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Ramé
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Capítulo 25
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31 de Mayo de 1864
Lo siento, Sougo:
No me extenderé demasiado en esta carta, lo único que quiero expresarte son mis sinceras disculpas.
El día de hoy fue muy ajetreado. Casi no pude verte durante esta semana.
Tuve que permanecer al lado de mi abuela como una buena niña y saludar a todos mis invitados.
Sé que querías hablar conmigo de un tema sumamente importante, pero mis familiares de parte de papá llegaron a quedarse durante unos cuantos días. Es parte de mi educación recibirlos con una brillante sonrisa y tener conversaciones elocuentes, aunque me disguste tenerlas.
Estoy segura que no pasas por un buen momento en tu vida, que estas sufriendo por algo que paso en tu vida. Te apoyo realmente, pero estos días no me pude acercar a ti.
La cita que me pediste, el día, el horario, el lugar pactado. Sougo, no pude asistir, lo siento.
Me hubiera gustado verte.
En cuanto se fueron, escape lo más rápido de la mansión. Fui directo a la residencia Okita.
Me abriste la puerta sorprendido por lo agitada que estaba.
Sé que puede sonar extraño, pero tu trato no era el mismo. No te enfadaste, no me preguntaste que sucedía, solo dijiste ´´Olvídalo´´. Hiciste como si nada de aquello hubiese sucedido y aclaraste que ese tema del que querías hablar tan apresuradamente no era de importancia.
No sé cómo sentirme, espero que solo sean especulaciones mías y que todo siga bien entre nosotros.
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03 de Junio de 1869
A tres semanas del comienzo del verano, las flores con sus capullos expandidos atraían a varios insectos para su posterior polinización. El sonido de las chicharras, el aleteo de los colibríes, el calor y la aclamada brisa veraniega, adornaban el ambiente del jardín de los Okita. Un espacio de descanso para el matrimonio. Tranquilo y muy calmado, al menos así había sido durante las estaciones pasadas.
Para Gin, ese último tiempo había sido una completa tortura. Sabía que no podía reclamar nada, el solo era un simple jardinero a su disposición y gracias a sus propios ruegos había obtenido sus galletas nuevamente. Pero, aun así, aun si sentía que se le daba mayor importancia a su existencia, mucho más de lo que cualquier trabajador podría pedir en una época similar, con jefes exigentes y deshumanizados; Gin tenía la imperiosa necesidad de quejarse con ellos. No era solo por él y los traumas que podría provocar, sino por la falta de respeto al inocente Shinpachi.
Ese par, no hacía nada más que expresar su amor en cualquier habitación. Ya no podía andar por los pasillos de la mansión sin toparse con los incomodos gemidos de ella o los gruñidos de él. Sin contar el chirrido de los muebles en los que se acomodaban. Gin no podía tocar absolutamente nada sin pensar antes en: ´´ ¿Y si lo hicieron acá? ´´, su vida se había vuelto una completa paranoia.
Pero aun así él podía aguanta. Comprendía que era culpa de los años perdidos y que esos dos seguían siendo un par de hormonados mocosos. Solo necesitaban tiempo para que se les pasara todo ese calor, esas ganas de hacer sus porquerías por todos lados. Simplemente, tenía que aguantar y pensar muy seriamente en adquirir los tapones.
Entonces, ¿Cuál era el problema? Sencillo, Shinpachi también había escuchado esos sonidos. A pesar que intento por todos los medio salvar su mente pura, no lo consiguió. Termino escuchando uno de esos arrebatos del matrimonio Okita.
Por ese desgraciado momento y por otras muestras más notorias de amor, donde ni siquiera intentaban ocultarse, fue que Gin decidió enfrentarlos y poner un alto a toda esa tortura. Él los había ayudado, pero no podía aguantar tantas feromonas por toda esa casa. Ya ni siquiera podía ir al baño sin escuchar murmullos o buscar sus galletas sin sentir el temor de escucharlos.
¿A quién se quejaría? Primero pensó en ir contra ambos y detener todo aquello, pero no tardó en darse cuenta que la mayor confianza, en ese aspecto, la tenía con Okita Sougo. Gin había obtenido la libertad de insultarlo tanto como quería gracias la ayuda que le brindo. Con Kagura manejaba una relación de amistad más seria y comprensiva, además que sentía que la culpa de todo era de su jefe. Para Gintoki Sakata, Sougo era quien iniciaba esos actos.
Aunque si tenía que ser más sincero, diría que la presencia de Shinpachi no lo dejaba moverse libremente. Ya lo había recriminado por tratarlo de esa manera, como si su mente no estuviera sucia de la libido, así que tenía que contenerse cerca de él, si es que no quería la furia de ese chico sobre sus hombros. Shinpachi era muy amable, casi parecía una de esas abuelitas cariñosas, pero cuando se enojaba los castigos eran tremendos.
El día que Kagura les dio permiso para salir y el muy atrevido Shinpachi llego tarde, Sakata le hizo una enorme escena que más tarde se la cobro con trabajos extras para el de la permanente, y mucho descanso para sí.
― ¿Podríamos hablar, señor Okita?―aguantando la furia que sentía al verlos hacer sus arrumacos enfrente de Shinpachi, Gin se acercó a hablar con ese idiota precisamente.
Kagura y Sougo estaban disfrutando de su mañana, sentados en el jardín compartiendo un poco de jugo y galletas, mientras que Shinpachi estaba encargado de las plantas junto con él.
El romanticismo de esa pareja le importaba muy poco, pero no pudo aceptar cuando ese idiota se acercó al rostro de Kagura y con su lengua arrastro todas las migajas de la comisura de sus labios. Incluso pudo ver como pasaba insistentemente su mano por encima de sus piernas. Esos dos ya se estaban calentando y Shinpachi aún estaba en el jardín, ¿No podían aguantarse hasta llegar a su maldita habitación? ¿Dónde estaba el decoro? ¿Acaso no se les enseño respeto?
Después de levantarse y pedir por una charla privada mientras dejaba sorprendido a Shinpachi por su impaciencia. Kagura se sorprendió por la seriedad en los ojos de Gin, la intensidad con la que veía a su esposo, ¿Acaso…?
No es que dudara de él, pero… desde que su relación con Sougo comenzó a ser más romántica, su amigo se la pasaba molesto. Hablaba solo con Shinpachi y lo encontraba de tanto en tanto mirando en su dirección.
Recordando el pasado, hizo memoria de las veces en las que le insistía a Sougo para hablar en privado. La sonrisa socarrona que este ponía cada vez que afirmaba algo e incluso esas miradas que se daban en silencio. El tiempo extendido que pasaban en la privacidad de ese cuarto se le hacía sospechoso. Las dudas comenzaron a carcomerla. Y en el momento que lo vio serio con esa intensidad en su mirada, solamente dirigida a su esposo… lo supo.
El castaño se reclino intentando levantarse, pero el brazo de Kagura se lo impidió. Aferrada a él, quería hacer una pregunta a su jardinero.
― Puedes decirlo acá― segura y tranquila le hablo a Gin.
― Es privado― no quiso sonar demandante, pero no se sentía en libertad de hablarlo allí, Shinpachi los observaba desde la distancia. Ya podía sentir la mirada llena de advertencia de ese chico.
Pensativa, Kagura soltó el brazo de Sougo, no sin antes comprender un poco esa extraña relación.
Para ser sinceros el picor de los celos se manifestó en ella, y no es que crea en un amor pasional entre ellos, claro que no. Kagura sentía los celos de saber que Sougo y Gintoki tenían charlas secretas entre ellos, excluyéndola de esa reunión secreta.
Esa mirada segura e intensa que Sougo le dedicaba, le dejaba en claro quién era su prioridad. Además que el amor de Gintoki aun seguí perteneciendo a la memoria de su madre. No era tonta, pero que linda idea se le cruzo por la mente molestarlos un poco.
― ¿Acaso…?―comenzó a formular deteniendo su caminata― ¿Ustedes tienen una relación pasional de la que no estoy enterada?― tuvo que hacer un esfuerzo para no reírse por la mueca, exagerada de espanto, por parte de su esposo.
¿Qué cosas estaba pensando esa chica?
― Somos apasionados en lo que hacemos dentro de la oficina― eso no fue exactamente lo que Kagura había preguntado. Él solo lo vio oportuno para demostrar lo serio que eran con cualquier trabajo que hacían en conjunto, como unir un matrimonio. Pero, claro, esa frase tenía un doble sentido.
Shinpachi se espantó desde su lugar al escuchar esas palabras de su compañero. Aunque, una rápida mirada a Kagura lo calmo. La chica tenía una leve curvatura en sus labios.
― ¡Eso… esta sacado de contexto!― Sougo lo detuvo antes de que comentara algo mas ― Son palabras ambiguas― se dirigió esta vez a su querida esposa. Quería que comprendiera, pero por otro lado deseaba arrancarle la lengua a ese idiota por hablar tantas estupideces.
― ¿Y cómo quieres que le explique?, ¿No eres tú el que pidió que todo lo que hagamos dentro se quede adentro? ― Eso era verdad pero… Gin lo hacía sonar extraño. E incluso se abrazaba a sí mismo en una pose muy extraña, como si entre esas cuatro paredes ambos destaparan su morbo. Aguantando su enojo, le lanzo una admirada llena de advertencia al recibir como el rechazo en la mirada de su esposa ― ¡Vez, no quieres que hable!― Acuso instantáneamente― Seguramente ahora me llevaras a la oficina y me tendrás durante toda la tarde allí. Solo no me culpen después, cuando no pueda sentarme cómodamente en una silla por unos días― esa frase sí que llamo la atención de Kagura.
Shinpachi estaba más que espantado. Siempre había preguntado qué era lo que hacían en esa habitación. El creía que tramaban diferentes planes para enamorar a Kagura, mas nunca pensó que su relación haya escalado tanto, y mucho menos en esa dirección.
Por su parte Gin se refería, de manera ambigua, a la insistencia de Sougo por buscar una solución con Kagura e impedirle que se levantara del asiento. El pobre Sakata terminaba entumecido después de pasar horas, en esa habitación, sentado.
― Comprendo― la voz de la pelirroja resonó con un toque de fastidio. El ultimo comentario la afecto un poco― Eso era todo, disfruten de sus porquerías en la intimidad de la oficina― su sentencia dejo perplejo a Sougo.
Kagura realmente creía que él tenía una orientación sexual distinta. En el libro hablaba de diferentes tipos de fantasías, la homosexualidad se mantenía oculta pero igualmente se practicaba puertas adentro. La pelirroja entendía que su esposo no era de ese tipo, pero la duda comenzó a carcomerla, Gin se veía muy seguro de sus palabras. Molesta, aunque no mucho, se levantó dejándolos solos.
Durante lo que quedaba de la mañana, Sougo intento una y mil veces hablar con ella, explicarle que había sucedido exactamente. Pero ella no quería hablar de momento. No le rehuía, lo esperaba cuando él quería hablar y le hacia algunos comentarios sarcásticos con respecto a su relación privada con Gintoki.
No estaba enojada en lo absoluto, pero le gustaba molestarlo aunque sea un poquito. Esa inquietud y desconfianza se terminó de disipar cuando Shinpachi le pregunto acerca del tema a su compañero.
― ¿Qué dices? ¡Claro que me gustan las mujeres!― a menos de que mantenga sus verdaderos deseos oculto, Gin no se mostraba como un hombre deseoso por el cuerpo de su esposo.
Pero, por más que estuviese segura de ello, quería molestarlo un poco más. Era una pequeña venganza por abandonarla e irse con su jardinero por varias horas. Kagura había perdido la oportunidad de compartir ese tiempo con él por su ´´Amigo´´.
Por otro lado, la pelirroja estaba más interesada prepararse, pronto llegarían sus invitados. Nobume le envió una carta solicitando poder verse. La chica de ojos color océano, recordó esa incomodidad que mostraba, en meses pasados, acerca de la presunta visita de ella a su mansión. No culpaba a la esposa de su hermano por no acercase a su hogar, ella tenía una razón para no hacerlo. Kagura mantenía la distancia de su esposo con ambos. Aunque, claro, ahora era distinto.
El día de ayer le aviso a Sougo de la visita, de la muy grata visita. Ese día tomaría el escaso tiempo del Okita en presentarlo con el matrimonio Imai. Si bien, el sabia de la existencia de su hermano y ya se habían visto en una ocasión, nunca los presento de forma oficial y ese día, lo haría.
Faltaba poco para la visita de los Imai así que fue hasta su cuarto para arreglar su peinado antes de recibirlos. Su cabello no estaba en lo más mínimo desarreglado, es más, estaba perfecto. Completamente equilibrado con su broche de flores y finos lazos azulados.
Kagura solo buscaba una oportunidad para alejarse de la sala y dejar que Sougo la persiguiera hasta la privacidad de su alcoba. Sintiendo sus pasos a sus espaldas, sonrió divertida antes de entrar al cuarto. Escuchando el sonido de la puerta cerrarse detrás de ella, no pudo evitar soltar una risilla juguetona.
― Kagura…―acercándose a ella, Sougo toco su hombro para pedir una conversación. Arreglar las cosas era lo primordial en esos momentos, lástima que no era eso lo que ella quería.
Colocando sus manos en su pecho, lo empujo hasta hacerlo caer en la cama. Sin esperar a que pudiera reaccionar, Kagura levanto su vestido para acomodarse sobre las piernas de su asombrado esposo.
― Estoy enojada, Sougo― suspiro en su cuello mientras desanudaba su corbata ― ¿Qué harás al respecto?― desabotono la camisa y paso tentativamente sus manos por su pecho mientras dejaba una estela de besos en su cuello ― Me dijiste que había sido la única…― soltó su cinturón mientras se mordía el labio con deseo― ¿Acaso me mentiste?―
― N-Nunca… Ahg…―Kagura ingreso su mano entre sus pantalones tomando su miembro ―Yo no… no te mentí… Ah, Kagura espera…― su esposa movía su mano de manera brusca. Sus subidas y bajadas eran rápidas. Ponía presión en los puntos más sensibles de él, quería arrancarle esos sonidos eróticos que ella tanto amaba ― Estas siendo… ruda y…― prácticamente no podía hablar. Las sensaciones lo derretían de placer, ella sabía cómo llevarlo al borde de la locura.
Sonrió al verlo aguantar esos gemidos que tanto amaba escuchar. Su querido esposo se estaba conteniendo solamente para no darle el disfrute que ella deseaba.
Sabía que estaba en su límite, la tensión en sus músculos se lo decía. Estaba absorto en la lujuria. Su mente nublada por sus primitivos deseos, no lo dejaba pensar en algo más que los movimientos bruscos de ella. Si seguía así iba a terminar rápido.
― Señor y señora Okita, acaban de llegar los señores Imai― La voz de Suzuran saco una sonrisa triunfadora en Kagura.
´´Justo como lo quería´´ se dijo a sí misma.
Liberando su miembro con cuidado y dejando en una completa frustración al castaño, Kagura no disimulo su diversión al verlo tan molesto. Parecía un niño caprichoso que rogaba por su dulce.
― ¿Me dejaras así?― sin intenciones de ocultar su voz demandante, Sougo frunció el ceño con fastidio.
― Tenemos visitas, no podemos hacerlos esperar― beso sus labios y acaricio su cuello con ambas manos― Además… te dije que era un castigo― cerro su pantalón con cuidado y volvió a abrochar su cinturón. El bulto entre sus pantalones era muy notorio ― Si tan ansioso estas…―su mano bajo por la hebilla de su pantalón hasta sacarle un gruñido mientras rozaba su excitación― El día de hoy vendrás rápido a casa, ¿Vedad?―
No podía negar que lo quería solo para ella.
Kagura había pasado de desearlo en secreto, de amarlo en las sombras y observarlo durante años, a tenerlo para ella y disfrutar de ese inmenso amor que él le daba. Se había convertido en una mujer ansiosa por tenerlo solo para ella, posesiva si se quiere decir. La pelirroja quería recuperar esos años tirados a la basura. Pero mientras obtenía más de él, más deseaba.
Se levantó de su regazo y camino hasta la puerta. Se acomodó su vestido y volvió a colocarse los guantes. Con toda la elegancia de una mujer de la clase alta, le sonrió al gruñón de su marido antes de darle la espalda. Aunque ese fue su más grande error.
Tomándola de la cintura, la dio vuelta para que se enfrente a él. Sin dejar de mirar sus hermosos ojos azules, Sougo sujetos sus piernas posicionándolas alrededor de su cintura. Con brusquedad levanto los pliegues de su vestido y comenzó a friccionar sus intimidades. Si bien la ropa opacaba el placer que verdaderamente sentirían sin ellas, ambos no pudieron evitar suspirar a causa de ello. Él estaba muy excitado y ella realmente lo notaba.
― Cuando vuelva en la noche, te mostrare lo que sucede cuando me dejas frustrado―dijo ronco deteniendo sus movimientos ― Te arrepentirás por esto― mordió su labio inferior sacándole un suspiro.
Sintiendo como su cuerpo se encendía y su entrepierna se humedecía, Kagura rodeo su cuello antes de susurrarle un:
― Ya lo veremos― prácticamente lo estaba retando.
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― Lamento la tardanza, tenía que arreglar mi cabello― se excusó la mujer.
Su rostro mostraba una sonrisa deslumbrante, con la palabra victoria en toda la curvatura de sus labios. Se notaba la dicha que sentía, como si hubiera hecho una travesura y salía ilesa de ella.
Kamui mantuvo su típica sonrisa al verla, mientras Nobume se mantuvo estoica a su lado, dejando solamente una diminuta sonrisa para su anfitriona.
― No te preocupes, no esperamos mucho― dijo a modo de respuesta la señora Imai.
Su hermano se acercó a saludarla justo en el momento donde se veía descender a un castaño por las escaleras principales. Para la temporada que hacía, Sougo prácticamente podría ser tratado de loco. Llevaba una Levita a modo de saco, prenda necesaria para cubrir su frustración. Kagura sonrió divertida al verlo.
― Sougo―Saludo al recién llegado, mientras este se posicionaba al lado de su esposa― Sé que ya los conoces, pero nunca hice las presentaciones formales―los ojos rojizos de él fueron directamente a los de Nobume― Él es Kamui, mi hermano y ella es su esposa Nobume―sonrió ampliamente mientras los veía saludarse― Él es mi esposo, Okita Sougo―
Si bien ya se habían conocido, y esas presentaciones se podrían obviar, Kagura quería dejar por sentado la familiaridad que había en ambas familias.
Nobume comprendió sus intenciones y respondió grácilmente a los intentos de su querida cuñada. Aunque una pequeña sonrisa sobradora se escapó de sus labios al toparse con los rojizos ojos del señor Okita mirándola con molestia.
El recuerdo de la gran fiesta en la mansión Isaburo, aun no desaparecía de su memoria. Los incidentes de ese día lo llevaron a descubrir los sentimientos que tenía por su esposa. Y, a pesar de que le estuviese sumamente agradecido, no podía evitar sentir la mofa de ella al cruzar miradas. Nobume jugo con él. Le hizo creer que Kagura estaba en una relación clandestina con Kamui, que ellos mantenían un vínculo estrecho. Ese día había enloquecido de celos. Sintió el miedo recorrer su cuerpo. Aun podía sentir, como si fuera ayer, el pánico de perderla.
Y lo que era peor, esa sonrisa casi imperceptible que le decía lo mucho que disfruto de burlarse de él.
― Gusto en conocerlo― frunciendo el entrecejo el soltó un seco ´´Igualmente´´, antes de tomar los papeles que llevaría para la empresa.
Saludo de igual forma a Kamui y con una rápida mirada pidió a su amada que lo acompañara hasta la puerta de ingreso. Si lo haría esperar hasta la noche, mínimo esperaba una grata despedida.
Tomando un tiempo, pidió a sus invitados que la esperen en el sofá, pronto regresaría con ellos. Después de todo no era tan mala, Sougo merecía un poco de afecto antes de partir.
Por otro lado, los invitados acataron el pedido de la pelirroja. Esperando su regreso, él joven Imai pensó mucho en lo ocurrido segundos antes. La mirada entre su esposa y el señor Okita había generado mucha curiosidad en él.
― ¿Se puede saber qué ocurrió?― una pregunta ambigua que Nobume supo interpretar. Kamui no era de dar muchos detalles, no era necesario con ella, la chica de cabellera azulada comprendía muy bien sus palabras sin la necesidad de ser específicos.
― Una pequeña broma― soltó divertida. Una broma que guardaría para ella y sus gratas memorias.
Él enarco una ceja al escucharla. Desde que la conoció, Nobume se empecino en molestarlo siempre. Tenía algo en contra de su persona. Siempre encontraba la forma de conseguir sacarlo de sus casillas. Con él tiempo comenzó a saber cuándo movería sus hilos y lo terminaría dejando en ridículo, pero mucho no le ayudaba predecir sus movimientos. De una manera mágica, sacaba un As debajo de la manga.
Acostumbrándose a esas bromas, el pelirrojo descubrió algo mucho más sorprendente: ella no fastidiaba a nadie más que a él. Pero ahora…
― No sabía que molestabas a otros―inconsciente de su comentario, Nobume descubrió una linda faceta de su compañero de vida.
Como siempre, su esposo no se percataba de sus acciones. Sus movimientos impulsivos lo dejaban expuesto ante ella sin darse cuenta. Para cuando comprendía el peso de sus palabras ya era demasiado tarde.
― ¿Celoso?― fue cómico verlo cambiar tan abruptamente su expresión. Paso de estar ensimismado en sus propias divagaciones a encontrarse sorprendido, atrapado, terminando con una expresión de idiota.
Él solo exploto la bomba en sus manos.
― Perdón la tardanza― Kagura hacia aparición en escena cortando esa pequeña conversación.
Con un poco de té y pastel, los tres pasaron una tarde grata, acompañados –desde luego- por sus queridos amigos: Gintoki y Shinpachi, quienes se acercaron al sentir el dulzor de los postres y el té de manzanilla.
Sadaharu, de momento seguía devorando un trozo de bistec que Kagura había pedido explícitamente para él. Prácticamente lo estaba adoptando. El can de sus jardineros, apreciaba mucho el tiempo al lado de la señora Okita. Aunque Gin especificaba que era por la carne que ella le daba. Lo estaba comprando con su estómago.
De un momento a otro, ese par decidió darles la privacidad que merecían, aún no habían terminado su trabajo y decidieron completarlo antes del anochecer. Por otra parte, con la fatiga y la panza llena, el peludo y esponjoso Sadaharu se recostó sobre los pies de Kagura comenzando con su grata siesta.
― Lo tienes bastante amaestrado― se sorprendió Kamui de verlo dormido a su lado.
Unos minutos antes Gin y Shinpachi reclamaban que se comportara como era de esperarse, pero el can solo ladraba y saltaba sin intenciones de detenerse. Al menos no, hasta que Kagura lo llamo para que durmiera un poco.
― Eso es porque sigue a quien mejor lo trata― por dentro podía escuchar los lamentos de sus amigos reclamando por su fiel compañero.
Los gritos desesperados de Sakata, diciendo ´´Traidor´´ al tierno Sadaharu, la divertían.
Removiéndose un poco, el animal se corrió de los pies de la pelirroja, dándole libertad de moverse, sin alejarse mucho del calor de la mujer. Aprovechando ese momento, Nobume solicito hablar con ella un momento.
Camuflando su pedido con un ´´Quisiera ver tu álbum de boda´´ para que su esposo no se percate de nada, ambas salieron en dirección al comedor, dejando a Kamui solo en la sala.
― ¿Que sucede?―pregunto extrañada la pelirroja encontrándose lejos del rango de visión de su hermano mayor.
Dando ojeadas a la sala, esperando que no aparezca para interrumpirlas, la señora Imai apresuro el relato. No se sentía muy bien ocultándole algo tan importante a él.
― Hace mucho decidiste confiar en mí y contarme de tu embarazo― solo con eso, la felicidad de Kagura desapareció de su ser. ¿Por qué tenían que volver los recuerdos de su bebé?
― Yo no estaba…―trato de excusarse, de decir que eso jamás paso, pero Nobume fue nuevamente rápida y detuvo su explicacion.
― No sé qué ocurrió con aquello y no te estoy presionando para que me lo cuentes, ya sabrás cuando y con quien hacerlo―aclaro dejándola un poco más tranquila― Pero, así como me elegiste para saberlo antes que el señor Okita… Yo también quería contártelo―acaricio su vientre manteniéndose atenta a cualquier comportamiento extraño de ella. A Nobume no se le olvidaba la posibilidad de que lo hubiese perdido. Tenía miedo de contarle su dicha y verla sumergirse en su miseria ― Estoy embarazada―
Las palabras cayeron tan suaves como una montaña de flores de loto sobre su cuerpo. Esponjoso y aromatizante como plumas y pétalos de rosas. No sintió la punzada de las espinas en su cuerpo al escuchar de su estado. Kagura aceptaba su pasado como una piedra pesada en su espalda, pero jamás la envidia la carcomería por la inmensa felicidad de su cuñada, de su querida amiga.
Tomándose unos segundos antes de emitir algún sonido, vio la incomodidad en los ojos de Nobume, comprendiendo su monologo previo. Ella creía que podía lastimarla con su revelación. A pesar de ser ajena a los hechos de su perdida, la chica de cabellera azulada sentía un picor de culpa al contarle de su dicha.
― Conociendo a Kamui, se quedara calvo de pura felicidad― respondió soltando el aire que tenía. Tomo sus manos ensanchando una hermosa sonrisa― Estoy muy feliz por ti, Nobume― sincera y aliviadora, fue la respuesta de ella quien trataba de dar calma a su interlocutora.
Sonriéndole de igual forma, la chica Imai, la estrecho abruptamente en un abrazo, sorprendiendo a la hermana de su esposo. Reaccionando su muestra de gratitud, devolvió el abrazo con cariño. Kagura sentía esa misma sensación con Mitsuba, Nobume era como una hermana mayor que la trataba dulcemente. Ambas tenían un aura tranquilo y maternal que calmaba a la pelirroja.
Era un gesto demasiado bueno para durar mucho.
― ¿Sucede algo?― Kamui se había acercado al ver que esas dos tardaban tanto.
Sorprendido de verlas en un abrazo, el chico se extrañó y decidió preguntar directamente que ocurría. ¿Acaso celebraban algo?
― Si―respondió su esposa soltando a Kagura, pero sin alejarse mucho de ella― Estoy embarazada― sin mediar las palabras y soltando la noticia sin mucho mas se lo conto. Estaba ansiosa por ver su reacción.
― Vaya―sonrió como de costumbre― Y yo que pensaba que estabas engordando― No se podía hacer nada, después de todo era con Kamui con quien hablaban.
Rodando los ojos, Kagura miro desaprobatoriamente a su hermano mientras la señora Imai se acercaba al pelirrojo tomando su corbata y tirando de ella. ¿Cómo era posible que interrumpa un buen ambiente con sus idioteces? Si la noticia no le hacía quedar calvo, Nobume le arrancaría los pelos de su cabeza.
― ¿Quién esta gorda?― su tono y postura amenazante hicieron reír al chico, recordaba muy bien las discusiones que mantenían, incluso, antes de comprometerse.
Dejando a la estoica, pero igualmente enojada, Nobume y a su tonto hermano mayor, Kagura se alejó un poco del comedor. Su lugar de reunión dejo de ser la sala principal, así que mudaría sus tasas de té y demás bocadillos a la mesa principal.
Fue en busca de Gin y Shinpachi para que la ayudaran a mover las bandejas de aluminio y adornos en oro fundido. La vajilla de porcelana bien decorada, era un recuerdo de los años dorados de la familia Okita, debían trasladarla con mucho cuidado.
Solo que, al regresar al comedor, ninguno de los tres previó una escena tan enternecedora como aquella. Tan íntima entre ese pelirrojo y su esposa. Después de verlos pelear siempre, era más que asombroso verlos así.
Abrasados y ocultando sus rostros en el cuello del otro, parecían tener una conversación intima entre ellos. Tal vez algo relacionado al bebé. Kagura no pudo ver mucho más que la sonrisa de su hermano y el sonrojo de ella expandiéndose hasta sus orejas.
― Creo que hay que dejarlos solos― sonrió Shinpachi antes de ver el asentimiento de su señora.
Dándoles un tiempo para ellos, los tres volvieron a la sala con todas las bandejas nuevamente. Kagura los invito a los dos a comer junto con ella, sabía que el tiempo de esos dos se extendería un poco más y no quería estar sola.
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Llegando el atardecer, Nobume y Kamui se despidieron de la pelirroja, prometiendo volver en otra ocasión. La señora Okita se despidió de sus invitados con una sonrisa. Los comentarios de su hermano le hacían reír.
Entre un ´´Sube niña manzana´´ de parte de él y un ´´No es necesario que me ayudes, conejo gruñón´´ de parte de ella, ambos partieron a su mansión con un ademan de despedida desde el carruaje.
Con su visita fuera de su hogar, Kagura se dispuso a ver cuánto faltaba para que su esposo llegase. Quería recibirlo ella misma, así que aviso a Suzuran que podía irse a descansar, por ese día ella tenía todo el trabajo resuelto. Jiiya también se despidió. Ese día comerían a deshora, antes tenían muchas cosas que hacer.
Otose termino la cena y partió a su alcoba seguida de Catherine, la mayor no quería escuchar ruidos extraños durante ese día, así que prefería tomar la amabilidad de su señora y evitar peores traumas.
Kagura tomo uno de los libros de su estantería, esta vez decidió ojear uno de literatura romántica. Una hermosa novela de amor imposible entre una chica pobre y el hijo de un importante lord. La historia le traía recuerdos de sus padres, tenía barreras sociales tan fuertes como las amenazas y la propia frustración de cada uno. Al finalizar el relato, Kagura se topó con un romántico y feliz final, muy distinto al agridulce destino de sus padres.
El sonido de la aldaba la saco de su lectura. Emocionada ojeo una última vez a sus jardineros que aun peleaban contra un hormiguero enorme que habían encontrado.
― ¿Por qué no se mueren?― Prácticamente estaban perdiendo el control de sus acciones. Llevaban varios días lidiando con esa peste y no conseguían ganar el combate.
Los ladridos de Sadaharu se escucharon a lo lejos mientras más quejas e insultos de parte de Gin la hacían sonreír.
Ignorándolos, fue hasta la puerta principal a recibir a su esposo, aunque no se topó con él precisamente.
― Bienvenido― las silabas iban perdiendo la intensidad con la que esperaba recibirlo. En la entrada se encontraba Okita Takahiro con una expresión extraña en su rostro.
Sorprendida por esa visita, Kagura no recuerda la ultima vez que ese hombre visito su mansión, si es que lo hizo. Dejando un silencio incomodo entre medio, ella aun trataba de analizar la causa de su sorpresiva visita.
― ´´Sougo me dijo que ya no trabajaban juntos´´― recordó ― ´´ Entonces, ¿Qué hace aquí?´´― no le agradaba mucho la idea que la visitara cuando su esposo no estuviese, ese hombre le daba mala espina.
― ¿Puedo pasar?― a pesar de ser una pregunta, el tono imperante y de obligación hizo a Kagura retroceder unos pasos para darle el permiso a que entre. Fue una acción inconsciente, ligada a las enseñanzas de Katsue.
Sin decir una palabra más entro por el recibidor. Camino hasta la sala principal esperando la invitación de ella para sentarse. Incomoda, se sentó en el amplio sillón e invito a sentarse al padre de su esposo. No tardo en lamentarse por elegir el sillón más grande, Takahiro aprovecho sus modales para sentarse junto a ella.
Demostrando la seguridad que no tenía en esos momentos, comenzó a hablar con su suegro.
― ¿A qué viene tal sorpresiva visita?― pregunto demandante. No iba a actuar como una buena anfitriona para él, le dejaría en claro desde el principio su descontento con tenerlo dentro de su hogar.
Por otra parte, Takahiro se quedó mirándola sin parpadear. Había ido por algo totalmente desleal e importante para él.
Resentido por el desacato de su hijo y la inserción en la empresa enemiga de los Kondo, el progenitor de Sougo, deseaba realizar un escarmiento con él. ¿De qué manera podría hacerlo? El castaño de ojos rojizos no era un hombre que tuviese muchas pasiones. Pocas cosas le llamaban la atención y casi nada consideraba un tesoro.
Siendo como es, Takahiro no tenía mucho conocimiento de los gustos de Sougo, pero sus últimas conversaciones demostraban el respeto y el aprecio por su esposa. Comprendiendo que era aquello que más lo lastimaría, estaba listo para lastimar no solo su ego sino al amor de su vida.
Acomodándose en el sillón se acercó a ella unos centímetros más acorralándola con el brazo del sofá. Movió su mano restando importancia a su pregunta y terminando de dejarla en reposo sobre una de sus piernas.
Kagura se sintió incomoda por esa acción y rápidamente se la retiro.
― Señor Takahiro, le recomiendo que se retire inmediatamente―su voz helada marco el fin de la conversación que él no estaba dispuesto a terminar. Tomándole la muñeca con su mano evito que ella se levantara.
― No te asuste―romo con rudeza su mentón para que lo pueda ver directamente a los ojos― No te hare nada malo, solo vengo a ofrecerte algo que te gustara― se acercó peligrosamente a ella obligándola a empujarlo antes de que algo malo suceda.
― Por si no lo recuerda, soy la esposa de su hijo. Mantenga la distancia prudencial si no quiere que lo saque de nuestro hogar― molesta por esa insolencia de su parte Kagura reclamo el espacio que estaba perdiendo.
Comprendiendo la indirecta de la pelirroja decidió retroceder para evitar que lo echara. Aun no escuchaba su proposición.
Con una sonrisa llena de libido comenzó a recorrer su cuerpo. Se la imagino sin ropa, sudada y debajo de él, el disfrute que ambos tendrían seria exorbitante, Takahiro lo sabía.
― Vengo a ofrecerte un trato para que soluciones tus problemas―volvió a tomar una distancia mas próxima generando que Kagura frunciera su entrecejo― Mi hijo no parece no hacer muy bien su trabajo― la tomo con mucha más fuerza de su muñeca y la atrajo hacia él.
― ¡Que mierd…!― cubrió su boca antes de que pudiera gritar.
― Aun no estas embarazada―le susurro a Kagura provocándole una sensación de asco y repulsión― Puedo ayudarte a que lo estés… puedo ayudarte con la frustración― el miedo comenzó a apoderarla cuando se dio cuenta que la estaba recostando en el sofá. Forcejeo e intento gritar pero no podía ― ¿Qué dices?, ¿No quieres probar?―
Antes de que se acerque a ella, Gin lo tomo del cuello de su camisa y lo jalo hacia atrás tirándolo contra el piso. Shinpachi fue hasta ella verificando que estuviese bien.
La espalda de Takahiro había chocado con fuerza contra el mármol causándole una queja ensordecedora.
― ¿Estas bien?―pregunto a una Kagura con lágrimas en sus ojos.
A pesar de sentir el miedo y la impotencia de no poder moverse, ella se sentía irritada por esa osadía de Takahiro. No solo por atacar tan cobardemente a una mujer, empleando su fuerza, sino por importarle una mierda su propio hijo ¿Quién era él para decirle que Sougo la frustraba?, ¿Quién era él para creer que la ausencia de su embarazo era culpa de su esposo? Si no fuese por Soyo ella… negó con la cabeza esos últimos pensamientos.
Kagura estaba harta de que le digan cuando debía embarazarse, que la recriminen por no estarlo, que la usen solo para concebir. Odiaba aún más a ese tipo por creer que ella caería en sus tretas, que se dejaría seducir por simples palabras vacías. ¿Acaso en verdad pensaba que ella creería en sus asquerosas intenciones? Estaba mas que claro que a pesar de tener deseos morbosos por ella, estaba esa necesidad de venganza por Sougo.
Tomando el pañuelo que Shinpachi le entregaba, se limpió las pequeñas gotas de lágrimas antes de enfrentarlo.
Sadaharu se encontraba gruñendo a su persona, lo intimidaba con lo grande y salvaje que parecía. El can de pelaje blanco estaba protegiendo a su amiga de ese ser tan detestable. Calmando al perro, dirigió su mirada llena de asco y superioridad hacia ese viejo degenerado.
― Nunca más vuelvas a aparecer delante mío― lo amenazo ― Mandare a la mierda la dama que soy y pateare tu entrepierna con todas mis fuerzas si vuelves a intentar algo así― apretaba aún más sus puños antes de mirarlo con asco― Y para que sepas, Sougo si es hombre y no necesita dejarme embarazada para demostrarlo―
Alejándose de él, pidió a Gin que lo echara. Con gusto, tanto Gin y Shinpachi, lo empujaron fuera de la mansión, cerrando las rejas de la entrada en su propia cara.
― Tienes que hacer una denuncia― el joven Shimura fue la voz de la razón en ese preciso momento ―No puedes dejarlo así― ella asintió.
― Mañana iré a la jefatura― acepto ella antes de escuchar nuevamente la aldaba sonar.
― Debes hacerlo hoy― esta vez fue Gin quien insistió mientras acariciaba su cabeza dándole un poco de paz― Iré yo en tu lugar, después de todo soy un testigo―
― Es muy tarde― No quería que se fuera, estaba algo inquieta ―Al menos deja que Shinpachi te acompañe― pidió.
― ¿Y si viene?―
― No lo hará, tiene el ego roto y la espalda adolorida―explico. Lo que más le preocupaba era que su jardinero se lo encuentre en medio de la calle y busque represalia― Además tengo a mi lindo Sadaharu para que me proteja―
A pesar de no estar muy convencido, Gin acepto su pedido solo con la condición de que avise a algún miembro del personal en cuanto llegue alguien. Realmente estaba preocupado.
Para su suerte la jefatura de policía no se encontraba muy lejos de allí, solo tenía que caminar un par de cuadras y hacer la denuncia formalmente. Shinpachi ayudaría como segundo testigo de ese acoso que recibió su señora.
Cerrando la puerta y proveyendo a su señora de un objeto contundente para defenderse por si algo malo ocurría, la dejaron en la enorme mansión.
No pasaron ni dos segundos cuando la aldaba sonó insistentemente. Con preocupación, Kagura aviso a uno de los miembros de limpieza para que la acompañaran a la entrada. La chica termino por toparse con el rostro afligido de su esposo. Lanzándose preocupado a su cuerpo la abrazo con fuerza. El sonido de la retirada pacifica de su mucama le dio la libertad por aceptar ese abrazo con tanta calma y confort. Hasta ese momento no se había dado del miedo inmenso que sentía su cuerpo.
― Sougo…―
― No necesitas decir nada, lo sé― la detuvo sin separarse de ella― Lo matare en cuanto lo vea― aseguro apretando aún más su cuerpo.
La impotencia que sentía al enterarse por boca de Sakata y Shimura que su asqueroso progenitor había intentado abusar de su esposa, lo aterraba. ¿Y si nadie hubiera llegado a defenderla? Les estaría agradecido eternamente a ese par, pero la incomodidad no se iba de su cuerpo. La impotencia, la ira y las ganas inmensas de ir en ese mismo momento con ese maldito viejo y golpearlo no desaparecían.
Pronto, la advertencia de Takasugi cobro vida en sus memorias. Se maldecía por no tomar en cuenta sus palabras hasta ese mismo momento.
― Cálmate ―pidió su amada― Ya fueron a denunciarlo, no necesitas meterte en problemas― se separó unos centímetros y acaricio su mejilla con calma― Estoy perfectamente― esa mentira no la creía ni siquiera ella. Sougo se dio cuenta del miedo que albergaba en sus ojos.
― Kagura…― tomo sus manos y las beso con cuidado. Acaricio sus mejillas y limpio las lágrimas que defendían en silencio.
Presiono sus puños detrás de la espalda de ella, prometiéndose que lo hundiría si era necesario para nunca más volver a verle la cara a ese tipo. Pero debía ser silencioso, al menos por el momento, para no preocupar a Kagura. Mañana se encargaría de él.
Rozo con sus labios sus mejillas antes de depositar suaves besos sobre sus parpados. La atrajo con cuidado a él y busco la manera más sutil de darle calma y confort.
― ¿Podrías acompañarme?― beso su frente antes de tomar su mano y guiarla escaleras arriba― Hay algo que quiero mostrarte―
Dejando que la arrastre hacia donde él deseaba, Kagura aprecia esos intentos de él por animarla. Le da un suave apretón antes de besarle la mejilla y soltar un pequeño ´´Gracias´´.
Llegando a la puerta que los conduciría al armario o una especie de ´´Bodega´´ repleta de objetos antiguos que no utilizan, Sougo ingresa con ella caminando entre regalos de boda y demás artículos de valor.
Deteniéndose en una especie de alfombra polvorienta que cubría un objeto cuadrado debajo de ella. Kagura pensó que se trataba un cuadro, una pintura rupestre o algo similar.
― Espero que te guste―le sonrió antes de destapar la imagen de Kouka pintada en el enorme lienzo.
Las pupilas de Kagura se dilataron al verla, sus ojos verdes tan serenos y brillantes como siempre. Esa aura maternal que trascendía a pesar de los años. La sensación de verla viva nuevamente, feliz por tenerla al frente la embargo en una dicha inmensa, aun si solo fuese un simple anhelo.
― Nunca te conté de ella― murmuro estupefacta― Digo, nunca te dije como era― lo miro atónita― Sougo, ¿Cómo lo hiciste?―
― Umibouzu me presto una fotografía de ella―Kagura se sorprendió al escucharlo. Nunca se había enterado de tal imagen― Me dijo que era un secreto, que nadie más sabia de su fotografía. Una que mantiene oculta dentro de su reloj de bolsillo― explico tranquilo.
Incapaz de articular una sola palabra que no fuese un simple ´´Gracias´´, Kagura se lanza a abrazarlo, expresándole la gratitud por sus acciones, por su regalo, le agradece por todo.
― Te amo―no lo dice muy seguido, le gusta guardar esa palabra para cuando realmente sea necesario. Ella no quiere que pierda el impacto de escuchar esas palabras, quiere que aun pasando diez o veinte años, él se emocione al escucharla decir sus sentimientos. Que genere tantos sentimientos que lo ahogue y le erice la piel con solo decirlas.
― Yo también te amo, Kagura― él tenía ese impacto en ella. Esos sentimientos merecían ser tratados con mucho respeto y aprecio. El significado no se perdería y jamás pasarían a ser palabras insulsas y vacías. Cada vez que se dijeran lo mucho que se querían seria sincero y eterno.
Cubriendo el cuadro de su madre, Sougo le asegura que mañana lo colgaran sobre la chimenea, frente al lugar predilecto de Kagura, junto a su biblioteca personal.
Saliendo del cuarto, el castaño se gira un poco para pedir nuevamente la mano de su esposa, pero los brazos de ella llegan rápidamente a su cintura rodeándolo por la espalda.
― ¿Kagura?, ¿Ocurre algo?―
― ¿No tenemos algo que arreglar en nuestra habitación?― pregunto ansiosa y divertida. El sonrió comprensivo.
― ¿Segura? ¿No sería mejor que descanses por hoy?― ella negó con su cabeza antes de tomar un leve sonrojo en sus mejillas. Después de todo, una promesa era una promesa, y Takahiro no arruinaría su vida matutina.
― Me hiciste esperar mucho tiempo desde el mediodía― se puso en puntitas de pie y lamio el contorno de su oreja― Quiero recompensarte por llegar temprano― Sougo se giró sobre su eje y la atrajo por la cintura― Y aún estoy intrigada por saber que ocurre cuando estas frustrado― ella sonrió maliciosamente mientras veía como su esposo se relamía pensando en las tantas cosas que le haría.
― Bien―reafirmo su agarre sacándole un suspiro― Si no tienes ninguna objeción, podemos ir inmediatamente a nuestra habitación― ella rio rodeando su cuello.
― ¿Quién objetaría?―
Dejándose llevar, caminaron hasta su cuarto, sin dejar de tentar al otro en todo el viaje.
Mientras tanto, en la entrada se escuchaba el sonido de la aldaba golpear la puerta. Una de las pocas mucamas que aún estaba rondando por los alrededores giro el pestillo encontrándose con los jardineros en la entrada.
― ¡Estúpido mocoso!―iracundo, Gin entro con el periódico en sus manos, dejando a la mucama perpleja por sus comentarios.
― Ya Gin― trato de calmarlo el más joven, ingresando después de un saludo hacia la mujer que muy amablemente les abrió― Era de noche, piensa que hiciste una buena acción al comprarle el periódico―
― El crio ese me aseguro que se acercaba una invasión― señalo los titulares con molestia― Prácticamente robo mi dinero o dime tu ¿Dónde está la invasión?―paso las paginas a gran velocidad mientras se topaba con un gran número de noticias aburridas.
El pobre Gin solo había gastado su dinero en una noticia de tal calibre, no en un conjunto de basura matutina. Ese chico le vio la cara de idiota. Utilizo la falsa propaganda para vender su producto a un idiota cara de pescado, como había dicho Shinpachi en su explicación.
― Solo tu creerías que estamos en medio de una invasión― le restó importancia al asunto.
Habían dado el reporte a la jefatura de policía y habían aclarado los hechos como también, dieron el nombre de la víctima y de su agresor. Sin contar que el testimonio de la agredida seria brindado por ella mañana después del mediodía.
Shinpachi estaba cansado como para pensar en las estupideces de su compañero, él solamente quería irse a dormir pero, claro, Sakata Gintoki no se la dejaría tan fácil.
Enojado por la actitud tan sumisa de ese idiota, le lanzo el periódico del estafador al rostro. Aguantando las ganas de gritarle se sacó el papel de la cara y presiono sus puños antes de mandarlo a volar.
― ¿Se puede saber que ha…?―su pregunta murió cuando sus ojos se cruzaron con una noticia que lo impacto― Gin, mira esto― pidió sorprendido.
Con cautela el hombre de cabello plateado se acercó, el miedo de una represalia permanecía en sus posibilidades. El recto Shinpachi podía ser vengativo si así lo quería. Pero sus ideas murieron al ver ese titular:
´´ Hoy en la mañana se encontró el cuerpo del fallecido Lord Hongou Hisashi. Aparentemente murió de un falla cardiovascular´´
― Ese hombre es…― Shinpachi no podía dar crédito a lo que leía. Ese chico era menor que él, ¿Cómo podía ser que falleciera?
Gintoki siguió la noticia unos renglones más abajo.
´´La señora Hongou Soyo, esposa del difunto lo encontró muerto en su cama esta misma mañana´´
― Esa mujer― había algo en esa noticia que no le gustaba.
Cada vez que Soyo aparecía, aparecían nuevos problemas.
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Con esto me despido hasta el nuevo capítulo, espero publicar nuevamente rápido y no atrasarme demasiado. Me despido hasta la próxima actualización, ¡Bye!
