-Costia –Gritó Clarke como si nadie más las estuviera viendo, como si la chica no estuviera rodeada de al menos una decena de personas, Ontari entre ellas.
-¡Novata Griffin! –Contestó Costia con una sonrisa sacando más aún de sus cabales a la rubia que caminaba hacia ella con paso firme.
-No te hagas la idiota, sabes perfectamente por qué estoy aquí.
-¿A darme una explicación sobre el por qué te acostaste con mi novia, quizá? –La petulancia de Costia pudo haber sacado de quicio a cualquiera que supiera la oscura razón de la presencia de Clarke.
-No vengas con juegos ahora Costia, no ahora.
-Clarke, nada sacas enfrentando a Costia, eres tú quien se interpuso en su relación. –Ontari dio un paso desafiante a la rubia.
-Ontari, tú no tienes ni la más mínima idea sobre lo que está pasando aquí –Retrocedió- ¡Ninguno de ustedes sabe algo sobre la terrible persona que esta idiota es! –Gritó a los chicos del lugar apuntando a Costia.
-Hey Griffin –Dijo la apuntada acercándose a Clarke –Para ya este escándalo, no lograrás nada, ya todos saben que quisiste destruir mi noviazgo con Lexa.
-Eres la peor persona que podría conocer en mi puta vida, Costia Stone, una mentirosa y arrogante que lo único que hace es tirarle comida al piso a sus perritos falderos para que la sigan como idiotas –Se aceró peligrosamente a la chica- Vales mierda, Stone, ¿acaso alguien alguna vez te ha querido realmente? Venga, ambas sabemos perfectamente que Lexa no te ama ni un ápice.
Al escuchar esas palabras la expresión de arrogancia de Costia cambió totalmente a una de ira, su mirada se endureció y ferozmente empujó a Clarke dejando a más de uno de los espectadores atónito, fue justo en el momento que levantó su mano empuñada dispuesta a golpear a la rubia que otra chica entró en escena.
-¡Costia ya para! –Gritó Octavia posicionándose justo entre ambas –Como una idiota permití que dañaras a mi mejor amiga pero no dejaré que dañes a ninguna otra persona más, menos a Clarke ¿me estás escuchando o quieres que todos tus amiguitos sepan realmente quien eres cuando tu novia no hace lo que tú quieres?
-Se acabó el espectáculo –Dijo fríamente Costia para que todos se retiraran del lugar mientras daba un paso atrás sin dejar de conectar su mirada con los furiosos ojos de Octavia.
-Deja que me ocupe de Octavia, Costia. –Dijo Ontari poniendo su mano sobre el hombro de la chica de manera cómplice.
-Vete ya, Ontari.
-Pero cariño…
-Que te vayas. –Y la morena le hizo caso a regañadientes sin comprender el por qué de sus palabras ni la razón de la amenaza de Octavia. -¿Algún día podrás defenderte sola o siempre tendrán que llegar tus amiguitas para salvarte, Clarke?
-No vine hasta acá para hablar de mí, Costia, sabes perfectamente que esto es por Lexa.
-¿Qué le hiciste a Lexa? –Dijo Octavia dirigiéndose a Costia sin recibir respuesta alguna -¿Qué le hizo a Lexa? –Miró con ruego a Clarke.
-¿Qué más pudo ser? –Clarke se dirigió con ira a Costia mientras le contestaba a Octavia –Es una loca cobarde que no sabe controlarse y volvió a golpearla.
-Lexa y yo somos novias, que te la hayas follado un par de veces no te da ningún derecho a …
-Lexa no es tu novia, Costia. No más. –Le dijo Clarke con un empujón.
-¿Eso crees? Vamos Clarke, Lexa jamás fue capaz de enfrentarme, no te hagas una imagen de esa chica que no corresponde, es débil y una simple cobarde.
-No hables así de Lexa, no más. –Ahora fue Octavia quien empujó a la castaña.
-¿Con qué cara dices eso Blake? Tantas veces que pudiste acercarte a Lexa y tú…tú ni siquiera lo intestaste, te rendiste cuando todo se puso difícil, solo yo estuve ahí para ella.
-No sé en qué mierda de mundo vives –Dijo Clarke tomando a Octavia con fuerza evitando que golpeara a Costia. –Tú lo único que hiciste fue alejar a Lexa de todos quienes la aman, de todos a quienes ama. La destruiste hasta convertirla en una chica totalmente distinta.
-Yo la hice fuerte, popular, yo le enseñé a enfrentar el mundo con confianza ¿Acaso no vieron que ella era feliz? Tenía amigos, novia, una reputación increíble hasta cuando era una novata como tú, Griffin.
-No intentes convencernos de esa mierda. –Dijo Octavia con los ojos llenos de lágrimas.
-¿No? Veamos, cuando sus padres murieron Lexa se desplomó y eso tú lo sabes a la perfección Blake, la chica no tenía idea como enfrentar la vida y tú no supiste ayudarla ¿Acaso tu amistad le ayudó en algo? Claro que no, lo intentaste y todo siguió igual, una vez estuvo a mi lado al menos dejó de ser la chica que se dejaba derrotar por lo que fuera. –Miró por sobre el hombro de Octavia y soltó una carcajada. –Mírenla, por favor.
Ambas chicas miraron hacia aquel lugar, estaba Lexa abrazada a sí misma con la mirada fría y sin expresión alguna.
–Es débil, inútil así como la ven, un pedazo de nada, todo estaba bien para ella antes de que llegaras tú, Clarke.
-Lexa siempre ha sufrido a tu lado. –Dijo Clarke con un nudo en la garganta sin soltar la vista de la morena de ojos verdes.
-¿Sufrió en un comienzo? Sí, lo admito, fui dura pero funcionó, luego todo fue perfecto, ella estaba bien, pero tenías que llegar tú y meterle ideas tontas en la cabeza. Tú me obligaste a golpearla nuevamente, tú Griffin –La tomó fuerte por una de sus muñecas obligándola a mirarla –Tú le cagaste nuevamente la vida a Lexa, no me culpes por eso.
Las palabras de Costia no tenían sentido alguno, no lograban conectar en la cabeza de Clarke pero por alguna extraña razón comenzó a sentirse culpable ¿Estaba Lexa realmente tranquila siendo aquella chica popular? Miró a Octavia quien parecía completamente afectada, luego de la muerte de los padres de Lexa la chica hizo todo lo posible por ayudarla pero jamás lo logró y Clarke sabía que Octavia aún no se había logrado perdonar del todo él no ser suficiente para sacar a Lexa del sufrimiento.
Su vista se cambió a Lexa nuevamente quien no se había movido ni un solo centímetro, escuchó cada una de las palabras de Costia y no intervino en lo más mínimo ¿era acaso el miedo? No lograba entender como de un momento a otro todo se había vuelto tan confuso, no lograba explicarse a sí misma como Costia había logrado ponerla en esa situación llena de dudas.
-Escúchenme, par de súper heroínas, esa chica que ven ahí no es la Lexa que todos en este campus conocen, ella estaba bien, bien luego de que tú –miró a Octavia- no supieras como ayudarla y antes de que tú –volvió a tomar a Clarke por la muñeca- Le prometieras el mundo entero sabiendo perfectamente lo imposible que era, si hasta te quedaste sola porque tu par de amiguitas saben que eres una idiota.
-Eso no es lo que… -Quiso hablar Octavia.
-Créeme que no me importa lo que haya pasado entre ustedes, Blake, solo sé que todos estábamos mejor antes de que Clarke llegara como la tierna salvavidas de Lexa. –Iba a largarse del lugar pero se dirigió a Octavia- Y Octavia, que pena me da saber que cada nueva amiga que tienes termina destruida, vaya amistad la tuya. –Intentó secar una lágrima que caía por la mejilla de Clarke quien golpeó su mano molesta y dolida, Costia sonrió con suficiencia y soltó una pequeña carcajada antes de darse media vuelta, tomar su bolso y caminar con paso firme hacia la facultad.
-Octavia ¿estás bien? –Dijo Clarke acercándose a su amiga la cual tenía los ojos llenos de lágrimas.
-No, Clarke, claro que no lo estoy. Costia tiene razón, mierda –Apretó los ojos dejando rodar lágrimas por sus mejillas- cuánta razón tiene, lo siento, lo siento Lexa –Dijo dirigiéndose a la chica- Lo siento Clarke –Miró ahora a Clarke y justo cuando la rubia quiso abrazarla se alejó rápidamente.
-Ni siquiera lo intentes. –Dijo con media y triste sonrisa dirigiéndose a quien sabe dónde.
-Clarke yo…-Quiso hablar Lexa mientras se acercaba pero simplemente se tensó su mandíbula sin soltar alguna otra palabra.
-Nada de lo que dijo Costia es verdad y lo sabes, nada sobre ti ni sobre Octavia, no caigas en su juego tú también Lex.
-No pude decir nada Clarke, no pude defenderte, no pude callarle la boca de una buena vez, lo siento.
-¿Lo sientes? Princesa, nada de esto es tu culpa.
-No me llames más así Clarke, no lo valgo.
-Hey no –Endureció su expresión- No quiero que caigas en su juego Lexa, ya te lo dije, nada de lo que dijo Costia tiene sentido, lo vales para mí, lo vales todo. –Dijo intentando que Lexa le dirigiera la mirada.
-Te hizo daño. –Lexa tomó la mano de Clarke aludiendo a su muñeca enrojecida.
-Sí, lo hizo ¿y? No es nada comparado con lo que has sufrido tú.
-No intentes bajarle el perfil comparándolo conmigo, no es justo para ti. Nada de esto te hubiera pasado de no haber estado a mi lado.
-Lexa, sabíamos que esto sería difícil pero prometimos que lo superaríamos juntas.
-Sí, lo prometimos y fallé. –Lexa desvió su mirada a un costado evitando que sus ojos se cruzaran con el azul de los ojos de Clarke.
-Pero ahora podremos cumplir nuestra promesa, ¿verdad? –Clarke sonrió con tristeza buscando esos ojos verdes. –Sabes que podemos hacer algo contra Costia, lo que ella hace es ilegal, Lexa.
-No lo entiendes ¿verdad?
-¿Qué se supone que debo entender?
-Nada de eso la detendrá, Clarke, conoce gente, tiene contactos –Dijo Lexa y Clarke frunció el ceño. –Sí, es tan aterrador como suena.
-Solo estás viendo lo negativo, aún así hay mucho que podemos hacer, no estamos solas. No estamos solas. –Repitió dándole fuerza a sus palabras.
-Costia dijo que todos estábamos mejor hasta que llegaste a mi vida pero dios, eras tú la que estaba mejor antes de conocerme, jamás debí permitirlo, jamás debí…
-Lexa, yo te amo. –Acarició la mejilla de la morena. –Te amo y eso no puedes evitarlo.
-Quizá soy yo la que no te ama lo suficiente.-Dijo Lexa dándole la espalda a Clarke.
-No vengas con eso Lexa, no voy a creerlo. –La rubia intentó contener la impotencia y el dolor que esas palabras causaron en ella, le temblaron las piernas y se le apretó el pecho pero se convenció a sí misma que Lexa estaba mintiendo.
-Créelo, Clarke. –Se giró esta vez mirando por sobre el hombro de la rubia.
-¿Vas a decirme ahora que todo lo que vivimos juntas fue una mentira?
-¿Todo lo que vivimos Clarke? Fueron apenas dos semanas, dos semanas donde solo éramos tú y yo pero esto… esto es completamente distinto.
-Todas esas promesas…
-Las promesas son solo palabras. –La voz de Lexa era oscura y fría.
-Puedes decir lo que quieras ahora Lexa pero cada vez que nos decíamos lo que sentíamos la una por la otra, cada abrazo, cada caricia, cada beso, mi amor, eso no pudo ser falso. –Intentó descifrar la expresión de Lexa mientras sus ojos volvían a humedecer y sus piernas a temblar.
-Ya te lo dije, no te amo lo suficiente.
-Lexa tu no entiendes, solo te tengo a ti, por favor no puedes hacerme esto.
-Estarás bien, Clarke.
-No, no lo estaré ¿Qué no entiendes?
-Todo estará bien, pero debemos dejarnos ir.
-Lexa, no.
-Es lo mejor Clarke, necesitas a alguien que te ame como tú lo haces y yo necesito alejarme.
-Yo te amo a ti y eso no cambiará, princesa por favor.
-No, Clarke.
-¿Al menos podrías hablarme mirándome a los ojos? –Dijo Clarke dolida y molesta, confusa y con un volumen más alto del que esperaba.
-¿Lo ves? –Lexa sonrió pero sus ojos no demostraban lo mismo. –Soy una cobarde. –Tomó aire como preparándose para lo que seguía y miró directo a los ojos azules de Clarke, ojos llenos de lágrimas y de un ruego incesante, una punzada atacó justo en la boca del estómago de la rubia al notar la frialdad de Lexa. –No te amo, Clarke.
Ahogó un sollozo sin dejar de mirar fijamente el verde ahora oscuro en los ojos de Lexa, la tranquilidad de sus palabras, la voz suave que utilizó para arrastrar cada letra de esa frase terminó por destruir lo poco que quedaba de sí.
No te amo.
Y parecía tan creíble, sí, pudo ser todo una mentira ¿Pudo? El mundo a su pies caía y junto con él lo hacía Clarke también.
-¿Fue todo una mentira?
-Dije lo que creía en el momento, lo siento.
-¿Creíste que me amabas? ¡¿Lo creíste?!
-Lo siento, solo… no me busques más. –Y dicho eso se dio media vuelta para caminar de vuelta al estacionamiento.
Clarke no tenía claridad de qué hacer, el mundo corría en cámara lenta, y ver como Lexa daba pasos firmes sin siquiera parar un segundo para mirar atrás la hizo caer de rodillas en medio del lugar cubriéndose el rostro con ambas manos sintiendo como entre sus dedos se resbalaban sus propias lágrimas, el pecho dolía y un profundo dolor se apoderó de cada centímetro de su cuerpo, estaba sola, de un momento a otro notó como la desdicha la carcomía desde lo más profundo de su ser y hasta las lágrimas.
No supo cuantos minutos estuvo en esa posición, en ese lugar donde desconocidos pasaban mirando y susurrando, riendo y preguntándose qué ocurría con aquella chica, pudieron pasar horas y hasta días sin que Clarke lo notara realmente pero todo volvió a la normalidad, o algo así, cuando sintió un cuerpo cálido acomodarse en el suelo justo a su lado atrayéndola hacia sí.
Deseó por un segundo que fuese Lexa, que esa morena hubiera vuelto arrepentida por cada una de esas mentiras, esas palabras que deseaba fueran mentira, pero ese no era su olor, no era su calor, no eran sus manos acariciando su cabello.
-Hey Clarke, ven conmigo. –Dijo suavemente Zoe.
-La cagué Zoe, perdí a Raven, perdí a Octavia, Lexa me dejó, Lexa me dejó –Su voz se quebró nuevamente –Lexa me dejó. –Repitió como intentando convencerse que no era un simple mal sueño.
-No has perdido a nadie, cariño, las chicas te adoran. –Decidió quedarse justo ahí con Clarke.
-Es demasiado, no puedo…no puedo.
-Ya, linda ¿quieres que te acompañe a tu piso? –Preguntó Zoe y la rubia asintió. –Todo estará bien, ya verás, pero ahora no queremos ser arrolladas por alguna bicicleta o un transeúnte furioso ¿no es así? –bromeó la chica sacando una pequeña sonrisa en Clarke.
Ambas chicas caminaron lentamente hasta el edificio de Clarke, la rubia intentó como pudo explicar a grandes rasgos lo que había ocurrido la última semana, notó que Raven y Octavia poco y nada habían hablado del tema, según Zoe ninguna se veía con ánimos de hablar, apenas había cruzado un par de palabras con alguna de ellas. La chica escuchaba atenta a cada palabra de la rubia, sin interrumpir y asintiendo cuando fuera necesario para invitarla a seguir con aquella triste historia.
-¿Quieres hablar algo más de… eso? –Dijo Zoe una vez abrieron la puerta y entraron.
-No, la verdad. –Soltó una melancólica Clarke.
-Quisiera decir algo antes de que cambiemos de tema, rubia.
-Dime –Dijo desganada y algo resignada.
-Honestamente no creo que Lexa haya estado fingiendo durante las vacaciones, y tú cariño, necesitas despejarte realmente, ha sido demasiado en poco tiempo y hay muchísimas ideas que ordenar, eres una cabezota y eso ahora mismo puede jugarte en contra. ¿Cerveza? –Preguntó tomando dos botellas del refrigerador.
-Por favor –Dijo mientras abría la ventana y encendía un cigarro. –Tienes razón, es muchísimo lo que debo comprender aún –Dio una calada y miró hacia la enorme ciudad que se dejaba ver desde la ventana- ¿Sabes si Raven volverá pronto?
-Domingo en la noche, pero no digas que lo comenté –Guiñó un ojo y le entregó la cerveza fría a Clarke.
Ese fin de semana fue completamente distinto a cualquier otro, tuvo una larga conversación con su madre por teléfono donde evitó completamente su vida personal enfocándose en el inicio de semestre y en los nuevos proyectos para terminar aquella charla en la finalidad de la llamada.
Tal y como Zoe lo dijo Raven abrió la puerta del piso el domingo, eran algo así como las siete con treinta minutos de la tarde cuando pocos rayos se colaban entre las cortinas de la habitación de Clarke quién dormía plácidamente hace algunas horas, no era mucho más lo que hacía, dormir y dejar que el carboncillo hiciera su magia justo hasta el momento en que notaba que sus trazos se convertían nuevamente en Lexa, era cuando se detenía en seco y volvía a la cama.
La rubia se despertó con el movimiento dentro del piso y deseó seguir durmiendo, dormir hasta el día siguiente y no tener que cruzar miradas o palabras con nadie más. Su cuerpo le impidió continuar con su larga siesta a pesar del letargo y como si cada una de sus células hubiera estado en su contra comenzó a sentir incomodidad al estar acostada y no tuvo más remedio que levantarse lenta y silenciosamente mientras la morena dejaba su bolso en su habitación y entraba al baño.
-¿Volverás a tu habitación o apago la luz? –Preguntó nerviosa Clarke.
-Oh –Levantó la vista Raven quien llevaba el cabello recogido –Apágala por favor.
Clarke se dirigió ahora a la cocina para preparase un café, era como si sus músculos estuvieran programados para aquello, cada movimiento era preciso y sin más demora el café estuvo listo, dudó si debía preparar dos tazas pero finalmente decidió hacerlo, tomó la suya para dirigirse a su habitación y dejó la segunda sobre la mesa.
-Gracias –Soltó Raven asomándose por la puerta entreabierta de Clarke.
-No es nada –Dijo la chica.
-¿Clarke? –Dijo algo tímida Raven -¿Estás bien? Supe lo de…
-¿Lo de Costia o lo de Lexa?
-Ambas, lo siento mucho.
-¿Sí? ¿Lo sientes? –Dijo suavemente Clarke pero con un dejo de ironía, realmente no quería nada de aquello.
-Sí, Clarke, realmente lo siento.
-Esto no era un cuento de hadas ¿no es así? Debí saberlo.
-¿Necesitas hablar? –Preguntó Raven dubitativa. -¿Quieres?
-Claro. –Mintió la rubia. –Pero ahora no, necesito terminar sola este café.
-Está bien, hablamos al desayuno ¿sí? –Y aún con duda en cada uno de sus movimientos Raven, al no recibir respuesta alguna cerró la puerta de la habitación dejando sola a Clarke.
La mañana siguiente llegó mucho más rápido de lo que la rubia hubiera deseado pero ahí estaba y no podía evitarlo, sin decir palabra alguna tomó su bolso y abrió la puerta cuidadosamente, el reloj marcaba las 5 en punto de la mañana y el silencio volvió a inundar el pequeño departamento.
Raven se levantó apenas sonó el despertador justo a las 7, apenas sus pies tocaron el suelo se dirigió hasta la habitación de Clarke nerviosa pero dispuesta a ser honesta con quien había sido la persona más importante todo aquel primer semestre. Se dirigió luego al salón donde vio una nota que llevaba su nombre en letras grandes.
Raven:
Lamento no haber sido honesta contigo ayer por la noche pero sabía que no me dejarías marchar así sin más, quizá ya no seamos amigas pero te conozco lo suficiente aunque no lo creas. Hablé con mamá hace unos días así que me quedaré con ellos algunas semanas, no creas que no quiero hablar contigo, aún no he podido ordenar mi mente, lo necesito, necesito paz. Perdón, Rae, perdón por todo. Da un abrazo a Octavia de mi parte, a Harper y Zoe les bastará con que les regales una cerveza,
Hasta unas semanas más
C.G.
