CAPÍTULO 25
—El éxito te sienta bien, Letty , estás preciosa —dijo Dom tomándole el rostro entre las manos—, pero no pienso pasarme toda la noche esperando para ver qué llevas debajo de ese vestido.
Letty se rio. El flirteo le ayudaba a aplacar la angustia que la había acompañado desde la conversación que había mantenido con Ruth aquella tarde.
—Ruth me ha dicho que solo le queda por presentarme a un cliente más, y luego nos vamos corriendo, ¿de acuerdo?
—¿Seguro que no puedes esperar a que lleguemos a nuestra suite? —le preguntó Dom .
—Necesito refrescarme un poco —contestó Letty , disfrutando de su impaciencia.
—De acuerdo, pero date prisa. Me siento como si llevara meses esperando.
Letty tomó la esquina de la falda del precioso vestido que había elegido para aquella velada, y entró en el baño de mujeres sin apenas fijarse en una de las modelos del desfile que estaba frente al espejo. Sí, podría haber esperado a llegar a su habitación, pero necesitaba unos momentos a solas para repasar lo que le iba a decir a Dom y cómo se lo iba a decir. Letty se metió en uno de los baños y se sentó sobre la tapa del inodoro, tomó aire y suspiró. Aquello no tenía por qué ser el fin, podía ser el principio de algo muy bonito. Dom se había mostrado especialmente amable aquella noche, había recortado la distancia entre ellos. Letty estaba muy emocionada y se dijo que debía calmarse antes de subir a la suite con él. No quería estar nerviosa cuando le dijera que lo quería, sino serena y tranquila.
Cuando se disponía a salir, oyó que entraba otra persona.
—Hola, Marta, qué bien te veo, ¿cómo lo haces?—Muriéndome de hambre —contestó la modelo, haciendo reír a su interlocutora.
—Te he visto saludando a Domimic Toretto —añadió la otra—. ¡Qué guapo es! No sé cómo pudiste dejarlo.
Letty se quedó petrificada. Así que la supermodelo era otra de las conquistas de Dom.
—No es oro todo lo que reluce, te lo aseguro.
—¿Por qué dices eso? —preguntó la primera con curiosidad.
Letty se volvió a sentar. No había derecho a que la gente hablara de los demás así.
—Es impotente. No se le levanta.
Letty ahogó un grito ante la brutalidad de aquella mujer. Menos mal que el grito de su acompañante fue más fuerte y nadie la oyó.
—Estás de broma, ¿no? Pero si era el soltero más codiciado de Londres.
—Ya, es horrible, ¿verdad? —contestó Marta.
—Es tan irónico que me parece incluso divertido —comentó la otra escandalizada y divertida ante el jugoso cotilleo.
Letty sintió que el estómago se le daba la vuelta, y que la ira la cegaba.
¿Cómo se atrevían aquellas mujeres a burlarse de las secuelas que Dom hubiera podido sufrir después del accidente?
Y además, no era cierto. Ella podía dar fe de que no era cierto. Sin embargo, en lugar de salir y poner a aquellas arpías en su sitio, se quedó helada. Siempre se había preguntado por qué Dom la encontraba tan irresistible, por qué la había buscado y perseguido de aquella manera, por qué la deseaba tanto cuando podría haber tenido a cualquier mujer. Sobre todo al principio, cuando su falta de experiencia había sido palpable.
¿Se habría empeñado Dom en estar con ella para hacerle un favor, y ahora que ya estaba completamente recuperado le parecía aburrida y por eso se mostraba distante?
Letty se quedó un rato más allí sentada, y cuando comprobó que estaba sola, salió y se lavó las manos. Al mirarse en el espejo, pálida y triste, se dio cuenta de que toda la emoción y la alegría de hacía unos minutos se habían evaporado.
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