Los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Capítulo 25
Sentido a la vida.
Aro negó cada acusación hasta el final. Incluso si existían pruebas de que el arma estaba a su nombre y que la bala que Alice había recibido, sí pertenecía a la suya. Él lo negó.
Negó ser el responsable en la muerte de Félix. Negó el saber del fraude de la empresa. Negó haber estado involucrado en chantajes hacia Bella. Negó el modo que utilizaba con las modelos para que no subieran de peso.
Tia acomodó el micrófono en el estrado, después de que la llamasen, y no intercambió ninguna mirada con su marido. O ex marido.
Ella contó que había ayudado a Bella a no practicarse la esterilización con un médico amigo, que Bella había vivido bajo los chantajes de este después de la muerte de Félix. Nunca hubo ninguna prueba que la culpara a ella, pero de todos modos Aro se había encargado de manejarla psicológicamente para hacerla sentir culpable. Entonces había comenzado su juego. Lo demás era historia.
Jane defendió a su padre alegando que de todos modos Bella se había casado con su hermano sin haber estado obligada. Y que era amante de Edward. Lo recalcó cuatro veces en su declaración.
Luego estaba Alice. Tia fue quién explicó cómo Alice había llegado a esa casa y el papel que tomaba con la familia. Le contó que esa noche ella había intentado ayudar a Bella, después de que Aro la golpeara fuertemente, llamando a Edward y explicándole la situación. Entonces esa misma noche Alice había estado allí para ayudar cuando Aro sacó la pistola y apretó el gatillo.
Bella mostró las fotos que Tia y Edward le habían tomado a su espalda y cuello cuando Aro la golpeó.
El juez revisó las siguientes pruebas, comparando unas con otras. Una de ellas era el detalle en la muerte de Félix, la pistola de Aro era la misma que tenía él. Además, Bella tenía 18 años, estaba drogada. Era imposible que pudiera notar la pistola y ser lo suficientemente hábil para tomarla de su pantalón y no dispararse a sí misma.
El juicio no terminó allí.
Hubo varias en distintas fechas. Mientras Alice se recuperaba, las noticias no dejaban de hablar de lo mismo. Aro había quedado en prisión preventiva junto a Alec, por distintos delitos, mientras que Jane debía desocupar la casa en unos días. Nadie sabía nada de Benjamín y Tia decidió que la ayudaría a sacar las pocas cosas que le pertenecían.
El último día antes de que demolieran el lugar, Bella se paró frente a la casa, sola y vacía, y su cabeza empezó a recordar cada cosa que ella había vivido allí. Se preguntó cuánto hubiese durado en ese lugar si Riley no hubiese existido. Probablemente se hubiese terminado matando de alguna manera.
Era lo más probable.
Jane venía llegando cuando Bella estaba por marcharse. Le echó un vistazo y se apresuró para tomar la siguiente calle, pero la voz de la mujer la detuvo.
—Bella, espera un segundo, por favor.
Dio media vuelta hacia su dirección.
Nunca se iba a olvidar cómo Jane le había dicho a Riley que ella era su mamá, independiente de la rabia que sentía por ella al enterarse de la infidelidad hacia su hermano.
—Tengo prisa.
—Tia me dijo que te ibas de Seattle ¿es eso cierto?
—¿Y eso a ti qué?
Encogió los hombros.
—Me interesa saberlo.
—A estas alturas da lo mismo.
—Riley fue criado en mi familia como un hermano más, comprenderás que me preocupo.
Bella soltó una risita.
El tema era que ni Bella sabía bien lo que haría en el futuro. Sus padres le habían conseguido una casa en Carolina del Norte, dónde ambos vivían, pero todavía lo estaba meditando con la almohada.
—Claro. Supongo que eso mismo recordaste cuando decidiste contarle un secreto mío sin más, sin pensar que podía hacerle daño.
Ella negó con la cabeza.
—Estoy tratando de arreglar las cosas. ¡No soy mi padre!
—Ya lo sé. —musitó— No eres como Aro, ni siquiera eres como Alec a pesar de ser su mellizo. Pero me traicionaste de igual manera. Creí que eras mi amiga.
—Lo creí también. —respondió devuelta— Pero nunca tuviste confianza suficiente en mí para decirme cuán miserable te sentías.
—¿Para qué? Si después se lo ibas a contar a medio mundo. Le contaste a Alec que estaba embarazada y esto fue el resultado, lo que ocurre hoy, son las consecuencias del pasado. Pero no te preocupes, no es que pretenda echarte la culpa a ti, porque no tienes nada que ver, solo fuiste un medio de información para ellos. Fue en parte mi culpa por permitir que me basurearan de buena gana y no ser capaz de defenderme.
Jane tenía los ojos vidriosos, pero no se permitía llorar. Ella quería mostrarse fuerte, impoluta.
—Espero que seas feliz, entonces.
Bella dudó. Jane lo había perdido todo; su padre y hermano estaban en la cárcel. Benjamín había perdido todo contacto con su familia, su madre era un caso aparte, llevaba tiempo que no se visitaban. Se preguntó si lo decía en serio, se preguntó si alguna vez sus pensamientos no fueron tan crueles como los de su padre.
Lo lamentaba, porque nadie elige dónde nacer.
—Tú también. —contestó sincera— Adiós, Jane.
—Adiós.
.
.
Cuando Alice tuvo finalmente el alta, fue el mismo día en que a Alec lo condenaran a diez años de prisión por delito de fraude.
A Bella le parecía tragicómico que fuesen solo diez años, pero quería olvidarse que ese sujeto existía.
Alice comía bien y podía ir al baño dando pasos muy lentos. Estaba con kinesiólogo tres veces a la semana y el doctor decía que estaba bastante bien para la gravedad con la que había llegado al principio.
A pesar de eso, ella no se presentó al juicio final. Jasper se quedó con ella, instalada en el cuarto de su apartamento, y lo vieron todo por la televisión. Incluso Riley quiso estar presente, pero como era menor de edad no podía entrar, así que se quedó afuera.
Edward tomó a Bella de la mano y la tiró hacia atrás antes de que todos comenzaran a entrar y a tomar sus puestos. Parecía tan divertido por como ella había tropezado por su culpa.
—¡Edward!
—Cállate. —susurró, tomando sus labios entre los suyos— Cállate, muñeca. Déjame disfrutar de este último beso.
—¿Último beso?
—Último beso. —repitió— Porque todo va a cambiar después de este día, y entonces podrás ser libre por completo. Libre en alma, libre en cuerpo. Hoy, querida, vas a volver a ser Isabella Swan.
Bella sonrió.
—Echada de menos ese nombre. Me encanta.
—Y tú me encantas a mí.
—Ya lo sabía.
—Presumida.
Lo besó en la boca, detrás de los arbustos como los colegiales, como había sido desde un comienzo. Escondidos de todos, pero ahora no por miedo a ser descubiertos, ahora por gusto. Así era más emocionante.
—Te amo. —murmuró, completamente segura en sus palabras— Gracias por ser un dolor en el culo al principio.
Edward sonrió.
—Gracias por no esquivar ese dolor en el culo, entonces. —le tomó la cara con las manos, sintiéndose como un niño de nuevo— Te amo. Y pase lo que pase, si decides irte a Carolina del Norte o si decides quedarte, te juro, Bella, yo voy a estar ahí.
Ella negó con la cabeza.
—No lo haré.
—¿Ah?
—No me iré a Carolina del Norte. No necesito escaparme de nadie, no tengo por qué hacerlo.
—¿Estás segura?
Bella le tomó de la camisa y este se sujetó de sus caderas.
—Quiero estar contigo, quiero estar con Riley. No necesito vivir en otro lugar para ser feliz.
Ese día algo cambió. El sol iluminó, los pájaros se posaron encima de las ramas de los árboles. Ella sabía que, sea lo que sucediese ese día, nadie le iba a quitar el sentido a su vida, después de haberlo perdido hace tantos años.
Después de haber renacido otra vez.
.
.
Con todas las pruebas expuestas, y luego de que finalmente se supiera que Aro había estado involucrado en el fraude, en la muerte de Félix, en el disparo de Alice y en el chantaje a Bella, el juez dictaminó cadena perpetua para él.
El único beneficio que tendría eran las visitas al doctor y las sesiones con el kinesiólogo.
Bella no le quiso mirar la cara. Ella agachó la cabeza y sonrió a sus manos, justo antes de que Edward la envolviera con los brazos. Era cierto que Aro estaba pagando con lo que ella más quería, pero él ya estaba pagando desde hace mucho tiempo. Nunca se movería de esa silla, nunca podría hacerle daño a ninguna otra persona porque era incapaz de hacerlo.
Ahora él iba a comprender un poco lo que ella había sentido viviendo en su casa; la sumisión, la imposición, las reglas, depender de alguien.
Depender de alguien para todo.
Bella salió hecha un espectro. Estaba tan feliz que su pecho no daba más de la emoción. No podía gritar, tampoco llorar, saltar, golpear a nadie. Quería correr, quería quitarse los zapatos y correr como una niña pequeña. Quería volver a tener 18 años, volver a hacer las cosas bien; estudiar, vivir con sus padres, criar a Riley como suyo.
Quería que todo el mundo supiese lo dichosa que se encontraba.
Riley se paró de su asiento y la observó. Su cara de pre-adolescente avergonzado la hizo reír, pero él no le negó el abrazo enorme que su madre le dio después del juicio. Ella sabía que él iba a pasarlo mal sabiendo todo lo que estaba sucediendo con su familia. Él todavía quería mucho a Jane y a Alec, pero estaba decepcionado. Ella se iba a encargar que esa decepción no nublara su vida.
Estaba segura que lo lograría.
—Te quiero, peque, ¡te quiero tanto!
Riley soltó una risita, alzando a Bella y girándola, sorprendiéndola con su fuerza.
—Yo también te quiero, mamá.
.
.
.
Fin
Finnnnnn! Y se acabó. Dividí el capitulo final en dos para que fuera la misma cantidad de palabras como estaba acostumbrada a subir. Eran 24 capis, el último tenía diez páginas, así que preferí hacer dos.
Otra cosa, todavía no sé si haré un Epílogo, lo estoy pensando aún, pero por el momento este es el final.
Millones de gracias por leer hasta aquí! Y espero que les haya gustado.
Nos leemos en alguna otra oportunidad.
Besos!
