Nota: ¡Último capítulo! :-D

Para Leo Slyder: lo siento... No habrá epílogo. En esta historia las cosas no van por el camino que se supone iban a ir. Por eso es como una pesadilla.

Capítulo 25 Esperanza

Harry volvió al colegio resignado, pero feliz de que por fin fuera el año en que cumpliría los ansiados dieciocho años. Nada más tenía que aguantar, y esperar. Volvió a la costumbre que tenía en Privet Drive, y en un pergamino dibujó un calendario con los días que le quedaban hasta su cumpleaños. Lo pegó detrás de su cama en el colegio, y cada noche hacía una cruz sobre el día que acaba de pasar. Sólo doscientos días más…

Ravenclaw iba a la cabeza de la copa de las casas, seguida por Slytherin. Y Slytherin iba liderando el campeonato de quidditch. Pero a Harry eso no podía importarle menos.

Aunque el colegio se había vuelto muy aburrido, todos notaban que en los cuatro relojes de arena había muchas más gemas que en años anteriores, y era conocido que las notas de los alumnos eran mucho más altas que en los años anteriores. Y Filch se había vuelto callado, ya que como nadie lo fastidiaba no tenía ningún motivo para andar enfurruñado por la vida.

Visto desde afuera, hubiera parecido la escuela ideal. Pero a pesar de esas pocas mejoras, los alumnos no parecían felices, sino resignados. Harry cada día rogaba en silencio por un milagro. Pero el milagro no ocurría. Se derritió la nieve, y desde las ventanas del castillo Harry vio como los terrenos quedaron cubiertos de barro y luego de hierba. Los árboles se fueron cubriendo de hojas, y luego de flores. Y así llego finalmente Semana Santa. Harry le escribió a Umbridge para solicitarle si podía quedarse en el colegio, aprovechando para estudiar para los EXTASIS. Pero la bruja no accedió, y Harry se vio obligado a volver al encierro en casa de la bruja.

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Lo único bueno que ocurrió en Semana Santa fue que reapareció Tom Tully, y Umbridge lo dejó a regañadientes hablar en privado con Harry.

El brujo le informó que habían tenido avances: aunque el registro de Grimmauld Place no había arrojado ningún resultado, el elfo había confesado que el verdadero relicario no había sido destruido, y habían terminado dando con él en forma inesperada (y muy afortunada) en una redada en un sector poco recomendable de Knockturn Alley, y habían conseguido destruirlo luego de pagar una pequeña fortuna por un poco de veneno de basilisco que tuvieron que traer desde el Medio Oriente. Por otra parte, Mundungus Fletcher había sido condenado a 6 meses de prisión.

-¿Se puede comprar el veneno de basilisco? –Preguntó Harry extrañado.

-Es difícil de encontrar, pero sí –respondió Tom Tully-. Y si no lo conseguíamos estábamos evaluando la posibilidad de pedirte que nos llevaras a la cámara de los secretos, o incluso estábamos dispuestos a empollar en condiciones controladas un huevo de gallina usando un sapo.

-¿En serio hubieran hecho nacer un basilisco? –Se sorprendió Harry-. ¿No hubiera sido más fácil buscar el cadáver del de Hogwarts?

-Sí… -Admitió Tully-. Pero eso hubiera implicado ser vistos por los alumnos y el personal de Hogwarts, y la noticia de lo que buscábamos podría haberse filtrado.

-¿Y cómo saben que quien sea que les vendió el veneno en Medio Oriente no los va a delatar? –Preguntó Harry.

Tully se quedó en silencio, y cambió de tema. La verdad es que le habían borrado la memoria al hombre sin pedirle ni permiso, pero no le iba a confesar eso al chico.

-Por otra parte, hemos conseguido del Wizengamot las órdenes para registrar las casas de Macnair y de Crabbe, ambos sospechosos de pertenecer al círculo interno del innombrable. Peinamos ambas casas, y aunque encontramos numerosos objetos con magia oscura, ninguno de ellos contenía un trozo de alma humana.

-No son sospechosos –respondió Harry de mal modo-. SON mortifagos. Llegaron diligentemente al cementerio cuando Voldemort volvió. ¡YO LOS VI!

-Es tu palabra contra la de ellos –respondió Tully-. No podemos basar un juicio tan sólo en el testimonio de una persona. Necesitaríamos pruebas concretas de su actividad mortifaga, como atraparlos in-fraganti.

-¿Y en la batalla cuando me escapé del colegio? ¿No es esa una actividad lo suficientemente mortifaga? ¿Matar aurores frente a otros aurores no se considera lo suficientemente in-fraganti?

-Estaban con máscaras Harry…

-¿Y para qué tienen sus varitas? –Insistió Harry.

-Bueno, en el fragor de la batalla las varitas se usan más bien para mantenerse con vida y atacar –razonó Tully calmadamente-. De todos los modos ese día uno de ellos murió.

-¿Cuál? –Preguntó Harry de inmediato.

-Bart Barker.

-No lo conozco…

-Salió tan sólo hace cinco años de Hogwarts. No era muy brillante, y era conocido en la Oficina de Aurores por sus actividades ilícitas de poca monta. Estuvo un par de veces en Azkaban, por cortos periodos… Pensamos que no debió pertenecer al círculo más cercano del innombrable. Debió haber sido más bien lo que se denomina "carne de cañón". De todos modos registramos su guarida metódicamente, pero no encontramos nada interesante.

-¿Y no han logrado registrar las bóvedas de Gringotts?

-No. Los Gobblins se mantienen inflexibles, y el Wizengamot no quiere problemas. Esperan evitar así que vuelvan a comenzar las revueltas.

-¿Y Snape? ¿Lo encontraron?

-No. No ha dado señales de vida. Y no es fácil rastrear una mosca.

-Supongo –aceptó Harry-. Mal que mal Petigrew consiguió pasar desapercibido más de 12 años en su forma de rata, y eso que vivió descaradamente en una casa de magos.

Finalmente Tully se puso de pie y se despidió. Harry recordó lo del regalo de navidad, y aprovechó de darle las gracias. El brujo sonrió, y le dijo que no era nada especial. Luego le dijo que le contaría cómo iban las cosas la próxima vez que se vieran, y tras recomendarle que se portara bien y despedirse de Umbridge se fue.

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Y pasó la semana santa. Harry volvió al colegio. Recomenzó la rutina. Nada especial pasaba, salvo el paso de un día igual al anterior, y luego otro, y luego otro… Harry continuaba marcando los días en su calendario, y afuera el sol calentaba el aire sobre los terrenos que Harry no pisaba sino para ir a clases de Herbología.

Y, un feliz y luminoso domingo de mayo, una noticia llegó al gran comedor durante el desayuno. Harry notó una atmósfera extrañamente animada que venía de la mesa de los profesores, pero no supo a qué atribuirla.

Cuando al comedor ya habían llegado todos los alumnos, y se habían cerrado las grandes puertas, el director se puso de pie y pidió silencio. A ese paso, ya todos los alumnos sabían que no les convenía desobedecer, así que todas las conversaciones se apagaron de inmediato.

-Queridos alumnos –comenzó el calvo anciano-. Les tengo una gran noticia que comunicar. La tarde de ayer se ha producido una batalla, y el innombrable y sus seguidores han caído. ¡EL INNOMBRABLE HA MUERTO!

Por unos segundos se hubiera podido escuchar caer un alfiler en el gran comedor, pero enseguida, como una explosión, se escucharon gritos de júbilo por toda la sala. Donde quiera que mirara, Harry vio aplausos, abrazos, lágrimas de alegría. Harry se sentía aturdido. ¿Voldemort MUERTO? ¿Podía ser verdad? ¿Y no lo había tenido que matar él? ¿Qué había pasado con los horcruxes?

Un fuerte abrazo de Hermione lo sacó de su trance. Luego Vinieron más abrazos, y Harry se sentía como si fuera un sueño. A través de la masa de gente celebrando, Harry alcanzó a ver algunas caras alarmadas entre los alumnos de Slytherin, a Slughorn y a McGonagall que discretamente recolectaron a esos ciertos alumnos que no parecían compartir la algarabía general, y fue testigo a lo lejos de cómo los sacaban discretamente por una puerta pequeña sin que nadie aparte de él se fijara.

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Las celebraciones duraron por días en el colegio. Aunque no se habían cancelado las clases, y los cuidadores seguían ahí, todo el castillo parecía haber sido sumergido en luz y alegría. De a poco se comenzaron a relajar un poco las medidas de seguridad, y los alumnos pudieron volver a pasar su tiempo libre en los terrenos del colegio. Y, debido al buen tiempo y a la proximidad de los exámenes, la mayoría optó por hacer los deberes y estudiar afuera todo el tiempo que les era posible.

Pronto se supo que un cierto número de alumnos habían quedado huérfanos, y que los padres de otros se encontraban en Azkaban esperando el desenlace de sus juicios. Harry, a pesar de todo, sintió pena por ellos. A esos pocos se los veía pálidos y desanimados por los pasillos, un triste contraste con la alegría que exhibían los demás después del oscuro periodo de tiempo que habían vivido en el castillo bajo las estrictas medidas de seguridad. Pero la mayoría los trataba con amabilidad, no culpándolos del bando al que habían pertenecido sus padres.

Otra medida de seguridad que había sido abolida era la prohibición de recibir noticias del exterior, de modo que Hermione había renovado su suscripción a El Profeta, y gracias a eso Harry se enteró que Snape no había muerto en la batalla, pero que había sido capturado antes de que consiguiera adoptar su forma de mosca. Sintió pena por él, imaginándoselo en Azkaban, y deseó poder hacer algo.

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Y con las esperanzas renovadas, terminó el año escolar. Como la tendencia había mostrado todo el año, Ravenclaw ganó la copa de las casas a pesar de que Slytherin ganara el campeonato de quidditch. Harry sintió una alegría culpable de que su equipo no consiguiera ganar sin él, pero se abstuvo de mencionarlo.

Llegaron los exámenes, y Harry salió de los cinco exámenes con una sensación de confianza que jamás había sentido. Así debía sentirse siempre Hermione, reflexionó. Después de un año de estudio sistemático, sin misterios que resolver y sin profesores intentando matarlo, había dado sus exámenes y tenía la certeza de que tendría un buen puntaje.

Pero una duda lo carcomía… ¿Entraría al programa de aurores del ministerio? Por alguna razón, ya no le parecía tan buena idea. Pero no tenía idea qué hacer con su vida, sobre todo ahora que Voldemort había muerto. Otra vez.

Y aunque era cierto que por ahí su alma debía seguir viva en algunos objetos remotos, la amenaza ya no parecía latente. Y Harry no tenía tantos deseos de usar su pronta libertad para buscarlos. Sabía que eventualmente tendría que hacerlo, o Dumbledore se revolcaría en su tumba e iría a tirarle los pies en la noche. Pero no podía evitar pensar que eso bien podía esperar.

Lo único que Harry sí tenía claro, era que seguía amando a Ginny. Hiciera lo que hiciera fuera de Hogwarart, Ginny formaría parte de su vida.

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Harry esperaba que levantada la amenaza de Voldemort sus vacaciones de verano fueran algo mejores que vivir enterrado bajo el ministerio en casa de Umbridge, pero se equivocó. Al bajar del Expreso de Hogwarts Umbridge lo estaba esperando, y lo escoltó de vuelta a su casa.

Harry, resignado, no opuso resistencia. Sólo era un mes. Un mes y sería libre de salir al mundo y hacer lo que quisiera.

Desde el primer día de vacaciones Umbridge comenzó a preguntar qué quería hacer con su futuro. Harry sugirió entrar al programa de aurores, a pesar de que ya no se sentía tan inclinado a ello y que todavía no tenía los resultados de sus EXTASIS. Pero Umbridge no quiso ni oír hablar de ello, y le aseguró que estando ella viva Harry NO seguiría una carrera que involucrara perseguir magos oscuros. Harry discutió, más que nada por el gusto de llevarle la contra. Pero la bruja terminó afirmando que ella era amiga de los que tomaban las decisiones en la Oficina de Aurores, y que Harry no entraría aunque gritara todo lo que quisiera.

Algo que vino a romper la monotonía de los primeros días de vacaciones fue que Tom Tully volvió a visitarlo. No fue una visita desagradable. El brujo se veía menos cansado, y más feliz. Le informó que aunque no habían logrado encontrar otros horcuxes seguían buscándolos, y que la batalla en la que el innombrable, sus mortifagos y su serpiente (nunca supieron si era o no un horcrux, ni si ese eventual pedazo del alma del innombrable había sido o no destruido o si se habría escapado) finalmente habían caído se había producido luego de que el Wizengamot otorgara el permiso para revisar la casa de los Malfoy. Cuando los aurores llegaron ahí, e instalaron las barreras mágicas anti aparición alrededor de la propiedad, se habían encontrado nada más ni nada menos que con el mismísimo innombrable y una gran parte de sus secuaces en la mansión, y la batalla había estallado de inmediato. Muchos aurores habían caído, al igual que muchos mortifagos. Pero finalmente ganaron los aurores cuando sólo quedaron unos pocos mortifagos que se rindieron. Y entre ellos estaba Snape.

Ante la preocupación de Harry por la suerte de este último, Tully le informó que su juicio ya había terminado. Se había determinado con certeza que Severus Snape había trabajado para la disuelta "Orden del Fénix", y que hasta el momento de la batalla seguía trabajando secretamente en contra del Inombrable, intentando sabotear secretamente sus planes. Tully confirmó las sospechas de Harry: el mortifago que lo había salvado de ese hechizo cuando había escapado del colegio era efectivamente Snape, y ese dato había contribuido significativamente a bajar la condena del brujo. Luego de interrogarlo, también se estableció con certeza que Severus Snape había matado al director a petición del mismísimo Albus Dumbledore, lo que también contribuyó a ablandar al Wizengamot.

Finalmente, el tribunal sólo lo había condenado a un año de Prisión en Azkaban, pero bajo el régimen de mínima seguridad. Eso significaba que sólo estaría privado de libertad, pero que no tendría que vérsela con los dementores a menos que intentara escapar. Eso consoló en parte a Harry, que seguía sintiéndose un poco culpable.

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A mediados de Julio, los resultados de sus EXTASIS por fin llegaron. No llegaron vía lechuza, ya que la casa de Umbridge seguía estando en una zona de alta seguridad. Pero la bruja llegó después del trabajo con su gran sonrisa batracia, y un grueso sobre de pergamino en una mano.

Harry, que se encontraba en jardín tirado en el pasto, corrió hacia ella al ver eso.

-¿Son mis resultados? –Preguntó sin ocultar su emoción.

-Sí Harry Querido –le respondió la bruja, y le entregó el sobre (que ya estaba abierto)-. Toma.

Harry lo abrió rápidamente, y por unos segundos se olvidó de respirar. ¡Había sacado O en las cinco materias!

-¡Felicitaciones, Harry querido! –Le dijo Umbridge con visible orgullo-. Y eso no es todo, te tengo una sorpresa mañana.

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La sorpresa terminó siendo una visita al Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, donde tuvo dos importantes entrevistas. Harry se sorprendió cuando le ofrecieron dos posibilidades de carrera: por una parte, si aceptaba, podía entrar al programa de preparación de árbitros de quidditch donde –le aseguraron- lo estarían esperando con los brazos abiertos. Algo más tarde, le presentaron una segunda posibilidad: había una vacante para el puesto de buscador en el alicaído equipo de los Chudley Cannons.

Le ofrecieron a Harry que lo pensara, pero Harry sintió que no necesitaba pensarlo demasiado. Una de las cosas que más disfrutaba en el mundo (y que más había extrañado en el último tiempo) era volar en escoba. Se sorprendió de no haber considerado antes esa alternativa. ¿Para qué iba a dedicar su vida a combatir magos oscuros, si podía pasar gran parte de su vida adulta al aire libre, entrenando, jugando quidditch, y viajando?

Harry aceptó de inmediato que lo pusieran en contacto con el club de los Chudley Cannons. ¡No podía esperar a ver la cara de Ron cuando se lo contara!

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(Algunos meses más tarde…)

El estadio estaba rebosante de espectadores. El clima, aunque frío, era bueno, con excelentes condiciones de visibilidad y poco viento.

Harry se sintió nervioso en su flamante túnica naranja, sobre el pasto, entre sus compañeros que comparados con él eran inmensos. Era su primer partido oficial con su nuevo equipo, luego de meses de entrenamiento: Los Chudley Cannons de locales contra los Wigtown Wanderers. La expectación de la prensa era grande, todos especulaban cómo sería el desempeño en el quidditch profesional de "el niño que vivió". Las apuestas estaban a la orden del día, y muchos confiaban en que sería probablemente el renacer del equipo naranja. Su entrenador y el resto del equipo estaban confiados, todos coincidían en que Potter había sido una excelente incorporación, y tenían confianza en que los ayudaría a recuperar la gloría que el equipo no tenía desde fines del siglo XIX.

Harry levantó la vista, y luego de buscar un rato en la marea naranja divisó a sus amigos los Weasley y a Hermione, que al ver que los miraba se ponían de pie y lo saludaban y vitoreaban dándole ánimo. Ginny se veía hermosa, incluso a lo lejos, y Harry no podía esperar al final del partido para volver a pasar tiempo con ella. El entrenador había sido implacable: ninguno de sus jugadores podía tener contacto con sus esposas, novias o mujer (u hombre) alguno los siete días anteriores al partido. Habían sido siete penosos días de castidad forzada, con largas jornadas de duro entrenamiento.

No lejos de los Weasley, un traje rosado chillón destacaba entre la marea naranja: Umbridge también lo había venido a ver. Cuando sus vistas se cruzaron, la bruja lo saludó con la mano, y él le respondió el saludo con algo de vergüenza. Harry no había vuelto a verla desde que dejara su casa, el mismo día de su cumpleaños. Harry de inmediato había tomado sus cosas, incluidas su escoba, la capa de su padre, su varita y su lechuza, y se había marchado a La Madriguera, donde los Weasley habían vuelto a vivir. En dos días ya había conseguido contactar a Dobby, y el elfo, que habiendo sido despedido de Hogwarts por descarada desobediencia no había conseguido encontrar trabajo, no cupo en sí de gozo de poder vivir bajo el mismo techo que Harry Potter y servirlo por lo que le quedara de su existencia. Los Weasley lo recibieron encantados, faltaba más.

Harry dormía con Ron, a pesar de que le hubiera gustado poder dormir con Ginny. Pero el señor Weasley (y sus hijos, y los magos y brujas en general) era implacablemente retrógrado: NO, NO Y NO harían vida marital mientras no se hubieran casado (aunque Ginny y Harry siempre se las arreglaban para escaparse un rato por ahí y adelantar trabajo).

Harry hubiera podido irse a vivir solo, ya que tenía bastante oro y el sueldo que le pagaba el club no era alto pero hubiera sido suficiente para mantener su casa. Y Ginny probablemente habría accedido a irse a vivir con él. Pero Harry sabía que su novia prefería hacer las cosas correctamente, y quería darle la alegría de irse a vivir juntos después de casarse.

La llamada del árbitro lo sacó de sus ensoñaciones con Ginny, y su mente volvió a centrarse en su primer partido. Junto con su equipo tomaron las posiciones alrededor del círculo central, frente a sus contrincantes, que estaban en sus características túnicas rojas con su tétrico cuchillo carnicero en el pecho. Harry sintió un poco de pena en el estómago al recordar que él mismo jugaba de rojo en Hogwarts. Pero el pitido del árbitro lo obligó a volver a concentrarse en el juego, y junto con sus compañeros pateó el pasto y se elevó en el aire.

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Sólo 46 minutos después, cuando los Wanderers iban ganando 100 a 80 a los Cannons, Harry vio por fin la Snitch. Voló de inmediato hacia ella, y aunque el buscador de los Wanderers no iba mucho detrás de él, logró atraparla dándole a su equipo la victoria. El árbitro hizo sonar su silbato dando por terminado el partido, y al pisar tierra sintió una de las más grandes alegrías que había sentido en su vida. Sus compañeros lo rodeaban y lo abrazaban, su entrenador lo felicitaba particularmente a él, y a lo lejos una gran marea naranja, entre la que estaba su familia, lo ovacionaba.

La vida era buena. Por fin.

FIN