Capítulo 25

We Are Young

El promedio de las personas, con edad entre los 40 y 60 años, nos dicen día a día que somos el futuro de un país, de un mundo, de una sociedad; de un lugar donde la corrupción, la inseguridad, la violencia, las drogas y el alcohol, se hacen presentes como el aire. Ver en las noticias cientos de reportajes, donde las masacres y muertes, son la noticia primordial, ya es tan normal como ver a los pájaros volar.

Nosotros no tenemos la culpa, al menos no por ahora, nosotros no estamos al mando del país, nosotros no determinamos lo que es bueno para el país ni nada que se le acerque a una similitud, sin embargo, día a día nos dicen la misma frase que en cierto punto, nos comienza a zumbar en los oídos como pequeños mosquitos inquietos en busca de tu sangre.

A los 17 años de edad, lo menos que quieres escuchar es como escuchas en la televisión que TU eres el futuro del mañana, que TU tienes las herramientas para hacer de ese mundo uno mejor y comienzas a pensar: si no hay cambios en mi ¿Cómo diablos espero hacer un cambio en el mundo?

Y puede que tal vez no en el mundo, pero para hacer un cambio para los demás, tenías que comenzar haciendo un cambio en ti mismo, no tanto por complacer a los demás, sino porque de vez en cuando un cambio es favorable en ti y en las personas que te rodean.

Era lo que pasaba con Quinn, desde hacía unas semanas se había propuesto cambiar y aunque la evolución de este cambio había sido lenta, se había apresurado en los últimos días. Y es que, su imagen de "Soy Quinn hago lo quiera, tengo sexo con quien yo quiera y le guste a quien le guste jamás voy a cambiar Fabray" a este punto de su vida, ya no le favorecía, no ahora, no en esos momentos, simplemente ya no.

Muchos dicen que las personas no pueden cambiar, que estas nunca lo hacen…y tal vez tengan razón, tal vez solo cambien cuando les conviene, cuando creen que es necesario, pero quieran o no, es un cambio por muy temporal que este sea.

En ocasiones, los cambios son buenos y favorables y en esos momentos, Quinn se daba cuenta de las ventajas que aquel cambio le estaba otorgando. El hecho de que una Rachel Berry se comportara de manera dulce y cálida con ella, le hacía ver que todo valía la pena, que todo lo que estaba haciendo, aparte de por ella, lo estaba haciendo por otra persona y tal vez eso era bueno, por que tal vez y solo tal vez, ella podía ser uno de esos futuros de los que tanto hablan en la televisión.

Los días habían pasado considerablemente rápido, habían estado semana y media en Los Cabos y ahora es tiempo de retirarse. Habían hecho muchas cosas, así como también, habían descubierto muchas cosas entre ellos mismos. En ese tiempo habían descubierto cosas que ni los que tenían una amistad de años sabían.

Como por ejemplo que Sam tenía dislexia y por eso la mayor parte del tiempo no captaba las situaciones que lo rodeaban, también que el padre de Finn había sido expulsado del ejercito americano y este se volvió un alcohólico que murió de una sobredosis del mismo; también que Santana tenía más de un años sin hablarle a su abuela, una de las personas más importantes de su vida, dado a que esta no aceptaba que su nieta fuera lesbiana, así mismo que Kurt quería ser un actor de Broadway, Puck también se unió al listado al decir que había tenido sexo con la mama de David, uno de los jugadores de Futbol, y que la mujer se había enamorado de él.

Los únicos que se había reservado de decir algo habían sido Blaine, Rachel y Quinn, pero el que se hubieran reservado no quería decir que se iban a ir de aquel lugar sin decir nada. Blaine confeso que tenía envidia de su primo Cooper Anderson. Así mismo Rachel confeso que su mayor miedo era no ser lo suficientemente buena en lo que hacía para cumplir su sueño de regresar a Broadway. Y por ultimo Quinn, su mayor miedo era el amor.

Aquel lugar tenía una magia inigualable que Quinn aun no podía procesar, el romanticismo, la cultura, los paisajes, la gente, la comida; todo aquel lugar era una mezcla de todo lo que a ella le gustaba y llamaba la atención.

No se comparaba con ninguna de los países que había visitado, sin embargo, hasta ese momento había sido una de las mejores. El poder relajarse a la orilla del mar era más de lo que ella podía necesitar, escuchar como las olas rompían a la orilla del mar, como la briza del mar golpeaba su rostro y como el aire inundaba sus sentidos, era más de lo que podía pedir.

Y el estar con sus amigos, viviendo a aquella aventura lo hacia mucho mejor. El poder compartir una aventura de esa magnitud con dos de sus mejores amigos y con su hermano así como su nuevo mejor amigo y por supuesto de ella.

Rachel Berry

Si algo agradecía de aquel viaje era el poder pasar tiempo de calidad con aquella chica. No podía describir en palabras cuan increíble había sido ese tiempo, poder hablar con ella y saber cosas sobre Rachel, cosas que le servirían pero sobre todo agradecía por ese tiempo dado que así, se había dado cuenta de algo que había estado evitando, algo que sabía y ahora, por más que le diera miedo, lo aceptaba. Estaba más enamorada.

Y enamorada era la palabra que más miedo le daba, el solo hecho de pensar en la palabra le daba escalofríos, sin embargo, a ese punto de su vida, aquella palabra solo era eso, una palabra. Lo que sentía cuando la decía no se le daba una similitud a lo que sentía cuando Rachel estaba a su lado, cuando le sonreía, cuando la mirada, cuando un mínimo toque de la chica pequeña hacía ella, bastaba más que nada para hacerla sentir eso que nunca había sentido pero que todo mundo le hablaba.

Aquellos sentimientos y emociones no eran familiares en ella, pensó que si, pero vio que no; el estar "enamorada" de una chica que solo habías conocido por medio de una computadora, que solo veías por medio de una cámara digital, eso no era amor, al menos no era lo mismo que sentir, ver y apreciar como lo hacía con Rachel.

Amor

Aquella es una palabra corta, 5 letras y una definición infinita, llena de pros y contras, llena de beneficios y des beneficios, ¿Cómo es que aquella palabra podía ser una de las más amadas y odiadas al mismo tiempo?

Personas dicen que el amor es como un fantasma, que todos hablan de el pero que nadie nunca lo vio, estúpida gente…el amor va más allá de una relación entre dos personas, el amor es infinito y solo se siente cuando en verdad nos ha llegado, y el amor siempre esta entre nosotros, con el amor de nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestra familia, pero no hay amor más complicado y maravilloso, como el amor de una persona, de una persona que cambia por completo tu vida, ese sentimiento que sientes por alguien y que no sabes si es correspondido, pero el que no arriesga no gana y a este momento, ¿Qué más podía perder la rubia porrista?

-No puedo creer que hiciste eso, Puck—la morocha miro con el ceño fruncido al futbolista mientras secaba el agua que escurría por su negro y largo cabello.

-Yo te dije: "Agárrate que nos van a ganar"—le respondió con una gran risa

-¡Nunca pensé que ibas a correr tan rápido y mucho menos pensé que lo harías hacía la playa!—grito Rache provocando la risa de los demás chicos.

-No puedes negar que te divertiste—se unió Quinn a la platica. Rachel frunció el ceño y cruzo sus brazos sobre su pecho

-Tú ni me hables, todo esto fue tu culpa—sin decir una palabra más, Rachel subió hasta su habitación y al llegar, cerró la puerta tan fuerte que aquel portazo seguía retumbando por los pasillos de aquella gran casa.

Y aquel enojo de la pequeña solo se debía a una simple carrera en la playa. Puck y Rachel contra Quinn y Sam. Morocho contra rubio. No había premio alguno, simple diversión y la celebración de que Sam y Quinn, no había tenido una discusión infantil en lo que restaba de aquellos días en cabos. Todo iba bien hasta que Quinn grito que nadie los podía alcanzar, dado que llevaban la delantera, Puck sin previo aviso, tomo a Rachel, y como si de una muñeca se tratase la subió a su espalda y comenzó a correr como atleta en los juegos olímpicos, a casi dos metros de alcanzar a los rubios, Puck tropezó haciendo que ambos morochos cayeran al mar, provocando la risa y victoria de Quinn y Sam.

Quinn miro a Blaine y este solo cerró los ojos sonriendo, aquel comportamiento tan familiar en su hermana no era más que un simple capricho y enojo por su repentino "chapuzón" y el haber perdido. Miro como el gemelo Berry camino escaleras arriba e ingresaba a la habitación de su hermana. Solo bastaron 10 minutos para que ambos gemelos bajaran.

-Lo siento—dijo Rachel dirigiéndose a Quinn—No me gusta mojarme en la playa a menos que no este preparada—se disculpo

-No hay problema—respondió con una gran sonrisa Quinn.

-Como hoy nuestro ultimo día propongo salir y ver por última vez este hermoso paisaje caminar por la playa, comer en el restaurant que esta en frente del malecón y después regresarnos a la casa y esperar que sea sábado para regresar a Lima—informo Puck. Nadie se opuso, todos estuvieron de acuerdo.

Arreglaron sus cosas así como ellos mismos. Quinn vistió algo simple, unos shorts cortos con una blusa de cuello en marga corta y unas sandalias playeras, Santana la imitó. Los chicos se vistieron normal, shorts playeros y camisetas de resaque, ellos excepto Kurt, quien muy fiel a su estilo de vida, vistió un pantalón capri con una camisa entallada a su cuerpo y unos zapatos cerrados para la playa y después Rachel, un vestido blanco que más bien parecía una camisa larga, debajo de su vestimenta un traje de baño y unas sandalias playeras iguales a las de Quinn y Santana.

Hicieron un camino de alrededor de 10 minutos una vez que llegaron al centro de la ciudad. Donde las Rachel en compañía de Blaine y Kurt comenzaron a inspeccionar los pequeños puestos de artesanías locales que se mostraban la cultura resumida en pequeñas muñecas de tela, llaveros, adornos, bolsas e incluso playeras.

Decir que aquella ciudad les había traído más que diversión era poco, aquella ciudad les había brindado la hospitalidad que estaba tan devaluada, la comodidad que era difícil de encontrar, así como la sensación de bienestar que hacía mucho habían perdido…al menos Quinn.

La rubia porrista se había quedado en una de las bancas de una pequeña plaza que se encontraba justamente a un lado de aquellos puestos, y fijamente su mirada se quedo en Rachel, y comenzó a mirarla detalladamente, como si de una obra de arte se tratara. No era el tipo de chica con el que acostumbraba a "salir", era pequeña, hablaba mucho y no tenía miedo de decir lo que pensara, al menos cuando de Quinn se tratara, nunca antes alguien había tenido el suficiente coraje para hacer lo que solo Rachel había hecho; desvió su mirada al suelo y sonrió, sin duda Rachel Berry la había hipnotizado desde el primer momento en que la vio y aunque al principio solo contaba para ella como un reto para su lista, a este momento, y viéndola sonreír como niña pequeña al jugar con esa muñeca que había comprado al chico del puesto, sabía que aquella iba más allá, siempre lo supo, solo que ahora lo acierta y esta segura.

-En serio, Quinn…dos minutos más y te la comes—susurro Santana al oído de la rubia quien solo se limito a encogerse de los hombros.

-No lo puedo evitar, Santana. Es como si ella fuera el único panorama que mis ojos pueden ver—le dijo

-¡Dios!—sonrió la latina— ¿Dónde esta Quinn y que has hecho con ella?—la rubia todo los ojos

-Idiota—Santana sonrió y miro a Quinn

-Me da gusto verte así, te vez más viva, no se hay algo en ti que es nuevo y me gusta…solo espero que no sea temporáneo—susurro para dejar a Quinn sentada en la banca y uniéndosele a Rachel y los demás, quienes ya estaban al lado de la pequeña chica.

-¿Qué onda, Quinnie-tood?—Puck se sentó a un lado de la rubia. La chica sonrió

-¿Qué pasa, Puckzilla?—el chico negó

-No mucho, ¿Qué pasa contigo?—le dijo con una sonrisa

-No mucho tampoco—el futbolista sonrió y suspiro—Huy, suspiraste, eso no es algo que te pase muy a menudo.

Puck se encogió en hombros—solo no quiero que esto acabe, ¿me explico? Nos vamos y cuando lleguemos, volveremos a la misma rutina y sinceramente ya me canse—dijo con sinceridad

-¿De que hablas?—pregunto confundida

-Estos días han sido los mejores de mi vida, incluso mejores que cuando entre al equipo de futbol. Siento que estando aquí, me he comportado más yo, sin miedo a hablar con Sam sobre "Avatar" o sin miedo de que alguien me escuche hablar con Blaine de Broadway, o sea, no es miedo, simplemente es esa incertidumbre del que resto de la gente te critique. Siento que la persona que soy en Lima y la persona que estoy siendo acá, no es la misma y la verdad, me gusta más la persona que soy acá—la rubia asintió

-Tienes razón—dijo al dejar caer su cuerpo totalmente en la banca—en parte es mi culpa

-No te cargues toda la culpa, éramos unos "escuincles" cuando todo esto comenzó, se nos subió muy pronto a la cabeza y creo que ahora que ya estamos más grande nos damos cuenta que lo que estamos haciendo, en verdad no es quienes somos en verdad.

-Creo que no todo es cuestión de nosotros—susurro Quinn audiblemente a Puck, mientras miraba a Rachel

Puck sonrió—tienes toda la razón, quien iba a pensar que una pequeña chica tan molesta como ella, pudiera sacar lo mejor de nosotros.

-Shhh, habla despacio, no querrás que te arme un escandalo por decirle molesta ¿no es así?—el chico sonrió—tienes razón, Puck. Rachel me hizo ver que en verdad estaba haciendo una mierda con mi vida—dijo y desvió su mirada al chico del mohawk quien sonreía como niño pequeño ante aquella declaración.

-¡Puck!—se escucho el grito de la pequeña morocha quien venía corriendo con algo en sus manos—Mira lo que he encontrado—de sus manos tomo aquel pequeño gorro y lo mostro al chico quien abrió los ojos y tomo el detalle en sus manos.

-Esto es increíble—dijo emocionado

-Y tiene un mohawk—le dijo dulcemente. Puck abrazo a su amiga y beso sonoramente la mejilla de esta para después correr hasta donde estaban los demás, mostrándoles aquel gorro que Rachel había comprado para el.

-Sin duda el mejor regalo que Puck haya tenido—los ojos marrones de Rachel se posaron en Quinn que tenía su vista en el grupo de chicos.

-Esto es para ti—dijo de la nada Rachel extendiendo su mano derecha para darle a Quinn una pulsera de tela en color roja con su nombre en letra cursiva y letras blancas con unos pompones ligeramente dibujados.

Quinn sonrió enormemente—es increíble, Rach—tomo la pulsera en sus manos y la puso en sus mano izquierda— ¿me ayudas?—pregunto al poner su muñeca volteada a modo de que Rachel pudiera unir las dos extremidades de aquella pulsera.

-Se te ve bien—dijo con una gran sonrisa—Siempre con el espíritu de las Cheerios

-Así es…Muchas gracias, Rach—la morocha sonrió dulcemente a la rubia y Quinn sintió que su corazón se derritió. Ver esos diminutos hoyos que se le hacían a Rachel cuando sonreía de verdad, le provocaba simple dulcera, se miraba tan adorable y tan fuera de si que hacía a la rubia ganas de abrazar a la chica y jamás dejarla ir.

-¿Rachel?—la morocha alzo su vista y sus ojos se abrieron al máximo al ver a la persona que le hablaba. Segundos pasaron para que Quinn viera como Rachel se colgaba del cuello de aquella chica que al parecer conocía desde hace mucho tiempo.

Quinn miraba detenidamente la escena. Rachel sonriendo abiertamente como hacía unos momentos, mientras la chica la miraba con cara de sorpresa. Fijo su vista muy bien en la chica, era más alta que Rachel, de eso no había duda, su cabello castaño obscuro hacían que sus ojos azules resaltaran por mucho en su cara, desviando su atención de cualquier cosa para postrar aquella atención solo en aquellos ojos…aquella chica era simplemente linda y esa ropa, incluso la hacían parecer el doble de Kristen Stewart.

-Oh por Dios, Rach—escucho que volvió a hablar la chica y su voz un poco gruesa pero con un leve aire dulce en ella. Y tenía un acento…el acento más sexy del mundo, según Rachel le había confesado…acento británico.

-Pero… ¿Cómo supiste que era yo?—dijo una Rachel bastante emocionada

-No hay persona en el mundo que tenga unas piernas como las tuyas—inmediatamente el color de Rachel paso a un rojo totalmente fuerte ante el comentario de aquella chica—No, la verdad, no estaba muy segura pero tenía dos opciones: pasar la vergüenza de mi vida preguntándote si eras tu o jugármela y ver tus ojos y tu sonrisa—termino con una gran sonrisa.

Quinn frunció el ceño

-Eres una tonta, Taylor—ambas chicas sonrieron— ¡Pero que tonta!...Quinn esta es Taylor Stevens…Tay esta es Quinn Fabray—presento la morocha

-Muchos gusto—saludo la chica de los ojos azules

-Igual—sonrió Quinn más forzada que nada.

-¿Esta Blaine contigo?—pregunto la chica y Rachel asintió

Las dos chicas caminaron hasta el grupo de amigos que seguían en aquellos locales, dejando a Quinn completamente sola. La rubia bufo y camino hasta llegar al mismo lugar en donde pudo observar como Taylor y Blaine se abrazaban animada y emocionadamente.

No sabía el por que, pero sabía que el que aquella chica estuviera allí no era simple casualidad…tal vez estaba siendo paranoica, pero la presencia de Taylor no le agradaba, no después de ver como se comía a Rachel con la mirada y ese comentario con respecto a sus piernas, eso no era nada….Quinn paro sus pensamientos, estaba siendo ridícula pero ¿Cuándo no lo era con respecto a Rachel?

Diez minutos después estaban todos los chicos partiendo hasta un pequeño restaurante en el centro de la ciudad el cual se establecía casi a la orilla del mar. A diferencia de las otras ocasiones, el lugar que siempre Quinn ocupaba al lado de Rachel ahora había sido acaparado por Taylor…Quinn no quiso dar una escena por lo que se sentó a un lado de su gemelo, el cual le sonreía animadamente.

Ordenaron comida típica del lugar y dos horas después, los chicos caminaban hasta el mar para dar un recorrido por la orilla. Quinn se dejaba guiar por la brisa del mar que le llegaba a su cara; la esencia que el mar desprendía siempre había sido una de sus aromas favoritas, oler aquella aroma entre húmeda y salada, calmaba sus sentidos, le daba una paz interna y creaba un mantra al cual nadie podía entrar.

Era la ultima de la fila, por lo que después de sus minutos de tranquilidad abrió los ojos y se encontró con sus amigos, Puck y Sam hablaban animadamente con Finn, Santana iba en silencio, la rubia imagino que extrañaba a Brittany, Kurt iba en silencio mientras caminaba de la mano de Blaine quien junto con Rachel hablaban animadamente con la chica británica.

-Ni se te ocurra—se anticipó Quinn al ver como Santana se acercaba a ella. La latina sonrió

-¿Qué?—dijo haciéndose la desentendida

-Deja la actuación, Santy—canto la chica rubia con una sonrisa

-Eres desagradable, Quinn…Es guapa la chica ¿no crees?—la rubia elevó sus hombros

-No es la gran cosa sin embargo—Santana sonrió

-Acaso esos son… ¿celos?—Quinn negó

-Deja de decir estupideces y apúrate a caminar que ya quiero llegar a la casa—Santana no pronuncio una palabra más. Muy en el fondo, ella tenía razón pero Quinn era bastante necia y por supuesto que no aceptaría que tenía celos…por Dios, desde que Rachel Berry llego a la vida de Quinn Fabray, esta supo lo que eran los celos.

Llegaron hasta la casa donde nuevamente, organizaron un mini campamento como hacía días antes, solo que ahora, Taylor y unos cuantos amigos de la chica se unían a aquella velada que prometía muchas cosas.

Comenzaron a armar las cosas, desde las mesas hasta la fogata. Eran más manos así que con la participación de todos, el desenvolvimiento de aquella actividad fue mucho más rápido que antes. Quinn seguía observando de cerca a aquella chica, no quería sonar paranoica pero en verdad no le daba buena espina o tal vez eso pensaba ella para tratar de disimular su enojo que tenía cada vez que la británica se acercaba a Rachel.

Las horas pasaban así como la amena plática entre todos los chicos. Supo que Taylor había sido expulsada de un prestigioso colegio en Londres, después de que una de las prefectas la encontraran a ella y otra chica en un baño haciendo cosas no aptas para mayores de 18, al mismo tiempo que su padre en lugar de reprenderla, la felicito por que en sus genes llevaba el buen gusto por las mujeres y el estilo aventurero de los Stevens. Quinn también se entero que ella y los gemelos Berry se conocían desde hacía más de tres años puesto que estuvieron tomando juntos algunos cursos de verano en Nueva York, así como que, Taylor no sabía si regresar a Londres o seguir viajando por el mundo.

A cada anécdota, la rubia solo bufaba o fruncía el ceño, aquella chica era como un clon de ella, solo que un poco más agradable y menos "jugadora" que ella. No le hacía mucha gracia, en cuestión, aquella chica en verdad no le agradaba y menos cuando la pillaba viéndole las piernas a Rachel. La morocha parecía casi encantada con Taylor, como que si de una pareja se trataba, ofreciéndole comida, refresco…toda la atención de la morocha estaba en aquella chica.

Quinn sin llamar mucho la atención, se levanto de su asiento y camino hasta la orilla del mar…en verdad le agradaba sentir la brisa en su cara, pero sentirla en la noche, bajo la luz de la luna, no tenía comparación alguno. Muchas cosas pasaron por su cabeza en aquellos momentos, en verdad necesitaba un momento de paz y tranquilidad, despejar su mente y cuerpo de aquello sentimientos encontrados que tenía.

Desde que Rachel había llegado a su vida, se puso en contacto con sus sentimientos como nunca jamás en su vida y eso por más de ser bueno, era malo de la misma manera. Sentía que cualquier cosa que Rachel había era importante para ella, y lo era, sin embargo, cuando respectaba a cualquier persona que se le acercara a Rachel con otras intenciones, hacía que los sentidos de Quinn sobrepasaran sus limites.

-¿Por qué tan sola?—la voz de Blaine saco a la chica de sus pensamientos

-Quería disfrutar de mi ultima noche en este maravilloso lugar—le contesto con una sonrisa sincera.

-Si, sin duda ha sido una de las mejores experiencias que he tenido—continuo hablando al mismo tiempo que comenzaba a caminar junto con la rubia

-No lo había dicho, pero…me alegro que tu y mi hermano estén juntos—Blaine la miro detenidamente—sé que Kurt puede ser una patada en el trasero en muchas ocasiones, sin embargo, es un chico maravilloso y el estar contigo, simplemente lo ha convertido en una mejor persona…

Blaine sonrió—Es increíble escuchar eso viniendo de ti. No me malinterpretes, sabes que te quiero, pero no sueles ser muy expresiva con tus sentimientos ni en decir lo que piensas…

-Si tienes razón—susurro mientras miraba a Rachel.

-Es solo una amiga—dijo de la nada—Rachel la considera una hermana aunque Taylor quiera algo más con ella…

-Blaine…

-Quinn—dijo deteniéndose y mirando a la chica—esta noche somos jóvenes, podemos hacer lo que queramos…si sigues con tus indecisiones y miedos, no vas a lograr nada con Rachel. No pienses en el que dirán, piensa en que Rachel te hace feliz y lo sabes. Lo veo en tus ojos, estás enamorada de ella y aunque no lo aceptas, tienes miedo de materializar tus sentimientos.

-¿Cómo…?—Blaine no la dejo terminar

-Me pasaba lo mismo con Kurt—dijo sonrojándose—Esta noche somos jóvenes, Quinn—sin decir nada más, Blaine le sonrió a la chica y camino hasta volver a donde estaba el resto de los demás.

-Tienes razón—susurro con una gran sonrisa.


¿Cómo están?

Uno más y casi ya vamos a la mitad del fic (:

Como se habrán percatado, los nombres de los capítulos, son títulos de canciones, por lo que en unas horas, subiré al tumblr oficial del fic, las 25 canciones (hasta ahora) que han formado parte del fic.

No hay mucho que decir, más que GRACIAS.

Nos vemos el próximo Lunes.

tumblr del fic: fueradetualcance (punto) tumblr (punto) com