La primer frase de este capítulo también me describe a mí xD
No, es broma, en realidad había estado ocupada con tareas y esta semana es la última del semestre, así que ya se imaginarán, pero bueno, el caso es que este es el último capítulo y les agradezco por todo el apoyo, me divertí mucho con esta historia, y si logré entretenerlos entonces estoy satisfecha :3
Nos queda ya nada más un breve epílogo que no sé cuando subiré, esta semana seguro que no haha pero pronto.
Cuídense mucho, los leo pronto.
Suficiente había sido ya el tiempo de estar holgazaneando, Bonnibel volvió al trabajo tratando de centrarse sólo en eso y lo conseguía la mayor parte del día mientras estuviera ocupada, sin embargo, en cuanto tenía un momento libre volvía a pensar en ella, quizá por eso a Marshall le daba la impresión de verla tan acelerada. No se quedaba quieta, si no era atendiendo a los animales buscaba algo más, como barrer y trapear el piso, tanto el del consultorio como el del patio donde se mantenían todos los perros. Reacomodo tantas veces los medicamentos que el chico se molestó al no poder encontrar un simple frasco de antirrábica.
— ¡Maldición, Bonnie! ¿Dónde rayos lo pusiste?
Ella entró y sacó un frasco de uno de los cajones del estante junto a la puerta.
—Aquí está.
Marshall lo tomó resoplando y una vez que pinchó al cachorro lo cargó para que dejara de llorar.
— ¿Me vas a contar que te pasa?
— ¿Por qué crees que me pasa algo?
—No soy idiota, Bonnibel, estás haciendo un desastre de todo este lugar, ya ni siquiera puedo encontrar nada aquí.
—No es un desastre, estoy reacomodando.
— ¡Me importa un bledo sólo deja de hacerlo!
— ¡Quién te crees para…!
El sonido de la puerta al abrirse los distrajo y la voz que dijo su nombre habría podido reconocerla en cualquier lugar del mundo. Por alguna razón, no le gustó saber que ella estaba ahí, aunque quizá fuera sólo un tonto presentimiento.
Bonnibel entró al recibidor seguida por Marshall que movido por la curiosidad había decidido acompañarla, aún con el cachorro en las manos.
— ¿Qué haces aquí? Es… Extraño verte a esta hora, usualmente estarías trabajando.
—Decidí tomar un descanso para traerte algo —dijo dejando su costosa bolsa de diseñador sobre el escritorio.
El chico se había sentado en la silla giratoria y observaba sin decir una palabra mientras su compañera trataba inútilmente de actuar relajada. Eso sólo le daba señales de que algo interesante sucedería y no planeaba perdérselo.
— ¿De qué querías hablar?
—Voy a hacer una gran fiesta informal en mi casa y quiero que vayas, decidí traer la invitación en persona ya que tenía tiempo.
—Oh gracias, pero sabes que a mí no me gusta…
Le tendió la carta sellada sin dejarla terminar de hablar.
—Eso es lo de menos, creo que deberías ir esta vez, como un favor para tu amiga.
—Yo… De acuerdo, iré.
— ¡Muy bien! Es hora de irme, tengo días muy ocupados.
Marshall hacía una mueca totalmente desilusionado por los acontecimientos. Esperaba que la situación tuviera algo entretenido que ofrecerle, pero al parecer no fue el caso.
—Por cierto, ¿ya arreglaste las cosas con Marceline?
Eso lo hizo enderezarse en su asiento.
— ¡Eh, Laura! Será mejor que dejemos esta conversación para después ¿no crees? Este es un mal momento.
—No veo ningún cliente aquí como para pensar que estás ocupada —respondió echándole un vistazo al lugar.
—No, pero no se trata de eso.
— ¿Qué tan difícil es decir sí o no, Bonnie?
Se apretó el puente de la nariz, Laura podía llegar a ser tan terca en algunas ocasiones. Eso era una de sus mejores cualidades, sólo que en casos así resultaba desgastante para ella tratar de imponerse sabiendo ya de antemano que sería inútil.
—No, no lo he hecho.
—Eso pensé. ¿Podrías decirme que estás esperando?
Bonnibel la tomó del brazo saliendo del lugar. No planeaba hablar de todo eso frente a Marshall sabiendo que sólo lo tomaría como un juego o una forma de pasar el rato. Aparte de usar esa información para molestarla todo el día.
Se detuvieron en la acera y quiso hablar, pero no supo cómo. ¿Cuántas veces era necesario hablar de esto? ¿Qué más necesitaba Laura escuchar de ella?
—No sé cuál es tu intención en todo esto, pero ni siquiera yo sé con exactitud porque soy tan incapaz de ir a buscarla. —Metió las manos en los bolsillos de su bata—. Quizá tengo miedo, me asusta quedarme sin ella, pero también ir a buscarla suena aterrador y la única vez que lo intenté fui muy ridícula.
—Oh cariño, no hay nada que temer —dijo tomando sus hombros—. Tú sólo necesitas distraerte un poco, así que ve a mi fiesta esta noche y tal vez encuentres todas las respuestas que necesitas.
—Muy bien, lo haré.
Le dedicó una sonrisa que su amiga devolvió. Pronto se había ido y ella estaba ahí, sola y sin ganas de volver al trabajo, pero tenía que hacerlo, después de todo, sus situaciones personales no podían afectar su rendimiento. Dio un gran suspiró y entró de nuevo al consultorio.
Veía las manecillas del reloj moverse tan lentamente que estaba comenzando a sentir ansiedad. Igual y fue mala idea quedarse en casa, pero no había más opción, Finn ya iba en camino después de insistir bastante en que no la dejaría quedarse aislada de todos, especialmente hoy.
Tocaron la puerta y tuvo que levantarse del sofá para abrir, su amigo venía con una enorme pizza en las manos y eso la hizo sonreír. Nada mejor para pasar un mal rato que un poco de queso y salsa de tomate en un pan.
El chico dejó la caja sobre la mesa de centro y ambos se sentaron a seguir viendo el canal de caricaturas, sólo porque no había sentido la necesidad de cambiarle en todo ese tiempo, de todos modos, ni atención estaba prestando, demasiado sumida en sus pensamientos y preocupaciones.
— ¿Cómo estás? —preguntó tomando una rebanada de pizza.
Ambos ya se saboreaban por la forma en que el queso caía de la rebanada.
—Ahora que has traído esto me siento mucho mejor.
—Las pizzas de Johnny son especiales.
Se quedaron en silencio un rato simplemente comiendo hasta que Finn dejó de probar bocado un segundo para poder hablar.
—Lamento lo que pasó con mi hermana, ella no es muy liberal y nunca lo ha sido. Tiene ideas muy arraigadas que aprendió de… su padre. Supongo que la poca convivencia que yo tuve con él me salvó.
— ¿Tu mamá no me odia?
Finn se encogió de hombros.
—Ella nunca habla de las cosas con las que está de acuerdo o no.
—Sí bueno, entendería si así fuera.
—No tienes porqué disculpar esas actitudes, Marceline. Igual no la necesitas, no hace bien nadie así en tu vida.
—Lo sé, pero ya decidí dejar eso por la paz —dijo levantándose del sillón—. ¿Quieres agua?
—Por supuesto, gracias.
Marceline fue a la cocina y cuando volvió cargaba con dos vasos de agua, Finn tomó el suyo enseguida para ayudarle. Lo dejó en el suelo a un lado del sofá donde no pudiera tirarlo por accidente.
— ¿Y qué hay de Bonnibel? Supongo que ya arreglaste todo con ella, dijiste que eso harías.
La chica cambió de canal la televisión hasta dejarlo en una película que parecía buena.
—Y eso voy a hacer, pero me di cuenta que si ese era mi plan tendría que pedir ayuda.
— ¿Me vas a pedir ayuda? —preguntó con la rebanada a mitad del camino.
—No, Finn, necesitaba una persona experta en manipulación —dijo con una sonrisa.
— ¿Vas a manipular a Bonnibel?
Finn parecía confundido y alzó la ceja en evidente duda por lo que estaba escuchando.
— ¡Claro que no! Escucha todo antes de reprenderme ¿de acuerdo?
—Está bien, te escucho.
Flashback.
Seguía quejándose con la almohada apoyada en el rostro. Sabía perfectamente que eso no sería de ayuda en lo absoluto, pero al no tener ninguna idea, la desesperación comenzaba a apoderarse de ella. Sentía que ya lo había intentado todo y, aun así, Bonnibel seguía sin perdonarla, incluso había terminado con Keila, lo cual iba a hacer de todos modos, pero eso debía ser suficiente al menos para darle la oportunidad de hablar otra vez.
Tenía que admitir que todavía no la buscaba para decirle, pero estaba un poco desanimada, quería estar segura de que iba a escucharla. Dejó la almohada de lado y encendió la televisión donde en esos momentos había una entrevista y se quedó observando porque se trataba de alguien a quien conocía.
Sonrió, quizás ella pudiera ayudarla. Es decir, la odiaba, pero quería lo suficiente a su amiga como para olvidar eso ¿no? Sacó su celular de la chaqueta que descansaba sobre una silla y buscó entre sus contactos el número de su interés hasta encontrarlo.
—Hey Cassie, ¿está Laura por ahí?
Minutos después ya hablaba con la mujer que tanto la intimidaba. Y no parecía nada contenta de volver a escucharla, aunque le agradecía que tomara su llamada. Tuvo que rogar mucho para que se prestara a ayudarla.
— ¿Y por qué tendría yo que ayudarte?
—Porque quieres ver a tu amiga feliz ¿no es así?
Laura soltó una risa al otro lado y cuando habló lo hizo con un tono irónico, casi como una burla.
— ¿Y tú la harás feliz? Tendrás que darme una razón mejor para decidir apostar por ti, Marceline.
Suspiró, esto sería más complicado de lo que había imaginado.
—Porque quiero hacerla feliz, Laura, yo entiendo que no me creas y hemos tenido ya esta conversación antes, pero no permitiré que vuelvas a dudar de mis sentimientos por Bonnie, yo la quiero y voy a acercarme con o sin tu ayuda.
Un silencio reinó de ambos lados por un rato.
— ¿Y cuál es el plan?
Marceline sonrió aliviada.
—Gracias, Laura.
Fin del Flashback.
— ¿Esa mujer no es de la que tuve que salvarte una vez? ¿Por qué pedirle ayuda a alguien así?
—Porque sabe cómo conseguir lo que quiere.
—Si tú lo dices. ¿Entonces qué van a hacer?
Marceline dio una mordida al último pedazo de pizza, se veía más animada ahora que cuando él llegó y no entendía porque estaba tan pendiente de la hora, viendo el reloj en la pared cada cinco minutos.
—Algo bueno, te lo aseguro.
—Eso no me dice nada —dijo entre dientes y volvió la vista al televisor.
Bonnie se masajeaba el cuello de camino a casa mientras pensaba por qué había aceptado la invitación de Laura. No es que hubieran tenido mucho trabajo, pero los baños a perros grandes son exhaustos y en especial el último. El animal decidió de pronto que saltar sobre ella y lamer su rostro era un plan perfecto después de bañarse. Así que ahora aparte de estar cansada, su ropa estaba hecha un desastre, sin contar que Marshall no olvidaría el incidente al menos en dos vidas.
Ya era tarde y las farolas se habían encendido, pero aún tenía tiempo suficiente para ponerse decente antes de la fiesta, así que apuró el paso, al menos antes de ver una figura en su porche y detenerse de golpe. No tenía miedo, pero sin duda no se esperaba una visita de la novia de Marceline en su casa. Quiso dar media vuelta, sin embargo, ella la había visto y ya caminaba en su dirección.
—Tú debes ser Bonnibel.
— ¿Cómo conseguiste mi dirección?
—Es probable que tengas muchas preguntas del porque me encuentro aquí, así que el "cómo" no es tan importante —dijo haciendo comillas con las manos.
—Yo diría que sí.
Bonnibel se abrazaba a sí misma en un acto de protección, a pesar de que realmente no parecía tener malas intenciones, el hecho de llegar hasta su casa y no querer darle la explicación no la ayudaba a relajarse.
—Te lo contaré, pero primero necesito saber algo.
—Oye si estás aquí para decirme que deje a Marcy o algo por el estilo debes saber que no me he acercado a ella en los últimos días, así que tu novia…
—Veo que no te lo ha dicho —la interrumpió y una breve sonrisa enmarcó su rostro—. Eso es una buena señal, creo.
— ¿Decirme qué?
—Que terminamos. Pensé que saldría a buscarte enseguida, pero veo que no fue así y sinceramente, si tú no quieres nada con ella…
—Yo no dije eso —comentó sin pensar.
Keila alzó una ceja y se acercó un poco más cruzando los brazos bajo sus pechos, dando un aspecto autoritario y amenazador.
— ¿Entonces de verdad te interesa estar con ella?
—No… bueno sí, no lo sé. ¿Por qué habría de decírtelo a ti?
Bonnibel estaba llegando a su límite, como si no fuera suficiente recibir un sermón de su amiga ahora tenía que soportarla a ella. Se sentía triste de que Marceline no le hubiera dicho nada de su ruptura todavía, pero por otro lado, la última vez que fue a su casa ella no estaba y no había vuelto a saber de ella en estos dos días.
—Porque yo todavía la amo y si tú no vas a hacer nada yo sí. Ya nos enamoramos una vez, puede volver a pasar, en especial después de tanto rechazo por tu parte…
— ¿Cómo sabes que…?
—No quiero que ella sufra por alguien tan indecisa, mientras tú la botas una y otra vez yo iré a consolarla y le mostraré quién la ama de verdad. Al final se dará cuenta, lo sé, la conozco. Te olvidará.
Bonnibel se quedó callada sin poder defenderse porque Keila tenía razón, ¿qué le estaba ofreciendo? Si se ponía en una balanza junto a la chica que tenía frente a ella estaba claro quien ganaría. En especial si cumplía su palabra e iba a consolarla como había dicho que era su plan. Terminaría perdiendo a Marcy de nuevo.
—Te dejo, Bonnibel, no tengo nada más que decirte. Iré a casa por hoy. Y en serio, no temas darte por vencida, al contrario, hazlo por favor, te lo voy a agradecer mucho.
Keila se fue dejándola ahí sin poder reaccionar. Suspiró cuando ya se había alejado lo suficiente, decirle esas cosas no fue fácil y hablar de su rompimiento sin que se le quebrara la voz fue toda una hazaña, pero después de su conversación con aquella chica amiga de Bonnibel, le quedó muy claro que si no intervenía la única herida iba a ser Marceline. Y todo lo que quería es que fuera feliz.
—Espero haberte dado el empujón necesario, Bonnibel —dijo para sí misma.
Había optado por recurrir a los celos, ahora todo dependía de la chica y que tanto quisiera quedarse con su ex.
Por otro lado, Bonnie decidió ir a ver a Marceline porque no podía soportar que las palabras de Keila fueran ciertas, porque no quería sentirla tan lejos de nuevo, tan inalcanzable, sólo había una opción a seguir ahora y era ir a confrontarla, no estaba segura de los motivos, pero no se detuvo a pensarlo tampoco. No se molestó en quitarse la bata ni su ropa de trabajo que todavía continuaba húmeda, en realidad no notó estos pequeños detalles, quería poder llegar a casa de Marcy y hacer algo. Hablar con ella. Lo que fuera.
Cuando llegó tocó la puerta y al no poder esperar siguió tocando continuamente, pero nadie abrió. Se asomó un poco a la ventana y no vio nada ni nadie, incluso estaban todas las luces apagadas y se sintió tonta por ir hasta ahí sin previo aviso y sin un motivo real.
Se dio la vuelta sentándose en el escalón y descansó su frente sobre sus rodillas mientras las abrazaba. Era ridículo estar ahí a esa hora y suspiró pensando por fin en su arrebato.
— ¿Y qué planeabas decirle Bonnibel? Hey, soy yo, la chica que ha estado ignorándote todo este tiempo, tu ex dijo que quería buscarte, pero no quiero que la dejes entrar de nuevo a tu vida. Es una tontería.
Levantó el rostro y se quedó ahí viendo los autos pasar, pensando que en alguno de los taxis podría llegar Marceline, pero los minutos pasaban y nadie apareció. Al parecer su vuelta había sido por nada.
Comenzaba a hacer más frío y tembló sin poder evitarlo, no se supone que a esta hora estaría aquí perdiendo el tiempo sino en casa con una frazada y un chocolate caliente. Su teléfono comenzó a sonar y al ver la pantalla palideció. ¡Lo había olvidado por completo! Pensó en no responder, pero sería peor, no dejaría de llamarla en toda la noche.
— ¿Hola?
— ¡Se puede saber dónde estás, Bonnibel!
Hizo una mueca y alejó el auricular de su oído lastimado por el grito de su amiga.
—Lo siento, Laura, lo olvidé, creo que debería simplemente quedarme en casa y…
—Nada de eso, te necesito aquí, Bonnie. Me lo prometiste.
—Pero no estoy presentable en estos momentos.
—No me importa, quiero verte aquí en quince minutos, esto es importante.
—Bien, Laura, voy para allá.
Colgó el teléfono y suspiró levantándose del suelo para poder sacudirse el pantalón. No llegaría a tiempo a menos de que tomara un taxi, aun así terminó llegando media hora después y, a pesar de no haber entrado todavía, ya se sentía totalmente fuera de lugar con esa ropa. Debió haber pensado desde un principio en lo extraño que era no escuchar la música que se supone tendría una fiesta, pero con sus pocas ganas de ir, estaba en todo menos en lo evidente.
Fue Laura quien le abrió la puerta y al verla alzó la ceja.
—Cielos, Bonnibel, dije informal, pero de haber sabido que eso para ti es informal te habría mandado a alguien para ayudarte con tu atuendo.
Las mejillas de la chica se pudieron rojas.
—Por eso no quería venir, te dije que no estaba presentable.
—Da igual, sólo pasa.
Fue entonces cuando lo notó, no había nadie en ese lugar, ni música, ni botanas, nada. Giró a verla, confundida y notó que Laura sonreía.
— ¿Dónde está la gente?
—Oh, sobre eso, fue una pequeña mentira.
—Pero incluso me diste una invitación…
—Apuesto a que ni siquiera la abriste porque era de una boda a la que me invitaron.
Al saberse descubierta prefirió no seguir por ese camino y decidió pasar a algo más importante.
— ¿Entonces para qué querías que viniera?
—Espera aquí.
La dejó sin permitirle decir nada y entró a la cocina. Bonnibel no entendía nada, ¿era por esto que cambió su cama y su chocolate? Podría haber vuelto a casa y ahora estar viendo alguna serie en TNT, pero no era así y conociendo a Laura, seguramente esto no era más que una tontería.
Quizás el pensar eso la hizo quedar en blanco cuando vio a Marceline con uno de esos bonitos vestidos que reconocía de la colección de su amiga, se veía nerviosa, pero ni siquiera eso le restaba belleza. Llevaba el cabello suelto sobre los hombros y tacones, aunque ya la había visto así antes en televisión, era la primera vez que la tenía de frente con esa ropa.
—Hola Bonnie.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó cuándo notó que había pasado mirándola más tiempo del necesario.
—Necesitaba hablar contigo.
Bonnibel parpadeó y comenzó a entender lo que sucedía, por eso Laura fue tan insistente y Marceline no estaba en casa porque se encontraba ahí.
—Esto fue idea de Laura ¿cierto?
—Lo del vestido sí, por lo demás, era idea mía traerte aquí. Digo, pude haber ido a tu casa o invitarte a la mía, pero ya había intentado eso antes.
Por alguna razón comenzó a enojarse y no entendía porque, pero no pudo evitar acercarse y comenzar a reclamarle todo lo que cruzara por su mente.
—Fui a buscarte a tu casa y no estabas.
— ¿Fuiste a mi casa?
Marceline parecía sorprendida, especialmente por la repentina actitud de la chica.
—Además, tu ex novia fue a verme, ¿por qué no me dijiste que habían terminado? ¿No se supone que querías estar conmigo? No me habías buscado y pensé que ya no importaba y cuando ella dijo que te quería de vuelta quise decirte que no la aceptaras de nuevo, pero tú no estabas en tu casa. —Sus reclamos ni siquiera tenían mucho sentido, pero no podía detenerse y al acercarse tanto a Marceline la obligaba a ella a retroceder.
—Bonnie, yo no sabía que...
— ¡No quiero escucharte! Ya no quiero escuchar nada de ti, Marcy. No merezco toda tu comprensión y la paciencia, pero me niego a que vuelvas con tu ex.
—Yo no voy a… —trató de decir topando con la pared.
Bonnibel apoyó las manos en su pecho, por encima de su escote.
—Te dije que no quería escucharte, esta vez tengo que hablar yo ¿entiendes?
Marceline asintió, pero Bonnie no dijo otra palabra. La tomó del cuello dándole un beso que no se esperaba, evitándole reaccionar de inmediato, aunque en cuanto pudo hacerlo la abrazó por la cintura profundizando el contacto. Había estado tanto tiempo deseando repetir esto que parecía casi un sueño, sin embargo, se sentía muy real. El calor del cuerpo de Bonnie, su nariz fría, la humedad en su ropa, el olor de su champú y la suavidad de sus labios. Era una sensación única que no podría ser igualada ni siquiera en un sueño.
Cuando se separaron Bonnibel, avergonzada de su repentina acción, quiso alejarse, pero Marcy no la dejó y la mantuvo aferrada a sus brazos hasta conseguir abrazarla.
—Estoy enamorada de ti, Bonnie.
Su corazón se aceleró y tuvo miedo de que lo notara y quedar como una ridícula, pero no pudo evitar sonreír y devolver los brazos a su cuello.
—Yo también —admitió.
—Te dije que el vestido funcionaría —dijo Grumosa tras ellas.
El susto las hizo soltarse y reír por la situación, aunque Marceline no alejó su brazo de la cintura de Bonnibel.
—Oye, te dije que eso arruinaría las cosas —comentó Finn saliendo de la cocina.
— ¿Cuánto llevan ahí? —preguntó Bonnie con las mejillas rojas.
—Se supone que no debían arruinar el momento.
Marceline los miraba con un gesto reprobatoria, sin embargo, la sonrisa delataba su felicidad.
—No arruinamos nada, tendrán mucho tiempo para ser cursis.
Laura mostró la botella de vino que llevaba en la mano.
—Ve por unas copas, niño, esto hay que celebrarlo. En especial porque no me esperaba que fueras tú la que dijera todo, Bonnibel.
—No soy sirviente de nadie —se quejó Finn antes de ver la mirada de Laura y aceptar—. Iré enseguida.
—Basta de eso, es sólo un niño, Laura.
—No importa. Vamos, acompáñenme, la noche es muy larga —dijo sentándose en el sillón.
Marceline y Bonnie no dudaron en ir con ella y Finn llegó con las copas donde sirvieron vino una vez que Laura destapara la botella con el taco impresionando a los presentes.
—Tengo clase ahora, pero no olvido dónde nací —comentó con un guiñó.
—Brindo por ustedes, chicas y que ahora que lograron ponerse en el mismo canal, no dejen de estarlo.
Todos levantaron sus copas para chocarlas.
—Y por mi próxima pasarela.
Marcy disfrutó mucho ese día, en especial porque por primera vez desde su pérdida de memoria, se sentía completa y el único que faltaba era el cura para tenerlo todo, pero sin duda iría a darle las buenas noticias al día siguiente. Y no dejaría ir a Bonnie de nuevo, no con el trabajo que le costó que la aceptara. Ahora que la veía conversar con Laura y Finn soltando risas y tan ensimismada en ellos podía observar su perfil y lo mucho que le gustaba, aunque la mejor parte fue cuando se dio cuenta y la miró regalándole una sonrisa. Volvió a la conversación, pero tomó su mano y no la soltó.
Respuestas a los reviews.
LucyLoquilla: Necesitó un pequeño empujón, pero a fin de cuentas lo consiguió.
Ah, lo sé, la situación con Fionna es algo real, no en mi vida, pero sí en la de muchos. Tristemente.
Laura ya hasta ayudó a Marcy :3 Gracias por tu comentario, espero que este también te guste, ya es el final después de todo, fue agradable leerte en cada capítulo, gracias uwu
alecita122: jaja eso ya se llama esclavitud, sabes xD Descuida, Bonnie ya entró en razón gracias a Keila y ya todo terminó :'3
Deilys leon: Mucho más bello ahora :3
Copernicus: Ya le dijo, tranquilo, al final Marcy no va a ningún lado OwO
Querido invitado: Gracias por tomarte el tiempo de responder, conmigo nunca hay que preocuparse en que deje las historias inconclusas, no lo hago, sólo una vez y ahora ya la tengo también a punto de terminar jaja Y este es el final de la historia, aparte del pequeño epílogo claro uwu
Espero que te haya gustado, saludos amable extraño.
