Abrí los ojos lentamente cuando los rayos de luz me dieron de lleno en la cara y me sentí de maravilla al darme cuenta de que me había librado de la resaca. Miré el reloj, las siete de la mañana.
Miré a mi otro lado y le vi, tumbado boca arriba con los ojos abiertos mirando al techo y con un problema entre las piernas.
-¿Llevas así desde anoche?- le pregunté sorprendida sin poder evitarlo, y porque, sinceramente y contra todo pronóstico, lo ocurrido la tarde y noche anterior me había quitado mucha vergüenza con lo que se respecta a él.
-No- me contestó-. Se me pasó, tuve que pensar en cadáveres y cuerpos desmembrados, pero se me pasó.
-¿Ha tenido un sueño húmedo, agente Ward?- le pregunté con una sonrisa provocativa.
Se lo pensó unos instantes y luego me contestó.
-Sí- admitió-. Y tú has sido la culpable- me dijo colocándome boca arriba con un movimiento que no logre entender como lo hizo y se puso sobre mí-. Ayer tuve tantas ganas de arrancarte la ropa y hacerte mía- me dijo antes de comenzar a besar mi cuello como si no hubiera un mañana.
-¿A sí? ¿Y tu sueño ha sido conmigo?- le pregunté intentando ocultar un gemido.
-Aha.
-¿Me lo cuentas?- le pedí.
-¿Recuerdas el baile que me hiciste?
-Sí- le dije en otro gemido cuando él bajó a besarme es estómago-. ¿Recuerdas que me aparté cuando estabas justo por aquí?- me preguntó lamiendo alrededor de mi ombligo y sentí como se me ponía la piel de gallina-. Veo que si te acuerdas. Pues en mi sueño no me aparte.
-¿A no?- le pregunté enredando mis dedos en su pelo.
-No, y tú seguiste bajando aún más, hasta que estuviste de rodillas frente a mí. Me bajaste los pantalones y…
-No te hagas ilusiones- le dije-. Nunca hago eso la primera vez.
-Bueno, era mi sueño. En mi sueño hacías eso la primera vez. ¿Quieres saber lo que pasó después?- me preguntó subiendo a besar lo que mi sujetador dejaba ver de mis pechos.
-¿Qué pasó?
-Que te quité toda la ropa y tú a mí la que me quedaba y nos traje aquí, a esta misma cama. Luego baje besando por aquí- dijo besando mi pecho-. Y luego por aquí- dijo esta vez en mi estómago.
-Grant- gemí arqueando la espalda.
Él se colocó de rodillas y abrió mis piernas.
-Y luego por aquí- dijo besando mi rodilla para luego bajar besando la cara interna de mis muslos, hasta quedarse a unos centímetros de mi ingle donde se paró en seco-. Y supongo que el resto tendrás que imaginártelo- me dijo levantándose de la cama y caminando hacia la puerta de la habitación de camino al baño.
¡No me jodas! Sera capullo. Oh, ¿se le olvida quien ha logrado tenerle con una erección casi permanente durante las últimas once horas?
Esperé a que el ruido de la ducha dejara de sonar y conté hasta cincuenta, luego me quité el sujetador y comencé a masajear mis pechos y exageré los gemidos que esto me producía.
Una de mis manos bajo por mi estómago hasta colarse entre mis piernas, aún abiertas, y comencé a acariciarme por encima de la tela mientras me imaginaba que eran sus manos las que me tocaban.
-Ah- gemí, asegurándome de que él me escuchase-, ¡Grant!- volví a gemir y un calor me inundó todo el cuerpo al escuchar lo que me pareció un gemido en la puerta de la habitación.
Le vi observándome, con una toalla enrollada al cuerpo. Metí mi mano por debajo de la tela, mirándole fijamente a los ojos. Él no aguantó más y se abalanzó sobre mí separando mis manos de mi cuerpo y poniéndolas sobre mi cabeza.
Jueguecitos a mí. Cuando quiero a un hombre… acabo consiguiendo a ese hombre.
Atacó mis labios con el mayor deseo con el que jamás me habían besado. Pero el beso poco a poco se fue haciendo más calmado, pero eso no quitó que fuese uno de los besos más calientes que me habían dado.
Enrollé una de mis manos en su pelo y con la otra me deshice de la toalla.
-No tienes ni idea de lo que has hecho en mi- me susurró en el oído-. Si hacemos esto no hay vuelta atrás.
-Lo sé- le dije acariciando su mejilla suavemente.
-Una vez que te tenga no voy a poder soltarte. Te dije que jamás sería solo sexo contigo.
-Jamás podría ser solo sexo si ocurre entre nosotros- contesté mirándole a los ojos con amor. Después de todo lo que había pasado las últimas horas me venía con esto.
-Seremos tú y yo contra SHIELD y todas sus pegas.
-Sé que no será fácil, que tendré que cambiar de OS o renunciar a una placa y volver a ser simplemente una consultora. Me da igual. Lo haremos juntos.
-Lo haremos juntos.
Volví a juntar nuestros labios y nos giré para quedar sobre él y comencé a besar su pecho.
-¿Por qué lo hiciste? Lo de ayer- me preguntó Ward.
-Estaba enfadada por lo de May- le contesté enderezándome y sentándome sobre su estómago con una pierna a cada lado-, y sabía que tu jamás harías nada mientras yo no me encontrara en mis cabales. Fue una venganza que se me ocurrió mientas estaba borracha.
-Por lo visto tenías razón- me contestó enderezándose él también y quedando a unos centímetros de mi cara-. Haces muchas locuras cuando estás borracha.
Me reí y volví a besarle.
¿Que si hacia locuras cuando estaba borracha? Lo de ayer no fue nada.
Él bajó por mi cuello hasta mis pechos desnudos y comenzó a jugar en uno de mis pezones con sus labios. Arquee la espalda y eche mi cabeza para atrás cerrando los ojos.
No podía creerme que esto estuviera pasando así. He de admitir que cuando fantaseaba con tenerle entre mis piernas siempre imaginé que sería mientras entrenábamos (en un ataque de pasión incontrolable), a la vuelta de una misión (parando el coche en la cuneta y convirtiendo la parte de atrás en nuestra zona secreta), o incluso en las duchas del avión contra la mampara. En definitiva: duro, apasionado y de improviso.
Pero esto era diferente, era apasionado, sí, pero no tenía nada ni de duro, ni de improviso.
Era romántico.
Puse las manos en su pecho y le empujé hasta que volvió a estar tumbado boca arriba. Me mordí el labio mientras le acariciaba hasta llegar a la parte más baja de su abdomen antes de inclinarme y bajar delineando la curva de su barbilla con la lengua, luego bajé por su cuello, entre sus pectorales, las curvas que hacían sus músculos en su abdomen...
Podía sentir cono su piel se erizaba y como su respiración se volvía errática.
A pesar de la situación y de lo físicamente cerca que estaba, como había dicho hace un rato, yo nunca bajaba ahí la primera vez, y jamás hago excepciones con eso, así que volví a subir. Esta vez el camino lo hice con pequeños besos húmedos hasta que llegué a sus labios.
El acarició mis costados, haciéndome cosquillas con los dedos. Poco a poco fue bajando las manos hasta ponerlas sobre mis nalgas, afianciandome contra él.
Entonces nos giró y apoyó sus brazos a los lados de mi cabeza, evitando poner todo su peso sobre mí.
Apoyó el peso en uno de los brazos y con la otra mano me apartó el pelo de la cara.
-Eres preciosa- me susurró.
Comenzó a hacer el mismo recorrido que yo había hecho en él hasta que llego a mi ombligo y se puso de rodillas entre mis piernas.
Tal y como había hecho antes de irse a dar esa inútil ducha bajo besando la cara interna de mis muslos y acariciando la cara externa con las manos hasta colocarlas sobre el elástico de lo que quedaba de mi ropa interior.
Sonrió pícaro mientras se volvía a enderezar (todo lo que pudo sin separar sus manos del elástico) y metió los dedos entre la tela y la piel de mis costados comenzando a tirar hacia él.
Levanté las caderas para ayudarle a quitarme la prenda.
Una vez fuera besó mi tobillo (el cual estaba en alto de haber quitado la braga) y continuo bajando hasta mi rodilla.
Me recorrió con la mirada de arriba a abajado y no pude contener un gemido. Sentir sus ojos sobre mi cuerpo, observándome sin ninguna clase de pudor, me provocó mariposas en el estómago.
-Grant- le llamé cuando comencé a sentir que el repaso visual que me estaba dando era eterno.
-¿Qué?
-Por favor- le respondí, ¿por qué tenía la sensación de que se estaba vengando de mí?
-¿Por favor, qué?
-Bésame.
-¿Solo?- negué con la cabeza-. ¿Qué más?
-Tócame.
-¿Dónde?- me preguntó acariciando mi estómago.
-¡Grant! -me quejé.
-Soy muy bueno obedeciendo órdenes, Skye. Así que dime, ¿dónde?
-En todas partes- le contesté.
-¿Quieres que te bese o que te toque en todas partes?
-Las dos cosas- le respondí agarrando su mano, que aún se encontraba acariciando mi estómago, y tirando de él hacia mí.
Junté nuestros labios mientras sentía su mano bajar dibujando la curva de mis pechos. Continuó por mi abdomen hasta que acaricio mis ingles con una sola mano, brindándome una ola de placer.
-¿Quieres que te toque aquí? -me preguntó apenas separando nuestros labios. Yo simplemente gemí-. ¿Qué? No te he entendido.
-Por favor. Sí, por favor- le dije y sentí como separaba mis labios mayores hasta llegar a mi empapada entrada.
-Estás tan mojada- gimió él.
-Por ti, solo por ti- le susurré al oído y él volvió a gemir.
Sentí como sus dedos recorrían mi clítoris haciendo pequeños círculos y arrancándome suspiros de placer, se sentía tan bien.
Capture sus labios de nuevo con ansia mientras sentía como su dedo corazón se introducía en mí.
Sentí como mis paredes se ajustaban a el nuevo cuerpo que había sido introducido y gemí cuando empezó a moverlo dentro de mí.
Me las arregle para volver a ponerme sobre él y comencé a besar su cuello entre gemidos. Pase mis dientes sobre el punto exacto donde podía sentir sus pulsaciones aceleradas, mordiendo lo suficientemente fuerte como para que sintiera la presión de mis dientes, pero no lo suficientemente fuerte como para hacerle daño.
Comencé a sentir como mariposas revoloteando en mi estómago y de repente una ola de placer como hacía tiempo que no sentía me invadió.
Una vez pasó el orgasmo recuperé el aliento escondiendo mi cara en su cuello durante unos segundo mientras que él seguía acariciándome para alargar el placer residual.
Cuando pude respirar otra vez (más o menos normalmente) volví a atacar su cuello, me encantaba su cuello.
Bajé acariciando su pecho hasta que llegué a su entrepierna y la cogí con una de mis manos. El dio un pequeño saltito y gimió apretándome las nalgas con las manos.
Le miré a los ojos y le fui introduciendo lentamente en mí. Era lo más sexy que había vivido en mi vida, mirarle fijamente a los ojos mientras le sentía entrar dentro de mí. No sé por qué, no era la primera vez que hacia esto. Puede que fuese porque era él, por la forma en la que me miraba, no lo sé. Solo sé que me gustaría estar así el resto de mi vida.
Comencé a moverme mientras devoraba sus labios con ansia acunando su casa con una de mis manos y con la otra empujándole por la nuca para acercarle más a mí. Pronto los dos tuvimos un orgasmo mientras volvíamos a mirarnos a los ojos.
Estuvimos abrazados un rato hasta que algo me vino a la cabeza.
-¿Ha estado acorde con tu sueño?- le pregunté.
-Tu eres mi sueño- me contestó besándome la punta de la nariz.
-Que romántico te has vuelto, agente Ward.
-Eso jamás- me contestó medio en broma, medio en serio.
-Oh, dios mío- dije separándome se él y mirándole con preocupación.
-¿Qué?
-May me va a matar- le dije.
-Yo con May no tengo nada- me dijo confundido.
-Algo tenéis. Aunque no valláis cogidos de la mano y no te quedes a abrazarla después, os acostáis. Eso es tener algo.
-May y yo nos ACOSTÁBAMOS- dijo remarcando el pasado-. Y no creo que se ponga celosa, ella y yo no tenemos nada. Somos dos amigos que se han acostado juntos un par de veces, ya está. Solo sexo, Skye, y nunca va a volver a repetirse.
-¿Me lo prometes?
-Sí, te lo prometo. Deja de comerte la cabeza con eso.
-Entiéndeme. Es guapa, está claro que la admiras, no intentes negarlo, lo vi nada más llegar, es fuerte, valiente, habláis el mismo idioma, seguramente sea mucho mejor que yo en la cama, tan elástica y seguro que con más práctica. A ver, no la estoy llamando puta, solo que es un hecho que ella es mayor que yo, así que es de suponer...
-Para- me interrumpió-. Eres preciosa, valiente, fuerte, admiro tu forma de ver el mundo. No hablamos el mismo idioma, como dices tú, pero tampoco quiero estar con alguien que lo haga. Y créeme que no eres tan mala en la cama.
Sonreí mientras me ponía colorada.
-¿Cómo vamos a hacerlo?
-¿El qué?
-Decírselo al equipo, lo que sea que tengamos.
-¿Quieres ponerle un nombre?- me preguntó apartando el pelo de mi cara.
-No, aun no. Y tampoco quiero contarlo aún. Disfrutemos un poco de lo que está pasando antes de tenernos que enfrentar a SHIELD y a las decisiones que tendremos que tomar. No quiero que dejes de ser mi OS y no quiero renunciar a lo que he conseguido. Igual que tampoco quiero que propongan cambiarnos a uno de los dos de equipo o que te abran un expediente por acostarte con tu novata.
-Tampoco te preocupes por eso. Solo me abrirían uno si los psicólogos que nos hagan la evaluación lo consideran oportuno.
-¿Qué? ¿Qué buscarán, si me has hecho alguna clase de coacción para que me acueste contigo o algo así?
-Estoy en una posición de poder sobre ti, legalmente soy tu jefe. Así que sí, es exactamente eso lo que van a buscar.
-Quienes se creen que son para hacernos unas cuantas preguntas y creerse con derecho a decidir que somos o que podemos ser.
-Es su trabajo. A mí tampoco me gusta, pero no podemos hacer nada- me contestó dándome un beso en la frente intentando calmar mi indignación-. Además, espero que tengas a Coulson de tu parte.
-Querrás decir de nuestra parte.
-No. De la tuya. A mi querrá matarme.
-¿Tú crees?- le pregunté con los ojos brillantes de la emoción.
-¿Por qué pareces tan entusiasmada con la idea de que Coulson quiera matarme?- me pregunto sorprendido.
-Jamás creí tener a nadie que reaccionara así ante mis pretendientes.
-Lo que me faltaba.
-No le dejaré hacerte daño- le dije besando su cuello-. Yo te protejo.
Le escuche soltar una carcajada antes de volver a colocarse sobre mí y aprovechar el tiempo que teníamos antes de tener que volver al BUS.
No tuvimos oportunidad de mantenerlo mucho tiempo en secreto, ya que a las dos semanas el equipo en pleno nos pilló a medio desvestir en la sala donde guardábamos las armas.
May se lo tomó bastante mejor de lo que yo esperaba y Coulson se lo tomó exactamente como Grant esperaba. Tras escuchar unos cuantos gritos que la verdad me hicieron muy feliz (por egoísta que suene) decidí agarrar la mano de Ward y meterme en medio cuando llegó el de "te voy a echar de este avión".
Tras una charla que tuve a solas con el que parecía haberse nombrado oficialmente mi padre logré que nos ayudara, pero ni siquiera él logro librarnos de las evaluaciones psicológicas.
Quise golpear a ese tipo en la cara, parecía querer manipular todo lo que decía para que sonase como si Ward me hubiera violado. Es más, me pregunto si lo había hecho de varias formas distintas. No quería ni imaginar las preguntas que le habrían hecho a él.
Parecía que querernos era una especie de crimen, pero acabamos ganando a SHIELD. Pero tener al mismísimo agente Coulson y la caballería de nuestro lado lo hizo todo algo más fácil.
Él tuvo que dejar de ser mi OS (May tomó su lugar), y a mí me chantajearon para que diese unos cuantos nombres de la marea creciente (fue el puñetero psicólogo de las narices, que al darse cuenta de que había algo más profundo entre nosotros me amenazo con falsear el informe y que Ward acabara en la calle y muy probablemente en la cárcel si no le decía algo de interés).
Pero todo pasó e incluso, cuando decidimos empezar a "vivir juntos", cosa que se reducía a compartir habitación en el BUS, ya que ya vivíamos juntos, modificaron el avión para quitar una mampara que separaba dos habitaciones y darnos una más grande para los dos.
Un par de años más tarde nos enteramos de que el psicólogo había sido llevado a la nevera como un preso debido a los fraudes cometidos en algunos informes (como el que amenazó con hacernos a nosotros) y venta de información.
Nos prometimos a los tres años y nos casamos a los cuatro. A los seis decidimos dejar el BUS al enterarnos de que estaba embarazada, no era un lugar para criar a un niño.
El equipo nos visitaba a menudo y cuando aborte mi segundo embarazo por un ataque que sufrimos en nuestra casa de un grupo contra SHIELD, ambos, y tras tardar cerca de dos meses en tomar una decisión, decidimos dejar SHIELD definitivamente (una mala época).
Grant comenzó a trabajar entrenando a paramilitares y yo arreglaba algunos ordenadores y daba clases de informática a la vez que llevaba la informática de la empresa de paramilitares de la que mi marido era socio (en principio era de un amigo suyo de la academia que se fue poco después de salir de esta para optar a un mercado más lucrativo, pero que andaba escaso de liquidez y le compramos la mitad de las acciones para que la empresa pudiera seguir adelante y Grant tuviera un trabajo que no le asfixiara).
También nos mudamos más cerca de esa empresa huyendo de una casa que ya no era segura para nuestro hijo, ni para el que venía en camino (me volví a quedar embarazada cinco meses después del aborto).
Los años pasaron, nuestros dos hijos se fueron de casa, tuvimos nietos (uno de ellos demasiado jóvenes, ya que el mayor tuvo a su primera hija a los veinte años). Mi marido fue el primero en morir a los ochenta y ocho años de edad, y yo le seguí un par de semanas después.
Él murió de un infarto, y muchos dicen que yo lo hice de pena.
