Ginny peinaba a la pequeña Lily. Intentaba hacerle dos trenzas pero su mente estaba en la casa de los Potter frente a Lily. Sabía que toda su familia, tarde o temprano, la iban a perdonar, inclusive James, pero Lily… ella era especial.

- Mami – se quejó Lily al sentir un estirón de cabello.

- Perdón cariño.

- Mejor que me peine mi papi.

- Anoche no dormiste bien – le dijo Harry tomando el cepillo de manos de Ginny para peinar a su hija – escuché que estabas en el baño vomitando.

- ¿Qué más te dijo? ¿Estaba enojada? ¿Sabes lo que me va a decir? ¿Crees que ya no quieran saber de mí? ¿Piensas…?

- Ginny, cálmate.

- Papi, quelo mi cabello suelto como mi abue Lily – Ginny dio un suspiro.

- Pero intento hacerte una coleta.

- Tú no puedes – se puso frente a él con las manos en la cintura.

- ¿Qué? Claro que puedo. He visto como lo hacen tu mamá y tus abuelas – le dijo Harry ofendido.

- Ay, Potter – le dijo la pequeña Lily negando con la cabeza y saliendo de la habitación.

- Creo que mi madre es una mala influencia para nuestra hija.

- Deja de decir eso – le dijo Ginny preocupada – tu mamá… tu mamá…

- Ginny, mi mamá te adora.

- Pero no ahora, o tal vez… ya nunca.

- Deja de preocuparte.

- Claro, para ti es tan fácil.

- ¿Fácil? ¿Sabes lo que se siente tener la mirada de tantos pelirrojos encima de ti y saber que lo único que tienen en mente es como matarte lenta y dolorosamente?

- No exageres. Además, mi familia me regaño a mí.

- Pero no les gusto nada que yo haya llegado a tu casa comportándome como tu novio sin serlo realmente.

- Aun así – se levantó rápidamente Ginny de la cama pero en seguida se tomó la cabeza.

- ¿Qué te pasa?

- Nada, estoy bien, solo un pequeño mareo.

- Vamos a que comas algo, anoche vomitaste por los nervios y has de tener el estomago vacio.

James y Sirius estaban en la sala con los brazos cruzados mientras Lily ponía la mesa. Con solo verla resoplaban molestos como dos niños pequeños. Remus, ayudaba amablemente a Lily a poner los cubiertos.

- Sushi – volvió a resoplar Sirius.

- Arroz con camarones – negó James.

- ¿Quieren callarse?

- Déjalos Remus, por nada del mundo iba a permitir que intentaran hacer una carne asada al estilo muggle e incendiaran el asador de nuevo.

- Ya sabemos bien cómo hacerlo – le aclaró Sirius.

- No me importa. Hoy vamos a tener una comida normal.

- ¿A quién le gusta el sushi?

- A mi nieta, Canuto – le dijo James – y a mi esposa… y a Ginny.

- Pura pelirroja – resopló Sirius.

Ginny y Harry llegaron a casa de los Potter con su hija. Los primero en saludar fueron Sirius y Remus, quienes se comportaron igual que siempre. James, dio un suspiro y abrazó a Harry dándole unos pequeños golpes en la espalda. De hombre a hombre. Después vio a Ginny y en ese preciso instante Lily salió de la cocina.

Ambos Potter la veían a ella. Harry la tomó de la mano mientras Remus cargaba a la pequeña Lily, y salía de la casa seguido de Sirius.

- Lo que tengan que decir – Harry apretó mas la mano de Ginny – va para los dos.

Por unos segundos nadie dijo nada ni se movía hasta que James abrazó a Ginny de manera cariñosa. Ella correspondió el abrazo con una sonrisa. Cuando se separaron, James le pellizco una mejilla.

- Tremenda – negó con la cabeza pero con una sonrisa de lado – ven Harry, vamos a fuera.

- Pero…

- Vamos – le ordenó James.

- Ve, Harry.

Harry volteó a ver a su madre, pero ella solo veía a Ginny. No muy convencido, salió de la casa junto con su padre.

Se quedaron las dos solas. Ginny, al ver que Lily solo la veía sin decir nada, se desesperó.

- Prefiero que me insultes, que me digas que soy una cualquiera que utiliza a las personas a su conveniencia, que soy una interesada…

- Shhh – la calló Lily levantando la mano.

Lily apretaba los puños y veía como Ginny se limpiaba la primera lágrima.

- Lily, por favor, habla…

- Argh – bufó Lily molesta y camino hacia Ginny envolviéndola en un fuerte abrazo - ¿Cómo puedes pensar que yo voy a decir todo eso de ti?

- Eso es…

- Lo que eras- Lily se separó de ella para verla de frente – pero estoy segura que te diste cuenta que las cosas no siempre son como una las planea.

- Claro. Yo planeaba alejarme de mi familia para ser independiente, ser la jefa del cuartel de aurores en Estados Unidos y tener un hijo sin un hombre a mi lado – suspiro – ahora lo único que quiero es tener una gran familia, quedarme aquí en Londres y estar con Harry y mi hija.

- ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

- Me enamoré… el amor hizo que me tragara todas mis palabras de egoísmo.

- Te entiendo perfectamente. Ven siéntate – ambas se sentaron en la sala donde minutos antes Sirius y James se quejaban de la comida – yo, al igual que tu, tenía algo en mente para mi futuro, pero me enamoré de James y decidí seguirlo siempre.

- Pero tú no lo utilizaste como yo lo hice con Harry.

- No, y no estoy de acuerdo en la forma en que actuaste ¿y si Harry no hubiera regresado a Londres? Jamás se hubiera enterado de Lily – Ginny bajo la mirada – pero también tengo que reconocer que si no hubieras hecho eso… mi hijo no fuera tan feliz como lo es ahora.

- Lo amo, Lily, y fui tan ciega al no darme cuenta antes.

- Nunca es tarde. James tardó años en conquistarme – sonrió con orgullo – y aquí estoy, enamorada de él como el primer día.

- ¿Me perdonas?

- Harry me dijo que tú querías decir la verdad desde un principio – Ginny asintió – no más mentiras – le dijo Lily seria y viéndola directamente a los ojos.

- Te lo prometo.

- Cuéntame ahora tu versión – le dijo Lily acomodándose en el sofá.

Después de un tiempo, entraron todos a la casa, Harry inmediatamente abrazó a Ginny quien sonreía contenta. Por fin iba a llegar a casa de los Potter sin nada que ocultar. Todos se sentaron en la mesa. Dobby ayudaba a Lily a servir la comida, mientras Ginny cambiaba de pañal a la pequeña Lily.

- Sushi – volvió a quejarse James – arroz con camarones.

- Puedes prepararte algo de comer tu solo, Potter – lo regañó Lily.

- No, me gusta - dijo no muy convencido.

- A Ginny le encanta – comentó Harry – a veces come frente a sus hermanos gemelos, ellos odian el sushi, así que Ginny los molesta comiendo frente a ellos.

- Esos chicos me caen bien – dijo James.

- La carne asada nos hubiera… que rico sushi – terminó Sirius al ser el blanco de la mirada verde esmeralda de Lily.

- Lily se quedó viendo los libros de cuentos que le compraron – dijo Ginny bajando de las escaleras – muchas gracias.

- Se los compró Lily – dijo James.

- Me los recomendó Remus, son muy buenos.

- Pues le encanta… es sushi – se quedó Ginny viendo directo a la mesa.

- Sí, mi amor, mis padres saben que te encanta el sushi.

- Si… gracias – dijo tapándose la boca con la mano.

- ¿Te pasa algo, Ginny?

- No, nada, es que… el olor… voy al baño.

- ¿Qué le pasa?

- Estaba muy nerviosa por como la iban a tratar, anoche se la pasó vomitando por los nervios.

Lily siguió a Ginny al baño. Esperó a que terminara de vomitar y después tocó la puerta. No esperó respuesta y entró, encontrando a Ginny enjuagándose la boca.

- ¿Estás bien?

- Sí. Han sido tantas cosas. Mis padres y mis hermanos me regañaron como no tienes idea, y ustedes, tenía miedo…

- ¿Cuándo fue tu último periodo, Ginny?

- ¿Cómo?- frunció el ceño Ginny, pero al ver la cara de Lily viéndola con los brazos cruzados y ella haciendo memoria – no recuerdo ¿Piensas que estoy embarazada?

- No creo que mi hijo se vaya a tu casa por las noches para dormir el sofá ¿o sí? – Ginny se puso roja - ¿se han estado cuidado?

- Sí, Harry… unas veces, pero… - Lily levantó la ceja – otras… no tanto… oh, por Dios, estoy embarazada.

- Cho se va mañana, termina sus prácticas, vamos a pedirle que te haga la prueba de embarazo.

- ¿Estás enojada?

- ¿Qué? Me vas a dar otro nieto, y este está hecho como Dios manda. Aunque debo admitir que Lily le quedó perfecta al doctor muggle, se parece a mí – ambas sonrieron.

Después de comer espagueti y estofado (para felicidad de James y Sirius) ya que Ginny no pudo soportar el olor a sushi, se fueron a la madriguera. En casa de los Weasley, Ron ayudó mucho para que perdonaran a Ginny y aceptaran a Harry como parte de la familia.

Harry estaba un poco nervioso, no tanto por si alguien lo golpeaba, sino porque él quería que todo siguiera como hasta ahora. Los domingos de quidditch, de ajedrez, comida a reventar, pláticas, carreras para ver quien atrapaba más gnomos, en fin… adoraba a los Weasley.

- Ron nos dijo tal y como pasaron las cosas entre ustedes – empezó Bill.

- ¿Por qué le creen más a Ron que a mí?

- Tú no tienes nada que reclamar, señorita – le dijo Charlie. Ginny solo puso los ojos en blanco – engañaste a Harry y nos engañaste a nosotros.

- Ya les pedí perdón, ya me regañaron ¿ahora qué?

- Ginny – la calmó Harry – deja que hable tu familia.

Ginny suspiró. Muchas veces había estado en esa situación. Rodeada de hombres y su madre a un lado de ella con cara de preocupación. Recordaba la primera vez, tenía cuatro años y había robado la escoba de Charlie para aprender a volar, ya que nadie quería enseñarle por ser muy chica, y todo había terminado con ella sentada y sus hermanos alrededor de ella, como si estuviera en un juicio a punto de ser condenada. La última vez, cuando había decidido irse a Estados Unidos con su tía Muriel, pero ahí ya había tomado suficiente experiencia y coraje, y ese juicio lo ganó ella.

Ahora se unía otro hombre: Harry. De un lado su madre con la misma cara de preocupación y del otro lado, Harry tomándola de la mano.

- Primero que nada, tenemos que darte una disculpa, Harry, lo que hizo Ginny…

- Sr. Weasley, lo que hizo Ginny fue lo mejor que me pudo haber pasado en la vida. Ustedes conocen mi historia, jamás había sido tan feliz si Ginny no me hubiera utilizado.

- Te amo – le susurró Ginny.

- También el haberlos conocido a ustedes me hizo muy feliz. Ron me acompañó a una fiesta…

- De lo más aburrida – dijo Ron.

- Exacto. Aquí ustedes me trataban como un integrante más de la familia y no como a un héroe. Les pido que me perdonen por llegar a su casa con mentiras, Ginny y yo no éramos novios, pero les aseguro que ya me empezaba a enamorar de ella.

- No tienes que pedir perdón hijo – dijo Arthur – nosotros también nos beneficiamos con tu presencia. Mi familia ahora quiere que Molly organice las fiestas familiares, siendo que antes ni la invitaban.

- No pensaras hacerlo ¿verdad, mamá? – le dijo Ginny – esas hurracas…

- Ginevra, son primas y tías de tu padre.

- ¿Y?

- Regresando al tema – dijo Arthur al ver que sus dos mujeres iban a empezar una discusión – después de escuchar a Ron y conocer todos los acontecimientos que pasaron, decidimos que todo empezara desde cero.

- No entiendo – dijo Ginny.

- Mi nombre es Harry Potter – se levantó Harry y estrecho la mano de Arthur – soy el verdadero padre de Lily y amo a su hija más que a mi vida – Ginny sonrió enamorada – y ahora que está toda la familia reunida aprovecho la ocasión para – se hincó frente a Ginny sacando una cajita de su bolsillo, todos se sorprendieron pero más Ginny, no se lo esperaba – Ginny ¿quieres casarte conmigo?

- ¡Sí! – dijo emocionada.

Festejaban el compromiso de Harry y Ginny. Los Weasley estaban felices que por fin Ginny iba a formar una familia, tal y como siempre soñaron, aunque jamás se imaginaron que lo haría con Harry Potter, el salvador del mundo mágico.

Ginny ayudaba a su madre a servir el postre: pastel de melaza. Mientras Ginny lo partía y lo ponía en el plato, tomaba de vez en cuando un gran pedazo y después se chupaba los dedos.

- Ginny, no hagas eso – la regañó Molly.

- Esta delicioso, mamá – volvió a comer otro pedazo – no puedo dejar de comer.

- Si sigues comiendo así, no te va a quedar tu vestido de novia – Ginny se volvió a chupar los dedos y se quedo viendo a su madre – mamá, tengo algo que decirte.

- ¿Qué cosa?

- Creo que estoy embarazada - Molly abrió los ojos sorprendida – no estoy segura, Lily me dijo que mañana fuéramos a San Mungo para hacerme una prueba de embarazo ¿quieres acompañarnos?

- Claro, claro que si – Molly empezó a llorar.

- Mamá ¿Por qué lloras?

- Es la primera vez que me pides que te acompañe. Siempre quisiste ser muy independiente, querías hacer todo, tu sola.

- Perdóname mamá – la abrazó.

- Mi niña.

- Si, mamá, soy tu niña.

Harry le dio la noticia a su familia de su compromiso, siendo felicitado por cada uno de ellos. Lily, sin dar muchas explicaciones, acompañó a Cho a San Mungo para allá encontrarse con Ginny y Molly. Ellas esperaban pacientemente a Lily en una de las salas de espera, cuando de pronto, Ginny vio a Dean.

- Dean ¿Qué haces aquí?

- ¿Tú qué haces aquí? ¿No se supone que deberías estar en Hosgmeade porque hay excursión de los alumnos de Hogwarts?

- No le vayas a decir a Harry – Dean se cruzó de brazos - ¿Qué haces aquí?

- Nada – Ginny levantó la ceja – bueno vine a…

- Dean.

- Vine a despedirme. Víctor y yo ya terminamos completamente la misión por la que vinimos a Londres. Draco Malfoy ya fue a juicio y pasara un buen rato en Azkaban.

- Sigo sin entender ¿De quién te vas a despedir en San Mungo?

- Ginny – la llamó Cho pero en cuando vio a Dean se quedó viéndolo – Dean.

- Hola Cho – dijo Dean.

Ginny abrió los ojos muy sorprendida viéndolos a ambos, después de unos momentos, Cho volteó a ver a Ginny.

- Pasa, te haré la prueba en el consultorio.

- Cho ¿tienes un momento? – se apresuró a preguntar Dean.

- Atiendo a Ginny y regreso.

Dean sonrió en respuesta. Ginny formó una sonrisa burlona después de que Cho entrara al consultorio.

- ¿Con que Cho?

- Cuando venía a visitarte aquí, después de que Malfoy te disparara…

- ¿A visitarme? ¿A mí?

- Bueno, la conocí y pues… platicamos.

- Dean Thomas, no has cambiado nada.

- Me regreso a Bulgaria, así que no hay nada.

- Puedes pedir otro traslado.

- Ya veremos – se encogió de hombros.

- Debo irme. Por favor, no le vayas a decir a Harry que me viste aquí.

- No te preocupes, Gin.

- No me llames así, sabes que Harry se molesta.

- ¿Y qué? Ya no es mi jefe.

- Tonto.

Ginny entró al consultorio donde Cho la estaba esperando. Lily y Molly se habían quedado en la sala de espera platicando. Cho le indicó que se acostara en una camilla y se descubriera el vientre, empezando a hacerle una serie de hechizos.

- Me dijo Lily que te vas hoy.

- Sí, terminé mis prácticas.

- No te ves muy contenta.

- Lo estoy, solo que…

- ¿Te molesta que Harry y yo tal vez vayamos a tener otro hijo? – Cho le sonrió.

- Claro que no, al contrario, me da mucho gusto. También supe que se van a casar.

- Sí. Entonces ¿Qué te pasa? Te noto seria ¿Es por Dean? – Cho dejó de hacer los hechizos y volteó a verla – Es por él ¿verdad?

- Es muy lindo y muy divertido. Me dijo que ustedes habían sido novios – volvió a empezar a hacer los hechizos.

- Sí, pero no significó nada ni para él ni para mí – Cho asintió continuando con su labor – me dijo que se regresaba a Bulgaria.

- Si, se va mañana.

- ¿Por qué no te vas con él?

- ¿Qué?- se sorprendió Cho volteando de nuevo a verla – claro que no.

- ¿Por qué no? Si lo quieres, lucha por él.

- Pero…

- Cho, si siempre vas a estar con miedo y esperando que otras personas manejen tu vida, jamás vas a ser feliz. Eres una sanadora, puedes conseguir trabajo en Bulgaria.

- ¿Tú crees?

- Estoy segura – Cho le sonrió.

- Ya puedes levantarte.

- ¿Lo intentaras? – le preguntó Ginny levantándose y acomodándose la blusa – habla con Dean y hagan planes juntos.

- Los que tienen que hacer planes son tú y Harry. Felicidades, estas embarazada.

- ¿En serio?

- Sí – se abrazaron – pero hay algo.

- ¿Qué pasa? – se preocupó Ginny.

- Al parecer…son dos.

Lily y Molly estaban encantadas con la noticia. Dos, otros dos se sumaban a la familia Potter Weasley. Se fueron a un restaurante a comer mientras platicaban de bebés, pañales, anécdotas, etc.

- Cuando lo sepa Harry – dijo Lily feliz.

- Lily, no le vayas a decir nada todavía, quiero darle la noticia de manera especial, única.

- Me parece excelente idea.

- Ginny ¿Cuándo le vamos a decir a tus hermanos y a tu papá? – le preguntó Molly.

- Primero se lo tengo que decir a Harry, y después, juntos, le diremos a todos los demás.

- ¿Qué planes tienes para darle la noticia a Harry? – preguntó Lily.

- Se me había ocurrido salir a cenar esta noche y después ir a alguna playa, a la luz de la luna y con la brisa del mar, darle la noticia.

- Que romántico.

Los gemelos Weasley fueron al cuartel de aurores para buscar a Ron. Bill y Charlie llegarían de Francia porque había llevado a Fleur para que pasara unos días con sus padres. Así que habían planeado irse a comer juntos. Percy no estaba invitado, pero era obvio que se iba a enterar de los planes, así que no tuvieron de otra que ir a invitarlo.

Cuando acostumbraban reunirse para ir a comer o a cenar, siempre llamaban la atención: seis pelirrojos caminando por los pasillos del ministerio platicando y riéndose de cualquier tontería.

Entraron a un elevador para bajar rumbo a las chimeneas, cuando Dean los alcanzó para bajar él también.

- Hola Dean ¿ya listo para regresar a Bulgaria? – le dijo Ron.

- Sí, todo listo.

- ¿Y Krum? – volvió a preguntar Ron con una sonrisa, por fin se iba a quitar de encima a ese Búlgaro que no dejaba de buscar a Hermione.

- SÍ, también. Ya tenemos nuestro traslador para salir dentro de una hora – Dean volteó a ver a todos los Weasley – Ginny me había hablado de todos ustedes.

- ¿Conoces a Ginny? – frunció el ceño Charlie.

- Fueron novios en Estados Unidos – comentó Ron haciendo que todos sus hermanos enfocaran la mirada en Dean.

- Bueno… si – dijo Dean algo temeroso por el cambio de semblante de los pelirrojos. Volteó a ver la puerta del elevador y para su mala suerte, aun no llegaban al último piso. Sentía como cada mirada le perforaba cada parte de su cuerpo. Ahora entendía todo lo que le había platicado Ginny acerca de sus hermanos. Suspiró, se le hacía eterno ese viaje en el elevador – Pero no los he felicitado – sonrió Dean – van a ser tíos otra vez.

Todos los Weasley fruncieron el ceño y voltearon a verse unos a otros. Todos negaron con la cabeza en señal de que no eran ellos quienes esperaban un hijo.

- ¿Qué quieres decir con eso? – le preguntó Ron.

- ¿Qué acaso no saben la gran noticia? ¿Ginny no les ha dicho nada? Ella lo sabe desde la mañana.

- ¿De qué demonios estás hablando Dean?

- Bueno… yo pensé que ella ya les había dicho. A mí me lo dijo Cho Chang, su sanadora.

- ¿Estás diciendo que Ginny está embarazada?

Dean se quedó mudo, no sabía que decir. Ginny solo le había dicho que no le dijera nada a Harry de que no estaba en su lugar de trabajo, pero ya habían pasado muchas horas después de que se habían encontrado en San Mungo, así que supuso que una noticia tan grande, como un embarazo, se sabría de un momento a otro.

- ¿Dónde está Harry, Ron? – preguntó Bill.

- En su oficina – dijo Ron aplanando los botones del elevador para de nuevo volver a subir.

Harry firmaba unos documentos en su oficina. La visita de varios ministros de otros países a Londres lo había tenido muy ocupado últimamente. La Sra. Bailey llegaba con unos expedientes y varios mensajes.

- Ya es tarde Sra. Bailey, ya debería irse a su casa.

- Sí, señor Potter, pero quería esperarlo para entregarle todos sus mensajes. La señorita Weasley dijo que vendría a buscarlo – le sonrió – no ha de tardar en llegar.

- Es mi prometida, nos vamos a casar.

- Lo sabía, sabía que ustedes dos iban a terminar juntos.

- Soy tan feliz, Sra. Bailey, que nada ni nadie podría arruinar…

- ¡Aquí estas infeliz! – gritó Bill.

Ron de inmediato lo levantó de su asiento jalándolo de la camisa y empujándolo en la pared. Harry no sabía ni que estaba pasando, de repente su oficina había sido invadida por pelirrojos furiosos.

- ¡Sr. Weasley! – gritó molesta la Sra. Bailey - ¡No puede tratar así a su jefe!

- Te dije que no me importaba mi puesto – le dijo Ron fulminándolo con la mirada a centímetros de distancia.

- ¿Qué pasa? ¡No entiendo nada!

- Si ya tenías planeado casarte con ella ¿Por qué demonios no pudiste esperarte? – le dijo Charlie.

- ¿De qué están hablando?

- No te hagas el tonto. Llegaste a nuestra casa fingiendo ser el novio de Ginny.

- ¡Eso ya lo sabían! – gritó Harry aun siendo empujado por Ron.

- Pero en casa de ella no fue tan fingido ¿verdad?

- No te dimos una paliza porque sabíamos cómo había sido concebida Lily.

- ¡No sé de qué demonios me están hablando! – volvió a gritar Harry.

- ¡Embarazaste a Ginny!

Harry se quedó en shock, ya no le importó tener a todos los pelirrojos frente a él, ni ser casi estrangulado por Ron. Ginny estaba embarazada, le iba a dar otro hijo. Volvió a sentir un jalón por parte de Ron que veía que le gritaba algo pero no lo escuchaba, en su mente solo estaba: Ginny está embarazada.

- ¿QUE DEMONIOS PASA AQUÍ?

Fue cuando Harry reaccionó. Ginny estaba en la puerta de su oficina furiosa. Sonrió, así la había conocido, y aun así, siempre se veía hermosa. La amaba, Dios, cuanto la amaba. Bajó su mirada a su vientre aun plano. Le iba a dar otro hijo.

- ¿Qué hacen todos aquí?

- Venimos a reclamarle a este tipo lo que te hizo.

- Creí que ya había quedado claro todo.

- No, lo que te hizo…

- Ginny – susurró Harry, ella volteó a verlo - ¿estás embarazada?

Ginny abrió la boca sorprendida y después volteó a ver a sus hermanos más enojada. Levantó su varita con coraje y les mando un hechizo moco murciélago como jamás lo había hecho. Ahí fue cuando por fin Ron soltó a Harry.

- ¡Malditos desgraciados, me arruinaron la manera en que le iba a dar la noticia a Harry!

- ¿Es cierto? – le preguntó Harry ignorando a todos los Weasley tratando de quitarse los mocos de la cara y enfocándose únicamente en Ginny.

- Te quería dar la noticia en la playa – le dijo Ginny haciendo un puchero. Después volteó a ver a sus hermanos - ¡Pero como siempre ustedes me arruinan mi vida!

- Estas embarazada – sonrió Harry – vamos a tener otro hijo.

- Bueno, en realidad no es otro hijo, sino otros dos hijos.

- ¿Dos?

- Sí – sonrió Ginny – Cho me dijo que eran dos.

- Mi amor.

Harry la rodeó con sus brazos dándole besos en toda la cara. Ginny sonreía como niña chiquita ante la actitud de su prometido, era tan tierno. Después de unos minutos en los que permanecieron abrazados ignorando todo a su alrededor, la Sra. Bailey tuvo que intervenir.

- ¿Los dejo así? – preguntó apuntando a los Weasley.

- Sí, para que dejen de meterse en mi vida.

Harry, con un movimiento de varita, logró que todos sus cuñados quedaran limpios completamente. La Sra. Bailey sonrió y salió de la oficina. Harry abrazó a Ginny y enfrentó a los pelirrojos.

- Sé que están molestos.

- Claro que estamos molestos, no respetaste a…

- ¿Y tú respetaste a Fleur antes de casarse? – fulminó con la mirada Ginny a su hermano Bill – Ron ¿Qué haces con Hermione al salir del cuartel? Fred ¿recuerdas cuando estabas preocupado porque Angelina no le había llegado su periodo y que cuando por fin llegó hasta regalaste artículos en tu tienda?

- Es diferente, tú eres nuestra hermana.

- ¿Y? Soy mujer, al igual que sus novias, y así como les gusta a ustedes verlas calentarse, pues a mí me calienta Harry – todos voltearon a ver a Harry quien solo se encogió de hombros.

- Chicos, amo a su hermana, me quiero casar con ella y formar una familia. Ya tenemos una hija, ahora vienen dos más.

- ¿Dos? – preguntaron todos asombrados.

- Si, dos – dijo Ginny sonriendo – y tal vez sean gemelos.

- Excelente - dijeron al mismo tiempo Fred y George.

- Chicos, soy muy feliz con Harry, no tienen porque venir aquí y querer golpearlo por hacer algo que es muy normal en parejas.

- Para nosotros siempre serás virgen – dijo Bill, Ginny rodó lo ojos.

- Pues váyanse acostumbrando que ya no lo soy.

- Tendrán que adelantar la boda- dijo Percy.

- Teníamos pensado casarnos en un mes, pero por mí, nos casamos mañana mismo.

- Claro que no, Harry, tu mamá y la mía nos matarían. Están muy emocionadas organizando todo – Ginny volteó a ver a sus hermanos – nos vamos a casar en un mes, tal y como estaba planeado. Ahora largo, que quiero estar con mi prometido a solas.

Todos los Weasley salieron de la oficina. Ron, al llegar a la puerta se detuvo.

- Harry ¿aun sigo con mi puesto?

- Estas suspendido, idiota – le contestó Ginny.

- Claro que si, Ron, pero la próxima vez, primero me explicas porque me quieres golpear.

- De acuerdo – dijo Ron saliendo de la oficina y cerrando la puerta detrás de él.

- Debiste suspenderlo.

- Lo que hizo no tiene nada que ver con el trabajo, en cambio usted señorita ¿no se suponía que tendrías que estar toda la mañana en Hosgmeade?

- Bueno…sí – Harry alzó la ceja – fui a hacerme la prueba de embarazo.

- Debiste habérmelo dicho.

- Quería que fuera sorpresa, pero ya ves, mis hermanitos me arruinaron todo.

- Me refiero al trabajo, no puedes irte así nada más. Es importante que cuando los alumnos de Hogwarts tengan excursión en Hosgmeade, esté debidamente vigilada.

- Ni con la buena noticia de que vas a volver a ser padre, se te quita lo fastidioso, jefecito.

- Estoy feliz por la noticia, pero si no ibas a ir a Hogsmeade debiste avisar…

- Ya sé todo lo que me vas a decir – Ginny se acercó a él provocativamente – pero aunque te hayas molestado por no estar cumpliendo con mis obligaciones como auror, estoy segura que – le desabrochó un botón de la camisa – pasara por alto.

- ¿Qué pretendes, Ginny?

- Nada.

- Sabes que es una falta muy grave lo que hiciste.

- Fui al hospital, voy a tener dos hijos tuyos.

- ¿Estás utilizando a mis hijos para que no cumpla con el reglamento del cuartel?

- Claro que no – le dijo fingiendo indignación – dijimos que ya jamás nos íbamos a utilizar.

- Será mejor que nos vayamos, ya es tarde, necesitas descansar.

- Cierto, mañana tenemos mucho trabajo- Harry soltó una risita irónica - ¿de qué te ríes?

- Estas suspendida, Weasley, por no cumplir con tus obligaciones – le dijo Harry saliendo de la oficina.

- ¡Harry, estaba en el hospital!

Un mes después…

Harry cargaba entre sus brazos a Ginny aun vestida de novia. Entraban en la que ahora era su nueva casa. Después de muchas discusiones, en donde Ginny insistía que vivieran en su casa y en donde Harry se negaba porque era muy pequeña para cinco personas, por fin se decidieron en comprar una nueva casa. Cerró la puerta dándole una patada con el pie y bajó a Ginny al piso.

- Al fin, solos – dijo Harry.

- Hogar, dulce hogar.

- Debimos mudarnos aquí desde que compramos la casa.

- No, Harry, quería que viviéramos aquí cuando me convirtiera en la Sra. Potter.

- Desde hace mucho eres la Sra. Potter, solo que ahora lo firmaste.

- Estuvo genial la boda, Lily no dejaba de sonreír.

- Así ha estado desde que le dimos la noticia de que va a tener unos hermanitos.

- Aunque ahora no se quedó muy contenta, quería venir con nosotros.

- Papá la animará, es especialista en quitarle el mal humor a nuestra hija.

- Estoy feliz, Harry – Ginny lo abrazó – estas a mi lado, tenemos una hija hermosa y otros dos por llegar. Nuestras familias al fin juntas y no tenemos nada que ocultar.

- Todos estaban tan contentos, mamá me abrazó por más de diez minutos.

- Pero no se compara cuando te abrazó mi tía Muriel.

- Por Merlín, casi me deja sin costillas – le dijo Harry asustado, Ginny soltó una carcajada – espero que en la boda de Ron y Hermione, no esté tan borracha.

- Dejemos de pensar en eso, mejor nos dedicamos a otra cosa – Ginny empezó a quitarle el saco y la corbata.

- Estoy de acuerdo, esas ideas de nuestras madres de no tener sexo antes de la boda, fue para el infarto.

- Es para disfrutar más nuestra noche de bodas – le empezó a desabrochar la camisa.

- Yo disfruto estar contigo aunque lo hagamos mil veces al día.

- Presumido, hacerlo mil veces al día.

- Ponme a prueba – le dijo Harry viéndola directamente a los ojos, pero ella se quedó viendo el dije que colgaba del pecho de Harry.

- No puedo creer que el día de nuestra boda te hayas puesto el dije que te regale de las reliquias de la muerte.

- Es especial.

- Es un cuento, Harry, un cuento infantil.

- Nunca te conté como fue que pude vencer a Voldemort.

- No me interesa. No quiero saber nada de eso.

- Ven.

Harry la tomó de la mano y la guió hacia una habitación en donde estaban todas sus pertenencias en baúles, aun sin acomodar. Buscó uno en especial y lo puso frente a Ginny.

- Mamá quiso que me lo trajera, pensaba dejarlo en casa de mis padres.

- ¿Qué es eso?

- Es algo que quiero compartir contigo.

- ¿Y no lo podemos hacer mañana? Harry, es nuestra noche de bodas.

- Lo sé, pero quiero que entre nosotros todo sea claro, ahora que decidimos unirnos formalmente, no quiero que haya secretos entre nosotros.

- ¿Tienes un secreto? – Ginny lo vio preocupada.

Harry abrió el baúl y sacó una capa, una piedra y una varita, y se las mostró a Ginny. Al comienzo, Ginny no entendió el mensaje, hasta que Harry se tocó el dije que ella le regaló.

- Las reliquias existen, y todas me pertenecen – le dijo Harry. Ginny abrió la boca y los ojos sorprendida – fue por eso que logré sobrevivir y vencer a Voldemort.

- No lo puedo creer.

- Estas reliquias me salvaron la vida, por eso cuando me diste este regalo, significó mucho para mí, porque tú también me salvaste. Tú me trajiste de nuevo a la vida. Es por eso que siempre te necesité, aunque fingía utilizarte.

- Te amo tanto, Harry.

- Yo también, Ginny y siempre te voy a necesitar para ser feliz.

Epilogo

Una niña pelirroja y de ojos verdes leía entretenida un libro debajo de un árbol. Era su pasatiempo favorito y le encantaba hacerlo en el jardín trasero de su casa. De pronto, su tranquilidad fue interrumpida por un gran estruendo proveniente de la cocina. Cerró el libro molesta y se levantó caminando hacia su casa. Pero apenas había dado unos cuantos pasos cuando dos personas salieron corriendo por la puerta aventándose mutuamente unos fuegos artificiales.

- ¿Otra vez? – puso la pequeña Lily las manos en la cintura – es que con ustedes no se puede.

- Lily, cariño, estamos…

- Nada, Black y tu abuelo, por Merlín, deberías ser el ejemplo de…

Pero ya no terminó porque dos pequeños de cuatro años salieron corriendo de la casa. Ambos de cabello negro azabache y desordenado, y ojos café claro.

- ¡James, Arthur! ¿Cuántas veces les ha dicho mamá que no salgan de la casa sin zapatos? Y eso puede ser peligroso – apuntó hacia lo que llevaba en la mano.

- Cálmate, Lily – le dijo el pequeño James, sin duda el más inquieto – tío Fred me los regaló.

- Y a mí, me los regaló mi tío George – terminó Arthur.

- Y a mí me regalaron este – agregó Sirius lanzando el fuego artificial de una mano a otra como haciendo malabares y haciendo sonreír a los gemelos Potter.

- Cuando llegué mamá y mi abue Lily, les va a ir muy mal ¿Qué pasó en la cocina?

- El abuelo James se resbaló y tiró toda la vajilla de mamá – dijo el pequeño James burlándose.

- Pero ya lo reparé – le dijo inmediatamente James a su nieta.

- A veces, no sé si hay dos niños o cuatro.

- Lily, tu aun eres una niña – le dijo su abuelo.

- Pero me comportó mejor que ustedes – apuntó a Sirius que seguía haciendo sus malabares pero ahora se había subido a una silla y bailaba moviendo las caderas, siendo imitado por los gemelos.

- Ya conoces a tu tío Sirius, jamás va a madurar.

- Si, es lo que dice mi abue, pero también dice eso de ti.

- Bueno, eso lo dice porque me ama mucho.

- Ay, Potter – dijo Lily negando con la cabeza y entrando a la casa.

- Definitivamente mi esposa es una mala influencia para mi nieta.

- Cornamenta, ayúdame con tus nietos ¿Qué acaso nunca se cansan?

Ginny y Lily entraban a la casa levitando toda la despensa que habían ido a comprar para hacer la comida. Vieron a la pequeña Lily subir las escaleras con su libro en las manos y murmurando cosas como: "es mejor leer un libro, jamás maduraran, etc." Tanto Ginny como su suegra ya estaban acostumbradas a que Lily era más especial, más madura para su edad.

- ¿A qué hora llega Harry?

- No ha de tardar, dijo que iría por Remus.

- ¿Remus no está aquí? – pregunto preocupada Lily.

- No, al parecer Harry le dio trabajo de profesor en la academia de aurores.

- ¿Quién cuidó a los niños?

- James y Sirius.

- Oh, por Merlín ¿Dónde están?

- Lily, no te preocupes, James y Sirius cuidan muy bien de…

Pero ya no terminó porque de nuevo se escucho un fuerte estruendo pero ahora proveniente del jardín trasero. Las dos salieron corriendo encontrando a James, Sirius y a los gemelos completamente negros, pero atacados de la risa.

- ¿Qué pasó? – preguntó Lily hincándose para ver mejor a sus nietos y revisando que no les haya pasado nada malo.

- Abue, fue genial – dijo el pequeño James – explotó.

- ¿Qué explotó?

- Ginny, tus hermanos son lo máximo – le dijo Sirius – mira que darnos una bola de cristal que supuestamente leía la mente al quedarse viéndola.

- Y de pronto ¡bum! – dijo Arthur.

- Voy a matar a ese par – dijo Ginny rodando los ojos.

- ¿Es así como cuidan a los niños? – los regaño Lily – vayan a bañarse. A veces no sé si hay dos niños o cuatro.

- Eso lo escuche hace apenas unos minutos, pero de una Lily miniatura – le susurró Sirius a James.

- ¿Qué dices, Black?

- Nada, querida Lily.

- Mamá, tengo hambre – le dijo Arthur.

- En seguida vamos a preparar la comida, tu papá dijo que compraría algo de sushi en el camino.

- Sushi – dijo el pequeño James haciendo gestos de asco.

- Mamá, no nos gusta el sushi – le dijo Arthur. James y Sirius sonrieron orgullosos.

- Lo sé, es por eso que su abuela y yo vamos a preparar otra cosa.

- Podemos hacer una carnita…

- ¡No! – gritaron Ginny y Lily al mismo tiempo.

- Ya tenemos suficiente con la explosión de hoy.

Los dos adultos entraron a la casa junto con los gemelos. Lily y Ginny voltearon a verse y soltaron una carcajada. En realidad la situación había sido muy graciosa, porque además de haber quedado completamente negros, los cabellos se les habían alborotado más que de costumbre, haciendo que se vieran realmente graciosos los cuatro.

Cuando las dos entraron de nuevo a la casa, Harry estaba acomodando las bolsas de comida en la mesa.

- ¿Acaso eran mis hijos esos dos niños pintados de negro? – dijo Harry riéndose.

- ¿Y Remus?

- Dijo que iba a ayudar a bañar a los niños, creo que tampoco confía mucho en papá y Sirius.

- Ni yo, Ginny empieza a partir los ingredientes, en seguida bajo a ayudarte – le dijo Lily saliendo de la cocina.

- ¿Cómo te fue? – le preguntó Ginny a Harry, quien ya tenía sus brazos alrededor de su cintura.

- Bien, mucho trabajo.

- Mañana nos vamos Ron, Hermione y yo a Gales para la misión. Ya tenemos todo listo.

- No me gusta que salgas a misiones.

- Soy un auror, Potter.

- Te extraño – le dijo besando su cuello.

- Solo serán un par de días. Los niños ahora los cuidaran tus papas.

Se escuchaban varios pasos corriendo en la planta alta, los dos se quedaron viendo el techo. Gritos, risas, regaños, más risas, era lo único que se escuchaba.

- Estarán bien – aseguró Ginny.

- Lo sé.

FIN


Muchas gracias a todos por haber llegado hasta aquí, de verás no tengo como agradecerlo.

La historia de Cho y Dean se las dejo a su imaginación, si estuvieron o no juntos, eso queda a criterio de cada uno.

El cómo se enteró Harry del embarazo de Ginny no pude dejar de meter a los culpables del porque Ginny habia decidido irse a Estados Unidos. Amo a los hermanos sobre protectores Weasley.

Otro fic más terminado, mil gracias a Asuka Potter porque revisaba cada uno de los capitulos antes de publicarlos y me daba consejos, y uno que otro mensaje por whatsapp para presionarme.

Espero que sigamos en contacto, aun me falta terminar algo en común y continuar con cosas de casados, pero aunque no escriba seguido saben de antemano que me encuentran en facebook.

Los quiero :D