BUENAS NOCHES, MIS HERMOSAS Y SENSUALES TROYANAS

Espero que estén muy bien, yo estoy algo agotada jajajajaja mucho trabajo. Sorry por no haber publicado el pasado martes, pero uuufffff! Había pasado todo el día en la pc al punto no querer ni tocarla por la noche.

UN BESOTE

GRACIAS MIS HERMOSAS CLAUDYS, CARMEN, GRACIELA, RAKE, ROSSY, ANDREA Y JEANNIE. SON GENIALES Y MIS MÁS FIELES LECTORAS.

Stef.-

Capítulo 25

Canto ρβʹ: Conversaciones.

Con una tonta excusa di respuesta a mis hijos gemelos pues se alarmaron al ver las marcas de los latigazos en mi espalda, ambos me preguntaron con insistencia por su hermano y su prima, aunque no sabían lo que sucedía intuían muy bien que algo malo había pasado. Verlos, tocarlos, sentirlos me cargaba de fuerza y valor para todo en la vida, definitivamente ellos y Eros eran mi razón de existir y ahora un nuevo ser estaba en mi vientre.

— Me alegra encontrarte — dijo Thomas detrás de mí, los niños enseguida corrieron a abrazar a su padre pues desde el día anterior no habían tenido oportunidad de verlo.

— Papá te extrañamos, ven a jugar con nosotros esta noche antes de dormir.

— Mis pequeños hombrecitos — habló con una sonrisa en los labios y alborotándole las cabelleras a ambos.

— Por favor — rogó Mauricio para hacer hincapié en la solicitud hecha por su gemelo Alejandro.

— Si Padre, y además trae a Eros, siempre tiene historias fantásticas que contar.

— Encantado iré a verlos antes de dormir, pero Eros por ahora no podrá ir a… — dudo mucho en que decir.

— Eros se ha ido de viaje por unos días por orden de su abuelo, pero pronto volverá — intervine.

— Pero, de viaje ¿A dónde madre? — preguntó Alejandro.

— ¿Cuándo? — completo Mauricio.

— Bueno basta de tanta pregunta, ahora vayan a hacer sus quehaceres que de seguro son muchos y aún no los hacen, yo debo llevarme a su madre para que la curen.

— Esta bien — dijeron al unísono con decepción de no obtener respuestas, como unas pequeñas liebres salieron corriendo de la terraza rumbo con sus tutores.

— Ahora tu y yo hablaremos — lo dijo tan serio que me aterre.

— Thomas… yo — no pude hablar sólo lo abracé con fuerza — Todo esto es una horrenda pesadilla — un par de lágrimas salieron gruesas de mis ojos — Mi pobre Eros — por fin logre sacar mi llanto, por fin desahogue el dolor que sentía por mi hijo mayor al ver todo lo que le había pasado.

— Ven vamos a nuestro cuarto — si pretendía reñirme por mi embarazo en ese momento todo quedo para después, al llegar al cuarto con delicadeza me saco el vestido y lavo mis heridas con cuidado.

— ¡Dios! Sé que perdió la cabeza, sé que Ares se adueñó de sus acciones, pero aún así siento que quiero ahorcar a Stelios — sus palabras sonaron luego de cocer mi piel pues una de las heridas había sido muy profunda.

— Lo que ha hecho no tiene perdón, convirtió su casa en el campo de batalla, demostró ser tan bárbaro como lo es Mithos — hablé con amargura, pero a Thomas no le agrado que comparan a su hermano con el aqueo.

— Disculpare lo que has dicho pues es la rabia la que habla por ti.

— ¿Es que acaso no se ha comportado como un bárbaro? — dije molesta volteándome hacía él.

— Sí, pero no tiene comparación alguna con la bestia de Mithos — vi la furia en su mirada así que calmándome me coloque mi bata de seda para luego salir del lavado hacía la habitación.

— No sé si pueda disculpar lo que ha hecho, sé que por el bien de los muchachos, de tu padre, de Troya debemos dejar atrás todo lo que ha pasado, debemos perdonar y olvidar… pero — callé para tomar aire y no volver a llorar — la imagen de cómo golpeaba a Eros, ver como esta de maltratada Electra, no sé si pueda.

— A mí mismo me cuesta trabajo aceptar lo que ha hecho Stelios, trato de comprenderlo pero no encuentro excusa posible, la demencia de Hades se burló de mi hermano de la peor manera — al nombrar la demencia de Hades un pensamiento se me alojo en mi cabeza con mínimas posibilidades de lograr removerlo.

— Algo me dice que la poderosa Hera algo tiene que ver en esto, me niego a creer que todo sea por casualidad, ha de estar furiosa porque Eros a abandonado a Mithos y Adelphos, por eso lo castiga a él y a todos nosotros, bien es sabido su posición con respeto a esta guerra — Thomas me observo respondiéndome con la mirada de que había razón en mis palabras.

— Mi pobre hijo — tape mi boca volviéndome a hundir en el llanto.

— Él estará bien Anaïs, te lo aseguro — sus fuertes manos me acariciaron los hombros por encima de la seda, sentí como poco a poco su pecho se pegó con cuidado a mi espalda, sus manos de mis hombros pasaron a bordear mi cintura y apoyarse en mi vientre.

— ¿Por qué no me lo dijiste? — susurro a mi oído.

— Thomas… — logre susurrar para cerrar los ojos con fuerza sintiéndome muy mal por haberle ocultado semejante verdad.

— Tan solo dime por qué no me lo dijiste — su rostro con cariño se enterraba en mi cuello.

— Recién me entero vida mía, yo….yo…— mi vista se fue al piso como si buscase algo, como si allí estuviesen las palabras correctas para decirle lo que tenía que decirle.

— ¿Tuviste miedo de mí reacción? — volvió a susurrar con dulzura.

— Sí — fue mi más sincera palabra, me abrumaba la ternura y tranquilidad con que abordaba el tema.

— ¿Por qué? — volvió a preguntar, me solté de él con delicadeza y me volteé para mirarlo a los ojos verdes más hermosos que habían en la tierra.

— Sabes el porqué de mi silencio, sabes lo peligroso que es un embarazo para mí, sobre todo porque el de los gemelos se complicó en demasía…

— Y pensaste que te iba a exigir que interrumpieras este embarazo por miedo a tu muerte, verdad? — detestaba que me conociera tan bien.

— ¿En verdad crees que soy capaz de obligarte a abortar a mi hijo, que es el regalo de algún dios bendiciéndome por miedo a que Caronte te acoja en su barca? — me estremecí con semejante pregunta, estaba tan calmado, hasta felicidad veía en sus ojos y yo pensando que él se volvería loco de angustia con la noticia, no me quedo otra que afirmar.

— Exactamente eso pensé — dije perpleja por su reacción.

— Pues me conoces bien — su rostro miro en dirección al piso y camino alejándose de mí.

— Thomas, mi vida…yo…

— Me voy a morir de angustia Anaïs, me voy a volver loco de desesperación cada día de este embarazo — aunque en ningún momento perdió la calma sus palabras eran un reflejo exacto de la expresión de su rostro.

— No voy a perder este hijo Thomas — dije tajante — He parido 3 veces en mi vida y lo haré una cuarta — él caminó como el león enjaulado en nuestro cuarto.

— Te juro que si no fuese por la situación que estamos pasado y todo lo que estas sufriendo por Eros, montaría en cólera ahora mismo y voltearía esta habitación patas arriba — caminó hacia mí y tomándome fuerte de los brazos dijo con desespero — me muero si te pierdo, sencillamente no puedo ni siquiera imaginar que sería de mí sin ti.

— Thomas cada vez que sales a ese maldito campo de batalla, pienso y siento exactamente lo que estás diciendo, pero yo no me estoy poniendo en peligro por una guerra sin sentido a la cual no estoy obligada a asistir (no pude dejar de lanzarle la punta), me estoy poniendo en peligro pues llevo en mi vientre el fruto de nuestro amor, de nuestro deseo, llevo una vida aquí que es un pedacito de nosotros y voy a correr el riesgo, pues en este caso aunque pierda mi vida salgo ganando al traer al mundo una nueva vida.

— Te amo — dijo para cubrirme de besos desesperados seguidos de docenas de te amo, me abrazo con fuerza lastimándome un poco las heridas de los latigazos, pero no me queje — Júrame que verás crecer a este niño, Anaïs, prométeme que juntos lo criaremos al igual que lo hacemos con los gemelos.

— Temó jurártelo — fueron mis sinceras palabras.

— Tienes que hacerlo, tienes que jurármelo — me abrazaba y me hablaba con más desespero — por favor, mi vida… — la voz se le corto pues las lágrimas ya no lograron ser retenidas por sus ojos, me queda callada, no podía prometérselo era demasiado probable que yo muriese, con rudeza me sujeto el rostro entre sus manos — ¡JÚRAMELO! ... me lo tienes que jurar, nunca has faltado a una promesa, Anaïs júramelo o no podré permitir que hagas esto — me presiono tanto la vehemencia con que me pedía que se lo jurase, que termine gritando.

— TE LO JURO, TE LO JURO MI VIDA — las lágrimas mías vinieron a acompañar a las de él que me volvió a abrazar con mucha fuerzo — Te lo juro Thomas, veremos juntos a este niño crecer… te lo juro — su llanto era audible y confeso algo que nunca antes había escuchado de sus labios.

— Jamás en mi vida he tenido más miedo que ahora, tengo demasiado miedo de perderte Anaïs.

— No lo harás, no me perderás, siempre cumplo lo que prometo y no me moriré, por el contrario viviré con más fuerza que antes — nuestros labios se encontraron y fuimos presa de besos desesperados que poco a poco se hicieron más calmo, las lágrimas cesaron y los nervios se relajaron, apenas y nos separamos de nuestro abrazo.

— Es hora de ir a cenar con nuestros hijos y que después vayas a jugar con ellos como se los has prometido.

— Cierto — dijo juntando su frente con la mía, un nuevo y largo beso hizo acto de presencia antes de salir de la habitación.

Canto ργʹ: La Caída de Andrómaca

En tres días no sabía nada de Stelios o de Andrómaca, a mi cuñada a penas y la había visto pasar por algún pasillo y lo que se refería al Príncipe heredero cada vez que preguntaba por él me decían que estaba en las áreas de entrenamiento del ejército, por su parte los gemelos atormentaron a su padre con preguntas sobre Eros y Electra, no se tragaron para nada el cuento del viaje, así que con una gran mentira piadosa Thomas llevo a los niños para que vieran a su prima y a su hermano, el resultado fue nada positivo, lloraron sin consuelo al verlos, Eros y Electra por su parte trataron de calmarlos lo más que pudieron, pero de igual manera mis hijos sufrían mucho al ver como estaban de golpeados, jamás se enteraran de que el realizador de aquello fue Stelios, amaban y admiraban demasiado a su tío para causarles una decepción tan fuerte.

Eros y Electra habían permanecido juntos durante esos días, ella no podía dejarlo solo ni un instante, verlos juntos me recordaban a mí misma con Thomas, sus miradas o cualquier dulce caricia entre ambos dejaban ver cuánto se amaban. Paso otra semana y durante todo este tiempo rogué de la manera más humilde que el Febo Apolo o Afrodita intervinieran en la curación de los jóvenes, pues habían marcas que jamás se borrarían a no ser por un gran milagro, pero mis ruegos no fueron escuchados, algo en mi corazón me aseguraba que todo lo que había sucedido era a causa y gusto de la de los brazos nevados.

Para mi sorpresa una tarde que fui a ver a mi hijo encontré a Andrómaca sentada en la cama de él.

— Madre — dijo mi primogénito con una afable sonrisa, mi cuñada en el acto se levantó de la cama, yo busque a Electra con la mirada por el cuarto pero ella no estaba, me puse tensa al imaginar las razones de la visita de Andrómaca.

— Eros, ¿cómo te sientes hoy mi niño? — me acerque a él para darle un beso en la frente.

— Mucho mejor, gracias por preguntar.

— Yo me retiro — dijo la futura reina.

— ¿A qué has venido? — trate pero no pude lograr que mis palabras sonaran amargas.

— A ver como estaba Eros y me contenta ver su franca mejoría.

¿En dónde está Electra? — pregunte con el mismo tono de antes.

— Esta con Stelios que deseaba verla — sus palabras eran calmadas, pero a mí la calma se me fue del cuerpo al escucharla decir eso.

— ¿CÓMO QUE CON STELIOS? ¿CÓMO HAS PODIDO DEJARLA SOLA CON ÉL?

— Madre cálmate — pidió Eros sujetándome la mano.

— Stelios es su padre y deseaba verla, así que no veo cuál es tu alarma.

— Quizás tú no la veas, pero temo que se la lleve lejos, que la aparte de todos nosotros y sobre todo de Eros — Andrómaca abrió los ojos como muestra de su sorpresa.

— No creo que puedas pensar eso del que llamas cuñado, sabes que jamás haría algo tan bajo y por medio de puro engaño — respondió ofendida.

— No es mi intención pensar mal de Stelios pero después de lo que ha pasado no me siento capaz de confiar en él — trate de bajar el tono que estaba tomando la conversación.

— Pues ha sido él quien me ha enviado a ver cómo sigue tu hijo, Stelios no está para nada bien si te complace la noticia, ha pasado muchas noches sin dormir, cuando duerme tiene pesadillas, y cuando trata de pensar en el funesto día que todo esto paso, la mente se le nubla y casi no tiene recuerdos, así que si lo que quieres es que él sufra tanto como han sufrido ellos, te puedes dar por satisfecha pues lo está pasando muy mal — la noticia me asombro, pero igual no reaccione con condescendencia.

— Siempre he pensado que la Diosa Hera, le pidió a Hades que abrazara con la demencia a Stelios para que todo este caos pasase y es evidente que algo de verdad hay en mis palabras si Stelios se encuentra en ese estado, pero la pregunta es, ahora que Hades se ha alejado de su mente y su alma ¿Cuál es la posición de mi cuñado con respeto al amor de Eros y Electra? — Definitivamente mis palabras no eran las que esperaba Andrómaca, me hacía mucho mal tratarla de manera tan distante, la quería como a una hermana pero ella en este momento hacía lo que debía hacer y eso era apoyar a Stelios su marido.

— Viendo que solo te interesa la posición de Stelios con respeto a lo que está pasando te diré que no está conforme con la relación de ellos, por otro lado he hablado con mi hija por horas y horas, y he comprendido que se aman de verdad, que lo único que lograría al intentar separarlos sería dañarla y es lo que menos deseo, además también Eros y yo hemos venido hablando todos estos días y no puedo pedir más para Electra que lo que él le ofrece, pues es todo lo que se desea para una hija — le dio un beso en la frente a Eros, se dio media vuelta y salió de la habitación bajo mi mirada perpleja.

— Deberías hablar con ella, mamá — dijo Eros sacándome de mis pensamientos, ni siquiera le respondí, salí corriendo tras Andrómaca, para detenerla en la galería.

— Discúlpame — dije al llegar a su altura — no me alegro de que Stelios está mal y la posición que más me interesa es la tuya, eres mi como mi hermana, mi confidente, mi amiga, pero tu primera reacción ante todo esto me afecto y dolió mucho — hable con toda sinceridad.

— Lo sé, discúlpame tu a mí Anaïs — los ojos se le aguaron en el acto y me abrazo con fuerza para llorar amargamente, ella también era una madre que estaba sufriendo horriblemente, su hija había sido castigada duramente por su esposo, además ahora Stelios no estaba bien, y recién acababa de aceptar un noviazgo que antes la había hecho enojar, definitivamente para ninguna de las dos había sido fácil, entre fuertes sollozo me dijo — Creo que me voy a volver loca Anaïs….no….no…no puedo más con todo esto… con esta guerra… con este odio entre aqueos y teucros… no aguanto más — cayó de rodillas y yo con ella abrazándola para darle un poco de consuelo, yo por lo menos había tenido a mi lado a Thomas para consolarme, pero en cambio ella era la que trataba de consolar a un Stelios arrepentido y desorientado.

— Todo acabara, todo pasara Andrómaca — le dije pero, siguió jadeando entre sollozos de frustración y tristeza.

— Ni siquiera a mi pequeño Álvaro he podido atender, creo que me voy a partir de un momento a otro Anaïs… ayúdame… ayúdame a superar todo esto… Stelios está como loco, con una tristeza infinita, con un arrepentimiento que no le cabe en el pecho, los dioses lo han castigado fuertemente sin razón alguna, Stelios es bueno… es bueno…bueno — me asuste al verla tan mal, la abrace con más fuerza, pues solo ella sabía por lo que estaba pasando, continuo hablando como perdida en sus propios pensamientos — Mi esposo no sobrevivirá sin el perdón de aquellos a los que ama… no lo soportará… morirá la próxima vez que salga a la batalla — me miró fijamente y dijo como hipnotizada — Sin el amor de su hija y hermano sentirá que una gran parte por la que lucha lo ha abandonado y no tendrá el ímpetu necesario para luchar.

— ESO NO PASARA — le dije con fuerza haciéndola reaccionar de su ensimismamiento — Thomas adora a su hermano y sabrá que no ha sido solo su culpa y Electra, por el amor a Apolo, Andrómaca, Electra respira porque su padre lo hace, ella es noble y fuerte. lo perdonará, ahora tienes que calmarte e iremos a ver como esta Álvaro, para después resolver otras cosas ¿Sí? — asintió con su cabeza, verla así y escuchar sus palabras me movieron todos los sentimientos por dentro, pero nadie en este momento sabría con certeza que nos deparaba Las Furias para el futuro, pues de seguro eran ellas 3 las que atormentaban a mi cuñado.

Canto ρδʹ: La Cura del Tiempo

Cuatro largos y cansados meses para mí habían pasado, muchas cosas en Palacio estaban igual pero otras habían cambiado o comenzaban a cambiar, la letal y maldita guerra seguía exactamente igual, la última batalla me negué por completo a ir a observarla pues me sentía morir cada vez que veía a Thomas en el campo de batalla buscando a Adelphos o a Mithos para matarlos con odio, pero los Dioses nunca procuraban ese encuentro y gracias les deba por ello.

Por su parte Stelios por momentos pareció que perdería la razón por la culpa que sentía su alma, nada en el mundo le daba consuelo, ni siquiera el día en que le pidió perdón a su hija y a Eros se sintió en calma consigo mismo. Nobles son los jóvenes y Electra y Eros lo fueron al entregar el perdón a Stelios a cambio de la bendición para el matrimonio, todo por ese lado había cambiado y continuaba cambiando, también Thomas había disculpado a su hermano, ver su sufrimiento día a día nos demostró a todos que no era él aquel fatídico día, sino el demonio de Hades quien había actuado a través de Stelios, yo sin embargo no podía darle mi perdón aunque encarecidamente me lo pidió, no lo odiaba, pero tenía que esperar que más tiempo pasase para aquietar mi pecho airado.

Selena la partera iba 2 veces por semana a verme a Palacio, todo con mi nuevo embarazo iba bien, el cansancio y los achaques eran completamente normales para mi estado, al contrario que con los gemelos nos había recomendado que bajásemos nuestra frecuencia sexual Thomas y yo, le daba miedo a Selena que cualquier cosa alterara el curso de mi estado, jajaja para nada fácil fue la situación, a mi amado Príncipe verme en estado de preñez le causaba demasiado morbo y a mí las hormonas me hacían desear hacer el amor constantemente, pero debimos de aguantar y conformarnos con menor cantidad pero mucha más calidad.

Canto ρεʹ: El Deseo de la Juventud

— Eros.

— Dime.

— ¿En verdad me amas? — el joven muchacho se echó a reír pues la pregunta le pareció absurda.

— ¿Cómo es posible que aún lo dudes? — respondió lanzándose encima de ella para así ambos caer sobre la cama.

— JAJAJAJA — reía sin parar por las cosquillas que él le hacía — AÚN NO ME RESPONDES — logro gritar entre los jadeos de la risa, Eros en el acto se detuvo en su juego y mirándola directamente a los ojos le dijo.

— Te amo más que a mi vida — con suavidad acomodo mejor a Electra sobre la cama y con dulzura aparto los cabellos castaños que desordenados paseaban por su joven y hermoso rostro — ¿Es que acaso lo dudas? — preguntó un tanto preocupado.

— Para nada — respondió sincera, perdiendo el castaño de sus ojos en el mar azul de los de él, susurrando le dijo — solo quería que me lo repitieras — en un impulso infinito se levantó un poco para atrapar con sus labios los labios de él, un abrazo fuerte pegó aún más los cuerpo y un par de leguas llameantes comenzaban un inquietante juego.

El cuerpo aterciopelado y rubio de Eros cada vez se ajustaba mejor sobre Electra, tan sólo la pierna de ella colocada en ángulo era lo que impedía que él se centrase entre sus piernas, la falda larga se apresaba contra la rodilla doblada en punta de ella, los besos cada vez eran con más pasión y los cuerpos más se estremecían.

La lengua de él dibujaba la parte baja del cuello de la joven troyana, la pantorrilla de Electra suavemente era recorrida por la mano grande y masculina de Eros, sin siquiera pensarlo zafó el pedazo de tela de la rodilla y con vehemencia la mano recorrió la pierna hasta su fin, de ida y venida la acariciaba, la otra pierna de la muchacha era testigo fiel de la hombría de Eros pues contra ella chocaba en alocados espasmos de deseo, arriesgándose comenzó a subir la tela del vestido, los labios poco se separaban y a cada paso parecía que ambos cuerpos se iban a consumir por su propio calor.

El delicado ombligo se dejó ver, dejando ver también la pieza de tela blanca que con un sencillo amarrado cubría las partes íntimas de la joven, sorprendido Eros vio que lejos de reprimirle Electra le daba su permiso a todo aquello, decidido, beso a beso sobre la tela bajó hasta esa parte del abdomen descubierto, la piel estaba cálida al igual que sus labios y su lengua, un tanto desesperado la devoraba con gusto, su boca se posó encima de la zona más erógena del cuerpo femenino y por encima de la delicada tela su lengua la acarició, un jadeo fuerte se produjo de los labios de Electra y el sentir de un rayo le atravesó el cuerpo de punta a punta, estaba uno completamente enfocado en el otro al punto de que se apartaron del mundo y…

— ¡OH! ¡POR MI SEÑORA HERA! — dijo Tula la joven doncella y amiga de Electra tapando sus ojos y dándose la vuelta, ambos jóvenes de un brinco se levantaron de la cama.

— ¿Qué haces acá Tula? — preguntó Electra alterada un poco por el susto pero la joven doncella no tuvo tiempo de hablar ya que Andrómaca apareció por la cortina que dividía la habitación de la antesala.

— Sabía que te encontraría acá — Andrómaca se acercó a ellos, consiguiéndose primero con Eros y dándole un beso en la frente—. Estas hirviendo, muchacho — habló sorprendida y preocupada tocó la frente, el cuello y la espalda del joven, por todos lados tenía la misma temperatura y hasta unas gotas de sudor se podía visualizar — ¿Te sientes mal?

— Sí, un poco — dijo separándose nervioso de la Princesa Troyana — Pero estoy seguro que se me pasara pronto, no es nada.

— Sí, nada — dijo entre labios Tula.

— ¿Qué dijiste? — preguntó Andrómaca.

— ¿Yo mi Señora? Yo no dije nada.

— Creí haberte escuchado — pero restando toda importancia al asunto habló — Te estaba buscando Electra es hora de tu masaje con crema de concha de nácar y también a ti te toca Eros por eso envié a Tula a buscarte, ya verán que tan solo en un par de semanas más, las pocas marcas que les quedan desaparecerán por completo — sin más tomó a su hija por la mano que del susto estaba fría como el invierno y salió de la habitación dejando a Eros con Tula.

— Creo que mejor te preparo un baño helado antes de ponerte las manos encima — dijo sarcástica y cómica a la vez.

— Eres una atrevida — dijo fingiendo enojo, pero estaba a punto de reírse por lo sucedido, casi lo atrapan con las manos en la masa.

— Lo sé — respondió burlista y se fue tras él que ya había pasado a otra habitación especialmente acondicionada para los masajes.

— Bueno pequeña ya hemos terminado por hoy — dijo Andrómaca mientras su hija se volvía a colocar el traje.

— Esa crema me arde mucho, madre — dijo quejándose.

— Lo sé mi vida pero es lo mejor para quitar esas marcas, ahora anda a los baños reales, nada un rato en agua caliente y luego en agua fría para que sientas mucho más alivio en el cuerpo.

Electra hizo lo que su madre le dijo que hiciera, entró en los baños reales y caminó sin cambiarse su ropa hasta la piscina de agua caliente pues pretendía bañarse desnuda, pero grande fue la sorpresa al ver a Eros completamente desnudo sentado sobre el mosaico que bordeaba la orilla de la enorme bañera.

— Así que primero agua caliente y luego fría, ¿verdad? — hablo él sin el más mínimo pudor y sin intenciones de cubrirse.

— Sí, así es — respondió la joven que casi sin pensarlo soltó con total sensualidad las amarras de su traje dejándolo caer raudo al suelo. Eros no pudo ocultar su sorpresa y su embelesamiento ante ella.

Electra con toda calma bajó cada uno de los escalones que poco a poco la hacían adentrarse en las aguas cálidas, con determinante seducción camino hacia él mientras sus senos se veían a perfección al no ser alcanzados por el agua. Eros de un salto un tanto torpe volvió a las aguas y recorrió el poco espacio que la separaba de ella.

— Te amo más que a mi vida — le dijo al posar su frente sobre la de ella.

— Me encanta escucharte decir eso — sin contenerse más comenzaron a besarse tal cual como lo que eran, un par de jóvenes enamorados enloquecidos por la pasión.

Sin oponer resistencia alguna la tela que cubría aquella parte del cuerpo tan deseada para él fue retirada, ahora sus manos apretaban con fuerza aquella zona curva y redondeada que tanto le excitaba, tomándola de la cintura la alzó un poco para así saborear aquellos senos blancos y suaves que tantas veces habían sido protagonista de sus más secretos sueños. Instintivo fue el acto de cruzar las piernas alrededor del cuerpo de él, los besos y las lenguas recorrían cada parte de piel que estaba a su alcance.

Con delicadeza Eros rompió con el tormentoso beso para asirla de la mano y salir de las aguas cálidas, la brisa erizó ambos cuerpos dejando ver los pezones de ella mucho más tentativos para él. Los besos comenzaron sin proponérselo apenas habían dado 3 pasos para alejarse de la gigantesca bañera, las manos nuevamente se alocaron y ella también apretaba con fuerza los glúteos de él, sus hombros, los brazos.

Eros sabía perfectamente adonde la quería llevar y chocaron con el mueble cama que había en el lugar para descansar, violentos cayeron sobre las suaves telas que cubrían el mueble, las manos, la boca, la lengua, la saliva dominaban por completo la piel del otro, las fuertes respiraciones hacían acto de presencia dejando escapar un jadeo de repente más por parte de ella que de él. Eros sabedor de la condición de Electra estaba con la mejor disposición de convertirse en el mejor de los amantes para la joven.

Con la locura presente en los labios y la piel, Eros fue bajando por el cuerpo de ella hasta estar arrodillado en el piso y lograr meter su rostro en la zona que deseaba acariciar con su lengua, rápida y audaz fue su lengua que ayudada por sus dedos hicieron que el lugar se llenase con los gemidos de placer de Electra quien sintió como todos sus músculos se relajaron al llegar al clímax, él por su parte remonto su cuerpo y volvió a llegar a sus labios, tomándola por la cintura la subió hasta que ambos estuvieron por completo sobre el mudillo mueble, poco a poco él vio como en ella pasaba el pequeño y exquisito trastorno que deja en el cuerpo el máximo placer.

Con mimos y palabras de amor Eros comenzó nuevamente con aquello haciéndola sentir su cuerpo en medio de sus piernas, la joven estaba tan excitada que cada beso o roce lo sentía mucho más intenso, gracias a esto fácil se le hizo a Eros entrar en su cuerpo y hasta menos dolorosa pues fue un dolor demasiado placentero para ella.

— Te amo — susurro él al oído de la joven Electra — y te amaré hasta el fin de mis días — esto último se lo dijo mirándola directo a los ojos y causó estragos en los sentimientos de ella que en el acto dejaron aparecer un par de lágrimas de pura felicidad y como tales las comprendió. Con mucho esfuerzo logro que sus propias lagrimas no salieran de sus cristalinos ojos.

La danza de la pasión a ambos los remonto al mismísimo Olimpo por más blasfemia que fuese decirlo, las uñas de la joven marcaban suaves líneas rojas sobre aduraznada piel de Eros, el sudor corría libre por ambos cuerpos, los jadeos se intensificaban, las caderas se fundían más y más una contra la otra, no existía más nada que ellos en ese momento, ambos estaban perfectamente conectados en cuerpo y alma, con un grito de parte de ella y un reprimido gemido de parte de él, llegaron a la más hermosa de las consumaciones.

El joven con cuidado se levantó de encima de ella para recostarse a su lado y con profundo amor atraerla a él.

— No veo el día que seas mi esposa.

— Pronto llegará, mi padre lo fijará no muy lejano, ya lo verás — respondió dándole besos repetidos en el pecho, para nada cabía la palabra arrepentimiento o vergüenza en su léxico, es más el hecho de pensarlo era sencillamente absurdo.

— ¿Tú me amas Electra? — preguntó serio.

— ¿Es que acaso lo dudas? — contestó sorprendida por la pregunta.

— Es que jamás me lo dices —dijo un tanto melancólico, ella sonrió y juguetona se puso encima de él dejando su rostro a la altura del rostro de él.

— Pero te lo demuestro muy bien — respondió coqueta y lo besó suave y repetidas veces en la boca interrumpiendo los besos con muchos— Te amo… te amo… te amo…