Sé que aunque avisé de que tardaría ha sido mucho tiempo, pero de verdad que no he podido, ahora que estoy de vacaciones he sacado un ratito para subir porque ya no podía dejarlo más. Como prometí el capítulo es mucho más largo, espero que os guste, a mí me ha gustado el resultado. Me alegra ver que sigo recibiendo reviews, cada vez que veía en mi correo reviews nuevos me sentía más culpable por no actualizar, así que como prometí aquí tendréis la lucha. ^^ Intentaré actualizar también alguna de mis otras historias.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la magnífica Stephenie Meyer, a mí solo me pertenece la historia.
Capítulo 25: Pelear por amor
Bella POV
Echaba de menos a mi familia, tanto a los vampiros como a Charlie y René, pero no podía quejarme, Marco me cuidaba bien, me enseñó tantas cosas.
A menudo salíamos de excursión, custodiados por alguien de la guardia, y Marco compartía conmigo toda su sabiduría.
-Como los humanos los vampiros también hemos entrado en guerra para hacernos con el poder. Ahora, somos nosotros los que estamos al mando, pero no siempre ha sido así. Tiempo atrás, en aquel lugar conocido como Transilvania vivían los antiguos reyes de nuestra especie. Aquella ciudad se ganó la fama merecida de hogar de vampiros, aquellos más poderosos y ancianos se reunieron allí.-me explicaba Marco mientras paseábamos por las afueras de Milán con Felix siguiendo nuestros pasos en silencio.
-¿Por qué ese afán por unirse? Creí que los vampiros que se disputaban el poder, preferían ampliar sus territorios, ¿por qué permanecer solo en uno?-le pregunté curiosa.
-Por varios motivos, hace 3000 años, no éramos tantos de nuestra especie como somos ahora, solo en esa ciudad los humanos creían en nuestra existencia y se nos daba un trato digno de dioses, el miedo es nuestro mayor aliado en ese aspecto. Otra razón es que cuando los vampiros llegamos a una edad tan avanzada, hay cosas que pierden importancia, y lo que realmente deseamos es compartir nuestras historias.
-No lo entiendo, podrían ser amos del mundo, ¿por qué tendría eso tanta importancia?-pregunté mientras nos acercábamos a la orilla del río Ticino.
-Bella nosotros vivimos una vez como humanos, y en esta nueva vida aprendimos algo, ¿de qué sirve la inmortalidad si nadie te recuerda?-me acarició el pelo mirándome condescendiente.
-Nadie recordará mi vida como humana.-murmuré más para mí misma.
-No, eso no es así.-me interrumpió.-Quizá tu vida como humana no quede grabada en la eternidad, pero tienes unos padres que jamás olvidarán quien fue Isabella Swan, un grupo de vampiros que compartió contigo tu último aliento, y que así como no olvidarán a la humana tampoco a la vampira.
-Ellos ya me han olvidado.-repuse mientras metía mis inertes pies en las frías aguas del río.
-Eso no es posible. He vivido mucho, pequeña y en todos estos años he podido clasificar tanto a humanos como vampiros en tres grupos: primero están aquellos que pasan ante ti como un soplo insignificante de viento, solo notaste su presencia una vez, pero de tan poca importancia que no volverán a tu memoria; después están aquellos que aunque no recuerdes su nombre, o su cara, habrá algo en ellos que no olvidarás, como un huracán que pasa revolucionando el mundo y aunque no sepas decir los detalles sabes que estuvo ahí; y por último están aquellas personas capaces de dejar una huella enorme en todo lo que les rodea, como ver pasar un cometa que no estás seguro si vivirás para verlo nuevamente. Cada segundo va grabado en tu mente y no lo borrarás jamás, es algo único que queda sellado en tu alma.
-Yo conocí a alguien así.-le dije pensando en Edward.
-Yo no he conocido a muchos así, pero sin duda, tú eres una de esas personas Isabella.-susurró sonriéndome.
Le devolví la sonrisa sintiendo las pequeñas olas rompiendo contra mis pies.
-Esto es tan agradable.-comenté.
-Falsas y absurdas leyendas se fraguaron acerca de que a los vampiros no nos gustaba el agua. De los cuatro elementos podría decirse que se convirtió en el nuestro por preferencia, salvo por algunas incomodidades.
-Nunca había escuchado algo como eso.-me asombré.
-De los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua; no hay ninguno que nos cause tanta fascinación como el agua. La tierra ha sido lo habitual, pero el tiempo nos llevó al cansancio y hasta incluso aborrecer el suelo que ya tantas veces habíamos pisado. El aire casi no podemos sentirlo, nuestra piel es demasiado fuerte, cuando corremos el viento puede superar velocidades que casi matarían a un humano, pero para nosotros no hay nada. El fuego es nuestro más acérrimo enemigo, ¿por qué acercarnos demasiado? Pero el agua, podemos sentir su movimiento, no nos molesta su temperatura, podemos llegar a donde otros no pueden gracias a nuestra capacidad para no respirar. Probablemente viviríamos en el agua si no fuera por la necesidad de sangre caliente.-me explicó sumergiendo una y otra vez sus manos en el agua.
-Yo llegué hasta aquí nadando por el océano, me sentí distinta, me parecía ir más rápido, no sé cómo explicarlo, me sentí…
-¿Viva?-inquirió con una sonrisa.
-Sí, creo que se podría decir así.-admití mientras recordaba el viaje, por muy mal que lo estuviera pasando en aquellos momentos fue como si mi cuerpo supiera ponerse en contacto con el agua que me rodeaba, como si fuera parte del océano.
-Vaya sarta de bobadas.-se hizo notar Felix.- Lo único que a mí me hace sentir vivo es la sangre humana.
-Pues entonces, me compadezco de ti, Felix.-le contestó Marco.-Si la forma de que tú te sientas vivo es con la muerte de otros jamás podrás entender el mundo a tu alrededor.
-No hay que entender el mundo mi señor, solo controlarlo.-repuso el vampiro con una mueca de orgullo.
-Jamás podremos controlar el mundo, puedes controlar a los humanos o a las máquinas. Pero por mucho que lo intentes no intimidarás a las flores, los árboles no se inclinarán ante tu presencia, ni los lobos dejarán de aullar en la noche. Por muy poderoso que creas ser, el sol no dejará de salir mañana.-le explicó condescendientemente.
-Lleváis razón, mi señor.-contestó el otro vampiro a regañadientes.
-Mejor volvamos a Volterra, se hace tarde.-indicó Marco antes de que iniciáramos la vuelta.
Edward POV
Decidí reunirme con mi familia antes de partir a Volterra.
-¿Qué ocurre Edward?-me preguntó Carlisle cuando todos estuvimos juntos.
-Sé que hemos hablado de una muestra de poder para que nos devuelvan a Bella y a Marco, pero creo que todos somos conscientes de que esto puede desembocar en una guerra entre nosotros y los Vulturis, Bella vino y se fue de nuestra familia por mi culpa, no puedo pediros que me sigáis acompañando. No sé si seguiré vivo mañana, pero tampoco puedo vivir con la muerte de alguno de vosotros en mi cabeza. Por eso os pido, o mejor os suplico, que no vengáis.-les rogué a mi familia que me miraban desconcertados.
-No puedes pedirnos eso.-se negó Alice.
-No puedes esperar que os abandonemos a ti y a Bella.-se indignó Esme.
-Por supuesto que no, joder. Hemos llegado hasta aquí juntos, no nos vas a dejar en el camino hermano.-bramó Emmett.
-He sido un soldado, jamás abandonaría a mi ejército, mucho menos a mi familia.-dijo Jasper con su típico aplomo.
-Desde el principio no he sido justa con Bella y contigo,-comenzó Rosalie.-Y aunque antes creí que no me importaba, no puedo verte ir a vuestra suerte, yo tampoco podría vivir con vuestra muerte en mi cabeza.
-¿No piensas decir nada Carlisle?-le preguntó Esme a su marido el cual había permanecido en silencio y sin mirarnos durante la conversación, solo negaba distraídamente con la cabeza.
-¡NO!-gritó clavando la mirada en mí.-No eres nadie para sacrificarte por esta familia. Yo soy el cabeza de esta familia, y me da igual lo que digan las pruebas de ADN, ¡yo soy tu padre! Igual que del resto, y también de Bella. No voy a quedarme esperando a que maten a mis hijos. No puedes decidir por nosotros, no puedes impedirme, que si es necesario, muera mañana, si lo hago, será por mi familia, no vas a quitarme ese privilegio.-exclamó antes de abrazarme.
Noté como Esme se unía al abrazo y así lo fueron haciendo el resto de los miembros de la familia.
Iríamos a la guerra, lo haríamos como una familia, si alguno de nosotros moría mañana, no lo haría solo.
Bella POV
Tenía un extraño presentimiento, hoy iba a suceder algo, algo grande.
-¿Bella?-me llamó Marco mientras estaban paseando por la biblioteca.
-¿Qué ocurre?-le pregunté mientras le seguía apresuradamente.
-No estoy seguro, pero hay algo muy gordo. He avistado vampiros en cada hueco de la ciudad y han preparado una reunión urgente, debemos darnos prisa.-me explicó.
Cuando entramos en la sala de reuniones no podía creer lo que tenía ante mis ojos, los Cullen estaban allí, estaban esperándonos. Me giré para observar a Marco, pero la mirada de mi mentor estaba perdida en las dos mujeres ante nosotros.
-Mira quién ha decidido hacernos una visita, Marco.-sonrió irónicamente Aro.- ¡Qué placer volver a verte! ¿Es esta una visita de cortesía?
-Podría serlo.-concedió Dydime.
-Siempre que vosotros estéis dispuestos.-apuntó la chica conocida como Aishiel, no se podía negar que era hija de Marco, los rasgos en su rostro la delataban.
-¿Dispuestos a qué?-preguntó amenazante Cayo.
-A devolvernos aquello que es nuestro y que vosotros nos arrebatasteis.-explicó la joven vampira.
-¿Te refieres a Marco?-intervino Aro de nuevo a sabiendas de que el carácter de Cayo no les llevaría nada bueno.
-No solo a él, también a Bella.-me quedé impresionada ante las palabras de Dydime, venían a rescatarnos a ambos.
-Pero Bella está aquí por su propia voluntad, no tenía a nadie, y decidió quedarse con nosotros.-mintió Aro.
-No es así, hermano.-desmintió Marco.-Bella decidió quedarse conmigo, no con vosotros, yo era su única oportunidad para no convertirse en una de tus adquisiciones.
Aro gruñó pero no dijo nada más.
-Entonces, ¿esperáis que os dejemos que os los llevéis así como así?-preguntó Cayo divertido.
-Dejamos eso a vuestra elección.-contestó Dydime.
-Pero tened en cuenta que vosotros solo sois once, y nosotros más de cincuenta.-apuntó Aishiel.
-De poco valor son vuestros vampiros al lado de nuestros dones.-se rió engreídamente Alec. Le dirigió una pícara sonrisa a su hermana que entendió al instante.
Supe lo que quería hacer, atacaría a Dydime con su torturador poder. Decidí poner en práctica lo que Marco me había enseñado. Jane se concentró, pero el ataque nunca llegó.
Un gruñido feroz surgió de su garganta al verse en una posición inútil. Necesitó tan solo un segundo para darse cuenta de cuál era el motivo, antes de tenerla abalanzándose sobre mí. Pero otro cuerpo la interceptó. Vi a Edward y a Jane luchando en el suelo, no fui lo suficientemente rápida y Jane utilizó su poder contra él, lo vi retorciéndose de dolor en el suelo y entonces un instinto animal se despertó en mí. Salté sobre ella con toda la fuerza y la furia que había en mí y comencé a golpearla.
No sé en qué momento el resto habían comenzado a pelear, pero con un simple vistazo me había dado cuenta de que la sala se había convertido en un campo de batalla, aunque yo debía encargarme de la pequeña bruja bajo mi cuerpo.
-Nadie nunca volverá a sufrir dolor por tu culpa.-le dije antes de deshacerme de su cabeza y lanzarla al otro lado de la habitación.
Edward me miraba asombrado, ambos nos pusimos en pie, dispuestos a ayudar a nuestra familia. Me di cuenta rápidamente del principal problema, Alec, los estaba cegando, y muchos ya habían caído por culpa de ellos, por suerte ningún Cullen había muerto todavía.
-Edward, puedo protegerles, pero necesito tu ayuda.-le expliqué rápidamente.
-¿Qué puedo hacer?-me urgió.
-Necesito concentrarme, tienes que cubrirme.-le pedí, él asintió se puso frente dejándome contra la pared.
Puse en práctica todo mi poder para llevar mi escudo hasta las personas adecuadas. Cuando los Vulturis menos lo esperaban nuestros amigos perdieron la ceguera, y volvieron a cargar contra el enemigo. Emmett saltó sobre Felix, Rosalie lo hizo sobre Heidi, Jasper sobre Demetri, Esme contra Renata, Alice peleaba contra Afton quien no podía dar un golpe en claro, Carlisle y Marco peleaban contra Cayo y Aishiel y Dydime lo hacían contra Aro. Notaba como Edward tenía que hacer frente a algunos, como el pequeño Alec, pero que incapacitado de su poder no fue un gran rival para mi vampiro.
Antes de lo que esperaba todo había terminado, dejé de utilizar mi poder, estaba exhausta después de haber tenido que cubrir a tanta gente, las piernas me temblaban, Edward se dio cuenta y pasó su brazo por mi cintura para ayudarme.
-¿Estás bien?-me preguntó preocupado.
-Solo es cansancio.-le aseguré.
Vi a Carlisle y a Marco acercarse a nosotros.
-¿Todo bien?-nos preguntó el rubio a lo que los dos asentimos.-Y el resto, ¿sigue vivo todo el mundo?-preguntó al aire.
A esta historia no le queda mucho, solo otro capítulo más y el epílogo, espero que estéis allí para leerlos. ^^
