¡Bueeenas días chicos! Siento no haber actualizado antes. Exámenes, deberes, exámenes y más exámenes. Por eso os dejo hoy este pedazo de capítulo que os va a dejar bastante sorprendidos. Un giro de 180° se aproxima. Muchisisimas gracias por las visitas que siempre suben, por los follows y los favs, pero sobre todo por los comentarios. QUIERO QUE COMENTÉIS TODO CHICOS. Bueno, no tengo más que decir, disfrutarlo! Un beso:*

El dormitorio de la inspectora era algo totalmente diferente a lo que Castle esperaba encontrar. Las paredes estaban recubiertas por pósters de series de ciencia ficción.
Silbó al reconocer Star Trek y Galáctica entre ellos. Nunca hubiera imaginado que Beckett fuera de ese tipo de chicas que prefería ver series rodeada de personas con disfraces que ser la típica animadora de Instituto. Intentó aguantar una carcajada al ver el último póster.

-¿Nébula 9? ¿Enserio?-comenzó a decir entre risas. Beckett lo miraba con ceja alzada, apoyada en su antiguo escritorio. La de veces que había estudiado ahí sus exámenes o había dibujado cuando necesitaba escapar de la realidad.-Te has caído de mi pedestal completamente.

-Que sabrás tú de Nébula 9, niñato.-respondió la detective entrecerrando los ojos. Castle improvisó una mueca fingiendo indignación.

-Seré un niñato, pero no me hace falta ser más mayor para saber que era serie era una mierda.-se burló el escritor cruzándose de brazos. Observó su mirada desafiante. Adoraba el modo en que la picaba, sus enfados. Frunció el ceño cuando una sonrisa cruzó los labios de la inspectora.

-¿Sabes que era lo mejor de la serie, Castle?-tuvo que tragar saliva con fuerza. Oh no. Esa voz. Esa voz tan sensual que siempre ponía para excitarlo. Se acercaba a él lentamente, como un león acechando a su presa. Sabía lo que pasaría después. Fijó la mirada en su blusa semiabierta.-Los trajes ceñidos con lo que me vestía.-estaba demasiado cerca del cuerpo del escritor.-Me hacían unas piernas perfectas.-comenzó a decir mientras cogía sus manos.
Las colocó en su trasero, haciendo que lo tocara. Este alzó las cejas, sorprendido pero muy excitado.-Y mi culo se marcaba de una forma...-lo último lo soltó casi en un gemido.

Castle carraspeo, intentando recobrar la compostura. Jadeo cuando los labios de Beckett tocaron su cuello, haciendo que sus ojos se cerraran disfrutando del contacto. La mano de Beckett ya no estaba en su pecho, si no en sus pantalones, apretando con la fuerza necesaria para endurecerlo.

Entre abrió la boca, buscando un poco de oxígeno para sus pulmones. En lugar de eso se encontró con los labios de Beckett muy cerca. Se inclinó para besarlos, pero esta retrocedió, provocándolo. Cuando soltó su paquete, se removió incómodo.

-Que pena que pienses que es ridículo.-respondió esta sonriéndole con picardía.

-Viólame-susurró embobado. Beckett abrió mucho los ojos, intentando ocultar una carcajada. Este reaccionó al instante, negando con la cabeza.-Eh no... Osea, quiero decir, bésame.

-Ya, claro...-susurró la detective distraídamente mientras repasaba su habitación con la mirada. La de horas que se había pasado metida ahí dentro, leyendo, viendo la televisión...

Sonrió al recordar la primera vez que trajo a un chico. Se habían besado encima de su cama, pero no llegaron mucho más lejos. Ni si quiera se quitaron la ropa. Siempre que venía a su casa y subía a esa misma habitación millones de recuerdos abordaban su memoria.

-¿Cuantos tíos habrán pasado por esta cama?-se giró al oír la voz de Castle a su lado. Estaba tumbado en la cama, con los brazos detrás de la cabeza. La corbata azul le caía por el pecho con delicadeza.-Espero que cambiaras las sábanas.

Beckett rió entre dientes, poniendo los ojos en blanco.

-Tienes que ser el número...-se hizo la interesante, captando la atención del escritor que había estado mirando el techo.-El 100 o por ahí.-Este sonrió alzando la mirada de nuevo.

-Beckett...-se incorporó, quedándose sentado. Con la mano le indicó que se sentara a su lado. La detective lo miraba ceñuda, pero le hizo caso. Sonrió cuando el escritor entrelazó sus dedos con los de ella, acariciándolos con cuidado.-Tengo que hablar contigo de algo.-le susurró mirándola a los ojos.

El tiempo se detuvo en la habitación. No le gustaba ese tono de voz. Conocía demasiado bien sus miradas y esa era de "es importante y necesito que me escuches" Su pecho ascendía y descendía lentamente, esperando la noticia. Castle abrió la boca finalmente para decir algo, pero la voz de Johanna lo detuvo:

-La comida está lista-la voz provenía seguramente del comedor. Beckett miró a Castle. Este le sonrió, encogiéndose de hombros.

-No pasa nada.-dijo levantándose. Le tendió la mano ayudándola. Esta se apoyó en su hombro, dejando que su brazo la rodeara por la cintura.-Luego podemos hablar.-le dio un beso en la sien, haciéndola sonreír.

Por mucho que Castle hiciera que no pasaba nada, ella sabía que era importante y necesitaba decírselo. Sin saber cómo ni porqué, de forma inexplicable, su interior le decía que iba a pasar algo de nuevo, y su intuición nunca fallaba. Se limitó a mantenerse indiferente, cuando estaba segura que algo grande estaba por llegar.

La cena transcurrió con tranquilidad. Durante toda la noche el padre de la detective había bromeado con Castle y su madre charlaba con naturalidad con él. Agradeció que fuera el centro de atención, así podía pensar en sus palabras. ¿Y si no era nada y solo se estaba preocupando demasiado? Ya no sabía ni que pensar.

Levantó la mirada rápidamente cuando la mano de Castle comenzó a acariciarle la rodilla, dejando una senda ardiente sobre su piel. Lo miró disimuladamente. Mantenía una conversación sobre deportes con su padre mientras eran observados por su madre. Le preguntaba sobre su equipo de béisbol favorito. Debatían sobre los Yankees y los Mets.

Ahogó un suspiro cuando su mano ascendió hasta su muslo. Las mejillas le ardían. No entendía como podía estar tocándola debajo de la mesa de esa forma y seguir tan natural delante de sus padres, ajenos a todo. Se cruzó de piernas, deteniéndolo. Observó como la miró de reojo y sonrió, provocando una sonrisa en ella también.

-¿Cuantos años decías que tenías Rick?-preguntó su padre ceñudo.

Los músculos de la detective se tensaron al instante. Castle sabía perfectamente lo que tenía que decir para no fallar delante de sus padres, esperaba que no se equivocara. Suspiró profundamente cuando este sonrió con soltura sin ningún tipo de nervios.

-26.

Johanna alzó las cejas poco convencida mirando a su hija. Beckett evitó su mirada porqué sabía que se delataría ella sola. Agradeció que no hiciera ningún comentario.

-Pareces más joven.-respondió su padre con una sonrisa. Unas arruguitas se formaron en los lados de sus ojos.

-Me mantengo en forma.-bromeó Castle enseñándole el bícep. Su madre rió en voz alta, divertida. Beckett sonrió negando la cabeza lentamente.

-Cariño.-la voz de su madre dirigiéndose a ella captó su atención.-¿Me ayudas a sacar el postre?-La detective asintió con una sonrisa, levantándose.

Frunció el ceño al sentir algo en su muslo. Había olvidado que la mano de Castle reposaba ahí tranquilamente. Cuando se levantó, este le dirigió una mirada de complicidad, haciéndola reír entre dientes.

Dentro de la cocina, varias bandejas de plata con pasteles de todo tipo adornaban la mesa. Cerró los ojos aspirando un aroma muy familiar. Las famosas galletas de su madre. Sonrió al verse a si misma con seis años intentando ayudarla a hacerlas. La cocina había sido uno de sus pasatiempos preferidos, después el dibujo lo sustituyó.

-Con que 26 años, ¿no?-Beckett rió en voz baja acercándose a las bandejas. La habían pillado. A su madre no se le escapaba una. La miró con indiferencia, asintiendo.-Será que todas las revistas que he leído piensan que tiene 23, ¿raro verdad?

-No se de que me hablas.-respondió Beckett sonriendo mientras mordía la galleta de chocolate. Su madre rió también, poniendo los brazos en jarras.

-Es un niño y lo sabes.-Beckett agachó la mirada soltando un suspiro.

-Si.-reconoció en voz baja.-Pero tiene algo que me atrae mamá. Cuando estoy con él todo es diferente. Él me hace ser diferente.-acabó en un suspiro. Su madre ladeó la cabeza mirándola con cariño, se acercó y la abrazo con fuerza dejándole un beso en el pelo.

-Si a ti te hace feliz, a mi también.-le susurró estrechándola más contra ella. Beckett cerró los ojos para que la lágrima que luchaba por salir no lo hiciera.

-Te quiero mamá.-respondió en un susurro.

-Yo también mi vida.

¿Podía ser todo más perfecto? Castle charlaba alegremente con su padre, bromeaban y reían. Era la primera vez que su padre aceptaba a uno de sus novios. La palabra "novio" seguía sonando extraña cuando se refería al escritor. Al fin y al cabo un amigo no era. Mientras que su madre sacaba algunos álbumes de fotos familiares y su padre atendía de nuevo una llamada en su despacho, la detective y el escritor se dirigieron al jardín.

Castle abrió la boca sorprendido al ver algo tan impresionante. Era una parcela minúscula pero a la vez preciosa. La hierba estaba totalmente verde, pero por las luces que desprendían varios farolillos colocados estratégicamente, la hacía parecer plateada. Si a eso le sumaba las luciérnagas que se arremolinaban en los setos, organizando una sencilla danza, todo parecía aún más mágico. Parecía sacado de un cuento.

-No todo se compra con dinero Rick.-sonrió como un idiota al sentir el susurro de su voz junto a su oreja. ¿Por qué se sentía tan débil cuando ella estaba cerca? ¿Algún día llegaría a entenderlo? La acercó hacia el agarrándola por la cintura. Esta dejó caer la cabeza en su pecho con delicadeza.

La noche estaba siguiendo su curso y por ahora todo estaba saliendo a la perfección. Había congeniado muy bien con el padre de Beckett. A los dos les encantaba el mismo equipo de béisbol y querían ir juntos a verlos jugar. Si no fuera por lo que ahora mismo rondaba su cabeza, se sentiría aun mejor. Recordó la llamada de su editora y su nuevo objetivo. Tenía que decírselo cuanto antes a Beckett.

Le cogió la cara entre las manos, obligándola a mirarle.

-Hola.-le susurró. Esta sonrió como una boba.

-Hola...-respondió también con un hilo de voz. Succionó su labio inferior, tirando de él con sus dientes.

-¿Sabes qué eres perfecta?-le susurró acariciándole el cuello con sus dedos. No dejaba de sonreír y eso lo enloquecía.

-¿Sabes que eres idiota?

-Debo de pasar menos tiempo contigo, me afectas.-bromeó. Esta rió en voz alta, haciéndolo reír a el también. Le pegó en el brazo con cariño.
Entonces la besó con pasión y a la vez tranquilidad. Una mezcla de sensaciones que solo conseguía cuando estaba sobre sus labios.

La abrazó, apretándola contra su pecho. Se aseguró de que nadie los miraba y le tocó el culo sin disimulo. Esta gimió sobre su boca, excitándolo. Le mordió el labio. Le encantaba cuando hacía eso, era simplemente genial sentir sus dientes sobre su piel y el escalofrío que le provocaba.

Se separaron con cuidado. Le acarició la nariz con la suya, dejándole de nuevo un suave beso sobre los labios.

-¡Siento interrumpir, pero tenéis que entrar!-les gritó la madre de la detective desde el comedor.-Rick, tienes que ver a Kate intentando usar el baño por primera vez.- Los dos sonrieron sobre los labios del otro. Beckett se separó con cuidado, dejando que Castle le diera un beso en la mejilla.

-¡Ya vamos mamá!-respondió con un grito.-Dios. Pensaba que esas fotos estaban en la cabaña.-dijo en voz baja con una risita. Anduvo sobre la hierba para entrar en el comedor. Se giró antes de entrar, guiñándole el ojo.

Castle sonrió ampliamente mientras metía las manos en sus bolsillos. Suspiró. La quería con locura y no había duda de ello. Necesitaba sus besos y sus abrazos las 24 horas del día, si no, no se sentía completo. Levantó la mirada al cielo. Poco a poco unas nubes negras estaban dejando un color rojizo sobre el azul marino, avisando tormenta. Para tormenta la de sus sentimientos. Se pasó la mano por la cara, inquieto. ¿Cómo le podía decir a Beckett que tenía que irse dos años a Europa?