Nota de Autor: Chicas primero que nada muchas gracias por seguir con la historia, ya estamos bastante adelantadas... a partir de este capitulo lo publicaremos en cuatro partes para que no se haga tan larga la lectura, dos partes las publicare hoy y las otras dos lo hare de domingo a lunes mas tardar.

Lita: Elisa de Rivombrosa es una de nuestras serie Favoritas, es bellisima... amamos a Fabricio Ristori... nos gusta mas su actuacion que la del mismo Giulio.. claro eso no le quita lo divino, pero en si nuestro Fabrizio... hablo de Fabrizio no Terry ya que de nuestro adorado rebelde conocemos su personalidad... bueno de Fabrizio Di Carlo, nos impiramos en Fabricio Del Dongo de la cartuja de Parma de Stendhal...

Saludos y de nuevo muchisimas gracias por seguir con la lectura y acompañarnos en esta locura!

Capitulo 16

Los días pasaban mientras Jules sentía volverse loco, todo el día encerrado en la habitación, no sabia en que ocupar su tiempo, ya prácticamente se había devorado todos los libros, hasta que le pidió el favor a Charles de que le hiciera llegar un cuaderno de dibujo y una caja de carboncillos, tenia mucho que no lo hacia, pero en algo tenia que ocupar el tiempo, la que mas lo visitaba era Flavia, pero él muy poco hablaba con ella, pues había algo en esta que no le agradaba, por su parte Dennis era muy distinta a veces lo visitaba, muchas de ella iba con Frederick que ya estaba perfectamente, las mayorías de las veces utilizaba el cuaderno de dibujos de Jules para hacer sus rayones, últimamente ya las hojas no llamaban su atención, y sus obras de artes eran plasmadas en el yeso, le gustaba hacerlo, tanto que el mismo llevaba sus creyones, la joven rubia se disculpaba con el señor por como Frederick se jugaba con él, pero a él le gustaba ese tiempo que pasaba con el pequeño, pues no se aburría, aunque ya estaba acostumbrado a la muletas, prefería no salir porque no haría nada en el corredor, y para bajar las escaleras tendría que solicitar la ayuda de Charles, ya estaba muy apenado con el hombre que tenia que estar pendiente de lo mas mínimo, durante todo ese tiempo había visto a la señora de la casa solo dos veces, ahí estaba otra vez la señora Elisa como mariposa revoloteando en sus pensamientos aparece cuando no piensa y cuando lo hace también, a pesar de que hace todos los intentos por no hacerlo o al menos no pensar en ella, porque no debe hacerlo… no pensarla de esa manera…Frank…Frank de él solo puede decir que lo visita todas las noches antes de irse a dormir, mantienen conversaciones que nacen de la nada y que muchas veces se extienden hasta por dos horas, un hombre honorable, respetable, admirable, pero al que le desea la mujer como nunca llego a hacerlo con ninguna otra y ese era el temor, pero a la vez su alivio porque sabia que era deseo solo eso…deseo y uno solo desea lo que no puede tener, maldito deseo que se empeña en derrumbar mi voluntad.

Otra noche de insomnio, dando vueltas en la cama, revolviéndose entre las sabanas, abriendo los ojos y cerrándolos sin lograr alejar la imagen del chico de su mente, ya llevaba tres días en esa casa y aunque la familia Di Carlo se esmeraba en atenciones para con ella y Albert, no podía dejar de sentirse incomoda, sentía que de seguir en esta situación terminaría explotando y gritando a los cuatro vientos todo lo que tenia dentro, que sino lo hacia terminaría por volverse loca… pero le había prometido a Albert tomar las cosas con calma, dejar que el tiempo le demostrase que se estaba equivocando, que este chico no era Terry, la verdad ya comenzaba a creerlo, era tan callado, desde que llegaron si lo había visto unas cuantas veces era mucho, solo lo estricto, solo cuando compartían la mesa, salía muy temprano de la casa y regresaba ya entrada la tarde, bueno ella también hacia lo mismo, la Srta. Di Carlo se había ofrecido a llevarla a la ciudad y mostrarle todos los sitios de interés, pero aun en estos lugares la imagen Fabrizio Di Carlo no se alejaba de sus pensamientos.

Sintiendo la imperiosa necesidad de caminar o hacer algo que la distrajese se levanto de la cama y camino de nuevo hasta la ventana, la noche era realmente hermosa, el aire hoy era mucho mas fresco que en días anteriores, la luna se encontraba llena y en su punto mas alto, iluminando todo, se podía caminar con solo su luz, sin miedo de tropezar con nada, las estrellas cerca de ella apenas se percibían, mas a lo lejos parecía un manto que cubría el cielo. La chica dejo escapar un suspiro, bajo la vista y vio como la dama plateada se reflejaba en la piscina, una leve brisa movió el agua en esta, haciendo que la imagen temblara, el olor de los primeros botones de rosa llego hasta ella embriagándola con su aroma, cerro los ojos y una sonrisa se dibujo en su rostro, la noche le hacia una invitación… sin pensarlo dos veces, tomó la bata de raso gris perla que acompañaba la dormilona, la misma tenia una caída suave gracias a la tela, la parte superior bordada con motivos florales ofrecían una vista generosa del busto de la rubia, ella sujeto la bata sin mucho esmero con la cinta, dejo su cabello tal cual estaba y salió de la habitación, tratando de hacer el menor ruido posible bajo la escaleras, en la sala poso su mirada en unas fotografías que se encontraban en un rincón de esta, casi con fastidio aparto la vista de ellas en cuanto vio la sonrisa del joven en una, pero de inmediato enfoco de nuevo la mirada en ella y extendió la mano para tomarla, se arrepintió y caminando a prisa busco la puerta que la llevaría hasta el jardín.

Cuando salió quedo maravillada ante el espectáculo, la luna se veía mucho más hermosa desde este lugar, el olor a rosas, jazmines, margaritas, violetas y otros tipos de flores que no lograba identificar llego hasta ella, respiro profundamente llenando sus pulmones de la fragancia, la primavera comenzaba a hacerse presente en cada rincón del inmenso jardín, camino despacio hasta la piscina, se coloco de cuclillas y metió una mano en el agua, la misma en lugar de estar fría se encontraba agradablemente cálida, hacia pequeñas olas con la mano y sonreía, cerró los ojos e intento poner su mente en blanco.

- Espero sepa nadar – Menciono a sus espaldas una voz que la joven reconoció de inmediato. Ella se sobresalto colocándose de pie enseguida, al hacerlo se tambaleo un poco. Él adivino el movimiento y la sujeto del brazo evitando así que cayera al agua. – Sino me tocara salvarla y no se me antoja un baño a esta hora – Agrego con una sonrisa que iluminaba su mirada.

Ella se quedo muda sin saber que hacer o decir, ahogada en los zafiros azules del joven que la miraba con tal intensidad, que bien podían llegar hasta su alma, sentía la respiración del chico muy cerca de su rostro, su aliento; un calor la recorrió por completo al ser consiente de la cercanía que había entre ambos, intento poner distancia.

- Disculpe… yo - Dijo sin percatarse que estaba al borde la piscina, un movimiento en falso y antes que pudiesen evitarlo ambos caían sin remedio al agua.

La chica lanzo un grito que fue ahogado de inmediato al sumergirse, el peso de sus cuerpos los llevo a ambos hasta el fondo, ella abrió los ojos desesperada y se encontró con la imagen del joven que venía, sus miradas se encontraron observándose con total claridad, quedaron estáticos, segundos después él la tomaba de la cintura, la rubia por su parte coloco las manos en los hombros de este, Fabrizio la atrajo a su cuerpo y la llevo hasta la superficie, el contacto fue eléctrico, una explosión de luces, de emociones, cuando emergieron juntos del agua sus miradas se encontraron, sus corazones latían sin control dentro de sus pechos y no era por el esfuerzo o la falta de aire, sus cuerpos temblaba y no era frio.

- ¿Se encuentra bien? – Pregunto él con la voz entrecortada, casi sin aliento. Ella asintió en silencio y le dedico una sonrisa. Él le respondió de la misma forma, se quedo sumergido en los ojos esmeralda.

- Sé nadar – Menciono sin saber que mas agregar para romper el silencio, aunque en realidad lo que quería era quedarse exactamente como estaba, entre los brazos fuertes y seguros del joven, mirando esos ojos… que aunque fueran de otro… eran los de Terry. Él dejo escuchar una breve carcajada ante la acotación de la chica.

- Bueno… a decir verdad no lamento haber caído al agua – Le dijo con una sonrisa que ella conocía muy bien, se sonrojo de inmediato y esquivo la mirada, pero su corazón danzaba lleno de goce. – Lo siento… soy un idiota, permítame ayudarla Srta. – Menciono dándole espacio y guiándola para salir del agua. Ella se sintió indefensa cuando el cuerpo del chico se alejo del suyo y de inmediato un frio la recorrió.

Él salió primero y le extendió la mano para ayudarla, ella estaba hipnotizada ante la figura del italiano, aun llevaba puesta la ropa que había usado durante la cena, a excepción del saco, el pantalón negro y la camisa blanca, esta tenia los primeros botones abierto dejando ver el inicio de su pecho, la tela se pegaba marcando por completo la figura del mismo, hasta llegar al abdomen. Candy nunca se había fijado en un hombre de esta manera, bajo la mirada de inmediato reprendiendo sus pensamientos por la dirección que habían tomado. Cuando sintió la mano del joven fue presa de un nuevo escalofrío, ya fuera de la piscina camino para alejarse sin mirarlo a la cara, pero sus pies estaban tan pesados… en eso recordó que no le había preguntado como estaba, respiro profundamente para calmarse y se volvió para mirarlo.

Esta mujer estaba a punto de volverlo loco ¿Puede alguien ser tan hermosa? Parecía una diosa, un ángel… no, no podía ser un ángel y al mismo tiempo tentarlo de esta manera… nunca antes había sentido las sensaciones que ese encuentro en la piscina provocaron en su cuerpo y ahora verla así, la delgada tela de su camisón se pegaba a su silueta dejando ver en toda su extensión el cuerpo maravilloso y exuberante que poseía, la cintura delgada… hecha a la perfección para ser rodeada por los brazos masculinos… por mis brazos – Pensó con una sonrisa, su vista recorrió la espalda y se detuvo en la parte baja de esta, su respiración se detuvo y trago en seco, continuo con el recorrido de la figura de la rubia deleitándose en las piernas de esta, largas y torneadas, como talladas por las propias manos de Miguel Ángel.

- ¿Se encuentra usted bien? – Inquirió dándose la vuelta y desconcertada ante la impresión en el rostro del joven.

- Si, si Srta. Andley no se preocupe – Menciono tratando de recobrar la serenidad, que había perdido a causa de la visión de los pechos de la chica.

- Lo siento mucho, soy tan torpe – Hablo ella acercándose con una sonrisa.

Él por su parte se quedo congelado en el lugar donde estaba – Yo que usted no haría eso… puede ser muy peligroso – Sé dijo Fabrizio en pensamientos - ¿Acaso no sé da cuenta de la situación en la que estamos… y lo tentadora que se ve? – Sé pregunto meneando la cabeza de un lado a otro tratando se alejar las ideas que le pasaban por la mente.

- No sé preocupe, fue un accidente… puede sucederle a cualquiera – Expresó con una sonrisa, una de medio lado que activo una señal en la rubia, ella se detuvo quedando en silencio, lo miraba a los ojos. – Sera mejor que entremos – Agrego sintiendo un extraño dolor en el pecho, uno que no había sentido antes… como si ella pudiese ver a través de él, como sin extender la mano, lograse tocar su corazón.

Ella seguía en silencio observándolo, mirando detenidamente cada detalle del rostro del joven, unas gotas de agua caían de su cabello que ahora parecía más largo, más oscuro, al igual que sus ojos, que tenía ese azul oscuro como el mar profundo. Fabrizio camino hasta ella al ver que no reaccionaba, lo observaba como si buscara algo en él, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, sin siquiera notarlo su mano se poso en la mejilla de la chica. Ella cerro los ojos, él se perdió en la imagen de la rubia, iluminada solo por la luz de la luna, tan cerca que podía rozarla con sus labios… tan hermosa – Ella llevo una mano hasta posarla sobre la del chico, él sintió de nuevo esas emociones que no lograba explicarse, adueñarse de su cuerpo… ¿Por qué hacia esto? ¿Por qué sentía esto? – Se pregunto cerrando los ojos y dejándose envolver por la magia que emanaba de ella.

¡Dios! ¿Qué es todo esto? ¿Por qué siento esto con él? No puedo controlar lo que estoy sintiendo, no puedo… y me duele saber que es solo un sueño… que no es real, al menos no es la realidad que yo deseo… pero estas aquí, te siento aquí… ahora… si tan solo… si pudiera escuchar tu voz decirme que eres él, que eres Terry… que has regresado por mi, para salvarme de todo este caos, que me reconoces… que no soy una completa extraña para ti, hazme creer que todo esto es verdad… – Pensaba dejándose llevar por las emociones que hacían estragos en ella, dejo un suspiro salir de su pecho. Él abrió los ojos y enfoco su vista en los labios de la chica, estaba tan cerca de ellos, bajaba muy despacio… muy despacio – Una suave brisa llego hasta ellos, Candy abrió los ojos y no vio nada mas que los del joven, se separo de él presa de un temor que no entendía.

- Lo siento… lo siento mucho Sr. Di Carlo – Menciono con voz temblorosa mientras caminaba de regreso a la casa observando al chico.

- Srta. Andley… espere – Hablo él cuando encontró su voz y salió corriendo tras la rubia.

Cuando llego a la sala ya ella subía las escaleras con prisa, la figura de la mujer se quedo grabada en su mente, se sentía extraño… tenia unos deseos incontrolables de buscarla… saber por qué había actuado de esa manera… sus sentimientos era una mezcla de tantas emociones, alegría, tristeza, dolor, vacio, deseo… ese era el mas fuerte… deseaba mirarse de nuevo en los maravillosos ojos verdes… poder besar esos labios… besar mucho mas que sus labios… ella había hecho que su cuerpo doliera ante tanto deseo… ¡Dios! – Pensaba mientras caminaba en la sala sin animarse a subir, no sabía como reaccionaria si la encontraba en el pasillo.

Candy entro a su habitación corriendo, su corazón latía como nunca antes lo había hecho, se sentía triste y al mismo tiempo feliz… se sentía increíblemente feliz, todo su cuerpo vibraba con solo recordar la mirada en los ojos de él… el calor de su piel, su olor… no podía borrar la sonrisa que se había instalado en su rostro… por extraño que pudiese parecer no sentía ni culpa, ni vergüenza por lo sucedido… al contrario se sentía libre… extasiada. – Abrió los ojos y camino hasta el espejo, su reflejo era distinto… se veía viva… viva y feliz, bajo la mirada y se percato del estado de su ropa - ¡Oh por Dios! – Menciono llevándose las manos a la boca, salió casi corriendo al baño y sus mejillas se encontraban pintadas de un rojo carmín, se desvistió rápidamente, se metió a la ducha y minutos después regresaba a la habitación cambiada, entro en su cama, cerro los ojos y la sonrisa aun seguía allí, al igual que la imagen del chico, minutos después se quedo dormida.

Esta noche el insomnio no solo había abandonado a Candy, el italiano también logro conciliar el sueño a los pocos minutos de estar en su lecho, sus ojos se cerraron, pero la imagen de la rubia se mantenía en él… al igual que cada una de las sensaciones que ella le hizo sentir.

Neil se encontraba sentado en su oficina como de costumbre entre un montón de libros de cuentas, balances, informes y todo lo relacionado con la contabilidad, ya cumplía tres meses en este lugar, aunque al principio fue difícil ahora estaba bastante amoldado a la situación y lo que mas satisfacción le causaba, era que día a día se ganaba el respeto y la confianza, no solo del gerente sino de sus compañeros de trabajo.

- ¡Neil Leagan! – Escucho en voz alta, al tiempo que abrían la puerta sin anunciarse, el joven se sobresalto y levanto la vista del documento que lo ocupaba, con marcada molestia, pero su semblante cambio de inmediato al ver de quien se trataba.

- ¡Vaya primo! – Menciono Archie con una sonrisa y acercándose hasta este – Ya pareces uno de esos viejos del banco en Chicago, hasta lentes llevas – Agrego divertido.

- ¿Archibald nadie te enseño a tocar la puerta antes de entrar? – Le pregunto con fingida molestia, en realidad se alegraba de ver al joven.

- Si por supuesto, fui educado en el Real Colegio San Pablo, pero siendo el presidente sustituto del emporio Andley, puedo entrar como desee a mis oficinas – Menciono con prepotencia y un brillo en los ojos que delataban la broma. Neil levanto una ceja y lo miro serio. – Vamos hombre deja esa cara de drama, vine a visitarte y me recibes así – Extendió la mano al moreno quien lo miraba dudando. – A ver, comencemos de nuevo, Hola Neil ¿Cómo estas?... Bien y tú Archie, que emoción verte… - Continuo el chico tomando asiento.

- No sabia que ahora te había dado por hacerte el payaso – Reprocho Neil quitándose los anteojos. Archie soltó una carcajada que retumbo en todo el lugar.

- Esta bien… esta bien pongámonos serios ¿Cómo estas Neil? ¿Cómo van las cosas por aquí? – Pregunto cuando logro calmarse.

- Bien Archie, todo marcha bien ¿Cómo estas? – Pregunto colocándose de pie.

- Muy bien, gracias Neil – Respondió con una sonrisa – Bastante ocupado… y hasta presionado ante tanta responsabilidad.

- Pues no lo parece, estas de muy buen humor – Dijo mirándolo mientras colocaba unas carpetas en el archivador. Cronwell se encogió de hombros.

- Ya bastante tengo con los viejos cascarrabias de la junta como para yo también amargarme, las cosas están marchando bastante bien, vi los últimos reportes de esta sucursal y estoy asombrado con tu trabajo – Neil se puso serio – No me mal interpretes, debo reconocer que tienes talento para esto, claro también esta el hecho que yo fuera tu maestro – Menciono con una sonrisa de triunfo.

- Archie ¿Cómo haces para caminar con tanto peso? – Le pregunto el moreno con seriedad.

- ¿Peso? – Inquirió desconcertado.

- Si, el peso de tu ego. – Respondió, este le había devuelto el golpe.

- Nunca lo he sentido, vamos Neil ya deja esa actitud, realmente he venido a felicitarte, bueno también para la reunión que tenemos con la cámara de finanzas, George tuvo que viajar a Nueva York. – Dijo con seriedad. El moreno tomo asiento y se relajo.

En ese instante se escucho un suave toque en la puerta. El moreno dio la orden para que entrara.

- Sr. Leagan, disculpe que lo moleste, pero acaba de llegar el balance que pidió para la reunión de hoy – Menciono entrando la mujer sin fijarse en el caballero.

- No se preocupe Srta. Scott, muchas gracias por traerlo… ah le presento a Archibald Cornwell, presidente del consorcio – Menciono señalando al joven frente a él.

- Un placer Sr. Cornwell – Dijo la chica extendiendo la mano con seguridad, Archie se coloco de pie y mirándola a los ojos le dio un suave apretón.

- El placer es mío, Srta. Scott - Con una sonrisa. Neil se tenso al ver la galantería de su primo.

- ¿Deseas algo de tomar Archibald? – Pregunto para captar la atención de este.

- Si, un café… siempre es bueno antes de una reunión – Contesto sin mirar al joven.

- Srta. Scott, puede traernos dos café por favor – Le dijo a la chica quien lo miro y afirmo en silencio, para luego salir.

- Toda una belleza tu asistente primito – Le dijo con una sonrisa tomando asiento de nuevo.

- Es una persona eficiente y muy colaboradora, me ha sido de gran ayuda – Fue la respuesta de este, quien desvió la mirada al documento en sus manos.

- Con hermosos ojos… y una figura esbelta – Menciono con malicia.

- Me gustaría saber que opinaría Annie, si se entera que te la pasas observando las cualidades físicas de tus empleadas. – Dijo sin apartar la vista del balance. Archie soltó una carcajada. Vanessa regreso con las dos tazas de café, coloco una cerca del rubio y otra cerca de Neil.

- ¿Desea algo mas Sr.? – Pregunto mirando la moreno, quien tenía un semblante mas serio de lo habitual.

- No, con esto esta bien, muchas gracias Srta. Scott – Contesto mirándola a los ojos. No podía negarlo, ella tenía unos ojos muy hermosos, en realidad era muy hermosa. Desvió la mirada y ella salió dejándolos solos de nuevo.

- Neil, el hecho que este casado no quiere decir que he perdido la visión, habría que estar ciego para no ver los atributos de una mujer como la Srta. Scott, yo adoro a Annie, para mi no hay en el mundo una mujer mas bella que ella, pero eso no quiere decir que no existan otras dignas de admiración. – Menciono el chico divertido ante la seriedad de su primo.

- En ese caso, reconozco que la Srta. Scott es una mujer hermosa e inteligente… aun así no hagas conjeturas absurdas, no es mi tipo – Dijo con voz determinada, al ver la malicia en los ojos marrones de su primo.

- Lo mismo decía yo de Annie y hoy no pudo vivir sin ella, las mujeres tienen un secreto para meterse en tu alma, tu piel, tu corazón, ni siquiera te das cuenta cuando esto sucede, solo pasa y cuando eres consiente de ello, ya es demasiado tarde, estas completamente perdido… eso querido primo es el amor y aunque luches contra él con todas tus fuerzas… jamás lograras ganarle. – Menciono con una sonrisa y un brillo en los ojos, que dejaban ver cuan sincero era. Neil se quedo en silencio y le dio un sorbo a la taza de café que comenzaba a enfriarse.

Candy caminaba de un lugar a otro de la habitación, se había levantado temprano, pero aun no decidía bajar, sentía unos nervios horribles, no sabia como haría para ver a Fabrizio Di Carlo a la cara, lo sucedido la noche anterior empezaba a pasarle factura ahora que lo analizaba con cabeza fría… estuvo a punto de besar a ese hombre… en realidad él casi la besaba… pero ella dio pie para esa situación - ¡Por Dios Candy! Ese hombre es un completo desconocido – Se decía en voz alta, pero de inmediato una sonrisa se dibujaba en su rostro, acompañada por el sonrojo que cubría sus mejillas y su corazón latía de nuevo con rapidez, si así se sentía con solo pensar en él… no quería imaginar lo que sucedería cuando lo viese.

En ese momento un suave toque en la puerta, la hizo sobresaltarse, respiro varias veces para tratar de calmarse un poco, coloco una sonrisa en su rostro y camino para abrir la puerta. Dejo escapar un suspiro cuando vio de quien se trataba.

- Buenos días Candy – Menciono Albert entre divertido y desconcertado ante la actitud de la chica.

- Buenos días Albert, pasa por favor – Dijo haciéndole un ademan.

- Me extraño no encontrarte… - Ella lo detuvo.

- Es que… no quería bajar sola, justo ahora iba a tu habitación a buscarte. – Hablo ella esquivando la mirada del rubio, él noto de inmediato que ella ocultaba algo.

- ¿Sucede algo? – Pregunto sorprendiéndola.

- ¿Algo? No, no Albert todo esta bien… bueno en realidad… - Antes que ella pudiese continuar llamaron a la puerta.

La rubia camino para abrir la puerta y su corazón se acelero de nuevo, Albert la siguió con la mirada.

- Buenos días, Srta. Andley pase… - La joven se detuvo al ver en la habitación de la chica al rubio – Sr. Andley, buenos días. – Menciono con una sonrisa y un brillo especial en los ojos.

- Buenos días Srta. Di Carlo – Respondió el americano sonriendo, mientras su mirada detallaba el hermoso rostro de la morena.

- Buenos días Srta. Fransheska, disculpe que los hayamos hecho esperar, ya estábamos por bajar. – Dijo Candy mas dueña del momento al ver como su hermano se había quedado hipnotizado por la imagen de la mujer.

- Por favor no se preocupen, si desean tomar el desayuno aquí, le diré a alguien que se los subas… seguro tienen cosas que conversar – Contesto ella un poco apenada, no sabia porque, pero cada vez la presencia del rubio la intimidaba mas.

- Srta. Di Carlo, no será necesario, pase a buscar a mi hermana para bajar con ella, quería comentarle algunos asuntos de nuestro interés, pero será mejor en el desayuno, así su padre nos explicara en detalle de que trata la propuesta que vamos a estudiar en Turín – Menciono con tono calmado, ambas mujeres se sorprendieron, asintieron en silencio, sin entender el punto.

La rubia sentía que sus piernas temblaba y su respiración se hacia irregular, intentaba por todos los medios disimular su nerviosismo, sus ojos buscaron sin proponérselo la figura del joven, en la sala solo estaban los esposos – Ella respiro aliviada, pero de inmediato su mirada capto al joven que se encontraba en un rincón del amplio lugar, de espaldas observando a través de la venta.

- Buenos días Sr. Srta. – Menciono Fiorella con una sonrisa.

- Buenos días – Respondieron los hermanos al mismo tiempo, la rubia tenia una sonrisa de esas que pueden iluminar el día mas gris, el hombre se veía relajado como siempre.

Fabrizio sintió como su corazón comenzó a latir de nuevo con la misma sensación de ansiedad, que se había instalado en él desde que despertó esta mañana, pero esta vez era casi insoportable, su cuerpo se tenso, respiro profundamente con disimulo y se volvió. Ya la rubia se encontraba de espaldas y caminaba en dirección al comedor, todos tomaron asiento, ella tenia la mirada en la servilleta, fue consiente de la presencia del joven, luchaba porque sus manos no temblaran, levanto la vista y él miraba la taza de café que acababan de servirle, levanto la mirada y al fin sus ojos se encontraron con los de ella. Fueron solo segundos, solo segundos y sin embargo bastaron para llevarlos a los dos a un estado de turbación increíble. Al fin el Sr. Di Carlo comenzó a hablar y los jóvenes agradecieron en silencio.

- Todo quedo listo para la reunión que tendremos con las personas de la región del Piamonte Sr. Andley, ellos se mostraron muy complacidos con su idea y están dispuestos a colaborar en lo que sea necesario. – Menciono el hombre con alegría.

- Me complace mucho, la verdad debo agradecerle toda su colaboración, creo que lo primordial por ahora es mejorar las condiciones de los servicios públicos en la región, sobretodo los hospitales – Respondió el rubio ante la mirada curiosa de las damas.

- Ese es el tema principal que se tratara hoy, debemos concretar un esquema que nos ayude a distribuir de manera adecuada los recursos, para luego enfocarnos en la forma de aplicarlos. – Acotó el medico.

- Disculpen que los interrumpa, pero pienso que es mejor visitar la ciudad y constatar el estado de los hospitales, el personal que labora en ellos y demás asuntos relacionados, solo de esta forma podrán tener la plena seguridad de cubrir las necesidades, seguramente lo que mas necesitan son medicamentos, material quirúrgico, camillas, vitrinas, personal… es probable que muchos de los que trabajaron en estos hospitales hayan sido enviados a los campamentos como voluntarios – La rubia hablaba con total seguridad del tema, asombrando a los comensales, con excepción de su hermano.

- Precisamente eso quería mencionarte, me gustaría que nos acompañaras hasta el Piamonte, esto será dentro de un par de semanas, antes tenemos que contactar con las personas que nos recibirán en Turín. – Dijo Albert mirando a su hermana.

- Por supuesto, sabes que puedes contar conmigo, el tiempo me parece perfecto, eso me dará la oportunidad de encontrar una casa, he visto varias y todas son tan hermosas que no se por cual decidirme. – Menciono ella con una sonrisa observando a Fiorella y Fransheska que la miraban entendiendo a la rubia.

- ¿Ya visito Renai? – Menciono Fabrizio captando la mirada de la chica, que parecía esquivarlo.

- No – Respondió mirándolo a los ojos y sintió su corazón latir con fuerza.

- ¿Renai? Fabrizio esa casa esta ocupada, no tenia conocimiento que los Lombardi la estuviesen vendiendo o rentando – Menciono la madre del joven desconcertada ante la sugerencia.

- Ellos viajaron a América y piensan quedarse allá por unos meses, cuando hablé con Ángelo me dijo que tal vez regresen en otoño, todo depende de un negocio que hará el Sr. Lombardi. – Dijo el joven en tono casual, ahora era a él quien le funcionaba concentrarse en la conversación.

- En ese caso, debemos ver la casa, Srta. Andley ese lugar es una verdadera joya, la extensión es impresionante, la vista maravillosa, queda a poco de aquí y cuenta con los mismo relieves, era un cultivo de olivos, pero con la guerra decayó, aunque aún conserva las bodegas, la pequeña capilla, una torre, la terraza con una vista envidiable, la piscina que es hermosa – La joven sorbió un gran trago del vaso con jugo frente a ella, cuando la mujer nombro el ultimo lugar. Fabrizio no pudo evitar sonreír ante la actitud de la rubia, fingiendo estar concentrado en doblar una servilleta.

- Me encantaría visitarla – Respondió ella colocando la mirada en la mujer.

- No se hable mas, hoy mismo la veremos – Menciono la italiana con entusiasmo.

- Madre, creo que hoy no será posible, recuerda que tenemos reunión con las hermanas de la congregación, aunque podemos excusarnos por esta vez – Dijo Fransheska colocando sus esperanzas en que el entusiasmo de su madre fuera mas fuerte, que su compromiso con las monjas.

- Ya casi lo olvidaba, es una lastima… pero podemos ir mañana – Contesto la mujer lanzando por el piso las ilusiones de su hija. – Si gusta nos puede acompañar a la reunión con las hermanas, son personas tan agradables – Agrego con una sonrisa. La morena le hizo un gesto de que era todo lo contrario y ella lo entendió de inmediato. Albert la miraba divertido, la verdad todo en esta chica le agradaba, sobretodo su espontaneidad.

- No se preocupe Sra. Di Carlo puedo esperar un día, así aprovecho para quedarme y descansar un poco. – Respondió con una sonrisa.

- Yo puedo llevarla si gusta, conozco a la persona encargada, Ángelo Lombardi es un gran amigo – Expresó el joven mirándola a los ojos. Ella se quedo muda por unos segundos que parecieron eternos para él. Todos en la mesa quedaron sorprendidos ante el comentario del joven y Fransheska agradeció no tener nada en la boca, pues se hubiese atragantado.

- No quisiera incomodarlo, de seguro tiene asuntos que atender – Hablo mirando los ojos azules solo unos instantes.

- Nada que no pueda esperar – La voz sedosa e irresistible del joven hizo que su corazón latiese con fuerza, estaba segura que todos en la mesa podían escucharlo.

- Creo que Fabrizio tiene razón, él conoce muy bien la propiedad Srta. Andley y además estando aquí sola seguro se aburrirá – Dijo Fiorella dando el visto bueno a la idea.

- Perfecto, le agradezco mucho Sr. Di Carlo. – Acepto con una sonrisa, que no era igual a las que él había visto ¿Estaba nerviosa? – Pensó viendo como buscaba a su hermano con la mirada.

Albert inusualmente serio, la miro y tomo de su vaso, ella no vio ninguna señal en él, pero tampoco le quedo claro si aprobaba la idea o no, se sintió frustrada y atrapada… ahora los nervios se habían duplicado.

Después del desayuno ya todos estaban listos para salir a cumplir con los pendientes del día, uno de los choferes había salido temprano para Pisa, por lo cual Fiorella y Fransheska debían viajar en el auto donde irían Luciano y Albert. Candy y Fabrizio por su parte viajarían en el auto del chico un Duesenberg A, un modelo realmente bello, negro con techo plegable en color blanco, solo para dos personas, algo que evidentemente mostraba, que mas que la comodidad el joven buscaba la velocidad. Candy se acerco hasta Albert antes de abordar el auto, llevaba el bolso en la manos y por la forma en la cual lo tomaba, el rubio pudo notar que estaba nerviosa.

- Aun puedes negarte, puedes alegar que tienes un fuerte dolor de cabeza, pero con lo mala que eres para mentir, creo que todos notarían de inmediato que no es verdad. – Menciono él con una sonrisa para aligerar la tensión en ella.

- Albert… no me brindes tanta ayuda – Menciono ella con un puchero, él solo le tomo de la mano y mirándola a los ojos le dijo.

- Confía en que todo estará bien, el chico parece un buen muchacho, dudo que te secuestre - Hablo de nuevo en plan de broma. Ella negó con la cabeza – Si claro… como no sabes la estupidez que cometí anoche – Se dijo ella en pensamientos sin mirarlo a los ojos.

- Tienes razón, todo estará bien, es absurdo pensar lo contrario… no soy una niña y puedo controlar mis pensamientos y mis acciones – Le dijo con un tono que intentaba mas convencer a si misma que a él.

- No me cabe la menor duda de ello, ahora vamos que nos están esperando – Menciono dándole un abrazo. Ella le correspondió de la misma manera, respiro profundamente y se volvió para encaminarse hasta donde los Di Carlo los esperaban.

Fabrizio se encontraba cerca del auto, esperando por la americana, vio toda la escena con su hermano y sintió una molestia alojarse dentro de su estomago, era como si al hombre no le agradase que él estuviese cerca de la chica, aunque le dedico varias sonrisas y le hablaba con evidente cariño, algo en ambos dejaba ver que se encontraban tensos.

- Sra. Di Carlo, permítame ir detrás, para que usted acompañe a su esposo – Señalo Albert con una sonrisa a la dueña de la casa, quien se encontraba parada junto al Theta Lancia color rojo.

- No quisiera que estuviese incomodo Sr. Andley – Respondió con una sonrisa.

- No se preocupe, no lo estaré – Menciono mientras abría la puerta y le extendía la mano a la Srta. Di Carlo para subir. Ella la recibió con una sonrisa, tomo asiento y segundos mas tarde el rubio se encontraba junto a ella, Fiorella cada vez quedaba mas encantada ante las atenciones del joven, tomo asiento también, solo esperaban por Luciano que había olvidado unos documentos en el despacho.

- ¿Esta lista Srta. Andley? – Inquirió Fabrizio al ver que la chica se dirigía hacia él.

- Si, Sr. Di Carlo, podemos irnos cuando usted lo disponga – Contesto sin mirarlo a los ojos.

- En ese caso, suba por favor – Dijo el chico mientras abría la puerta del auto y le hacia un ademán. Ella entro sin pensarlo mas, en el auto trato parecer relajada, aunque dudaba que pudiese lograrlo.

Él subió con rapidez, encendió el motor del auto que retumbo en todo el lugar demostrando la potencia que éste tenía, estaba estacionado detrás del auto de su padre, por lo cual tuvo que maniobrar para salir, cosa que hizo con mucha destreza, detuvo el vehículo junto al de su padre para despedirse de su madre y hermana.

- Madre, Fransheska, nos vemos para el almuerzo – Menciono con voz calmada, pero su mirada era seria, mucho mas de lo habitual en el joven. Tal vez para su madre paso desapercibido, pero para su hermana no.

- Hijo no creo que sea posible, la reunión de hoy es muy importante y es probable que se extienda hasta pasada la hora, seguramente tu padre venga a acompañarlos – Señalo la mujer mirando al joven, en ese momento volvía Luciano.

- Yo tampoco creo que nos de tiempo Fabrizio, lo mejor es que no nos esperen hijo, disfruten su paseo, nos vemos en la tarde – Dijo el hombre al tiempo que subía al auto.

- Esta bien, nos vemos, hasta la tarde… Sr. Andley – Menciono y por ultimo mirando al americano con un ademan en forma de saludo.

- Sr. Di Carlo – Dijo el rubio respondiendo al gesto. Con esto el auto del moreno salió de la propiedad, Luciano conducía mucho más despacio que su hijo por lo cual lo perdieron de vista a los pocos minutos.

La joven miraba a través de la ventanilla, tratando por todos los medios de olvidarse de la persona a su lado, cosa que era totalmente inútil, pues era consiente de cada movimiento que el joven hacia, del ritmo de su respiración, el olor de su perfume, las miradas fugaces que le dirigía, era absolutamente consiente de todo. Llegaron hasta un gran portal de hierro forjado, con detalles florales, un anciano salió para recibirlo al reconocer el auto. Abrió.

- Buenos días Antonio – Saludo Fabrizio con una sonrisa que iluminaba su mirada.

- Buenos días Señor, que grato verlo por aquí, pensé que después que los señores partieran a América no lo vería – Dijo con alegría.

- Creo que no será así ¿Va de salida? – Le pregunto.

- No, solo daba una vuelta, no es fácil pasar todo el día metido en una casa sola. – Contesto con una sonrisa, pero esta no llegaba a la mirada.

- Tiene razón, quería visitar la casa, Ángelo menciono que la rentarían y he traído a la señorita quien esta interesada, es una amiga de la casa – Explico.

- En ese caso, permítanme guiarlos – Dijo dedicando una sonrisa a los jóvenes y caminando para montar un hermoso caballo marrón amarrado a un árbol. El hombre les hizo un ademán y salio al galope, Fabrizio coloco el auto en marcha de nuevo, entraron a un camino de tierra, él tuvo que bajar la velocidad para que el polvo no entrara al auto, así que Candy pudo observar mejor el paisaje.

Ella pudo divisar a la distancia una inmensa casa ubicada en lo alto de una colina, rodeada de árboles, no muy alto ya que permitían verla en toda su extensión, era de dos pisos, techos rojos, sus paredes sin pulir, pero de un blanco impecable, le daban un toque rustico y acogedor al mismo tiempo, parecía esas casas de los cuentos, ella dejo ver una hermosa sonrisa, el joven fue consiente de ello y compartió el gesto. Cuando estuvieron frente a la casa ella no pudo más que quedar admirada ante la magnitud, si era cierto que la casa de Chicago y Lakewood eran hermosas, ostentosas y contaban con vistas increíbles, esta no se quedaba atrás, desde su ubicación se podía observar un espectacular valle a lo lejos, que empezaba a pintarse de colores, también podía ver el bosque que compartía con la propiedad de los Di Carlo, desde este lugar se podía ver la casa de los italianos, así como otras propiedades a lo lejos, su ubicación privilegiada le otorgaba este panorama.

CONTINUARA...

La parte difícil es dejar ir tus sueños... la fácil es soñar otra vez.