LA NIÑA DEL ÁRBOL
CAPITULO 25
Naruto subió rápidamente las escaleras, y camino rápidamente, hasta llegar a él despacho de la residencia Uchiha. Llamó a la puerta y al recibir el permiso, entre, encontrándose al Fugaku y a Mikoto, los cuales se encontraban revisando unos importantes documentos.
Cerro la puerta tras de sí, y avanzó hasta ponerse enfrente del escritorio.
–Fugaku-san, Mikoto-san, miren– les tendió el periódico –esa era mi casa– comento, para aclararle a los mayores porque les enseñaba el periódico.
Los adultos, tomaron el periódico y miraron la noticia. Luego observaron al menor con seriedad y el mayor hablo.
–¿cuantas probabilidades hay de que haya sid/o un accidente?– pregunto el mayor.
–muy pocas, porque Sasuke y yo cortamos el paso de energía de la casa, precisamente para evitar accidentes– confesó con preocupación el menor.
–Akatsuki– susurro medio ida la morena.
–no podemos perder ni un segundo más, tenemos que tener listas todas las pruebas para el día de mañana, esto se nos está escapando de las manos y si no actuamos rápido, no podremos hacer nada y todo nuestro esfuerzo se verá perdido– aseveró el mayor.
–si– asintieron la morena y el rubio.
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Pasaron gran parte del día y la noche encerrados en aquella oficina recabando las pruebas que emplearian y organizándolas para agilizar mucho más los trámites de investigación y captura.
El tiempo era un factor importante, más que fundamental y determinante. Por la información que les había dado el rubio, supieron que su tiempo de vida cada vez se hacía más corto, y no sabían a ciencia cierta cuando llegaría su final.
–discuelpe Fugaku-san, podría regalarme una copia de los documentos– pidió el rubio, con cierto temor.
–claro, pero, para que la necesitas– pregunto con curiosidad, mientras le entregaba una carpeta café bastante gruesa.
–es simplemente por seguridad, Vera, lo que sucede es de que tengo un mal presentimiento, es como si estuviéramos nadando hacia la trampa de un peligroso lobo, no se– confesó el menor, mirando al adulto con seriedad.
Un sentimiento de inseguridad se instaló en el subconsciente del mayor, y una sensación de opresión invadió su pecho, el también sentía lo mismo que el rubio, así que para no angustiarlo más le dijo.
–no te preocupes, nada malo va a pasar– comento mientras le revolvía los cabellos –perdonanos por no haberte hallado antes, si lo hubiéramos hecho, las cosas hubieran sido muy diferentes–
–no tienen nada de que preocuparse, a pesar de que no me hallan encontrado y de que mi infancia no fue de las mejores, desde que conocí a Sasuke, mi vida cambió y he sido muy feliz– confesó con una enorme sonrisa.
–bien, es hora de ir a dormir, mañana puliremos los últimos detalles y cuando lleguen los chicos, nosotros partiremos a instaurar la demanda, por fin acabaremos con toda esta pesadilla– anuncio la morena.
–bien, buenas noches a ambos– confesó el rubio, despidiéndose de los dos adultos, para luego dar un bostezo.
–buenas noches Naruto-kun– se despidieron los mayores, que aún permanecian en el despacho.
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–Mikoto– llamo el mayor.
–dime– respondió la morena, mientras volteaba a mirarlo.
–se... Que no soy el hombre ni más sensible, ni el más cariñoso del mundo y lo sabes, y has sabido soportar mi mal humor y mi carácter a lo largo de estos años, y eso te lo agradezco profundamente. Gracias por estar a mi lado, acompañandome y apoyandome en este tiempo, y es por eso y por qué te amo, que te quería proponer lo siguiente– confesó con seriedad y mientras que con su mano izquierda tomaba una de sus manos, con la derecha rebuscaba algo en su pantalón, hasta que lo hallo y lo saco, dejándole ver s la morena una pequeña caja de terciopelo negro. El mayor se aclaró la garganta y con la voz más dulce que tenía pregunto –cuando acabe toda esta pesadilla y si tenemos la fortuna de seguir con vida, tu... Aceptarías casarte de nuevo conmigo– pregunto, abriéndole la caja y enseñándole un precioso anillo de plata pura, con incrustaciones de diamante y un rubí de buen tamaño, en forma de rombo, en el centro, adornando la costosa pieza.
–claro que aceptó, amor– susurro la morena con dulzura, mientras se lanzaba a sus brazos –sabes que mi corazón te pertenece, y además, eres el padre de mis hijos, cono decirte que no– añadió la morena feliz, y el moreno colocó la pieza delicadamente en las suaves manos de su esposa.
–no sabes cuán feliz me haces en este momento– susurro el mayor, para después besarla –mañana le diremos a los chicos– comento, una vez término el contacto.
–de acuerdo, por el momento, vamos a dormir– sugirió la morena.
–vamos– asintió, saliendo del despacho, una vez todo estuvo apagado, para luego marcharse a su habitación.
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La mañana del día siguiente llego, y por primera vez en la historia, el desayuno de la familia Uchiha se realizó en completa armonía y felicidad. Todos en el comedor bromearon y se emocionaron con las nuevas noticias de esa mañana; la renovación de los votos matrimoniales de los patriarcas de la familia y la muy pronta paternidad de Itachi, que en un descuido, había embarazado a su novio, pero su inesperada llegada no había sido un motivo para mermar su felicidad, y le comunicó a sus padres que pediría su mano en matrimonio el domingo en la noche, para que ni transcurriera más tiempo y ese pequeño naciera bajo su apellido, como el hombre responsable que era.
Los mayores sólo se dedicaron una fugaz mirada triste, pero no permitieron que su tristeza menguara el ambiente jovial que había en el comedor.
Todos estaban felices, puesto que las noticias eran alegres y maravillosas, pero a la hora de la partida al trabajo e Instituto de los morenos menores, el ambiente se cargó de un melancólico sabor a despedida.
–chicos, queremos hablar un momento con ustedes– pidió la morena.
–pero mamá, se nos hace un poco tarde– comento el menor y la morena sonrió, puesto que su hijo llevaba años sin decirle de esa manera.
–solo serán unos minutos, no te preocupes, no los retrasare mucho– comento el Uchiha mayor.
–de acuerdo– contestaron los morenos.
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–hijos, sabemos que no hemos sido los mejores padres, que hemos cometido muchos errores con ustedes y de que los hemos descuidado, pero, esperamos que algún día comprendan nuestros motivos y puedan perdonarnos– se disculpó la morena.
–hijo, quiero que sepan que estoy orgulloso de ustedes, en especial de ti– señaló a Sasuke, el cual de la impresión, miro a todos lados, creyendo que su padre se refería a otra persona y no a él, sacando una pequeña risa del mayor –si, de ti, Sasuke, siempre has sido mi hijo favorito, aunque no lo demostré y creo que Itachi ya lo sabia– comento señalando al pelo largo, que simplemente sonreía con socarronería.
–pero, si tu... El... Yo– trataba de expresarse, siendo esto imposible por el gran impacto que le había causado la noticia. Sacándole una visita al rubio que estaba sentado en el sofá a su lado.
–dejanos terminar– corto el mayor su fallido intento de diálogo –espero que sigan siempre nuestras enseñanzas y que valoren y cuiden lo más preciado que tienen, que luchen por sus metas y que jamás desfallezcan hasta lograr su objetivo– comento, mientras se acercaba al par, que se encontraban uno al lado del otro y abrazándolos, para después susurrarles –su madre y yo los queremos como no tienen idea– se separo y observó como ahora era la morena la que los abrazaba.
–los amo hijos, cuidensen y siempre luchen por ser felices– les susurro y a cada uno le planto un beso en la frente.
Los menores llegaron a la conclusión de que aquello sonaba a despedida. Era como si los mayores supieran que no los volverían a ver, pero no tuvieron tiempo para comentar algo acerca de eso, porque su padre con su voz fría y autoritaria de regreso, comento.
–bien, eso era todo, ahora marchensen rápido o llegarán tarde a sus destinos– los menores observaron el reloj de la sala y su cara cambio drásticamente a una de preocupación, sino se deban prisa, llegarían tarde. Se despidieron rápidamente de sus padres y antes de que partieran, el mayor le dijo a él azabache menor.
–Sasuke, regresa lo más pronto posible, no podemos dejar a Naruto solo y debemos salir a realizar algo importante– pidió el mayor.
–de acuerdo, papá– respondió de vuelta mientras le dedicaba una sonrisa ladeada, que fue respondida con otra igual, sacándole una enorme gota a Naruto que se encontraba presente. Ellos tenían razón, Fugaku y Sasuke eran iguales.
Los dos pelinegro menore se fueron y en la casa sólo quedaron los dos mayores y Naruto, quienes terminaron con todos los detalles y contactaron a Kakashi Hatake que era el abogado de la familia y a Iruka Umino, quien era el gorence que había llevado las investigaciones a cabo, además de ser amigo del abuelo de Naruto y este mismo. Debían concretar todo.
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Después de solucionar y arreglar todo, los esposos Uchiha abandonaban su casa. Su hijo les había llamado, diciéndole que había tenido las dos últimas horas libres y que estaba a poco de llegar.
Los dos mayores, se sonrieron y tomados de la mano, caminaban el corto trecho que había entre su casa y la carretera. Estaban felices y como no estarlo, si después de más de 18 años de incansable lucha, por fin la claridad definitiva su veía al final del túnel repleto de oscuridad.
Naruto los miraba desde un poco más afuera de la puerta de acceso a la vivienda. Ese día había decidido salir a despedirlos, quería asegurarse de que estuvieran bien.
En la lejanía divisó a Sasuke, el cual, al distinguirlo, levantó su mano en forma de saludo. Tan distraido estaba, que no noto la moto que se acercaba a gran velocidad, en la que venía un hombre pelinaranja de conductor y una peliazul de parrillera, la cual tomo una subametralladora que llevaba consigo, disparando sin reparos ni miramientos, ante los ojos atonitos de los cuatro pares de ojos pe observaban esta escena.
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Hasta aquí...
Nos quedan pocos capítulos para el final.
Lo sé, soy una desgraciada por dejarlos en suspenso.
No vemos en el próximo.
