NARRADOR (ALLARA)

Tenía frío, mucho frío. El cuerpo me temblaba y por más mantas que me pusiesen encima, mi frente seguía igual de caliente.¿Qué dónde estaba? Posiblemente, en mi cama. Sentía las sabanas sobre mí, pero no lograba entrar en calor aún sabiendo que una más y me perdería entre ellas. Intentaba abrir los ojos, pero el sueño era más fuerte que mis ganas de abrirlos y así como lo intentaba dejaba de hacerlo.

"¿Mamá?" Pregunté notando como alguien movía mis mantas.

"¿Estás bien? Pronto te bajará la fiebre hija, solo duerme." Las palabras de mi madre eran cálidas, dichas con amabilidad. Mi madre era siempre así, tan cálida. Mamá...

Abrí los ojos al darme cuenta de que ya no tenía frío sino calor. En frente de mí había un mar enorme, creo que era la playa a la que me llevaban siempre mis padres cuando era pequeña. Podía ver a los niños que jugaban con cubos en la arena junto a sus padres y algún que otro perro que jugueteaba con las olas que lograban llegar a la orilla.

"¿Allara no vas a bañarte?" Alguien puso su mano en mi cabeza y me giré despacio reconociendo la voz al instante.

"¿Papá?" Mi pregunta fue absurda, pero mi padre solo sonrió.

"Aún estás medio dormida." Y rió. "Si no nos damos prisa en bañarnos mamá se enfadará y no quiero volver a discutir después de salir tarde esta mañana." Después de decir eso, salió corriendo hacia las olas, esperando a que le siguiese. Era un hábito que ya no podríamos cambiar.

"¡Espérame!" Corrí tras él, pero de pronto la imagen se esfumó.

Son estos, ¿mis recuerdos?


Volvió otra imagen, ahora era algo mayor o eso me enseñaba mi reflejo en aquel viejo espejo de bolsillo. Llevaba un largo vestido blanco y mi pelo en un bonito recogido. Era… el día de mi comunión. Siempre recordaré ese día porque toda mi familia se reunió por primera y última vez para comer juntos, nunca podría olvidar lo feliz que me sentí.

"Tenemos que sacarnos una foto." Dijo mi tío apareciendo por detrás de mí.

"Una foto familiar estaría bien, luego os daré las copias." Mi padre le siguió la conversación a su hermano. "Vamos, ¡venir todos!" Mi familia al completo se puso delante del gran jardín de aquel restaurante que habíamos reservado para el día, esperando a que mi padre dejase por fin la cámara para disparar la cuenta atrás.

"¡Decir Allara!" Exclamó una de mis abuelas alegre. El flash de la cámara se disparó y otra vez vi todo negro.


"¿Qué es eso?" La voz de Sofi hizo que me girara rápidamente y tuve que cerrar los ojos por un momento a causa de la luz que provenía de aquella pantalla. Pude verme a mi misma sentada en la silla del ordenador de mi vieja habitación.

"¿Esto? Se llama Anime. Es lo que más me gusta en el mundo. ¿Quieres verlo conmigo?" Sofi asintió como hipnotizada por las imágenes y se sentó en otra silla a mi lado a disfrutar del capítulo.

"Parece interesante." Sonrió.

Sofi… mi primera amiga… la primera que me aceptó. Cerré los ojos con fuerza al saber que otra escena de mi pasado estaba por venir.

Y efectivamente, ahora me encontraba en aquella sala en la que mi cuerpo aún dormía.

"¿Unas últimas palabras?"

La voz de aquella mujer me seguía aterrando incluso ahora. No por ella, sino por sus palabras que lograron hacerme pensar que no volvería a ver la luz del sol. Menos mal que no fue así, sigo dando gracias por ello.

"Lo demostraré."

Este es, el día en que me escapé de casa y me decidí a avanzar creyendo en mis ideales. ¿Tan equivocada estaba? ¿Es que no hay una manera de que me comprendan mis propios padres? Oye, responde ¡Kyousuke!

Cerré los ojos pensando en él, quería verlo y disculparme. Le extrañaba tanto...

"Yuuichi-sempai…Tengo que pedirte un gran favor."

Los volvía abrir al escuchar mi propia voz. Ese día le confié a Yuuichi toda la verdad y le pedí ayuda, sabiendo que algún día algo como esto ocurriría. Ahora que lo pienso, siempre supe que pasaría. Por eso volví…

La tarde después de liberar a Sofi. Sabía que las cosas no mejorarían tan fácilmente, que mis padres no se rendirían así como así y tras pedirle a Sofi que se quitara su pendiente, salí corriendo de casa de Aki con él en la mano, hasta avistar al fin el hospital a lo lejos. Subí a la habitación de sempai y abrí la puerta con cuidado.

"Allara, que alegría verte." Realmente pareció alegre de verme. "He escuchado lo de Sofi, mi hermano vino hace un rato." Explicó mientras cerraba la puerta. "Un poco más y os podríais haber encontrado." En aquel momento recuerdo que me sonrojé, ya que no hacía más que unas pocas horas desde que había abrazado a Kyousuke y aún sentía los nervios recorriendo mi cuerpo.

"He traído esto." Dije sentándome a su lado. Él solo miró como mi mano se abría con curiosidad y suspiró al ver el pendiente. Era más que inteligente para darse cuenta de a donde quería llegar.

"¿Ha pasado algo malo?" Preguntó ahora más serio.

Yo solo asentí.

"¿Es para mí?" Volvió a preguntar.

"Necesito que lo guardes. Si algún día me pasase algo, dáselo a Kyousuke y cuéntale toda la verdad." Yuuichi me miró confundido.

"¿A qué te refieres?"

"Es probable que yo no sea capaz de hacer nada en ese momento, pero este es el pendiente de Sofi. Está conectado al mío directamente y quizá sea la única manera de poder hablar conmigo, quizá este pendiente sea… la única forma de volver a ser yo. Puede que ya me haya rendido y necesite que alguien me de un buen sermón." Le miré a los ojos mientras le entregaba el pendiente. "¿Lo harás?" Dudé por un momento al preguntar y él notó esa inseguridad en mí, estoy segura de que lo hizo. Sin embargo, no dudo en contestar.

"Te lo prometo."


NARRADOR (YUUICHI)

"Allara te dio mi pendiente…" Acababa de contarles a los chicos lo que sucedió aquella tarde. Sé que Allara querría que lo hiciese, decirles la verdad a todos aquellos a los que aprecia. Ese era mi papel en esta historia, yo era su comodín de emergencia y había aceptado gustosamente ese papel. Sofi me hablaba aún confundida por lo que acababa de explicarles.

"Yo era su única forma de dejaros un mensaje y ese pendiente, el cual me protegió de la niebla y de cualquier lavado de memoria que podrían haberme hecho. Sin embargo, yo ya no lo tengo."

Mientras hablaba, todos los del Raimon, incluido sus entrenadores, se habían reunido a mí alrededor a escuchar todo lo que les decía. No había sido fácil ayudar a salir a todos de aquella niebla y aún no nos podíamos ver perfectamente incluso estando unos al lado de otros. Pero podía ver sus caras, reflejaban esperanza y a la vez tristeza. Al menos, Sofi ya les había contado la verdad sobre nosotros y sobre este mundo y eso hacía más fácil comprender mis explicaciones.

Sin embargo, había una parte de ellos que no querían creer que todo esto fuese real y no les culpaba. Para mí seguía siendo difícil también, el único que no pensó así fue…

"Este es el pendiente Kyousuke." Dije a la vez que le entregaba el pendiente a mi hermanito. "Es todo lo que ella me dejó y le prometí que te lo entregaría."Su cara en ese momento no reflejó ningún sentimiento, igual que cuando me caí de aquel árbol siendo pequeño y no pude volver a andar. Kyousuke dejó de transmitir emociones aquella vez para mantenerse seguro y no derrumbarse frente a mí, pero esta vez había algo distinto en él.

" Nii-san… voy a ir a buscarla" Esa vez estaba realmente decidido a ayudarla.

"Eh?" No me esperé esa reacción, no de parte de mi hermano.

"Esa estúpida…" Se levantó bruscamente y corrió hacia la salida, pero paró en seco al llegar a la puerta. "Gracias, Yuuichi." Y sonrió o mejor dicho, me sonrió. Me sonrió como hacía años que no hacía, igual que cuando era pequeño.

Ahí es cuando me di cuenta de lo mucho que había crecido mi hermanito.


NARRADOR (KYOUSUKE)

"Esa estúpida…" Eso es lo que me repetía cada dos segundos. No podía parar de pensar en si estaría bien. Si la habían hecho algo, cualquier cosa, juro que no respondía de mis actos. Estaba enfadado, muy enfadado, tanto con aquellos tontos superiores, como con sus padres, como con Sofi, como con ella. ¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué no confió en mí? ¿Por qué? ¿Por qué, por qué?

Aquella niebla no me dejaba ver bien y ya estaba a punto de darme por vencido, pero gracias a que aún recordaba donde estaba situada en el campo, logré alcanzarla. Casi sin aliento de tanto correr, di un último esfuerzo hasta ella y toqué su mano con el pendiente de Sofi. Al hacer contacto con su piel, el pendiente brilló y me dejó tenso por unos momentos, hasta que todos los gritos que oía a mí alrededor simplemente, desaparecieron.

Abrí los ojos extrañado por el silencio y encontré mi cuerpo tirado en el suelo, o al menos eso parecía. Me senté con cuidado y miré a mí alrededor, descubriendo que realmente no era el suelo lo que tenía debajo de mí, sino una alfombra colocada en el medio de una habitación. Una habitación pintada de amarillo, con bastantes muebles y libros, una gran cama azul a mi izquierda y una gran ventana justo delante de mi posición. Sentí un escalofrío al ver mi cara en un par de posters que adornaban la pared. Me fijé un poco mejor y me di cuenta de que no solo yo aparecía en ellos y no solo ahí. En el salva pantallas del ordenador, en algún viejo manga, en una cartera, cerca de una lamparita de noche… Podía ver a mis amigos por todos los lados.

"¿Qué es este sitio?" No esperé una respuesta por que ya me imaginaba en que lugar me encontraba, pero la hubo.

"Es mi habitación." Me di la vuelta lentamente al reconocer su voz. Su pelo castaño y ondulado, su piel pálida y sus ojos color miel. Por unos momentos, no la reconocí. Su piel era más blanca que de costumbre, su cara mostraba cansancio llena de ojeras y sin color alguno y estaba seguro de que antes no era tan delgada, pero era ella. Allara… estaba justo delante de mí.

"Mi verdadera habitación." Terminó por fin de hablar cuando me miró a los ojos.

"Allara…" Susurré.

¡Tsk! Mis palabras no salían.

"Lo siento mucho." Sonrió, pero su mirada era triste y juraría que estaba a punto de llorar. "Todo esto es mi culpa, si hubiese podido explicarles a mis padres todo lo que siempre sentí, entonces…" Su voz cambió al instante y se hizo más débil. "Entonces, podría haber hecho las cosas de otra manera y ahora… ahora este mundo estaría bien. ¡Pero tuve que meter la pata! Una vez más yo, yo, yo y solo yo. ¡Mi maldito egoísmo!" Paró de escupir palabras sin parar y cayó al suelo. "Lo siento, de verdad… yo solo quise poder conoceros… ¡Lo demás son excusas!" Intenté acercarme a ella, pero se arrastró hacia atrás. "¡No vengas! Por favor… no quiero volver a hacerte daño. Solo quería estar con vosotros… ¡soy tonta! Algo así… estaba claro que no podría pasar… y aun así yo…" ¿Dónde había ido la fuerte Allara que yo conocía? Su estado de ánimo alegre había desaparecido, dejando a una niña cobarde y llorica que no sabía que hacer.

"¡Ah sí, claro que sí!" Ella me miró sorprendida y calló por fin. "Podrías haber hecho las cosas de otra manera, por supuesto." Juraría que en ese momento se aguantó las ganas de llorar de verdad. "No eres más que una idiota en todos los sentidos, una torpe y una ilusa, que pudo habernos contado la verdad en cualquier momento. Pudiste haberles hecho comprender a tus padres lo que sentías, podrías haber intentado explicarles más veces por lo que estabas pasando, podrías no haberte escapado y podrías no haberte confesado." Ella seguía en silencio, pero comenzaba a ver algo de color en sus mofletes. "¿Pero sabes qué? ¡Qué esa no serías tú! y eres tú la que quiso conocernos, eres tú la que hizo comprender a Sofi que estabas en lo cierto, eres tú quién decidió ser capturada para salvar a Akane, eres tú la que nos dio ánimos en el partido contra la falsa Teikoku, eres tú la que confió todo a mi hermano, eres tú la primera que me planto cara… y eres tú la persona que más me importa en este momento. Así que… deja de lamentarte por tu pasado y levanta la mirada del suelo de una vez." Mírame Allara, date cuenta de que estoy aquí.

"Sabía que vendrías..." Lo dijo muy bajo, pero pude escucharla perfectamente. "Y sabía que me sermonearías por esto." Movió sus labios e intentó decir algo más, pero se contuvo.

"Por supuesto, ¿quién más es capaz de hablarte así sin llevarse un golpe?" Ella rió.

"También es verdad."


NARRADOR (ALLARA)

Me levanté con cuidado y di un paso adelante. Tonto Kyousuke, esta vez se había pasado. No podía permitirle poder animarme solo escuchando su voz y menos dejarle ver que tiene razón, aunque claramente la tenga. Mis lágrimas empezaron a caer sin parar, pero eso ya no me importaba. ¿Qué estaba haciendo? Lamentándome una y otra vez, esa… esa no soy yo…

"Kyousuke…"

Él no dijo nada más, pero no lo necesitaba. Ya había dejado bien claro lo que pensaba, ya había conseguido hacerme despertar. Abrí mis ojos nuevamente, esta vez mirándole firmemente. Mis ojos ya no son oscuros, no como se veían en aquel espejo el día de mi comunión. Mi piel ya no es pálida, mi pelo ya no parece una escoba áspera y vieja, mi vida había cambiado, yo había cambiado. Y la verdad es… que ahora sabía por qué.

Me dejé caer de rodillas al llegar hasta él. Kyouske me miraba impaciente y a la vez decidido, como si supiese lo que iba a decir en ese momento. "Tienes razón… esta ya ni siquiera es mi habitación, porque esa Allara, la que no sabía mirar hacia delante, ya no existe más. Todo lo que queda de mi pasado es solo eso, mi pasado. "Asintió y secó las lágrimas con una de sus mangas de la chaqueta. "La Allara que existe ahora sabe que debe de ayudar a sus amigos, que tiene que salvar vuestro mundo y cumplir su misión de una vez." Él asintió. "Y también sabe, que ya no está sola. Porque por fin, te ha encontrado." Lo abracé fuerte, como si tuviese miedo de que desapareciese en ese mismo momento, pero en mi interior sabía que no iba a hacerlo. Al mirarlo a los ojos sabía, que nunca más iba a perderle.

"Gracias."

Y una luz iluminó toda la habitación, hasta que todo se esfumó. Casi no recordaba como había llegado hasta allí, pero estaba en el campo de futbol y sabía exactamente que era lo que tenía que hacer y esta vez, no iba a fracasar.


NARRADOR (SOFI)

"Sofi te aseguro que no responderé a mis actos si mi hija no aparece. Soy capaz de borrarlos a todos." El padre de Allara estaba tan lleno de rabia que ya no me escuchaba. Sé que estaban preocupados, pero esta no era forma de solucionarlo.

"Solo espero que Tsurugi haya conseguido hacerla despertar…" Yuuichi me miró tras decir eso.

"Estoy seguro de que sí."

Ya nadie sabía que hacer, todos estábamos reunidos y en silencio. Pensando o simplemente rogando que todo esto acabase pronto. El mismo Tenma había perdido todas sus esperanzas y ánimos, no teníamos nada que poder hacer. Si no era jugando al fútbol, no éramos capaces de hacer nada y eso les frustraba más que nada.

"Está bien chicos, aquí sentados no arreglamos nada. ¿A dónde han ido vuestros ánimos? Vosotros nunca os rendís." Shinsuke se me acercó lentamente.

"Si… pero es que ya no sabemos qué hacer." Contestó deprimido.

"Si tan solo pudiésemos hacerles entrar en razón." Mencionó Shindou sin esperanzas.

"Queremos ayudar sofí, pero ya no se qué podemos hacer." Declaró el entrenador Kidou mirando a Endou.

"¿Es que no lo ves? Ninguno sabe hacer nada si no es jugando al fútbol. Gente así no merece existir y mucho menos merece que nadie les admire. Sofi tú estás viendo lo mismo que nosotros, vuelve a casa, sabes que ese no es tu lugar ni el de Allara." Me estaban empezando a enfadar de verdad.

"Ya os lo hemos explicado de mil maneras, pero no sois capaces de ver en ellos lo que vuestra hija ve. Es más ¡no la escucháis! ni a ella ni a mí. Siempre pasasteis de ella si hablaba de esto, porque no os interesa, nunca os ha interesado comprender que esta gente esta viva y da igual cuantas veces lo intentemos, el resultado será el mismo, simplemente no queréis verlo. Dejar de decir que este mundo no merece la pena, que las personas aquí son inútiles, ¡porque yo no he visto peor mundo que el nuestro!"

"¡Suficiente! Si tanto te gusta ese mundo, quédate en él. Pero mi hija hará lo que le digamos nosotros, que para algo somos sus padres." No querían escucharme, se estaban aferrando a sus ideas y ya no sabía que decirles para que comprendiesen que esto no era cuestión de tener o no tener razón, sino de miles de vidas que estaban en juego ahora mismo.

"¡Te equivocas!" Gritó Akane cansada de escucharlos. "Ese es el problema, queréis que cumpla siempre vuestras reglas. No sois más que unos padres preocupados por su hija, lo sé. Y sin embargo, no podríais estar haciéndolo peor." Akane…

"Akane tiene razón, eso no es protegerla. ¡La estáis encerrando!" Aoi apoyó las palabras de su amiga. "Así solo conseguís que Allara no quiera ni veros. Solo la controláis, eso no es cariño."

"¿Le habéis preguntado a ella? ¿Le habéis dicho por qué queréis que vuelva?" Preguntó Kariya asomando su cabeza de entre sus piernas.

"No lo creo…" Respondió Amagi-sempai desde el banquillo. "Solo se escuchan a sí mismos."Yo ya no estaba segura ni siquiera de que escuchasen sus propias palabras.

"Eso no es amor, es egoísmo." Aclaró Hayami-sempai agarrando con miedo a Hamano-sempai, temiendo por la reacción de los padres de Allara.

"Solo la estáis haciendo daño, pero no solo a ella, a todos." Dijo Midori convirtiendo sus manos en puños en señal de frustración. Ryoma al darse cuenta de ese gesto de angustia, le sujeto la mano con fuerza y le sonrió para después hablar.

"Ya es suficiente para todos. Es hora de que nos escuchéis decir la verdad." Parecía harto ya de esta situación y no le culpaba. Me estaba empezando a cansar de no poder hacer nada.

"Yo también os lo pido, por favor escucharles." Agregué casi suplicándoselo. Hubo un silencio por breves momentos y luego se oyeron sollozos al otro lado del micrófono. Estaba casi segura de que esa era la madre de Allara. "En el fondo sé que solo sois unos padres que están preocupados, preocupados por la salud de su hija y de no poder volver a verla, así que por favor, escucharnos."

"¿Y de qué servirá?" Esta vez sus palabras eran más dulces, hablaban mucho más tranquilos. Puede que empezasen a darse cuenta de lo que les decíamos y rezaba por que fuese así. "A mi hija no le queda mucho tiempo, pronto su cuerpo colapsará. La forma de salvarla es traerla de vuelta o renunciar a ella, pero ni siquiera así sabemos si sobrevivirá. ¡No queremos perder a nuestra niña!"

Comenzaron a llorar al lado del micro y se oía perfectamente desde nuestro mundo. Siempre lo supe, que ellos querían a su hija más que a nada, pero habían cometido tantos fallos, que también entendía el por qué Allara quería vivir en otro mundo. Solo huía, huía de su existencia, de su mundo. Escapando de sus obligaciones y problemas del mundo real y siendo feliz en uno imaginario.

Siempre supe que era así… porque yo hacía igual. Pero aquí hemos encontrado algo que no podemos explicar, hemos creado unos lazos que no queremos olvidar. Por eso, da igual cuanto hayamos dejado atrás, no volveremos.

"Hemos fallado como padres…" Admitió su madre al fin.

"¡No habéis fracasado! Es todo lo contrario." Afirmó Tenma. "En realidad, a mi me hubiese gustado que mis padres hiciesen cualquier cosa por mantenerme a salvo y vosotros lo habéis hacho. Os habéis equivocado también, pero todos los humanos comenten errores y por eso vosotros y nosotros, ¡somos exactamente iguales!" Acabó levantándose del suelo y sonriendo.

"Gracias Tenma." Agradecí de corazón aquellas palabras. ¿Les habrán alcanzado? Espero que si… deseo que si… A todos se nos contagió la amplia sonrisa de Tenma en ese momento.

"Está bien… habéis ganado. No puedo convencer a mi propia hija si soy más infantil aún que ella, gracias por demostrármelo chicos. Quedamos en que no habría trampas y así será." De pronto la niebla desapareció, dejando todo el paisaje a la vista. No solo eso, sino que toda la gente convertida en humo, casi como si no hubiese pasado nada iban apareciendo y siguiendo su camino.

Algunos se tocaban la cabeza, seguramente sorprendidos por encontrarse en el suelo y otros ni siquiera se paraban a pensar en ello y continuaban su camino alegremente.

"La gente ha vuelto." Dijo el entrenador Endou casi sin creérselo.

Tenma y los demás se levantaron y se miraron entre ellos cambiando su cara a una de felicidad extrema. Yo observaba como se abrazaban contentos y festejaban que su mundo hubiese vuelto a la normalidad. Casi como si nada hubiese ocurrido, como si todo hubiese sido una pesadilla para ellos.

Sin embargo, para los padres de Allara aún no había terminado.

"Gracias." Susurré.

"Sentimos mucho lo que os hemos hecho. Aún no entendemos por qué nuestra hija prefiere ese mundo, pero empezamos a comprender lo que nos intentaba decir. Ella nos dijo que nosotros no éramos asesinos, que creía en nosotros… Al fin y al cabo hay algo que es cierto, nunca la escuchamos. Desearía poder hacerlo ahora…" Esa era la voz de su padre. Estaba segura de que su madre no era capaz de hablar en estos momentos.

"Se equivoca. Estoy seguro de que Allara conoce esos sentimientos mejor que nadie, porque es vuestra hija." Dijo Yuuichi-sempai.

"Quizá sea así…" Deseó.

"La verdad es, que siempre lo he sabido." Esa voz… ¿Allara? Y otra vez esa luz, la misma que cuando Tsurugi desapareció. Todos miramos rápidamente hacía ella, que prácticamente nos estaba dejando a todos medio ciegos, pero eso no nos importaba. Todos sabíamos que esa voz, era de ella. Y efectivamente, cuando la luz se fue dos siluetas aparecieron en medio del campo.

"¡Tsurugi! ¡Allara!" Gritamos todos a la vez.

"¡Hija!" Se escuchó desde los altavoces del campo.

"¿Nos echabais de menos?" Se burló Tsurugi acercándose a nosotros poco a poco. Todos corrieron a abrazarlo o al menos, la mayoría de nosotros y él por una vez en su vida, se dejó. Los más vergonzosos se quedaron a mi lado, pero felices igualmente.

"Ni un poquito." Dijo Kariya entre risas. Uno de los que no lo estaba estrujando y casi ahogándolo. Imaginaros como estaba el pobre. Yuuichi-sempai miró a su hermano desde lejos y este le sonrió con orgullo. Supongo que se habían entendido solo con esa mirada, es increíble ser hermanos. Aunque a veces eso me pasaba a mí con Allara y ni siquiera somos de la misma familia, aunque para mí eso no era importante.

Ella por su parte se reía viendo como Tsurugi era aplastado entre la gente y pude ver como alguna lágrima de alegría cayó por su mejilla, terminando en el suelo. Me aproximé a ella lentamente y le di un abrazo, fuerte, muy fuerte. No se imaginaba lo preocupada que había estado, está niña nunca dejará de darme sustos.

"No me vuelvas a hacer algo como esto, jamás." Ella rió en mi oreja.

"No lo haré."Se separó de mí y me miró a los ojos con decisión, no sé bien qué pero algo en ella había cambiado. "Gracias por mantenerlos a salvo."

"No seas tonta, sabes bien que yo no he sido la que los ha hecho entrar en razón. Han sido ellos… "Dije mirándoles sonreír a lo lejos. "¿Sabes? Ya entiendo de lo que me hablabas." Allara me examinó con la mirada intentando descifrar lo que el quería decir. "Ellos son reales, están vivos y al igual que tú pueden transmitir emociones y recibirlas, porque son humanos. Esas son tus palabras, gracias por enseñármelo."

"De nada."


¡Volví! ¡Cuánto tiempo! Y… ¡perdonarme por favor! ;(

No he sido capaz de ponerme a escribir estos días y no voy a mentir, ha sido por pura pereza. Los exámenes y las clases me dejan agotada y sin inspiración también -.-'pero la buena noticia es que he decidido terminar este fic de una vez :D

Para el domingo estará terminado. Quiero empezar ya nuevos fanfics que tengo en mente, así que por favor no os olvidéis de mí .