OUTTAKES 24 – Paciencia.
Quería retener cada pequeño detalle del día de hoy en su memoria para siempre. Recordar cómo se sintió cuando abrió los ojos la mañana de su graduación, cómo olía la tela nueva de su toga o cómo sabía el desayuno que tomó antes de llegar a la ceremonia. Tendría un millar de fotografías para rememorarlo pero esas pequeñas gotitas no quería que se le escaparan porque esta vez era la de verdad y la definitiva. Además, que toda su familia estuviera en las gradas esperando que dijeran su nombre o que incluso Jacob hubiera venido, le hacía hasta estar en éxtasis de la felicidad. Todo el mundo parecía orgulloso de él por lo que había conseguido así que él, a cambio, debía de atesorar cada segundo en gratitud.
Se sabía los pasos de memoria por todas las veces que había estado en una ceremonia así pero hoy quiso saborearlos al completo. Hacer fila por orden alfabético, las palabras del rector sobre el futuro que les esperaba en un momento social irrepetible, el discurso del mecenas de por qué había escogido Dartmouth para invertir y lo afortunados que eran por las enseñanzas que estaban recibiendo, los primeros nombres de alumnos que llamaban a recoger su diploma...
Era una suerte apellidarse definitivamente Cullen porque así no tendría que esperar una infinidad de nombres antes que el suyo con ansiedad para levantarse, cruzar el pasillo y subir las escaleras. Ahí ya tuvo que soplar, cuadrar los hombros e incluso tragar saliva. No mirar al público, no, no quería que nada le distrajera, quería tener todos los sentidos para escuchar al decano de ciencias pronunciar su nombre completo:
-Edward Anthony Masen Cullen.
Subió el último escalón y caminó por el escenario hacia donde su diploma le esperaba. Quiso guardar en su memoria la sensación del tacto del papel satinado al tomarlo, lo mismo que del lazo de seda o de la calidez de la mano del rector al estrechársela mientras le daba la enhorabuena. También el fogonazo del flash del fotógrafo mientras sonreía, pero lo mejor de todo poder mirar a las gradas para localizar a su familia mientras lo levantaba victorioso.
Dar con ellos era fácil porque dudaba que ningún otro estudiante hubiera pedido tantas invitaciones y menos que requiriera que fuera en las primeras filas de las gradas por los cochecitos de los bebés. De hecho, la mujer de administración le miró como si estuviera loco o borracho o ambas cosas a la vez. Por eso al primer sitio al que miró fue a la parte derecha donde había un pasillo donde además todo el mundo estaba levantado: Jacob silbando, Emmett jaleando como si estuviera en un partido, Rosalie aplaudiendo junto al cochecito de Henry, Alice dando saltitos, Jasper gritando algo, Carlisle saludándole con su sonrisa de orgullo y Esme parecía que lloraba sin dejar de mecer el cochecito de Louise. Pero de toda esa gente a la que quería tanto y que eran una pequeña parte de su ser que hacían al completo su persona quiso registrar y memorizar lo que hacía Bella y Lexie, los últimos en las gradas.
Bella tenía a Lexie en brazos al que jaleaba mientras le señalaba, feliz, pletórica y orgullosa. Su pequeño también aplaudía, seguro que imitando al resto, pero le buscaba con la mirada mientras pronunciaba "papá", así que solamente por eso, había merecido todo lo anterior. Eso lo guardaría en la caja fuerte de sus recuerdos y lo sacaría de vez en cuando para recordarse por quién lo hacía todo y por quién era todo su esfuerzo. Se colocó la borla hacia el otro lado y más feliz que nunca recorrió el camino contrario para regresar a su silla para esperar que la ceremonia concluyera para reunirse con ellos.
-Estoy tan orgullosa de ti, cariño. En otros dos años te estarás doctorando en Medicina- dijo su madre mientras le abrazaba.
-Créeme que eso me llevará más tiempo- repitió divertido- Aunque gracias por el voto de confianza.
-Entonces, en dos años espero otro billete en primera clase- contestó Jacob chocándole la mano.
-Tendrás todos los que quieras cada vez que te apetezca venir- respondió Edward.
-¿Cuando yo me gradúe también tendré que ponerme una toga negra? El negro no me sienta bien- se quejó Alice.
-En tu caso, seguro que hacen una excepción- le contestó a su hermana.
Le guiñó un ojo, le sacó la lengua y con un salto se lanzó a sus brazos. Le aceptó para besarla en la mejilla, siguiendo con otro abrazo a Jasper e incluso a Rosalie que le dio la enhorabuena con otro beso en la mejilla. Emmett le levantó en peso casi estrangulándolo y si no fuera por Carlisle le hubiera dejado un rato sin oxígeno mientras el muy mentecato se reía.
-Tu hermanita también quiere darte la enhorabuena, ¿verdad, princesita?- dijo Carlisle acunando al bebé- Di a Edward lo feliz que estás por su graduación.
Ese bebé era la reencarnación de la belleza personificada combinada con la dulzura. Cualquier ruidito que hacía era encantador o cada movimiento, como ahora que movía las manitas y fruncía el ceño, segura que molesta por el sol. Le sonrió, le hizo una carantoña y tendió los brazos para que se la pasara, lo que su padre hizo gustoso antes de darle un beso en su cabecita cubierta por un gorrito de color rosa.
-¿Te ha gustado la ceremonia, Louise? No te oí llorar, lo que a todo el mundo le preocupaba mucho. Pero eres un angelito- le acarició la naricilla con la suya- Seguro que has estado muy atenta porque dentro de poco, tú también estarás aquí.
-Antes de que nos demos cuenta- rió Carlisle.
Le volvió a acariciar la nariz con la suya que la niña aceptó con un balbuceo, le besó la manita que movía, la estrechó contra su pecho...
-¡No!- exclamó una vocecilla- ¡Bebé no! ¡Etsi!
De la nada y entre el gentío como se acercaban el resto de sus familiares al abandonar las gradas apareció Lexie como un sputnik para cogerse de golpe a sus dos piernas, como si le fuera la vida en ello, aunque más bien sabía a qué se debía: a que tenía en brazos a Louise. Realmente Lexie celaba mucho de su nueva tía por mucho que tuvieran las mismas demostraciones afectivas con ambos o las mismas atenciones. Y desde el viaje aunque hubiera mejorado la interacción que tenía con ella – a la que toleraba aunque realmente ignoraba – eso de verles a él o a Bella tomarla en brazos no había cambiado si acaso empeorado.
-¡Peque!- le siguió Bella que corría tras él intentando alcanzarle- ¡No te sueltes de la mano de mamá!
-¡Bebé! ¡Bebé! ¡Etsi! ¡No!
Llegó a su altura soplando, miró al pequeño cogido a sus piernas y a él con la niña en el regazo, lo que la hizo soplar más sin saber a qué. Bella llevaba todo el día... ¿nerviosa? No sabía cómo definir su estado de ánimo. ¿Ansiosa? Quizás. Sabía que para ella significaba mucho el día de hoy, que estaba muy orgullosa y que había ayudado a Alice a preparar la fiesta de después, pero no para que se mostrara tan... ¿angustiada? No poder leerle sus expresiones – cuando no era la mente- realmente le frustraba y ahora era uno de esos momentos en los que no tenía ni idea qué le preocupaba a su mujer. Si era por que saliera todo bien a gusto de todos, si era porque Jacob estaba aquí y quería cuidar muy bien a su mejor amigo, si era porque realmente no se encontraba bien, o porque Lexie le estaba agotando la paciencia...
-¿Por qué te sueltas de la mano de mamá?- le reprendió Bella- ¿No ves que puedes perderte entre la gente?
-¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!- lloriqueó tendiéndole los brazos- ¡Etsie! ¡No bebé!
Una de las cosas buenas de que Lexie hubiera pasado los días de su viaje con Alice era que había aprendido a decir un montón de cosas. Por ejemplo, ya se llamaba a sí mismo, esa mezcla tan graciosa de Etsie, se señalaba en las fotos diferenciándose de las fotos de Henry, pedía alimentos en concreto o respondía al teléfono. Todo muy gracioso o encantador hasta que le vio con el chupete tras la merienda mientras jugaba con sus bloques de construcción que no era ni la siesta ni la noche, momentos en los que sí lo podía tener. Alice se defendió diciendo que estaba muy ansioso con su marcha y que era la manera de calmarle, pero más bien se trataba que Lexie era su nueva marioneta humana a la que vestir, peinar y jalear y antes que verle hacer un puchero le metió el artilugio endemoniado en la boca sin dudar.
-Ven con el abuelo, Lexie- dijo Carlisle tendiéndole los brazos.
-¡No! ¡Papá! ¡Papá! ¡Etsie!- insistió en llanto puro sin dejar de levantar los brazos.
La paciencia, sin lugar a dudas, eso era lo que tenía Bella hoy, que se le iba, porque sin mediar más palabra, sin intentar dialogar con él o explicarle el cuento de siempre – ahora papá tiene el bebé, puede cogerte también si quieres darle un beso – se agachó a su altura, le cogió del brazo y le meneó para que dejara de llorar ya que el niño se quedó quieto, a la par de compungido.
-Ya está bien. Papá no te puede coger y punto. Y si no dejas de llorar nadie te cogerá.
Le miró con los ojos como platos porque Bella jamás había reprendido a Lexie de ese modo. Normalmente el de la disciplina era él y si acaso Lexie sacaba a Bella de sus casillas le decía algo en tono serio pero nada más. Podía exasperarla, agotarla y cansarla, pero Bella soportaba una a una cada cosa de su bebé como la madre abnegada que era, así que si ya estaba preocupado por ella, ahora, tras esto más.
-Mami- apenas gorgoteó Lexie a media voz.
Bella resopló por la nariz y le cogió en brazos para ponerle contra su cuello, lo que el niño aceptó para cogerse a ella y no mover ni un pelo de su cabello. Quizás sí que continuó lloriqueando en silencio unos instantes más pero de su boca no salió ni un mísero suspiro.
-Está siendo un día de grandes emociones- dijo Carlisle acariciándole la espaldita- Ha sido duro para él estar tanto tiempo sentado en las gradas sin moverse. No se lo tengas en cuenta.
-Mañana tendré las piernas llenas de moratones por sujetarle cuando se quería levantar- se quejó Bella.
-Aún es muy pequeño- insistió su padre- Y está viviendo muchos cambios. Se acostumbrará, sólo hay que tener paciencia.
-Supongo que sí- resopló.
Carlisle le sonrió, besó a Lexie en la cabecita y le tendió los brazos para que Edward le pasara el bebé. Se despidió de su hermanita con otro roce de nariz y hasta que su padre no se alejó unos pasos en busca del cochecito para acomodarla dentro, no se dirigió a Bella.
-¿Quieres que hablemos ahora?- preguntó.
-¿Hablar, de qué?- replicó ella.
-De lo que te preocupa o de lo que te pasa. Pareces a punto de explotar. Llevas todo el día muy nerviosa.
-Estoy bien.
-No sigas diciendo que estás bien, porque no es así, Bella- discutió- Así que me gustaría que me contaras lo que te ronda por esa cabeza por una vez sin que tenga que leértelo.
Bella volvió resoplar, le rehusó la mirada y hasta le acarició la espaldita a Lexie, pero no dijo nada más, como si ni siquiera estuviera delante.
-¿Es algo que yo haya hecho?- insistió.
Ahora fue ella la que abrió los ojos como platos, sosteniéndole la mirada. Pero acto seguido negó con la cabeza a la vez que se le pintaban dos líneas rojas en las mejillas.
-No- contestó escuetamente.
-Sí- replicó él- He hecho algo que te ha molestado. Ahora me gustaría saberlo para pedirte perdón y poder disfrutar del resto del día.
-Tú no has hecho nada, Edward. Es...- suspiró quejosa- Da igual. Hablaremos después, en casa. Ahora nos espera la fiesta.
-¿Crees que tengo ganas de una fiesta cuando sé que hay algo que te incomoda y no me dejas remediarlo? ¿Lo sabe alguien? ¿Se lo has dicho a Alice, a Jacob?
Meneó la cabeza, frunciendo el ceño y contestó:
-Cuando tengo un problema te lo cuento a ti, que es con quien comparto el día a día, pero ahora no quiero hablar de ello y sólo quiero que disfrutemos de tu fiesta. ¿Me lo prometes? Ya he disgustado bastante a Lexie por haberle regañado, no quiero disgustarte también a ti.
Se acercó a ella para besarla sonoramente en la frente mientras los atraía contra su pecho y dejó los labios allí un rato. Oh, su mujer cabezota y tenaz que ponía a todo el mundo por delante de ella. Fuera lo que fuera lo que le preocupaba, se lo diría, si bien al final del día en vez de ahora, pero hablaría con él. A Bella no se le podía presionar, lo sabía bien, así que ahora sólo tenía que recoger la paciencia que a ella se le había caído por sujetar a Lexie durante toda la ceremonia.
-A Lexie se le pasará y estoy contigo al haberle regañado. Entenderá que nos tiene que compartir con más gente aunque no le guste y eso le suponga más de un berrinche.
-Gracias- suspiró Bella.
Alice regresó a su lado dando saltitos para otra ronda de fotos – ahora con su diploma – así que no le quedó más remedio que sonreír y posar. ¿Cuántas llevarían ya? ¿Tres tarjetas de memoria llena? Posó con unos, con otros, en grupo, solo, con Lexie que se cogió a su cuello y no se quiso soltar, le pidieron a una amable mujer que intentara hacérsela a todos juntos... Después, como maestra de ceremonias, Alice ordenó que ya era hora de ir a casa y casi se compungió por lo que le esperaba allí pensando en la última fiesta de graduación que organizó.
Bueno, debía de darle un poco de crédito a su hermana – o quizás a Bella que la contuvo – porque no era nada monstruoso. Quizás como su fiesta de cumpleaños en Forks, con una tarta, servicio de catering y la decoración. Había llenado el techo del salón de globos negros y verdes – los colores de Dartmouth – lo había dispuesto todo en mesas para que se pudieran mover y había alquilado un equipo de música. Eso sería muy divertido. Como la boda de Emmett y Rosalie, eran casi los mismos y se lo habían pasado muy bien. Así que comieron, brindaron, se hicieron más fotos e incluso hubo un rato para el baile mientras los más pequeños dormían la siesta y Lexie jugaba con su triciclo por debajo de las mesas del catering.
-¿Me concede este baile, señora Cullen?
Bella dejó de recoger el estropicio que había hecho Lexie con los canapés – los había destripado para comérselos con los deditos hasta que se cansó – y levantó la vista para mirarle mientras se soplaba un mechón.
-¿En serio, Edward? ¿Es necesario?
-Vamos- se quejó- Es mi fiesta. ¿No vas a bailar conmigo? Ya lo he hecho con Esme, con Rosalie y con Alice. ¿De verdad que vas a ser la única que me va a decir que no?
Puso los ojos en blanco, dejó los trocitos de canapé sobre un plato, se limpió en una servilleta y caminó al otro lado de la mesa. Antes se tuvo que volver a poner los zapatos – ganando considerablemente en altura – y así le tendió la mano para que él se la cogiera.
-Puedes subirte a mis pies, si quieres- dijo.
-No, ya he superado esa etapa- respondió Bella.
Le sonrió, le besó la frente y la atrajo contra sí. Su mano bajó peligrosamente de lo que debía de quedarse en la cintura pero en su defensa debía añadir que los vestidos que Alice le compraba eran a cada cual más pequeño, así que era difícil de controlar, más cuando Emmett, al otro lado de la sala, sentado con Jacob, le silbó como si fueran una atracción de feria.
-¿Ves lo bien que se nos da?- le dijo en otro beso moviéndose al ritmo de la música lenta- Todo lo que hacemos entre los dos nos sale perfecto: el baile, el sexo, los bebés...
Bella dio un respingo y levantó la cabeza para mirarle como si le hubiera pellizcado, pero ni le había apretado, ni pisado ni movido la mano, así que no entendió a qué vino la revelación.
-Te lo voy a preguntar por última vez y ya no me vale el estoy bien. ¿Qué es lo que te ocurre?
Meneó la cabeza y miró atrás, a la familia reunida: Emmett y Jacob seguían hablando, seguro que de mecánica de lo que los dos nunca se cansaban de charlar, Rosalie estaba ahora sentada con Lexie sobre la alfombra jugando con sus coches, Esme y Carlisle estaban en el sofá observándoles y Alice y Jasper también bailaban, pero ellos fusionados por el poco tiempo que tenían juntos, casi sin pasar el aire entre sus cuerpos a no ser que él la hiciera dar una pirueta. Allí la única persona que parecía incómoda y no disfrutar, era Bella.
-¿Podemos subir y hablarlo... a solas?- añadió.
-Claro- respondió escuetamente.
La tomó de la mano y salió del salón en dirección a las escaleras sin mediar palabra. Escuchó a Emmett vociferar algo respecto a que se fueran a solas y arriba, pero le ignoró mirándole de soslayo para seguir su camino hasta cruzar el pasillo y llegar a su habitación. Abrió la puerta, hizo que Bella pasara antes y la volvió a cerrar. Bella, en ese momento, se sentaba en la cama para volver a quitarse los zapatos incluso frotándose los pies.
-¿Y bien?- preguntó sentándose a su lado para besarle el hombro desnudo que dejaba el vestido sin mangas.
-No sé por dónde empezar- respondió a media voz sin mirarle.
-Por el principio- dijo.
Asintió, resbaló por la cama para casi quedar en el centro y se abrazó las rodillas con los brazos. Con la largura del vestido, o más bien la falta de ella, se le veía la ropa interior por debajo – una especie de pantaloncitos negros que tapaban lo necesario – pero Bella no parecía preocuparle demasiado lo que revelaba su vestimenta así que le miró a los ojos mejor que a otro sitio para invitarla a comenzar. Tomó aire, sacudió los hombros y finalmente contó:
-Cuando me fui a tomar la píldora por la mañana, vi que era la tercera azul, pero creo que lo he hecho todo bien porque no faltaba ninguna del resto ni me he confundido de caja.
Eso lo dijo casi sin respirar, como si lo escupiera, y le costó tanto seguirla que cuando terminó y le miró, no entendió absolutamente nada, de qué hablaba, que era lo que le preocupaba y a qué venía hablarle de la píldora que se tomaba por la mañana.
-¿De qué...?- balbuceó confuso.
-De la regla. Hablo de la regla. O más bien de la ausencia de ella. Llevo tres días de retraso- contestó frustrada- Y me he dado cuenta hoy cuando vi que me tocaba la tercera píldora de color azul.
¡Las píldoras anticonceptivas! Un logotipo de su mismo tamaño le golpeó imaginariamente en la cabeza. Esas eran las píldoras que se tomaba cada mañana desde que Carlisle se lo había recomendando de entre todos los métodos anticonceptivos, con el que Bella se sentía más a gusto. Y él, algo que nunca le agradecía lo suficiente, porque nunca tenía que preocuparse de nada y lo dejaba todo en sus manos. Apenas se las iba a recoger a la farmacia, era todo el aporte que él hacía, sabía en qué sitio del armario del cuarto del baño las guardaba y poco más. Y sí, que eran pequeñitas y de color blanco y que había otras siete azules que se tomaba mientras tenía el periodo para no perder el hábito de la medicación.
Se había mantenido tan al margen de la materia que ahora no sabía qué decirle. Que no se preocupara, que si lo había hecho todo bien le vendría el periodo. Oh, no, él tampoco se metía en esos asuntos íntimos de Bella. Como mucho compraba sus artículos de higiene, pero poco más, y los guardaba en su repisa del cuarto de baño. Era un marido patético. Aunque como defensa Bella tampoco lo compartía con él porque sabía que con su educación del siglo pasado le incomodaba, así que quizás por eso estaba tan confundida y huraña durante todo el día.
-No...- volvió a balbucear-... no te preocupes, quizás no es nada. Simplemente...
-¿En serio, Edward?- le increpó- ¿Eso es lo que me vas a decir? ¿Que no es nada? Sabes tan bien como yo lo que puede significar.
Pues claro que lo sabía. Vaya que lo sabía. Las rojeces – pronto moratones - que Bella tenía en las rodillas que se aferraba era una prueba viviente de lo que significaba. Otro bebé. Lo que no le cuadraba era que Bella estuviera así de molesta e incluso enfadada si realmente ese retraso terminaba igual que el último, cuando su máximo deseo era volver a estar embarazada.
-¿Y no te hace feliz?- titubeó.
-¿Te lo hace a ti?- replicó Bella- Si es que no, no me contestes, no podría soportarlo- añadió evitando mirarle.
Eso era. ¡Maldita sea! ¡Eso era! Temía cómo se lo iba a tomar él. ¿Cómo no? Su Bella cabezota que ponía a todo el mundo antes que a ella, siempre. Hasta él, que la dejaba sola con temas que eran de dos por sus prejuicios de principios de siglo. No tenía perdón. Llevaría todo el día acongojada temiendo su reacción, que ahora ni era reacción porque estaba en shock por el súbito tráfico de información.
-Mi amor, pase lo que pase, estaremos juntos, para eso somos una pareja y una familia, ¿no? Si estás embarazada, lo querré tanto como quiero a Lexie y si no lo estás, aún tenemos esa conversación pendiente en diciembre. Tú no te preocupes por nada más, todo saldrá bien.
Le iba a besar otra vez en ese hombro, quizás atraerla contra él y abrazarla pero Bella se revolvió para encararle, soltándose incluso las piernas.
-No lo entiendes. Nada está saliendo bien. Nada saldrá bien. Yo no quería que...- se revolvió más-... No quería que fuera así. No quiero que sea así. Me enfada. Me enfada mucho. Porque tenía esa situación idealizada en mi mente y esta mañana se ha ido al traste por culpa de la maldita píldora azul. Quería planearlo, y decidirlo, y hablarlo contigo y hacer como hacen todas las parejas cuando quieren tener un bebé y ahora ya no puedo y es muy injusto- rompió a llorar- Y me siento mal porque es completamente absurdo- sollozó.
Ahora sí que se quedó perplejo ante la reacción de Bella y poco más que abrazarla para besarle la cabeza pudo hacer. Así que se trataba de eso, que la sospecha inesperada podía truncar los sueños o expectativas que podía tener sobre su futuro bebé. Y eso le partió el corazón por no poder hacer nada por ayudarla y hacerle sentirse mejor. Bella era una persona muy conformista sobre todo cuando se trataba de los deseos de los demás: se había mudado con Charlie cuando Renee se volvió a casar para no molestarla cuando claramente con su padre no había una relación estrecha, sacrificando su último curso del instituto además de echar de menos a su madre con quien estaba muy unida. Había aceptado una boda por todo lo alto por Alice, cuando ella hubiera preferido algo íntimo y sencillo, donde ni siquiera fuese el centro de atención. Estaban en Dartmouth porque era dónde él quería estudiar y ella sentía que no rendía lo suficiente para llegar a la nota media de los estudiantes. Así que como sabía que su máximo anhelo era tener otro bebé, habría soñado con él, como soñaba con Lexie cuando estaba embarazada de él, se había planteada un montón de situaciones hipotéticas y ahora se le habían venido abajo como quien borra una pizarra.
-No lo es, mi amor. Ese era tu sueño y tu anhelo y siento mucho que se haya podido estropear. Siento no haber prestado más atención. Quizás si hubiera estado más implicado en...
-¿En qué, Edward?- sorbió la nariz, ruidosamente- No es culpa tuya, no es culpa de nadie. Está pasando así, y ya está. Tal vez es que no funcionaron como debieran o la olvidé en algún momento sin darme cuenta. Estos últimos días con todos los preparativos he estado muy estresada, quizás me tomé la azul antes de tiempo o la confundí con la normal.
-Pero todo esto te lo he dejado a ti y no está bien. Nos incumbe a los dos. Quizás debiéramos cambiar de método dado que éste no está dando los resultados deseados.
-¿A cuál?- se limpió bajo los ojos dejándose un borroncito del maquillaje- De todos los métodos que nos habló Carlisle es el único que no me pone los pelos de punta: ni voy a ponerme inyecciones, ni ningún dispositivo de metal en...
-Lo sé, y sé que es el que más te gustaba- le interrumpió- pero tú has asumido todas las responsabilidades y consecuencias en la contracepción y es también asunto mío. Debería haber estado cuanto menos pendiente porque para mí ha sido muy fácil.
-Ahora ya da igual- volvió a sorber la nariz- Es de locos, estamos hablando como si estuviera embarazada y ni siquiera lo sé seguro. Estoy arruinando tu fiesta. Lo siento mucho.
-No digas tonterías, tú no arruinas nada. Y si quieres salir de dudas, deberíamos hablar con Carlisle. ¿Qué te parece?
-No- negó con la cabeza- No quiero que se lo digas a nadie. Espera unos días, quizás una semana. Aún tengo que asimilarlo. Quizás me venga la regla al final. No quiero... que lo sepa nadie más.
-Como quieras, mi amor- le besó la frente- Como tú quieras. ¿Qué quieres hacer ahora?
-Nada- volvió a sollozar- No salgamos de aquí.
Le besó una vez más y tirando de ella para que se refugiara en su pecho, les recostó a ambos en la cama. Bella le aferró, entrelazando incluso las piernas y se quedaron allí en el silencio únicamente roto por la música que se filtraba del salón, abrazados sin decir nada más.
-Tendría hasta sentido, ¿no crees?- dijo, después de un largo rato para levantar la cabeza de su pecho, con su borrón bajo los ojos- Quizás las píldoras no aguantaron todas las veces que lo hicimos en el viaje.
Se rió para limpiarle el borrón y se recostó de lado para que ambos quedaran frente por frente. El vestido de Bella ya era un gurruño y lo tenía casi subido hasta la cintura mostrando el pantaloncito negro, así que antes de contestar les echó la manta de los pies por encima.
-No creo que eso funcione así, pero de ese modo recordaríamos Nueva York siempre- le besó la frente.
-¿No te enfadas?
-¿Cómo voy a enfadarme por posiblemente haber creado otro ser maravilloso contigo? También me gustaría haber sido consciente y darte las situaciones hipotéticas de tu mente, pero si no es así me hará también muy feliz.
-Ahora ya no hay modo de quitarte la idea de mudarnos, ¿verdad?
-Cierto- dijo sonriente.
-No podré empezar el próximo semestre- añadió- Me había imaginado que si me quedaba embarazada en diciembre o en enero, podría terminar el próximo curso sin problemas y tomarme libre el comienzo del cuarto año. Sería difícil porque Lexie aún es pequeño pero viendo como lleva lo de Louise, será horrible cuando sepa que vamos a tener otro bebé. Seguro que me vuelve loca.
-Nos- le corrigió, pasándole el pelo tras la oreja- Nos volverá locos a los dos, porque estamos juntos en esto.
-No, porque tú tienes que ir a clase y cuando llegas para Lexie todo es felicidad y juegos y yo me tengo que tragar los berrinches y las pataletas.
-Discrepo en eso porque yo he soportado el síndrome de abstinencia del chupete y todo eran abrazos y besos para mamá- dijo- Pero si eso es otra de las cosas que te preocupa, cursaré online todas las asignaturas que pueda para estar el máximo tiempo en casa con vosotros.
-Nunca te pediría eso. Te encanta ir a clase y ahora tienes hasta amigos.
-No me lo pides. Yo lo hago- respondió- No hay nada más importante para mí que tú y tu bienestar.
Bella meneó la cabeza frunciendo el ceño pero en vez de contestar algo más, se volvió a acurrucar en él, así que la aferró de nuevo besándola en la frente. Cerró incluso los ojos inhalando la esencia de los cabellos de su mujer y se mantuvo así, quieto y calmado, escuchando la música filtrada hasta que un ruido en el pasillo le desconcertó, seguido de quizás un par de golpes, pisotones y un aporreo en su puerta, tan fuerte que juraría que la vio temblar en sus bisagras.
-¡Edward!- exclamó Emmett desde fuera sin cesar el aporreo- Súbete los pantalones porque voy a entrar.
-Qué demonios...- fue lo único que le dio tiempo a decir.
Cumpliendo su promesa, la puerta se abrió para que apareciera Emmett seguido de ¿Jacob? Le intentaba retener tirándole del brazo tanto que Jacob parecía ser arrastrado dentro de la habitación por la fuerza de su hermano que apenas podía contener.
-¡Tío!- fue lo máximo que dijo su amigo.
-Te lo dije- le contestó- Te dije que estarían en la cama. ¡Es que no paran!
-¿Quién te ha dado permiso para entrar, Emmett?- preguntó Edward incorporándose para quedar sentado en la cama.
-¡Haber cerrado con llave!
-Es mi habitación, no tengo por qué cerrar. La gente normal no irrumpe a la fuerza en las habitaciones ajenas. ¡Fuera ahora mismo!- exclamó poniéndose en pie de un salto- Eres un salvaje, no tienes ningún tipo de educación. ¡Largo!
-¡Ja! ¡Intenta echarme! No podríais entre los dos- carcajeó- Ni entre los tres. ¿Lo tienes todo en su sitio, Bella?
Se volvió para mirarla, aún en la cama, sentada con los pies colgando, apretando la manta contra su cuerpo, aunque se veía que estaba perfectamente vestida, como él, que se había tumbado hasta con los zapatos puestos y lo único que le faltaba de su indumentaria al quitarse la toga era la chaqueta del traje. Qué demonios, como si tuviera que dar explicaciones de lo que hacía o dejaba de hacer y además, a Emmett, fastidioso y molesto con sus pisotones, carcajadas y bromas.
-Déjala en paz. No se encuentra bien y necesitaba tumbarse un rato. Así que lárgate antes de que empeore y sea yo el que te busque para aporrearte la cara, mentecato.
Jacob dejó de tirar del brazo de Emmett y éste incluso dio un pasito hacia adelante al librarse de la fuerza del chico para mirar a su cuñada, curioso.
-¿En serio?- ladeó la cabeza- ¿En serio que no estabais haciendo guarradas?
-Por el amor de Dios- bramó Edward- Sal de mi vista.
-¿Bells?- preguntó Jacob a media voz.
-La cabeza- se llevó la mano a la frente- Me duele un montón. Pero nada que no se pase con un poco de descanso. Siento haber sido tan mala anfitriona.
-No importa- le sonrió, con ese gesto brillante tan típico de Jacob Black- Ha estado guay. Si queréis marcharos ahora, puedo ocuparme de Lexie mientras descansas.
-No- replicó Emmett- Ese no era el plan. ¿A qué hemos subido? No puedo creer que te rajes. Lobisones o ex-lobisones ninguno sois de fiar.
-Bella está enferma, tío, qué importa- le contestó Jacob.
-¡A mí me importa! ¡Creía que estabas de mi parte!
-¿De qué demonios va esto, Emmett?- preguntó molesto Edward.
-De ir al campus en busca de otra fiesta de graduación, pero ésta con más gente, sin bebés y con chicas para Jake.
-Esa parte te la puedes saltar- le recriminó el chico.
-Hazme caso, soy más viejo y más listo- le dio un codacito.
-Acepto a que seas más viejo pero no eres más listo- le replicó Jacob- Yo no hubiera entrado así en la habitación. Existe una cosa que se llama intimidad.
-Antes te colabas por la ventana, eso no te hace mejor- contraatacó Emmett.
-¡Bella me dejó! ¿Por qué tengo que estar aún disculpándome por eso?
Como si fuera una olla a presión, Edward explotó, literalmente. Su cara se tiñó toda de rojo como si le hubiera subido la temperatura y bramó, a punto de matar a alguien por la intromisión, la discusión de patio de colegio y estar en medio de otra pelea con Emmett por ir a una condenada fiesta para lo que siempre encontraba el momento perfecto cuando tenía asuntos más importantes que atender.
-¡Basta! ¡Los dos! Qué parte de que Bella no se encuentra bien no entendéis. Id a pelearos otra parte, pero lejos de aquí: no hay ni fiesta, ni...
-No, Edward- habló Bella- Emmett tiene razón. Jasper está aquí, vuestra tradición. Tenéis que llevar a Jacob a hacer algo divertido. No me perdonaría que haya venido hasta aquí para verme dormir la siesta.
Se volvió como un resorte porque no daba crédito a lo que oía. ¿Otra vez le había vendido? ¿A Emmett? ¿Para ir a una condenada fiesta? Sabía que quería que Jacob se divirtiera dado que nunca podía viajar ni hacer cosas fuera de la reserva que no fuera asistir a sus clases, pero lanzarle a él de bruces a otra fiesta con Emmett...
Si no estaba embarazada y las hormonas hablaban por ella, entonces se había vuelto completamente loca por el shock.
-¡Ja!- volvió a exclamar Emmett- ¡Esa es mi hermana política favorita!
-No tienes ninguna más, Emmett- le rezongó Bella.
-Si las tuviera, te aseguro que me gustarías más que ellas- insistió con su estúpida sonrisa triunfal.
-Bella, no te voy a dejar sola y menos encontrándote mal- dijo Edward- Vayamos a casa con Lexie y descansemos. Los dos- recalcó.
-No pasa nada. Por favor, llévate a Jacob a una fiesta. Por favor, por favor. Hazlo por mí.
Allí estaba, tumbada en la cama en la misma posición en la que había empezado el día, antes angustiada por la horrible pesadilla que había tenido y ahora agobiada por que a lo mejor estaba embarazada. La palabra mágica y el sueño que llevaba persiguiendo posiblemente desde que lo estaba la última vez ahora era un sentimiento agónico de desilusión porque realmente no quería que fuera así. No, no quería. Apenas le separaban unos meses del momento donde lo iban a decidir de nuevo pero quería esperar esos meses, quería terminar este semestre, quería que Edward disfrutara de sus clases, quería viajar ese verano y deslizarse por la cascada en la isla sin que un enorme vientre le impidiera moverse y quería que Lexie dejara de gritar cada vez que tenían a Louise en brazos. Quería cumplir 21 años y poder beber legalmente una única vez en su vida, qué narices. Deseos absurdos y egoístas que seguro que si alguien los supiera le quitaría el don de concebir para dárselo a otra mujer que no tuviera inquietudes tan banales.
Tener un bebé con Edward era increíble, cómo era posible que ahora la sola idea le frustrara tanto.
Al menos, se lo había tomado bien. ¿Qué esperaba? Era para abofetearse. ¿Qué gritara, qué le echara la culpa? Estaba tan en shock como ella y la iba a apoyar. ¿Cómo no? ¿Para qué juraron los votos el día de su boda?
Isabella Cullen, has perdido definitivamente la cabeza.
Suspiró, se giró en la cama y se volvió para mirar hacia la mesilla, hacia donde estaba el retrato de boda y la foto de Nueva York. Quizás fue en ese momento. O antes o después o la noche siguiente. Vaya, sabía que Lexie había sido concebido en el Volvo. Con éste sería imposible. Otro dato que le hacía enfadarse más.
¡Basta! Se ordenó a sí misma.
Cerró hasta los ojos, intentando dormir. Para eso había insistido en que Edward se marchara con los chicos a alguna fiesta, para descansar, aunque él obedeciera rechinando los dientes. ¿Pero qué otra cosa iba a hacer? Jacob estaba allí y quería que se lo pasara bien. Había hecho unas migas increíbles con Emmett, y Jasper no había pedido permiso para no estar con sus hermanos, así que qué se divirtiera. Al menos, uno de los dos. Ella ya se consumía allí con su agonía.
Genial, encima ahora le dolía el vientre. Algo que añadir a esta situación.
Se dobló sobre sí misma y se quedó en posición fetal a ver si el sueño le golpeaba por odiosa, pero aún era temprano y realmente no estaba tan cansada. Haber sujetado a Lexie durante la ceremonia lo único que le había supuesto era que le pisoteara las rodillas desnudas por culpa del vestido mínimo que Alice había encargado, porque estaba acostumbrada a contener la energía de su pequeño, y después en la fiesta ya estaba todo listo y apenas tuvo que disfrutar y ver disfrutar a los demás. El cansancio era interno, y aunque durmiera dos semanas seguidas tampoco se iba a encontrar mejor al contrario que Lexie, que cayó rendido en el segundo en el que se pudo calmar un poco.
Cuando bajaron de la habitación – Emmett vociferando victorioso y Edward rumiando – estaba tumbado en el sofá con la cabecita apoyada en Rosalie que le arrullaba mientras le acariciaba sus alocados cabellos. Estaba tan exhausto de jugar, protestar y corretear arriba y abajo que en cuanto su tía le cogió cayó en brazos de Morfeo sin ni siquiera echar de menos su amado chupete, así que le pudo coger y meterle en el coche para volver a casa sin que se inmutara. Después se despertó hambriento pero casi en mitad del biberón se le cerraban los ojitos así que ahora dormía plácidamente en su cunita sin apenas musitar. Había pensando, ya que Edward había salido y lo había pasado tan mal durante el día, dejarle un rato en la cama con ella, pero no fue necesario. Con sus momentos, Lexie era todo un angelito.
El resto fue ocuparse de sí misma, que bien le hacía falta: se quitó el maquillaje que no se había quedado en el edredón de la Mansión tras llorar sobre él, se dio un baño relajante que poco consiguió... Hasta la conciencia le molestaba por haber dejado a Esme y a Alice con toda la decoración de la fiesta para recoger antes de que llegaran los del catering a llevarse su vajilla y el equipo de música, pero le debieron de ver tan mala cara que no la dejaron ni insistir. Alice estaba pletórica por tener a Jasper allí aunque fuera por apenas un par de días y ni siquiera estaba molesta porque saliera con los chicos. ¡Era la tradición! Alice pensaba como ella, porque era su hermana, lo mismo que Esme que no cesaba de repetir que debían de enseñarle la ciudad a Jacob. Ojalá se divirtieran.
¡Y ella ojala se durmiera para dejar de pensar! Vio en el despertador dar las 11, las 12 y después la 1. Escuchó al perro de los vecinos ladrar porque debieron dejarlo fuera, a Sparkles caminar por el pasillo con su cascabel, el camión de la basura o un coche que pasada demasiado rápido por la calle. El grifo del cuarto de baño llevaba un par de días goteando y el reloj del salón no sabía cómo dejaba dormir a alguien con lo fuerte que tenía su tictac.
A la 1 y media como ya no encontraba postura se levantó a beber agua, lo que hizo evitando mirarse en el espejo porque debía de ser la visión de un zombie. Seguía con la boca pastosa así que decidió lavarse los dientes, tomando el cepillo del vaso. Vaya, el dentífrico se había acabado, así que tiró el envase a la papelera para abrir el armario y sacar el otro. Estaba en su estante, entre la loción hidratante y las condenadas píldoras anticonceptivas. Malditas, tenéis la culpa de todo. Ganas le dieron de tirarlas, pero evitó hasta tocarlas o mirarlas y cerró el armario. Escupió y se aclaró la boca para dejar el cepillo en su sitio. Ahora había manchado el lavabo de pasta de dientes así que sacó el limpiador para desinfectar. Hacer eso de madrugada, estaba como una cabra. También podía bajar a comer galletas porque el chocolate era bueno para los estados depresivos, aunque antes usaría el wc, ya que estaba allí. Pero tuvo que volver a abrir el maldito armario esta vez para sacar una caja de tampones, que en vez de hacer que se sintiera aliviada y olvidar lo que le llevaba rondando la mente todo el día, se sintió hasta peor.
Si hace dos años alguien le hubiera dicho que estaría en algún sitio fuera de la reserva, le hubiera mirado como si estuviera loco, pero si además fuera con los Cullen, le hubiera arrancado la cabeza de un zarpazo porque seguro que se trataba de algún tipo de encarnación del mal. Eso, claro, hacía dos años, cuando les odiaba con saña como le ordenaba su ADN, su lugar estaba en la reserva para proteger a los suyos y los Cullen eran chupasangres hediondos a los que no podía soportar.
Pero ahora, afortunadamente, todo era diferente. No es que se pudiera mover libremente de la reserva dejando a su padre solo, pero si no fuera por los Cullen, concretamente por Edward, jamás se hubiera subido a un avión ni menos podido disfrutar de unos días de vacaciones con ellos. El tío cada vez que le mandaba un pasaje a su nombre éste era en primera clase donde las azafatas te agasajaban, te dejaban comer y beber hasta hartarte o te tapaban con una manta suave y calentita por si querías dormir, así que tenía que devanarse bien los sesos para saber por qué antes le caía tan mal. Siempre le estaba mandando unas piezas increíbles, la mayoría de coleccionista, que quién sabe de dónde sacaba pero que se las entregaban en mano por mensajero puntualmente para ir montando su coche, que los chicos siempre le decían que vendiera por ebay, pero que para él tenían incluso más valor sentimental que económico. También estaba el dato del ordenador que le había regalado, la conexión a internet que le pagaba, junto con seguro algún contacto para haber podido entrar en la Escuela de Mecánica más cara de todo Seattle.
Cuando le discutía porque en ocasiones le parecía en exceso, siempre le contestaba lo mismo: Jake, estar en deuda contigo me convierte en tu hermano y esto es lo que hago por mis hermanos. Así que, punto en boca. No iba a recordarle que él sí que estaba en deuda con el hecho de que ya no tuviera que mutar más en lobo al no haber vampiros en la zona al ser ahora todos humanos, pero siempre aceptaba los regalos de sus hermanos y Edward era otro hermano más de la manada, éste más pijo, que no cometía faltas de ortografía y que sólo sacaba Matrículas de Honor.
Entre el resto de los Cullen también estaba genial. No con todos igual, pero casi. El médico y la mamá parecían a punto de explotar de felicidad con su niña recién nacida y él no podía estar más que feliz por poder verlo. Su abuelo Ephraim Black cuando le estrechó la mano seguro que auguraba algo así. El grandullón siempre le había caído muy bien, además entendía de casi todos los deportes y de mecánica así que le encantaba charlar con él. La brujilla era más que su favorita por ser siempre la sombra de Bella. Y por los otros que quedaban... En fin... Ahora a la rubia no la podía odiar porque era genial con Lexie y parecía toda una madraza con su propio bebé, y el rubio estirado solo por ser la pareja de la brujilla ya le tenía el corazón ganado.
Estar entre los Cullen le hacía sentir igual de bien que estando con Embry y Quil, con los que se había criado y crecido juntos. Era increíble. Más pensar que eso lo había conseguido Bella.
Sabía, porque la conocía muy bien, que siempre se había considerado una persona muy poco especial y que no merecía la pena. Tenía un bajo concepto de sí misma y siempre ponía a todo el mundo antes de ella. De no ser así nunca se hubiera mudado a Forks cuando su madre se volvió a casar o no habría aceptado una propuesta de matrimonio en prácticamente la adolescencia para agradecerle a Edward por ser un exvampiro. Siempre se había sentido fuertemente atraído hacia ella y aunque durante tiempo lo había considerado que era amor o algo por el estilo, ahora viéndolo en la lejanía, sabía que era porque Bella representaba la parte femenina que le faltaba en su entorno con la carencia de su madre y la lejanía de sus hermanas. Y más lo tenía claro cuando la veía en su casa, con su familia, cuidando de Edward y de Lexie.
Siempre había sido una buena ama de casa, sobre todo con Charlie, que cocinaba y agasajaba a sus invitados. Las chicas de su edad pensaban en fiestas y peinados, y Bella por el contrario pensaba en asados o en la colada. Parecía tener un límite inagotable cuando se trataba de entretener a Lexie, una paciencia increíble cuando debía de contenerle y no sabía cuántas horas dormía, no muchas porque su casa estaba reluciente. Preparaba el desayuno, la comida y la cena. En medio iba a clase y lo restante estaba pendiente de su marido y de su hijo.
Había sido bueno esperar todo este tiempo para darse cuenta de lo que le recordaba la ausencia de su madre, sobre todo desde que ella misma lo era. Había sido bueno esperar todo este tiempo para darse cuenta de que él quería vivir algo como era la historia de amor de Bella y Edward, que se comunicaban con la mirada, se respetaban, se comprendían y se querían más allá de la razón.
Y eso no lo iba a encontrar en una fiesta universitaria por mucho que el grandullón se empeñara.
-¿Y esa, qué te parece? ¿Buena delantera, verdad?- insistió.
Él puso los ojos en blancos, meneó la cabeza y miró a Edward. También negó y le dio un sorbo a la cerveza que tenía en la mano. Sí, Edward bebía. Creía que se le habían quitado las ganas desde la fiesta de graduación en Forks pero parecía ser que la cerveza le gustaba mucho, lo que le ponía su hermano en la mano en cuanto tenía la oportunidad porque si no se quejaba constantemente – de la música, de la gente, del calor, del agobio – y así le tenía callado mientras sorbía. Pero ésta era apenas la segunda porque la primera la alargó todo lo posible en la primera fiesta, en la feria que había fuera compartió con él un algodón dulce – mientras le contaba lo que le gustaba a Lexie también – y a ésta apenas había llegado a la mitad. Era un tipo legal hasta en la ilegalidad de beber cuando tu carnet dice que aún no has cumplido los 21.
-Tú eres más de planitas- prosiguió en su monólogo- ¿Y esa?
Suspiró para volverse en la barra y su mirada coincidió con la de Edward de nuevo. Le dio un codacito divertido y antes de hablar, dio otro sorbo a la cerveza. Le imitó dando un trago a su refresco, por el que el grandullón se rió bastante por no querer tomar ningún combinado con alcohol.
-Siento que sea tan pesado- dijo Edward- Emmett es bastante obsesivo cuando le preocupa un tema.
-No soy un tema. Simplemente no me gusta ninguna chica de aquí. Ni de Forks. Ni de Seattle. Punto.
Se rió, dio otro sorbo, dejó la botella sobre la barra y la hizo rodar por sus dedos.
-Sé cómo te sientes. Yo estuve demasiado tiempo en tu posición. Pero llegará la persona correcta, ya lo verás.
-No será porque tu hermano no lo intente, tío- exclamó- Creo que ya he tenido las suficientes presentaciones por una vida. ¿A ti te presentó todas las vampiras sobre la faz de la tierra, verdad?
-Más o menos- rió- Lo que pasa que no me interesaban las vampiras. Tardé en descubrirlo.
-¿Nunca tuviste una novia antes que Bella?
-No- respondió sin dejar de juguetear con la botella- Creía que Bella ya te había hablado de mi pasado. Una vez le estuviste haciendo preguntas sobre mí y ella te las respondió. Recuerdo habértelo leído en tu mente cuando aún podía.
-Ya, pero esa era la versión oficial de buen novio. Esta es una charla entre colegas.
Se echó a reír suave y musicalmente, tanto que se la contagió y le dio otro codacito. Charla entre colegas con Edward Cullen, quién lo diría.
-Bella siempre ha estado celosa de Tanya, algo que es completamente ridículo: Carlisle siempre las consideró familia porque tenían nuestro mismo estilo de vida y nos alojamos con ellas durante tiempo. La llamaba algo como expretendiente inmortal arrebatadoramente hermosa, porque siempre había tenido una predilección por mí, pero nada que yo le correspondiera. Se puso muy nerviosa cuando nos visitó, después de la guerra con los neófitos, porque tenía miedo que mis ojos humanos no vieran lo mismo que mis ojos de vampiro cuando el efecto era el mismo.
-Sí, deberías de haberla olido. Sí que te hubiera repugnado.
Se rió para dar otro sorbito e hizo que la cerveza rodara de nuevo entre sus dedos.
-¿Sigues en contacto con ella? O con esos vampiros que tenían vuestro mismo estilo de vida- añadió Jacob.
-No. Carlisle les escribió una nota cuando regresamos de Italia agradeciéndoles el apoyo y la ayuda en estas décadas, pero nunca le contestaron. Supongo que les sería demasiado doloroso dado que una de sus hermanas, Irina, fue la que nos denunció a los Volturis, a los vampiros italianos- utilizó su argot- y fue sacrificada cuando les devolvieron la mortalidad.
-Que chungo.
Edward asintió y dio un nuevo sorbo.
-Como chungo es pensar que aunque vosotros no lo seáis, sigue habiendo un montón de vampiros por ahí- insistió Jacob.
-Es algo en lo que no suelo pensar.
-¿Ah, no? Pues yo sí, tío. Si de pronto me siento muy acalorado digo: ya hay un chupasangre molestando cerca.
Se echó a reír a carcajadas para darle otro codacito y ahora dio otro sorbo más contundente. Una chica, rubia y de pelo largo se apoyó junto a Edward para sonreírle y él, sin apenas mover una ceja hizo chocar su alianza de boda contra el vidrio de la botella. La chica frunció el ceño y revolviendo algo en su bolso, se fue rumiando por lo bajo.
El magnetismo de Edward Cullen. Siempre creyó que era algo en la naturaleza de los vampiros que hacía que las chicas babearan por ellos. O por sus coches y chismes caros. Ahora ya veía que no, porque al grandullón y al rubio también le rondaban chicas aunque no hicieran caso alguno.
-Siento mucho que Bella no se encontrara bien. Puedo adelantar el vuelo a mañana. En primera clase no te ponen pegas para nada- anunció.
-Oh, no, ni hablar- rebatió- Eso hará a Bella sentirse mucho peor. Tenemos planes contigo hasta el próximo domingo, Bella estaba ansiosa con tu visita. Le romperás el corazón si te vas.
-No quiero molestar.
-Jake, tú no molestas. Bella sólo estaba... cansada- dijo- Acabamos de regresar del viaje, estuvo ayudando a Alice con la fiesta, tiene enseguida los exámenes finales... A veces se olvida que, aunque lleva más tiempo siéndolo que yo, es solamente humana.
-No sé cómo puede con todo, en serio, tío. Muchas chicas en la reserva se quedan embarazadas a la edad de Bella o antes, y ninguna sigue estudiando porque tienen que ocuparse de sus hijos. Entiendo que la parte económica es algo de lo que gracias a ti no se tiene que ocupar, pero siempre le sería más fácil pasar de todo y dedicarse a Lexie.
-Bella es un ser excepcional y no existen palabras para expresar lo feliz que me siento por dejar que esté a su lado. Me alaga que alguien más también lo vea.
-Sí, eres un capullo con suerte. Y eso también lo opina Charlie Swan.
Con otra carcajada, Edward preguntó:
-¿Y no hay ninguna chica en tu clase de Mecánica?
-Oh, tío, tú también no- suspiró exasperado- Ya tengo bastante con él. ¿Qué tengo que hacer para que me dejéis en paz?
Se rió dándole de nuevo y se giró para apoyar la espalda en la barra. Emmett y Jasper estaban en una mesa enfrente con sendos chupitos, uno a cada lado de cada brazo por el pulso al que se batían. Muscularmente, el grandullón parecía tener ventaja pero el rubio estaba haciéndole sufrir la gota gorda dando que no estaba ni acalorado y con las piernas separadas a ambos lados de la silla como si no le estuviera costando nada aguantar la presión de su hermano.
-Esto era lo que me faltaba ver por hoy- rumió Edward.
-Mis hermanos también lo hacen. Paul y Embry- aclaró- Siempre se están retando a chorradas. Aunque era más divertido cuando eran lobos. Una vez destrozamos un embarcadero.
-¿Cómo les va?
-Bien- se encogió de hombros- Creo que Paul se trae algo con una de mis hermanas, la visita demasiado en Washington. Es un alivio no tener que leerle sus comeduras de tarro, porque sería muy repugnante- hizo un rictus de desagrado.
-Lo es. No sabes lo que me gusta haberme aliviado de los pensamientos ajenos.
-Disfrutabas con la mayoría de ellos, no digas que no. Siempre te gustó portarte pomposo escogiendo éste o el otro pensamiento.
-Éste u otro pensamiento- le corrigió.
-Tío- se quejó- No hagas eso.
-Perdona- se rió- Sí, algunos me gustaban, sobre todo cuando te sacaba de quicio. Aunque otros me sacaban de quicio a mí.
-Por eso me concentraba en ellos- le guiñó el ojo- ¿Quieres que tú y yo echemos un pulso?
-Oh, no- dejó la botella de cerveza sobre la mesa- Yo me voy a casa. Puedes quedarte con ellos si quieres, te dejaré dinero para que tomes un taxi. Pero tengo una preciosa mujer durmiendo sola, no hay nada aquí que me interese y ya es muy tarde.
-Que muermo, tío- se burló- Yo también me voy porque tampoco me interesa nada, aunque yo sí que vaya a dormir solo- se rió- ¡Pero! Si antes nos volvemos a subir en la montaña rusa.
Asintiendo con la cabeza, dio el último sorbo a su cerveza, dejó un billete sobre la mesa por las bebidas y se acercó a sus hermanos. Las chicas que les rodeaban le hicieron hueco y una incluso se atusó la melena pero Edward la ignoró como al resto toda la noche.
-Jake y yo nos vamos a casa- anunció.
-¡¿Por qué?!- se quejó el gradullón.
Su hermano aprovechó la distracción para tumbarle el puño contra la mesa mientras exclamaba victorioso, lo que visiblemente molestó más al grandullón.
-Nunca le des la espalda a tu enemigo- dijo enigmático el rubio.
-No te daba la espalda. Edward me distrajo- se quejó- No vale- rumió- ¿Qué tengo que hacer para que os quedéis un poco más? ¿Jake?- añadió con cara de cachorrito abandonado.
-Nada, tío, yo sólo quiero subirme una vez más en la montaña rusa y él no quiere que Bella duerma sola.
-Eso es de muy mal amigo por tu parte, hermano- insistió- Porque si os vais ahora, Jake dormirá solo mientras tú te acurrucas con Bella.
-Jake iba a dormir solo de todas formas- se burló el chico- No creo que estuviera bien llevar compañía a una casa donde vive un niño pequeño.
-Gracias a Dios que me rodeo de alguien con cordura- exclamó Edward.
-Te podía dejar el coche- insistió el grandullón- A Edward le gustan mucho los polvos sobre cuatro ruedas.
-A veces me pregunto por qué te sigo llamando hermano- dijo con inquina Edward.
Jake se rió para encajarle otro codacito y simplemente esperó a que Jasper también se levantara de la mesa.
-¿Y tú, dónde vas?- escupió.
-A casa. Creo que te he ganado a todo lo que hemos apostado. Ya deja de ser divertido. Aunque me apunto a ese viaje en la montaña rusa.
-Genial- respondió Jake emocionado.
-Son las tres de la madrugada, Emmett- observó Edward.
-Sí, y los dos dormiréis calientes- refunfuñó arrastrando la silla- Tendré que subirme también a esa dichosa montaña rusa.
-¡Guay!- exclamó victorioso Jacob.
Edward entró en su cuarto con los zapatos en la mano y apenas sin respirar para no molestar a Bella. Cruzó de puntillas hacia el vestidor y cerró la puerta aunque ni siquiera encendió la luz lo mismo que cuando entró en el cuarto de baño para que la claridad que pudiera pasar por debajo de la puerta le molestara. Era una suerte que siempre estuviera todo en el mismo sitio o hubiera armado un buen escándalo tanteando por el cepillo de dientes o por la toalla. Salió al cuarto, caminó a su lado, comprobó que el receptor estuviera encendido y antes de levantar el edredón para deslizarse junto a Bella, en el centro de la cama y hacia él, levantó la cabeza.
-¿Qué hora es?- musitó.
-Las 4. ¿Te he despertado? He intentado ser muy silencioso.
-No, no dormía profundamente, he oído entrar el coche en el garaje y la puerta de la cocina.
-Lo siento mucho- le besó la frente- De verdad que he intentado ser cuidadoso, pero a Jake parecía quedarle un montón de energía y me ha costado bastante que se apiadara de mí para regresar a casa. Ha estado todo el camino llamándome muermo, ¿de quién lo habrá copiado?
Vio su sonrisa con la claridad que entraba por el ventanal mientras levantaba el edredón para que se metiera bajo él junto a ella, así que obedeció para besarle en los labios mientras su cuerpo cansado se acomodaba junto al suyo calentito entre las sábanas.
-¿Emmett le ha conseguido una chica al final?
-No- suspiró divertido- Y eso que le ha presentado a unos cuantos cientos. Pero haber estado enamorado de ti le hace tener el listón muy alto.
-No digas eso- se quejó- Jacob no estaba enamorado de ti. Quizás confuso. Pero no enamorado. Es una palabra muy fuerte y con un significado muy bonito para un sentimiento que no es correspondido.
-Totalmente de acuerdo- le besó la frente de nuevo- ¿Prendado mejor?
-Mejor- aceptó- ¿Os habéis divertido?- añadió.
-Sí, ha estado bien. Hemos estado en un par de fiestas y en una feria: había atracciones frente al lago, entre las hermandades y hemos ido. ¿Puedes creer que Jacob nunca se había subido a la noria? Aunque Emmett se enfadó con Jasper porque siempre sacaba más puntos que él en la caseta de tiro al blanco- se rió- Antes de regresar volvimos a subirnos en la montaña rusa.
-¿Seguirá mañana? Quizás podamos volver con Lexie si había atracciones infantiles. ¿Crees que le dará miedo subirse en un tiovivo? De pequeña, me gustaba mucho.
-Esperemos que lo haya heredado de ti porque no creo que yo me subiera a ninguno cuando tenía su edad- se rió- Mañana le llevaremos. Y podemos ir a cenar al centro, porque Jacob tampoco visita demasiados restaurantes que no sirvan hamburguesas. Si te encuentras mejor.
-Estoy bien- dijo pesadamente.
-Bella...- le advirtió.
Meneó la cabeza y se acurrucó contra él sumergiendo incluso la cabeza entre la almohada y su cuello para que le aferrara, lo que hizo gustoso. Todo su cuerpo cansado se relajó de inmediato con el calor y el olor de su cuarto, de su cama, y si hacía escasa media hora estaba en una feria ruidosa rodeado de gente escandalosa, de sus hermanos y su amigo que parecían querer maltratarle en vez de dejarle descansar, ahora estaba en el séptimo cielo simplemente sintiendo la respiración de su mujer contra su piel.
-Me ha venido la regla- dijo en el silencio de la habitación.
-¿Qué?
-Lo que oyes- repitió- Que simplemente era un retraso y que tengo el periodo, así que, fin de
la historia.
-Pero...- dudó.
-Te he preocupado por nada. Me he preocupado por nada. No debí decírtelo.
En la oscuridad del cuarto intentó leerle la expresión pero como fue tan difícil, encendió la luz. Bella se quejó y se protegió los ojos con la mano pero le faltó que sus propios ojos se acostumbraran a la claridad para verle los cercos que tenía sobre las mejillas para saber que había estado llorando largo rato.
Llorar, ¿por qué? Intentó analizarlo pero en su cerebro estaba de lo más perdido. ¿Por creer estarlo? ¿Por no estarlo? Ahora sí que le gustaría estar bajo la piel de Bella para saber cuán de profundas eran sus confusiones para ayudarla, apoyarla y no verla derramar una lágrima que no fuera de felicidad.
-Mi amor, quiero que me lo cuentes todo. Hasta la más nimia de tus preocupaciones porque para mí son muy importantes.
-Debí haber esperado. Si hubiera tenido la boca cerrada durante todo el día, no habría estropeado tu fiesta ni te habría preocupado. Ahora me siento muy estúpida.
-No digas eso- le contradijo- Y nadie me ha estropeado la fiesta. ¿No será esa la razón por la que has llorado, verdad?
-No lo sé- musitó- Ni siquiera sé por qué he llorado. Debería de sentirme aliviada, pero ni siquiera fue así. Pero es que nunca se me había retrasado la regla desde que tomo la píldora y el único retraso que he tenido en mi vida ha sido por el embarazo de Lexie- suspiró agónica- Quizás me había hecho hasta a la idea, aunque me frustrara. Me entristece mucho.
-Bella, lo dices como si fuera tu última oportunidad para estar embarazada y no es así. Diciembre, ya está ahí. Lo hablaremos, lo planearemos y entonces será como tú quieras. Podrás terminar el semestre y tomarte libre el inicio del cuarto curso, como habías pensado. E incluso si en diciembre no estás preparada o quieres seguir esperando, será así. Será como tú quieras. Porque tú eres la que te sacrificas mientras yo me llevo la parte gratificante.
-No es ningún tipo de sacrificio formar una familia contigo, por eso estoy tan confusa por los pensamientos egoístas que llevan todo el día cruzando mi cabeza.
-Es comprensible que la idea te sobrecogiera y pensaras las cosas que te vas a perder- dijo- Te perdiste muchas cosas por el embarazo de Lexie y no tiene que ser así en el siguiente. Podemos esperar hasta que te gradúes, aún. Tenemos todo el tiempo del mundo porque será cuando lo decidamos.
-Si no nos mudamos, podría esperar- respondió.
-Trato hecho- añadió besándola nuevamente en la frente.
-O quizás me apetezca antes de diciembre.
-Lo hablaremos, mi amor- respondió.
Se volvió a acurrucar en él tirando incluso de la camiseta del pijama para aferrarle mejor y él la aceptó envolviéndola entre sus brazos. Oh, su Bella sensible y dominada siempre por sus hormonas que la hacían llorar al segundo y reírse después, tan delicada y tan fuerte a la vez. Todo esto seguro que había pasado como toque de atención para que se diera cuenta de que debía salir de su aletargamiento con su educación del siglo pasado, para intentar comprender mejor a Bella, con cada sacrificio que hacía por él, que no eran comparables a los suyos, estudiando hasta la madrugada para graduarse dos cursos antes. Eso era nimio al lado de lo que Bella hacía.
Bella se sacrificaba con cada aliento, poniéndole a él por delante de cualquier cosa, viviendo por él y por Lexie, la razón por la que estaba en este mundo. Y fuera como fuera la decisión de tener más hijos quería que Bella tuviera control absoluto, que fuera especial y con cada detalle que estaba en su mente, donde esperaba acceder la próxima vez que se la leyera.
Porque por eso, su corazón latía.
-Te quiero mucho, Bella- le dijo en otro beso- Mucho, mucho, mucho. Más de lo que alguien haya querido a otro alguien.
-Como yo a ti.
-Por eso, estamos juntos en esto- añadió.
