PECADOS EN LA SANGRE


Capítulo XXIV

"La desgarradora certeza"

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El amanecer terrícola, ahora lo conocía.

Casi tuvo deseos de llorar al ver cómo el sol hacía su aparición dando fin a la oscuridad, al ver al cielo mutar en distintos colores para llegar al ansiado azul, color al que ya no odiaba tanto...

O por lo menos eso intentaba.

¿Cómo odiar al color que Pan había visto toda la noche en sus ojos? ¿Cómo odiar a la mirada a la cual ella se había vuelto adicta en tan sólo un instante?

Imposible... Pan parecía disfrutar de sus ojos, motivos para odiar algo que a ella le gustaba no existían...

Ella... Seguramente seguiría durmiendo dentro de la nave.

Durante toda la noche, él y Pan se habían dedicado a conocerse, a saborearse, a tomarse el uno al otro y a beber la sangre como si de agua se tratara... ¡Unidos! Sí, lo estaban... No era un sueño, no era una utopía...

Ya no estaba solo, y la idea se le hacía demasiado difícil de creer.

Ella había caído rendida en sus brazos en medio de la noche, agotada y con un rostro que mostraba claramente la satisfacción, el placer atendido correctamente, excelentemente... Se sintió lleno al saber que él era quien había puesto todos esos sentimientos en ese feliz aunque agotado rostro.

Con delicadeza y junto a las pocas fuerzas que aún conservaba después de tanta pasión, Trunks la había llevado a la nave de Kakarotto, recostándola en la parte trasera, envolviéndola con todas las cobijas que encontró.

Se dio el placer de recostarse a su lado y abrazarla, durmiéndose al instante de hacerlo. Por primera vez, el Príncipe concilió perfectamente el sueño, durmiendo como jamás lo había hecho y más cómodo que nunca... ¿Cómo no estar cómodo junto a ella? Ese calor que su muchachita desprendía junto al aroma exquisito era imposible, ella era imposible... Perfecta, sencillamente perfecta.

Sin embargo, cuando estaba a punto de amanecer, Trunks despertó con una sensación extraña en su pecho.

Confundido, robó un par de cobijas a Pan y las envolvió en su cintura para tapar así su desnudez, saliendo de la nave y sentándose junto a ésta, observando los distintos matices del cielo...

¿Qué era esa sensación? Ésta nunca dejó de embargarlo, sumiéndolo en un hechizo desconocido. Sentía algo demasiado extraño y complicado de explicar.

Imposible de explicar...

Tocó su pecho cuando vio los primeros rayos del sol, entendiendo que sentía "algo", que ese algo que sentía le decía que "alguien" estaba cerca, que alguien lo estaba esperando...

"¿Mamá?".

Él no sabía lo que era tener una madre, por lo cual estaba imposibilitado de comprender por lo menos un poco a esa sensación...

"Mamá...".

¿Ella viviría? Por algún motivo, tenía la sensación de que sí.

"Espero no equivocarme...".

Deseaba verla, tocar su rostro y contemplar su belleza. Abrazarla y sentir su calor, ese famoso "calor maternal" que hasta un saiyan era capaz de conocer...

Quería llorar como un bebé en sus brazos, decirle todo lo que embargaba a su corazón, confesarle todo su sufrimiento.

Y la sensación siguió abrumándolo...

Parpadeó sin dejar de mirar el perfecto cielo terrícola, permitiéndose llorar entre la tristeza, la ansiedad y la inevitable felicidad...

"¿Eres tú, mamá?".

¿Por qué la ansiedad lo carcomía con tanta propiedad?

—¿Por qué siempre arruinas todo? —le preguntó una voz repentinamente—. Debía despertar a tu lado, principito azul...

Volteó hacia la voz y se encontró con Pan, envuelta en cobijas que tapaban la más resplandeciente belleza así como él, quien lo miraba desde el umbral de la puerta de la nave con claro rencor.

Se sonrojó por sus palabras, sabiendo que ella tenía razón.

—Lo siento, linda... —respondió débilmente—. Me entretuve mirando el amanecer...

Ella avanzó hacia él, sentándose a su lado en el suelo.

—Es cierto, ya amaneció —exclamó la muchacha—. ¿Pero realmente te "entretuviste"? Porque no creo que sea sólo eso...

Increíble, pero ella logró captar perfectamente su sentir.

Qué transparente era su mirada... Ahora lo sabía.

—Tengo una especie de presentimiento... —intentó explicarse torpemente—. No sé qué es, pero lo siento aquí... —y puso una mano sobre su pecho.

Pan lo miró despectivamente.

—Tu mamá está aquí, la estás sintiendo, no me preguntes cómo, tal vez sea algo terrícola...

Extraña pero, a lo mejor, atinada explicación.

Aún no conocía a su raza materna y ésta le era un misterio demasiado grande.

—Puede ser... —murmuró.

La muchacha rió entre dientes, levantándose del suelo y extendiendo su mano hacia él.

Sonrió encantadoramente, aunque sin abandonar su dejo orgulloso, ese atisbo de altivez que ella tenía como todo saiyan.

Esa era "su" forma de ser encantadora, forma que a él no hacía más que encenderlo.

Ya la deseaba de nuevo...

—Vamos a bañarnos al lago —propuso la nunca tímida muchacha—. Estoy llena de polvo, pasto, sudor y sangre... —y volvió a reír—. Tú no te ves mucho mejor.

Se miró a sí mismo y supo que ella tenía razón, ¡estaba hecho un desastre! Y todo por poseerla en medio del bosque durante una noche entera...

Tomó su mano con convicción.

—Vamos...

Ambos dejaron caer las cobijas y corretearon como dos niños, sintiéndose libres y dejando que el deseo volviera a fluir por sus siempre insatisfechas venas saiyan...

Y mientras la besaba apasionadamente, cargándola entre sus brazos con dirección al lago, Trunks volvió a sentir esa molesta puntada en su pecho, signo de que algo o alguien estaba allí, afuera del bosque, expectante o, quizá, igual de confundido que él...

No dejó que ese extraño sentir lo distrajera, ingresando con Pan al lago y hundiéndose una vez más en el mar de la locura, aún así se mantuvo alerta...

Ese día sería el más feliz o el más triste de su vida, ahora tenía esa certeza...

Y era una certeza que dolía intensamente...


Estuvo toda la tarde frente a su ventana, perdido como de costumbre en sus pensamientos y la vista de su reino... Su marchito reino.

Ya era de noche y tardó mucho en llegar a las conclusiones deseadas, de hecho no llegó a ellas, pero por lo menos logró formular una idea, la única que se le ocurrió para lograr su cometido: ver a Kakarotto.

Y esa idea era...

—No pienso soportar más a esos imbéciles de Clase Alta, malditos ancianos sin vida... —se dio media vuelta y salió finalmente de su cuarto, yendo hacia la puerta del Palacio.

La abrió y Mitis seguía allí, inmutable, vigilando.

—Bah, mujer... —espetó—. Vete, molestas.

Mitis lo escrutó con la mirada y esbozó la más irónica sonrisa.

—Más molesta saber que mi Rey "tal vez" —remarcó las últimas dos palabras cuidadosamente y entre risas— traicionó las creencias de nuestra raza.

Vegeta no se dejó vencer y adoptó un semblante aún más orgulloso.

—¿Creencias? Un saiyan es un guerrero, las creencias están de más —aseguró—. Ahora VETE, tu aroma me da asco, eres demasiado anciana y ya no te soporto.

Eso sí que logró desquiciar a la guerrera...

—¡¡¡REY VEGETA!!! —gritó con todas sus fuerzas—. No se atreva a difamarme, no caiga tan bajo... ¡NO ME IRÉ HASTA QUE SU HIJO VUELVA! Me plantaré aquí hasta que ese día llegue...

"Imbécil", pensó el miembro más fuerte de la Realeza.

Una media sonrisa, típica de él, decoró magistralmente su rostro.

—¡Basta! Tú quisiste que llegue a esto... —y se transformó en Súper Saiyan, haciendo retroceder a la anciana y a los otros soldados de Clase Alta que la acompañaban, quienes, hasta ese instante, únicamente se dedicaban a observar de reojo la discusión.

—¡¿Acaso me está amenazando?! —exclamó Mitis por demás sobresaltada, estaba realmente furiosa... —. ¡¡¡A ÉL!!! —le ordenó a sus compañeros, quienes atacaron sin vacilaciones al Rey, no consiguiendo otra cosa más que ser derrotados fácilmente por sólo una pequeña explosión del poder de Vegeta, quien sonrió orgullosamente al verlos a todos derrotados y a Mitis con un rostro que denotaba frustración e, incluso, algo de temor.

Sí, ella le temía, le temía a su poder y a lo que ese resplandor dorado visible alrededor de él y en su cabello significaba.

—¡¡¡ME CANSARON!!! —gritó Vegeta—. A partir de ahora se hará lo que YO quiera, ¡¿está claro?! —y tomó a Mitis del cuello ante la atenta mirada de los inmovilizados y adoloridos guerreros—. Yo no soy cualquier persona —dijo, volviendo a explotar su poder—. ¡¡¡SOY EL MALDITO REY!!! Y YO doy las órdenes, así que si no quieren morir TÚ —hablando de la guerrera de Clase Alta— te vas a TU casa en este preciso instante... ¡¡¡Y ustedes también!!! —le ordenó a los otros soldados—. Se largan de aquí o destruyo este desgraciado planeta con mis propias manos...

Hablaba en serio, MUY en serio... Mitis fue consciente de ello en ese preciso momento.

No era prudente provocarlo, pero tampoco era la idea dejarlo ser libre alrededor del planeta, temía que el pudiera escaparle al castigo que le sería conferido si su hijo resultaba ser realmente un híbrido...

—Hagamos un trato... —musitó con dificultad la guerrera—. Pondré a todos los soldados de Clase Alta que pueda tener a mi disposición a vigilar la Central Espacial y varios puntos del planeta... —afirmó—. Si Usted intenta escapar, no me importará que sea el Rey ni que se pueda transformar así —Vegeta apretó más su cuello y ella tomó sus muñecas con sus manos, intentando, en vano, detenerlo—. Lo voy a detener pase lo que pase... Ahora, suélteme y lo dejaré ser libre y hacer lo que le venga la gana, pero déjeme, matar a un hermano saiyan es un pecado para nuestra sangre...

¿Qué podía hacer el Rey ahora? Sonrió ampliamente y arrojó a Mitis al suelo, avanzando hacia las escaleras y bajando por éstas con satisfacción. Se detuvo a medio camino y giró hacia atrás, depositando sus ojos en los de ella.

—Trato hecho —dijo—. No soy cobarde y lo sabes, mujer.

Ni siquiera esperó una respuesta, simplemente se fue hacia la prisión subterránea e hizo todos los destrozos que pudo, todo para liberar su furia y llegar hasta donde quería.

Ya caminando en los pasillos de aquella prisión y con muchos soldados derrotados a sus pies, el Rey dejó a uno solo de pie.

—Llévame al calabozo de Kakarotto —le ordenó con la más perversa de sus caras.

El muchacho, un joven de Clase Media de estatura baja y cuerpo delgado, corrió lo más rápido que pudo por los pasillos, guiando al enojado Rey hacia el lugar que él quería.

Se paró frente a las resistentes rejas que ni un saiyan podría quebrar, contemplando entre risas a un débil, golpeado aunque vivo Kakarotto.

—Tú vienes conmigo —le dijo.

Kakarotto lo observó confundido, estaba hambriento y casi inconsciente, además de adolorido por los asquerosos golpes que los Clase Alta más ancianos le habían propinado la noche anterior.

El guardia de Clase Media abrió la reja con manos temblorosas para después ser empujado hacia una pared próxima por Vegeta, quien entró en la prisión luego, tomando a Kakarotto del cabello y arrastrándolo hacia el Palacio.

Mientras subía las escaleras, sin soltarlo ni por un minuto, giró hacia él y lo miró fijamente, fulminándolo sin miramientos.

—Tenemos mucho para hablar, insecto.


No pasaron ni dos segundos de estar en el lago con ella, que necesitó tomarla contra unas piedras, poseyéndola apasionadamente como la noche anterior.

Pan gozó entre sus brazos y los golpes y los rasguños fueron dejados de lado, esta vez ambos fueron más suaves, más intensos pero no violentos...

Se disfrutaron lo más posible, gritando y sollozando entre gemidos lo que sentían, lo que querían el uno del otro... Sabían que esa sería la última vez que lo harían antes de saber la verdad acerca de la madre de Trunks, por lo cual todo era emoción en el ambiente.

Y terminaron, sumergiéndose en el agua y lavándose el uno al otro, atendiendo las heridas del propio cuerpo y el ajeno, besándose y acariciándose mientras lo hacían.

Se sentía increíble tenerse y saberse unidos. Todo parecía darles paz, una desconocida para los dos, pero que no dejaba lugar a ningún tipo de sufrimiento.

Ya no podrían volver a sentirse solos...

Salieron del agua y volvieron a corretear como dos niños, desnudos y sin vergüenza, atrapándose el uno al otro y volviendo a succionarse los labios... Desesperados, sin ser capaces de aburrirse...

Dentro de la nave y antes de que pudieran buscar algún tipo de ropa, volvieron a ser uno al no poder evadirse ni evadir las ganas de serlo para siempre, enloqueciendo y sin saber cómo lograr dejar de hacerlo, sin poder esquivar al deseo que cada vez era más inmenso dentro de ellos.

El nuevo acto fue rápido y salvaje, y al terminar se contemplaron en silencio, adictos a las miradas y a las respiraciones entrecortadas.

—No podemos estar así para siempre —aseguró Pan mirándolo seriamente.

—Lo sé —asintió él—. Pero déjame disfrutar de esto por un rato más...

De la eterna paz y del inexistente sufrimiento...

Se acurrucó en los senos aún desnudos de la muchachita, aferrándose con fuerza a su pequeña cintura.

—Tienes miedo —Pan acarició su cabello suavemente, perdiendo su vista en el techo de la nave—. No debes tener miedo... Tu madre está viva, lo presiento.

Trunks intentó que esas palabras lo poseyeran, pero no... Eso no se podía.

Por momentos, el Príncipe realmente creía en esas palabras, mas no lo hacía todo el tiempo... Cambiaba de opinión segundo a segundo, sin ya saber qué pensar, únicamente siendo capaz de sentir el sabor agridulce que dominaba su pecho.

Ella se movió bajo él, levantándose del suelo y buscando ropa para ambos, encontrando unos pantalones para él y una túnica para cada uno.

—Tal vez con esto pasemos más desapercibidos entre los terrícolas —le dijo—. Con nuestros uniformes podríamos llamar demasiado la atención.

Trunks se levantó y tomó la ropa de sus manos, mirándola fijamente.

—No había pensado en eso —afirmó agradecido de haberla llevado con él.

Se vistieron sin mirarse, formándose entre ellos un incomprensible aire de frialdad.

Pan cortó la túnica como el día anterior, asegurándola contra su cintura con su cola saiyan y dejándola cubrir hasta un poco por encima de las rodillas, sintiéndose de esta manera lo más cómoda posible.

Trunks cortó la túnica al igual que ella, pero él lo hizo hasta su cintura, poniendo el extremo inferior de la túnica dentro del pantalón.

Ambos se colocaron las botas del uniforme saiyan y finalmente se miraron.

Pan lo observó en silencio, con su impasible mirada que se esforzaba por permanecer así.

Ahora, él era su hombre, su pareja, su compañero de sangre... ¡Podía sentirlo hasta lo más profundo de su ser! Estaba feliz, debía admitirlo... Pero sentirlo y mirarlo así significaba para ella una inevitable empatía: podía sentir su miedo como si fuera ella quien lo sintiera realmente, podía percibir sus nervios y se contagiaba cada vez más de sus temblores...

Estaba tan nerviosa como él.

"¿Y si su madre no vive?".

Se sentía en la obligación de darle paz, pero hacerlo le era realmente difícil.

Negó con la cabeza y él la miró sin comprender.

"No puedo convencerlo de algo que no sé, yo no soy así...".

Se acercó a él y lo tomó de la mano, obligándolo a sentarse en el suelo.

"Lo único que puedo hacer es darle mi apoyo, pero no puedo negarlo, yo también deseo que ella viva...".

Fue hacia donde estaban guardadas las vendas, se sentó frente a él y tironeó uno de sus brazos hacia ella, empezando a vendarlo.

"Porque si ella está muerta él morirá de tristeza... Lo sé muy bien".

—¿Qué haces, Pan? —preguntó el Príncipe, dejándose hacer por ella.

—No creo que quieras que tu madre vea tus cicatrices, ¿verdad? —respondió sin mirarlo—. Así será mejor.

Él sonrió sin poder evitarlo.

Pan seguía siendo la misma y él estaba realmente agradecido por ello, temía que ella cambiara para con él luego del ritual y de estar unidos... Aunque le hubiera gustado que ella se volviera un poco más "cariñosa", no podía negar que así la prefería: terca, mandona, arrogante y con una cuota de inocencia que no encajaba con todo lo demás.

Esa era Pan, a esa Pan se había unido...

—Gracias —susurró dulcemente.

Ella esbozó una pequeña y orgullosa sonrisa.

—No debes evadir tus deberes —le dijo—. Tienes que ver a tu madre, Trunks... Sé que tal vez quieras quedarte aquí, conmigo y sin sufrimiento, pero no puedes.

—Ya lo sé... —volvió a darle la razón—. Pero es cierto, tengo miedo.

Ella terminó con sus brazos en silencio, vendando luego su cuello, donde la marca de la unión aún era visible, aunque no del todo... Los saiyans se recobraban rápido de este tipo de heridas.

Él la imitó, vendando el delicado y fuerte cuello de la muchacha, acariciándola y abrazándola al terminar.

—La Capital de Oeste —murmuró suavemente en su oído—, Corporación Cápsula y Bulma...

Ella sonrió, besándolo lenta y delicadamente en los labios.

—Esas son nuestras pistas —exclamó tomándolo de la mano y poniéndose ambos de pie—. Vamos al oeste y busquemos, revolvamos todo este planeta hasta encontrarla...

Él le sonrió de vuelta, abrazándola una vez más.

—Vamos...

Cerraron la nave y la escondieron bajo unos árboles, sin dificultad alguna para moverla dada la fuerza que los dos tenían, marchándose hacia el oeste a toda velocidad, cruzando el cielo azul rumbo a la certeza, a la verdad...

A la madre de Trunks o, bien, al enorme espacio que su ausencia habría dejado en el universo de no existir más.


Despertó con resaca y se maldijo a sí misma.

Se revolvió en su cama sin deseos de levantarse justo cuando una puntada en su pecho le recordó por qué había dormido tan mal.

Tocó su pecho y estrujó su camisón, furiosa con ese sentir que la abrumaba.

—¡¿Qué mierda está pasándome?! —gritó con todas sus fuerzas.

Instantes después, alguien entró por la puerta con una enorme bandeja llena de dulces, café y jugo de naranja.

La observó y algo de paz la invadió.

—Abuela... —susurró sonriéndole.

La alguna vez hermosa rubia y ahora elegante señora se sentó al pie de su cama con su acostumbrada sonrisa, esa que siempre contagiaba un torrente de energía positiva imposible de eludir.

—¡Bonita! —exclamó al apoyar la bandeja sobre su siempre "niña"—. Buenos días, ¿cómo te sientes? Te oí gritar... ¡Seguro mueres de hambre! Ayer comiste muy poco y estuviste fuera hasta muy tarde...

Se incorporó sobre la cama y atacó el café como si fuera el primero que saboreaba en años.

—Debe ser porque es domingo —intentó despreocuparla con una fingida sonrisa—. Es el día que más odio y lo sabes...

La mayor de ambas rió encantadoramente para luego ponerse un poco seria, mas no abandonando su sonrisa característica.

Acarició el cabello lila de la muchacha con dulzura, una que únicamente su abuela tenía y una que solamente a ella le permitía tan temperamental joven.

—¿Irás a comprar flores hoy? —le preguntó la mujer madura sin dejar de acariciarla—. Tengo muchas flores en el jardín, si no te sientes con ánimo para ir a comprar a la florería puedo arreglar un ramo de las más lindas para ti.

La muchacha acarició la mano que peinaba su cabello y sonrió, ahora sí, sin fingir.

—Eso no será necesario, abuela —respondió—. Tu espalda no anda muy bien últimamente y no quiero que te esfuerces inútilmente.

La mujer rió ante sus dichos.

—Cuando se trata de ella no es ninguna molestia... —y la nostalgia invadió a las dos mujeres.

La muchacha quiso llorar, pues sus abuelos cada vez estaban más viejos y temía perderlos pronto...

"¿Cómo podría vivir sin ellos?".

Perderlos significaría, para ella, quedarse completamente sola.

Convertir en certeza su miedo más grande: perder a su única familia viva.

"Tanto dinero, tanta belleza y tanta frivolidad... Mandaría todo al diablo con tal de hacerlos vivir eternamente a mi lado...".

—Me siento rara, abuela —no era su intención preocuparla, pero necesitaba descargarse, necesitaba comprender ese extraño sentir que cada vez se hacía más lugar en su corazón.

—Cuéntame, pequeña... —respondió la mujer cálidamente.

—Siento algo aquí —y apoyó la mano de ella en su pecho—. Un presentimiento, un "algo" que no me deja respirar, como si alguna cosa estuviera cerca...

Y su abuela, eternamente sonriente, se mostró nerviosa por primera vez en su vida.

"Será por... ¿por él?".

No podía negarlo: la mujer jamás había abandonado la esperanza de que él volviera, de que él regresara a la Tierra a reclamar el amor de las tres personas que allí vivían.

Sabía muy bien que la gente como ellos podía tener ese tipo de sentimientos, el lazo entre gente así era algo muy frecuente entre los humanos.

Un "cliché" casi, pero real.

Ellos podían sentirse, ella estaba segura de ello.

Se permitió derramar una lágrima, la cual la muchacha limpió apresuradamente.

"Han pasado 28 años y mi marido y yo estamos envejeciendo... Es este el momento ideal para que él vuelva...".

—Abuela, ¡no! —suplicó su nieta—. No llores, no es propio de ti... Si tú lloras, ¿cómo haré yo para sonreír?

Se abrazaron y la mayor de ambas siguió pensando, siguió metiéndose cada vez más profundo en los oscuros pensamientos que jamás se permitía tocar dentro de su mente.

Los que siempre tocaba sin poder evitarlo, todos los santos días...

"Este es el momento ideal para que Trunks venga, mi querida nieta... Así ya no te sentirás sola".

Por más que ellos, sus abuelos, le hubieran dado todo el amor y los mimos del mundo, la mujer bien sabía que no era suficiente...

"Ella debe conocer su otra parte, su otra mitad...".

—Te prometo que algún día serás completamente feliz, mi amor —le aseguró soltándola y levantándose de la cama en dirección a la puerta—. Y ojalá que tu sentir signifique que ese día ha llegado...

—¡¿Abuela?! —la muchacha, sin comprender, abandonó la cama a toda velocidad, casi llevándose por delante el hermoso desayuno y rescatándolo a tiempo para colocarlo sobre la cama, todo para ir tras ella, pero la mujer cerró suavemente la puerta, abandonándola en su cuarto.

Detrás de ésta, ella pudo escuchar a su abuela llorando tristemente, además de susurrando algo que no logró comprender del todo.

—Sé que volverás, mi amor... —decía una y otra vez en medio del llanto.

Esto la hizo llorar a ella también.

Cayó de rodillas frente a la puerta y acompañó el llanto de su abuela.

"Toda la vida ha dicho eso tras mi puerta... ¡Ella no va a volver! Jamás va a volver...".

Porque si no hablaba de ella, la joven no tenía la más mínima idea de a quién se refería.

Tapó su cara con sus manos y continuó llorando por largos minutos.

"Cuando ustedes mueran, estaré sola y ya nadie me querrá... NADIE".

Porque bien sabía que allí afuera, en alguna parte del mundo, nadie tenía su sangre.

Nadie más...


Lanzó al moribundo Kakarotto sobre el suelo de su habitación para darle luego la espalda, inevitablemente furioso.

—Rey Vegeta... —murmuró casi sin fuerzas el hijo menor de Bardock—. Me muero de hambre... —y se permitió reír, aunque hacerlo extendió un enorme dolor en su golpeado cuerpo.

—¡¿Qué mierda te hicieron?! —preguntó el Rey, quien fue hacia su ventana y en ésta refugió su descontrolada mirada.

—Pues... —y Kakarotto recordó la noche anterior.

Golpes y más golpes, el guerrero de Clase Baja ya no podía defenderse de éstos, estaba demasiado débil y demasiado muerto de hambre como para hacerlo.

Lo chocaron una y otra vez contra las paredes del pequeño y sucio calabozo, torturándolo hasta el fin mientras decían una y otra vez la misma frase, la misma pregunta...

¡¿Dónde mierda se fue el Príncipe Trunks?! —preguntó el más delgado de los dos guerreros de Clase Alta. Ambos eran ancianos y su compañero era más bien robusto.

El cabello canoso que alguna vez había sido negro decoraba sus cabezas...

No lo sé... —afirmó sonriente aunque débil—. Él no me lo dijo...

El robusto le dio un tremendo puñetazo en la boca del estómago, haciendo que cayera al suelo casi inconsciente.

Es inútil —dijo el más delgado—. No nos dirá nada.

Ni aunque me den comida lo haría, si lo supiera, claro... —se permitió provocarlos con un dejo de inocencia, provocando que el más robusto lo pateara en la cabeza, dejándolo una vez más al borde de la inconsciencia.

Dejémoslo, mañana por la noche volveremos por él —aseguró éste.

¡No podemos atacar la Tierra si Príncipe no está ahí! —exclamó el delgado—. No podemos hacer otra cosa más que esperar a que se cumpla el plazo de cinco días a su favor si este sujeto no nos dice nada... Somos saiyans y somos asesinos, pero no nos metemos con quienes no se meten con nosotros y nuestros intereses.

Pero si se confirma que el Príncipe es un híbrido saiyan-terrícola, ahí sí, destrozaremos el planeta Tierra... —respondió el robusto, escupiendo en la cara a Kakarotto—. ¡No merecen otra cosa más que la muerte si es que osaron meterse con nuestra sangre!

Finalmente se marcharon, dando fin al interrogatorio y dando inicio a la noche más larga y dolorosa para el guerrero de Clase Baja.

—Me interrogaron, querían saber dónde fue el Príncipe... —le contó al Rey finalmente—. Pero yo no se los dije.

Esto descolocó por completo a Vegeta, quien volteó y tomó del cuello a Kakarotto.

—¡¿Por qué?! —preguntó finalmente, sacándose del pecho la pregunta que más había deseado hacer en años—. ¡¿Por qué lo ayudaste?! ¡¿Por qué no dudas en morir con tal de protegerlo?!

Kakarotto sonrió convencido, con una certeza avasallante embargando sus ojos.

—Porque él no merece morir...

Y Vegeta lo soltó.

Se dio media vuelta y volvió a la ventana, aclarando su garganta y cerrando fuertemente sus ojos.

Kakarotto se sentó en el suelo con dificultad, observando fijamente al Rey.

—No está mal que sea un híbrido, yo no podría discriminarlo por eso...

Su estómago sonó por el hambre y él intentó acallarlo, tapándolo con sus manos.

—Además... —quiso agregar el Clase Baja—. Yo viví en la Tierra y amo a ese planeta, es MI planeta... —dijo con convicción—. No diría nada en contra de la Tierra... Si yo les hubiera dicho, a lo mejor hubieran ido a atacarla y no me perdonaría algo así... —y se puso aún más serio—. Jamás me perdonaría un error de ese tipo, error que podría afectar a los terrícolas y desaparecerlos del universo.

Vegeta necesitó agradecerle mentalmente aquel cometido.

"Ella está ahí, si este imbécil hubiera abierto la boca, ella correría demasiado peligro...".

Aunque, seguramente, Trunks ya estaba ahí de no haber sucedido nada fuera de lo normal.

"Ellos correrían peligro, ambos...".

Ella era su debilidad, pero Trunks era su viva imagen, la tercera parte de su corazón siempre dividido en tres, en partes iguales que sentían de forma distinta e igual, de forma intensa, cada una a su manera.

—No merece morir... —se odió por hablar con ese bueno para nada en tal confianza, pero necesitaba hablar, necesitaba que sus pensamientos sonaran en voz alta y fueran captados por alguien...

Por él, quien seguramente podría entender aunque fuera un pequeño porcentaje de su sentir.

Su maldito sentir...

—Y Usted tampoco —y Kakarotto sonrió—. No entiendo qué tiene de malo que mezclemos nuestra sangre con la de otra raza —dijo, rascando su cabeza atontadamente—. No le veo lo malo... ¿Qué no somos todos saiyans? ¿Acaso lo que nos importa no es el poder? ¿Desde cuándo nos importa la imagen de nuestra raza? Todos somos feos... —y rió jovialmente.

Vegeta acompañó la risa, pero la suya no fue jovial, fue más bien nostálgica. Enfurecida pero, sin embargo, sentida.

Sincera...

—No tengo la más remota idea, ¡todo esto se me hace demasiado absurdo! —profirió por demás cansado—. Esos malditos Clase Alta, ¡ancianos buenos para nada! —gritó—. Ponerme al nivel de ese asqueroso cerdo, de Nappa... ¡Bah! Yo no soy como él, no pueden mantenerme prisionero para siempre...

Estaba pensando en voz alta y no debía, pero quería hacerlo.

"Hace 28 años que no pienso en voz alta".

Se merecía un recreo por tantos años de tragar, tragar y tragar todo tipo de angustia.

De tragarla y no escupirla...

Kakarotto estaba realmente impresionado: ¡el Rey sincerándose así con él! Parecía una broma de mal gusto, una parodia mal hecha de él mismo...

—Pero hay algo que no me has dicho aún —agregó Vegeta, interrumpiendo los pensamientos de Kakarotto—. ¡¿Por qué?! —y finalmente giró hacia él, mirándolo sin perder detalle y dejando ver en sus orbes negros la desdicha y la cólera que embargaban a su corazón de la Realeza—. ¡¿Por qué no piensas como ellos?! No lo entiendo, ¡deberías haberlo matado o entregado! No es por la Tierra y lo que te ata a ella, es algo más y...

Refunfuñó y fue hacia su acompañante, quien todavía estaba sentado en el suelo, para agarrarlo y zarandearlo con fastidio, sin cordura alguna...

"¡¡¡No soporto su sonrisa!!!".

Ese era el problema y el eje de todo: la mirada y la sonrisa, la risa que nunca lo abandonaba.

Jamás.

Siempre despreocupado, siempre inmutable… Kakarotto no era un saiyan común y corriente.

"Es el más terrícola que he conocido".

Y lo odiaba por eso.

Kakarotto no tuvo que detenerse ni un instante a pensar la respuesta, ésta brotó de sus labios con una tranquilidad y un desenfado que lograron irritar aún más al Rey.

—Porque no me creo mejor que nadie —afirmó sin más—. Ni mejor que los terrícolas ni que ningún ser del vasto universo... Todos somos iguales, nadie vale más que otro.

¡¿Tan fácil era decirlo?!

"¡¡Por supuesto que es fácil!! Kakarotto no entiende nada, vive inmerso en una nube de cosas dulces, no en la realidad...".

La realidad...

Haberle negado la felicidad a Trunks, habérsela dado a su otra mitad pero de una forma egoísta...

Haberla perdido a ella...

¡Todo por miedo! ¡Todo por un absurdo e injustificado miedo!

"¡¿Miedo a quién?!".

Debió voltear una vez más, ocultándole a Kakarotto su rostro lleno de emociones encontradas.

¿Miedo a quién? No podía dejar de preguntárselo.

Cerró sus ojos una vez más y se sostuvo de la pared, intentando entender todo cuanto había sucedido en su vida desde ella hasta el presente.

"Bulma...".

La había tomado sin miedo, la había hecho suya e, incluso, se había unido a ella como los saiyans se unen a otros saiyans... ¡Hasta le había pedido que succionara su sangre! Todo por querer sentir cómo ella la tomaba de su cuello, todo por querer sentirla de la forma que más le gustaba a su instinto...

"Egoísmo...".

Cerró sus pupilas aún más fuerte, sosteniéndose no con una, sino con dos manos de la pared.

Había matado para estar con ella, ¡matado a la única persona que creía respetar en el universo! A la persona que más lo había defraudado en su vida...

"Papá...".

Había perdido a Bulma, por no reaccionar a tiempo, por cobarde, por orgulloso...

Y sólo ellos habían quedado...

"Trunks y...".

¡NO! Ni siquiera quería nombrarla, hacía años que no decía su nombre, ni siquiera lo pronunciaba en su mente...

Ni su mente merecía pensar en ella...

Porque la había abandonado, le había dado el único camino directo a la felicidad que conocía: estar lejos de él.

En cambio, se había llevado a Trunks, lo había educado como su propio padre lo había educado a él y lo había convertido en un monstruo solitario y sin rostro a quien todos creían deforme.

Todo por miedo, por miedo.

¿Pero miedo a quién? ¿A qué?

"Miedo a...".

Y un clic se escuchó en su mente.

Abrió los ojos y giró hacia Kakarotto, mirándolo desesperadamente.

"Miedo a manchar a mi orgullo, a quemar a mi sangre con mis malas acciones...".

Miedo de traicionar a la única cosa en el mundo que le daba orgullo: su condición de saiyan.

Porque haberse unido a Bulma había sido egoísta, además de haber permitido que los frutos de esa relación prohibida vivieran vidas incompletas, uno sin el terrícola y una sin la saiyan...

"La débil no es feliz en la Tierra... ¡Jamás podría serlo sin conocer su sangre saiyan! Inepto de mí al creer que ella realmente era feliz...".

Porque les había negado crecer juntos, les había negado el lazo indestructible que ambos tenían y que él bien conocía.

"Les negué la felicidad".

Recordó a Brief pidiéndole que dejara a Trunks en la Tierra e intentó arrepentirse, pero no pudo lograr su cometido.

"Me lo llevé para atormentarme... ¡Y es obvio! Maldita sea, me odio por ser tan débil... Me lo llevé para no sentirme tan solo".

Y lo único que había logrado era haberse ganado el odio de su propio hijo, de su único hijo varón, el guerrero más fuerte y noble que había conocido en su desgraciada y nefasta vida.

Todo por miedo...

Miedo a enfrentar a su sangre, miedo a sacarse la venda de los ojos, a decirse a sí mismo que su familia era más importante que su orgullo.

¡Nadie podía atreverse a difamar o ensuciar al Rey Vegeta! ¡NO! ¡Nadie podía! Pero él no se había querido arriesgar…

Y ahora Kakarotto le decía que todo era tan fácil, no dudando en salvar a su hijo de las garras de los malditos ancianos de Clase Alta, ocultando su paradero con tal de alargar un poco más su vida. ¡No discriminándolo! Anteponiendo lo que él pensaba y sentía que debía hacer en vez de seguir lo que la sangre pedía silenciosamente...

Jugándose por él y por la Tierra, donde una parte de su corazón corría peligro y el antiguo hogar de la única mujer a la cual se había unido en su vida.

"¡¡¡ESE TENDRÍA QUE HABER SIDO YO!!!".

Pero no había sido él.

Y todo por miedo...

"Miedo a manchar mi asqueroso orgullo".

¡¿Y de qué le había servido el orgullo?!

Tomó a Kakarotto de su alborotado cabello y lo dejó del lado de afuera de la puerta del Palacio, llamando al calabozo subterráneo por el intercomunicador para ordenarles a los guardias que fueran por él.

Antes de abandonarlo, lo miró con rencor, uno que jamás había sentido con tanto ímpetu.

Con tanta ceguedad...

—Yo no soy como tú... —y al dejarlo afuera y al escuchar llegar a los guardias para que se lo llevaran, Vegeta se sentó con su espalda contra la puerta del lado de adentro, contemplando el hall del Palacio, oscuro y vacío. Triste.

—Trunks no está aquí.

Y todo por tener miedo...

—Siempre fui tan rebelde, tan fuerte, tan decidido, tan egoísta... —murmuró para sí—. Nunca me importó traicionar las creencias de mi sangre, ¡los saiyans no somos cultura! Somos puños y pelea, somos muerte...

Se levantó y fue hacia su cuarto, refugiándose una vez más en la eterna ventana que daba al reino.

—Tomé a Bulma sin pensarlo dos veces, me dejé llevar por ella y por ese poder que sólo ella ejercía con tanta propiedad sobre mí...

Cerró sus ojos y, con uno de sus puños, rompió el vidrio de la ventana, dándole nula importancia a las heridas que el ataque generó en su mano.

—Me dejé llevar por mi orgullo y únicamente al perderla entendí cuánto la necesitaba...

¡¿Por qué estaba hablando en voz alta?! ¡Nadie lo escuchaba!

—Tú me escuchas, Bulma... Lo sé.

Se estaba volviendo loco, aún más loco que su trastonado (y con razón) hijo.

—Hice infeliz a tu hijo, hice infeliz a la débil, hice infelices a tus padres... Y todo por perder mis fuerzas, por intentar proteger al poco orgullo que me quedaba y que murió ese día que te perdí... Todo por anteponerlo a ti y a ellos… Ese maldito día.

El peor de su vida.

—Te perdí, Bulma... Y, al perderte, perdí mi rebeldía, mi fuerza, mi decisión... Pero no mi egoísmo.

Cayó de rodillas al suelo y no dejó de contemplar su reino, cegado por el odio hacia sí mismo y por el arrepentimiento que no llegaba, que no quería pero debía sentir...

—Perdí todo. Todo se fue contigo...

Apretó sus ojos y las lágrimas que se prohibió por años aparecieron en escena, decorando su rostro y no dándole paz alguna.

No la merecía, eso sentía y sabía...

Cuídalos, Vegeta... Los dejo en tus manos...

Sin dejar de llorar, miró las manos en las cuales ella había dejado esas dos enormes responsabilidades, sabiendo que no había cumplido con la última voluntad de su mujer.

No la había cumplido en absoluto.

¡Y todo por mi orgullo! —gritó sin miramientos—. Todo por elegir a mi orgullo antes que a ti... ¡Antes que a ellos!

Y eso jamás se lo perdonaría... Al ver cómo Kakarotto había sido capaz de salvar a su hijo, al ver cómo él sí tenía convicción en sus actos al punto de arriesgar su vida por un planeta, por su familia y por su Príncipe, lo odió profundamente y entendió la certeza que siempre había girado en torno a él.

La desgarradora certeza...

—Dejé de ser Vegeta cuando te perdí, y perdí contigo todo lo que yo conocía...

Perdió al orgullo que creyó estar salvando.

Salvó a la nada misma.

Y todo por perderla...

Todo por cegarse ante la nada.

Todo por creer que su orgullo era mejor que su familia....

Y no jugar a favor de ellos...

—Por no mandar todo al diablo con tal de que Trunks y ella fueran felices...

Haciendo feliz al orgullo que ya había muerto en su corazón.

Haciendo feliz a nadie.

Ni siquiera a él…


Luego de sobrevolar por los más variados paisajes, los cuales habían incluido montañas, bosques, océanos y llanuras, finalmente llegaron a un lugar poblado, al primero al que habían visto desde su llegada.

Trunks y Pan volaron lo más alto posible hasta que vieron esa enorme metrópoli, lugar que dejaba ver claramente la avanzada tecnología que manejaban los terrícolas.

A Trunks le brillaron los ojos al ver esas enormes construcciones llenas de luces artificiales y de naves que volaban por doquier, pero más brillaron sus ojos al ver terrícolas por todas partes...

Se detuvo en seco en medio de las nubes, haciendo que Pan se detuviera tras él.

—¿Qué sucede? —preguntó la muchachita mirándolo de reojo, justo cuando se dio cuenta de lo que sucedía...

—Terrícolas... —susurró Trunks al viento junto con unas sentidas lágrimas.

Ambos miraron hacia abajo y vieron gente caminando por todas partes... ¡Gente joven, gente anciana, niños e incluso animales! Y todos los terrícolas mostraban algo, un algo que hizo que Trunks se sintiera parte de una cosa por primera vez en su vida:

La apariencia.

Pan se impresionó al verlos... ¡Pero si eran iguales a los saiyan! Sin embargo, además de carecer de cola, los seres del planeta Tierra eran débiles, se les notaba...

El tema era la apariencia.

Pan contó la gama de colores que observó en los distintos cabellos de las distintas personas y perdió la cuenta... ¡Eran de todos colores! No sólo negro o tonos oscuros cercanos a éste como los saiyan, aquí había colores claros, colores intensos... ¡Blanco! Blanco en gente joven, aunque no abundaba pero estaba... Junto a ese color, el amarillo, dorado, verde, fucsia, anaranjado... ¡Todos los colores existentes!

—Estoy en casa... —afirmó el Príncipe a la vez que limpiaba sus lágrimas.

Ahora era consciente de ello.

Pan no pudo evitar esbozar una pequeña aunque sincera sonrisa... Él tenía razón, todos allí lucían como él y nadie miraba mal a nadie, todos parecían convivir en paz...

—Estás en casa, sí —y puso una mano en el hombro masculino.

Se miraron fijamente y él necesitó besarla, cosa que hizo y sin contenerse: estaba feliz y necesitaba expresarlo.

—Busca algo que diga "Corporación Cápsula" —le pidió a su mujer—. No me gustaría interrogar y asustar a un hermano terrícola...

Pan entendió que eso era lo mejor y empezó a moverse sobre la ciudad una vez más, seguida por él.

Volaron lento, pausadamente, mirando cada rincón, cada detalle... Y Trunks siguió llorando como un niño, imposibilitado de creer lo que veían sus ojos.

"Realmente estoy en casa...".

Allí no era un extraño... No lo era en absoluto.

Y eso, claro estaba, lo hacía demasiado feliz.

Varios vehículos decían "Corporación Cápsula" en sus costados, pero a éstos no les dieron mucha importancia.

—Recuerda que el lugar que se llama así debe ser algo relacionado con la tecnología, no debemos seguir pistas falsas... —le explicó fríamente la muchacha, sin dejar de volar y mirar ni por un momento—. Busquemos alguna construcción, un algo "grande" que diga eso...

Con la nueva idea aceptada, ambos emprendieron la búsqueda recomendada por Pan, llegando sin mucha dificultad a un enorme lugar de color amarillo, el cual rezaba aquellas palabras en su parte frontal.

Trunks volvió a llorar y ella lo regañó con la mirada, aunque no mucho porque tenía un buen presentimiento.

"Ella no puede estar muerta... Si lo estuviera, este momento se convertiría en algo demasiado oscuro...".

—No seas tan emotivo, tu madre no te querrá si eres tan llorón —musitó en un tono burlón.

Trunks la miró conmovido, limpiando sus lágrimas nuevamente.

—Tienes razón, pero no puedo dejar de hacerlo... —y se sonrojó—. Lo siento.

Sincero, sensible e idiota, como siempre...

Pan lo entendió a la perfección.

—¿Aterrizamos? —inquirió pero, más bien, aquella pregunta sonó a orden disfrazada.

—Bueno... —Trunks la tomó de la mano sin vacilar, mirándola fijamente a los ojos y buscando en sus dos esferas negras la paz necesaria.

"Mamá, estás cerca... Más cerca que nunca...".

—Vamos... —y la empujó hacia abajo, aterrizando sobre la hierba que rodeaba a esa esférica propiedad.

Todo era silencio y lo primero que los sorprendió fue el verde que tanto se distinguía entre medio de la ciudad.

—Es un bonito lugar... —comentó Pan mirando hacia todas direcciones e impresionando a su Príncipe.

Era raro en ella decir eso, pero se notaba que la belleza exótica del planeta Tierra le agradaba.

"A lo mejor tiene que ver con la sangre que comparte con Kakarotto...", pensó Trunks sin dejar de mirarla y sin soltar su mano.

Caminaron entre los árboles y las flores y no había señales de persona alguna, cosa que preocupó al nervioso joven.

Pan notó el temblor cada vez más explícito de su mano y la tomó con más fuerza, casi lastimándolo.

—Tranquilízate —pidió severamente—. No parece un lugar deshabitado...

Ambos observaron hacia todas direcciones y el miedo tomó despiadadamente a Trunks.

Caminaron hacia uno de los extremos, internándose en el pasto y el las hermosas flores que decoraban todo el lugar, aunque era en ese punto del espacio donde más se notaba la presencia de esas plantas tan bonitas y coloridas.

Avanzaron lentamente, con precaución y deseando no ser descubiertos, cuando Pan giró hacia él una vez más.

—Basta de temblar —y volvió, con indiferencia, su vista hacia el lugar—. No temas, todo estará bi... —y se quedó callada repentinamente, clavando la mirada en un lugar específico.

Trunks sintió la tensión en la mano de Pan y no supo entender el por qué de sus repentinos miedos, los cuales no se habían personificado en ella hasta ese momento.

Miró su rostro y en éste no había ni un atisbo de la confianza y seguridad que ella siempre mostraba magistralmente, ahora todo era confusión.

Ella entrecerraba los ojos y volvía a abrirlos, casi como si intentara comprender algo, casi como si quisiera evadir lo inevitable...

—Oh, no... —y su susurro de dolor, dicho con un hilo de voz que casi sonó escalofriante para él, hizo que Trunks juntara el valor necesario para seguir la mirada de ella.

Al hacerlo, notó una extraña construcción en el fondo del verde, la cual estaba decorada por flores y rodeada de árboles, casi escondida, cerca de pasar desapercibida pero no logrando su cometido por algún motivo que el Príncipe no pudo explicar.

Había algo con ese lugar...

Cuatro columnas y una pequeña tarima con escalinatas en color crema y esculpidas hasta el más mínimo detalle, decoradas por enredaderas, resaltaban inevitablemente entre la tecnología de esa ciudad, guardando en el centro de éstas una inmensa cruz de color dorado que descansaba suavemente sobre un cubo de piedra, donde una especie de placa dorada decoraba lo que parecía ser su parte delantera, al juzgar por las flores que con tanta delicadeza decoraban y que con tanta pasión invitaban a ir hacia allí.

—Pan, ¿qué...

Trunks no logró terminar de consultarle qué era ese lugar que ella miraba con tanta atención, dándose cuenta de que estaba hipnotizado de más por éste, hasta el punto de no notar el lento y silencioso llanto de su mujer.

—Linda, ¿qué pasa? —ella no parecía prestarle atención, sumergida por completo en la imagen que se presentaba frente a ellos.

Trunks empezó a preocuparse y, al ser mirado por ella luego de eternos minutos de quietud e incertidumbre, supo que algo no andaba bien.

Algo andaba MUY mal...

—Pan... —derramó una lágrima al mirarla a los ojos, cosa que ella también hizo, contradiciendo a su propia voluntad.

"Si está llorando... ¡No! Si Pan llora no es por cualquier cosa".

De eso estaba segurísimo.

—Dímelo, princesa... —le suplicó con la voz más macabra que se había escuchado a sí mismo alguna vez—. Sea lo que fuere, dímelo... —siguió suplicando y ella fijó aún más los ojos en él.

Lo tomó de ambas manos e intentó buscar las palabras, ¡incluso abrió la boca pero éstas no brotaron de ella! No tenía habla, no existían palabras en el mundo que describieran lo que acababa de descubrir...

Sollozó suavemente y apretó sus manos lo más fuerte que pudo, desmoronándose interiormente.

Lo tironeó hacia aquella construcción, deseando haberse equivocado, deseando haber leído mal lo que en esa placa decía, mas no se equivocó...

Había leído perfectamente.

Limpió sus lágrimas pero nuevas gotas salieron de sus ojos negros...

"Jamás lo superará...".

Sin soltarlo y a dos metros de la cruz, Pan volvió a mirarlo, abrazándolo con todas sus fuerzas y provocando la punzada más dolorosa en el pecho del Príncipe.

"¡¡¡NO FUI ENTRENADA PARA DAR UNA NOTICIA ASÍ!!!".

—Lo siento... —balbuceó con el poco aire que tenía.

"¡¿CÓMO SE SUPONE QUE DEBO DECÍRSELO?!".

—Pan... —y escucharlo articular su nombre en ese hilo de voz tan doloroso la hizo temblar.

Todo la hizo temblar...

Especialmente lo que la placa decía con tanta frialdad. Con tanta crueldad y tanta verdad...

La certeza, allí estaba, frente a ellos...

Y no eran buenas noticias...

"¡No puedo decírselo!", siguió llorando la muchachita, desmoronándose en el suelo cuando sus rodillas flaquearon. Cayó junto a Trunks, quien parecía más débil que ella.

Y eso que ella estaba más débil que nunca...

"¡¡NO HAY PALABRAS PARA DECIRLO!!".

La noche anterior, la de la unión y la luna, se alejó de ella cruelmente.

"Trunks morirá si se lo digo...".

Y lo estrechó con más fuerza, besándolo con una dulzura insólita en ella.

—Perdóname... Pero...

Y volvieron a mirarse.

"Morirá... Ya está muriendo...".

O eso indicaba la mirada vidriosa y triste.

Devastada por saber cercana a la cruel certeza...


"¡Basta de llanto!" se dijo, bañándose, cambiándose, peinándose, maquillándose y poniéndose el collar que siempre se ponía los domingos, ese que había sido de ella.

Ella, según le había contado su abuelo, amaba ese collar... El misterio era que su material era desconocido.

Tanto la cadena como el dije que conformaban el collar estaban hechos de un metal del cual, por más que había investigado todo lo posible en el laboratorio, nunca había descubierto su origen... Eso sí que era extraño.

Se lo colocó alrededor del cuello y lo observó.

El dije era precioso... Tenía una flecha ascendente en el medio y dos medias flechas a cada extremo de una base recta, todo en color rojo metalizado.

El collar era pesado y por eso sólo lo usaba los domingos, el día en que le tocaba ir a visitarla al patio trasero de su casa, lugar donde ella siempre estaba desde hacía 28 largos años...

Lloró como cada mañana al verlo sobre su pecho, preguntándose, como cada domingo, qué significaba ese símbolo, el cual no existía en ningún registro que ella hubiera revisado hasta el cansancio...

"Quizá ella lo diseñó".

Era lo más probable, ella era una mujer muy creativa...

En demasía.

Compró el ramo de rosas rosadas más grande que encontró en la florería, pagando por éstas todo el dinero que fuera necesario.

Salió de la tienda y quedó perpleja al sentir más fuerte que nunca la puntada en su pecho.

Tocó el collar y la respiración se le fue, dándose cuenta de que tenía un presentimiento enorme.

"¡Debo ver si ella está bien!".

Corrió hacia su casa, corrió hacia el patio, y, entonces...

La desesperación.

—No... ¡NO!


—¡Dímelo! —no quiso hablarle así a Pan, pero el tono autoritario fue necesario... Ella parecía no encontrar las palabras, sensibilizada como jamás la había visto—. Dime lo que ya me imagino, así me haces sufrir más...

Y esa era la verdad.

Pan volvió a mirarlo y limpió sus lágrimas con claro nerviosismo personificado en el temblor de sus manos, tomando a Trunks del brazo y fijando la vista en la placa dorada.

"Tiene razón… Debo hacerlo".

Aclaró su garganta y deseó despertar de esa pesadilla. Al no hacerlo, se limitó a leer:

—"Bulma Brief" —leyó débilmente, en un hilo de voz que sonó devastador pero que no logró transferir a la perfección cuánto lo sentía...—. "Hija... Madre... Mujer..." —tomó con más fuerza a Trunks y sacó a la guerrera de adentro, solamente ella tendría las fuerzas de decir lo que seguía...—. "Tu esencia y tu poder..." —lloró y nada hizo por evitarlo—. "Jamás desaparecerán del universo".

Y Trunks sintió cómo su corazón se apagaba de un segundo al otro.

La nada se apoderó de él.

Se puso de pie y subió las delicadas escalinatas, apoyando su mano en el nombre "Bulma", el cual reconoció por haberlo visto en el papel que le había enviado su padre.

Pan se quedó tras él, no sabiendo si invadir aquel doloroso momento o mantenerse ajena... ¡Trunks era tan impredecible! No sabía qué hacer, no tenía fuerzas para hacer nada...

"Yo no sirvo para esto...".

—Mi abuelo me dijo... —se limitó a susurrar—, que la gente de la Tierra usa algo llamado "tumba" para "hacer descansar en paz" a los mue...

—No lo digas, Pan... —la voz sonó tan sepulcral que ella se quedó sin habla—. Ya entendí...

La muchacha volvió su vista a la placa dorada, en la cual vio unos números que no había leído antes.

El descubrimiento la abrumó.

—Trunks, hay algo que no leí... —él no dijo nada y ella decidió proseguir, el daño ya estaba hecho de todas formas...—. Allí dice: "733 - 766".

Trunks ni se inmutó.

—766... el año en que yo nací si es que aquí cuentan igual que nosotros... —y lo sintió sollozar, más que devastado, más muerto que a quien tenían en frente simbólicamente—. Sólo tenía 33 años... ¡33! Era demasiado joven...

Pan pensó en los saiyans, en las mujeres de su raza especialmente... Muchas morían al dar a luz, más tratándose de soldados de Clase Alta los recién nacidos.

—Seguramente yo la maté... —aseguró el Príncipe adivinando sus pensamientos, quien, para sorpresa de su mujer, dio uso de la capucha de la túnica y se tapó la cabeza, agachándola a la vez que sus rodillas flaqueaban y sus puños se apretaban con fuerza—. ¡YO LA MATÉ!

Y el llanto más cruel que ella había escuchado alguna vez dio inicio...

Trunks apoyó sus manos en el cubo de piedra y su frente en la cruz, llorando con todas las fuerzas que tenía en su cuerpo y su alma.

La Tierra era hermosa, pero no era su hogar...

No había conexión. No había lazo con ese planeta.

No había lazo con la parte de su ser que desconocía...

La desgarradora certeza ahora estaba frente a él, se cernía con crueldad sobre su cabeza y aplastaba desalmadamente su pecho, su corazón...

Gritó y poco le importó llamar la atención de algún terrícola... Ya nada lo conectaba con ese universo, con ese hermoso planeta celeste...

¡Ya nada le importaba!

Deseó cortarse los brazos y eso estuvo a punto de hacer con sus uñas, cosa que Pan impidió al abrazarlo por detrás.

—No hagas estupideces, no lo hagas... —suplicó ella—. No frente a tu madre...

—¡Ella está muerta! —sentenció él desaforadamente, desquiciado como nunca—. ¡Ya nada importa, ya nada interesa! ¡ESTÁ MUERTA! ¡¡¡MUERTA!!! Y yo la maté...

Cayó para atrás, sentándose sobre las escalinatas y dejándose abrazar por Pan. agradeciendo y maldiciendo su presencia, pues era feliz de tenerla y de que el sufrimiento no fuera completo al saberse solo, pero era desdichado por seguir vivo sabiendo que el único lazo terrícola que tenía nunca había existido.

Ya no tenía hogar... Sin conexión con la Tierra y habiendo sido prácticamente expulsado de Vegetasei, Trunks ya no tenía hogar...

No tenía lugar donde caerse muerto.

No lo tenía...

Y un viento corrió con fuerza, haciéndolo gemir de sorpresa.

—No... ¡NO! ¡¡¡MALDITOS PORDIOSEROS!!! ¡¡¡¿QUÉ MIERDA HACEN FRENTE A LA TUMBA DE MI MADRE?!!! ¡¡¡¿CÓMO SE ATREVEN...?!!!

Y el tiempo se detuvo.

Trunks se quedó sin aire, pues la punzada en su pecho casi pareció un ataque al corazón. Tuvo que llevarse una mano hacia allí para intentar controlar la poca cordura que conservaba.

Pan abrió los ojos tan enormes como él, mirándolo y luego mirando hacia atrás, hacia el lugar del cual provenía la voz que acababa de gritarles con una furia indescriptible.

Giró y...

—Trunks... —susurró—. No es posible...

Él miró a Pan y ella parecía haber visto a un fantasma, pues su rostro estaba atónito, deformado por la sorpresa, por la incredulidad.

—No es posible... —siguió susurrando.

Trunks supo que debía mirar, pero no sabía con qué se encontraría.

¡¡¡¿QUÉ MIERDA HACEN FRENTE A LA TUMBA DE MI MADRE?!!!

Y, al reparar en esa frase específica, el Príncipe se quedó sin habla.

"Mi madre...".

¿Bulma Brief?

"Si Bulma Brief, mi madre, es su madre...".

Giró su cabeza aún cubierta y una lágrima lenta y pesada rodó por su mejilla.

"Si mi madre es su madre...".

¡Imposible!

Cabello lila y largo hasta la cintura.

Un ramo de flores en sus manos.

Delgada, de baja estatura...

Hermosa.

Y con los ojos azules... Los mismos ojos que él había maldecido durante toda su vida.

Los que su padre no era capaz de mirar fijamente...

Ahora le parecían la cosa más hermosa y resplandeciente del universo.

"Eso significa...".

—¡¿Qué mierda pretenden con la tumba de mi mamá, sucios delincuentes?! —farfulló la misteriosa mujer—. ¡¡LARGUENSE!!

Y Trunks sintió el viento moverse alrededor de ellos tres aquella mañana de domingo, jurando que ese mito tan popular en varias partes del universo acerca de los "ángeles" era cierto.

Esa mujer era un ángel...

El más perfecto de las cuatro galaxias.

"Ella es mi... ¿mi...?".

El ángel guardián que ataba los nudos entre él y el suelo de aquel precioso planeta.


Nota final del capítulo XXIV

...

...

...

...

...

¡Bra!

...

¡BRA! ¡BRA! ¡BRA! ¡BRAAAAAAAAAAAAAA! n.n

¡! (ok, me calmo, perdón XD).

Escribir un capi que casi todo habla de ella y no nombrarla fue doloroso u.u

¿Al principio del fic... alguien se lo imaginó? XD

Casi descarto la idea varias veces, pero llegó un punto en el cual me di cuenta de que esto TENÍA que pasar...

¿Por qué incluí a Bra en el fic? Los motivos fueron varios... Primero, Bra me encanta, se me hacía muy triste la idea de apartarla del fic siendo un personaje que me gusta mucho, aunque es una pena pero su edad va a ser distinta a la de la serie original, la explicación es muy sencilla: pusiera los hechos como los pusiera, no me cerraba de ninguna manera que Bra existiera con su edad de la serie, pero de eso les voy a hablar más en el capi que viene... No me gusta cambiar las edades de los personajes, pero este es un What If? y las cosas no tienen que ser EXACTAMENTE iguales a las de la serie... Así como me tomé una libertad convirtiendo a Chichi y Videl en saiyans, quise tomarme otra con su edad. Segundo y principal, necesito que Trunks tenga una conexión FUERTE con la Tierra, una que sólo Bulma hubiera podido darme, pero como ella no está (y después voy a explicar por qué la maté), Bra es la ideal...

Me guardé esto para el tramo final del fic porque tenían que pasar demasiadas cosas antes de que ella apareciera... En fin, espero no los desilusione el que Bulma no esté, les aseguro que, por medio de muchos flashback, va a estar muy presente en la historia, aún más que ahora... n.n

(Mucho más).

Disculpen el nuevo atraso, pero mi casa fue un DESASTRE estas últimas semanas (redecoraron la cocina) y tener obreros todo el día en mi casa no me dejó concentrarme demasiado, además de que estuve replanteándome algunas cosas de la historia como para ir encaminándome bien para el final. Encima ahora estoy pintando los nuevos muebles (si me vieran se reirían de mí, llena de manchas de pintura XD), así que anduve algo ocupada... XD

Además, anduve haciendo fanarts de este fic, en mi DeviantArt (la dire está en mi profile) pueden acceder a ellos si gustan, se los dedico de corazón a todos Uds. que me leen, los hice sólo para Uds. n.n

GRACIAS TOTALES.

En fin...

Gracias por todos los comentarios, gracias por leer mis delirios... En serio n.n

Y les tiro una bomba (¿bomba? o.o): este fic va a tener continuación (¡CHAN!). Aunque va a ser corta y MUY distinta a esta historia... lo decidí ayer mientras viajaba en tren (ahí es cuando más me inspiro XD). Espero les guste... Igual no estamos TAN cerca del final, así que falta XD

¡Saludos y cualquier cosa recuerden que pueden preguntarme vía PM o review!

Nos leemos n.n


Dragon Ball (c) Akira Toriyama, Bird Studio, Shueisha, Toei Animation.