Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha Ahaaa

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Ashita ne Nareba

Por Mimi chan

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Cabaña

Tenía el cabello lleno de nieve, la ropa completamente empapada y helada, sentía que los pies le picaban como si los hubiera metido en nidos de hormigas rojas. Sabía que era mejor así, lo peligroso habría sido que no los sintiera como las manos, apenas y las sentía.

Volteó a ver al joven de ojos dorados que se movía aprisa dentro de la cabaña, había sacado leña de un rincón que parecía húmeda, y había sacado varias tablas del piso del mismo rincón con un montón de paja de abajo, enseguida fue al centro de la habitación donde estaba un hibachi lo llenó de la leña y con piedras encendió un rápido fuego, la cargó y la llevó hasta donde el fuego calentaba, empezó a sentir las hormigas en sus manos cuando él las tomó, las metió en su kimono y las puso sobre su pecho, estaba frió pero no tanto como ella.

- No sabía que la rata de fuego también fuera impermeable – bromeó ella.

- No lo es – dijo él con la preocupación en sus ojos – pero es ligero y se seca rápidamente.

- Que bueno – dijo mirando el kimono color rosa que vestía, era grueso para la estación, era útil para el frió pero mojado… ¡uf! tardaría una eternidad en secarse – ojala este kimono también lo fuera.

- Tengo que sacarte esa ropa Kagome - dijo ya desatando los nudos – está helada.

- Jeje, eso sonó como una de esas novelas románticas que mamá no me dejaba leer – dijo nerviosa pero sin poderse mover aun – ya sabes lo que pasa cuando dos personas están solas en una cabaña, desnudas y frías.

- En realidad no lo se – respondió el concentrado en sacarle la ropa mojada.

Kagome se rió con ganas, ¡Que no lo sabía! No le dio tiempo para pensar más, él se quito la parte de arriba de su kimono y empezó a sacarle el kimono grueso y los fondos interiores que se supone le debían dar calor y ahora solo la helaban, dejándola desnuda. Una cosa a la que aun no se acostumbraba de la época pasada, la ropa interior aun no se inventaba, al menos no como la ropa a la que estaba acostumbrada. Como extrañaba los sostenes y las bragas, los calzones largos solo la hacían sentir incomoda y prefería no llevarlos. Cuando no tuvo nada encima, la envolvió en su rata de fuego, aspiró profundamente su aroma a ceniza mojada era maravilloso.

Habían pasado ya 2 meses desde que había regresado y se sentía realmente feliz, era maravilloso saber que podía estar con la persona que más amaba y todos sus amigos finalmente sin el peligro de Naraku sobre sus cabezas.

Desde que había llegado solo en una ocasión había sentido un vago sentimiento de tristeza al pensar que no volvería a ver a su familia, pero pensaba, que al igual que muchas mujeres que se casan. La familia empezaba de nuevo con su esposo y te terminas separando un poco de tus padres. Ella se veía a si misma como una mujer que al casarse se va a vivir muy, muy lejos y no vuelve a ver a su familia, pero sabía que estaban bien y a salvo y esperaba que tuvieran una vida feliz.

Claro que eso ya llevaba de nuevo al mismo pensamiento aterrador que la había estado atenazando desde la primera noche que había pasado con él.

Tres años habían pasado detrás del pozo también, y en esos tres años se habían llevado a cabo cambios maravillosos.

Lo primero fue ver a Sango con tres bellísimos hijos, las pequeñas gemelas eran una diablillas y el niño recién nacido tenía la sonrisa más picara del mundo. Solo un mes después de que ella había quedado detrás del pozo ellos se habían casado en la ceremonia budista, Shipoou había suplido las fotos por dibujos del día de la boda, ella estaba feliz, tenía muy de vez en cuando sus discusiones con Miroku pero se amaban, él le era fiel y eso ella lo atesoraba como el oro. Supo que Kohaku estaba entrenando para la exterminación de monstruos en su ultima visita habían hablado de crear una aldea de exterminadores entre ellos dos, solo esperaba que los niños crecieran un poco más para que no tuviera tanta responsabilidad de ellos.

Shipoou chan también se ausentaba en ocasiones para aprender técnicas zorrunas y había empezado a comentar de ir a una escuela con un ermitaño que podía llevarle algún tiempo, mientras tanto vivía con la anciana Kaede.

Para su enorme sorpresa su hanyou había estado ocupado también, según le dijo Sango, se había unido a Miroku para recorrer todo el territorio y exterminar todos los monstruos que habían sido liberados a causa de las maquinaciones de Naraku, y gracias a ellos habían ganado una considerable suma de oro, y había empezado a construir una casa, todo un palacio feudal que servia ahora como templo, en el mismo lugar donde en el futuro estaría el templo Higurashi, cerca del goshimbuku, en el bosque donde había estado dormido por 50 años "todo mundo dice que es mi bosque, pues voy a usarlo" había dicho él y le había arrancado una sonrisa.

La primera noche que se quedara con él se había sentido terriblemente nerviosa, había acudido a Sango que le había dado los por menores de lo que podía ser su primera noche con el hombre que amaba y no sabía si había servido para calmarla o ponerla más nerviosa. Bien aquella noche había ido con él al palacio y la había acomodado en una habitación hermosa, no había mucho en ella, pero daba directo a un patio trasero donde había un estanque y muchas plantas medicinales, cuando le había dicho que había hecho todo eso esperando el día que ella regresara, la hizo sinceramente llorar. Pero él la había dejado en la habitación había salido de la casa y se había encaramado en un alto árbol fuera de la casa y ella se quedo allí toda la noche esperando algo que no llego.

Y había estado dos meses esperando y parecía que el momento no iba a llegar.

¿Habría mal interpretado las cosas? ¿Inuyasha la quería solo como amiga y no esposa? Ella había dejado todo solo por estar con él y esperaba que las cosas fueran distintas, esperaba que él la reclamara como su mujer y eso no llegaba, lo había estado esperando todo ese tiempo y solo no llegaba y ella estaba llena de miedo ahora. ¿Llegaría el momento que él dijera que haría un viaje nuevo y la dejaría atrás? Ella no se veía más lejos de él, y la mera idea de que un día solo se fuera y no volver a verlo la enfermaba, lo quería con ella, lo quería para ella lo que era mucho más.

Ahora con las manos posadas en su pecho y sintiéndose del todo rodeada por él las ideas más locas cruzaban por su cabeza, era una mujer, adulta, y con deseos adultos, había deseado valga la redundancia esos deseos adultos por mas de tres años desde aquella ocasión que habían estado a solas en su habitación a punto de besarse, en el leve instante que había mirado sus ojos con aquella expresión cristalina y poderosa, pensó… que los dos allí solos… bien, podrían haber pasado mil cosas si les hubieran dado solo un par de horas mas… pero él…

- ¿Estás mejor? – dijo de pronto él.

- Si – dijo ella tímidamente "que no me pida que me aparte ahora, por favor".

- Bien.

Pero no dijo más, solo la abrazó más fuerte y aspiró profundamente en su cabello, sintió su respiración caliente sobre su cuello y un escalofrió le bajo por la espina.

- Inuyasha… - lo llamó con media voz aun escondida en su pecho.

- Si – respondió pronto él.

- Hem… - ¿Cómo podía preguntar algo así? – yo…

- ¿Dime que pasa? – dijo con un entrecejo.

- Inuyasha… exactamente, ¿Qué soy… yo… para ti? – dijo con la voz cortada y cerró los ojos y empezó a orar por que la respuesta no la destruyera.

- Mi mujer por supuesto – dijo con un resoplido.

- ¿En serio? - dijo ella levantando la mirada llena de esperanza.

- ¿Qué otra cosa podías ser?

- Es… bueno… - escondió su rostro de nuevo en su pecho – tú y yo… nosotros no…

- ¿No lo hago bien como tu compañero? – dijo con un tono de voz extraño – te he hecho una casa, te llevo siempre comida y te protejo.

- Claro, lo has hecho muy bien, solo que… bueno… es que tú… yo… aun no… nosotros… bueno, es que aun no hemos – Kami, debía tener la cara como tomate – nosotros no nos hemos siquiera besado.

El silencio se hizo de los dos, solo se escuchaba el viento llevando la nieve y el crepitar del fuego.

- Oh – dijo él por fin.

- Tú ¿No… quieres? – mil ideas se aglomeraron en su cabeza, quizás los hanyous no besaban, o no les era especialmente agradable, nunca había visto perros besarse, ellos expresaban su afecto en pequeñas peleas inofensivas, mordiscos suaves, se acicalaban, pero algo como un beso no lo había visto nunca, pero él eran en parte humano.

- No es que no quiera – dijo él en un susurro y no la miró directamente a la cara, pero ella pudo ver de todos modos que se le tornaba del todo roja – es que… yo nunca he besado a ninguna mujer y no se como hacerlo.

- Besaste a Kikyou – dijo ella enseguida, ella había estado desgraciadamente presente.

- Yo no la bese – dijo un poco en defensiva – ella me besó las dos veces

- ¿Dos veces? – preguntó enseguida, que otra ocasión lo había besado mientras ella no miraba

- Una fue hace mucho, mucho tiempo, cuando nos conocimos – respondió enseguida el chico y después un poco apenado – y la otra fue… cuando, estabas allí.

- La besaste cuando ella… - se interrumpió a si misma, no quería recordar el momento en que Kikyou se había ido del todo.

- Solo parecía lo correcto en ese momento – dijo él con una leve tristeza – ella lo había hecho antes y pensé que era lo adecuado, pero no sabía muy bien lo que hacia.

- Oh…

El silencio se volvió a interponer entre los dos, él con una sola mano alcanzó un madero más y lo arrojó al fuego, este se avivó enseguida, ese leño debía estar seco.

- Bueno, no es que yo tampoco lo haya hecho antes – dijo finalmente ella rompiendo el silencio – pero he practicado un poco.

- ¿Practicado? – preguntó con curiosidad el hanyou

- Si, tú sabes dijo restándole importancia – todas las chicas practicamos como dar un primer beso.

- En realidad no lo sabía. – dijo sorprendido.

- Bueno, pues lo hacemos – declaro de nuevo un poco avergonzada.

- Tú… ¿Me enseñarías?

- ¡Claro! – gracias al cielo él lo había pedido, no hubiera sabido como pedirle que le dejara enseñarlo – ¿Te parece bien ahora?

- Si – dijo con tranquilidad parecida a decisión – estaremos atascados aquí hasta mañana yo creo, dudo mucho que alguien se de cuenta que no estamos en la aldea hasta mañana.

- Bueno… cierra los ojos.

Ella lo vio obedecer, quería que este fuera su primer beso y quería que sin duda fuera bueno, ella misma cerró sus ojos.

- Quiero que pienses en lo que sientes por mi, quisiera que pensaras mucho, mucho en eso – dijo ella haciendo lo mismo a ciegas, se concentró en todo lo que sentía por él – yo siento… siento que quiero estar siempre contigo, que no quiero vivir un solo día más de mi vida sin ti, y que el corazón me late solo por ti, te extrañe tanto que pensé que moriría sin ti… Inuyasha.

- No es ni la mitad de todo lo que yo siento Kagome.

- Por todo eso yo siento que te amo – dijo sabiendo que estaría completamente roja – y tú…

- Yo se, que te amo Kagome.

¿Qué será esta voz que nos habla desde aquí, en el centro del pecho?

Ella sintió su corazón caminar más rápido por su respuesta, no lo había dicho antes y escuchárselo decir había sido tan bello. Sintió después su cuerpo más y más cerca, buscándola y ella lo atrajo un poco con sus manos aun sobre su pecho y entonces pasó. Sus labios se encontraron en medio de la oscuridad, primero con gentiles y dulces besos suaves con los labios juntos, ella fue la que lo animó a abrir un poco los labios y sentir más calidez, pero aprender a besar solo depende del instinto y pronto los dos compartían un beso tórrido y apasionado de calidez infinita, algo elemental que tenía que venir de él.

Se separaron jadeantes y cuando abrió los ojos, los ojos dorados del joven hanyou estaban llenos de un brillo que jamás había visto, pero le era fascinante.

- ¿Estás bien? – preguntó Inuyasha inquieto – respiras muy rápido.

- Tú también – dijo ella sorprendida con una suave y tentativa sonrisa – es normal.

- Kagome… esto…

- Está bien, sabes – Kagome acunó su rostro entre sus manos – esto lo que se siente es bueno.

Atrajo su cabeza junto a él enterró sus manos en su cabello y volvió a besarla como si su vida dependiera de ello. Kagome sintió como una de sus manos abría los pliegues del kimono y como pasaba su manos sobre su estomago, el filo de sus garras contra su piel fría, su palma calida contra su piel, tan calida, tan delicadamente, sintió un temblor que no tenía nada que ver con el miedo o el frió, era expectación, la más pura y simple expectación que se anudaba en su estomago por lo que podía llegar a venir ahora.

- Yo… - dijo él con voz ronca, dejando sus labios pegados a los de ella sintiendo el gusto de su aliento y su saliva sobre sus labios calidos e hinchados mientras sentía la leve y tierna curva de su vientre y su piel tibia y tersa – yo no se como…

- Está bien – dijo ella mirándolo a los ojos – yo tampoco, pero está bien, solo aprenderemos al paso.

Cuando él volvió a besarla y sintió ese exquisito calor recorrerla de arriba abajo, supo que lo harían bien.

¿Qué será esto que me provoca, y también ilusiona y me atrapa…?

Siguieron besándose, alejándose y acercándose en pausas, explorando solo un poquito más cada vez, con curiosidad y deseo, la verdad fuera dicha ninguno de los dos sabía exactamente lo que hacían pero como a la mayor parte de las cosas en su vida, se entregaron con pasión y valor a lo que venía.

Se recostaron juntos en el piso. Mientras él, seguía en su totalidad vestido, ella solo estaba con el haori abierto de él que caía como una mancha alrededor de ella, un halo extraño de tinta roja que enmarcaba su piel blanca, casi pálida por el frió, era… tan hermosa. Con su cuerpo pequeño tendido en el piso, y su cabello como ébano regado por todos lados desordenado y libre, sus brazos delgados escondidos entre los pliegues del haori, y sus manos apoyadas contra el tatami, tan delicada que parecían temblorosa, pero había tal decisión en sus ojos que lo asombraba… ¿Qué se supone que debía hacer? No sabía realmente que es lo que le correspondía hacer, había está ansiedad… este calor y está sensación intensa que lo rodeaba y que se extendía por todo su cuerpo, haciendo que necesitara respirar más fuerte, que su sangre corriera más rápido, pero ella había dicho que eso estaba bien, que todo lo que se sentía estaba bien.

¡Por Dios! él sabía muy bien que el amor se demuestra con un acto físico, Miroku y Sango eran una fuente de primera categoría sobre el hecho. Pero solo sobre que "eso" ocurría, no sabía ningún detalle de "cómo" los humanos se demostraban afecto con el cuerpo, de no ser por los abrazos o los besos.

Pero ella si sabía. Bien, había dicho que tampoco lo había hecho nunca, pero ella conocía el modo en que se hacia, por lo menos.

- Kagome… - la miró a los ojos, en sus ojos había nerviosismo y al mismo esa infranqueable decisión, un pequeño rastro de miedo y esa luz que no había visto más que un par de veces, no que no sabía calificar.

- ¿Si…? – dijo ella esperando, cielo santo, si la hacia esperar más…

- ¿Que… que debo hacer? – dijo el en un susurro nervioso e indeciso.

- Bésame – dijo nerviosa, expectante con el pecho subiendo y bajando con velocidad – bésame donde tú desees.

- Bien.

Es un mandato de Dios,

que me hizo el favor de ponerte en mi vida.

La atrajo a él sentándola casi en su regazo y pasó su boca por su cuello con un toque delicado y suave, sintió su pulso ir muy a prisa bajo su piel, y escuchó un bajo gemido de su boca, supuso que lo hacia bien si ella no lo detenía, más que eso, buscó con sus manos pequeñas los pliegues de su vestidura y recorría con las palmas su pecho, y con cuidado le sacó la ropa que lo cubría para acariciarlo, recorrió con sus manos sus brazos hasta que la vestidura cayó al piso y lo besó a la vez, sentir su boca sobre su pecho le trajo una intensa sensación de calor.

Cuando se vio libre de su vestidura pegó a la joven mujer contra su pecho, era la mejor sensación que había sentido alguna vez, ella era suave y delicada, la podía abarcar con un solo brazo mientras el calor de su pecho lo cubría, mientras el latido de su corazón se sentía a través de su piel y la suavidad de sus pechos se ajustaba la dureza del suyo, era una sensación realmente agradable y calida.

Kagome recargó su cabeza sobre su hombro y absorbió el calor mientras ponía besos sobre su cuello y su mandíbula, dejándose solo llevar, dejando de pensar en lo que hacían o pasaba a su alrededor, no le importaba la tormenta o el frió, solo quería sentirlo a su alrededor y quería pertenecerle de un modo que nunca pertenecería a nadie, más.

Tenía cu corazón y su alma, todo lo que quería es que también fuera dueño de su razón y su cuerpo.

- Inuyasha… - dijo en un susurro mientras con sus mejilla atrapaba el calor de su cuello

- Si.

- Yo tampoco estoy muy segura de que es lo que debo hacer – fue sincera con él, era muy posible que no pudiera hacer todo lo correcto esa noche, pero se esforzaría y haría todo lo posible por amarlo, por expresarle su amor con su cuerpo – pero creo que podemos intentarlo todo, siempre y cuando eso no lastime al otro ¿Está bien? Si algo es doloroso, te lo diré, y tú a mi ¿Está bien?

Diciendo eso ella se acomodó a horcajadas sobre él, absorbiendo el calor entre las piernas de él que aun tenía la parte de abajo del haori puesto, pero era por el momento mejor eso, no tenían ningún motivo para correr. Subió su cabeza por sobre la suya y entre sus labios presiono una de sus orejas, sintió el escalofrió que le recorrió a él y se sintió satisfecha, si, había sabido que eso le gustaría.

Eso era tan agradable, Inuyasha casi ronroneó de puro placer, siguió besando lo que estaba frente a su boca, los pechos firmes frente a él, besó sus senos hasta que la sintió respirar diferente, las pequeñas cimas se habían vuelto más firmes que antes y tuvo el simple instinto de amamantarse de ellas, ella respondió arqueando su espalda para darle un mayor acceso y él no dejo de juguetear con esa parte de su anatomía perfecta, mientras ella presionaba su cabeza contra su pecho en silencio, solo con suaves suspiros que le daban a entender lo mucho que disfrutaba de aquello.

Kagome inició un suave vaivén con su cadera en el lugar donde estaba unido con ella, el suave movimiento formó una reacción desconocida para él, sintió un súbito mareo, una carrera loca de su sangre a su entrepierna y el deseo instintivo de presionar contra él, de sentir mas cerca esa caricia.

Cuando esa parte de su anatomía la que ella acunaba entre sus piernas dio un salto contra su voluntad como si tuviera vida propia Inuyasha la alejó de él con cierto miedo, no había dolido pero había sido una sensación hueca y urgente parecida al dolor.

- ¿Qué pasa Inuyasha…? – preguntó ella un poco desconcertada por su repentino alejamiento.

- No lo se.

Inuyasha miró su regazo y descubrió que esa pieza que había en medio de sus piernas estaba… bien… no en reposo si no más bien empujando contra su ropa. La miro a ella que miraba en la misma dirección y como tragaba de pronto y lo miro a él con una suerte de anhelo.

- ¿Qué es lo que pasa? – dijo está vez preocupada, la expresión casi asustada de él la confundía.

- ¡No lo vez! – dijo en voz alta como si lo que le sucedía a su cuerpo no fuera evidente

- Si… - dijo ella tragando con un rubor en sus mejillas, luego lo miró a él y al ver su rostro desencajado y casi aterrado lo entendió, aunque le parecía increíble – ¿Eso nunca te había pasado?

- No – reconoció él.

- ¡Nunca! – no, no era posible que nunca hubiera sentido eso, ¡Por todos los cielos! él era tan mayor como ella, pensándolo bien mucho, mucho mayor que ella, debería haber sentido algo.

- No, nunca – dijo está vez un poco molesto, no le gustaba demasiado ese tirón involuntario de su cuerpo, empezaba a sentirse realmente incomodo.

- Oh… bueno, eso es normal sabes – dijo ella con una sonrisa y tratando de calmarlo, era sin duda la situación más extraña de su vida – eso le pasa a todos los hombres, cuando están a punto de… intimar con su compañera.

- ¡Como puede esto ser normal! – le respondió y notó que poco a poco volvía a la normalidad – se siente, extraño.

- Confía en mí, esto es lo que sucede.

Inuyasha la miró sin poder terminar de creerlo, pero ¿Por qué le mentiría ella?, intentó relajarse y ella se acercó a él de nuevo, se acomodó sobre su regazo y con un brazo lo envolvió para pegar su boca a la suya poniendo besos suaves en sus labios, él respondió a su dulzura recorriendo su espalda con sus manos.

- Inuyasha esto te sorprenderá mucho creo yo – dijo ella suave contra su piel – pero no te asustes, solo recíbelo mientras no te cause dolor, confía en mi ¿Está bien?

- Si.

¿Qué será lo que nos hace eternos y además da sentido a la vida?

Ella lo besó intensamente entonces y él absorbió el calor de su boca, su dulce, dulce sabor, y quiso perderse en ese momento, en la sensación calida y preciosa que le envolvía solo cuando ella lo besaba, sintió su mano pequeña correr por lo largo de su estomago y llegar a su regazo, aun sobre su ropa ella la acomodó amablemente contra la protuberancia de sus pantalones y él sintió como si se quemara.

No, no era dolor, pero algo inexplicable.

Ella acunó su apéndice entre sus manos y empezó un leve y suave movimiento rítmico que subía y bajaba y él seriamente sentía que el aire le faltaba, ¿Cómo era posible que una sola caricia pudiera despertar está sensación en su cuerpo?

- Inuyasha… - dijo ella en su suave jadeo contra u oído – ¿Duele…?

- No – fue lo único que él pudo responder.

Oh, no, no era dolor en lo absoluto era algo completamente desconocido sin duda, algo que era tan intenso que podía ser calificado como dolor, pero no lo era, es más, deseaba que esa sensación jamás terminara, era lo mejor, sin duda, lo mejor que había sentido en el mundo y quería más de aquello, su pequeña mano frotando contra su miembro, se sentía caliente y exquisito, pero sabía que se sentiría mejor su la ropa no estuviera de por medio, en un movimiento algo desesperado jaloneo de la parte inferior de su haori y dejó la parte inferior de su cuerpo desnuda, ella solo se separo lo suficiente para darle espacio de hacer lo que deseba y después volvió en la rítmica caricia, cuando su mano caliente y pequeña rodeó esa apéndice de su cuerpo él solo pudo levantar su cabeza al cielo y soltar un hondo y profundo gruñido. Aun así deseaba más, no sabía que es lo que deseaba pero era más, más.

Devoró su boca con una suerte de desesperación que lo aniquilaba, miró los ojos de ella y no quiso separar su mirada de ella, había algo fascinante en la profundidad de los ojos de Kagome una especie de aire en su mirada que nunca había visto, ella aceleró poco a poco el movimiento de su mano y pronto se movía contra él en un ritmo que amenazaba con llevarlo a la locura.

Justo cuando se sentía al borde mismo de un precipicio sin saber a donde podía llegar si saltaba, ella se detuvo y puso besos calidos y sencillos en su rostro, pero cada beso solo dejaba una marca ardiente en su piel.

- ¿Estás bien? – pregunto Kagome con un tono ronco y delicado.

- Yo… si – respondió el hanyou casi sin aliento.

¿Qué será esto que no hay palabras, y además no se ve ni se toca…?

Pero no dijo nada más, no hacia falta. Oh ella le había abierto una puerta a un placer completamente desconocido, había sido lo mejor del mundo, ¿Cómo es que las caricias de los amantes podían sentirse así? No le extrañaba ahora que todos los humanos estuvieran tan ansiosos por formar parejas y entregarse unos a los otro, ¿Sentirían todos los mismo? ¿Sentiría ella lo mismo si él le hacia lo que ella le había hecho antes?

Pero… oh sus manos eran tan toscas comparadas con las de ella, las suyas eran manos pequeñas y delicadas, tan suaves comparas con las suyas que solo habían servido para empuñar su espada, sus garras solo habían servido para desgarrar, nunca había hecho nada con delicadeza y no sabía si podría ser capaz de ser delicado con ella, ¿Qué podía hacer para poder procurarle una caricia tan tierna y tan dulce como la que ella le había regalado llevándolo tan cerca de una especie de éxtasis.

"Bésame… bésame donde tu desees" había dicho antes ella, ¿Sería correcto que él la besara allí? ¿Sentiría ella lo mismo en ese lugar?

Viendo su mirada color chocolate tomó una decisión, ella le dijo que lo detendría si causaba dolor, y él deseaba muchísimo explorar su cuerpo tanto como le fuera posible. La recostó con delicadeza en el suelo como una diosa en un marco de sangre y besando su piel con olor a lavanda bajó por sus pechos, la escuchó gemir suave pero profundamente, siguió besando por su estomago, en sus caderas y en muda invitación Kagome abrió las piernas para él, ¡Oh! aspiró profundamente una bocanada de un aroma exquisito e increíble que nacía entre sus piernas, olía… Dios, nada en el mundo podía oler mejor de lo que olía Kagome en ese momento.

Inuyasha la observó un momento sin estar completamente seguro de cómo debía proseguir, estudiando la forma de ese lugar, el suave vello dorado y castaño, los pliegues de su piel mucho más suave que cualquier otro lugar de Kagome, quizás solo sus labios… si en realidad de eso tenían forma, de labios para ser besados.

Y la besó.

Recorrió ese oculto y aromático lugar con la misma delicadeza con la que había besado sus labios mientras la escuchaba tratando de respirar, ella también debía estar perdiendo el aliento, pero cuando subió poco a poco besando todo lo que su boca se atrevía, llegó a un cierto lugar, un pequeño botón que hizo que ella se arqueara y soltara un gemido que llegó como una saeta a su ingle e hizo que sintiera la dureza de nuevo en su centro

Es un mandato de Dios, la expresión de su voz en la forma perfecta.

Es sortilegio de amor, es milagro de dos, un encuentro de almas.

Kagome estaba a punto de volverse loca, no sabía como había llegado Inuyasha a la conclusión de besarla allí, justo allí, se había emocionado por la forma en la que él había aprendido como llevar a cabo ese acto de una forma tan perfecta, sus besos, sus caricias, y la forma en la que había reaccionado a su toque habían sido increíbles.

Y ahora la tocaba, la besaba allí y ella sentía que podía tocar el cielo, de hecho podía ver estrellas frente a sus ojos y una descarga poderosa de placer, cada vez que la lengua de él pasaba sobre el botón de su clítoris.

Gracias al cielo estaba recostada en el suelo en la suavidad de su rata de fuego, por que sentía que el cuerpo no tenía un solo hueso, ella toda entera solo era piel y carne que sentía, sentía todo lo que él le estaba haciendo, se encontró a si misma soltando suaves gritos cada vez que el presionaba y rozaba el botón de hacia explotar sensaciones que no creyó posibles, había pensado que la gente hacia demasiado escándalo por el sexo, que lo elevaban a un nivel que no creía de verdad que mereciera, pero cuando el atrapó el sensible punto de placer en su cuerpo con sus dientes ella gritó abiertamente y sintió que estaba más allá de la razón.

El medio asustado por el grito de ella se levantó y buscó sus ojos, ella no pudo decir palabra alguna pero dejó que él explorara dentro de sus ojos para calmar su miedo.

- Todo está bien Inuyasha… - dijo casi divertida aun algo sofocada.

- Pero… tú gritaste – dijo él sin poderle creer.

- Y tú también – dijo ella con una sonrisa perezosa y tierna mientras pasaba sus manos por su largo cabello plateado – no esperaba que fuera tan intenso pero supongo que sigue siendo como debe ser.

Es un mandato de Dios, la expresión de su voz

en la forma perfecta.

Volvieron los dos a caer sobre el tatami frió debajo de la rata de fuego, la hoguera que había sido encendida casi se extinguía, pero la claridad blanca de la nieve iluminaba la habitación y entre los dos cuerpo entrelazados y juntos producían todo el calor que necesitaran.

Los sueños… Kagome había tenido un montón de sueños de cómo sería su primera vez, de que momento y lugar tomarían y como sería, pero de algún modo, ninguno de sus sueños podía compararse con lo que en realidad se sentía, él era tan tierno y tan apasionado al mismo tiempo, paso largos momentos recorriéndola con la boca y las manos, que no podía decir si habían sido horas o días, recorriendo todo a lo que ella respondiera pero por algún motivo que ella no comprendía él simplemente no llegaba hasta el final, era placentero todo lo que hacia con ella, y realmente lo estaba disfrutando pero llegó al punto en que deseaba más, quería recibirlo en su interior, tenerlo dentro de ella por primera vez, lo había soñado tanto que solo deseaba que finalmente ocurriera.

- Inuyasha… - gimió suavemente cuando el mordisqueo con delicadeza su cadera, la sensación le recorrió por toda la espalda como electricidad – por favor.

- ¿Por favor que Kagome? – preguntó él aun recorriendo la piel de su cadera y sus muslos

- Entra en mí – le rogó ella.

- Estoy en ti Kagome.

- No – suplico ella – yo quiero sentirte dentro de mí.

Inuyasha se colocó de nuevo frente a ella y la besó profundamente haciéndole a su boca todo lo que ella deseaba que hiciera entre las piernas, él siguió besándola dura y largamente, y ella en respuesta levantó sus caderas para acunar su miembro entre ellas, estaba mojada, ansiosa y preparada, solo deseaba que llegara allí finalmente.

- Inuyasha… - insistió ella sin querer esperar mas

- Estoy en ti Kagome… - fue lo que respondió él.

Fue cuando finalmente Kagome entendió algo, quizás… fuera posible que él no estuviera haciendo lo que sigue por que no sabía como es que debía hacerlo, no por que estuviera retrazando el momento, ¿Sería así realmente?

- Inuyasha… - no sabía como preguntarle – ¿Tú sabes verdad?

Y él con una sola mirada le dio un tan estridente "no" que ella no supo que es lo que debía hacer en ese momento, como explicarle la dinámica de lo que seguía, se supone que todos los seres vivos lo sabían por instinto ¿O no?

- Es… como… - como decirle por dios, habría sido más fácil si le tuviera que explicar el propósito del hombre en la tierra.

- ¿Cómo gatos? – dijo el de pronto.

- ¿Gatos? – preguntó ella confundida.

- Solo lo he visto… en gatos – dijo él deteniéndose un momento – era luna nueva, estaba en una cueva oscura y lo único que había allí eran gatos monteses, muchos gatos monteses, no podía salir por que afuera había enemigos, no lo hice a propósito yo no…

- La mecánica es la misma – dijo ella antes de que tuviera que aclarar algo que ella ya sabía – básicamente, es lo mismo que con los gatos… creo.

Kagome respiró profundamente cuando él se levantó y colocó su cuerpo contra el suyo dándole la espalda, ella deseaba esto, se sentía tan necesitada de esto que el dolor que le habían advertido que sentiría en ese momento importaba poco. Él paseo sus manos por su pecho y su estomago para sostenerla con fuerza mientras hociqueaba su cuello con sus labios y ponía dulces besos en él, ella se limitó a relajar su cuerpo y poner sus manos sobre las suyas donde la sostenía, darle una señal de que en esto estaban juntos.

Con sus propias piernas Inuyasha separó las suyas y su miembro acaricio esa parte de ella tan calida y tierna, sintió un real escalofrió ir por toda su columna, se preparó para el momento, pero cuando paso solo pudo gritar.

Él de repente hundió sus colmillos en su cuello con fuerza y de una sola estocada firme y fuerte entro en ella, dolor la rebasó como una bala, y ella gritó de dolor pero enseguida trato de acostumbrarse, se mordió los labios aguantando mientras el dolor se mitigaba poco a poco.

Es sortilegio de amor, es milagro de dos,

un encuentro de almas.

Y una vez estuvieron realmente juntos todo pareció esclarecerse y solo el instinto guió.

La hoguera se apagó por completo lo que los dejó al abrigo solo de la nueve blanca y la oscuridad de la cabaña, brillos de plata cubrieron los cuerpos desnudos mientras se movían uno contra el otro.

Está sensación era la más maravillosa del mundo, tenerlo dentro de ella como iba y venia como una marea sensual y calida y se extendía por todo su cuerpo, desde su calor más intimo por su estomago y sus pechos y sus brazos, por sus piernas y pies, ¡Dios! lo podía sentir casi hasta en el cabello, su espalda completamente pegada a la suya y sus manos que la sostenían tan fuerte y con una suerte de desesperación, mientras su boca y sus colmillos seguían en su cuello, pero no era doloroso, no sabía como es que no era doloroso, pero no lo era, si no por el contrario, había ese espíritu instintivo que de él llegaba a ella.

Inuyasha se sentía como si estuviera tocando el cielo, ¿Cómo es que nunca había sabido lo que era esto? ¡Como nunca había siquiera imaginado lo que se sentiría ser parte de alguien! su miembro alojado allí en esa parte tan calida de ella mientras sus cuerpos bailaban en un compás eterno que lo empujaba más alto y más libre en cada propulsión, sus colmillos rompiendo su delicada piel y dejando que el sabor espeso y ocre de su sangre le llenara la boca y el único pensamiento que podía formular era uno que se repetía incansablemente "mía… mía para siempre… mía"

Ninguno de los dos podía pensar con cordura cuando las sensaciones se hicieron más y más intensas, solo podían arrojarse a ellas, algo vendría, algo que los dos podían sentir sin ninguna duda y sin tener la más mínima idea de lo que en realidad era, pero allí estaba, urgente, poderoso, inalcanzable al parecer y al mismo tiempo solo al borde de poder ser tomado entre las manos y…

Cuando los alcanzo a los dos al mismo tiempo, los retorció y los recorrió como un relámpago, una energía indecible e imposible de describir con palabras, que lo abrazó a él y la llenó a ella allí en el lugar donde sus cuerpos eran completamente uno. Kagome soltó un grito cargado de placer y sintió como lagrimas corrían por su rostro mientras él la empujo más duramente contra su regazo esperando poder sentir todo, no perderse de nada mientras la sostenía con todas sus fuerzas, no sabía si le estaría haciendo daño pero estaba mucho más allá en ese preciso momento, sintió derramarse en ella, no sabía que estaba pasando pero algo de él estaba llegando a ella y eso solo lo hizo sentir con mucha más intensidad esa… ese tipo de liberación. Kagome sintió la descarga de él dentro de su cuerpo y se sintió maravillada de lo calido que se sentía, de lo peculiar y deliciosa sensación de sentir su semilla dentro de su cuerpo mientras él no dejaba de ir hacia ella, mientras con la suerte de desesperación de él la inundaba a ella se sensaciones y dejo que el clímax los llevara a los dos hasta el limite.

Por minutos que en realidad parecieron horas se mantuvieron en esa posición hasta que las descargas de energía finalmente menguaron y se dejaron caer los dos sobre el tatami y la rata de fuego, él dejo que su peso cayera sobre ella y permanecieron así por largos minutos, cuando él recupero un poco de energía se dejó caer a un lado y la cogíó de la cintura para que fuera el peso de ella el que estuviera sobre él, llevó sus labios a su cuello y empezó a lamer sobre la mordedura que le había hecho con ternura, el tacto áspero de su lengua la estimulaba de nuevo recorriendo su cuerpo.

- ¿Que fue eso? – dijo Inuyasha todavía tocándola y lamiéndola.

- ¿De que hablas? – dijo ella medio aturdida.

- De eso último… - dijo mientras el solo recuerdo de la sensación lo hacia estremecer – no imagine que algo se pudiera sentir así.

- Bueno – dijo ella con una sonrisa perezosa – la verdad yo tampoco.

- Con razón Miroku persigue a Sango a todos lados, esto es lo que ellos hacen para tener bebes ¿Verdad?

Es…

Kagome solo pudo reír maravillada del asombro de su joven hanyou de su inocencia y ternura.

- Inuyasha… - lo llamó

- Si.

- Te amo – dijo ella con más seriedad – jamás había imaginado que podía amar tan completamente a alguien y compartir esto con otra persona, en mi corazón desde que te conocí solo has sido tu. Desde que me di cuenta que te amaba solo has sido en todo tu, espere tanto este momento y cuando llegue a pensar que no llegaría quise morir, pero ahora, se que nada va a separarnos, no podría ser más feliz, realmente no podría llegar a ser más feliz.

- Kagome…

Él no sabía como decir algo tan hermoso como lo que ella acaba de decir, pero no era de nuevo, ni la mitad de lo que él sentía. Su lado instintivo desde hacia mucho la había hecho su compañera, aquella a la que debía proteger y velar y al parecer su corazón humano la había reclamado mucho antes, no solo para protegerla, si no para amarla, para vivir su vida a su lado, para cuidar de sus sueños, de su corazón y de su aliento, lo daría todo por ella, sin escatimarlo nada, sin pensar jamás en las consecuencias, le pertenecía tanto que debería aterrarlo, pero no era así, así ella le arrancara el corazón él se lo entregaría libremente. Ella era para él… la vida y la luz, su sangre, su piel y su carne… y muchísimo más.

- Te amo – dijo él al final sin saber como explicar lo que sentía – siempre Kagome, mi vida es para ti.

Ella lo miró con ilusión y felicidad en sus ojos y se recargó del todo en su cuerpo desnudo y besó sus labios con delicadeza y deseo al mismo tiempo, cuando lo sintió tironear entre sus caderas sonrió con travesura.

- Si tu vida es para mí – dijo con una sonrisa cómplice y divertida – supongo que en el paquete puedo tener también algo de tu delicioso cuerpo.

- Todo lo que tú quieras de mi Kagome – dijo él sin vacilar.

Ella sonrió y devoró su boca de nuevo con anhelo mientras él enterraba sus manos entre su cabello y correspondía al beso que ella le entregaba con la misma pasión, poco tiempo paso para que sus manos vagaran por su cuerpo desnudo y caliente y todo volviera a empezar. Los primeros rayos del sol entraron en la pequeña cabaña con la claridad de la mañana.

Un día nuevo había empezado.

Sábado 26 de junio de 2010

12:15 a.m.

:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:-:

Nota de autora: solo para mi record personal, 7000 palabras exactitas ^_^

Bueno que puedo decir, ya les había hablado antes de este bonus que tenía tantas ganas de hacer, me había estado pasando por la cabeza un montón de veces esa escena que ella sueña de su primera vez con Inu y dije, oh esto tiene tantas posibilidades y finalmente me decidí a darle seguimiento, la verdad fue realmente complicado por que a) capturar la esencia que yo quería de Inuyasha en la que él no supiera nada de nada sobre como llevar a cabo el acto y como ella le explicaba fue un reto y b) la canción de nuevo se hizo la difícil pase un par de horas en mi biblioteca musical y finalmente di con está canción "Sortilegio de amor" de Il Divo, excelentes cantantes debo decir.

No me queda más que decir que gracias, a todos ustedes que estuvieron aquí todo el tiempo - pero hey aun no se vayan que aun faltan los premios ténganme un poco de paciencia por que siempre me tomo un pequeño descanso después de cada fic para seguir con los demás, pero lo juro por toda mi colección de mangas de inuyasha que volveré - de verdad mi mayor tesoro es haber llegado a su corazón y las satisfacción de crecer con ustedes cada dia con todo lo que le sucede a inuyasha y compañía, pensar que aprendemos de amor y esperanza creo que vale la pena - además de el tercer lugar que ganamos, por que si ustedes y yo lo ganamos en el portal de ff. net en español de facebook - espero disfruten de este pequeño fan service

Bueno sin más me despido, si me buscan ya sabes donde pueden encontrarme solo dando clic allí donde dice "Review this Chapter"

Shian shen Mimi chan