Nota: Quisiera aclarar un punto que me ha parecido importante. A lo largo del fic han llegado muchas interrogantes acerca del carácter de Hermione, la debilidad que muestra constantemente durante todos los capítulos. Trato siempre de dejar lo más claro posible que su vida es literalmente un infierno; empezando por su traumática experiencia en Azkaban, en los cuales pasó tres años siendo torturada y experimentando cosas horribles, que quien lea el primer capítulo podrá recordar. Es capturada y obligada a ser una mera esclava de dos hombres que pueden jugar con su vida como les plazca, con suerte, no fue así del todo. Hermione no tiene padres, no tiene amigos, y toda persona que conoció, está muerta. Vive con el miedo constante de que pueda ser agredida física y sexualmente, como ya ha pasado. Ha sido humillada y atacada por los mortífagos en diversas ocasiones. En fin, muchas cosas que obligatoriamente, a un ser humano normal le mermarían el carácter y la personalidad. No verán a una Hermione altanera, valiente y decidida, solo será una Hermione sumisa que busca la manera de mantenerse ilesa y con vida, y sí, con la esperanza de conseguir su libertad. Otro punto es que ella está enamorada de Voldemort, lo ve como su protector, a pesar de su carácter tan volátil, la ha cuidado y protegido contra todo pronóstico. Para el pesar de muchas, Hermione no puede cambiar, ya está muy marcada por la vida que ha llevado, y trato que la escritura sea lo más comprensible respecto a todos sus sentimientos y emociones.

"¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte?

¿Se muere el amor?

¿O se enamora la muerte?

Tal vez la muerte moriría enamorada

Y el amor amaría hasta la muerte."

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

—Mortífago— saludó una mujer mirando a través de una ventana, a través de la cual solo se podía percibir una sofocante neblina y un cielo oscuro y tormentoso. Un pequeño lobo, con un pelaje de color caramelo se paseaba olfateando toda la habitación. Snape se apartó de su camino cuando le rozó los zapatos con el hocico.

— ¿Qué animal es ese?— preguntó con el entrecejo fruncido.

Sayen volteó con desgana — Es un dingo.

— ¿Debería preocuparme?— cuestionó al ver como el cachorro se le aproximaba hasta rozarle la túnica.

—No lo sé— contestó con una falsa sonrisa —Si esa cría te angustia tanto puedo sacarlo.

—No es necesario. Solo te advierto que si me toca puedes estar segura de que lo mataré.

La bruja rió quedamente antes de volver a darle la espalda —Lo que me has traído no me sirvió para nada.

—Te dije que así sería. Me he puesto en peligro por semejante estupidez.

—Tú no me dices nada, mortífago. Si quiero hacer una prueba, solo yo determinaré si es una estupidez o no, tú únicamente debes estar dispuesto a cumplirla. Creo recordar que claramente me dijiste, que solo aquellos mortífagos que portan la marca tenebrosa en sus brazos izquierdos pueden aparecer, y desaparecer en terrenos protegidos por la magia de Lord Voldemort.

—Correcto.

Sayen se giró, ignorando el aullido que emitió su mascota —Pero la marca tenebrosa que me trajiste no funcionó — espetó sacando algo del bolsillo de su túnica y lanzándolo al suelo. Snape bajó la mirada y tensó la mandíbula.

—Supuse que eso ocurriría— contestó mirando el pedazo de piel cercenada tirada en el piso, la oscura marca grabada a fuego resaltaba notablemente — Lo que nos permite atravesar las barreras de protección, lo que nos indica el lugar exacto donde aparecernos cuando él nos llama, es la magia que corre por nuestra sangre, su magia.

Sayen ladeó la cabeza con una expresión sombría en su rostro — Es lo mas repugnante que he oído.

Snape la miró atentamente — En ocasiones pienso que no tienes una idea enfocada acerca de a quién te enfrentas, y debo admitir que eso si es preocupante. Lo subestimas constantemente.

—Eso no ocurrirá de nuevo, mortífago.

—No volveré a matar por ti, Sayen. Sólo si es estrictamente necesario. Así como tampoco me arriesgaré y me pondré en peligro probando tus hipótesis. Te proporcionaré toda la información vital que te haga falta para tu encuentro con el Señor Oscuro, pero nada más.

—Si tanto miedo tienes, mortífago, ¿por qué haces esto? ¿Es que acaso piensas que puedes traicionar a tu amo sin sufrir las consecuencias? ¿Piensas escudarte detrás de mí? No tengo problemas con que así sea, yo te daré seguridad y protección, solo mientras hagas todo lo que te pido.

—No necesito de tu protección— replicó el pocionista.

—Eres la mano derecha de ese mago, puedes conseguir lo que quieras y eres prácticamente intocable en ese mundo; y sin embargo, estás aquí.

—Sabes por qué lo hago.

— ¿Por la jovencita hija de muggles?— el tono burlón en la voz de la mujer retumbó en las paredes, casi logrando que las palabras se repitieran con un fantasmal eco — ¿Su esclava?

—Sí, ella.

Sayen sacudió la cabeza como quien espanta a un molesto insecto — ¿Y no es pensando en la posibilidad de que quizás esa niña no desea ser liberada? Al fin y al cabo yo se lo ofrecí cuando estaba en tus manos, y rechazó mi propuesta.

Snape tragó con dificultad —No digas tonterías.

Sayen frunció el entrecejo mientras se acercaba lentamente al mago — ¿Estás realmente seguro que ella corre peligro bajo su yugo?

—Él es un asesino. Disfruta la tortura y el sadismo, he tenido el "honor" de ver como se manejan las cosas en su mundo. Granger lleva tres meses ya con él y…

— ¿Y la has visto? ¿Esa mujer mortífaga amiga tuya… te ha ayudado de nuevo?

— ¿Caroline? Nos hemos visto, pero no tengo el valor de pedirle que haga algo más por mí, la podría sentenciar a muerte si él la descubre— musitó mirando hacia la ventana unos segundos antes de contestarle a la mujer — Pero sí; por causas del destino, pude verla ayer.

— ¿Y?

Snape alzó una ceja de forma interrogante— Y sigue siendo una esclava. Sé que le hizo daño por verse conmigo, lo pude sentir en su mirada. Ella no tenía la culpa de nuestro casual encuentro, pero igualmente él la hará pagar.

— Tú estás ileso.

Snape se mantuvo impasible —Yo… ya me he recuperado.

La bruja lo miró fijamente, recorriendo todo su cuerpo con sus ojos — ¿Estás seguro que deseas arriesgar tu vida por ese mediocre objetivo? Sigo opinando que esa jovencita prefiere mantenerse donde está.

El hombre abrió los ojos estupefacto— ¿Quedarse donde está? ¿Qué te hace pensar eso?

La mujer sonrió sardónicamente al notar el tono de rabia y descontento en el pocionista. Parecía más que evidente que el mago no tenía conocimiento real sobre la situación de la dichosa chica. Todavía podía recordar aquel breve encentro que había tenido con el mago oscuro, donde éste había tenido las agallas de darle la espalda, para salvar a su supuesta esclava de las manos de su hermano. Una actuación bastante peculiar, dado el historial de crueldad y violencia que engendraba aquel hechicero en sus historias.

Era improbable que Lord Voldemort se hubiese arriesgado de aquella manera, por una simple esclava que estaba castigando y torturando a diario. Y, a pesar de haberse encontrado anteriormente frente a ella, y haberle ofrecido la libertad, la chica parecía haber experimentando más terror en los brazos de su hermano que en las de su mismo amo.

En otras circunstancias hubiese golpeado a su interlocutor, esperando una conducta más racional y sensata; ella no pensaba perder el tiempo en encontrar y salvar a una joven que no deseaba ser salvada. Pero Snape estaba reacio, terco ante la idea de que la chica que fuera su alumna, aquella que seguía viva gracias a él, la cual había vivido meses a su lado, estaba siendo ultrajada y humillada de las peores formas imaginables en las manos de Lord Voldemort. La orden estaba dictada, Severus Snape no pensaba cambiar su forma de pensar, y ella no iba a ser tan idiota como para desaprovechar la información y los servicios de un hombre como él.

—Una idea remota que pasó por mi cabeza, mortífago. Quizás a la joven le da miedo la libertad que tanto tú crees que ella ansía. Ahora, si ese es lo que tú pretendes lograr, no pienso impedirlo. Entrégame a tu señor y juntos la rescataremos ¿te parece una buena oferta?

—A ti no te interesa lo que suceda con ella— le espetó Snape con los ojos entornados. Sayen rió.

—Lo sabes bien, así como a ti tampoco te importan mis motivos… sin embargo, los resultados serán los mismos, tú consigues lo que quieres y yo obtengo lo que deseo. Ahora, ven... te acompañaré a la salida.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Cerró los ojos con fuerza y apretó la cara contra la suave almohada. Sentía un sabor amargo en su boca y todo le daba vueltas. Respiró profundamente y se relajó, tratando de ignorar el malestar. Sus labios ardían al igual que su cuello, quiso llevar una mano a su boca, pero el simple movimiento le causaba una inmensa pereza, por lo que se quedó en la misma posición sin apenas moverse.

Empezaba a notar la incomodidad de estar en misma poción, por lo que se giró un poco y se colocó boca arriba, entreabriendo los ojos y clavándolos en el techo. Era de día, aunque el sol apenas podía traspasar las cortinas que tapaban las grandes ventanas. Escuchó el crepitar de la chimenea y giró un poco la vista para fijarse en las danzantes llamas.

—Buenos días.

Parpadeó varias veces para volver a la realidad y enfocó la mirada en el hombre sentado en la butaca que se encontraba justo al frente de la chimenea. Quiso incorporarse, pero su cuerpo se negó rotundamente. La acidez y amargura en su boca se intensificó logrando que sintiera arcadas. Voldemort la observaba desde lejos, atento a todos los movimientos de la chica.

—Buenos días, amo.

Su voz salió ronca y sus labios se fruncieron ante la punzada que los atravesó. Se llevó el dedo índice y los tocó con delicadeza, pudo percibir la hinchazón así como la sangre seca en ellos. Bajó la mano y soltó un suspiro, dejando de prestarle atención al hombre para moverse un poco con la intención de bajarse de la cama.

—No te levantes.

Giró la cabeza y miró a su señor de forma interrogante. Sujetó una de las sabanas y cubrió su desnudez con ella, mientras retrocedía y quedaba sentada en el mismo lugar que antes. Voldemort siguió la trayectoria sin apenas parpadear.

—El medimago no tardará en llegar.

Hermione se removió incomoda —Yo no quiero ningún medimago.

Voldemort no respondió de inmediato, sino que mantuvo sus rojizos ojos clavados en los de la chica, que parecía haber palidecido al notar el tono demandante que había empleado para responderle. Pero a él no le importaba, ¿Cómo habría de interesarse algo tan insignificante como un tono de voz cuando él había…?

Se puso en pie con lentitud y se aproximó hacia la cama. Pensó en que ella le huiría, que gritaría o hasta suplicaría, pero le sorprendió ver que nada en su mirada había cambiado. Quizás solo la vergüenza, y el miedo de que él hubiese llamado a alguien para que la revisara, pero ya lo había decidido, era obvio que la había lastimado y era lo menos que podía hacer. Se sentó en el borde de la cama y miró a la bruja al frente suyo. Los ojos de ella que antes habían mostrado tranquilidad, empezaban a brillar ante el miedo de que quizás su amo estuviera todavía enfurecido por los acontecimiento recientes.

—Eso no está bajo discusión.

—Pero yo estoy bien— replicó en voz baja y sutil. Tapando con su pierna unas pequeñas gotas de sangre en las sábanas. Voldemort no se inmutó ante el movimiento.

—Prefiero que eso me lo diga el sanador.

—Yo no quiero que me revisen; estoy bien — se empeñó poniéndose tensa ante la insistente mirada de su interlocutor. Se hizo un silencio incómodo entre ambos, la chica no sabía a dónde mirar ni que decir, por fin el malestar había cedido, pero los nervios comenzaban a florecer sin control. Apretó la sabana que mantenía agarrada contra su pecho y observó aquellos orbes que seguían sin despegarse de su rostro.

—Te hice daño… y quiero que te curen —oyó que susurraba quedamente.

—No… no… no es cierto, no me lastimó.

Voldemort cerró la mano en un puño contra la cama, aprovechando que ella esquivaba su mirada. Sentía una extraña exasperación, quizás deseando que ella lo mirara con desprecio, con miedo, con reproche, tal vez así podría encontrar las palabras exactas para contestarle. Pero no vio nada de eso, solo vislumbró nerviosismo y una desconcertante tranquilidad, y eso fue lo que más le exacerbó.

— ¿Cómo puedes decir eso, Granger? ¿Quieres negar en tu mente lo que ocurrió?

Hermione se acarició sutilmente los labios — No creo que pueda negarlo aunque así lo quiera, mi señor… es solo que…

Se interrumpió al escuchar un golpe en la puerta. Voldemort se giró y miró hacia ésta con ferocidad, mientras que ella había fruncido el entrecejo. Vio como el mago se ponía en pie y con un movimiento de su mano todos los hechizos de protección se desvanecían. La puerta se abrió dejando pasar a un hombre alto y delgado, vestido con una túnica de color blanco y un pequeño maletín oscuro sujeto en su mano derecha. Se acercó al mago oscuro y se inclinó exageradamente.

—Mi señor… es un placer encontrarme de nuevo con usted, y un verdadero honor que requiera mis servicios…

Voldemort levantó una mano, acallando al hombre y girándose para ver a Hermione, que, al fijarse en la vestimenta del recién llegado había palidecido más de lo normal. El sanador avanzó unos pasos, dejando su maletín en el suelo.

— ¿Su nueva adquisición, mi señor?— preguntó con una sonrisa, la cual fue borrada de inmediato al ver la seriedad en el rostro de su amo — ¿Una esclava? ¿Qué desea que haga con ella?

Hermione aprovechó que ambos hombres estaban centrados uno en el otro y se inclinó para alcanzar la camisa de su señor que había quedado en el suelo, puesto que el vestido había quedado hecho jirones, con suerte la prenda estaba cerca del borde de la cama. Se la colocó por encima con rapidez.

—Entiendo, mi señor. Una penetración forzada puede causar contusiones y desgarros internos, no necesariamente algo de gravedad. Afortunadamente he tratado a muchas esclavas en los cuarteles por el mismo motivo y sé perfectamente lo que debo hacer en este caso.

— ¿Ah, sí?— se interesó Voldemort ignorando el gesto de terror en la chica.

—Por supuesto, estamos hablando de heridas mucho más complicadas, dado que si no se tratan al momento y se sigue lacerando más la piel, ésta termina con hemorragias internas y ya la joven puede llegar a perder el conocimiento, dado a la alta temperatura que toma su cuerpo, causando indudablemente…

—Suficiente.

El sanador guardó silencio ante la seca orden dada por su señor. Voldemort alargó la mano y recogió la chaqueta de su traje que reposaba en el respaldar de una butaca y se la colgó del brazo derecho.

—Quiero que la cures, no toques nada indebido y quiero que la trates con delicadeza, no tienes idea de lo que puede pasar si escucho una queja por su parte. Te dejaré a solas para que hagas tu trabajo, volveré en quince minutos.

— ¡Amo, no!

El mago oscuro la miró atentamente durante unos instantes, pero el sanador se dio la vuelta, aproximándose hacia donde la atemorizada chica se encontraba recostada.

—Tranquila, pequeña. Sé que tienes miedo, pero esto no durara ni quince minutos.

Voldemort se encaminó hacia la puerta, escuchando detrás de si las palabras del sanador. Sabía que ella estaría en buenas manos, quizás uno de los pocos en los que realmente podía confiar.

…..

— ¿Garren no ha llegado?— preguntó fríamente a uno de sus mortífagos. Mcnair negó con la cabeza temblando de pies a cabeza.

—No, mi señor. Pero debe estar por llegar, quizás se ha retrasado.

Voldemort lo miró con desprecio — ¿Retrasado?

—Estoy… estoy seguro, amo, que tendrá una explicación razonable para que lo haya hecho esperar.

—Más le vale— contestó asesinamente— No tiene caso que permanezca más aquí, cuando se digne a llegar, notifíquenmelo, estaré en mis habitaciones.

Ni siquiera esperó respuesta. Giró sobre sus talones y salió del salón de regreso por donde había venido. Vio la puerta más adelante y se detuvo de pronto al escuchar un rotundo "No" a través de ésta. Apuró el paso y se adentró en la habitación con la varita mágica ya lista en su mano derecha. Su peligrosa mirada se clavó de inmediato en el hombre que mantenía sus manos levantadas en señal de rendición y una muy aterrada chica de pie, semidesnuda, cerca de la puerta del baño.

—Mi señor, su esclava no me permite que haga la exploración.

La varita en su mano se relajó, dejando que ésta apuntara libremente al suelo — Granger… túmbate en la cama y deja que te examine.

— ¡No!

Notó como el medimago mirada la escena totalmente perplejo y eso lo hizo enfurecer.

—No me hagas perder la paciencia.

—Solo debo evaluar el nivel de desgarro que tienes, colocar un ungüento y estarás perfectamente bien para el mediodía— intentó explicarse el hombre acercándose un poco más a la chica, pero ésta negó enérgicamente con la cabeza.

— ¿Has escuchado ya? Obedece— ordenó el mago oscuro viendo los temblores de la joven — Y tú— espetó centrarse en el sanador — ¿Acaso no puedes con una chica que no tiene varita?

—No quería ser imprudente, mi señor. Pero ahora mismo atiendo a su esclava.

— ¡Hazlo!— gruño el mago es respuesta.

— ¡No! ¡Amo, no, por favor! Que ese hombre no me toque, se lo suplico.

—Túmbate en la cama, Granger— repitió su señor entrecerrando los ojos. El sanador empezó a ponerse nervioso ante el intercambio de palabras entre ambos.

—No… no quiero hacerlo.

—Señorita, por favor… lo mejor sería que haga las cosas por las buenas. Acuéstese en la cama para poder curarla.

— ¡No dejaré que me toque!

Voldemort avanzó un paso —Túmbate en la maldita cama, Granger.

La chica lo miró con temor. Sus ojos viajaron a su mano y en la varita mágica que sostenía en ésta; no pudo evitar temblar.

—Amo… se lo ruego, por favor…

—No pienso volver a repetirlo.

Con un nudo en la garganta y los ojos a punto de derramar lágrimas de impotencia, dio varios pasos, cruzándose con el medimago que la observaba desconcertado, y acercándose a la cama. Se subió a está y cruzó las piernas con fuerza sentándose en el colchón. El sanador se giró, yendo hacia su dirección y sentándose en el bode, justo a su lado, mientras destapa un pequeño frasco con una poción grisácea y brillante.

—Una variante del díctamo— explicó con una ligera sonrisa que la chica no le devolvió— Más poderosa y eficaz.

Apenas tocó la poción con su dedo índice, Hermione se echó hacia atrás con los ojos abiertos como platos. Cerró los ojos con fuerza y notó como la yema del dedo se posaba suavemente en su labio inferior, esparciendo la sustancia que rápidamente fue absorbida por la piel. No quiso abrir los ojos y ver la realidad de lo que pasaba. Los dedos bajaron por su cuello, cerrando las heridas que habían dejado Voldemort con sus dientes la noche anterior. Se sentía mejor, pero eso no calmaba la angustia de ser tocada por un mortífago.

—Muy bien… ahora vayamos por lo más complicado.

Hermione abrió los ojos ya totalmente paralizada al sentir las frías manos del hombre apoyarse en ambas rodillas, e intentar abrirle las piernas. Gritó de puro horror y se echó hacia atrás, casi cayéndose de la cama. El sanador la observó estupefacto, no esperando esa reacción tan violenta y repentina por parte de la chica.

— ¿Qué haces?— le preguntó altaneramente— Íbamos bien.

—Amo… por favor, se lo suplico, por favor… que no me toque, que no me toque— sollozó cerrando mas las piernas y posando una mano en el pecho del medimago para alejarlo de su cuerpo.

Voldemort se acercó un poco— No te preocupes, Granger, hará todo el trabajo delante de mí.

—No… no quiero… basta.

El mago oscuro se quedó en silencio viendo los inútiles intentos de su esclava de evitar lo que sabía que pasaría. Los quejidos de dolor que ella emitía lo hicieron estremecerse, recordando haber escuchado los mismos gritos y sonidos mientras la violaba, haber visto las lagrimas de miedo y pena surcar las mismas mejillas.

—Es suficiente — anunció con un tono helado y carente de emociones. El sanador y la chica lo miraron.

—Mi señor, si el desgarro que evidentemente tiene no es tratado como es debido, lo más probable es que tenga que esperar que ésta se cure por sí solo, pero tardará entre tres y cinco días. No es aconsejable que usted mantenga… relaciones sexuales con ella durante ese período; por supuesto, todo esto si realmente desea que ella se recupere satisfactoriamente.

Los ojos del señor oscuro se clavaron en el sanador con vehemencia, tornándose éstos más rojos que antes — ¿Cinco días?

—Aproximadamente, mi señor. Si usted decide que no esperará ese tiempo, déjeme curarla y así podrá aprovecharse de su esclava en unas pocas horas.

—Entendido…— El sanador asintió y se inclinó de nuevo hacia Hermione — Retírate, entonces.

—Amo, parece que no ha comprendido que…

—He entendido a la perfección lo que estás diciendo, inútil. Ahora, sal de aquí — le espetó Voldemort fríamente. El medimago se levantó de un salto, sujetando su maletín y guardando todo en el.

—Con permiso, mi señor. Si necesita algo más de mí, no dude en llamarme.

—Muy bien, vete ya— ordenó, viendo como su sirviente se inclinaba y cerraba la puerta tras de sí. Giró la cabeza para centrarse en la chica, que, aunque se había relajado notablemente ante la salida del sanador, todavía parecía poseer vestigios del ataque de pánico que había sufrido. Quiso imitar a su mortífago e irse de la habitación, pensando en que quizás lo mejor sería dejarla sola, pero no deseaba hacer eso, y por la mirada que le dirigió, daba la impresión que ella tampoco.

Se encaminó hacia la cama con toda la tranquilidad que pudo reunir. Ella se movió un poco, dando la impresión de que quería que él se sentara a su lado, aún así no lo hizo.

—Deberías descansar.

—Lamento… haberle desobedecido, amo. Es solo… que no quiero… que un mortífago me toque.

—Nadie va a tocarte, Granger… mucho menos contra tu voluntad, no permitiré eso.

La chica levantó la cabeza y lo miró fijamente. Voldemort hizo lo mismo, notando de inmediato el impacto que habían tenidos sus palabras en la joven bruja.

—…Yo tampoco lo haré, nunca más.

—Amo… yo

Voldemort guardó su varita en el bolsillo de su chaqueta y miró atentamente le fuego en la chimenea— A pesar de que nunca me ha importado lo que mis mortífagos hagan con sus esclavas, jamás llegué a imaginar que me comportaría como uno de ellos, perdiendo totalmente el control y la razón de mis acciones, eso nunca había sucedido. Por esa misma razón acabé con aquellos dos bastardos que se atrevieron a ponerte una mano encima.

Hermione apretó los labios y estrujó la sabana que tenía debajo de su mano. El silencio era tal que parecía que se hubiese podido cortar con un cuchillo.

—No es lo mismo.

Voldemort se giró — Por supuesto que no lo es, yo llegué más lejos.

La bruja negó con la cabeza casi imperceptiblemente — Tampoco lo veo así.

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Creo que no lo entendería… Amo, lamento haberle desobedecido ayer. Hice algo que usted claramente me prohibió, debí haber reaccionado de otra manera, debí irme, yo solo….

— ¿Qué ibas a decir, Granger? ¿Qué es lo que no entiendo?

—No era nada.

Voldemort se acercó hasta quedar sentado en la cama — Dímelo.

—Yo… pues… no niego lo que sucedió, y tampoco mentiré… si me afectó, y tuve mucho miedo. Pero no es la clase de miedo que tuve en aquella ocasión. Con usted las cosas fueron diferentes porque, bueno… era usted, y sabía que era un castigo, y que se encontraba disgustado.

—Eso no justifica nada, Granger.

—Lo sé… eso lo sé… quizás esté loca, tal vez son delirios míos… pero a pesar de todo, me sentía en sus manos y sabía que después que todo terminara, las cosas no cambiarían, me sentía segura a su lado… — sabía que sus palabras eran estúpidas e irracionales, no podía sentirse bien al lado de un hombre que la había hecho pasar un mal momento, pero era algo inexplicable y realmente no tenía el humor para autoanalizarse.

—No puedo olvidar lo que usted me dijo una vez — mirando rápidamente la rosa que adornaba su mesita de noche. Voldemort siguió la trayectoria con sus ojos hasta fijarse en la flor, pero casi de inmediato volvió a centrarse en la chica — Que esa mujer no le interesaba, que jamás volvería a estar con ella…. Me dijo que yo tenía un puesto en su vida, que dejaría de ser una esclava… Sé que fui una tonta, y malinterpreté sus palabras… yo me creí algo que no era cierto. Fui una ilusa…

Aguantó la respiración esperando su respuesta, quizás ya preparada para oír la sonora carcajada, pero solo el silencio reinó el lugar.

—Nada de lo que dije fue mentira.

Hermione sonrió tristemente — Cuando Caroline me dijo que estuvieron juntos, quise que fuera falso pero…

— ¿Qué has dicho?— preguntó Voldemort acercándose un poco más.

—Yo…

— ¿Ella te ha dicho qué? ¿Cuándo?

—Amo…— susurró quedamente. Voldemort volvía a enfurecerse y observaba a la chica con insistencia.

—Responde, Granger.

—Pues ella… fue a buscarme a la biblioteca.

— ¿Y qué te dijo?

—Solo eso, amo… que habían estado juntos, recordando cosas de su pasado…. Dijo que usted eventualmente me dejaría y me entregaría a un mortífago.

— ¿Cuántas veces ha sucedido esto, Granger?

—Varias.

Voldemort se puso en pie de pronto, moviendo su cuello y haciendo que los huesos crujieran. Caminaba como un león enjaulado por toda la habitación sin decir nada hasta que finalmente se aproximó a la puerta y la abrió salvajemente.

— ¡Nott!... Caroline, la quiero aquí, ¡Ahora!

— ¿Se puede saber que es tan urgente?

—Tú sólo camina, mujer.

—Eres un insolente.

Nott sonrió levemente y tomó el pasillo de la izquierda. La bruja alzó una ceja interrogante.

— ¿Y por qué nos dirigimos hacia allá? ¿No está en su despacho?

—No, se encuentra en sus habitaciones con su esclava.

— ¿Y ahí quiere verse conmigo?— preguntó con burla — ¿Qué tendrá en mente?

—Sí, y ten cuidado, Caroline. Creo que no está de buen humor.

— ¿Por qué? ¿Ha ocurrido alguna cosa?

—No lo sé, solo mandó a llamar a un medimago, luego lo echó y quedó a solas con esa niña sangre sucia — contestó encogiéndose de hombros.

—Simplemente genial— respondió con fastidio.

Llegaron a la gran puerta de madera y esperaron pacientemente a que su amo saliera, pero al llevar tres minutos sin novedades, la mujer se aventuró a tocarla con sus nudillos. Rápidamente la puerta se abrió, saliendo por ella un Voldemort terriblemente enfadado. Sujetó a la mujer por un brazo y la metió violentamente a la habitación.

— ¿Eres idiota, Caroline? Si te mando a llamar, tocas y entras de una vez, ¡pasa de una vez, maldita sea! — gritó cerrando la puerta de un portazo. La bruja lo miró estupefacta, para luego desviar sus ojos a la impura, que se encontraba sentada en la cama, al parecer muy nerviosa ante ese inesperado encuentro.

— ¿Qué necesita de mi, amo?— preguntó, pero su voz rápidamente fuer acallada cuando un fuerte golpe se estrelló en sus rodillas, haciéndola caer al suelo y aguantando un grito de dolor.

— ¿Recuerdas nuestro breve encuentro hace unos días en mi despacho?— preguntó sujetándola por el cabello y obligándola a levantar la cabeza.

—Sí.

—Te dije, Caroline… que no me volvieras a provocar, que si lo repetías, algo no muy agradable te pasaría — la tomó por el cuelo de su túnica y la levantó violentamente, arrojándola con fuerza contra la pared, logrando que el rostro de la mujer casi se impactara contra la ventana. Hermione ahogó un grito.

—Mi señor… ¿podría saber que hice?

— ¡Una estupidez! ¡Una maldita estupidez, Caroline! Y la pagarás muy caro.

La bruja se puso en pie como pudo y encaró a su amo — Usted nunca me había castigado.

—Bueno, siempre hay una primera vez — respondió socarronamente — Date la vuelta y pon las manos sobre la pared.

La mujer hizo lo que se le ordenó, en su rostro podía verse el miedo, la vergüenza y la furia. Hermione vio como un rayo rojo golpeaba a la mujer con fuerza en la espalda, casi haciéndola desfallecer en el acto. Un látigo rodeado de fuego salía de la varita de Voldemort, que, sonriendo perversamente volvió a levantar el arma y descargarla con salvajismo contra el hombro izquierdo de la mortífaga.

No pudo evitar recordar las palabras de Snape; Voldemort era un sádico a la hora de castigar de esa manera, llegado a dejar inconsciente a sus víctimas con solo cinco golpes. Caroline soltó un grito ahogado y casi cae al suelo cuando el tercer golpe la alcanzó.

—Te dije que el pequeño e insatisfactorio encuentro en mi despacho no volvería a repetirse, al menos no con una mujer como tu…

—Castiga a su mejor mortífaga… a la más fiel, más que la misma Bellatrix.

—No la menciones, Caroline.

—Ella moriría al verlo en este momento. La manera en que ultraja a su gente más fiel por una esclava, por una asquerosa impura— una bofetada la hizo callar mientras caía al suelo, donde siguió siendo masacrada a base de latigazos que Voldemort le propinaba sin control. Hermione miraba toda la escena con terror, los gritos le ponían los pelos de punta.

—Amo, por favor— susurró mirando el cuerpo destrozado de la mujer, que hacía acopio de las pocas fuerzas que le quedaban para ponerse de rodillas.

— ¿Ves, Granger? ¿Lo ves? ¿Todo lo que me interesa esta mujer?

—Yo… le creo, amo— respondió en voz baja, queriendo apaciguar a la bestia que tenía delante.

—Levántate, Caroline.

La mujer, que por fin se había logrado arrodillar, apoyó las manos en el suelo y como pudo se incorporó. En la cara le brillaban las lágrimas derramadas y su camisa estaba totalmente destrozada, dejando al descubierto su flagelada espalda.

—Lárgate de mi vista, y no quiero que vuelvas a acercarte a ella, nunca más.

—Amo, es solo una sangre sucia, una esclava.

—Y te inclinarás ante ella.

La mujer levantó la cabeza — ¿Qué?

—Te lo dije bien claro, Caroline, para que lo tengas presente, desde este día, y para que no vuelvas a cometer la misma estupidez, he decidido tomarla a ella como mi futura mujer… un puesto donde tú no tienes ni tendrás cabida nunca.

La mujer bajó la cabeza y miró el suelo — Mi señor— se despidió en un murmullo, rodeando al mago oscuro y aproximándose a la puerta. Pero una mano sobre su brazo la detuvo.

—No te has despedido de ella, ¿Qué acabo de decir?

—Por favor, mi señor— suplicó totalmente humillada. Voldemort le sonrió sardónico y colocó la punta de su varita sobre su cuello. Entendió la amenaza de inmediato.

—Mi señora— musitó tratando de no verla a la cara, inclinándose un poco y siendo liberada del brazo. Se giró y se encaminó hacia la puerta intentando cubrirse y que las lagrimas no volvieran a surgir.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXX

— ¡Mi señor!— saludó un hombre alto, gordo y barrigón. Tenía el cabello largo hasta los hombros y su aspecto era bastante descuidado. Hermione se mantuvo impasible entre las sombras mientras lo veía llegar tendiéndole el brazo a Caroline, que tenía una expresión de total desagrado en sus facciones.

—He tenido el placer de decir que fui acompañado por esta hermosa mujer, gracias querida, me has dado un fantástico tour.

Caroline sonrió levemente, pero no respondió nada. Se separó del brazo de hombre y tomó asiento en la mesa con una expresión lúgubre en su rostro. Hermione se preguntó si se habría dado cuenta de su presencia.

—Bienvenido, Octavius. Lamento el retraso de nuestro encuentro, solo que se han suscitado diversos inconvenientes.

—No se preocupe, mi señor. No tengo nada de lo cual quejarme. Su reinado ha sido magistral, el avance me ha sorprendido mucho. Sin embargo, me han dicho que presentan problemas con un grupo rebelde, integrado por ex convictos.

—Es un pequeño grupo al que no le he dado más importancia de la que tiene.

—Pero ha tenido complicaciones para controlarlos.

Voldemort sonrió — Sólo te falta admirar la expansión de mis tropas y mi gobierno para darte cuenta que estás equivocado.

—Eso me tranquiliza bastante. Sabe bien que mi gente le prestará su apoyo incondicional, incluyendo mi persona. Tengo mucho que perder su ocurre una nueva guerra, pero si es así, le ofreceré algunos de mis hombres si así lo requiere.

Voldemort hizo un gesto desdeñoso con su mano, sabiendo de antemano que tal ofrecimiento conllevaba un fin de por medio.

—Nunca dije cuanto lamenté lo que le sucedió a Bellatrix. Una esposa como ella, debe ser duro para cualquiera.

—Bueno, era mi más fiel seguidora y mi esposa. El maldito que la asesinó me las pagará.

Hermione se sujetó las manos sobre el regazó y se removió incomoda al escuchar semejante reclamación. La imagen de Snape no dejaba de danzar en su mente.

—Estoy seguro de eso. Ahora, creo que llega el momento de retomar la figura que debes mostrar.

— ¿A qué te refieres con eso?

Caroline dejó la copa de vino que había estado bebiendo — Octavius se refiere a un nuevo matrimonio, mi señor.

Voldemort rió— Tonterías.

Octavius también sonrió, aunque fue un simple gesto sin emoción— Un hombre como usted debería tener una mujer a su altura.

—Estoy de acuerdo— opinó la mujer.

—Sí, claro… como te comenté la otra mañana ¿no, Caroline?— cuestionó el señor oscuro.

La bruja lo miró — No creí que hablara en serio, mi señor. Además, como dice Octavius, la imagen es importante— sabía que lo estaba desafiando, pero no importaba. Voldemort la observó con intensidad.

— ¿Vas a insistir con eso, Caroline? ¿No te bastó ser humillada una vez?

—Mi señor…

—Ya vete.

La mujer dejó la copa sobre la mesa y se levantó con evidente molesta, pero aún así se inclinó, despidiéndose de ambos hombres.

Octavius rió — Es una de las pocas mujeres leales que tiene, mi señor. Ella no resultaría tan mala opción.

—Tengo otras… cosas en mente— respondió girando un poco la cabeza y fijándose en la chica oculta entre las sombras. Hermione enrojeció y le respondió con una muy tímida sonrisa.

—Algo mejor que Caroline, supongo. Confío en su elección, Bellatrix lo fue. Por lo demás, me complacería quedarme un par de días y seguir disfrutando del reinado que has formado.

—Puedes instalarte.

— ¿Podrías decirle a tu esclava que me arregle una habitación?

Voldemort lo miró fijamente, con la rabia empezando a florecer dentro de sus penetrantes ojos — Granger me atiende solo a mí.

Octavius se giró y miró a la chica, que rápidamente abrió sus ojos con sorpresa. La mirada enfermiza y pervertida del invitado la puso incomoda, especialmente cuando ésta se clavó en sus piernas descubiertas.

—Entiendo.

Voldemort apretó la copa que tenía en la mano y con los ojos llenos de furia se volteó hacia su esclava— Granger, ve a la habitación, no voy a requerirte por ahora.

—Sí, amo— se inclinó ante la mirada de ambos magos.

—Y no salgas, es una orden.

—No parece ser una esclava, mi señor.

—No lo es… ¡Elfo! Atiende a mi invitado y asígnenle una habitación en la mansión Malfoy. Estaré en mi despacho. Buenas noches, Octavius, disfruta tu estadía.

—Lo haré, mi señor…

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Se encontraba sentada sobre un sillón color vino, en completo silencio. Ni siquiera prestaba atención al libro que llevaba consigo, el cual reposaba abierto sobre sus piernas. Su mirada se perdía en el misterioso laberinto que había en el jardín que podía vislumbrarse desde donde se encontraba. Recorrió con los ojos todo a su alrededor, pocas veces había subido al tercer piso, pero siempre que lo hacía, ese lugar era su destino obligatorio. Era un amplio balcón de mármol blanco, de un estilo clásico, que hacía juego con los sillones que se encontraban ahí; el blanco de la pureza y el fuerte color del vino, casi tan parecido a la sangre.

Miró hacia el cielo y se quedó absorta observando todo el esplendor que la luna podía ofrecer. Movió levemente sus piernas y el libro cayó a un lado, haciendo un ruido sordo en el suelo. Ni se molesto en recogerlo, simplemente no podía apartar los ojos de las brillantes estrellas. Una corriente de aire le alborotó el cabello y le dio una sensación de libertad tan única que su corazón pareció contraerse.

Un suave y delicado toque en su mano la hizo sobresaltar. Giró la cabeza con los ojos abiertos de sorpresa, solo para apreciar la silueta de su señor sentado a un lado de ella. Abrió la boca estupefacta, no comprendiendo en qué momento el hombre se había sentado. Voldemort le sonrió sutilmente y sujetó su mano izquierda, entrelazando los dedos. Hermione notó como su pecho dolía debido a las aceleradas palpitaciones de su corazón. El mago oscuro la veía con la mayor de las calmas, detallando su rostro con fascinación.

—Pensé que su reunión se demoraría más, amo.

—Quise regresar a tiempo. No me gustaría que pasaras la noche sola.

—Gracias, amo— respondió son sencillez, volviendo a observar el cielo estrellado. Voldemort se quedó en silencio unos instantes.

—Ha sido muy duro para mí…— confesó en voz baja. Hermione lo miró confundida — No pasar estas dos noches a tu lado.

— ¿Por qué no lo ha hecho?— preguntó quedamente; tratando de que no saliera un tono dolido.

—No pienso obligarte a compartir la cama conmigo. Creo que no es lo más correcto por ahora— siseó en voz baja.

Hermione soltó un suspiró de resignación y dejó de observarlo. Voldemort acarició su mejilla con delicadeza, casi rozándola con la yema de sus dedos.

—No ayuda que me deje sola todo el día tampoco, mi señor.

Voldemort entrecerró los ojos— ¿Quieres estar conmigo, Granger?

Hermione apretó inconscientemente la mano que la sujetaba. Sabía lo que quería decir, ansiaba decirlo, quería que al menos él lo supiera, no importa que se burlara de ella después. Respiró hondo sintiendo la penetrante mirada de su amo — Siempre quiero estar con usted.

— ¿Aún después de lo que hice?

Hermione lo miró — ¿Por eso no ha venido?

El hombre ladeó la cabeza — Ya te lo he dicho, después de lo que sucedió, no quiero que te sientas obligada a compartir la cama conmigo. Esperaré el tiempo necesario hasta que tú desees que yo regrese.

—No creo que deba esperar más, amo.

Voldemort soltó su mano con suavidad, ganándose una mirada interrogante por parte de la joven bruja. Sujetó su rostro con suavidad, mirándola atentamente a los ojos, casi pidiéndole permiso; se acercó hacia sus labios y los besó con sutileza. Hermione respiró pausadamente, notando cómo sus piernas temblaban sin querer. Sujetó la chaqueta del hombre y se acercó más a su cuerpo, deleitándose con el olor que ésta desprendía.

Una presión la hizo entreabrir los labios, permitiendo que el beso se profundizara. Soltó un gemido que fue ahogado rápidamente. El hombre la abrazó herméticamente, pegándola su pecho mientras seguía besándola.

—Amo…

El hombre pasó el dorso de su mano por la mejilla sonrojada de la bruja una vez que se separaron. Hermione respiraba con dificultad y le era imposible controlar el temblor de sus manos. Voldemort sonrió sutilmente viendo todas sus reacciones. Le sorprendía enormemente saber que la chica hubiese superado los acontecimientos recientes con esa facilidad, y que lo hubiese besado con tanto ahínco, deseándolo de esa manera.

—Granger…

—Lo necesité mucho, amo, ¿volverá esta noche?

—No hay nada que desee más en este momento que ir a nuestra habitación — susurró besando su cuello. Hermione sujetó su mano izquierda y la apretó suavemente, logrando una mirada intensa por su parte.

— ¿Sabes qué es esto, Granger?— preguntó soltando su mano y jugueteando con su dedo anular.

— Su anillo de matrimonio

— ¿Sabes por qué lo tengo puesto todavía? ¿Aún después de la muerte de Bellatrix?

—No, solo me percaté que no se lo quita nunca.

—Así es, Granger. Este anillo representa a la mujer con la que me quise casar; idea que no se me había ocurrido nunca. Bellatrix ya no está y no tenía contemplado quitármelo, porque no había otra mujer con la que tuviera pensado enlazarme.

Hermione se quedó en silencio, no comprendiendo de todo a lo que el hombre quería llegar. Parpadeó varias veces al ver como el mago sujetaba el anillo y lo deslizaba lentamente por su dedo hasta lograr retirarlo completamente.

—Ahora…— Hermione lo miró con la boca abierta —… he cambiado de parecer.

— ¿Po… por… por qué?

—Granger, lo que te dije frente a Caroline es cierto, además debo tener una mujer a mi lado.

— ¿Esa mujer… so… soy… yo?

—No veo a ninguna otra.

—Amo… yo creo… que debería permanecer como su esclava, nada más— respondió bajando la vista. Voldemort se la alzó de nuevo.

— ¿Es lo que quieres? ¿Ser una esclava?

—No, pero al menos se que esperar siéndolo. Solo seré una esclava sin tener permiso para nada. Si llego a tener algo más… no quiero decepcionarme. Además… a pesar de todas sus atenciones, sus palabras, todo lo que ha hecho por mí… sé que en el fondo usted me sigue viendo como una sirviente más.

—Ya no será así. Serás mi mujer frente a todos, te lo daré todo, pondré el mundo a tus pies. Pero solo si me aceptas. Tendrás tu magia, una varita, te protegeré… No habrá más castigos, tienes mi palabra.

— ¿Tendré la libertad?— cuestionó.

—Si te la doy, ¿qué harás con ella?

—Me quedaría con usted.

—Entonces, ¿aceptas mi propuesta?

—Amo…— las dudas y el miedo la asaltaban a cada segundo, era un paso peligroso e imprevisto, pero algo que secretamente había soñado y podía ser perfecto al mismo tiempo —… no quiero ilusionarme y que al final, usted decida algo diferente.

—Granger… solo por ti podría quitarme este anillo, ¿Y bien?

Sus manos temblaban tanto y estaban tan frías que tuvo que apoyarlas en sus piernas — Amo… todo esto… ¿es en serio?

—Muy en serio. Desearía o querría, que seas mi mujer, no es la primera vez que oyes esta palabra, quiero que lo seas de forma oficial, con todo lo que eso conlleva. Tengo que admitir que te he visto como mi futura esposa, más de una ocasión así ha sido. En estos momentos Granger, tú eres lo más importante.

—Yo… me gustaría… si…— sonrió tímidamente — Si, acepto… lo acepto, amo.

Voldemort sonrió, abriendo su mano y dejando que el anillo que permanecía en la palma de su mano rodara y cayera al suelo, girando hasta perderse en la oscuridad de la noche.

—En ese caso, Granger… ya no soy tu amo.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

— ¿Qué hacemos aquí, Garren?

—Guarda silencio… si te traje es para que me ayudes y no hagas ruido, se supone que eres un espía.

—Todavía no lo soy — gruño el otro hombre en respuesta — El señor oscuro no lo ha aprobado.

— ¿Y te preguntas por qué?

—Garren— musitó otro mortífago avanzando un silencioso paso — Esta es la casa de Snape; no me gusta nada.

—No se trata de lo que te guste o no, es tu trabajo— respondió mirando todo a su alrededor con la varita levantada, iluminado escasamente el deprimente lugar — Pero dada estas circunstancias creo que sería mejor que estuviera solo.

—Eres un soberbio.

—La diferencia entre tú y yo es que no entiendes la gravedad de este trabajo y a pesar de que…

—Garren, mira… es Snape ¿a dónde irá?— preguntó otro de los mortífagos mirando por la ventaba. El mencionado se acercó para verificar. El pocionista estaba afuera terminando de arreglar su capa de viaje.

— ¿No piensa entrar a la casa? ¿Por qué ha venido si piensa volver a irse sin entrar?

Garren entornó los ojos — Está disimulando algo. Necesito saber a dónde va.

— ¿Y cómo demonios vas a saberlo? Si se desaparecer es imposible saber hacia dónde se dirige.

El espía sonrió— El Señor Oscuro me ha dado una gran facilidad, me ha otorgado el poder para poder localizar a cualquier mortífago mediante un hechizo. Mientras tenga la marca tenebrosa en el brazo podré hallarlo.

— ¡¿Qué?!

—Regresen al cuartel de una vez. Ya Snape se ha ido y debo saber… el amo no aceptará más retrasos.

—Muy bien, Garren, pero ten cuidado.

El hombre sonrió —No necesito tus buenos deseos para hacer bien mi trabajo. Nos vemos luego— concluyó desapareciéndose.

….

Llevaba dos horas oculto entre los arbustos. Había aparecido en un pequeño poblado muggle, justo dentro de la casa de un hombre que parecía vivir solo. Pero por más que recorrió la humilde morada, no halló rastro del pocionista, sólo encontró el cadáver sangrante del aparente dueño de la casa.

No parecía haber sido asesinado mediante magia, y Snape no pudo haber tenido el tiempo de matarlo con un cuchillo antes que él llegara, así que era evidente que alguien más lo había hecho; aunque igualmente nada tenía sentido. ¿Por qué Snape aparecería precisamente en semejante casa y con un cadáver adentro?

Miró hacia la puerta y salió sin hacer ruido. La magia negra que Snape portaba en la marca tenebrosa lo guiaba claramente hacia su destino. Entendía a la perfección cuando los mortífagos aseguraban que el Señor Oscuro sabía cómo encontrar a sus enemigos y a los traidores en sus filas, era realmente escalofriante la exactitud con la que trabajaba.

Y sin embargo, algo lo detuvo. Había perdido el rastro. La presencia de Snape se desvanecía precisamente en ese punto, aunque no pudiera ver nada. Su mente le pedía que se retirara, ya llevaba esperando mucho tiempo y no había señales de alguna cosa extraña. Miró hacia el pueblo y notó extrañado como no parecía haber nadie en las calles, no se escuchaba nada. Se preguntó si todos sus habitantes estarían muertos como aquel hombre.

—Maldita sea— susurró dejándose caer en el suelo —Maldito Snape

Empezaba a agobiarse, odiaba esperar tanto. Miró fijamente su varita durante unos minutos hasta que un pinchazo en el cuerpo lo hizo levantar la cabeza; volvía sentir la magia oscura de la marca tenebrosa, muy cerca de él, demasiado. Se agachó quedando fuera de la vista y abrió los ojos estupefacto al ver acercarse al pocionista seguido de una mujer que reconoció al instante; era la enemiga del amo, la tal Sayen. No tenía mucha información sobre ella.

¿Por qué? ¿Acaso era Snape el traidor? A pesar de que el lord lo había mandando a vigilar durante tres meses jamás esperó algo como aquello. Tragó con dificultad al ver que la mujer ponía su mano en el hombro del mortífago y le susurraba algo en el oído.

—Lo haré…—susurró el mago en respuesta. La mujer sonrió y se dio la vuelta, desapareciendo sin previo aviso, al parecer detrás de alguna barrera de protección mágica. Snape quedó solo, mirando hacia el pueblo con cierta reticencia. Garren se puso en pie de pronto, revelando su posición.

El pocionista volteó, sacando su varita con rapidez, pero Garren, que ya venía preparado lo desarmó con facilidad. Lo miró con odio y desprecio, si había algo que detestaba era a los traidores, ya había perdido la cuenta de a cuantos había ejecutado. No quería perder más tiempo, ya tenía las pruebas que necesitaba y las órdenes de su amo habían sido bien claras; a la mínima sospecha, matarlo.

—Snape.

—Garren, buenas noches, ¿cómo me has encontrado?

El espía sonrió fríamente, era sumamente irónico que Snape quisiera jugar de esa manera encontrándose tan indefenso — Eso no tiene que importante, Snape. Traicionas a nuestro señor, suficientes razones para mi…— respondió levantando su varita y apuntando al mago — Puedes darte por muerto.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

¿Reviews?

Ahora si nos acercamos al final.

Facebook: Princess Panchali