y único arma en la familia. Los armas, así como los técnicos, nacemos de distintos tipos de parejas. Hay quienes nacen de un técnico y un arma, dos armas, un arma y un humano... o en todo caso de simples personas. En mi caso, soy hijo de brujos. Como pueden ver, no se trata de algo hereditario. —Entonces Soul sonrió, pero sus orbes no transmitían esa misma sonrisa. Sí la tristeza—. Mis padres nunca llegaron a apreciarme por aquella razón: siempre les resulté inútil.
"Verán, fui sincero al contar que ellos eran estrictos conmigo, pero nunca fui claro respecto hasta qué punto. Siempre estaba en constante entrenamiento. Querían que fuera fuerte, querían que sus almas sincronizaran con la mía, y que devorara todas las almas de las que fuera capaz de conseguir, para tener a su disposición un arma poderosa la cual pudieran manejar a su antojo. Pero yo me negaba a ello. No quería que me utilizaran de ese modo, muchísimo menos que me sometieran a todo aquello. Y con el tiempo, cuando fui volviéndome mayor, comenzaron a ponerse cada vez más severos con sus... castigos.
Wes observó dolido a su hermano, como si al oírlo pronunciar aquellas palabras algo lo desgarrara por dentro. Estaba en sus ojos, en la expresión de su rostro, en las vibraciones de su alma.
Soul decidió no entrar en detalles sobre el tema, pero al ver todas esas marcas sobre su cuerpo —las cicatrices— noté que no sería necesario.
—Decidí que debía escapar de aquel sitio, porque de otra forma era probable que terminaran asesinándome. Eran despiadados, y eran capaces. Cuando hubieran visto que ya no les era útil para nada, se desharían de mí, y sería así de sencillo. Pero escapar tampoco fue fácil huir. Wes no dudó en ayudarme a idear un plan. Si me marchaba de un día para el otro, sin ayuda alguna, no hubiera durado por mucho tiempo, y francamente, me hubieran encontrado. Así que debía ir a algún sitio donde les resultara difícil de ir, donde nadie me reconociera, y por esa misma razón elegí Death City. Pero le temía a aquel sitio: Pensaba que si la gente de allí descubría quién era yo en realidad, algo malo me ocurriría. Por lo que estuve un tiempo en los límites de la ciudad, tratando de pasar desapercibido. Wes me ayudó bastante durante ese tiempo; yo no tenía más que unos pocos ahorros para mantenerme, y no confiaba en la gente de por allí.
"Hasta que un día él vino con una importante noticia: mis padres habían enviado un grupo para buscarme en los alrededores de la ciudad, y la única opción que me quedaba era esconderme en el interior de Death City, donde ellos no podrían usar sus poderes sin llamar la atención de miles de armas y técnicos. Y Wes ya no podría ayudarme por un tiempo, porque comenzarían a formar sospechas de su constante ausencia. Así que estaba completamente solo, y decidí quedarme en aquella plaza donde luego conocí a Maka. Pero antes de que eso ocurriera... Maka, tu madre había visto mi situación, y había tenido una conversación conmigo.
Di un paso hacia atrás. Aún no había comprendido qué estaba intentando decirme Soul, pero, ¿Kami había tenido algo que ver con ese asunto? ¿Había más cosas de ella de las cuales nunca me había enterado? ¿De mi madre? No dejaba de preguntarme por qué aquello parecía no tener su fin.
—Explícate —le dije a Soul, levantando por unos centímetros la guadaña de manera inconsciente.
Soul advirtió mi movimiento incluso antes de que yo lo hiciera. Fue claro que le molestó, pero aún así, continuó hablando, ignorando lo que habría cruzado por su mente al percatarse de ello.
—Había pasado más de dos semanas viviendo en aquel sitio —continuó—. Ya no me quedaba dinero siquiera para alquilar un departamento en el que alojarme, y sabía que lo más lógico hubiera sido que me pusiera a buscar un empleo. Pero estaba convencido de que la única opción que tenía era pasar desapercibido, ser nadie en la vida de los demás. Para colmo, mis ojos eran muy llamativos, e instantáneamente por ellos, los otros brujos me habían reconocido siempre; sabían quien era mi familia. Si algún miembro de Shibusen me descubría también, estaba acabado.
"Ese día tu madre estaba sola. Caminaba y cargaba varias bolsas del mercado entre ambas manos. Se había detenido al verme, y se había quedado examinándome. Yo ocultaba mis ojos a la mirada de la gente, pero ella se había quedado quieta por un rato, escrutándome con su mirada. Entonces se acercó a mí, y me preguntó si tenía hambre, si necesitaba algún tipo de ayuda. Por supuesto que sí, había pasado el día entero sin probar bocado, y era invierno y yo no tenía siquiera un techo de cartón. Pero aún así le había dicho que no necesitaba nada, más por la necesidad de que se marchara rápido que por alguna otra razón. Pero ella había insistido, y había sacado comida de las bolsas con las que cargaba. Se había sentado a mi lado, y había comenzado a acribillarme a preguntas cuando al fin acepté y comí.
"Al principio, las primeras cosas que contestaba eran fáciles de responder con las mentiras. Pero entonces ella comenzó a ser más directa, a darme a entender que no la estaba engañando con mis respuestas. De pronto me dijo que sabía quien era, y que lo había adivinado por los ojos: La familia de brujos Evans siempre era distinguida por aquel detalle. Tu madre era una técnico, y sabía lo suficiente del tema. Pero me había comentado que, lo que más le había llamado la atención de mí, había sido mi alma. Con solo ver mi frecuencia, ella había descubierto que yo era un arma. En ese momento yo ni siquiera tenía claro que alguien pudiera saber todo ese tipo de cosas. Así que me vi obligado a contarle toda la verdad: que me estaba escondiendo de mi familia, y que la única persona que me había estado brindando ayuda no podría hacerlo por cierto tiempo. Yo no quería tener nada que ver con los brujos.
"Al oír mi historia, Kami me dijo de inmediato que me mudara a su casa. Me había negado, por supuesto, pero ella dijo que debía pensármelo, porque prometía ayudarme con aquella situación. Prometió protegerme. Al día siguiente, Wes volvió, pero me aclaró que estaría otro tiempo sin poder ir a visitarme, así que le hablé de Kami y le pedí consejo respecto a si debía o no aceptar la propuesta de irme a vivir a su casa. Wes sugirió que lo aceptara, pero primero se aseguró de registrar el hogar esa misma noche antes de volver con nuestros padres, para asegurarse de que Kami no me estaba engañando de ningún modo.
"Así que, la siguiente vez que Kami volvió a buscarme, acepté. Y ya conocen el resto... más o menos.
Soul evitaba mi mirada. Tenía los ojos puestos en ninguna parte, y el cabello comenzaba a cubrirlos de nuevo. Todos lo observábamos, e incluso podía sentir el alma inquieta de Spirit. Si mamá había ocultado aquellas cosas incluso de él, debía estar igual o más sorprendido de lo que yo estaba.
De pronto no estaba tan confiada como antes. Podía ver a Kim, triste, que seguramente creía en lo que Soul nos había contado. Y su hermano, un brujo, a su lado, cuya existencia había sido oculta con una mentira, observaba a su hermano menor con tanto afecto que me hacía creer que todo aquello era cierto, y que tenía la prueba frente a mí.
¿Qué pensaba Spirit de todo aquello?
¿Qué era lo que yo pensaba al respecto?
—¿Conocías a Giriko? —solté de pronto, captando la atención de ambos hermanos. Soul quedó boquiabierto, porque sabía la importancia que tendría para mí aquella respuesta. Wes, en cambio, me miró ceñudo.
—Lo conocía —explicó Soul, hablando despacio. Había algo en su expresión que por poco me hizo arrepentirme de hacer aquella pregunta. Daba la impresión que, como yo, no tenía buenos recuerdos de él—. Giriko... Mis padres quisieron que aprendiera de él, y durante un tiempo fui su alumno. No me tenía mucha paciencia, así que tampoco duró mucho tiempo.
Observé a Wes. Era incapaz de disimular la ira que lo consumía, aquello era claro. Masculló varias cosas de entre las cuales solo pude descifrar la palabra "bastardo", pero de algún modo logró mantener la calma. Supe entonces que Soul había omitido de nuevo algunos detalles. No pregunté por cuáles.
—A quien no conocí hasta Shibusen fue a Medusa. Ella...
—Esa bruja —saltó Wes con ira, sin poder contenerse más—. De haber sabido que ella se encontraba en Shibusen, hubiera sacado a Soul de allí de inmediato —exclamó—. Es por ella que me mantengo alejado de los de mi misma especie. De un modo u otro, siempre intentaba que me uniera a su pequeño clan de odio contra los técnicos y armas del mundo entero. Únicamente por estar interesada en mi magia. Y ahora que su hermana ha vuelto...
—¿Su hermana? —pregunté.
Wes quedó boquiabierto al comprender que no entendía a qué se refería.
—Arachne —dijo tras un momento—. Medusa y Arachne son hermanas. No es como si se adoraran, pero hace siglos, luego de su enfrentamiento contra el Shinigami, Arachne quedó tan debilitada que acabó dormida durante mucho tiempo. Incluso yo creía que estaba muerta. Hasta hace poco, cuando Medusa encontró la forma para que ella recobrara sus fuerzas, y Arachne volvió a la vida. Ahora ambas se aliaron, y con ellas todos los seres que desde un principio alabaron o temieron los poderes de ambas, y persiguen el mismo objetivo: destruir Death City por completo.
Sus últimas palabras me colocaron los pies nuevamente sobre la superficie: Death City. Posiblemente, en aquel momento se estaba librando una batalla, y nosotros estábamos allí perdiendo el tiempo. Podía sentir el alma de Kid y Black Star, y aunque era difícil a causa de la distancia saber en qué tipo de situación se hallaban, podía notar que estaban con Chrona. Al menos estaban vivos, por el momento.
—No tenemos tiempo —dije de pronto—. Tenemos que ayudar a Kid y Black Star con Chrona, ellos están...
—¿Tenemos? —repitió Soul, con una mirada ciertamente indescifrable. Me sorprendí de mí misma al mismo grado que los demás—. ¿Significa que finalmente confías en nosotros?
Di la vuelta y comencé a marchar, evadiendo su pregunta.
—Si quieren que crea en ustedes, tendrán que acompañarme a ayudar a mis amigos. En caso contrario... —pero no habría caso contrario, porque sería incapaz de vencer a dos brujos y un arma por mi cuenta, incluso con la ayuda de mi padre.
—También son mis amigos —dijo Soul, aunque no parecía estar dirigiéndose a mí.
Oí como Wes murmuraba algo en respuesta, algo de "lo que sea por mi hermanito", y entonces tuve a los tres pisándome los talones, y al segundo siguiente todos subíamos por las escaleras en lo que parecía una carrera.
—Soul... —dijo Kim entonces. Su voz llegaba con claridad hasta mis oídos, pero se notaba que comenzaba a a cansarse—, ¿tú qué tienes que ver dentro de toda esta guerra? ¿Por qué estabas allí?
Soul parecía reacio a seguir revelando secretos, pero lo cierto era que hubiera sido completamente injusto en caso de no hacerlo. De una u otra forma, decidió responder.
—Luego de que... ya sabes, me fuera de Death City, Wes volvió para ayudarme. El caso es que nuestros padres habían estado sospechado durante un tiempo que tal vez Wes les estaba ocultando algo, que él conocía mi ubicación. Mandaron todo un grupo de brujas para buscarlo, y nos encontraron cuando nos dirigíamos al que iba a ser mi refugio por un tiempo: un departamento en Inglaterra. Intentamos huir de ellas, pero finalmente me capturaron, aunque Wes se las arregló para que nuestros padres creyeran que, en vez de ocultarme, me había encontrado, e intentaba llevarme con ellos. Supongo que, de otra forma, no habría podido estar hoy aquí para rescatarme.
—Pero te hicieron tanto daño... —musitó Kim. Oírla decir aquello me destrozó por dentro. Sabía cómo se sentía. Podía verme reflejada en el dolor de su propia voz, por más que no quisiera admitirlo, por más que no quisiera sentir aquello.
—Ya me siento mejor, y gracias a ti.
Kim cambió de tema, aunque era fácil imaginarse la expresión de su rostro ante aquel cumplido.
—¿Y por qué los ojos rojos? ¿Son falsos, o...?
—Oh, los azules eran los falsos —intervino Wes. Por alguna razón, sonaba divertido—. Soul ya te ha dicho que nuestra familia se distingue por los ojos rojos: son la señal de las familias de brujos que son devotas a Asura, ¿lo saben? Soul simplemente heredó el color. Y así como tú, Kim, que tienes poderes curativos, mi magia se especializa en los poderes ilusorios. Puedo cambiar por completo el aspecto de nuestra familia, a excepción de los ojos. Es una especia de maldición para mí y nuestros padres, ya que no puedo cambiarlos por la simple razón de ser brujos, pero con Soul, por supuesto, no es el caso. Aunque con el tiempo la magia se desvanece, el bastardo ha tenido mucha suerte.
—¿Bastardo? —Soul elevó la voz.
—¿Asura? —repetí, frenando mis pies al instante—. ¿Quién es? ¿Por qué una familia de brujos le sería devota a alguna persona?
Wes rió ante mi pregunta.
—Porque no es una persona, niña. Asura es el kishin más poderoso que existe.
Sí, lo sé, soy el peor ser viviente sobre la Tierra.
Y para colmo no solo me retraso por meses, sino que también les vengo dar cierto anuncio: Este no es el penúltimo capítulo, ejem. El capítulo me quedó más largo de lo que esperaba, así que decidí dividirlo en dos para no traerles uno de veinte mil hojas. Mal cálculo. Y no, eso tampoco significa que ya tengo el siguiente listo. De hecho, aún no lo empecé. Pero para serles sincera, el que viene me da mucha ilusión, así que... No, no voy a decir de nuevo que lo traeré antes, ya sabemos bien que no será así.
Y esa fue parte de las aclaraciones. A continuación, mi razón del retraso (que si quieren pueden no leerla y lanzarme tomates de todos modos).
Adivinen quién comenzó la universidad :'D Bueno, les cuento que hace poco tuve un examen HORRIBLE, y después de eso me dije a mí misma: "Termina el capítulo ahora, o no lo harás hasta que termines la carrera". Respecto a cuando traeré el siguiente, es complicado: se me vienen otro par de exámenes encima, y estaré algo ocupada estas semanas, así que seguramente me lleve otro tiempo. Aunque no fue solamente por la universidad: Se reirían de mí si dijera la cantidad de veces que reescribí partes o el capítulo completo. Es que, como verán, este era muy especial, y necesitaba que quedara lo mejor posible. Además que casi nunca venía la inspiración: la muy cruel se hace rogar.
Y eso es todo. Ante cualquier duda o pregunta, no tendré problema para responder, salvo que me pidan algún spoiler (?) En fin, espero que hayan disfrutado del capítulo. Un abrazo, y gracias por seguir leyendo, son lo mejor que hay.
Geko.
