Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de LyricalKris, solo nos adjudicamos la traducción.


My Biggest Mistake, My Greatest Salvation

By: LyricalKris

Traducción: Rosie Rodriguez

Beta: Yanina Barboza


Capítulo 25: Auxilio, que alguien me ayude.

Edward estaba peligrosamente a punto de perder la cordura. Lo único que lo contenía de no estrangular al oficial de policía era la mano tranquilizadora de su padre sobre su hombro.

Habían pasado cerca de tres horas desde que Bella había desaparecido. Cada minuto que pasaba, Edward se desesperaba más y se le estaba haciendo difícil conseguir a alguien que lo ayudase. Tres horas era demasiado tiempo. Siempre siendo bueno en matemáticas, Edward automáticamente había calculado cuán lejos Alec la habría podido llevar en ese periodo de tiempo.

California, Arizona, Utah.

Edward se mecía de adelante hacia atrás, presionando fuerte su cuero cabelludo para evitar gritar. Estaba tratando de no imaginar lo que podría estarle pasando a su hermosa y bastante embarazada esposa, mientras él caminaba en círculos con los oficiales de policías.

La seguridad había ido hasta él en cuestión de minutos. Suponía que el hecho de haber estado gritando y corriendo alrededor de las tiendas de Forum como un demente hizo eso. Les había rogado por ayuda, su ataque de pánico aumentando cuando Alice regresó del baño más cercano, diciéndole que Bella no estaba allí.

El equipo de seguridad había sido impaciente con él. No estaba siendo lógico, supuso, y ellos veían a delirantes borrachos y personas agresivas todo el tiempo. Todo eso mientras intentaban contenerlo y sacarlo de su casino, Edward sabía que el reloj estaba corriendo. Cada minuto, ella se alejaba más. Cada segundo era otro segundo en el cual Alec podría lastimarla, lastimar a Riley.

Era enloquecedor porque si él pudiera hacerlos entender, era probable que el equipo de seguridad hubiera podido ayudarlo a traerla de vuelta antes de que Alec tuviera la oportunidad de poner una mano sobre ella, antes de que él incluso tuviera la oportunidad de sacarla del casino. Pero no podía hacerlos entender. No había habido una conmoción. No había habido gritos. Ella simplemente había desaparecido de un momento a otro.

Ellos habían intentado decirle que se calmara, que su esposa probablemente se había distraído. Las Vegas estaba llena de distracciones. Ese era el punto. A lo mejor se había distraído en el tragamonedas o en la mesa de Blackjack. Les rogó para que echaran un vistazo. Él más que nada quería estar equivocado. Si en verdad se había distraído, estaría en sus brazos en un abrir y cerrar de ojos y se reirían de esa paranoia.

Pero sabía que no estaba equivocado, podía sentirlo dentro de él. Ella no estaba, y no iba a pasear por sí sola.

Les pidió que se lo probaran. Tenían que haber cuartos de seguridad con cámaras, videos. Si todavía estaba en el casino, él la encontraría con su ayuda.

Para el tiempo en el cual ya había causado una gran escena la policía había sido llamada, su familia se había reunido a su alrededor. El Caesar's Palace había ofrecido una sala de conferencia, lo que fuera para callarlos así las personas regresarían a comprar o a gastar su dinero en cualquier otra cosa en paz.

Allí, frente a su familia, Edward tuvo que decirle toda la verdad a la policía, esperando que eso ayudara. Las cosas se calentaron por unos minutos antes de que los oficiales les pidieron a todos que se fueran, exceptuando Alice, Carlisle y Edward. Alice y Edward porque habían sido los últimos en ver a Bella y Carlisle porque se negaba a dejar a Edward.

Esme se hubiera quedado, pero Edward le pidió que recogiera a Renée, esperando contra todo pronóstico que ella tuviera alguna pista.

Después de todo, ¿quién más le podría haber dicho a Alec dónde Bella estaba?

—Señor Cullen, ¿ha considerado la posibilidad de que su esposa quisiera irse con ese hombre?

Tenía un nudo en su garganta y con rabia luchaba contra eso.

—Ha visto el video…

—Sí, exactamente —interrumpió el otro oficial—. No hay nada en ese video que sugiera que está bajo ninguna coacción para nada.

Por supuesto que no había. No la conocían tan bien como él. Para Edward, era obvio lo tensa que estaba. Sus hombros estaban muy cuadrados, sus manos cerradas en puños mientras se abrazaba a sí misma contra el estante. En el video, el que los policías mostraron para callarlo, Alec había aparecido detrás de ella y debió haber hablado a la vez que ella saltó. Ella se quedó mirando hacia el frente sin mirarlo, algo que Edward trató de decirle que no era natural. Bella era una atenta oyente y siempre se volteaba a la persona que estuviese hablando, sin importar lo que estuviese haciendo antes. Ella se quedó quieta cerca de un minuto antes de volverse lentamente y caminar con él. Las manos de él sostenían sus brazos, no en la manera en la que un amante lo haría, sino la manera en la cual un policía guiaba a un criminal: controlando.

Lo peor fue el miedo que él vio en los ojos de ella por los pocos segundos en el cual la cámara capturó su rostro antes de que saliera de vista. Su expresión era impasible, pero sus ojos se movían con rapidez mirando alrededor. Si no estaba equivocado, y Edward era muy bueno con ángulos, al primer lugar que ella miró cuando se dio la vuelta fue hacia la dirección en la cual él estaba.

¿Por qué él no había mirado?

¿Por qué la había dejado sola para comenzar?

—Algo más está sucediendo —dijo Edward por lo que tenía que ser la millonésima vez—. Ella no se hubiera ido con él. Nunca. Él debió haberle dicho algo para hacerla irse, y la va a lastimar.

—¿En qué basa su suposición?

—Se aprovechó de ella cuando estaba vulnerable. La amenazó y la encerró en un closet por horas. No se da cuenta de cuán loco actuó, asumiendo que Bella era de él. La manera en que él hablaba.

—¿Y esto fue algo que usted presenció? —El oficial alzó una ceja sabiendo muy bien que Edward ya le había dicho que él nunca había conocido a Alec antes.

—Por supuesto que no —gruñó, molesto.

—Así que solo sabe lo que su esposa le dijo.

—No hay razón para que me mintiera.

—Algunas personas no necesitan una razón —dijo el policía con un pequeño encogimiento de hombros.

La mejilla de Edward tembló de rabia. Se dijo a sí mismo otra vez que solo necesitaba hacerlos entender. La policía tenía medios que él no, era tan sencillo como eso. Necesitaba su cooperación.

—¿Está usted sugiriendo que una mujer de lo más racional abandonaría de repente su vida por un capricho? Estaba lo suficientemente asustada que vino aquí en primer lugar hace meses atrás. ¿Eso no significa nada para usted?

—No hay registro…

—Hay un registro del ataque hacia ella por parte de James Hunter en Chicago.

—Pero como hemos discutido, usted no pudo identificar a James Hunter como su atacante.

Edward guardó silencio.

—¿Por qué fue eso, señor Cullen? Si su esposa sabía quién la estaba atacando, ¿por qué no querría que lo atraparan?

—¿Es un hábito de usted tratar a un familiar de la víctima de manera tan cruel? —Era Carlisle quien habló, su voz furiosa.

Los ojos del oficial volaron hacia él.

—Nuestro hábito, o nuestro trabajo, como preferimos decirle, incluye establecer si alguien ha sido realmente victimizado. —Regresó su mirada a Edward—. Dígame, señor Cullen, ¿fue su idea o de su esposa no divulgar la identidad del señor Hunter a la policía de Chicago?

—¿En realidad importaría si ella hubiera reportado a Hunter? No fue él quien se la llevó —dijo en vez de responder.

—Para ser francos, señor Cullen, no podemos perder el tiempo y los medios del departamento en una chica, quien, como usted ha dicho, ha mentido a la policía antes y quien tiene una reciente historia de comportamiento erróneo. Puede que haya algo extraño sucediendo, pero no hay nada que señale al hecho de que ha sido secuestrada.

—Le mentimos a la policía en Chicago porque no había manera de probar que Alec tenía que ver con el ataque.

—Eso era algo que tenía que investigar la policía.

—¿Así podría hacer la misma acusación a Bella que usted está haciendo? ¿Que ella solo es una chica errónea diciendo mentiras para llamar la atención? —desafió Edward, su tono amargo—. Era una posibilidad, ambos lo sabíamos. Haría lo que fuera para proteger a su hija de ese hombre. No hay manera en este mundo de que ella simplemente se fuera con él.

Cuando Esme llegó acompañada de Renée, las cosas solo se pusieron peor.

Renée estaba llorosa. Admitió haber estado en un altercado con Alec días atrás.

—Era la primera vez que había hablado con Alec desde que Bella me dijo la verdad —dijo la mujer, sorbiendo—. Vino queriendo saber si había escuchado de ella. Le dije que tenía que dejarla en paz. Tal vez pensé que él era bueno para ella en un momento, pero por amor a Dios, ella está casada con un bebé en camino. Le dije que era hora de que se diera por vencido.

»Se puso tan… violento. Comenzó a gritarme, diciéndome que era una horrible madre, dejando que cayera en drogas luego de que su padre murió.

—¿Estaba consumiendo drogas? —preguntó uno de los oficiales.

—¡No! —contestó Edward por ella, insultado en nombre de Bella.

—¿Tendría alguna razón, cualquier razón en lo absoluto, para suponer que ella estaba consumiendo drogas? —preguntó el oficial, mirando fijamente a Renée, ignorando por completo a Edward.

Renée dudó al responder.

—Sé que Bella y yo no hemos estado de acuerdo últimamente. Incluso si lo hizo, ¿a quién le importa? Vamos a ser honestos. Todos las necesitamos para aliviarnos, ¿verdad? ¿Quién soy yo para juzgar?

Edward intentó no gruñir.

—Pero de cualquier forma, él insistió en que su esposo —ella miró nerviosamente a Edward—, la estaba manteniendo encadenada y drogada. Le dije que no pensaba que fuera posible considerando que él me traería a Las Vegas y al Bellagio, ¡nada más y nada menos! Chequé cuánto costaba una suite.

—¿Cómo sabías dónde nos estábamos quedando? —preguntó Edward, bastante frustrado. Él había tomado el consejo de Eleazar y no le había dicho a Renée, en sus limitadas conversaciones, en cuál casino se quedarían, planeando decirle únicamente cuando ella ya estuviera segura en Las Vegas.

La mujer sonrió tristemente.

—Bella dijo que tenían una perfecta vista a la fuente. Me lo supuse.

Edward colocó sus manos sobre sus ojos.

La policía le hizo a Renée una serie de preguntas que lo hicieron enojarse más. Preguntaron sobre el comportamiento de Bella desde la muerte de Charlie. No sonaba bien, especialmente cuando Renée hizo un comentario que hacía obvio que Bella le había hecho creer que tenía menos tiempo de embarazo de lo que en realidad tenía, que Edward era el padre biológico del bebé.

Era exactamente lo que Bella había temido. Se estaban creando una imagen de ella cada vez más irracional e impredecible. Ella desapareció de la nada. Llamó a Jacob, dejando mensajes crípticos de que estaba bien en vez de llamar a su madre. Había huido a Las Vegas y se había casado con un completo extraño, un muy rico y completo extraño. Y ahora esto… desaparecer sin una palabra cuando el video mostraba que Alec apenas la había tocado.

—Mira —dijo Edward, estrellando su mano en la mesa, incapaz de controlar su furia más—. Suficiente de esto. Mi esposa y mi hija están en peligro, y ustedes están haciendo estúpidas preguntas. Si estoy equivocado, estoy más que feliz de pagarle una buena cantidad por su tiempo perdido, pero no estoy equivocado. Ya saben quién se la llevó, y esta ciudad tiene millones de cámaras. Por favor. —Se inclinó, sus ojos ahora suplicantes—. Ayúdenme.

Los oficiales lo miraron fijamente.

—Sinceramente, esto parece un caso de una joven frívola que no le importa casarse antes de ser lo suficiente madura para hacerlo —dijo el grosero número uno ásperamente—. Estará de vuelta cuando se le pase.

Edward se paró, tomando un paso amenazador hacia el oficial antes de que el agarre de Carlisle en su hombro se hiciera más apretado.

La expresión del segundo oficial era tranquila.

—De cualquier forma, señor Cullen, sin ninguna señal de peligro, no podemos considerar esto como un caso de una persona desaparecida por otras veinticuatro horas. Relájese. Estoy seguro de que su esposa estará de vuelta por sí misma. Tal vez le serviría mejor regresar a su habitación en el Bellagio y esperar allí.

Las fosas nasales de Edward se ensancharon. Sus manos estaban en puños a sus lados, su cuerpo rígido por el esfuerzo de no brincarles a los hombres.

—Si algo le sucede a alguna de ellas, créanme, los culparé personalmente —gruñó antes de darse la vuelta, azotando la puerta.

Solo logró caminar un poco por el pasillo antes de que tuviera que detenerse, abrumado por el pánico. Todo su aliento salió en un gran resoplido mientras se inclinaba, sus manos sobre sus rodillas y su cuerpo atacado por horrible temblores.

—¿Edward?

No había oído los pasos pero de repente estaba rodeado por su familia. Alguien estaba palmeando su espalda, y podía ver varios pares de zapatos incluso mientras su visión oscilaba.

—¿Qué sucedió? —preguntó Emmett.

—No ayudarán. —Su voz era áspera—. Piensan que se fue porque quiso.

—¿Estás seguro de que no fue así? —preguntó Rosalie.

Edward no fue el único que se volvió hacia ella, sino que Emmett sorprendió a todas al gritarle.

—¡Rose! ¿Cómo puedes decir eso?

Ella alzó sus manos, con las palmas hacia afuera.

—Lo siento. Solo… es demasiado. Es demasiado que nos hayan mentido durante meses.

—Ahora no es el momento para esa discusión —interrumpió Esme, su expresión no dejaba tiempo para argumentos.

—Disculpen —dijo una suave voz.

Girándose, Edward miró a Renée acercándoseles vacilante. Se parecía tanto a Bella que rompía su corazón, y le dolía, le dolía terriblemente por tener a su esposa otra vez en sus brazos. Tomó una respiración, tratando de respirar a pesar del dolor, tratando de poner paredes alrededor de su rabia contra su suegra por dejar a Alec saber dónde estaba Bella, aunque inadvertidamente.

Ella le había dado la ventaja que Edward pensaba que él no tenía, unos días de más para planificar.

Si Bella no le hubiera dicho.

Edward sacudió su cabeza bruscamente, alejando esos pensamientos. No servían de nada.

—Renée —dijo tan gentil como era posible, ofreciéndole su mano a la mujer—. Lamento tener que conocernos bajo estas circunstancias.

Ella lo sorprendió al encerrarlo en un apretado abrazo.

—No, yo lo siento. Sé que estaba balbuceando como una idiota, pero esos policías me pusieron tan nerviosa. Es solo… No puedo imaginar a mi Charlie actuando alguna vez de esa forma con una familia.

Alice estaba sacudiendo su cabeza.

—Ellos ya habían creado su historia en su cabeza desde el primer minuto —dijo disgustada.

Renée pareció encogerse en respuesta, su rostro se distorsionó.

—No puedo creer que esto esté pasando —dijo con una pequeña voz—. Alec siempre había sido un joven tan dulce. —Ella lo miró a Edward, con grandes ojos, la misma forma de los ojos de Bella, aunque los suyos eran de un color diferente—. ¿En verdad piensas que él la lastimaría?

—Usted dijo que creía su historia —replicó Edward, su voz severa.

—¡Por supuesto que lo hago! Tal vez me gustaba Alec, pero Bella es mi hija. Sé que no me mentiría sobre algo como esto. —Envolviendo sus brazos alrededor de sí misma, se meció un poco—. Sí creí que tal vez estaba exagerando, que a lo mejor Alec la asustaba al gritarle o algo así. Ella dijo que él era delirante, pero no al punto de herirla.

Su rostro se arrugó. Esme dio un paso hacia el frente, tomando a la otra mujer en sus brazos, una madre confortando a otra.

—Probablemente lo mejor sería no asumir —les dijo Carlisle a todos.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Emmett. Se veía como Edward se sentía, hambriento de acción, como una flecha esperando hacia qué dirección volar.

Edward pasó las manos por su cabeza, tratando de pensar más allá del terror que lo abrumaba. Podían estar en cualquier parte. En cualquier lugar. ¿Cómo se suponía que la ayudaría sin disponer de ningún medio?

¿Qué podían hacer?

Edward llamó a Eleazar, rogando por su ayuda. Él tenía que tener contactos, alguien quien podría checar en la reciente actividad de la tarjeta de crédito de Alec… cualquier cosa que les diera una idea de dónde comenzar.

Renée llamó a los padres de Alec tratando de saber si ellos habían sabido de él recientemente. La pareja dijo que él había faltado a una visita que tenía programa el día anterior. Él había dejado un mensaje diciendo que tenía que salir de la ciudad por una emergencia y que los llamaría tan pronto como regresara.

No estaban preocupados. Alec era un buen chico.

Mientras el sol desaparecía del cielo, Edward entró por la puerta del inmenso baño de la suite, sentándose en el borde de la gran bañera donde se había relajado con Bella tan solo unos días atrás. Y ahora ella ya no estaba.

Apenas podía respirar.

Estaba tan perdido en la agonía de su desesperación que no escuchó a su madre entrar hasta que ella se sentó a su lado, con su mano en su espalda.

—¿Qué si ellos tienes razón? —preguntó él en una voz muy distorsionada por la ansiedad, el tono era absolutamente extraño incluso para sus propios oídos.

—¿Quién? ¿Sobre qué? —preguntó Esme gentilmente.

—¿Qué si era una mentira? Todo lo que ella me dijo. ¿Qué si ella en realidad huyó con él?

La mano de su madre se congeló en su espalda y Edward continuó divagando.

—¿Es tan diferente de lo que Renée creía? ¿De lo que Charlie creía? ¿De lo que incluso Bella creía antes de que él la lastimara? Alec les mintió por años. Fingiendo ser alguien que no era. ¿Cómo puedo saber que esto no es un juego o si Alec estaba en lo cierto sobre ella jugando con sus emociones? ¿Qué si todo este tiempo él solo ha sido un amigo preocupado que se enamoró de ella y ella lo manipuló como me manipuló a mí?

Esme estuvo en silencio por otro largo momento antes de hablar, su voz era cuidadosa.

—¿Alguna parte de ti honestamente cree eso?

Los hombros de Edward se desplomaron y cayó hacia delante, sus brazos sobre sus rodillas.

—No. —La palabra vino áspera y llena de dolor—. Pero si fuese verdad, significaría que ella está bien. Solo quiero que esté bien, mamá.

Sus respiraciones eran tan rápidas en ese momento, estaba a punto de hiperventilar.

Esme lo arrulló, tratando de aliviar sus preocupaciones, intentado ayudarlo a aguantar cuando estaba tan cerca de derrumbarse.

No pasó mucho tiempo para que el baño se llenara. Otra vez, estaba toda su familia allí para él. Sus padres sentados a sus lados, sus hermanos agachados enfrente de él. Alice y Rosalie revoloteando en la puerta.

La ironía no le pasó desapercibida a Edward, la primera vez que dejaba que su familia, toda su familia, estuviera allí para él, no los quería a ninguno de ellos. La única persona que él quería en esos momentos era a Bella.