*NOTA: Las palabras que estén en negrita cursiva son palabras dichas en español por los personajes
"Amar duele. Es como entregarse a ser desollado y saber que en cualquier momento la otra persona podría irse llevándose tu piel."
Susan Sontag
Todo estaba en silencio en aquella pequeña estancia, lo único que cortaba aquel silencio sepulcral era aquel goteo constante del agua de la cafetera al chocar contra las tazas de café, el cual era observado por dos pares de ojos algo inquietos.
-Mi amor ¿estás bien? – preguntó Maribel, centrando sus ojos en la silueta de Santana, rompiendo por unos segundos aquel silencio.
La morena, sin embargo, no pudo contestarle tan fácilmente, pues en su cabeza seguían rondando aquellas palabras que le había dicho Kurt antes de que llegaran su madre y su abuela y tuviera que cortar definitivamente la llamada. Aún no se podía creer que su madre supiera su secreto. Aún ni si quiera la había podido mirar directamente a los ojos, tenía miedo de lo que le podría decir, miedo a que le preguntara, pues ni ella misma sabía cómo explicarlo o más bien como definirlo. Su cabeza ahora mismo era como un campo de batalla, tratando de encontrar las palabras exactas, evitando así chocarse de frente contra aquello que le podía hacer daño. Simplemente aún no había encontrado las fuerzas necesarias para enfrentarse a lo que se le venía encima.
-Mi amor – volvió a repetir su madre, dando un par de pasos hacia adelante, quedándose frente a ella, llevando una de sus manos hacia el brazo de la morena, haciendo que esta vez Santana la tuviera que mirar a los ojos - ¿estás bien? Parece como si estuvieras en otro mundo – insistió, provocando que Santana tuviera que dejar que sus ojos se pasearan por la cocina algo perdidos, tratando así de encontrar las palabras.
- ¿E-Es verdad? – logró decir algo dudosa después de unos minutos en silencio, dejando que esta vez fuera su cuerpo quien se paseara entre medias de aquellas cuatro paredes.
- ¿Qué es verdad? ¿A qué te refieres? - preguntó algo aturdida debido a aquella pregunta.
- Ah… - le era difícil hablar, las palabras se le estaban atragantando, formándole un nudo en la garganta, haciéndole aún más difícil que estas pudieran salir de forma ordenada. Tuvo que coger aire y tragar la poca saliva que le quedaba en la boca para poder coger la suficiente fuerza para hablar - ¿Es…? ¿Has hablado con Kurt? – no podía preguntárselo, pero aún así necesitaba cerciorarse de que realmente lo sabía.
- Sí, he estado bastante preocupada por su padre – comentó sin entender exactamente a lo que se refería, haciéndoselo aún más difícil a Santana.
- N-No me refiero a eso – dijo algo alterada, llevándose las manos a la cabeza. No sabía cómo pronunciar aquellas palabras.
Su madre, al verla de esa manera trató de pensar para lograr entender a lo que se refería, dando finalmente con la respuesta segundos después. Cogió una gran bocanada de aire, soltándola de forma pesada, acercándose de nuevo hacia ésta, llevando esta vez ambas manos hacia sus brazos, dándole pequeñas caricias.
-Lo que me estás tratando de preguntar es que si Kurt ha hablado conmigo sobre tu secreto ¿no? – comentó, haciendo que Santana la mirara directamente a los ojos completamente anonadada, mostrando cierto temor en su mirada.
- Yo… - no pudo continuar, aquellas palabras que no podía decir estaban comenzando a formarse en lágrimas. Aquello hizo que su madre comprendiera lo que estaba sufriendo por dentro.
- Mi amor... – dijo alejando una de sus manos de los brazos de Santana, llevándola hasta una de las mejillas de ésta, dejando que su mirada se centrara en sus ojos - …sé que posiblemente no lo entienda todo, y que me cueste un poco aceptarlo. Posiblemente tampoco sepa cuanto debes de estar sufriendo, tratando de callártelo, y es por eso por lo que estoy aquí – dejó por un momento de hablar, dándole unos segundos a Santana para que ésta pudiera tranquilizarse – Quiero que sepas que a pesar de todo soy tu madre y siempre voy a querer lo mejor para ti, aunque me gustase mucho David como yerno – comentó aquellas últimas palabras entre medias de una sonrisa, tratando de hacerla sonreír, logrando que Santana hiciera una pequeña mueca con los labios – Con los años, y con la ayuda de Kurt y Blaine, he aprendido que una madre no puede cortarle las alas a sus hijos. Lo sé porque la abuela siempre ha sido bastante estricta conmigo y en su día yo también lo fui contigo, pero… tú siempre has sido una cabecita loca y por mucho que han tratado de ponerte barreras siempre has sabido como apañártelas para lograr salir de ellas – continuó, haciendo que Santana sintiera por primera vez como parte de aquel peso, que llevaba tiempo soportando, se esfumaba, mientras trataba de retener las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos – quiero que sepas que no me importa a quien ames, siempre te voy a apoyar. Solo quiero lo mejor para ti mi niña. No soportaría la idea de que sufrieras por amor, por el simple hecho de no querer herir a los demás. El amor es algo que se tiene que celebrar – aquellas últimas palabras lograron hacer que Santana rompiera en llanto, provocando en su madre la necesidad de abrazarla.
Le estaba agradecida a su madre de no haber tenido que decirle nada para que lo entendiera, le estaba agradecida por comprenderla, por ponerse en su piel y ver la cara cruda de la moneda. Sabía que para su madre debió de haberle sido difícil de digerir aquel tipo de noticia, y aquello era lo que más le afectaba, ya que a pesar de todo su madre la seguía queriendo tal y como era.
-Mamá... – logró decir entre medias del llanto, haciendo que el abrazo fuera cada vez más fuerte, dejando que su cabeza reposara sobre el hombro derecho de su madre.
- Lo sé, lo sé mi amor… - dijo dándole suaves caricias en la espalda, intensificando también el abrazo – quiero que me cuentes todo sobre esa chica que te ha vuelto loca y de la que tanto habla Kurt – comentó después de unos minutos en silencio, provocando una pequeña sonrisa en Santana, haciendo más ameno aquel momento, para luego ser la morena quien rompiera el abrazo y se la quedara mirando.
En cierta manera tenía ganas de contárselo, de contarle como era Brittany, como se enamoró, pero el miedo aún seguía dentro de ella y le impedía abrirse del todo. Quería contarle como había cambiado su vida, las locuras que había hecho por amor, lo doloroso que había sido ese proceso de aceptar lo que era y no poder siquiera demostrarlo. Dejó por un momento sus ojos clavados en la nada, mientras lo recordaba todo. Se había dado cuenta de que a veces era muy masoquista consigo misma y con el tiempo había comenzado a hacerle factura, de ahí que ahora le costara aún más ser sincera con los demás o al menos contarles lo que pasaba por su mente. Pero tenía que comenzar a abrirse, sobre todo con su madre. Sabía que este podía ser un gran paso para ella, para dejar de torturarse y liberar algo de peso que llevaba tiempo aguantando sobre sus hombros. Volvió a posar su mirada en ella, en aquellos oscuros ojos, no tanto como los suyos, que presentaban cierta curiosidad y un poco de duda. Los había visto cientos de veces, incluso por desgracia los había visto llorar, pero nunca se había fijado tanto en ellos como en aquel momento. De repente comenzó a recordar aquella vez que estuvieron sin hablarse durante un año, después de la muerte de su hermano. Estaba tan dolida que necesitaba encontrar un culpable y acabó culpando a sus padres, en especial a su madre, pues sintió que ellos no habían dado todo lo que estaba en su mano para salvarlo. Aquello hizo mella en su relación, provocando que desde entonces se encerrara en sí misma y apenas le contara nada sobre su vida. Ese fue uno de los motivos que la llevó a cambiar de ciudad, a vivir en Nueva York, necesitaba aire nuevo y encontrar su sitio, pues en Ohio sentía como si se hubiera perdido. Con el tiempo, la distancia y la ayuda de Kurt y Blaine, logró darles una tregua, enterrar el hacha e intentar hacer como si nada hubiera pasado, pero el dolor seguía ahí. Al principio sus llamadas a casa no eran muy frecuentes, eran más comunes las llamadas procedentes de su madre, pero aún así agradecía esas llamadas. Gracias a ellas se sentía un poco menos sola, a pesar de que David la visitaba de vez en cuando. Nueva York logró sanar aquella herida, aunque con el tiempo acabó creándole otra. Brittany se había convertido en su segunda herida, aquella herida que aún estaba tratando de curar pero de la que parecía no querer sanarse. Cogió un poco de aire, tratando así de poder retener todos esos sentimientos que habían creado aquellos recuerdos, para luego soltarlo lentamente, sintiéndose al fin preparada para hablar.
-¿Sabes? – dijo llamando la atención de su madre, preparándose así para continuar con la conversación – antes de llegar a Nueva York tenía la certeza de que por suerte o por desgracia acabaría por casarme con David, aún sin saber exactamente qué era lo que sentía por él. Había oído muchas veces a las personas hablar del amor, incluso a ti y a papá, pero de alguna manera no podía identificar aquellas palabras en lo que sentía por David. Eran unas palabras demasiado grandes y mis sentimientos eran demasiado pequeños, pero aún así me conformaba, pues con él no me sentía sola y al fin y al cabo ya estaba acostumbrada a su compañía – dio una pequeña pausa, dándole tregua a sus pulmones, mientras que aún seguía siendo observada – pero todo cambió al llegar aquí, al conocerla. Todo aquello en lo que no creía y pensaba que nunca sentiría acabó chocando contra mí, como si me hubiera caído de bruces contra el suelo. Brittany logró hacerme sentir cosas que nunca había sentido, incluso logró hacerme bailar. Aún y cuando parecía un pato mareado, ella me seguía elogiando – dijo entre medias de una sonrisa, mientras aquellos recuerdos se reproducían en su mente.
Mientras Santana hablaba de Brittany, su madre no pudo dejar de mirarla, observando cómo su expresión cambiaba completamente cada vez que ésta hablaba de ella. Era la primera vez que veía como sus ojos se iluminaban tanto, como no desaparecía aquella sonrisa de su boca; la primera vez que la veía hablar de esa manera, como si realmente estuviera enamorada. Aquello le hizo comprender que algo bueno tenía que estar haciendo Brittany para haberle devuelto aquella sonrisa que hacía mucho tiempo que no le mostraba. Aquellos pensamientos provocaron que sus ojos comenzaran a empañarse, nublando así su vista, haciendo que tras un par de parpadeos más las lagrimas acabaran por ceder.
-Mamá ¿estás bien? – dejó por un momento de hablar, sorprendiéndose por aquella repentina reacción de su madre.
- Sí – dijo entre medias de una pequeña sonrisa, enjugándose las lágrimas – Es solo que me he emocionado escuchándote hablar de esa muchacha. Es la primera vez en mucho tiempo que no te he visto sonreír de esa manera, de esa misma manera cuando hablas de ella – aquel comentario sorprendió a Santana, pues nunca había oído hablar así a su madre – Me alegra saber que Nueva York y esa muchacha han logrado sacarte algo bueno – volvió a dar un par de pasos hacia el frente, volviéndose a acercar a Santana, posando sus manos sobre los brazos de la morena, regalándole una sonrisa maternal.
- No creo que sea algo bueno – comentó dejando decaer sus ojos, haciendo que estos pusieran toda su atención en el suelo.
- ¿Por qué lo dices? – preguntó algo extrañada, pues aún no estaba al tanto de toda la historia.
- Porque no es un amor correspondido – respondió tras un largo suspiro, sin apartar su mirada de sus pies, haciendo que esta vez fuera su madre quien la obligara a mirarla a los ojos, posando una de sus manos sobre la barbilla de ésta.
- ¿Se lo has preguntado a ella? – al fin pudo mirarla a los ojos, notando como estos eran invadidos por la tristeza.
- Se va a casar mamá, es inútil – dijo negando con la cabeza – por mucho que la quiera y por muy egoísta que sea este amor, no quiero que por mi culpa se rompa una pareja, no me lo perdonaría – alegó – ¡Odio esto! – sentenció, zafándose del agarre de su madre, llevándose las manos a la cabeza, mientras trataba de tranquilizarse dando vueltas sobre sí misma.
- Mi niña no te tienes que culpar por lo que estás sintiendo, ni tampoco odiarte – dijo llevando de nuevo sus manos hacia los brazos de esta, tratando de detenerla, haciendo que nuevamente la mirara a los ojos – El amor es el sentimiento más bonito que hay en este mundo, y en vez de odiarlo tienes que estar agradecida por sentirlo. Tienes que estarle agradecida a ella, a Brittany, por haber logrado hacerte sentir ese sentimiento. Con esto no te estoy diciendo que rompas una pareja, tan solo que dejes hablar a tus sentimientos y que seas capaz de escucharla por una vez, de saber qué es lo que ella siente. Es cierto que el amor a veces nos ciega y nos impide ver la realidad, pero hay otras en las que somos nosotros mismo quienes nos cegamos por el propio miedo al fracaso o el miedo a salir victoriosos y que esa victoria dure poco. No quiero que te cohíbas por temor a lo que pueda pasar, ni que te culpes por lo que estás sintiendo. Deja que las cosas ocurran por sí solas, quizás te sorprendas y ella también siente lo mismo por ti, pero no podrás comprobarlo si sigues poniendo barreras de por medio – aquellas últimas palabras la hicieron razonar, su madre tenía razón. Siempre se había estado refugiando en la parte negativa, con el temor de no ser correspondida, es por eso por lo que nunca había sido capaz de formularle aquellas palabras a Brittany, nunca le había podido preguntar si sentía lo mismo que ella.
- Quizás tengas razón – dijo clavando su mirada en la de Maribel – pero y si… - fue cortada rápidamente por su madre, impidiendo que prosiguiera con su alegato.
- Nada de peros. Salga mal o salga bien, es una lección más aprendida. Quien no arriesga no gana y quizás por miedo a arriesgarte, acabes perdiéndola – comentó, dejándole aún más claro lo que tenía que hacer. Ahora lo comprendía todo.
- Gracias mamá – sentenció, haciendo que esta vez fuera ella quien no pudiera retenerse las ganas de abrazarla. Aquella conversación que tuvo con su madre le había ayudado a abrir los ojos, a darse cuenta de los fallos que estaba cometiendo y que de no ser por ella habría continuado cometiéndolos.
- De nada mi amor – dijo, aferrándose aún más contra su cuerpo, notando el acelerado respirar de la morena. El abrazo duró un par de minutos, aunque un poco más corto que el primero - Ahora vámonos, que seguramente tu abuela estará bombardeando de preguntas a tu amiga – dijo en voz baja, dando por finalizado el abrazo.
- Tranquila, Rachel se las sabe apañar, no calla ni debajo del agua – comentó entre risas acercándose, acompañada de su madre, a la encimera, ayudándola a colocar las tazas de café en una bandeja.
Tras colocar las tazas de café en la bandeja y dejar atrás la cocina y el pasillo, finalmente llegaron al salón, donde, tal y como habían previsto, Rachel y la abuela de Santana estaban charlando animadamente. La morena colocó la bandeja encima de la mesita de centro, dejando que su madre se sentara junto a su abuela, para luego ir pasando las tazas una a una a su respectiva propietaria.
-¿Por qué habéis tardado tanto? – preguntó Alma una vez que obtuvo su taza, dándole un pequeño sorbo a ésta.
- E-Estábamos hablando mientras esperábamos a q-que se hiciera el café – contestó Santana algo inquieta, cogiendo la última taza de café, dejándola justo enfrente de ella, tomando asiento finalmente.
- ¿Y de qué hablabais? – volvió a preguntar, poniendo a Santana en un grave aprieto, haciendo que no supiera que contestar.
- Eh…. – Santana se quedó prácticamente sin palabras, pero por suerte su madre supo cómo sacarla de aquel aprieto.
- Me estaba explicando qué tal le iba aquí en Nueva York – dijo Maribel dejando su taza de café frente a ella, encontrándose de vez en cuando con los ojos de la morena.
- Y porqué no me lo dice ella, que yo sepa también tiene boca, ya no es una niña pequeña ¿o me equivoco? – comentó Alma de manera cortante, provocando que tanto Santana como su madre se miraran mutuamente, tratando de salir del bache.
- Mamá tampoco te pongas así, tan solo he contestado a tu pregunta, además, estábamos las dos hablando, ambas tenemos el mismo derecho a contestarte – contestó Maribel tratando de defenderse.
- Pero preferiría que lo hiciese ella, hace mucho que no sé nada de ella, ya ni si quiera me acuerdo de cómo suena su voz – esta vez optó por darle otro sorbo a su café, mientras era observada por tres pares de ojos.
Rachel, en cambio, no podía hacer otra cosa más que callar y estar atenta a lo que decía cada una. Se sentía como si la cosa no fuera con ella, como si realmente estuviera molestando. Se sentía incluso mal por la madre de Santana, pues Alma parecía tener bastante carácter, casi igual que el de la morena. No pudo hacer otra cosa más que optar por callar y evitar que las bombas fueran lanzadas contra ella.
-Bueno, cuéntame Santana ¿qué tal te va con David? – preguntó su abuela tratando de saber más sobre su vida, inconsciente de la realidad.
Aquella pregunta pilló desprevenida a Santana, puesto que no se había parado a pensar qué podía llegar a decirle cuando saliera de su boca alguna pregunta de ese tipo. Estaba prácticamente con las defensas bajas, no sabía si era buena idea contarle la verdad, serle sincera por una vez en su vida. Las dudas rondaban por su cabeza, mientras que Rachel y Maribel estaban igual que ella, sabían que si intentaban tratar de ayudarla, Alma saltaría contra ellas alegando que quería que solamente le contestara Santana. Esto hizo que la morena no tuviera más opción que decirle la verdad.
-A-Abuela, David y yo ya no estamos juntos – logró contestar algo nerviosa tras un largo silencio, siendo observada por tres pares de ojos, dos de ellos más intensos que los demás.
- ¿Cómo que ya no estáis juntos? Con lo buen muchacho que era… ¿cómo es que lo has dejado escapar? Creía que te ibas a casar con él – comentó Alma algo molesta con aquella respuesta, pues ella ya le había cogido cariño.
- Las relaciones son así, vienen y van – dijo tratando de sonar lo más coherente posible, siéndole prácticamente imposible tragar la poca saliva que se le formaba en la boca.
- Pero la vuestra era perfecta ¿Quién dejó a quien? – preguntó tratando de entender el motivo.
- Eh…F-Fui yo – logró decir finalmente tratando de evitar aquellos penetrantes ojos.
- ¡¿Cómo que tú?! – elevó la voz, no podía creerse lo que acababa de escuchar.
- Mamá tranquilízate, creo que Santana ya es mayorcita para decidir con quién quiere estar – Maribel tuvo la necesidad de intervenir, pues sintió como Santana estaba comenzando a hacerse pequeña frente a su abuela.
- También es mayorcita para saber defenderse por sí sola – otra vez volvió a hacer un comentario parecido al anterior, provocando que Santana tuviera que cerrar los ojos para poder controlarse, estaba comenzando a perder los papeles.
- Quizás lo hizo porque sintió que era lo correcto – comentó al fin Rachel, provocando que todas las miradas fueran dirigidas hacia ella, sintiendo al final la sensación de haber metido la pata por completo.
- ¿Lo correcto? Lo correcto era haberse casado con él – respondió tratando de controlar su voz, centrando sus ojos en la castaña.
- Está queriendo decir que debería de haberse casado con David incluso si ya no sentía nada por él – Rachel no entendía el motivo que le llevaba a la abuela de Santana a empeñarse en que ésta se casara con David.
- Pues… - Alma parecía dudar un poco, pero luego acabó pronunciando aquellas palabras que acabaron por dolerle a Santana – …sí, yo con su edad ya estaba embarazada de su madre y casada. Entiendo que es joven y que quiera vivir su vida, pero creo que ya la ha vivido suficiente como para centrarse y comenzar a formar su propia familia.
- ¡Mamá! – Maribel estaba sin palabras, no podía creer que aquellas palabras hubieran salido de su boca.
- He dicho la verdad – esta vez llevó sus ojos hasta los de su hija, notando como era observada por dos pares de ojos, excepto por unos, los de Santana.
La morena había tratado de contenerse las ganas de decirle algo tapándose la cara con las manos, pero aquel último comentario fue la gota que colmó el vaso y no pudo aguantarse más, necesitaba decirle la verdad, serle sincera de una vez, aún sin percatarse de lo que esto podría acarrear.
-Abuela – la llamó, haciendo que ésta alejara sus ojos de los de su hija y centrara toda su atención en ella – A-Antes de que sigas con esa idea, c-creo que ha llegado el momento de que te cuente a-algo que he estado guardándome durante m-mucho tiempo – agregó, tratando de serenarse, haciendo que Rachel y Maribel se miraran mutuamente, temiendo por lo que pudiera decir.
- ¿Estás embarazada y David no es el padre? Porque si es así seré yo misma quien te dé una paliza con esa mesa – comentó señalando a la mesita de centro que tenía enfrente.
- No,no,no,no, no es eso, escúchame. Por favor, es importante – negó con las manos, estas cada vez más temblorosas.
- Está bien, dime – dijo, dejando que esta vez Santana lograra explicarse.
- Te he visto toda mi vida y siempre has sido muy fuerte. Has logrado hacer lo que creías que era bueno para ti y nunca te ha importado lo que los demás pensaran, cosa que envidio – comenzó a decir tratando de hacer que su abuela entrara en aquel estado pacífico que necesitaba, para poder explicarle sinceramente aquello que llevaba tiempo tratando de esconder.
- Háblame de tu vida, conozco la mía – dijo de manera cortante, quería que Santana empezara a hablar sin dar rodeos, que le dijera las cosas claras. Esto provoco que la morena tuviera que cerrar los ojos por unos segundos, tratando así de encontrar las palabras exactas.
- C-Cuando…Cuando llegué aquí a Nueva York, conocí a una persona, una persona increíble que cambió mi mundo por completo y me hizo darme cuenta de algo, y es que nunca había sentido ese sentimiento, ese sentimiento al que todo el mundo llama amor – continuó, sintiendo como se le secaba la boca y le costaba sacar las palabras. Estaba tan nerviosa que hasta incluso Rachel, quien estaba justo al lado de ella, lo notó, provocando en la castaña la necesidad de agarrarla de la mano, tratando así de hacerle entender que no estaba sola. Santana lo notó y no pudo hacer otra cosa más que aferrar aún más su mano contra la de Rachel – Abuela m-me he enamorado de una persona, de una persona que resulta ser u-una chica – dijo con miedo y casi sin voz. La cara de su abuela cambió por completo, pues esta tornó a un tono más blanquecino, con los ojos completamente abiertos, pero no pronunció palabra – M-Me gustan las chicasde la misma manera en la que me deberían de gustar los chicos. Es algo que acabo de descubrir, pero que llevaba tiempo guardado dentro de mí y te lo he querido decir porque estaba sintiendo que no me estabas comprendiendo y estabas tratando que sintiera cosas que no puedo sentir, sobre todo cuando no quiero hacer daño a segundas personas – se dio un pequeño respiro, esperando a que su abuela hablase, pero ésta aún seguía sin decir nada – Cuando estoy con ella, con Brittany, al fin comprendo aquello de lo que habla la gente, cuando hablan del amor. He intentado con todas mis fuerzas eliminar este sentimiento, dejarlo atrapado dentro, alejarme de ella…pero es imposible, cada día que pasa es como una guerra dentro de mí. Voy por ahí enfadada con el mundo, pero en realidad estoy batallando conmigo misma. Estoy cansada, cansada de pelear, de intentar ganar una batalla que ya está perdida – volvió a dar otro pequeño descanso a sus pulmones, observando a su abuela, quien tenía los ojos perdidos en la nada y las manos apretadas en forma de puño. En cambio, su madre y Rachel la miraban con cierto dolor, como si tuvieran miedo a que acabara dañada. Cogió una gran bocanada de aire, tratando de decirle aquellas últimas palabras que necesitaba sacar – Te he querido contar esto porque te quiero y quiero me conozcas, que sepas quien soy en realidad, porque no quiero seguir mintiéndote. Por favor di algo – terminó de decir después de un largo silencio.
- Todo el mundo tiene secretos Santana, se llaman secretos por una razón – dijo al fin entre dientes, logrando clavar su mirada en la de la morena una vez pronunciado aquellas palabras – No quiero que vuelvas dirigirme la palabra, no quiero volver a verte – aquella frase le dolió tanto a Santana que no pudo reprimirse las ganas de llorar. Trató con todas sus fuerzas de retener las lágrimas, mientras que sus ojos intentaban no ahogarse. Alma, por su parte, intentó levantarse, pero Maribel la agarró por la muñeca, haciendo que se sentara de nuevo.
- ¡Mamá al menos escúchala por una vez! Es tu nieta – Maribel también estaba dolida, no podía comprender porque su madre era tan dura con su hija.
- Abuela soy la misma persona que era hace un minuto – comentó Santana con la voz cortada y las lágrimas recorriéndole las mejillas, pues estas ya no podían aguantar su propio peso, tratando de hacer que su abuela la entendiera.
- Has elegido tú primero, ahora elijo yo. Es egoísta de tu parte hacerme sentir incómoda. Es una vergüenza – volvió a decir entre dientes, apretando aún más sus manos, mientras trataba de esquivar la mirada de la morena – El pecado no está en el hecho, sino en el escándalo, cuando la gente habla de ello en voz alta – añadió, haciéndola sentir vulnerable.
- ¿Estás queriendo decir que hubiera sido mejor si me lo hubiera callado? – con la voz hecha añicos, trató de enjugarse las lágrimas, pero seguía siendo inútil, éstas no querían cesar. Centró por última vez sus ojos en su silueta, pues esta ya no quería ni mirarla a los ojos, haciéndole aún más daño. Santana no entendía ese odio de su abuela, y sí, posiblemente todo hubiera salido mejor si se lo hubiera callado, pero ya no podía aguantarlo más, le dolía oírla hablar de esa manera, como si su único objetivo en la vida fuera amarrar su vida a la de un hombre y que éste hiciera con ella lo que quisiera. No se lo hubiera permitido, es por eso por lo que actuó de esa manera y fue sincera.
- Sí – dijo al fin centrando su mirada en los ojos oscuros de la morena, volviéndose a levantar, asegurándose esta vez de que Maribel no la agarrara – ahora me voy, ya he tenido suficiente – añadió dirigiéndose a Rachel y a Maribel, obviando la presencia de Santana, para luego coger su abrigo y dirigirse hacia la puerta de entrada.
- ¡Mamá! – gritó Maribel, tratando así de detenerla, pero de nada le sirvió, ésta hizo caso omiso y se marchó.
Santana no dijo nada, simplemente se limitó a llorar escondiendo su rostro entre sus manos, apoyando los codos sobre sus rodillas. Rachel por su parte, tuvo la necesidad en más de una ocasión de pronunciar palabra, pero sintió que sería inútil y que posiblemente empeoraría las cosas, de ahí a que permaneciera callada durante aquella última disputa. Ahora no podía hacer otra cosa más que tratar de consolar a Santana. Maribel, después de su intento fallido de hacer que su madre no se fuera, volvió de nuevo al salón, esta vez sentándose al lado de Santana, justo en el lado que quedaba libre. Posó su mano sobre la espalda de ésta, tratando de consolarla, mientras la veía llorar. Llevó por unos segundos sus ojos hacia los de Rachel, sintiéndose ambas culpables por lo que acababa de suceder.
-Mi amor no se lo tomes en cuenta, estoy segura de que todo saldrá bien, la abuela te acabará entendiendo, solo dale un poco de tiempo para hacerse a la idea – dijo dándole suaves caricias en la espalda.
Santana trató de serenarse para poder contestarle. Volvió a enjugarse las lágrimas, colocándose en una posición más recta, dejando de esconder su rostro entre sus manos, siéndole prácticamente imposible tratar de controlar su respiración, la cual estaba bastante agitada.
-No mamá, creo que eso va a ser imposible – logró decir aún con la voz entrecortada y los ojos empañados, dejando que su mirada se encontrara con la de su madre – Ve con ella, no está acostumbrada a un ciudad tan grande y dudo que encuentre el hotel – volvió a comentar después de un largo silencio.
- Mi niña no te puedo dejar así – comentó limpiando la última lágrima que se atrevió a deslizarse por sus mejillas, regalándole luego una suave caricia – no puedo irme sabiendo que tú estás mal – añadió mirándola a los ojos, sintiendo el dolor en estos.
- Ella también tiene que estar mal, seguramente también fue un duro golpe para ella – llevó sus manos hacia las de su madre, acariciándolas suavemente, mientras trataba de retener sus lágrimas y su dolor – Por favor, ve, no quiero que le pase nada – volvió a decir casi sin voz, reflejándose en su cara aquel temor que la envolvía.
Santana estaba actuando de esa manera porque a pesar de estar dolida y odiar en cierta manera a su abuela, al fin y al cabo la entendía, pues su abuela creció y fue educada con otros pensamientos, algunos demasiado estrictos. No podía hacer otra cosa más que entenderla, aunque muy a su pesar preferiría que fuera ella quien la entendiera. A pesar de eso, la seguía queriendo y no quería que le pasara nada, pues era la primera vez que visitaba Nueva York y sabía perfectamente cómo eran las noches neoyorquinas y las clases de personas que algunas veces rondaban por las calles. Simplemente tenía miedo de que le pasara algo, pues si eso ocurriera se sentiría culpable.
- ¿Estás segura? – preguntó su madre minutos después, no quería que Santana pensara que la quería menos si iba detrás de su madre.
- Sí, tranquila, además, está Rachel – dijo mirando hacia la castaña, quien se la quedó mirando por unos segundos para luego llevar sus ojos hacia Maribel, afirmando con la cabeza.
- Te quiero ¿lo sabes? – comentó alejando sus ojos de los de Rachel, para centrar su mirada en la de su hija, acariciando a la misma vez su cara. Aquel comentario había vuelto a reavivar aquellos sentimientos que estaba tratando de retener.
- Lo sé mamá – dijo segundos después de afirmar con la cabeza – y yo también te quiero – la voz se le volvió a entrecortar, acabando finalmente por abrazar a su madre.
Tenía miedo de que ésta viera aquella lágrima que se le había formado en los ojos, y que acabó por ceder una vez que la abrazó. No quería que siguiera preocupándose por ella, por eso mismo, como pudo y con el poco tiempo que tenía, trató de enjugarse las lágrimas mientras la abrazaba.
- Ahora será mejor que te vayas antes de que no puedas alcanzarla – dijo deshaciendo el abrazo, tratando de parpadear varias veces para que se le secaran los ojos.
- Está bien, pero llámame si pasa algo ¿vale? – comentó haciendo un gesto con el dedo.
- Sí mamá – respondió Santana entremedias de una pequeña sonrisa.
- Tranquila señora López, estará en buenas manos – dijo Rachel después de haber estado atenta escuchando aquella conversación.
- Eso espero – comentó por última vez, sonriéndole a la castaña.
Tras aquel último comentario, Maribel se despidió de ambas, abrazando una vez más a Santana antes de irse, no sin antes recordarle lo mucho que la quería y que tratara de olvidar aquel incidente, que todo se arreglaría.
-¿Que tienes pensado hacer ahora? – preguntó Rachel una vez que vio como al fin se marchó la madre de Santana.
- Necesito despejarme… – logró decir después de un largo silencio, acompañado de un profundo suspiro - …así que supongo que iré a "The Blue Eyes" – añadió, pasando sus manos por su pelo, tratando así de calmar sus nervios y su dolor.
- ¿Quieres que te acompañe? – esta vez optó por acercarse a ella y posar una de sus manos en el antebrazo de la morena.
- No – dijo negando con la cabeza, haciendo a la vez una pequeña mueca – mejor quédate con Quinn, ella también lo ha pasado mal – agregó llevando su mirada hacia el pasillo.
- ¿Estás segura? – volvió a insistir.
- Sí, no te preocupes Berry – optó por intentar quitarle hierro al asunto, tratando así de que Rachel dejara de preocuparse por ella, mientras que por dentro trataba aún de retener las lágrimas.
Minutos después de que se fuera Maribel, Santana ya estaba de camino a "The Blue Eyes", pensó que aunque no tuviera cuerpo para nada, al menos se distraería viendo la despedida de soltera que se celebraba en el local de Marley, quizás incluso acabaría riéndose por alguna locura que éstas hicieran. En cambio, Rachel se quedó en casa, tal y como lo había hablado con la morena. Trató de entretenerse como pudo, viendo la tele, pasando los canales unos tras otros sin encontrar nada que le gustara; recogiendo las tazas que aún quedaban en la mesita de centro; jugando con Barbra. Hacía todo eso porque tenía miedo de entrar en su cuarto, ya que no quería molestar a Quinn, sobre todo después de aquella última conversación. Los minutos pasaban de forma pesada, haciéndoselo aún más difícil a Rachel. Llegó incluso a desear de que Santana no se hubiera ido, pues así al menos tendría a alguien con quien hablar. A pesar de que trataba de entretenerse, por su cabeza seguía rondando el miedo desde hacía unas horas. Miedo de que Quinn volviera a ponerse enferma, tal y como ocurrió la otra vez. El frío en las noches neoyorquinas lograba colarse hasta en los huesos, de ahí que incrementara cada vez más su preocupación por el estado de salud de la rubia, dejando que de vez en cuando sus ojos se centraran en aquel largo pasillo que comunicaba a las habitaciones. Quería ir hasta su cuarto y comprobar con sus propios ojos de que ésta estaba bien. Al fin, tras varias disputas consigo misma, analizando los pros y contras de ambas posturas, acabó tomando una decisión.
Recorrió, con pasos temblorosos, aquellos metros que la separaban de la puerta de su habitación, deteniendo sus pasos una vez que la tenía en frente. No pudo hacer otra cosa más que cerrar sus ojos y soltar un gran suspiro para lograr al menos controlar sus miedos. Aún con los ojos cerrados, alzó su puño algo tembloroso, para acabar golpeando la puerta con sus nudillos de manera casi inaudible. Trató de esperar a que Quinn le contestara, pero no obtuvo respuesta. Al no oír respuesta del otro lado, acabó abriendo los ojos, centrando ahora su mirada en el manillar de la puerta. Necesitaba saber que se encontraba bien, así que sin más preámbulos acabó girando el manillar, abriendo suavemente la puerta, tratando de hacer el menor ruido posible. Al fin, cuando ésta se abrió casi por completo y logró entrar, dejó que sus ojos viajaran por la habitación, topándose con la silueta de la rubia. Allí estaba, tumbada en su cama en posición fetal, tapada únicamente con la manta que previamente le había dado Santana. (Recomiendo escuchar de fondo la canción "Duet" de Rachael Yamagata ft Ray Lamotagne)
Sin apartar sus ojos de ella, comenzó a dar pequeños pasos, avanzando lentamente hacia la cama. Verla allí tumbada en su cama le hizo recordar viejos momentos, le hizo echarla de menos. Sus pasos se detuvieron una vez que llegó al lado de la cama en el que se encontraba ella, aún con los ojos cerrados. De repente, sin saber porqué su corazón comenzó a latir de forma acelerada, costándole incluso respirar, mientras intentaba tragar la poca saliva que creaba su boca. Recorrió una vez más con sus ojos la silueta de esta, antes de volver a centrar su mirada en su rostro. Quería sentarse junto a ella y comprobar que no tenía fiebre, pero tenía miedo de despertarla y que esta acabara echándola del cuarto, a pesar de que era suyo. Cerró sus ojos, apretándolos fuertemente, mientras soltaba una gran bocanada de aire, tratando así de serenar aquellos locos sentimientos que estaba comenzando a sentir. No entendía nada, no entendía porque su cuerpo reaccionaba de repente de tal manera. Volvió a abrir los ojos, centrando nuevamente su mirada en ella, dejando que un escalofrío le recorriera todo el cuerpo. Finalmente, después de pensárselo varias veces, acabó sentándose en la orilla de la cama, mientras nuevamente volvía a coger aire. Parecía que Quinn había entrado en un profundo sueño, pues ni si quiera se percató de su presencia. Rachel, sin apartar su mirada de ella, apoyó su codo sobre su pierna, dejando que su cabeza reposara sobre su mano. Se sentía bien estando a su lado, con solo verla dormir, con solo ver cada gesto que se reflejaba en su rostro. Sin saber por qué y sin poder controlarlo, se le dibujó una dulce sonrisa en sus labios, sin poder dejar de recorrer una y otra vez cada facción de su rostro. Estuvo varios minutos en aquella posición, simplemente viéndola dormir, hasta que recordó el motivo de su presencia, comprobar que no tenía fiebre. Alejó por unos segundos su mirada de sus ojos, centrándola ahora en su mano, la cual comenzó a llevar lentamente hacia la frente de Quinn. Cuando estaba a punto de tocarla, de repente sintió miedo y no pudo hacer otra cosa más que cerrar la mano en forma de puño, alejándola unos centímetros de ella, devolviendo una vez más su mirada hacia Quinn. Comenzó a morderse los labios, tratando así de retener aquellos sentimientos, repitiéndose mentalmente una y otra vez que necesitaba comprobar su temperatura. Al fin, después de varias dudas e intentos, logró posar su mano sobre la frente de Quinn, tratando de no despertarla, comprobando que no tenía fiebre.
Tras aliviar sus dudas, volvió a centrar sus ojos en ella, dejando que los recuerdos volvieran en forma de descarga eléctrica. Recordó aquella primera vez que la conoció, cuando aún llevaba el pelo largo, hacía ya unos cuantos años. A pesar de que eran pequeñas y de que no comenzaron con bien pie, la amistad surgió después de varios intentos, promovidos en su mayoría por Rachel. Pensándolo, ahora se daba cuenta de lo pesada e insistente que fue en aquella época, y lo dulce y compasiva que fue Quinn con ella. Siempre quería ser la protagonista de todas las obras musicales que se hacían, y casi siempre ganaba el puesto, pero solo una vez se dejó ganar. Fue en la última representación del Instituto McKingley, meses antes de que acabaran su último semestre y un par de semanas después de que ocurriera todo. Lo había intentado todo para intentar que Quinn la perdonara, pero no consiguió nada, lo único que hizo fue hacer que ésta se alejara aún más de ella. Estaba a punto de tirar la toalla cuando descubrió el título de aquella última representación, "Sueño de una noche de verano" de William Shakespeare. Se trataba de la obra favorita de Quinn, y sabía que ella se presentaría al casting. Por eso, a pesar de que ella también se moría por participar en la obra y ser una de los protagonistas, no se presentó. No quería que por su culpa Quinn acabara odiándola más, no quería robarle el último papel que podría representar antes de decir adiós, no quería truncar sus sueños. A pesar de que le dolió en el alma no participar en la que sería su última representación como alumna del Instituto McKingley, a pesar de todo, sintió un gran alivio cuando la vio brillar en aquel escenario, cuando el público se puso en pie y la aplaudió, cuando acabó llorando de la alegría. Fue la primera vez que la vio actuar, la primera vez que la vio sonreír de tal manera, igual a cuando tenía la cámara en mano. Lo peor de todo fue que solo pudo verla de lejos, al igual que pasa con las estrellas en la noche, que por mucho que intentas tocarlas siempre están a años luz de ti. Así se sintió en aquel momento, y así se sentía ahora mismo. A pesar de tenerla tan cerca, sentía como si estuviera a años luz de ella.
Le dolía. Le dolía que a pesar de todo lo que había hecho, de todo lo que había sufrido en su propia piel y de todo lo que había sentido, aún se sintiera tan lejos de ella. Simplemente le dolía sentir lo que estaba sintiendo. Las palabras acumuladas se le atragantaron en la garganta, formándole un nudo demasiado doloroso, mientras que sus ojos intentaban retener aquellas lágrimas que habían comenzado a formarse. Tenía ganas de tocarla, de sentirla cerca por una vez más, aunque ese momento durara unos segundos. Sin detenerla y sin dejar de mirarla, dejó que su mano viajara hasta su rostro, deteniéndose a escasos centímetros de su piel. Dejó escapar su último aliento, aquel que la retenía a hacerlo, para luego dejar que al fin su piel se fundiera con la suya. Sus mejillas aún se sentían frías y seguían algo coloradas debido al frío que pasó. Trataba de tocar sus mejillas lo más suave posible, como si estuvieran hechas de porcelana, pues no quería despertarla. Sus ojos seguían plasmados en ella, como si estuvieran escaneando cada facción de su rostro. A pesar de que sus ojos seguían empañados y trataban de luchar contra sus propias lágrimas, se le dibujó una pequeña sonrisa en sus labios, una sonrisa amarga.
-No sabes cuánto te echo de menos – dijo de forma ahogada y casi inaudible, desdibujando aquella amarga sonrisa, dejando que al fin sus ojos cedieran y las lágrimas acabaran estampándose contra su pantalón.
A pesar de que sabía que podía exponerse a que Quinn la escuchara, en aquel momento no le importó. Se atrevió a hablar porque lo necesitaba, necesitaba soltarlo. Tras aquella pequeña confesión, dejó que sus ojos se desahogaran por unos minutos más, alejando a su vez su mano de su rostro, dejando que simplemente fuera su mirada empañada quien la sintiera.
Después de serenarse un poco y de enjugarse las lágrimas, le dio una última mirada para luego levantarse de la cama y dirigirse hacia su escritorio, necesitaba soltar todas aquellas palabras que aún no había dicho y que habían comenzado a inundar su garganta, necesitaba plasmar en palabras sus preocupaciones y sentimientos. Tomó asiento, encendiendo minutos después su portátil, para luego más tarde abrir su blog y comenzar a escribir aquellas palabras que habían comenzado a hacerle un nudo en la garganta.
A pesar de que iba abrigada, el frío de la noche se colaba poco a poco en su piel, incluso podía ver como el aire que salía a través de la bufanda que tenía enrollada en el cuello, cubriéndole la boca, se transformaba en vaho, provocando que acelerada aún más su paso para llegar lo antes posible a "The Blue Eyes". Al fin, tras recorrer un par de manzanas más, logró llegar al local en el que trabajaba. El letrero en el que se podía leer el nombre del bar brillaba tanto, que incluso iluminaba gran parte de la acera a la cual las luces de las farolas no lograban iluminar. Podía incluso oír desde fuera el ruido que tenían montado, al parecer, por lo que pudo oír, estaban jugando a una especie de karaoke, en el que sonaba canciones de los 90'. Finalmente, tras coger un poco de aire y mentalizarse con lo que podría encontrarse allí adentro, abrió la puerta y con paso firme entró dentro del local. Al llegar, vio como las luces estaban casi apagadas en su totalidad, tan solo había un par de color azul que iluminaba la zona en la que se encontraban el grupo de chicas que estaban celebrando la despedida de soltera. Tal y como había imaginado, habían montado una especie de karaoke improvisado, cogiendo las botellas de cerveza como si fueran micrófonos, mientras leían abrazadas unas a otras la letra de la canción en la televisión que normalmente utilizaban para retransmitir partidos de fútbol. No pudo si quiera contener la risa al ver como cantaban de manera tan apasionada la letra de la canción de 4 Non Blondes "What's Up".Tras observarlas por un par de minutos más, al fin se acercó hasta la barra, quitándose finalmente el abrigo y tomando asiento en una de las banquetas que la rodeaban, a tan solo unos metros de donde se encontraba Marley preparando alguna que otra bebida.
-Hola – dijo en voz alta, dirigiéndose a la castaña, para que esta pudiera escucharla.
- ¡Hola! – gritó también mientras terminaba de preparar el par de copas que le quedaba, pues el ruido que tenían montado en la despida de soltera apenas les permitía escucharse mutuamente – pensaba que no vendríais – volvió a gritar – por cierto, ¿dónde está Rachel? – preguntó una vez que observó a su alrededor y no vio a la castaña.
- Se ha quedado en casa – respondió sintiendo dolor en la garganta. Aquel esfuerzo que tenía que hacer para gritar le estaba costando factura, sobre todo después de todo lo que había tenido que aguantar hacía tan solo unos minutos.
- Que pena, la quería ver vestida de "lesbiana" – dijo mientras se acercaba a Santana, una vez que terminó de preparar las bebidas – me tendré que conformar imaginándomela – añadió entre risas, provocando una pequeña sonrisa en la morena, la cual apenas duró – ¿te pongo algo? – preguntó cruzándose de brazos mientras se apoyaba en la barra.
- Pensaba que habíamos quedado en que te ayudaría – dijo mirando sobre su hombro, observando a las chicas que estaban festejando.
- No, es tu día libre, además no hacen mucho ruido y me las puedo apañar sola – centró también su mirada en ellas por unos segundos, para luego volver a dirigirla hacia Santana.
- ¿Segura? – preguntó una vez que volvió a su posición inicial, topándose con la mirada de Marley.
- Sí – dijo sonriente – ¿y entonces qué, te pongo algo? – volvió a preguntar.
- ¿Qué es lo más fuerte que tienes? – tuvo que gritar más fuerte pues de nuevo había comenzado a sonar otra canción, ésta aún más sonora que la anterior.
- Tequila – dijo una vez que miró a la estantería que tenía detrás de ella, la cual estaba repleta de botellas de alcohol.
- Pues ponme dos chupitos – sentenció mirando también hacia la misma estantería a la que había mirado Marley previamente.
- ¿Estás segura? ¿No prefieres que te ponga uno solo o algo menos fuerte? – preguntó pareciéndole un poco extraña aquella petición. Aquellas preguntas lo único que hicieron fue que Santana recordara lo sucedido con su abuela y aquella actitud suya tan dominante, odiaba que le dijeran lo que tenía que hacer.
- Sí, estoy segura. Ya soy lo suficiente mayorcita para saber lo que quiero ¿no? – respondió de manera cortante, sorprendiendo a Marley con aquella actitud.
- ¿Estás bien? – quería saber el motivo de aquel cambio de humor tan repentino.
- Sí, tan solo ponme lo que te he pedido – esta vez optó por centrar su mirada en ella, para luego darse cuenta de que se había pasado con su contestación, Marley no tenía la culpa de nada – por favor – agregó de manera más suave, mientras hacía una pequeña mueca en forma de disculpa.
Marley no dijo nada más, pues sabía que últimamente Santana no estaba bien y tampoco sabía el motivo que la tenía así, por eso optó por callar y no decir nada más. La entendía, y si quería saber más sobre ella tenía que ser paciente y esperar a que Santana fuera quien diera el paso. Tal y como le había pedido, cogió un par de vasos de chupitos y los colocó sobre la barra, justo delante de Santana, para luego llenarlos de tequila. Estos apenas duraron un par de segundos, pues la morena se los bebió como si fuera agua, aunque al minuto después de habérselos bebido sintió como le ardía la garganta. A decir verdad, Santana no estaba acostumbrada a beber, con lo cual tampoco tenía mucho aguante. Marley dejó la botella de tequila sobre la barra, teniendo que dejar sola a Santana por unos minutos, ya que tenía que llevar las bebidas que previamente había preparado. Minutos más tarde, Santana al ver que Marley aún seguía ocupada con los clientes, optó por volver a llenarse los dos vasos de chupitos, bebiéndoselos nuevamente del tirón, sintiendo como le volvía a arder la garganta, notando esta vez como el alcohol hacía efecto en ella.
Actuaba así porque necesitaba olvidar lo que acababa de vivir, o al menos intentar dejar de pensar en ello. Necesitaba mantener su mente ocupada, dejar atrás aquellos pensamientos que no hacían más que hacerle daño. Teniendo esos pensamientos, volvió a llenarse una vez más los dos vasos de tequila, dejándolos secos en cuestión de segundos, sintiendo de nuevo aquel ardor recorriéndole la garganta. Aquellos dos últimos chupitos fueron los detonantes. Todo se volvió más lento y lejano, incluso la música dejó de parecerle fuerte. Todo se movía a su alrededor, ni si quiera pudo volver a llenarse los vasos, pues no era capaz de mantener la mano firme, ni de lograr posar la botella sobre éstos. No pudo hacer otra cosa más que apoyar su cabeza sobre sus manos, hincando los codos en la barra, agachando finalmente la cabeza, cerrando a su vez los ojos. Pensó que bebiendo era la única manera de olvidar aquello que le hacía daño, pero estaba completamente equivocada. Los recuerdos volvieron a azotar su mente de manera más nítida, sintiéndose indefensa frente a ellos, mientras que escuchaba de fondo las risas sonoras de los clientes. Tenía los sentimientos a flor de piel y no podía hacer otra cosa más que intentar que estos no se hicieran presentes en sus ojos, evitar por todos los medios que sus ojos cedieran y las lágrimas acabaran por descender por sus mejillas. Mientras Santana trataba de lidiar aquella batalla consigo misma, Marley, quien había terminado de servir las bebidas y de recibir algún que otro piropo y propuesta de matrimonio, volvió nuevamente a la barra, encontrándose con el destrozo sentimental en el que se encontraba Santana.
-¿Te pasa algo? – preguntó una vez que se percató del bajón que había dado la botella y del estado de la morena.
-…- Santana no dijo nada, simplemente se limitó a levantar la cabeza, encontrándose con los ojos de la castaña, intentando controlar sus sentimientos.
- ¿Estás bien? – esta vez no pudo evitar mostrar su cara de preocupación, a la vez que llevaba una de sus manos hacia el rostro de la morena, apartando el mechón que se había quedado pegado entre sus labios.
Santana necesitaba liberarse, sacar lo que llevaba dentro y aquella mirada de preocupación en los ojos de Marley no hizo otra cosa más que incrementar aquella necesidad.
- No – dijo al fin sincerándose, después de varios minutos en silencio, sintiendo escozor en los ojos.
- ¿Qué ha pasado? – esta vez optó por sentarse en una de las banquetas que había junto a Santana, pues tenía la necesidad de hacerle entender que estaba ahí. Nunca se hubiera esperado que Santana le respondiera de forma tan sincera.
La morena ya estaba bajo los efectos del alcohol y sin duda estaba sintiendo como sus sentimientos eran contradictorios los unos con los otros. Su mente le decía que callase, que no hablara más de la cuenta, pues aún no estaba preparada para contarle el motivo de su estado, pero su corazón pedía a gritos un poco sinceridad, sentir que al menos alguien la entendía o que la apoyaba. Necesitaba con urgencia un abrazo.
-Es…es difícil de explicar – dijo tras un largo silencio, en el cual aún batallaba consigo misma.
- Tengo todo el tiempo que necesites – comentó apoyando su mano sobre una de las rodillas de Santana, dándole suaves caricias, mientras mantenía su mirada fija en la de la morena.
Después de que terminara la audición, no pudo volver a encontrarse con Santana, simplemente se tuvo que limitar a verla marchar desde lejos. Sabía que aún tenían una charla pendiente y que posiblemente ésta podría afectarle a ambas. Había llegado a casa hacía un par de horas, pero lo hizo sola, pues Artie, otra vez, estaba demasiado ocupado como para acompañarla. Se sentía como si estuviera viviendo otra vida, como si ella estuviera estancada y el mundo siguiera rodando, como si todo hubiera cambiado y ella siguiera siendo la misma. No entendía cuando fue que cambió todo. Antes solía tener una vida más divertida, solía ir a bailar por la noche con sus amigos, sobre todo con Mike, pero tuvo que dejar de hacerlo porque a Artie no le parecía bien que su novia saliera por ahí a clubes por la noche sin que él pudiera acompañarla; ir al cine con Artie todos los Martes, costumbre que empezaron hacía ya un par de años, pero que también tuvieron que dejarlo porque el castaño siempre acababa agotado teniendo que subir las empinadas cuestas que llevaban hacia los asientos; cenar con sus padres dos veces por semana, ésta última se dejó de hacer poco a poco, ya que Artie, debido a la obra, apenas tenía tiempo; ir a los parques de atracciones los días de lluvia porque eran los días más divertidos, pero también lo tuvo que dejar de hacer porque debido a la lluvia Artie no podía controlar su silla de ruedas. Prácticamente tuvo que ir desprendiéndose poco a poco de todos aquellos momentos y salidas que la hacían feliz porque no le gustaba o no le iba bien a Artie. Ahora su único momento "divertido" era cuando jugaba con Lord Tubbington mientras hacía zapping. Había pasado de tener una vida extraordinaria, a pasar la mayoría de las horas encerrada en casa. Incluso ahora no tenía nada mejor que hacer, que darle de comer a Lord Tubbington.
Se encontraba en la cocina, llenando de comida el cuenco del felino, mientras sentía como este rondaba entre sus piernas, rozándose contra su pantalón, haciéndole entender que se diera prisa en darle de comer.
-Al menos te tengo a ti – dijo agachándose una vez que terminó de llenar el cuenco, dejándolo delante de Lord Tubbington, viendo como éste engullía la comida como si no hubiera un mañana – tenías hambre ¿verdad? – comentó acariciándole el lomo, sin obtener respuesta, pues éste estaba demasiado ocupado comiendo - ¿tú también piensas que soy tonta? – dijo tras un largo silencio en el que únicamente se limitó a observar al felino, recordando aquella última conversación que tuvo con Artie, teniendo como respuesta un simple maullido – ¡a que no! yo tampoco lo creo – exclamó abriendo los ojos - ¿Sabes? Hoy al menos no ha sido un día tan malo – dijo tras un breve silencio, después de sentarse en el suelo y de recostarse sobre uno de los muebles de cocina, recordando el momento en el que volvió a ver a Santana, recordando aquel abrazo tan necesitado, recordando aquella canción. Sin duda la canción fue lo que más tiempo estuvo retumbando en su cabeza - ¿Qué crees que debería de hacer? – preguntó acariciando a Lord Tubbington, quien se había tumbado en su regazo una vez que terminó de comer, recibiendo como respuesta de éste un pequeño ronroneo - ¿debería de darme una vuelta, aunque fuera por un par de minutos? – comentó mirando al felino, sintiéndose agobiada de estar encerrada en casa – no le haría daño a nadie ¿verdad? – preguntó, viendo como esta vez Lord Tubbington se levantaba de su regazo e iba hacia la puerta de la cocina – Si lo que querías era que me fuera me lo podrías haber dicho de otra forma – dijo mirándolo a los ojos, levantándose segundos después – luego no me vengas pidiendo comida – sentenció por última vez, asomándose por la puerta, viendo como éste se adentraba en el pasillo.
Al fin, después de varias dudas, decidió salir y dar aunque fuera una pequeña vuelta por la ciudad. Necesitaba despejarse y caminar le hacía bien. Sin saber porqué perdió la noción del tiempo, acabando, después de media hora caminando, frente al local en el que trabajaba Santana, frente a "The Blue Eyes". Se quedó mirando al letrero por unos minutos, pensando que sería una mala idea entrar, sobre todo si después Artie acababa enterándose. Estaba a punto de dar marcha atrás, de volver por donde había venido, cuando de repente sonó su teléfono móvil, había recibido un mensaje. Llevó su mano hacia su bolso, rebuscando entre las cosas que tenía dentro de él, hasta que finalmente dio con su móvil. Se trataba de un mensaje de Artie, en el cual decía que, al igual que las otras noches anteriores, llegaría tarde, sobre las doce y media de la noche. No pudo evitar fruncir el ceño, pues le daba rabia que solamente le hablara para comunicarle cuando volvería a casa, ni si quiera había recibido algún que otro mensaje en todo el día, tan solo aquella llamada que recibió para que le llevara una carpeta. Más que novia o prometida, se sentía como si fuera su secretaria o su sirvienta. Entendía que estuviera ocupado con su trabajo, pero al estar tanto tiempo pendiente de éste, había comenzado a dejarla prácticamente de lado, como si fuera únicamente un estorbo. Cerró la pestaña del mensaje, evitando contestar, dejando que la luz blanca del móvil proyectara contra su cara, para luego dirigir su mirada hacia la esquina superior derecha de éste, observando la hora. Eran apenas las once y media de la noche, aún le quedaba como una hora antes de que Artie volviera a casa. Alejó nuevamente el teléfono de su visión, dejando que sus ojos volvieran a centrarse en aquel luminoso letrero.
-No he salido a la calle para seguir amargándome – se dijo a sí misma mordiéndose el labio inferior, aún sin apartar sus ojos del letrero, sintiéndose como si estuviera a punto de romper alguna regla – las reglas están para romperlas ¿no? – sentenció, mirando por última vez al luminoso, para luego coger aire y dirigirse hacia la puerta de entrada del local.
En cuanto puso el primer pie en el local, sintió como le pegaba de golpe aquel ambiente pesado, notando como su corazón palpitaba al mismo ritmo que la canción que sonaba, pues la música estaba bastante alta. Sus ojos no pudieron evitar centrarse en un rincón del local, donde había como unas veinte chicas, las cuales estaban jugando al karaoke de manera animada. Al parecer eran las únicas clientas que había esa noche, pues no vio a nadie más, aparte de que todo estaba bastante oscuro. La canción que estaban cantando finalizó y todas comenzaron a dispersarse, entablando una pequeña batalla para decidir cuál era la siguiente canción que cantarían. Sin saber porqué, aún sin apartar su vista de aquel rincón, una de ellas se la quedó mirando de manera fija, haciendo que Brittany entrara un poco en pánico, pues su mirada daba un poco de miedo. Era una chica bastante alta, de pelo corto negro, aunque no tanto como el de un chico. Su ropa era bastante holgada, también de color oscuro. Llevaba una camiseta de AC/DC, junto a unos pantalones vaqueros algo rasgados y unas botas estilo militar. Por lo que pudo ver, apenas llevaba maquillaje, tan solo tenía dibujada la raya del ojo, cosa que acentuaba aún más su penetrante mirada. Trató de esquivar sus ojos pero no pudo hacer nada, ya que ésta ya había emprendió camino hacia ella.
-¡Hola guapa! – dijo elevando la voz una vez que se acercó a ella, dándole un pequeño buche a la cerveza que llevaba en la mano.
- H-Hola – saludó algo tensa, intentando no centrar sus ojos en ella.
- ¿Cómo te llamas? – preguntó tomando por sorpresa a Brittany.
- B-Bri…Brittany – dijo al fin, sintiéndose cada vez más nerviosa.
- Yo soy Alex, encantada – extendió su mano, esperando a que la rabia se la estrechara.
- I-Igualmente – dijo al fin después de quedarse por unos segundos mirando su mano, para luego estrecharla.
- ¿Quieres unirte a la fiesta? Es una despedida de soltera – comentó señalando con el dedo índice hacia sus amigas, mirando a su vez tras sus hombros, para luego volver a centrar su mirada en Brittany.
- Eh…n-no gracias, venía a por… - dejó que sus ojos viajaran por el local, intentando encontrar una escusa para evitar ir con ella, pero nunca se imaginó venir lo que acabó encontrando - ¿Santana? – dijo sorprendida, apenas sin voz, con los ojos totalmente abiertos.
A unos metros de ella, justo en el lugar con menos luminosidad, se encontraban Marley y Santana sentadas en unas de las banquetas que había alrededor de la barra, abrazándose mutuamente de forma cariñosa. No sabía el motivo de aquel abrazo, ni porqué estaban las dos solas, solo podía sentir un cierto quemazón en su interior, justo en el lado izquierdo de su pecho. Pudo ver como de repente el abrazo cesó, viendo ahora como Marley dejaba un pequeño beso sobre la mejilla de Santana, provocando que sus ojos se abrieran aún más de par en par al ver aquella escena, sintiendo un poco de rabia. No sabía por qué su cuerpo reaccionaba así, no entendía porque su corazón dolía, porqué latía tan rápido. ¿Celos? Posiblemente sí, pero aún no había llegado a esa teoría, aún no se había dado cuenta de lo que significaban aquellos sentimientos.
Santana acababa de contarle a Marley el motivo que la tenía así. Había sido capaz, después de terminar de beberse lo que quedaba en la botella, de contarle todo lo que había sucedido con su abuela, contándole además quien era aquella persona de la que estaba enamorada. A pesar de que había tratado de evitar contárselo, el alcohol hizo efecto y la ayudó a sincerarse, dejando escapar alguna que otra lágrima durante el proceso. Marley se quedó de piedra en cuanto supo la verdad, no sabía siquiera qué hacer, no sabía cómo hacer que parara de llorar. Al final optó por abrazarla. Sabía que lo estaba pasando mal y verla así, tan rota, le dolía en el alma. Trató de animarla diciéndole que todo iba a estar bien, que no se preocupara, que pensara que al menos tenía a gente en quien apoyarse, incluida ella. Aquello en cierta manera la tranquilizó e hizo que dejara de llorar.
- Gr-gracias por todo, pero cr-creo que m-me voy a ir ya, n-no quiero molestarte más – dijo después de finalizar el abrazo y tras el beso que dejó Marley plasmado en su mejilla, costándole hablar debido al efecto del alcohol.
- ¿Estás segura? ¿No es mejor que esperes un poco a que se te pase el efecto? – preguntó acariciándole el brazo.
- Sí, tran..quila, no me va a passar nada – dijo regalándole una pequeña sonrisa, intentando a su vez ponerse de pie, perdiendo rápidamente el equilibrio, cayendo finalmente sobre Marley.
- ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? – preguntó agarrándola fuertemente, llevando una de sus manos hacia la mejilla de la morena, intentando que no volviera a perder el equilibrio.
- Sí, es ssolo que he trop-pezado con la silla – alegó intentando hacer que no se preocupara.
Todo aquello ocurrió frente a los ojos de Brittany, quien observaba la escena a unos metros de distancia, sintiendo cada vez más agudos aquellos sentimientos que había comenzado a sentir previamente.
-¿Has visto un fantasma? – comentó Alex, haciendo que Brittany apartara por unos segundos sus ojos de ambas y los centrara en ella – lo digo porque se te ha puesto la cara blanca – añadió pegando otro pequeño buche a su cerveza.
- Eh…no, es que… - volvió a llevar sus ojos hacia la silueta de Santana, sintiendo como un pequeño escalofrío le recorría todo el cuerpo, sintiendo la necesidad de ser Marley en ese mismo momento y poder tocarla aunque fuera por unos segundos. No entendía el porqué, solo sabía que lo necesitaba – perdona, pero tengo que…tengo que irme – dijo de repente, teniendo como propósito caminar hacia donde se encontraban ambas.
- Pero… - no dejó si quiera que Alex le respondiera, pues ya había comenzado a caminar.
No había pensado si quiera en lo que le diría cuando se la encontrara de frente, pero no podía soportarlo más, necesitaba acercarse, necesitaba saber el motivo de aquel abrazo, necesitaba encontrar una respuesta que le explicara el motivo de aquellos sentimientos que había comenzado a sentir, necesitaba aclarar aquellos puntos de los cuales aún no habían hablado claramente. Al fin, cuando estaba a tan solo unos pasos de ambas, tomó una gran bocanada de aire, tratando así de tranquilizar sus sentimientos y de darle algo de respiro a su corazón.
-Hola – dijo una vez que terminó de recorrer los metros que la separaba de ellas, tomando por sorpresa tanto a Marley como a Santana, provocando que el corazón de la morena se activara como si fuera una bomba de relojería.
- ¿B-Brittany? ¡Hola! – saludó Marley algo nerviosa, alejándose un poco de Santana para poder darle dos besos a la rubia - ¿qu-qué haces aquí? – preguntó algo aturdida, mirando de reojo a la morena, preocupada por lo que pudiera sentir.
Santana no dijo nada, simplemente se limitó a observarla atónita, pues no se esperaba encontrársela y mucho menos en su estado de embriaguez. Tenía miedo de que el alcohol le afectara demasiado y volviera a hacer otra locura, tenía miedo de no poder controlar sus sentimientos, de no ser lo suficientemente fuerte como para poder controlarse.
-E-Estaba paseando, vi el letrero y me dije "Ya que estoy aquí, ¡vamos a saludar a Marley!" – dijo retocando en cierta manera la realidad, observando también de reojo a la morena – ¿y vosotras? – preguntó, atreviéndose esta vez a mirarla directamente a los ojos.
- Y-Yo…¡trabajando! – comentó agarrando un trapo que había sobre la barra, intentando no mencionar la charla que acababa de tener con Santana - aunque al ser una fiesta de soltera tengo un poco más de respiro – agregó regalándole una pequeña sonrisa, intentando así encubrir el porqué no estaba tras la barra o sirviendo copas – y S-Santana… – trató de seguir hablando, pero fue cortada rápidamente por la morena.
- Y-Yo y-ya mme iba – le costaba hablar, la lengua se le enredaba y sus nervios no estaban a la labor de colaborar. Le costaba incluso mirarla a los ojos. Aquella forma de hablar la delató e hizo que Brittany se diera cuenta de su estado de embriaguez.
- ¿Ya? Pero si acabo de llegar. Al menos tómate la última copa conmigo – dijo Brittany, teniendo la intención de hablar con Santana, haciendo que ésta mirara de reojo a Marley, intentando que dijera algo, pues las palabras ya no lograban salir de su boca.
- ¡NO! – gritó de repente la castaña, entendiendo el mensaje de la morena, haciendo que ambas la miraran de manera sorprendida – N-No, porque…S-Santana mañana t-tiene…tiene…¡tiene que trabajar! – soltó fijando sus ojos en la morena, intentando así que ésta no bebiera más, pues sabía que tenía que volver a casa y le preocupaba que tuviera que hacerlo sola, ya que ella aún tenía que trabajar por unas horas más.
Brittany tenía la intención de hablar con ella, pues aún había algunos puntos que tenían que aclarar y se había puesto como objetivo no volver a casa hasta que no aclararan las cosas. Necesitaba aclarar sus ideas y sentimientos.
-¿P-Prefieres que te acompañe? – dijo, tomando por sorpresa a Santana, provocándole sentimientos contradictorios. Por una parte quería que la acompañase, pues la echaba de menos, echaba de menos tenerla cerca; pero por otra parte tenía miedo, miedo de no poder controlar sus sentimientos.
- N-No hace… - no logró terminar su frase, ya que Marley la cortó.
- ¡Sí! – comentó, haciendo que Santana la mirara inquieta – Digo…ya es muy tarde y n-no estaría bien que te fueras sola y mucho menos en tu estado – alegó, haciendo que tanto ella como Brittany se la quedaran mirando, poniendo a la morena contra las cuerdas, provocando que no tuviera más opción que aceptar la propuesta.
- Esstá bien – dijo al fin, temiéndose aún así lo peor.
Estuvieron un par de minutos más en "The Blue Eyes", hasta que finalmente se despidieron de Marley y pusieron rumbo a la casa de Santana. Brittany tuvo que ayudarla, haciendo que ésta apoyara un brazo sobre su hombro, pasando a su vez su brazo por la espalda de la morena, mientras posaba su mano sobre su cadera; pues sus pasos no eran del todo firmes y apenas podía andar recto. El camino a casa fue bastante silencioso e incómodo, aunque con ciertos toques de nerviosismo. Era la primera vez que se sentían así, nerviosas al tocarse, al sentirse tan cerca, sobre todo Brittany. Apenas había un pequeño espacio entre ambas, sus cabezas prácticamente se tocaban y el cuerpo de Santana temblaba cada vez que una de ellas rozaba a la otra. Fue un viaje bastante complicado para la morena, pues ésta tenía que lidiar con sus sentimientos e intentar que por culpa del alcohol no dijera ninguna estupidez, tenía que intentar resguardar sus sentimientos, evitar que el corazón hiciera una de las suyas y que no acabara a la mañana siguiente con una resaca emocional.
Después de que estuvieran un buen rato en el rellano de la puerta, intentando encontrar a oscuras la llave que estaba dentro del bolso de Santana, finalmente lograron dar con ella y entrar en casa de la morena, apoyándose ambas sobre las paredes para no perder el equilibrio, pues el pasillo era bastante estrecho.
-¿Quieres ir al baño y echarte un poco de agua en la cara? – preguntó Brittany una vez que dejó las llaves sobre la gran mesa que había en el salón, aún sujetando a Santana por la cintura.
- N-No, nnecessito tumbar-me – dijo apoyándose aún más en Brittany, pues no podía evitar cerrar los ojos debido al gran mareo que estaba sintiendo, notando como el efecto del alcohol se encontraba en su punto álgido.
- Vamos, te acompaño ¡Ten cuidado! – comentó evitando que Santana chocara contra una de las sillas que rodeaba la mesa.
Con paso lento, en mitad de la oscuridad que reinaba aquella estancia, y con mucho cuidado, Brittany logró llevar a Santana hasta su cuarto, evitando en más de una ocasión que ésta cayera de bruces contra el suelo. Una vez que llegaron al cuarto, dejó que la morena se sentara sobre la orilla de la cama, permitiéndole así un descanso a sus piernas, quienes ya no podían aguantar más su propio peso. Santana no pudo evitar que aquel mareo se incrementara en cuanto notó como su cuerpo se quedó quieto, llevando sus manos hacia su cabeza, apoyando a su vez los codos sobre sus rodillas. Brittany, al ver aquel estado de la morena, no pudo evitar sentir aquel sentimiento de preocupación. (Recomiendo escuchar de fondo la canción "Me gusta así" de Los Hombre de Paco)
-¿Estás bien? ¿Necesitas que te traiga algo? – preguntó arrodillándose frente a ella sin poder apartar la mirada de su silueta, a la vez que posaba una de sus manos sobre sus rodillas.
- E-Esstoy bi-en – logró decir, mirándola por primera vez a los ojos, sintiendo como estos lograban ganarle la batalla a los suyos.
- ¿Segura? – volvió a insistir, regalándole esta vez suaves caricias, provocando que el corazón de la morena palpitara como si no tuviera frenos.
- … – se la quedó mirando sin poder decir nada, pues físicamente sí estaba bien, pero por dentro se sentía como si estuviera en mitad de una batalla, la cual sabía que iba a perder. Sentía como si su piel ya no fuera su piel, sino más bien las marcas de una guerra fría.
Brittany no podía dejar de mirarla esperando a que ésta contestara, pero las palabras ya no salían de su boca y su mirada ahora estaba perdida en la nada, cosa que provocó que incrementara aún más su preocupación y su curiosidad. Segundos después, al ver que Santana seguía sin decir nada, se atrevió a hablar.
- San…sé que quizás no es un buen momento y que tampoco quieras hablar de ello, pero…– comenzó a decir, apartándole algún que otro mechón que se interponía en su mirada, haciendo que Santana se paralizara ante tal movimiento, provocando que volviera a centrar su mirada en ella, temiendo volver a perder la batalla - ¿p-por qué te estaba abrazando Marley? – logró decir finalmente, intentando que por una vez la morena le aclarase sus dudas, mientras sentía como los nervios se la comían.
Santana se quedó en blanco por unos segundos, sorprendida por aquella pregunta, sintiendo aún aquel incesante mareo. No sabía que decir ni que hacer, simplemente se limitó a mirarla, intentando así encontrar palabras que le ayudaran a poder responderle aquella pregunta, sin tener así que dejar el corazón a mitad de camino. Al final, tras varias dudas, decidió ser sincera por una vez, de dejar de darle vueltas a las cosas. Tomó una gran bocanada de aire, imaginándose de antemano lo doloroso que iba a llegar a ser, clavando a su vez sus ojos en Brittany, dejando que finalmente las palabras hablaran por ella.
- P-Por ti – dijo en un arde de sinceridad mezclado con el efecto del alcohol, aún con sus ojos clavados en ella, sintiendo como se le partía el alma – porque l-le acababba de conntar el mmotivo que me tenía asssí, r-rota de d-dolor – añadió clavando esta vez su mirada en sus manos, las cuales ahora tenía sobre sus rodillas. Intentaba calmar sus nervios jugando con sus dedos, pero de nada le servía.
Estuvo en silencio por unos segundos, intentando darse un pequeño respiro mientras era observada por Brittany, quien en cierta manera se sentía culpable por el daño que podía estar haciéndole, pero al mismo tiempo estaba comenzando a sentir cosas que nunca antes había sentido. Su corazón palpitaba como si no hubiera un mañana, a sus pulmones les costaba coger aire y su cuerpo temblaba sin ninguna explicación. Aún no sabía el motivo de aquellos sentimientos, solo sabía que le ocurría únicamente cuando estaba con ella, y en cierta manera le asustaba.
- ¿Sabbes lo que es a-amar sin hacer r-ruido? – preguntó pillándola desprevenida, recibiendo por parte de Brittany una negación con la cabeza – Ess saber que p-puedes gritar su nommbre hasta qued-darte afónica. Que sse te erice la p-piel aún y cuando éssta arde debajo dde cada roce. Perderte en-tre la comisura de sus l-labios, en mitad de una sonrisa. Quedarte sinn aire en el mismo mmomento en el que le miras a los ojos. Saber que p-puedes amarla más que a nnadie, pero tener que guardarte esse sentimiento a cada lado del pecho, con tal de evitar q-que duela demasiado – dijo con la voz rota, intentando retener las lágrimas que habían comenzado a formarse en sus ojos, sintiéndose de alguna forma aliviada después de decirle aquello. A pesar de todo, el corazón le seguía doliendo. Le dolía porque por muy sincera que fuera, nunca podría tenerla - P-Perdóname, perdónamme por querer-te demasiado… – dijo por última vez, pues su voz ya no podía más, ni tampoco sus ojos, quienes acabaron por ceder, dejando que las lágrimas acabaran rodando por sus mejillas. Estaba completamente rota.
- Santana… – Brittany no pudo evitar sentir una punzada en el corazón, sintiéndose culpable por todo lo que estaba sufriendo Santana, teniendo la necesidad de cesar sus lágrimas. Sin apartar sus ojos de ella, llevó ambas manos hacia sus mejillas, frenando con sus pulgares sus lágrimas. Santana tuvo que cerrar sus ojos, apretándolos fuertemente, pues pensaba que esa la era la única manera de que le doliera menos.
Brittany se la quedó mirando por unos segundos, agradeciendo en cierta manera de que tuviera los ojos cerrados, pues su corazón ya no era dueño de sus actos. Sin saber porque, creció en ella la necesidad de besarla, sabiendo que de alguna manera esa era la única forma de callar a su corazón. Sin pensarlo y sin decir nada se acercó un poco más a Santana, cerrando sus ojos, apoyando su frente contra la de ella, dejando que su acelerado respirar chocara contra los labios de la morena. Se mordió los labios, sabiendo que estaba a punto de hacer una locura. Estaba a tan solo unos milímetros de su boca cuando de repente sintió como el miedo se apoderaba de ella, parándola en seco. No podía hacerlo, no de esa manera, no cuando aún no sabía que significaban esos sentimientos, ni tampoco cuando sabía que esto podía hacerle daño a Artie. No entendía como no se había parado a pensar en las consecuencias que habrían acarreado aquel acto. No sabía qué era lo que le pasaba.
-Perdóname mi amor – logró decir con la voz hecha añicos, después de un largo silencio en el que la rubia no hizo más que darle vueltas a esa locura que había estado a punto de hacer.
Brittany no pudo evitar abrir los ojos de par en par al oír aquellas palabras, encontrándose frente a ella a una Santana rota de dolor, sintiéndose aún culpable. Sabía que había oído esas palabras antes, sabía que no estaba loca, pero nunca se hubiera imaginado que fuera Santana quien estuviera detrás de ellas. Aquellas últimas palabras no hicieron más que incrementar sus dudas.
Lo prometido es deuda, ¡he logrado terminar el capítulo un día antes de mi cumpleaños! Por suerte hoy me he levantado inspirada y en cierta manera me ha ayudado a terminarlo, aunque eso sí, he acabado con un dolor de cabeza impresionante. Espero haber podido expresarme bien a la hora de escribir este capítulo y de que lo hayáis entendido, sin duda es un capítulo que me ha dado grandes dolores de cabeza como el que tengo ahora mismo. Como os dije en los adelantos, vienen curvas y en el capítulo 26 habrá una de ellas. Comienzan a descubrirse las verdades, las dudas, ahora más que nada los sentimientos están a flor de piel. Espero que os haya gustado, a pesar de que es un capítulo bastante dramático de principio a fin y bastante largo. Nos vemos pronto.
San
