—Ah, menos mal que estás bien —Francia se abre paso entre dos soldados y se le echa al cuello abrazándole con fuerza.
América se tensa conteniendo el aliento, irguiendo la espalda sin acabar de abrazarle pero Francia no le suelta, temblando en sus brazos.
—¿Has oído ya? Canadá está muy mal herido —le susurra
—Me han dicho que le han disparado, quiero ver a la rusa —responde en tono plano en el mejor inglés que puede.
—¿A la rusa? ¿La chica que le disparó? —le suelta solo un poquito, mirándole a la cara preocupado y haciéndole un cariño en la cara. Tiene los ojos empapados.
El americano parpadea un par de veces, cambia el peso de pie y asiente sin sonreír.
—Me han dicho que ahora vamos al búnker, lo que sea que sea eso. Había muchísima sangre... —vuelve a abrazarle y solloza un poco.
—Tú ve al bunker, yo voy a ver.
—¿Por qué quieres verla? —pregunta en su oído, pero el estadounidense no contesta, solo hace fuerza para que se separe.
El francés se separa mirándole un poco extrañado notando que pasa algo raro y las puertas del elevador se abren otra vez. Estados Unidos da un paso atrás sin cambiar de cara para separarse.
—Yo he visto que la han detenido y se la han llevado. ¿Crees que haya más gente?
—No lo sé.
—América, hay que bajar —le indica uno de los soldados. Francia se abraza a si mismo dispuesto a seguirles, aun temblando.
—Yo voy a ver a la rusa.
—No, tienes que ir al búnker —responde alguien.
Francia le mira con cara de circunstancias de acuerdo con los soldados. Nadie sabía por qué había atacado a Canadá, pero lo sensato era irse o protegerse hasta averiguarlo.
—No, no —niega.
—Vamos, ya sabes que es parte del protocolo normal —Francia le toma de la mano—. Seguro en un rato podremos ver quién es antes de ir al hospital.
Estados Unidos se humedece los labios.
—No, porque van a matarla.
—No creo que la maten... —Francia mira a los soldados preguntándose por que América dice eso.
—Yo sí lo creo.
—Está detenida viva, quieren interrogarla. Bajen del elevador, please. Es al fondo del pasillo —pide el mismo soldado que parece estar a cargo desde el principio, haciendo un gesto. Todos se mueven hacia afuera empujándoles un poco.
—¿Has dado la instrucción de que la maten? ¿Por qué? —Francia no entiende nada, moviéndose como les piden.
—No. Quiero interrogarla yo —responde América muy serio. Francia se revuelve sin saber qué decirle mirando al resto de los soldados.
—El General Rogers está a cargo de la operación, Sir. Él le espera en el búnker.
—No, yo estoy a cargo de esto.
—No tengo autoridad para aprobarlo, Sir.
Francia le mira muy nervioso de que esté tan serio.
—Pero yo sí, llévame con ella —insiste tan denso y luego señala a Francia—. Llevadlo a él al bunker.
—Non, Amerique. Espera... déjame ir contigo —Francia le pide mirando al soldado quien susurra algo con alguien en su micrófono de oído.
—No. Es peligroso —le detiene.
—También es peligroso para ti. Ya bastante tengo hoy con Canadá... Ven al búnker, deja que ellos controlen esto —casi le suplica el francés. Se oyen más pasos a lo lejos, pero Estados Unidos niega y se vuelve a los soldados.
—América —le llama alguien desde el pasillo abriéndose paso entre la gente—. Rogers. ¿Qué es lo que pasa?
—Quiero ver a la rusa.
—Eso me han dicho, están registrándola. Parece estar limpia. Disparó con un arma impresa en 3D.
América parpadea un par de veces
—Ven, tenemos el arma en custodia ya, están tomando las huellas y revisando los vídeos. El ataque fue completamente dirigido, aunque no sabemos quién era el objetivo principal —le explica—. Han activado los protocolos, hay que esperaren el búnker hasta que limpien la zona.
—Quiero ir con ella —las densidades rusas hasta niveles insospechados.
—Te escucho, pero no puedo dejarte ir con ella hasta que no sepa que no va a explotar en tu cara en cuanto estés frente a ella —el general asiente no tan sorprendido de la necedad del americano, se señala el oído—. Espero recibir el verde en cualquier momento.
Francia se pasa las manos por el pelo tremendamente agobiado por Canadá aun, sacando su teléfono y notando que ahí debajo no tiene señal para recibir noticias de Inglaterra.
—Quiero hablar con ella a solas. Sin cámaras ni escuchas —decide Estados Unidos.
—What?
—Creo que sé quién es.
—Vamos al ala este, a la zona de interrogatorios. La tienen ahí —el general levanta las cejas interesado con esto.
Asiente. El general hace un gesto con los dedos y los soldados se reagrupan y cambian de posiciones. Francia se mete al elevador con América y el general. América mira a Francia de reojo porque no quiere que vaya con él, sabe que es peligroso y que le puede descubrir.
—No hay teléfono aquí —Francia le susurra enseñándole su teléfono pero él se encoge de hombros mirándole sin decirle nada.
Le fulmina un poco porque parece estar neciamente preocupado SOLO por la rusa y no parece tener ningún interés en Canadá. Las puertas del elevador se cierran. América cambia el peso de pie, nervioso e incómodo.
—¿Estás bien? —le pregunta Francia recargándose un poquito en él. Le mira de reojo y asiente un poquito—. Canadá... —es que tiene el tremendo impulso de volver a abrazarle pero las puertas del elevador se abren y el general sale delante de ellos.
Estados Unidos traga saliva porque sabe que debería decir o hacer algo específico sobre eso pero no sabe él qué así que levanta las cejas y se va tras el general sin decir nada.
Francia le sigue aun preguntándose si estar en shock o algo así, revisando si su teléfono tiene señal ahí o no. Caminan otra vez por el basto laberinto, hasta que el general pasa su tarjeta y huella digital entrando a una puerta específica que no tiene ningún señalador distintivo de las otras. Es un cuarto pequeñito con un cristal al fondo. Detrás hay una mesa de interrogatorio y una silla con una mujer atada.
