Hola!

Primero que nada... Lamento tanto haberme atrasado de nuevo! Las cosas con los examenes se complicaron, y encima mi profesor hizo que fuera a la recuperación para levantar la nota (ya había aprobado, maldición) Aparte, cuando escribía, debía releer todo y terminaba borrandolo (yo y mi estúpida insatisfacción)

Bueno, al menos ahora solo debo preocuparme por recoger los resultados de mis pruebas, rezo porque haya salido bien en todo.

En fin, los dejo con el capítulo nuevo. Lo hice un poco más largo de lo normal porque no alcanzaba para dividirlo en dos capítulos

Espero lo disfruten. Ahora se desencadena todo el drama n.n


Aunque sabían perfectamente que no estaba ahí por él, que definitivamente era una coincidencia que estuviera parado en la puerta hablando animadamente con Riko y que lo más probable fuera que solo debía recoger su chaqueta e irse de regreso por donde vino, Aomine y Kiyoshi presentían que ese chico significaba problemas para Kuroko. En el entrenamiento del club, la entrenadora no paraba de quejarse por la "farsa" que le hicieron vivir el fin de semana, de cómo el capitán le hizo vivir un infierno al engañarla para ir a un estúpido concierto y de cómo tuvo el descaro de dejarle su chaqueta para lavar, solo para darle una excusa para citarlo el día de hoy, frente a las puertas del instituto. Fue precisamente por eso que Furihata se apresuró a decirle a Kuroko, al salir de los vestidores, para ir con él y con Akashi a comer, con una limosina esperándolos por la puerta trasera, e incluso le dijeron que podría llevar a Kagami de paso que lo ayudaba con su tarea, pero no contaban con que la entrenadora era demasiado vergonzosa como para citarlo en la puerta principal, o salir rápidamente con la chaqueta en mano lista para devolvérsela, claro que no, ella revisaría primero el gimnasio y le daría a cada jugador su nueva rutina para mantener el ritmo en la siguiente temporada de partidos.

Shigehiro estaba esperando recostado contra las rejas, mirando la hora en su celular mientras jugaba con la tierra bajo sus pies. Era obvio que no tenía intenciones de irse en un buen rato.

- Maldita sea, ¿dónde rayos está esa mujer? – Aomine lo vigilaba recelosamente desde la copa de un árbol, aprovechando que Furihata entró en pánico e hizo que Kuroko lo acompañara al baño - ¡Si no se apresura, Kuroko terminará viendo a esa basura!

- Tranquilo Aomine – Kiyoshi hacía su mejor esfuerzo por no lanzarse sobre Shigehiro, pues aún conservaba algo de sentido común – Si Kuroko llega antes que Riko, me aseguraré de llevarlo directamente al gimnasio por una ruta detrás del edificio. Así no lo verá.

- No puedo estar tranquilo sabiendo que ese bastardo puede alterar a Kuroko, y más aún cuando sé que le dará un ataque a Kise. En su estado no podemos arriesgarnos a que convivan, ¡ni hablar!

Kiyoshi entendía los sentimientos de Aomine. Si algo similar le pasara a Hyuga, lo más probable sería que su primer impulso fuera desaparecer al que lo hace sufrir, después de todo, ¿qué era un humano o dos menos en este mundo lleno de pecadores? Pero también era consciente de que matar a un ser humano antes de que llegara su hora iba en contra de las reglas, sobre todo cuando nada tenía que ver con su misión original. Con infierno bloqueado o no, los castigos divinos siempre se cumplen, y si no quería dejar al íncubo desprotegido ni al pequeño cupido, tendría que hacer un esfuerzo por mantenerlo con los pies en la tierra, de forma literal.

Los minutos pasaban, y no había señales de la entrenadora. Aomine comenzaba a desesperarse. Era tanta su preocupación por Kise que no dudo ni un segundo en soltarse del agarre de Kiyoshi y pedirle que vigile mientras que él iba en busca de Riko. Se adentró en las instalaciones hasta llegar al gimnasio, y lejos de verla hacer el inventario o hablar con algún jugador despistado, ella estaba frente a la puerta, debatiéndose internamente si era buena idea cerrar todo de una vez e ir a terminar con su recado, o si tal vez debería hacer nuevamente el inventario.

- Una última vez no haría daño…. – Se dijo a sí misma, y de nuevo se adentró en el almacén de equipo deportivo.

Pasó la lista de cuantos balones desinflados había, el estado de las redes para cambiar la cesta de vez en cuando, como estaban las cintas que usaba para los entrenamientos, las colchonetas y por último los caballetes para mejorar la agilidad de los nuevos. Reviso que no faltara ni un solo balón y que todo estuviera en su lugar, confirmando por cuarta vez que todo estaba en su sitio, en perfecto estado y sin ningún error en su conteo. Dejó las puertas abiertas mientras agarraba sus cosas, y al lado de su mochila, en una bolsa de papel con asas, perfectamente planchada y con olor a jazmines, estaba la chaqueta de Shigehiro, lista para ser entregada sin problemas a su dueño original. Riko dudo en tomarla, pero a fin de cuentas debía devolverla y no podía dejarla en el gimnasio, no cuando algún estudiante podría tomarla y jugar con ella, sin considerar todo el tiempo que se tomó en lavarla hasta que se le quitara el olor a cerveza y cigarrillos o cuanto le costó doblarla sin que se arrugara luego del planchado.

Siendo honesta, Riko no tenía muchas ganas de devolverla. Estaba nerviosa, y aunque sabía que estaba haciendo mal, pensaba en que tal vez podría fingir que la olvidó en su casa. De esa forma tendría una excusa para hacer que Shigehiro fuera a verla de nuevo, y quizás en esta oportunidad podría hacer que la acompañara a ver algunas tiendas de artículos deportivos, como una excusa para conocerlo más a fondo. Sabía de antemano lo que le hizo a Kuroko, y aunque le daba rabia que lo apartara de forma tan cruel, tampoco podía decir que no entendía lo que hizo. En secundaria pasan muchas cosas por nuestras cabezas: exámenes, tareas, hacer amigos y divertirse; obvio ella quiso hacer todas esas cosas, pero sus gustos "excesivos" por el básquet y todo lo relacionado al deporte la volvieron alguien apartado del resto, sin oportunidad de hacer amigas reales o ser tratada como una chica por los niños de su clase. Sabía lo que era el miedo a ser apartada, y aunque eso no era justificación suficiente para tratar a uno de tus mejores amigos como una plaga, tampoco podía decir que lo que hizo Shigehiro fuera del todo su culpa. Seguro era un muchacho que buscaba ser aceptado, y si medio mundo lo confundía con un gay o lo señalaban por ser amigo de uno, obviamente entraría en pánico y haría una estupidez. Quería a Kuroko, era un jugador extremadamente importante en el equipo y se llevaba bien con todo el mundo, incluida ella cuando le pedía consejos para mejorar su rendimiento en la cancha, no había nadie tan dedicado como Kuroko… Pero tampoco podía dejar de lado los sentimientos de Shigehiro, después de todo, él fue el único chico que lo trató como una estudiante de preparatoria cualquiera y no un amigo más del montón.

Cuando sintió un leve latido salir de su pecho, sacudió la cabeza y trató de calmarse. Se repetía a sí misma que solo era algo de simpatía y nada más, que en su cabeza solo existía el básquet y que bajo ninguna circunstancia pasaría de eso, ni hablar.

- Quizás revisar el gimnasio una última vez me quite tremenda estupidez de la cabeza.

Antes de que pudiera entrar, las puertas se cerraron muy bruscamente, poniendo el cerrojo por dentro de forma instantánea. Riko trató de abrirlo, pero la puerta parecía atorada, y no quería lastimarse los dedos, no cuando tenía uniformes que coser y escribir algunas tácticas de jugadas para hablarlas con Hyuga el día de mañana.

Aomine sonrió al ver que la chica ponía la llave por fuera también e iba a entregarla a un profesor que pasaba cerca. Le importaban tres hectáreas del jardín de Akashi lo que pasara por el corazón de Riko, a él solo le preocupaba Kise y Kuroko, si ella quería tener su romance, tendría que esperar.

- Apresúrate y termina con esto de una vez, chica plana….


Kuroko había salido del baño luego de media hora de esperar a Furihata. Su amigo le había pedido que por favor lo acompañara al baño, ya que no se sentía muy bien y quería refrescarse la cara. El chico de cabello acaramelado se metió a uno de los retretes y no salía, alegando que se sentía demasiado mal y que llamaría a Akashi para que le preparara alguna medicina o algo así antes de comer. Kuroko le aconsejo que mejor dejaran la salida para otro día y él iría al Magi Burger con Kagami como siempre, pero Furihata insistió en que era una rara oportunidad, y que lo mejor que podían hacer era aprovecharla, incluso si tenía que ponerse 20 inyecciones para evitar vomitar la deliciosa carne que les esperaba.

Al ver que su amigo no saldría en un buen tiempo, Kuroko aprovechó que "el enfermo" estaba hablando por teléfono desde el otro lado de la puerta para salir y esperar la limosina de Akashi por su cuenta. Era un buen amigo a su parecer, pero tampoco podían abusar de su amabilidad si esperaba que se quedara ahí escuchando los sonidos raros de su estómago.

Caminó hasta la puerta trasera, y lo primero que sintió fue sorpresa al ver a la entrenadora ahí paraba hablando nerviosamente con alguien. Kuroko no era una persona especialmente chismosa, pero nunca antes vio a Riko así de nerviosa, ni en sueños se lo imagino, le tenía mucho respeto para eso. Además, era bien sabido que ella no se ponía nerviosa por nada en lo absoluto, así que averiguar la causa podía considerarse como un "beneficio" para ayudarla si se ponía así en futuros partidos. Se acercó lentamente por el sendero de árboles hasta quedar detrás de un cerezo especialmente grande, asomó cuidadosamente la cabeza y ahí lo vio, con su sonrisa brillante y su cabello alborotado, llevando su uniforme junto a una bolsa que Riko tuvo en la mañana. El alma se le cayó al cuerpo junto a su maletín cuando sus manos empezaron a temblar y sus hombros se tensaron, producto de los nervios. Trató de agarrar sus cosas de nuevo, pero tuvo la tan mala suerte de tener el cierra mal cerrado y todos sus libros estaban esparcidos por el suelo. Justo cuando creía que nada podía ser peor, sintió su presencia rozarle el hombro a la par que le ayudaba con sus libros.

- Hola Kuroko, ¿necesitas ayuda? – Shigehiro solo preguntó por cortesía, pues todos los libros que habían caído por su lado ya estaban en sus brazos – Aquí tienes.

- Gracias….

Estaba demás decir que se sentía terriblemente incómodo. Se suponía que ya lo estaba perdonando, pero verlo de nuevo sin nada de apoyo, era casi como lanzarlo a un partido solo contra toda la NBA. Sus manos temblaban al recibir los libros, y no pudo guardarlos adecuadamente sin su ayuda por la torpeza de su cuerpo al tenerlo tan cerca. Trataba de mantener su semblante calmo frente a él, por lo menos ahora hasta que la limosina de Akashi llegara, una vez que estuviera cerca se excusaría de alguna manera y huiría, sería fácil despistarlo, estuvo entrenando años para situaciones como esa.

- Disculpa – Riko los interrumpió, sin darse cuenta del estado de Kuroko – Ya te di tu chaqueta, así que me voy.

- No, por favor – Shigehiro alcanzó a agarrarla del brazo, deteniendo su caminar – Quédate. No te he agradecido apropiadamente por lavar mi chaqueta.

- Lo hice por compromiso, y para no deberte ningún favor. Ahora suéltame, tengo que ir a casa.

- Por lo menos déjame invitarte a comer algo. Seguro tienes hambre después de las actividades del club.

- No es necesario….

- Kuroko – Shigehiro alcanzó a tomarlo del brazo a él también, aprovechando que estaba distraído viendo una forma de escapar – Tú también deberías venir. Así podremos hablar los tres, como en los viejos tiempos.

- Yo ya quedé con alguien….

- Puedes decirle que venga, no tengo problemas en invitar la comida a alguien más.

- Pero yo….

- ¡Kuroko!

Kagami apartó al joven fantasma de las manos de Shigehiro y lo abrazó de forma posesiva. Le dedicó una mirada de miedo como advertencia para mantener su distancia, pero el joven no se inmutó, todo lo contrario, sonrió dulcemente sin soltar la mano de Riko.

- Hola Kagami, hace tiempo no te veo.

- Lo mismo digo – Kagami sabía que ese tono solo era pura cortesía, no era tan tonto como para ignorar los gestos que hacía, no cuando sabía perfectamente que su presencia alteraba a Kuroko – Y bien, ¿qué asuntos tienes aquí?

- Estaba invitando a esta jovencita junto a Kuroko para cenar fuera, pero Kuroko dijo que ya quedó con alguien.

- Sí, quedó conmigo para ir a cenar ¿Tienes algún problema con eso?

- Para nada, si quieres puedes venir, no tengo problemas con eso.

Su mirada tranquila lo sacaba de quicio, su sonrisa radiante le irritaba, su postura y la forma en la que la entrenadora no hacía esfuerzos por soltarse de su agarre le fastidiaban. ¿Qué tenía que hacer para deshacerse de él? ¿Acaso tendría que sacar su pecho bien trabajado o vencerlo en un partido uno a uno para que ya se fuera? Estaba dispuesto, por supuesto que sí.

Los gestos que la entrenadora le hizo desde su lado lo sacaron de su trance. Ella trataba de susurrar lo que quería, pero al ver que Kagami no entendía, sacó su teléfono y comenzó a escribir. Un texto llegó al celular de Kuroko, y después de leerlo, se lo mostró a Kagami.

De: Riko

Para: Kuroko

Asunto: Solo una comida

Chicos, por favor, se los ruego, ayúdenme con este tipo. Si me lleva sola, seguro dirá alguna excusa para arrastrarme a otro lugar horrible de nuevo. Solo tienen que pedir comida hasta hartarse o dejarlo con la billetera vacía y ya, nada más. Por favor.

Su educación, impartida por Kuroko, le decía que no podía ignorar un pedido de auxilio por parte de una chica, y menos si se trataba de su entrenadora demoniaca que podía darles entrenamiento extra si lo deseaba por no haberla ayudado. Kagami seguía fastidiado, pero si podía sacar de quicio a ese idiota, pues al menos tendría que dejarlo con la billetera vacía hasta el próximo mes. De hecho, si tenían suficiente poder, bien podría abusar un poco ¿cierto?

- Bien – dijo Kagami, soltando un poco a Kuroko y haciéndole señas para que escribiera a Furihata por el cambio de planes – Pero vas a tener que esperar a nuestros amigos. No íbamos a comer solo nosotros dos.

- ¿En serio? – Shigehiro se sorprendió un poco, pero no se dejó intimidar por eso - ¿Cuántos más son?

- Solo dos, no te preocupes mucho.

La limosina de Akashi llegó 2 minutos después. De ella bajó el emperador, con una bolsa de medicinas para su pareja, aunque solo fuera mera apariencia. Su sorpresa fue mayor cuando vio a Shigehiro ahí parado. Ahora entendía el mensaje de su pareja.

"Cambio de planes. Una cena con el enemigo"

Bien, él no era nadie para contradecir a su pareja. Si tortura era lo que quería, tortura era lo que le daría.


El mundo estaba dando vueltas. Los árboles no se quedaban en su sitio y el suelo parecía temblar. Seguro era algún desastre natural masivo que Dios había mandado para él por hacer que sus querubines se pelearan para ver quien le hacía la mejor corona de flores hace tiempo, o por haberse metido en las termas divinas del cielo para tomar un baño con el permiso de algún ángel que lo adoraba, o quizás por haber jugado con las flechas de cupido para ver si podía juntar a dos ángeles. De no ser porque Hyuga le repetía que se mantuviera consiente, lo más probable es que hubiera tratado de volar para prevenir a la humanidad del fin del mundo.

Su pecho se sentía algo oprimido, apenas podía caminar y ni hablar de los mareos. La idea de Kuroko encontrándose con algo desagradable invadía su mente, y su temor aumentaba conforme los mareos se hacían más intensos. Se sentía tan impotente de no poder moverse por su cuenta para socorrer a ese pobre chico, no se merecía nada de esto y aun así se estaba sintiendo intimidado por alguien que no tiene el derecho de molestarlo, sin saber siquiera quien es y lo que vale en la vida del mortal. Si pudiera pedir un solo deseo, sería sentirse mejor inmediatamente solo para proteger a su encomendado, eso sería suficiente.

- Tranquilo Kise – Hyuga trataba de mantener sus ojos abiertos, solo para asegurar que se pondría mejor dentro de poco – Ya casi llegamos al lado de Kuroko.

- Aomine seguro lo está protegiendo bien, tú preocúpate por ti ahora.

Aomine…. Le debía tanto a ese demonio. Al conocerlo, su primera impresión fue que era un demonio tan cruel y sanguinario como aparentaba, que no le importaba en lo más mínimo los sentimientos de Kuroko y lo único que llamaba su atención era fastidiar a la gente. Sin embargo, conforme fue conociéndolo un poco más, se dio cuenta de que en realidad no era tan malo: le ayudó cuando Kuroko no sabía cómo llamar la atención de Kagami, lo defendió cuando se volvió a encontrar con Shigehiro, cuidó de él cuando estuvo débil e indefenso a su merced en vez de hacerle daño, y sobre todo… No tomó su pureza cuando tuvo más de una oportunidad para hacerlo. Para qué negarlo, Kise había entendido perfectamente que su sentido del peligro era casi escaso, Aomine pudo haberse aprovechado de él por eso, y aun así, ahí seguía, con sus bellas alas blancas y su "corazón" intacto. Por más que su razón le decía que no debía confiar en un demonio, su corazón lo empujaba a acercarse más a él, sin miedo ni vergüenza, porque Aomine había demostrado que era un demonio, pero ciertamente, era uno de confianza. Siendo así, ¿estaba bien contarlo como un amigo? O quizás… ¿hasta algo más?

Kise no pudo seguir pensando, pues ni bien llegaron, lo primero que vio fue al pobre de Kuroko siendo abrazado por Kagami. En ese momento, un poco de su fuerza regresó a él, la suficiente para pararse por su cuenta y caminar lentamente hasta donde estaba Aomine. La primera reacción del íncubo al sentirlo cerca fue de ayudarlo a caminar, pero Kise hizo un gesto con la mano para indicarle que estaba bien y no necesitaba de su ayuda para mantenerse en pie.

- Así que el causante del malestar era Shigehiro – Kise se cruzó de brazos y suspiró apenado – Y yo que creía que Kuroko finalmente lo había superado.

- No seas idiota – Aomine alzó el puño en señal de amenaza, pero se contuvo al ver que el estado de Kise no era muy bueno – Un ser humano necesita de mucho tiempo para sanar sus heridas. Además, es obvio que este tipo no vino con buenas intenciones.

- ¿Tú crees?

- ¿Creerlo? Por favor, he visto actos mejores que este. Y lo peor del asunto es que está incluyendo a más de una persona en su trampa – Aomine señaló a Riko, quien caminaba a la puerta "agarrada" de la mano de Shigehiro – Esa chica también está metida en esto.

- Pero… ¿Por qué la necesitaría?

- Pues para acercarse a Kuroko.

Kise soltó una risotada y palmeó la espalda de Aomine. El íncubo se molestó por el gesto, pues él no creía que fuera cosa de broma.

- ¿De qué te ríes? ¡Sabes que tengo razón!

- Bueno…. Simplemente creo que exageras – Kise los volvió a señalar, pero esta vez hizo que Aomine se fijara bien en el corazón de cada uno – El corazón de Shigehiro parece tener el nombre de Riko, y la entrenadora está cultivando el hermoso sentimiento de amor por él. No creo que la esté utilizando.

Todos callaron cuando vieron a Akashi llegar en su limosina y a Furihata correr desesperado para alcanzarlos en la puerta. Kise se apresuró a seguir a Kuroko mientras se subía al auto y Aomine se quedó ahí, mirándolo con decepción y un poco de frustración.

- Cómo se nota que no conoces a los seres humanos Kise….


Todos llegaron a un restaurante de carne en el centro, en un rincón algo apartado de la plaza, con un estilo elegante tradicional. Kagami había escogido ese lugar por pertenecer a la familia de Akashi, sabiendo que les podría conseguir una habitación privada y mejor servicio. Si iba a fastidiar a alguien, lo haría en las mejores condiciones. Akashi aplaudió internamente su estrategia, y por supuesto no tuvo problemas para conseguir lo que quería. Furihata, por su parte, pensaba que estaban actuando un poco infantiles, pero su lado malvado le decía también que ese chico había hecho mucho daño a Kuroko y merecía ser castigado por ello.

- Vaya... – Shigehiro se sorprendió al ver lo rápido que los atendieron para conseguir la habitación privada, además de todos los lujos que les daban por ser amigos de Akashi.

- ¿Sorprendido? – Akashi hizo que trajeran un buen cojín para Furihata y Kuroko, mientras que Kagami rechazó la cortesía y le dio su cojín a Riko, él estaba bien con sentarse en el suelo de tatami – Puedo hacer que cierren el restaurante si te molesta el ruido de afuera.

- No, no es necesario….

Akashi sonrió complacido al ver que Shigehiro estaba intimidado con su sugerencia. Para que la cena fuera "exitosa", debía hacer que su invitado se sintiera "cómodo", aunque no era precisamente su invitado, pero ¿quién se fijaba en esos detalles cuando se trataba de defender a un amigo? El emperador pidió un poco de juego, e insistió en que iba por cuenta de la casa.

- ¿En serio está bien?

- Por supuesto – Akashi le dedicó una sonrisa tranquilizadora mientras le respondía – Ya pagaras por la comida, mínimo déjame invitar los refrescos.

Shigehiro no estaba del todo convencido, pero rechazar la oferta hubiera sido aún más grosero. Al darles el menú, entendió que quizás había tomado la decisión correcta. Los precios no eran caros, pero se preguntaba si su billetera podría aguantar el apetito de sus invitados, sobre todo el de Kagami que no paraba de mirar las parrillas. De todas formas ya había llegado hasta ahí, y había prometido invitar la cena, no había vuelta atrás.

- ¿Ya saben que van a ordenar? – Todos asintieron ante la pregunta de la señorita que tomaba la orden, sonriendo tiernamente mientras anotaba todos los pedidos.

Al principio, pensó que solo estaba exagerando, pero al ver todos los platos que pidió Kagami, confirmó que su instinto no se equivocaba. El tigre de Seirin sin duda tenía un apetito voraz: carne de res a la parrilla con papas, pollo rostizados con salsa, puerco frito con jengibre, sopa de miso con carne al lado, pescado frito a la parrilla con tomates y lechuga, yakisoba y un poco de ramen para acompañar. Lo único que faltaba en ese menú era el especial de tres carnes con cebolla y algunos aperitivos. Akashi se encargó de completar el pedido con el especial para compartir con Furihata, mientras que Riko y Kuroko se conformaban con un ramen simple. Shigehiro, al ver que la cuenta le saldría muy cara, decidió pedir puerco frito con jengibre, de todas formas si iba a gastar el dinero, lo haría bien.

Los pedidos llegaron después de media hora. No culpaban a los cocineros por el retraso, después de todo Kagami no se contuvo al momento de pedir. Por precaución, la camarera le dijo a Akashi que toda la carne se había acabado y que por el momento no podrían servir más que eso.

- No se preocupe – respondió con serenidad – Asegúrese de llenar nuevamente la despensa para el resto de clientes, nosotros duraremos con todo esto.

Akashi quería fastidiar a Shigehiro, pero también debía cuidar el negocio. Después de todo, lo heredaría algún día junto con todos sus bienes cuando fuera tiempo.

Todos estaban rodeando a Kuroko: Kagami estaba a su izquierda, Shigehiro consiguió sentarse a su derecha con Riko, Akashi estaba frente a Shigehiro y Furihata se sentaba al lado, frente a Kuroko. La cena fue relativamente tranquila. Kagami cuidaba que Kuroko no se alejara de su lado o que no hablara mucho con Shigehiro, para mantenerlo así, Akashi lo distraía con preguntas simples pero que de alguna forma hacía que se concentrara en contestarlas mientras que Furihata hablaba con Kuroko sobre algún examen o tarea pendiente. Riko, por su parte, se dedicaba a comer y no hacer contacto visual con Shigehiro, aún le resultaba incómodo incluso con tanta gente cerca.

Kise veía todo desde un rincón apartado junto a Aomine, comiendo un poco del plato de Akashi por cortesía de él mismo. Aomine estaba más tranquilo después de ver que Kagami no paraba de vigilar a Kuroko, pero aún estaba inquieto, no por la presencia de alguien, sino porque le faltaba compañía. Era en esas ocasiones que el íncubo agradecía la mente tan despistada que tenía Kise, sino habría preguntado y él no sabría darle calma.

"¿Dónde mierdas está Haizaki?"

La falta de aquel demonio le estaba preocupando. No sabía lo que planeaba, pero verlo al lado de Shigehiro le daba algo de calma, porque por lo menos sabía dónde estaba. Ahora, tenía miedo de que apareciera de la nada y arruinara el ambiente, o peor, que hiciera todo en silencio y los atacara solo a ellos.

- ¿Aominecchi? – Kise dejó de comer y lo vio confundido - ¿Qué pasa?

- Nada importante…

- ¿Seguro?

- Claro, ¿por qué lo dudas?

- Pues porque estás apretando mucho mi brazo – Kise señaló la mano de Aomine, que casi enterraba las garras en su pobre brazo – Tranquilízate, no creo que nada….

Kise no pudo terminar la oración, los mareos se lo impidieron. Aomine agradecía que lo estuviera sosteniendo de forma inconsciente, sino no podría haber evitado que se cayera de cara. El ángel se sostenía la cabeza tratando de soportar los mareos sin necesidad de desmayarse otra vez, no eran tan fuertes como hace rato pero aún no estaba del todo recuperado, y un nuevo ataque quizás era demasiado para él.

Aomine dirigió la vista hacia Kuroko esperando encontrar alguna explicación. Todo parecía normal, salvo por el hecho de que Shigehiro apartaba la mano de la rodilla del peli azul.

"Extraño" pensó. Dejó a Kise recostado sobre la pared del cuarto y se acercó para ver mejor lo que pasaba. Kuroko tenía la vista perdida en su plato de ramen, no decía nada y parecía no querer comer más. Sus manos estaban sobre sus rodillas y apretaban con fuerza la tela del uniforme. ¿Qué había pasado?

- ¿Kuroko? – Furihata dejó a un lado su plato y se acercó para verlo más de cerca - ¿Qué pasa?

- No… - Kuroko se dio cuenta de su comportamiento y agarró los palillos para seguir comiendo. No quería levantar sospechas – No es nada, solo pensaba en el examen de la próxima semana sobre literatura japonesa…

- ¡Cierto! – Kagami dejó de comer y lo vio con ojos suplicantes – Kuroko, ¿me ayudas a estudiar? Tengo que sacar 60 puntos o más para evitar las recuperaciones.

- No hay problema….

- ¿Seguro que no terminaras yendo de todas formas? - Furihata sabía de la capacidad craneana de Kagami, que no era mucha en realidad.

- ¡Cállate! ¡Estoy seguro de que con la ayuda de Kuroko puedo evitarlas!

- No hago milagros Kagami…

Kuroko siguió comiendo, aun cuando Shigehiro pasó su mano nuevamente por su rodilla, pero esta vez fue por el muslo hasta alcanzar una de sus manos. Aomine vio como una nota era pasada entre sus dedos y Kuroko cerraba el puño con fuerza. Se maldecía por no poder hacer nada para verla, porque si usaba uno de sus trucos o hacía que Kuroko la abriera con tantas personas alrededor, habría problemas. Espero a que todos terminaran e hizo que Kuroko se excusara para ir a los servicios, tuvo que aceptar la compañía de Furihata, era mejor que la de Shigehiro que parecía querer seguirlo. Una vez que lo tuvo encerrado en uno de los retretes, abrió la nota. No existían palabras que describieran su rabia al ver el mensaje.

"Me alegra ver que lograste encontrar un nuevo amor. Kagami parece un buen chico. ¿Y si me llamas para hablar sobre esto? Ya sabes, como viejos amigos

PD: No la vayas a decir a nadie, es nuestro pequeño secreto ¿sí? A no ser que quieras que Kagami lo sepa"

El número de ese chico estaba anotado en el papel junto con una dirección. Era obvio que esa charla no iba a terminar en una llamada, y apostando por la mirada llena de terror en el rostro del fantasma, sin duda alguna iba a acatar todo lo que decía por más que su razón estuviera en contra.


Terminada la cena, cada uno se fue por su lado. Kagami dijo que iría con Kuroko a su casa para estudiar y hacer la tarea, no era cierto, pero peor hubiera sido que Shigehiro lo siguiera a su casa. Akashi se ofreció a llevarlos junto a Furihata, pero Kuroko insistió en caminar con Kagami a solas. Shigehiro dijo que iría con Riko hasta la parada de buses, y aunque ella quería negarse, la acompañó de todos modos, no sin antes pedirle su número a Kuroko.

- Te lo puede dar otro día – Kagami trató de apartarlo de Kuroko, pero Shigehiro insistía.

- Vamos, estamos tratando de amistarnos de nuevo, ¿cierto Kuroko? – Su mirada fría camuflada con una sonrisa fue suficiente para hacer que Kuroko temblara un poco. Shigehiro sabía su secreto, y ahora lo mejor era cooperar para evitar que fuera a mayores.

- Sí… Intercambiemos números…. Por la amistad….

Luego de guardar los contactos, Shigehiro se despidió tomando a Riko de la mano, aun cuando ella protestaba y pataleaba para que la soltara.

Durante el camino, Aomine cargaba a Kise en la espalda para evitar que hiciera esfuerzos, ya lo dejaría hacer lo que quisiera cuando llegaran a su "nido" en el árbol de Kuroko. Tal como suponía, el ángel estaba muy cansado, y no solo por los ataques que tuvo hoy, sino también por el estado mental por el que pasaba su protegido. ¿Qué era esa desfachatez de estarle mandando notitas para amenazarlo? ¿Acaso se creía un matón? Dijo que quería arreglar las cosas, pero ahora solo está empeorándolo todo. Además, si tenía algo que decir, pudo haberlo dicho en la cena, no creía que alguien se diera cuenta de todos modos.

Una vez que llegaron a la casa de Kuroko, Kagami se despidió de él y se fue directo a la estación de buses para acortar el camino a su departamento.

- ¿No ibas caminando? – Kuroko se extrañó por la repentina necesidad de usar el transporte público. Kagami siempre decía que era una pérdida de tiempo.

- Bueno… - Kagami, viéndose atrapado, no pudo ocultar su secreto – La verdad es…. Yo…

- ¿Kagami?

El chico suspiró derrotado y se decidió por decir la verdad. ¿Qué más daba? No es como si pudieran odiarlo por una mentirilla piadosa.

- La verdad es que descubrí un bus que me llevaba cerca de mi casa hace un tiempo. Pero no lo tomo mucho que digamos.

- ¿Por qué? Siempre sales apurado del Magi Burger cuando terminamos de comer.

- Eso es… Porque me gusta pasar el tiempo contigo.

Ambos terminaron rojos de la vergüenza. Kagami por ocultar lo del bus por una razón tan tonta, y Kuroko por sentirse emocionado de escuchar esas palabras. Kagami se despidió rápidamente y fue corriendo a la estación más cercana. El fantasma se metió en su casa con una gran sonrisa. Todo parecía ser un bello sueño…. Hasta que el timbre de su celular lo alertó de una llamada entrante.

Aomine dejó a Kise recostado sobre la rama que usaban para dormir, y al ver como a Kise le daba un escalofrío que subía por su espalda, entendió que la llamada era de Shigehiro. Conectando su mente a la de Kuroko, escucha claramente las palabras de Shigehiro.

"Mañana quiero verte después de la práctica. Asegúrate de esperarme en la estación, y ven completamente solo"

La sangre se heló en Kuroko y a Kise le dieron mareos aún peores, acompañados de nauseas. ¿Aomine? Él solo espero a que Kuroko colgara para controlar su mente y hacer que llamara a Kiyoshi para informarle de la reunión secreta.


¿Qué tal?

Parece que Shigehiro decidió sacarse la máscara y empezar su papel de malo, el único problema es... ¿Dónde está Haizaki?

Riko parece tener sienta atracción por Shigehiro, Kagami está mostrando sus sentimientos, y Kise parece estar sufriendo mucho por los ataques que Kuroko le causa por su estado de animo.

Ahora, las preguntas de la semana:

- ¿Qué le hará Shigehiro a Kuroko?

- ¿Kagami podrá demostrar sus sentimientos a Kuroko antes de que sea "demasiado tarde"?

- ¿Qué será de Kise ahora que Kuroko verá a Shigehiro?

- ¿En dónde está Haizaki?

- ¿Qué pasó con Momoi?

Todas estas preguntas serán contestadas más adelante... Quizás ¬u¬

En fin, nos leemos en el próximo capítulo!