Título: BELLUM
Autora: Clumsykitty
Fandom: MCU, AU (universo alterno)
Parejas: Thorki, Stony principalmente.
Derechos: Nah, Marvel como siempre se lleva todo.
Advertencias: algunos nombres han sido alterados por locuras de la autora, otros nombres son retomados de sus originales históricos sin relación alguna con éstos. Por si alguien se lo pregunta, esta historia se halla inspirada en esa hermosa como tormentosa saga llamada Juego de Tronos (los libros) del gordito más temido, George R.R. Martin. Ojo, basada no igual.
Bellum. Guerra (latín).
Gracias por leerme.
Veinticuatro. Hijos de Gaia.
Now there's no point in placing the blame
And you should know I suffer the same
If I lose you
My heart will be broken
Love is a bird, she needs to fly
Let all the hurt inside of you die
You're frozen
When your heart's not open
Frozen, Madonna.
Las piras funerarias iluminaron los Campos Nublados, bajo las miradas tristes de quienes daban la última despedida a los suyos, sin importar ya si eran del Norte o del Sur, se acompañaron igual en el dolor de un luto silencioso pero amargo. El cielo volvía a prometer un nuevo amanecer cuando encendieron las piras, luego de buscar los cuerpos de todos los valientes que habían perdido la vida en la batalla contra la Fe Verdadera, sin importar el cansancio de sus cuerpos o las heridas que más tarde fueron atendidas cuando los primeros fuegos fueron encendidos. Anthony se abrazaba a su madre, aún con lágrimas en sus ojos mientras el cuerpo de su hermano mayor era consumido con el fuego abrasador de su pira, con su Lobezna rota sobre su pecho, listo para volver al vientre de Gaia con la frente en alto al haber conseguido la mayor gloria de aquella guerra. Nadie había podido evitar la intervención del Príncipe Heredero cuyo amor por su familia había sido tan grande que el arriesgar su vida era un precio nimio con tal de acabar con la amenaza sangrienta del Dios de los Tres Rostros.
Por siempre se alabaría su nombre en las generaciones siguientes, pero ahora Malle sentía su cuerpo entumido como su razón, viendo el fuego rodear el cuerpo de su primogénito con lágrimas congeladas en su rostro aún manchado de sangre y hollín, con moretones y cortaduras. Uno de sus brazos rodeaba a su pequeño hijo, acariciando distraídamente sus cabellos en consuelo que no podía sentir ella misma, aunque una parte muy pequeña de su espíritu le decía que Aldair había hecho lo que había creído correcto, proteger lo bueno del mundo sin importar cómo. No solo por él sino por todos los demás a quienes apreciaba. Su otra mano sujetaba su Claymore enterrada en el suelo como era costumbre entre ellos en un adiós definitivo. La Reina del Norte sintió una mano sobre su hombro libre, girando apenas su rostro hacia Steven quien asintió apenas, gesto que ella correspondió apretando sus labios.
-Yo he perdido un hijo, tú has perdido una madre –murmuró en voz baja.
-Pero aún quedan los vivos que necesitan de nosotros –replicó el rubio, mirando hacia la pira- Todavía no hemos terminado de salvar al mundo, debemos continuar por aquellos que nos han confiado con sus vidas la misión de resguardar su esfuerzo.
-Eres un gran rey, Steven Roggers.
-Tú la mejor de las reinas, Malle Stark.
-Anthony –ésta separó a su hijo de su hombro, limpiando con una mano su rostro- El amanecer llega y nosotros tenemos pendientes. Tienes aún contigo al joven Petya, y ése mercenario, que te ayuden para reorganizarnos, hemos de procurar la seguridad del Reino Sur antes de volver a casa con las cenizas de tu hermano para darle sepultura digna en la Fortaleza, darle la noticia a Dwen.
-Sí, madre.
-Steven, ¿puedes ayudarle? Quisiera estar a solas estos últimos momentos.
-Como lo ordenes, Majestad.
Pasando un brazo por los hombros del castaño, el rey se lo llevó lejos de la pira que estaba terminando de consumirse, llamando a Petya que no estaba muy lejos, con un brazo descansando sobre una tablilla atada con vendajes a su cuello pero vivo. Wayde tenía la cabeza vendada como sus manos y una pierna, mirando la pira con seriedad. Los cuatro se retiraron igual que los lores detrás de la Reina Stark a quien dejaron a solas para terminar su despedida. La mayoría de las piras estaban extinguiéndose cuando los primeros rayos del sol comenzaron a salir por el horizonte, calentando sus empapados y cansados cuerpos. Jurian le trajo a Malle un jarrón donde poner las cenizas de Aldair que le ayudó en silencio a recolectar. Todos estaban listos para partir con un sol ya en el firmamento en medio de nubes frías del invierno cuando sintieron una brisa más fuerte soplar de largo todos los Campos Nublados, deteniéndoles de sus actividades.
Con ojos atónitos, miraron aquel brillante sol comenzar a ser eclipsado por la Hermana Mayor, dejando a la Hermana Menor tomar un color rojizo oscuro cual sangre coagulada. Se miraron entre sí, confundidos como atemorizados de que la amenaza de la Trinidad ni hubiera aparecido. Los cielos se hicieron más grisáceos por las nubes multiplicándose con una baja de temperatura súbita que les hizo titiritar. Los caballos se agitaron, nerviosos, apenas si contenidos por sus jinetes. Steven frunció su ceño, llamando a sus hombres como a Malle para que se retiraran de ahí, tenían la Provincia Bhart como el territorio más cercano para descansar, consejo que aceptó la reina, igualmente llamando a sus hombres bajo esa oscuridad extraña con un viento trayendo rocío helado sobre sus cabezas y hombros.
Más de uno dirigió la mirada hacia los Campos Nublados conforme los fueron dejando atrás, creyendo que de un momento a otro de las cenizas se levantarían una vez más los Adoradores de la Sangre, pero solamente vieron como una débil tormenta de nieve comenzaba a caer, manchando sus níveos copos con el lodo, sangre y cenizas del terreno. La cabalgata no fue apresurada pero tampoco lenta, entrando al a provincia con esa misma tormenta cubriendo parte del paisaje bajo las penumbras del singular eclipse. Lord Quill llamó la atención de todos, al ver a lo lejos una comitiva proveniente del Norte correr hacia ellos. Steven y Anthony intercambiaron una mirada, ambos adelantándose al unísono para recibirles mientras que Malle se mantuvo entre Lord Romanova y Lord Bann, observando con extrañeza a los jinetes pues no traían armaduras, sino venían envueltos en gruesas capas y abrigos de pelaje espeso con manchas blancas, signo inequívoco de que habían estado bajo una densa tormenta de nieve.
-Rivja… -susurró Brjánn, sonriendo pero después frunciendo su ceño- ¿Qué…?
Lady Bann venía en la comitiva, con unos cuantos guerreros flanqueando su grupo donde destacaban otras mujeres y también el Maestre Jarvis. Anthony pasó saliva al ver en el medio a Dwen Stark, inmediatamente bajando su vista a su vientre redondo. Los hijos de su hermano, como había mencionado. Steven avanzó aprisa, saludándoles rápidamente antes de preguntarles la naturaleza de tan extraña visita, notando como sus capas y abrigos todavía tenían rastros de nieve que aún en el Norte no debería ser tan abundante, el invierno apenas comenzaba.
-Bienvenidos sean al Reino Sur, ¿qué sucede que han cabalgado así tan repentinamente?
-Rey Steven –respondió Rivja- Huimos del azote del hielo.
Campanas, cuernos y aullidos de lobos anunciaron a medianoche un extraño suceso, un viento que jalaba gruesas nubes que fueron dejando caer una tormenta de nieve que no paró y cuyo frío era tal que animales y plantas comenzaron a perecer congeladas. La llamada de alerta había provenido del Clan Zartulian como del Clan Cholld, desafortunadamente no todos ellos pudieron salir a tiempo antes de que las garras de hielo les alcanzaran, quedando atrapados bajo el manto pálido cuyo avance era imparable por más fuego o muro que intentaron poner de por medio. Pero no solo fue eso, todo el Bosque Sagrado comenzó a despedir hojas negras que inundaron patios, pasillos, ventanas y puertas con un aroma a muerte que les erizó la piel. Lady Bann no perdió tiempo, cabalgando hacia la Fortaleza del Gran Lobo en busca de la Princesa Dwen para sacarla de ahí junto con algunos hombres antes de que esa maldición les tocara.
-Entrábamos a los Páramos de los Ancestros cuando la tormenta nos alcanzó junto con unas raíces podridas pero negras que serpentearon debajo del suelo bajo nosotros como tratando de impedirnos el llegar a La Garra –continuó Lady Rivja- Perdimos unos hombres que se quedaron cual escudo para que nosotros continuáramos la carrera. Lamento no haber traído conmigo al resto de nuestras familias que ahora deben dormir bajo el hielo, no creí que esto fuese… tan serio.
Hubo un pesado silencio, mezcla de terror y confusión. Malle apretó las riendas de su frisón, cerrando lentamente sus ojos con un suspiro derrotado.
-Es mi culpa –habló con fuerza.
-¡Madre!
-Yo invoqué esta maldición cuando el Rey Steven se presentó ante mí en el Trono Negro. De correrse más sangre Stark, Gaia no volvería a ver la luz del sol ni vida alguna.
-¿D-Dónde está Aldair? –preguntó al fin Dwen mirando a todos, con ojos húmedos.
La Reina del Norte le respondió, ahogando en su pecho el llanto de la joven al escuchar tan funesta noticia. Siguieron su camino al castillo señorial del Marqués de Bhart, tenían que descansar lo más que pudieran antes de pensar en alguna solución. El Maestre Jarvis recibió cuervos que previamente había enviado a partes más lejanas, como las Islas Aulladoras desde donde hubieran partido los primeros navíos de la Orden de la Moneda, allá en el Archipiélago Este. Los cuervos trajeron hojas congeladas, trozos de tela congeladas cual piedra, salvo que era un hielo azul pálido que habían quemado sus garras. Aquella maldición no solo avanzaba sobre el Norte, sino también sobre toda Gaia, de seguir así, su mundo quedaría cubierto por completo en cuestión de días bajo un manto blanco para toda la eternidad.
-Loki –dijo Anthony a Steven cuando estuvieron a solas- Es Loki.
-¿Cómo lo sabes?
-Él mismo me lo dijo, él tiene ese poder, recuerda que es Hijo del Hielo… está cumpliendo su palabra.
-No podemos matarlo solamente porque está congelando todo.
-¿Steve? –el príncipe le miró azorado.
-Lo único que ha atestiguado es la partida de su tierno lobezno –una mano vendada acarició el rostro del castaño- El rompimiento de los lazos en el Norte, el abandono a la fe del Gran Lobo Gris. Ha estado perdiendo lentamente todo lo que le era preciado.
-¿Crees que…?
-No podemos desperdiciar esa oportunidad. Tenemos que intentarlo, por Aldair.
Anthony azotó un puño sobre la mesa. -¿Dónde demonios estás, Brux Bann? Te necesito ahora. Necesito que me expliques de nuevo… necesito…
-Ssshh, calma –Steven le abrazó al verle temblar.
-Ellos lo sabían, la Fe Verdadera, sabían que si provocaban esta guerra al menos uno de nosotros moriría y Loki nos exterminaría en castigo, jamás pensaron en hacerlo ellos. Como los odio.
-Tranquilo, Anthony, no pierdas la esperanza.
-Tienes razón, Steven, yo no podría levantar mi espada en contra de Loki. Ni en estos momentos.
-Por eso debemos encontrarle y hacerle entrar en razón.
No fueron los únicos con tales pensamientos, Malle también esperaba intervenir con el hechicero antes de que Gaia no fuese más que un recuerdo, apenas si descansando unas horas, recibiendo de manos de Petya algo de alimento antes de llamar a sus mejores Lobos de Hierro para una misión suicida, a la que se unieron Steve y Anthony pese a las quejas de la reina, pero el rubio le explicó el plan que tenía su hijo. Sería una apuesta a ciegas más no la iban a desperdiciar. Dejando un buen número de guerreros y caballeros en las afueras del castillo del Marqués de Bhart, partieron una vez más, en dirección hacia La Garra con la finalidad de detener el avance del hielo antes de que tocara el Reino Sur. Jurian y la Guardia Real también estaban presentes, como el Barón Kuld, el propio Bhart y el Gran Marqués Charterns. Cabalgaron tan aprisa como pudieron entre el cansancio y las heridas con ese eclipse en su camino y un viento frío soplando con mayor fuerza conforme alcanzaban aquella frontera, deteniéndose a metros de La Garra al contemplar un paisaje que les dejó de piedra.
Los Páramos de los Ancestros aún no estaban cubiertos de hielo pero a lo lejos, lo único que podían ver era una enorme mancha blanca que se extendía a todo lo largo del horizonte bajo unas nubes grises avanzando cual reptil en el cielo, oscureciendo aún más el día eclipsado. Anthony se volvió a su madre, tomando su mano para hacer que le mirara.
-Debemos ir solamente los dos, esto es demasiado peligroso.
-Bajo circunstancia alguna les abandonaré.
-Si pisan el Reino Norte tal y como está, la furia de Loki será incontenible, permíteme intentar hablar con él, madre.
Malle Stark tomó aire, aun resentida por la pérdida de Aldair. –Gaia sabe cuán importante eres para mí, y si he de enmendar este error mío cobrando una vida más, elijo la perdición antes que tu muerte, Anthony.
-No habrá necesidad de ello –trató de animarle el castaño aunque no estaba muy seguro de sus palabras ni de sus acciones- Esperen aquí.
-¿Qué pasará si el hechicero no les escucha? –quiso saber Jurian.
-Entonces… buscaremos una forma de sobrevivir –respondió Steven, azuzando su caballo que Anthony siguió con su frisón.
Cuando alcanzaron los pantanos de La Garra, en medio de un frío que ni sus capas y abrigos pudieron solventar, se dieron cuenta de que el agua estaba agitada y que más allá, en los Páramos de los Ancestros, algo se agitaban por debajo de la tierra que estaba cubierta casi en su totalidad por hojas negras. Steven bajó del caballo, igual que Anthony, decidiendo ir a pie para evitarles cualquier sufrimiento inesperado a sus animales. La Marca se negó unos minutos pero el príncipe le calmó, acariciando sus crines antes de devolverla al Reino Sur. Tan solo con el escudo, una espada, una Claymore y sus dos voluntades, ambos caminaron atentos a su alrededor por entre los pantanos y matorrales hasta llegar a donde comenzaba el Reino Norte. El Rey del Sur fue el primero en poner un pie en la playa de los Páramos de los Ancestros, asegurándose de que no hubiera peligro antes de llamar al joven Stark a su lado, con sus alientos cual vapor blanco ante el frío cada vez más cruel que azotaba sus rostros y capas.
Habían recién dejado atrás la playa cuando vieron como el terreno se agitó bajo sus pies, con raíces negras brotando de repente y una ventisca amenazando con lanzarlos de vuelta al agua, resistiendo apenas al enterrar sus espadas como medio para sujetarse. Anthony levantó su rostro al escuchar un rugido conocido, viendo como las nubes avanzaban más veloces, abriéndose ante el paso de un dragón de hielo con ojos rojos que cayó frente a ellos de golpe, lanzando una bocanada de aire congelado. Steven reaccionó lo suficientemente rápido, rodando por entre las raíces, jalando consigo al príncipe antes de que aquella ráfaga les atacara, viendo cómo se creaba un puente helado sobre el agua por aquel hechizo níveo. Las garras de Loki rasguñaron el suelo, abriendo zanjas que se llenaron de hielo de inmediato, agitando sus alas, bajando la temperatura. El castaño jadeó, mirándole atónito antes de tomar aire y hablarle con todas sus fuerzas.
-¡LOKI! ¡DETÉN ESTO!
Su única respuesta fue un mordisco del cual tuvieron que huir antes de ser triturados por unos colmillos transparentes más fríos que arrancaron una parte del terreno con raíces, escupiéndolas antes de ir tras ellos, sobre los Páramos de los Ancestros. El Rey del Sur fue atrapado por un tobillo cuando una de las raíces le alcanzó, lanzándolo al aire para que le dragón pudiera atacarle libremente. Anthony gritó, cortando otras raíces que quisieron atraparle.
-¡LOOOOKIIIII!
Fue el escudo de Steven quien impidió que la nueva ráfaga de hielo le tocara, terminando estampado contra el suelo por una garra furiosa que se levantó una y otra vez como deseando enterrarlo en el suelo. El príncipe corrió, apretando sus dientes por el frío que le hizo trastabillar como el terror cuando el rubio usó ambas manos bajo su escudo que fue castigado por esas enormes como negras garras. Loki rugió al ver que aún estaba vivo, contrayendo sus garras para sujetar el escudo que comenzó a doblarse en dos, usando el peso de su gigantesco cuerpo empujando ese quiebre del metal contra el pecho del Rey del Sur.
-¡NOOOOO! ¡LOOOOKIIIIII!
Una mancha carmesí oscura brotó entre las hojas de la armadura de Steven, quien aun así trató de empujar el escudo sin mucho éxito. Anthony llamó a Loki, con lágrimas en los ojos, gritando en rabia al izar su Extremis que enterró en ángulo contra aquella garra, viendo como la hoja larga de su mandoble penetró en la piel blanca del dragón. Los ojos castaños del Lobo de Hierro miraron aterrados, suplicantes, desesperados a los rojizos y furiosos del dragón sobre ellos.
-Por favor… Loki… por favor… por favor…
-A-Antho…
-No, por favor… ¡Loki!...
La tierra retumbó una vez más, atrayendo por segundos la atención del Hijo del Hielo, pues desde una lejanía distante se escuchó un poderoso rugido no humano, más hueco que fue acercándose cual flecha. Una mole tumbó al dragón con un empellón violento, al aterrizar a su lado, liberando a Steven aunque tenía el pecho abierto. El joven Stark le abrazó, sin saber qué estaba ocurriendo, atreviéndose a ver ante sus ojos una titánica criatura hecha de roca, musgo y corteza, al parecer. No estaba seguro. Era muy fornida, con puños poderosos que rechazaron con facilidad los intentos del hechicero de acercarse. Cuando la criatura se volvió a ellos, brevemente, fue que Anthony abrió sus ojos de par en par con un jadeo al reconocer esa mirada.
-¡BRUX!
El embate fue brutal, pero todo parecía empeorar. Por sobre todo el violento ruido de las dos criaturas enredadas en un combate, el castaño alcanzó a escuchar los relinchos lejanos de los caballos. Malle iba hacia ellos. Miró a Steven, quien palidecía a cada segundo, temblando al verle así, con sus lágrimas congelándose en sus ojos cual astillas contra su piel. Más rugidos vinieron al auxilio de Loki, Gigantes de Hielo elevándose por entre la nieve, como esqueletos deformes que se multiplicaron, dispuestos a atrapar al Gigante de Roca quien era nada menos que el Hermetista Bann, mismo que les divisó a lo lejos como a la caballería de la Reina del Norte. Con un revés de su puño, se deshizo del agarra del dragón, saltando de golpe hacia La Garra, deteniendo a los demás con su sola presencia. Brux enterró de golpe sus manazas en los pantanos y levantó cual alfombra una muralla de tierra y lodo, separando por completo ambos reinos, dejando a Malle como al resto dentro del Reino Sur, protegidos tras esa altísima muralla que los Gigantes de Hielo trataron de romper al correr hacia él.
-Loki… -sollozó Anthony, sintiendo como el frío también comenzaba a reclamar su vida.
Cualquiera que haya sido el método para que el Hermetista obtuviese ese poder, estaba ayudándole a destruir a los Gigantes de Hielo que treparon al muro queriéndolo cruzar. Los puños del Gigante de Piedra los redujeron a mero polvo blanco que la tormenta de nieve se llevó ante la ira del dragón, que enterró sus cuernos negros contra el cuello de Brux para terror del Príncipe Stark. El Hermetista cayó contra aquella barrera que había construido, abriendo un boquete con su cuerpo.
-¡BASTAAAA, LOOOOKIIII! ¡DEEETEENTEEEE!
El dragón hizo un giro en el aire al escuchar aquel grito desesperado de Anthony, ya semi cubierto por raíces negras, copos de nieve y hojas negras igual que el Rey del Sur cuyo aliento estaba desapareciendo. Con lágrimas en los ojos, el castaño hizo un último llamado desesperado a la cordura del hechicero, viéndose reflejado en aquellos ojos carmesí que no le devolvieron misericordia alguna, irguiéndose a todo lo largo de su cuello para lanzarles un último como fatal ataque de hielo. El Lobo de Hierro solamente cerró sus ojos ante lo inevitable, acunando al rubio contra su pecho, pidiendo a Gaia que permitiera a sus espíritus mantenerse juntos en la muerte.
Un silbido acompañado de un par de relámpagos intervino al momento. Loki levantó su mirada al ver una cadena de oro estirarse al máximo con un martillo girando veloz en el aire y que se enterró con puntería certera en su pecho, justo en su corazón, atravesando sus escamas de hielo. Todo pareció detenerse, la tormenta, el frío, los sonidos, el tiempo. Con un leve gruñido más de dolor que de furia, el dragón se miró aquella arma clavada en su pecho, comenzando a deshacerse en copos de nieve revoloteando en un torbellino, revelando la forma humana del Hijo del Hielo con una mano sosteniendo el martillo con expresión confundida, reconociendo el arma. Aunque su pecho comenzó a sanar, su mirada airada viajó a lo largo de la cadena hasta el otro extremo que sujetaba nada menos que Dzor Odinson, erguido sobre una de las piernas del Gigante de Roca tendido, con vendajes manchándose a peligrosa velocidad y pálido por el esfuerzo hecho de cabalgar hacia ellos con el fin de detener al hechicero.
Loki le miró atónito antes de tirar de la cadena con rabia, haciendo que el Señor del Martillo trastabillara pero fuera hacia él. Anthony levantó una mano pero fue un gesto inútil porque estaba lejos de él, siendo testigo una vez más de cómo aquella misma mano que tiró de la cadena se convirtió en una fina pero larga estaca de hielo que atravesó el pecho del Gran Duque, quien no hizo nada por evitarlo. La estaca se manchó de rojo igual que el suelo. El hechicero miró rabioso al caballero, escuchando únicamente palabras tiernas brotar de sus blancos labios antes de que la vida se le escapara, con sus ojos azules contemplándole igual que cuando estuvieron juntos en el Bosque Sagrado por ese breve espacio de tiempo.
-… tenías… t-tenías razón… tu… tu nombre fue mi… p-perdición… dulce perdi… ción… más… Gaia… sabe q-que… he cumplido… mi… mi… -Dzor tosió sangre- … su hijo… ha vuelto… seguirá… v-vivo… he… aquí… mi vida… p-por él…
Los ojos carmesí del Hijo del Hielo cambiaron de golpe al verde conocido, abriéndose por completo en una expresión de horror al volver en sí, sacando su estaca del pecho del Señor del Martillo a quien abrazó con un gemido ahogado, temblando por primera vez al caer al suelo con el caballero sobre su pecho, quedándose con una sonrisa congelada antes de que sus ojos perdieran brillo. Loki jadeó, mirando alrededor, viendo al príncipe en similar posición con Steven en sus brazos, desangrándose. Sus ojos viajaron alrededor, la destrucción como el hielo, el cuerpo del Gigante de Roca que no se movía, la columna levantada, las ahora quietas raíces negras. El eclipse con una luna negra y otra rojiza, las nubes gruesas y frías.
-¿Qué he hecho…? ¿Qué he hecho? No… no… -bajó su rostro hacia Dzor, acariciándolo- No… no… no… no… no… Gaia…
Como si el nombre invocara un nuevo prodigio, toda la tierra tembló de nuevo, atrayendo la atención de todos por igual sin importar dónde se encontraban porque fue un estremecimiento uniforme, cuyo centro fue en la desaparecida unión, La Garra, que Brux había destruido antes de construir el muro de protección. El agua pareció hervir por unos segundos antes de estallar directo hacia el cielo donde se perdió en medio de un torbellino que lentamente fue convirtiéndose en nubes grises de tono muy pálido de aspecto muy suave cual plumas. Anthony las observó, pareciéndoles que eran más como el pelaje de sus capas. Un pelo de lobo. Su asombro regresó al admirar una apertura de la tormenta que dejó ver un enorme hocico de lobo al que siguió su cabeza. Era nada menos que el Gran Lobo Gris con un destello dorado vibrando por encima de sus orejas que se sacudieron apenas, sus ojos verdes claros posándose sobre todo aquel paisaje tan desolador con una mirada llena de bondad y cariño.
Groot y Rack aparecieron en esos momentos, ambos recubiertos por raíces negras y hojas, levantando sus rostros sonrientes hacia el Gran Lobo Gris, mismo que posó su mirada sobre Loki, quien juró que le guiñó un ojo antes de emitir un largo y poderoso aullido, recorriendo toda Gaia, como un canto de una sola nota. El halo sobre su cabeza con el centro en forma de Estrella de Cinco Puntas, vibró con fuerza, emitiendo ondas brillantes, cálidas que envolvieron toda la tierra, el mar, todos los rincones de Gaia con una luz tan cegadora que sus hijos debieron cubrirse los ojos ante semejante resplandor que les llenó de paz, consuelo y una dicha sin igual. El joven Stark abrió sus ojos al sentir un tirón de sus cabellos, parpadeando ligeramente para enfocar.
-¡STEVEN!
-No es necesario gritar, pero necesito respirar.
Anthony aflojó su agarre con una risa que se quebró en llanto de felicidad, besando de golpe al rey entre sus brazos. Rack bufó, volviendo sus ojos hacia el Gran Lobo Gris cuyo hocico se meció suavemente mientras la muralla hecha por el Hermetista se deshacía, formando un terreno que unió por completo ambos reinos, despareciendo aquella brecha. Brux estaba tumbado sobre un pasto seco pero no congelado, volviendo en sí con un terrible mareo, más vivo, contrario a lo que había supuesto cuando invocó el poder más grande de los Hermetistas, a un Gigante de Roca para despertar a los dos protectores y creadores de Gaia de su sueño bajo La Garra. Las raíces negras como el manto de hojas y nieve estaban desaparecidas, en su lugar solamente estaba un hermoso campo de pasto amarillo con una brisa fría más agradable que Loki admiró sin dar crédito al milagro que estaba presenciando, volviendo una vez más su mirada hacia el Gran Lobo Gris y luego hacia Dzor quien dormía plácidamente y vivo para su asombro sobre su regazo.
El ojiverde miró emocionado a su padre y creador, escuchando apenas un leve aullido, una promesa de felicidad y amor que se juró arrancada de su pecho hacía tanto tiempo. La mano de Groot cayó sobre su hombro, viéndole de reojo con una sonrisa plena, asintiendo después con sus manos acariciando el rostro de aquel estúpido, temerario pero cabeza hueca que se hacía llamar el Señor del Martillo. El Gran Lobo Gris pareció sonreír, comenzando a desaparecer con otra vibración de su Estrella de Cinco Puntas, dejando un cielo claro con algunas nubes de invierno pero que dejaron ver un sol tibio, libre de las dos lunas. No había más manto de hielo, ni bosque envolviendo a toda criatura viviente, Gaia volvía a ser lo que una vez fue antes que la Fe Verdadera intentara destruirla bajo una palabra de venganza sangrienta a través de sus Adoradores de la Sangre.
-Esto será una epopeya que se cantará por eones –bromeó el Rey del Sur, muy cómodo entre los brazos que no le soltaron.
-La Batalla de los Hijos de Gaia –afirmó Anthony, mirándole sonriente.
-¿Piensas soltarme un día de éstos?
-No.
