Los personajes son de Meyer.
TU NO EXISTES
Capítulo 25
«Permitido Sentir»
Nessum Dorma – Giacomo Puccini
La casa se abrió ante nosotros como un enorme laberinto, mi familia desconfiada por todo lo ocurrido y me miraba de reojo por mis innumerables imprudencias.
Rosalie a su particular manera me insultaba y en cada una de sus palabras resumía lo que ellos pensaban.
Loco.
Estúpido.
Imprudente.
Obcecado, egoísta y maldito.
¿Me importa? No, nada me importa, pasé noventa años de mi vida ahogándome, conteniendo cada deseo, negándome, tratando de ser alguien digno, intentando aparentar ante todos que Edward Cullen era un héroe… un santo.
Ahora, ya no estoy para aparentar, ahora… ¡soy!
Yo soy ese hombre que sale a la luz, y no teme mostrar que puede enfrentarse a todo, que puede enfrentarse a sus defectos, que puede verse a sí mismo.
Soy un hombre, para bien o para mal, finalmente comprendo que aún inmortal y poderoso, puedo darme el lujo sencillo de ser alguien que puede permitirse sentir y que con el sentir puede darse el lujo de dar amplitud a aquellas emociones que durante años negué.
Amar con mi vientre, desear con mi sexo, apasionarme sin mediar en nada, estar en completo y total peligro.
Sentir como la fiebre asciende por cada parte de mi cuerpo y derrite capas y capas de hielo y mármol.
Estoy enfermo de amor y estoy aquí, en este momento preciso y no existe ni pasado, ni futuro, soy inmortal en toda la extensión de la palabra, es ahora lo que me importa, es el ahora al lado de ella, de su presencia, de su olor y del maravilloso sonido del corazón que idolatro palpitando.
Palpitando aunque sea por otro.
Tres extraños hombres se presentaron ante nosotros, todos eran humanos, sangre caliente y rica, tenía tanta hambre como mi familia, todos escuchaban el recorrido de ésta en sus oídos, todos trataban de hacerse los desentendidos por ello, pero yo no, a pesar de que hacía diez años había vuelto a la dieta de sangre animal, el sabor de mi verdadero y real alimento estaba aún presente en mi paladar y me ardía, una gota y podría descansar.
No sé porque pero el estar en este enorme lugar, al lado de Zachary y de hombres como nosotros, unos más viejos otros más jóvenes, el compendio de su ejército privado había hecho que mi familia incluyendo el siempre recto de mi padre sintiera que su mundo de control se estaba desmoronando. Podía sentir todo, sin excepción el clan Cullen había probado la sangre humana, unos cuando eran neófitos, otros como Jasper durante décadas, todos había hecho un gran esfuerzo para no volverla a consumir, pero en cada uno la nostalgia por ella salía a veces a relucir de alguna manera.
Emmett estaba siendo arrastrado por este deseo, de alguna manera el conocer a todos estos seres que no se medían y que no tenían tantos escrúpulos lo hacían replantearse el deseo de sangre que lo atacó una sola vez en su vida, mi hermano era un hombre de un simpleza limpia, solo se preguntaba ¿Por qué debo controlarme? Y en esa sola pregunta entendí que estaba caminando hacia los límites, conocía ese sentimiento, lo he tenido dos veces en mi vida, con los demás era de la misma forma, no sin el ansia bestial de Emm. Me preocupaba Jasper, él era una bomba, siempre lo ha sido y ver de primera mano a alguien como Zachary le revuelve su pasado de guerrero confederado y de amante de una mujer loca.
Nuestros equipajes fueron llevados hacia las habitaciones, miro de reojo hacia todas partes, quiero saber dónde está ella, pongo todos mis sentidos a la orden de mi escaneo maniático, solo escucho susurros en todas partes, voces antiguas, acentos diferentes, pero no escucho al matrimonio, entiendo de alguna manera que eso es Zachary quien intenta ponerme a prueba.
Y oh sí.
Un sonido de repente viene a mi cabeza.
Su carcajada.
Se burla de mí el muy maldito. El laberinto de la casa me hace pensar que estoy en Creta y que en cualquier momento el Minotauro saldrá de alguna parte y comerá nuestros corazones de piedra.
¿Por quién peleo? Me pregunto.
¿A quién quiero salvar?
Bella no quiere ser salvada, es más odia nuestra presencia, sus ojos sangre me lo dijeron, su apatía es visible y nada de lo que es nuestro clan le importa.
¿Entonces?
¿Qué oculta ese hombre que para mi rabia la mantiene alejada de mí?
Miro hacia arriba, las paredes son de un material antiguo, recubierto con madera, la casa es más antigua que todos nosotros juntos, todos estamos con nuestros sentidos alerta, para mí la casa no es importante, pero para Carlisle ésta le parece un misterio que desea descifrar.
Toma mi brazo y me aleja de los demás que están ensimismados con todo lo que ocurre.
— Esta casa es un viejo monasterio, Edward, ha sido restaurada por años así que parece irreconocible, escuché hace años de esta leyenda.
Sus ojos negros productos del hambre son curiosos y asombrados.
— ¿Qué leyenda?
— Se dice que un día varios de nosotros llegaron a este lugar, aquí vivían unos monjes herméticos, de aquellos que nunca vuelven a pronunciar una palabra.
Si, había leído sobre ellos.
La mente de mi padre era un cúmulo de imágenes, de libros, de leyendas, todas ellas teñidas de amarillo y de oscuridad.
— ¿Qué ocurrió?
— A los que no mataron, los convirtieron y en menos de dos años, la población de este lugar y sus alrededores desapareció.
No necesito oxígeno, Tania me observa con una sonrisa cautelosa, ha escuchado a Carlisle.
— ¿Es verdad?
Ella asiente.
— Fue divertido, Edward, eran otras épocas.
Tania parpadea y su mente que es más fuerte que la mía me permite entrar a ese tiempo, oscuros, sangrando, riéndose, todos ellos, y su banquete: hombres muertos tapizando el piso.
Zachary lideraba la masacre.
— ¿Conocías este lugar y ni siquiera fuiste capaz de decirlo? —rápidamente fui hasta ella, Carlisle me dio la orden de calmarme, pero no, no quería hacerlo, Tania estaba allí para ser la pared donde yo desfogase mi rabia.
— Te lo aseguro, Edward, ella lo ha visto también, quizás Bella —como yo— también ha participado de sus pequeñas fiestas privadas.
Por un segundo me quede estático ¿qué demonios era esto? ¿Dónde estábamos? ¿Por qué todo este mundo de vampiros oscuros era tan absolutamente aterrador? ¿en qué estaba metida Isabella Swan?
Suspiré y el oxígeno innecesario que penetraba en mis pulmones ardía como si éste pudiese devorar y calcinar cada una de mis células de piedra.
Yo, y mi cobardía la habían empujado a esto.
Volteé y miré de reojo a mi padre, él como yo y como todos estaba igual de impactado, a pesar de ser el mayor de nuestro clan y haber vivido con los Vulturi, tampoco sabía muy bien en que nos estábamos metiendo.
Vampiros como Zachary parecían venidos de extraños y malditos cuentos góticos, personajes que vivían entre la historia y la sangre, todo ellos viviendo fuera de la ley, de la orden y la moral, ahora sé que mis reticencias a mi condición de vampiro no eran nada, pues yo, como nuestro clan y el clan Denali éramos una visión borrosa y románticamente cristiana creada por mi padre y por el jefe del Clan de Alaska ¿Cómo no intuí dicho mundo con tantos años conociendo a Tania? La respuesta era tan simple como única: Tania nunca fue alguien que mereciese una segunda leída, ahí radicaba mi error, como siempre Edward Cullen y su arrogancia de súper hombre.
— ¿Tú hermana Kate, Carmen, Eleazar saben todo esto?
La mujer se quedó mirándome fijamente, en ella no había ningún rastro de burla, cinismo e ironía, Tania era una mujer de mil años, antigua, llena de vivencias, llena de culpas, quizás llena de sueños, no era alguien malvado, solo era lo que era.
— Evitamos hablar de cosas que nos lastiman Edward, vive lo que yo he vivido, y lo sabrás. Trata, al menos, de apartar tus celos y tu amor por esa mujer para que así, al menos puedas arañar la superficie de alguien como Zachary.
— ¿Un asesino? ¿Un monstruo sanguinario? ¿Una alimaña asquerosa?
Lo dije, lo dije fuerte, cada letra y vocal salieron de mí sin miedo, deseaba que él me escuchara, sabía que lo estaba haciendo.
— No querido—Tania dio dos pasos cerca de mí—él es lo más cercano a un dios.
En los rellanos de la escalera, mi familia escuchó la conversación ¿un dios? la afirmación era para mí harto ridícula, quise soltar una carcajada, sin embargo Jasper puso su mano sobre mi hombro y calmó mis deseos de provocar al anfitrión.
— No puedes ser tan superficial, Tania, al afirmar semejante cosa.
— Puedo y no soy superficial. Un hombre que ha matado a miles sin tener un atisbo de culpa, o remordimiento es lo más cercano a la divinidad, Edward, ¿qué crees? —ella se nos enfrenta a todos, los sirvientes se adelantan en aquellas escaleras casi infinitas de aquella casa laberinto— todos nosotros sabemos que tenemos esta sed, esta ansia dentro, la diferencia reside, Edward, es que ellos no la detienen. Todos, y me incluyo, tenemos la ilusión de ser como los humanos, ser parte de ellos, pero en realidad sabemos que no podemos, Zachary, Bartolomé, Rebeca y los que viven a oscuras, no… sus almas son diferentes a las nuestras ¿mejores? No ¿peores? No, solo diferentes, y —sus ojos negros hambrientos enfrentaron a mi padre— tú querido amigo y Eleazar pueden hablar de paz, convivencia, ciencia y demás, pero saben muy bien lo que somos, en este momento todos aquí lo sentimos, esta casa, este hombre y todo lo que significa es un mundo que no conocen, pero es el mundo de dónde venimos, ya estamos aquí, es hora de ser lo que somos, tarde o temprano la verdadera naturaleza de cada uno saldrá en esta guerra y el mundo humano quedará atrás.
Mi familia y yo nos quedamos en silencio, estáticos, viendo como Tania subía hacia su habitación, no había discusión, ella tenía toda la razón. No había escapatoria, estábamos en terreno de Zachary y él nos empujaba hacia la sangre.
Confieso que dentro de mí aquel camino ya había comenzado a ser trasegado hace años, la única diferencia es que no era hora de sentirme culpable por ello.
La enorme habitación se abrió ante mí, en unos segundos me vi transportado a épocas medievales, algo oscuro en aquella casa y sobre todo en aquella habitación se me hacían fascinantes, una enorme cama de madera ¿hace cuánto no sé qué es simplemente descansar en una cama? Cortinas borgoña, baúles labrados con dibujos de dragones y leones, libros viejos, y en las paredes escudos y armas, todo estaba tan fuera del mundo en que yo nací, a pesar de mis ciento cincuenta años yo y mi gente éramos parte del mundo moderno, cine, autos, viajes a la luna, internet, viajes exploratorios a las grandes lunas de Júpiter recientemente, sin embargo todo esto palidece frente al pasado que Zachary representaba, si el presente es incierto y el futuro lo es aún más, el pasado es algo increíble que los hombres de ahora no podemos entender.
Pirámides, religiones, batallas y civilizaciones, conquistas y libros.
Él representaba todo eso, presiento que él y su gente construyeron ese pasado.
Yo no, solo me quedé extático siendo un idiota introspectivo, lleno de miedo por la acción.
Me falta guerra y batallas, me falta más sangre y muerte, me falta saber más, salir, conocer, leer, me falta coraje.
Tengo todas las de perder.
Pero el amor que siento por ella es un fuego único, hoy, viéndola de nuevo, entiendo y sé que lo que sentí hace cuarenta años atrás no fue nada, hubo que pasar este tiempo para entender que cuando dije amar a Isabella Swan hace años era solo un ensayo, un simple deseo, cuarenta años después este amor se volvió real, floreció como una enorme hiedra que me atrapa, viéndola a ella así, extraña, indiferente, casi otra tengo claro que amar a la niña me era fácil, algo que se me dio y rechace con arrogancia, pero que amar a esta mujer que se presenta ante mí es un desafío, un reto ¿amo a alguien que no conozco? No, amo a esa mujer que está allí, aquella que yo sabía que tarde o temprano sería y que ahora está en todo su esplendor.
Amo a la mujer que se escondía tras los ojos tímidos y sagaces de una adolescente, aquella de salones de espejos, la que sin miedo fue hacia la muerte, la que estuvo segura quien era, la de los bosques en Forks, aquella protegida por lobos, la que sin dudar enfrento la locura de Victoria, la que entendió que amar con locura era su vida, ella…
Yo… yo… amo esa mujer.
Ella…
Para la que quizás Edward Cullen no exista, pero para la cual estoy preparado.
Recuesto mi cabeza en la almohada, cierro mis ojos, ojala pudiese dormir un poco, dormir es una de las cosas que extraño, el ser un eterno insomne es una de las cosas más terribles que existen, es un reencuentro con la soledad absoluta, con el existir en toda su gloria, dormir sumerge al hombre en el olvido, el olvido es la gloria, pero cuando no duermes estás allí siendo testigo de todo aquello que los humanos dejan atrás mientras duermen, para los que no dormimos vivir en esta noche eterna es dejar el tiempo a un lado y caminar entre la locura y el cansancio, no dormir te lleva de la mano hacia lugares que no deseas y sin embargo ese infierno te da una lucidez que las ocho horas del sueño, y el fracturar del tiempo te quitan.
Después de tantos años quisiera ser menos lúcido y dormir para así poder tener un poco de paz dentro de mí mismo.
Ansío la paz del olvido momentáneo, durmiendo puedo al menos creer que cuando abra los ojos tendré ese algo que viene con la luz del sol: esperanza.
Con los ojos cerrados, me concentro en todo lo que ocurre en aquella enorme casa, miles de sonidos vienen hasta mí, los pensamientos de la gente que en ella habita… casi todos.
Escucho los insectos que deambulan en la madera, desde su pequeñez intentan la tarea de apoderarse de este enorme mausoleo, escucho los pasos casi alados de la gente que acompaña a Zachary, su ejército privado ¡maldito idiota! ¿Para qué ejercito si él solo es todo un batallón? Tan solo lo hace para demostrar quién es y cuan poderoso se siente al saber que todos ellos bajan sus cabezas haciéndole reverencia ¡un dios! ¡Cuán grosero y vanidoso es semejante adjetivo¡ aprieto mis ojos recordando los ojos de Isabella mientras lo observa con adoración, para ella, él es un dios, me desgarra recordar que así ella me miraba a mí, cada día cuando nos veíamos en la escuela sus ojos marrones me veían salir de mi auto y aunque no leía su mente, yo cien años mayor sentía como aquella idolatría se cernía sobre Edward Cullen, me sentía poderoso e intocable.
Intento apartar la amargura de aquel pasado, no puedo seguir viviendo allí, ese Edward de principios del siglo XX se ha ido, la máscara cayó cuando al fin me di cuenta que era agotador ser lo que yo ya no era, no puedo volver allá, no puedo ser como aquellos hombres del antiguo Japón que entierran sus dagas en su abdomen para así sufrir la falta de honor, no puedo, la daga está allí, el sentimiento de deshonor también, pero… como sé que la muerte es algo a lo que no accedo, debo vivir con ello e intentar, en este sacrificio, recuperar lo que yo estúpidamente deseché.
No seguiré en el pasado, porque ese ya murió, la Bella que amé ya se fue, pero amo a esta mujer nueva que hay en ella, no puedo amarla como hace tanto tiempo, la amaré con mi verdadero ser, sin máscara, hipocresías y moral, la amo sin todo el ropaje de superior, solo la amo, así, voy hacia ella como un niño enfermo.
Por primera vez entiendo que es ella la que ha crecido, ha crecido y madurado con Zachary… yo, apenas comienzo, la ironía se burla de mí. Ahora soy yo el adolescente, porque si, reteniéndome, guardándome, fingiendo que era yo el que tenía el mundo me quite la oportunidad de sentir, fui un niño de diecisiete años que fue lanzado a la inmortalidad y mi padre me lanzó a la madurez, a la responsabilidad y a la contención.
No había amado y el amor hace crecer y cuando me enfrente al amor, seguí fingiendo, seguí siendo un hombre lleno de miedo y me aterró la incertidumbre.
Las voces vienen y van, son susurros que se desplazan por los corredores, son pensamientos, muchos de ellos son de mi familia, escucho miedo, escucho curiosidad, escucho prevención, escucho la ansiedad en cada uno.
Las otras voces me llenan de curiosidad, hablan lenguajes antiguos, todos parecen tranquilos, puedo escuchar como a veces hablan entre ellos mismos de pared a pared, se conocen por eones de tiempo y los humanos que aquí habitan son cómodos entre ellos mismo, tienes cosas en común, historias y generaciones que los unen a este lugar y a su amo.
Zachary.
Lo aman.
Le temen.
Le respetan, han convivido con él, su gente, sus familias, generaciones tras generaciones.
Son un mundo diferente, son una familia, no como la mía, es mucho más amplia, más vieja, y unida no por la necesidad sino por la sensación de que aquel monstruo es alguien sagrado. Lo siento, Jasper también, él los protege, él extiende su piedad sobre ellos, les ha hecho saber que es tan poderoso que no deben temer, no les serviría de nada, y que su poder está en simplemente ellos vivir a su lado y saber que en cualquier momento Zachary vendrá por sus cuellos pero que es imposible huir.
¡Lo envidio!
Ahora con todo este sentir puedo decirlo, lo envidio, daría todo por ser un poco como él, un día de su vida, saber lo que sabe, haber visto lo que él ha visto, tener ese poder, esa seguridad, no temerle a nada y no sentir la culpa que me corroe.
Adorar ser un monstruo, no sentir vergüenza de serlo.
Entierro mi cabeza en la almohada, los sonidos van en ebullición, en unos segundos parece que puedo escuchar hasta el sonido de los ciervos cuando ponen sus patas sobre la hierba.
Vienen de todas partes.
Sonidos de gritos y batallas, canticos y rezos, chocar de espadas, cuellos rotos, el sonido de la carne cuando es penetrada por unos colmillos.
Y lo sé.
¡Es él!
Zachary ha abierto su mente para mí.
Toda.
Aterradora.
Llena de pasado.
Muerte.
Terror.
Lo hace, lo hace para atormentarme, entiende que he estado deseoso por agarrar un solo de sus pensamientos y él que tiene piedad con todos no desea tenerla conmigo, quiere que sepa hacia donde voy, desea decirme que me hará sufrir, quiere que me enfrente a una gran verdad:
No soy nada frente a él.
Y se burla…
Tapo mis oídos, pero es imposible, las imágenes me golpean, me duele de una manera que no puedo soportar.
Me levanto e intento salir de aquel cuarto, pero caigo de rodillas, siento como todos mis músculos de mármol se extienden, nada me ha preparado para esto ¡Nada!
Doy un puño contra la madera del piso, abro un bache profundo, pero es imposible, imposible… duele, me duele todo aquel vértigo de miles de años.
Lo único que sé es que no puedo gritar.
No puedo gritar.
No quiero.
Mi cuerpo cae y el sonido de mi peso se escucha duro por la habitación que da vueltas sobre mí, veo mis manos y son las manos de una gran escultura, tensas, repletas de venas, prestas a salir de la piel, seguramente así es mi cuerpo.
Cierro mi boca, hay un grito que amenaza con salir de ella, pero si lo hago estaré diciendo que no estoy preparado para la prueba que sé que aquel monstruo tiene preparada para mi ¿sino aguanto esto? ¿Cómo podré aguantar una guerra?
De pronto todo se silencia.
Todo se ha dormido, hasta el silencioso rumiar de las termitas.
Zaxzary… mi amada ¿te gusta esta casa?
¡Oh no!
— ¡Maldito seas! —maldigo entre dientes.
Quiero que me ames Isabella… no voy a rogarte, no voy a suplicarte, pero vendrás a mí…
Escucho un gorjeo.
Gemidos dulces.
El chocar de la carne.
Gruñidos secos.
Dos cuerpos y una imagen.
¡Dios mío! Si existes ¡mátame!…
Ella… veo y es mi primera vez… ella, desnuda y gimiendo, mientras aquel monstruo de cabello rubio le hace el amor salvajemente.
Quiero llorar.
Intento una liberación… una y otra vez, las imágenes se estrellan contra mi mente, las palabras, los olores, las sensaciones y no puedo.
Parpadeo.
Me desgarro.
Porque sé que él no me muestra un tiempo pasado, Zachary me muestra el presente, a esta hora, en plena noche de luna llena… el maldito quiere que vea y escuche como le hace el amor a su mujer.
Sólo para torturarme.
Sólo para que yo pruebe la muerte de cerca.
Si, Bella Swan gime, se hunde en el placer y solo dice un nombre.
Y no es el mío.
Editado por XBronte.
Gracias mis amores por la espera, a todas las que leen, a las que comentan y son lectoras fantasmas un beso mordelón, un guiño perverso diciéndoles…no tocar, Zachary es mío, algún día les presentaré a Logan y los demás, les aseguro se van a divertir.
