Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.


Capítulo 25

—¡Feliz año nuevo! —Jasper lanzó sus brazos a mi alrededor en cuanto cruzamos la puerta principal. Solté nuestras maletas y lo aparté de un empujón.

—¿Qué carajos?

Danzó a mi alrededor y levantó a Chica Reed en brazos. Rainbow lo miró con cautela desde su lugar en mi hombre mientras yo veía a mi alrededor e intentaba descubrir qué carajos estaba pasando. La sala tenía un banner colgado de lado a lado deseándonos un Feliz Año Nuevo y por supuesto que había globos y serpentinas por todos lados. Los globos, algo ni remotamente sorprendente, eran brillantes y los ojos de Jasper estaban rojos. Jodidamente genial.

Mi chica se rio y lo abrazó.

—Feliz año nuevo para ti también, pero creo que te estás adelantando unos días.

Jasper sacudió la cabeza y le besó la mejilla.

—No, Reed, este es nuestro año nuevo. ¿Puedo tener un beso? —Le paró los labios.

Al carajo con esto.

—No, no puedes tener un beso. —Mi chica se rio y besó su mejilla, lo cual fue marginalmente más aceptable que sus labios—. Bájala, idiota, y explica este desastre.

Suspiró pero lo hizo, poniendo su brazo alrededor de ella.

—A Reed le gusta, ¿verdad? —Ella se rio entre dientes y asintió—. No estaremos aquí para víspera de año nuevo, así que vamos a celebrarlo aquí esta noche. Esposa dijo eso. —Se echó hacia mí de nuevo y me hice a un lado, riéndome cuando cayó de culo.

—Parece que comenzaste la fiesta temprano.

Se encogió de hombros y se recargó contra la pared, sin molestarse en intentar levantarse.

—Es mi última noche de fiesta. De nuevo, Esposa dijo eso.

¿Así que Pequeña finalmente había dicho su última palabra?

—¿No más marihuana?

Negó con la cabeza tristemente.

—No. Es tiempo de que yo sea inmaduro y crezca.

—Creo que te refieres a maduro —lo corrigió Chica Reed, riéndose—. No sé si podré reconocerte cuando no estés drogado.

—Tuve que renunciar a ella por mi Propósito Prestado. Esposa dijo eso.

Al parecer Esposa había dicho muchas cosas. Gracias por eso.

—Propósito de año nuevo, idiota. Has estado parloteando sobre Año nuevo desde que llegamos aquí, ¿cómo carajos olvidaste eso?

Su cara se iluminó y sonrió enormemente.

—¡Oh sí! ¡Feliz año nuevo! ¿Cuándo es la fiesta? ¿Dónde están mis globos?

¿Cómo si supiera cuánto era la jodida fiesta? Ni siquiera iba a señalarle sus jodidos globos.

—¿Dónde está Pequeña?

—Fue por… —pausó y se encogió de hombros—. Cosas. Para la fiesta. Tengo que fumar toda mi marihuana antes de media noche.

Dios, sería un jodido desastre para el final de la noche. Agarré las maletas que había soltado y las llevé a la habitación de Chica Reed. Todavía tenía que regresar al carro y traer más cosas. Decir que mi madre se había vuelto loca en Navidad sería el jodido eufemismo del siglo. Estaba bastante seguro de que mi chica había recibido un guardarropa nuevo y todo libro alguna vez escrito. Aunque no podía quejarme. Era genial que mis padres la hicieran sentir parte de la familia.

Unos brazos se envolvieron en mi cintura y sentí a mi chica dejar un beso en mi espalda.

—Parece que después de todo sí tendremos una celebración de año nuevo.

Carajo. Ni siquiera había pensado en que yo estaría lejos de ella, probablemente porque odiaba la idea. Nos iríamos a New Orleans mañana y la banda no iba a ir hasta un día antes del juego. Me giré y la jalé a mis brazos.

—Lo siento, nena.

Sonrió y negó con la cabeza.

—No lo sientas. Celebraremos esta noche y después de que ganes el campeonato.

Su total confianza en mí era putamente sexy. La levanté del piso y la besé. Rainbow golpeó el costado de mi cara, pero la ignoré y sentí que se bajaba de mi hombro.

—Cuenta con ello, chica sexy —le dije al dejarla de nuevo en el piso.

Rainbow maulló y la miramos agacharse en su caja de arena.

—Creo que está enojada porque le estoy robando tu atención —dijo mi chica con una carcajada.

—Qué mal. —No era como si no la hubiera consentido desde el incidente de Riley. ¿No había estado otra vez en mi sudadera durante el viaje en avión? ¿No le habíamos comprado un montón de juguetes, incluyendo un ridículo castillo para gatos que estaba en la parte trasera de la Explorer de Emmett? ¿No me había reído cuando se subió al árbol de Navidad y tiró un montón de adornos? Mi mamá no había estado feliz, pero ya que era la gata de Chica Reed, no se había enojado mucho por ello. Juro que le gustaba más ella que yo.

—Jaspy, ¡se suponía que ibas a esperar hasta esta noche! Levanta tu sexy trasero del piso y ayúdame con el… oh, ¡están aquí! —Pequeña nos sonrió desde la puerta—. Qué bien, mucho mejor. Necesito que saquen la comida de mi carro. Emmett y Rose recogerán el alcohol. Luego de que terminen con eso, salgan de aquí por un rato para que podamos alistarnos, y llévatelo contigo. Espero que ambos estén de regreso para las ocho, vestidos formalmente. —Fulminó con la mirada a Jasper, que por alguna razón estaba arrastrándose por el piso sobre su culo.

—Hola a ti también, Ali. ¿Cómo estuvo tu Navidad? —Chica Reed, siempre ecuánime, abrazó a su amiga y le quitó una bolsa grande que llevaba.

Pequeña se rio.

—Perdón, me dejé llevar por la planeación de la fiesta. Navidad estuvo bien. ¿Cómo estuvo la tuya?

Chica Reed me sonrió.

—Muchísimo mejor de lo que había pensado. —Maldición que sí.

—Eso supongo, con tu hombre yendo a sorprenderte. —Le frunció el ceño a Jasper, que había envuelto sus brazos alrededor de las piernas de ella—. Hubiera sido lindo si el mío hubiera pensado en hacer eso.

—Yo no pienso. Yo sólo hago —le dijo él, lamiéndole la rodilla. Jodido infierno. ¿Qué le pasaba a ese idiota?—. Escribí mi amor por ti en el cielo.

Pequeña se rio y le despeinó el cabello mientras Chica Reed y yo intercambiábamos miradas de confusión.

—¿Contrató un acróbata aéreo para ti? —Quiero decir, ¿qué carajos? Eso tenía que costar una fortuna.

Ella negó con la cabeza.

—Me mandó poemas de amor por email todos los días.

¿Y cómo es que eso equivalía al cielo? Al carajo con esto, ni siquiera quería saber. Su cerebro estaba roto. Cargué a Rainbow, que estaba bailando entre mis piernas, y la dejé en la cama.

—Iré por el resto de tus cosas y la comida —le ofrecí.

Jasper agarró mi pierna cuando intenté pasar a su lado. Pensé en patearlo, pero Chica Reed y Pequeña se enojarían.

—¿Qué carajos, Jasper?

—Ayúdame. Levántame. —Rodé los ojos y lo puse de pie.

—Luego de que terminen con eso, vayan a casa y cámbiense. Haremos esto de manera correcta —ordenó Pequeña. Jodido infierno. Sólo quería pasar la noche envuelto alrededor de mi chica. Estaba enfermo de compartirla con todos. De hecho quería estar de regreso en nuestra habitación de hotel en Forks, lejos del resto del mundo.

Ella debió ver algo en mi cara porque se puso de puntillas y me dio un suave beso.

—No puedo esperar para sacarte de cualquier sexy esmoquin que te pongas.

De acuerdo, quizá esta cosa de año nuevo no sería tan mala después de todo.

—¿Qué usarás tú? —pregunté, intentando acercarla, pero sacudió la cabeza y danzó lejos de mí.

—Tendrás que esperar para ver.

La mirada en sus ojos me hizo pensar que valdría la pena la espera. De acuerdo entonces.

—Vamos, Jasper, al parecer tenemos mierdas que hacer. —No importaba cuándo celebráramos, ella sería mi chica este año, el siguiente y más allá.

Xoxoxoxoxo

—No puedo hacerlo. —Alcé la vista para encontrar a Jasper en mi puerta, como siempre se dejó entrar solo. Su cabello estaba despeinado, sus ojos rojos y su esmoquin arrugado. Se veía como uno de esos tipos vagabundos de la película donde Jamie Lee Curtis mostraba sus tetas.

—¿Qué carajos no puedes hacer? ¿Y por qué insistes en entrar a mi habitación sin ser invitado? —A diferencia de él, yo me veía maravilloso. Alisé mi corbata azul y me puse mi chaqueta mientras que él paseaba por mi habitación murmurando.

—Te necesito. —Se detuvo justo frente a mi cara y me dirigió una mirada tristísima que pudo haberme hecho sentir mal si no estuviera hablando sobre necesitarme.

—¿Qué carajos significa eso? —Si finalmente estaba sucumbiendo a sus tendencias gay en lo que respecta a mí, iba a encontrarse con una gran decepción.

—No puedo no. —Sólo lo miré, sin una jodida idea y llevó su puño a mi cara, haciéndome retroceder un paso—. No puedo anudarla. —Note que tenía una jodida corbata en su mano y suspiré al quitársela. Sonrió brillantemente cuando puse la estúpida corbata alrededor de su cuello y le enderecé el cuello de la camisa. Afortunadamente no había nadie cerca para verme vistiéndolo.

—Eres un desastre —le informé al anudarle la corbata—. ¿Por qué tu camisa se ve como si hubieras dormido en ella?

—No sé. —Se encogió de hombros y alzó sus manos—. Mis dedos no funcionan.

Me burlé.

—Parece un problema personal. Me siento mal por Pequeña.

—¡Esposa! ¿Dónde está?

Genial, lo había puesto en un nuevo tren de pensamientos. Nunca era algo bueno.

—Está en casa. Iremos para allá en unos minutos. Quiero detenerme a comprar flores para Chica Reed antes de llegar ahí.

—Las flores tienen lengüetas —dijo, pasándose sus inútiles dedos por el cabello.

—Tallos —corregí. Una última mirada en el espejo para confirmar que me veía bien y nos iríamos.

—Flautas tienen tallos, ¿has visto la de Reed?

—¿Qué carajos estás balbuceando? ¿Copas de champaña*? Sí, probablemente beberemos champaña más tarde.

—¡Burbujas! Me gustan las burbujas. Y los globos.

Rodé los ojos.

—No mierda. Carajo, vayamos para allá antes de que olvides lo que estamos haciendo.

—¿Tienes dulces? —preguntó, mirando mi buró.

—No, te los comiste todos. Estoy seguro de que Pequeña tiene dulces para ti.

—Ella es dulce como un dulce —murmuró.

Y yo no necesitaba escuchar más de esas mierdas.

—Vámonos.

Xoxoxoxoxox

Llegamos a la puerta principal y me detuve antes de que Jasper entrara sin tocar.

—Se supone que tenemos que hacer esto bien, ¿recuerdas? Toca la jodida puerta.

Ya que al parecer esa simple instrucción lo confundió y no hizo nada más que verme con ojos llenos de sangre, yo me adelanté y toqué. Pequeña apareció en la puerta sonriéndonos, llevaba un corto vestido negro y se veía lista para la noche.

—¿No se ven maravillosos? Bella está casi lista. Entren, entren. —No podía esperar para ver qué estaba usando mi chica si Pequeña se veía tan elegante.

Entramos y vi velas encendidas en la mesa del comedor y estaba sonando música suave. Algo olía bien también.

—Vaya, has estado ocupada.

Pequeña sonrió.

—Queríamos hacer de esta noche algo especial antes de mandar a nuestros hombres al campo de batalla.

—¡Ganaré para ti! —prometió Jasper, haciéndola reír. Yo también me reí, porque ese cabrón no iba a ver la cancha a menos de que lleváramos una buena ventaja de treinta puntos el cuarto tiempo y ni siquiera yo estaba planeando ganar por tanto, a menos de que nuestra defensa tuviera un juego monstruoso.

—Estoy segura que lo harás. ¿Esas son para mí?

—¿Qué? —Su cara estaba completamente en blanco.

Suspiré y moví hacia enfrente su brazo. Dios, era un imbécil.

—Las flores, idiota.

—Oh sí. ¡Feliz aniversario! —sonrió y le dio las margaritas a Pequeña, lo cual la hizo reír. Esperaba que él tuviera razón y esas fueran sus favoritas, de otra forma iba a verse como el imbécil que realmente era.

—Feliz año nuevo, Jaspy. —Le dio un beso—. Gracias por las flores. Son mis favoritas. —Bien, así que había hecho algo bien. Era bueno saber que tenía una o dos neuronas que todavía no freía.

—¿Dónde están Emmett y Rubia? —pregunté. Tuvimos que manejar separados de regreso porque teníamos muchas mierdas que traer para la escuela, incluyendo todas las mierdas de Emmett. Oficialmente se iba a mudar a su apartamento mañana. Ahí estaba una razón por la que estaba feliz de irme antes a New Orleans. No tenía que ayudar a mudar su culo.

—Lo obligó a ir a su casa a cambiarse. Ella está en su habitación.

Qué bueno. Ella podía quedarse ahí en lo que a mí respecta. Fue un poco más amable conmigo en Navidad, pero probablemente eso fue sólo porque mis padres estaban cerca. Todavía me veía como si esperara que en cualquier minuto saliera corriendo de la habitación y me follara a la primera chica que pudiera encontrar. Eso me encabronaba.

—¿Compraron todo lo que debían comprar?

Pequeña asintió y me ofreció un plato con queso y galletas. Sonreí y tomé una. Parecía que nuestras chicas se habían esforzado por darnos una celebración de año nuevo. Éramos jodidamente afortunados. Jasper sí que parecía pensar eso. Se estaba atascando la cara. Pequeña suspiró y apartó el plato.

—Se suponía que debía esperar para fumar hasta después de la cena.

Me reí.

—Algo me dice que tenía demasiada marihuana para eso.

—Cierto. —Ambos miramos como Jasper se lanzaba sobre el sofá.

—¿Y de verdad lo harás que se desintoxique? ¿Para siempre?

Pequeña asintió.

—Es hora y él ya está presionando el límite. Casi lo arrestan la semana pasada, estaba drogándose con sus amigos. Él se escondió y no lo delataron aunque a ellos sí los atraparon.

Cristo. Esto era todo lo que necesitábamos. Mi respaldo arrestado y con cargos de posesión.

—Jodido infierno.

—Sí, me llamó asustado y fue entonces cuando decidí dar mi última palabra. De todas formas dijo que iba a dejarlo pronto, pero es que está arriesgando mucho.

—Pero me siento muy bien —se quejó desde el sofá. Estaba sosteniendo uno de sus estúpidos globos y haciendo caras para sí mismo. Puto raro.

—Yo te haré sentir bien, Jaspy.

Eso atrapó su atención. La miró sobre el respaldo del sofá.

—¿Sí?

—Sí.

Al carajo con esto. Antes de poder escapar, la puerta de Chica Reed se abrió y casi me tragué mi lengua. Estaba usando un vestido azul sin tirantes que se pegada a cada una de sus curvas. Su cabello era una masa de rizos, algunos colgaban y otros caían, y sus ojos se veían oscuros y ahumados.

—Santa mierda, nena, te ves increíble. —Me acerqué y le di el ramo de flores que le había comprado. La florista juró que era el mejor que tenían y ya que era el más caro, asumí que era cierto. Sabía que tenía rosas y otras flores, y la sonrisa de mi chica cuando las vio me dijo que lo había hecho bien.

—Gracias. Y tú también. —Estiró la mano y tiró de mi corbata. Me agaché y capturé sus labios con los míos. Sentí un tirón en mi pantalón antes de escuchar un maullido. Chica Reed se rio y me soltó—. Gracias por las flores.

—De nada. —No pude apartar mis ojos de ella al dárselas. Me agaché para cargar a Rainbow y se acurrucó en mi hombro. Tomé la mano de Chica Reed y caminé con ella hacia el comedor. Dejó las flores en el centro de la mesa.

—Perfecto.

—Tú lo eres —le dije, porque lo era. Carajo, nunca se había visto más hermosa. Quería jalarla de regreso a su habitación y olvidarnos sobre el resto de la noche, pero sabía que era mejor no hacerlo.

Se rio ligeramente y me besó de nuevo.

—¿Dónde está el muérdago? —La molesta voz de Jasper finalmente penetró mi cabeza y me detuve de besarla para fruncirle el ceño.

—Estás confundiendo tus festividades —le informó mi chica.

—Reed está bonita, casi tan bonita como mi esposa —nos dijo, lo cual estaba jodidamente mal. Chica Reed era la chica más hermosa del mundo.

—Gracias, Jasper. Te ves muy bien, muy pulcro.

—Espera hasta que se quite la chaqueta —murmuré, haciéndola reír.

—Edward me vistió —le dijo orgulloso.

Jodido infierno.

—No es cierto. Anudé su estúpida corbata.

Chica Reed se rio y me llevó al sillón.

—Eso fue muy amable de tu parte, guapo.

—Sí, bueno… —Joder, no volvería a hacerlo si iba a andar por ahí diciéndole a la gente que yo lo vestí. Si yo lo vistiera, no se vería como un holgazán despedido de Wall Street.

—Estoy listo, ¡festejemos! —Mi hermano, por supuesto, tenía que entrar a la habitación ruidosamente con una enorme sonrisa en la cara. Al menos estaba usando un esmoquin. Em no era gran fan de esos, pero Pequeña obviamente lo había obligado.

—Dios, Emmett, ¿tienes que gritar todo el tiempo? —Rubia estaba de pie en el pasillo usando un ajustado vestido rojo que tuvo a mi hermano babeando inmediatamente. Estaba bastante seguro de que todavía no habían follado. Ella se quedó en la habitación de huéspedes en casa de mis padres y Em caminaba raro así que sospeché de un caso de bolas azules permanente. Afortunadamente yo no estaba en sus zapatos. Chica Reed puso su mano en mi pierna y su dedo meñique acarició un poco mi polla. Sí, mi chica era la onda.

—Sí —le dijo él—. Estás caliente, Rosie.

Ella sacudió la cabeza.

—Gracias, Em. —Tomó su mano y se unieron a nosotros, sentándose junto a Pequeña y Jasper, que estaba medio tirado sobre el brazo del sofá, todavía sosteniendo su estúpido globo. ¿Qué fascinación tenía con esas cosas?

—Entonces, ¿cómo les fue conociendo a los padres? —preguntó Pequeña a Rose.

Ella sonrió.

—Son geniales.

—Mucho más amables que los padres de ella, déjame decirte —anunció Emmett, ganándose un ceño fruncido de su novia. Aunque ése era mi hermano, un idiota que decía mierdas sin pensarlo primero—. Qué, ¡es verdad! Tu papá me miraba feo cada vez que me acercaba a ti.

—Eso es porque prácticamente me acosabas ante cada oportunidad.

—Bueno, maldición, Rosie, ¡mírate! ¿Cómo podía resistir? —Sus hoyuelos aparecieron y la mirada de irritación de Rubia se disolvió en una sonrisa.

—Pues gracias. Mis papás todavía no confían en él, pero diría que para cuando nos fuimos estaban aceptándolo, especialmente mi mamá.

—Naturalmente —dijo Emmett con una sonrisa—. Todas las mujeres son plastilina en mis manos.

—Yo no, compañero —le recordó ella.

—¿No lo sabré yo? —murmuró mi hermano.

—Como sea, los Cullen son geniales. Deberías ver todos los regalos que nos dieron —le dijo Rubia a Pequeña—. Estoy bastante segura de que la señora Cullen está lista para mudar a Bella permanentemente.

Me burlé mientras Chica Reed se reía y sacudía la cabeza.

—Esme es maravillosa.

—Yo diría. No puedo creer que ustedes durmieron en la misma habitación. —Rubia todavía sonaba sorprendida.

¿Cómo si fuera a dejarla dormir en otro lugar? No lo creo.

—Mis padres son geniales.

—Y de todas formas ellos sabían que él se escabulliría a mi habitación luego de irse a dormir —dijo Chica Reed con una carcajada.

Acaricié su cuello.

—Así es, nena.

—Hablando de padres, ¿Edward conoció a Renée? —preguntó Pequeña.

Chica Reed gimió y me reí.

—Sí, aunque no es como si Bella no hubiera intentado evitar que eso pasara. —Ella pensó que su mamá no estaría en casa cuando yo fuera a recogerla para llevarla a mi casa luego de haber pasado unas horas en la suya, pero al parecer su madre había estado esperándome para poder conocerme. Estacionó justo detrás de mí en el camino de entrada y procedió a devorarme con la mirada. Yo había estado un poco preocupado hasta que Chica Reed salió a salvarme.

—Mamá se emocionó con él de una manera totalmente diferente a la de papá.

—Bueno, no estoy muy seguro de eso… —Me dio un codazo y se disolvió en risas.

—Edward creyó que mi papá lo deseaba. Mi mamá definitivamente lo desea. —Chica Reed sacudió la cabeza.

—Soy kriptonita para los Swan.

—Ella ya no es una Swan, no es como si eso la detuviera —murmuró mi chica.

—Rélajate, nena, sólo tengo ojos para ti. —Sonrió ante eso, pero no pude evitar molestarla—. Aunque tu mamá me informó que le gustan los hombres jóvenes.

Gimió mientras que la habitación explotaba en risas.

—Sí le gustan. Mi padrastro, si es que puedo decirle así, tiene veintiséis. Está muy mal.

Ja, lo que estaba mal era que probablemente su madre no hubiera dejado que eso la detuviera si le hubiera dado pie. Estaba acostumbrado a que mujeres de todas edades me desearan, ¿pero la mamá de mi novia? Era jodidamente asqueroso.

—¿Estaba buena? —preguntó mi idiota hermano, ganándose un golpe de Rose y una mirada del mal de mi chica. Sabía que era mejor no responder esa jodida pregunta, muchísimas gracias—. ¿Qué? Bella está buena así que su mamá podría estarlo también.

—Eso no se pregunta, estúpido —le informó Rubia.

—La mamá de Esposa es un ángel —comentó Jasper—. Y mi esposa es el ángel más bonito de todos. —Estaba un poco alegre por su idiotez, porque ahora las chicas estaban derritiéndose por su comentario y olvidaron todo sobre madres buenas. Porque sí, mi chica venía de buenos genes, pero estaba putamente seguro de que no iba a admitir que su mamá estaba buena.

—Gracias, Jaspy. —Pequeña lo besó. Chica Reed tocó mi mejilla, haciendo que su brazalete tintineara, y Rainbow comenzó a pegarle a los dijes—. Oh Dios mío, ¿ese es el regalo de Navidad que te dio Edward? No puedo creer que no lo haya visto antes. ¡Déjame verlo! —Pequeña estuvo sobre nosotros, y exclamando sobre el brazalete y cada dije—. Lo hiciste bien —me felicitó.

Maldita sea que sí, incluso si me llevó la mayor parte del día y el haber tenido que lidiar con la marca especial de locos consejos Navideños de mi madre.

—Se ve muy bien en ella —dije, jugando yo con los dijes. Rainbow bajó por mi brazo y volvió a golpear el dije del arcoíris, haciéndonos reír a todos.

—A ella le encanta —les dijo Chica Reed.

—Le encanta todo lo que cuelga —señalé.

—Hablando de eso, tenemos que sacar su estúpido castillo de mi carro —comentó Emmett—. No puedo creer que Emmett Junior no quiera jugar en él.

—Él no juega con nada. Creo que tienes un gato inútil —le dije, haciéndolo fruncir el ceño. Quiero decir, ningún gato iba a ser jamás tan maravilloso como era Rainbow, pero el suyo se escondía todo el día. Nunca vimos a la maldita cosa en mi casa, mientras que Rainbow estaba siempre en el centro de todo, todo el tiempo.

—Sabes, técnicamente yo compré a Rainbow así que… —se interrumpió cuando ella volvió a subir por mi brazo y me cabeceó antes de acurrucarse en mi cuello—. Olvídalo. De todas formas ya no se vendría conmigo.

Le sonreí y la acaricié mientras ella maullaba para mostrar su acuerdo.

—Son maravillosos juntos, ¿no? —preguntó Chica Reed, viéndonos con sus ojos brillantes—. Desearía tener un vídeo de ellos contra Riley. Fue más que fantástico. Mi papá no podía dejar de hablar sobre eso.

Me burlé y rasqué de nuevo a Rainbow.

—Él necesitaba aprender de manera dura que no debe meterse con lo que es nuestro, ¿no, Rainbow? —Me cabeceó de nuevo.

—Desearía haberlo visto —dijo Pequeña con un suspiro.

—Yo desearía que le hubieras pateado el trasero —me dijo Emmett—. Qué pena, hermano, qué pena.

—¡No podía! —protestó mi chica—. Y él es más inteligente que eso. Lanzarle la pelota a la cabeza fue ingenio puro. —Maldita sea que sí. Ese fue mi pase favorito de todo el año.

—Bueno, puedes patearle el trasero luego de ganar el campeonato —sugirió.

Ese era un buen punto. Sonreí.

—¿Te animas para visitar otra vez Forks, nena?

Se rio y sacudió la cabeza.

—Tal vez en verano.

—Lo anotaré —prometí, haciéndola reír. El Entrenador no sería muy duro conmigo si le entregaba un campeonato nacional y le prometía otro.

—Bueno, yo sólo estoy feliz de estar todos juntos de nuevo y aquí para celebrar esta noche antes de que nuestros chicos se vayan a New Orleans. ¿Qué les parece si cenamos? —sugirió Pequeña. Me puse de pie y ayudé a Chica Reed a levantarse antes de dejar a Rainbow en el sofá.

—Ustedes siéntense, nosotros servimos —dijo mi chica, dándome un dulce beso antes de irse a la cocina. Jodidamente sexy. Eso me trajo imágenes de ella en el delantal y nada más. Quería saltarme la comida e irme directo a festejar el año nuevo con estilo.

No platicamos mucho luego de que sirvieron la comida. Sirvieron filete, papas y maíz, y fue jodidamente maravilloso.

—Esto es genial, nena.

Se rio.

—No lo cocinamos.

—Tal vez no, pero de todas formas se les ocurrió hacer esto. —Me sentía horrible por saber que estaría lejos de ella en el verdadero año nuevo—. Lamento no haber pensado yo en esto. ¿Tal vez puedas irte antes?

Se rio.

—¿Y escabullirme en el hotel de los jugadores de fútbol? ¿No hay ojos vigilando durante todo el tiempo?

Eso era cierto. Más de un jugador se había metido en problemas con chicas en la carretera y eran bastante estrictos con mierdas como esas. Aun así.

—Pero tú eres mi chica. El Entrenador entenderá que te necesito para ser feliz. Él quiere que sea feliz.

Sonrió y besó mi nariz.

—Estaré ahí para el juego. A diferencia de ustedes, a mí no me justifican las clases de una semana completa.

Tan jodidamente mal.

—Te haré una nota. —La jalé a mis brazos en cuanto una canción lenta sonó en el estéreo. Una rápida mirada por la habitación me mostró que los otros hablaban en voz baja. Chica Reed envolvió sus brazos alrededor de mi cuello y nos mecimos con la música.

—¿Y qué puede decir esa nota? Por favor excusen a Bella Swan de sus clases durante la semana. Es su obligación escolar asegurarse de que el mariscal de campo esté relajado y sexualmente satisfecho antes del gran juego. —Sus ojos se estaban riendo de mí.

—Te sorprenderías. Podría funcionar.

—¿En esta escuela loca por el fútbol? Podría. Pero creo que me sentiría horriblemente sola esperándote todo el día hasta que termines con tus prácticas. Tengo la sensación de que no estarás presente mucho tiempo.

Era cierto. El entrenador iba a hacernos correr en la cancha toda la semana, hasta darnos uno o dos días para recuperarnos antes del juego.

—Pero te extrañaré.

Sonrió y me apartó el cabello de los ojos.

—Yo también te extrañaré. ¿Qué te parece si te llamo antes de que el reloj dé la media noche, así podemos pasar año nuevo juntos después de todo?

Carajo, me encantaba.

—¿Te quedarás conmigo en el teléfono por una hora hasta que sea año nuevo donde esté yo?

Chica Reed asintió.

—Sí.

Me incliné y le susurré al oído.

—¿Te correrás conmigo en el teléfono para poder pretender que estamos recibiendo el año nuevo como se debe?

Soltó una risa ahogada.

—Sí.

—¿Dos veces? ¿Una a mi media noche y otra en la tuya?

Se apartó y me sonrió.

—Eres insaciable.

Bajé mis manos por su espalda y acaricié su trasero.

—¿Es ese un sí?

—Por supuesto.

Joder, sí.

—Bueno, entonces creo que este será el mejor año nuevo de todos.

Sonrió.

—No mucha gente puede tener tres años nuevos, así que creo que sí lo será.

—De acuerdo, tortolitos, vengan aquí y brindemos —ordenó Pequeña. Fuimos a la sala y cada quien tomó una copa de champaña. Pequeña alzó su copa y me sonrió—. Por tratos con el demonio.

Chica Reed se burló.

—Por amigas que lanzan a sus otras amigas debajo del autobús para conseguir a sus hombres.

—Pollas antes que amigas, Bella —dijo Pequeña, haciéndonos reír a todos.

—Por segundas oportunidades —dijo mi hermano con sus ojos en Rubia.

—Por humillarte en televisión para conseguir esa segunda oportunidad —respondió ella, chocando su copa con la de él.

—¡Por Esposa! Y brillos. ¡Y marihuana! —exclamó Jasper, sonriendo enormemente.

Jodido idiota. Mi turno. Encontré la muy divertida mirada de Chica Reed.

—Por nerds de bandas que no se fijan a donde van.

—Por arrogantes jugadores de fútbol que no aceptan un no como respuesta —soltó, riéndose.

—En realidad nunca dijiste que no, nena.

—Lo di a entender al no estar aquí cuando viniste —dijo con un lindo puchero.

Sonreí y la acerqué más.

—Pero me deseabas.

Se rio.

—Te conseguí.

—Ciertamente que sí, nena. —Y yo era suyo, completamente. Era difícil creer lo mucho que ella me poseía.

—Por todos nosotros —dijo Pequeña, interrumpiendo nuestro momento con una sonrisa indulgente—. Por encontrarnos de la manera en que estaba destinada a ser.

—Por nosotros —repetimos todos, brindando unos con otros.

—¡Feliz año nuevo, chicos! —Todos bebimos ante eso y luego Pequeña encendió la televisión y el reproductor de DVD—. Ya que la bola de verdad no caerá hasta dentro de pocos días, pensé en que podríamos hacer nuestra propia cuenta regresiva, a pesar de que en realidad no es media noche.

Pequeña era una chica sabia. Sabía que a media noche yo tenía toda intención de hacerle el amor a mi chica, sin audiencia.

Nos reunimos alrededor de la televisión y abracé a mi chica mientras la multitud comenzaba a contar. Se giró en mis brazos cuando llegaron a cinco, cuatro, tres, dos y en uno sus labios estuvieron en los míos. Mi lengua se deslizó dentro de su boca para enredarse con la suya mientras sus dedos se metían entre mi cabello, yo agarré fuertemente su cintura.

Cuando finalmente nos apartamos en busca de aire noté que mi hermano y Rubia estaban aferrados en un fuerte abrazo y Jasper y Alice habían desaparecido. Rainbow estaba dormida en el respaldo de la silla así que tomé la oportunidad para llevar a mi chica a su habitación.

—Feliz año nuevo, nena. —Me sonrió mientras me quitaba la chaqueta de los hombros y se puso a trabajar en mi corbata.

—¿Tienes alguna idea de lo mucho que quería sacarte de este esmoquin?

Sonreí y moví las manos hacia su espalda para bajar el zipper de su vestido.

—Probablemente casi tanto como yo he querido ver qué hay debajo del vestido. —La tela se resbaló y sus perfectos pechos aparecieron—. Sin sostén.

—Sin nada —murmuró al bajar el vestido por su cuerpo.

—Jódeme —logré decir. Era absolutamente la mujer más hermosa que había visto en mi vida.

—Ese es el plan. —Se deshizo rápidamente de mi camisa y pantalón, yo me quité las ofensivas prendas antes de empujarla hacia su cama.

—Olvidé un brindis más —le dije al mirar su preciosa cara.

—¿Cuál? —preguntó, apartando mi cabello.

—Por lengüetas rotas.

Algo pasó por sus ojos, pero sonrió.

—Por enamorarse a pesar de todo.

—Te amo —le dije.

—Lo sé. También te amo. —Tocó mi mejilla—. Muéstramelo, Edward.

Me deslicé dentro de ella, haciéndola gemir suavemente. Carajo, se sentía increíble.

—Por nosotros, nena. Siempre.

Sus dedos se entrelazaron con los míos y comenzamos a movernos juntos.

—Por siempre.


*Champagne flutes (copas de champaña) y Flutes (flautas), he ahí el juego de palabras.


Tenía planeado subirles este capítulo mañana, pero la verdad no creo tener tiempo, así que no sea Víspera de año nuevo de todas formas se los dejo.

Espero que todas tengan un muy feliz año nuevo :)

Nos leemos el viernes.