Siento el retraso.


25: No hay vuelta atrás.

Mason le hizo una seña al chofer de manera despectiva, el hombre bufó de mala manera pero arrancó acatando las normas, tampoco quería tener problemas con el jefe; el rubio miró fijamente los campos Eliseos pensando exactamente cual era la mejor forma de librarse del problema, sería tan fácil bajar ahí mismo y matarlos delante de todos pero entonces perdería la oportunidad de ganar cientos de millones, apretó los puños contra su regazo, cerró los ojos y contó hasta diez repitiéndose mentalmente que hacía todo esto por una gran suma de dinero, era mucha la gente que creía que era invencible, poderoso y malvado pero en realidad, solo era otra mierda más en el mapa, donde cualquiera podría destrozarle vivo. Él necesitaba el apoyo de Robert Salvatore, y sabía, que gracias a Elena conseguiría un buen pico, ¡hablaban de millones!

Le daba igual la venganza personal. Tendría que darle igual pero era imposible, cogió su teléfono, como había hecho unos minutos atrás antes de arrepentirse, y llamó.

Amara Pierce tenía que cogerlo si o si, resultaría gratificante hablar con Robert o Tom, pero muy poco convincente aunque a todos les costase reconocerlo el poder estaba en las manos de una niña de diecisiete años.

- Me aburres Mason…-alargó las vocales de su nombre como si se tratara de una melodía muy antigua- ¿Qué sucede ahora? Estaba con Tom…¡a ti no te he dicho que pares! -le gritó a su acompañante, mientras, que con una mano agarraba las sábanas con fuerza- ¿Sabes Mason? Quería ver a Elena ahora pero lo he pensado mejor…

- Hay un problema.

Oyó un ruido sordo, como si se acabara de caer algo ruidoso, Mason gruñó por lo bajo al reconocer lo que Amara había estado haciendo unos segundos, claramente fastidiado se vio tentado de colgar y llamar más tarde pero entonces recordó toda la furia acumulada y las ganas de mandar a la mierda toda clase de plan.

Se quedó quieto.

- Bien, toda tuya, dime.

- Jenna está viva -no esperó su reacción- Por poco tiempo, porque pienso matarla personalmente ahora que sé…

- ¡Calla gilipollas! -se quedó quieto, no supo si se estaba refiriendo a él personalmente o a Tom, que seguro estaría ahí con ella.

Era con él.

- ¿Amara? -la oía respirar, inspirar y expirar de una forma muy dramática como si estuviera a punto de estallar o algo así.- ¿Te encuentras bien?

- Tu eres el que no se encuentra bien. No llevo con esta gente diecisiete años para que tu me vengas con estas estupideces.

- Sino recuerdo mal accediste con diez, llevas siete…

- ¡Vete al Infierno! Que Dios me bendiga ahora mismo porque tengo pensamientos insanos contra ti. Mira guapo. No nos toques la moral, puedo pasarte con Robert, y ya vas tu a contarle que quieres destrozar sus planes por venganza.

- Técnicamente el se está dejando llevar por lo mismo -comentó de pasada, le hizo una seña al conductor para que parara- Mira Amara, no estoy para tonterías, no puedo dejar atrás mis ideales por una venganza estúpida.

- ¿Tus ideales? -se mofó- ¿Robar, extorsionar, asesinar? No sabía que eso fuera filosófico.

- Tampoco es nada filosófico desearle un daño irrevocable a una niña de diecisiete.

- Mi hermana no es una inocente, solo una puta que tuvo suerte, ¿¡sabes!? ¡Si esos subnormales no se fueran equivocado de niña yo no estaría aquí!

- No, estarías muerta. Porque eso es lo que esperaba Robert, todos muertos menos una niña para después pedir la herencia y vengarse así de la puta de Miranda, ¡eso es lo que esperaba! ¿¡qué pasa no te han contado toda la verdad!?

El silencio se hizo en la línea. Mason se pasó una mano por el rostro totalmente humedecido debido a la calor que hacía ahí dentro, bufó exasperado y agarró un botellín de agua.

- No juegues con nosotros -la voz de Tom retumbó en el coche. Tom Avery o más conocido como Silas, tenía treinta y siete años, desde muy pequeño había sido guiado por un suicida y sociópata como su padre y ahí estaba el resultado un puto perro hijo de puta- Sé paciente, nosotros nos encargamos de Jenna.

Y colgó.

- Señor -le miró desde el espejo retrovisor- ¿Le llevo al aeropuerto? Su vuelo sale en breve.

Mason asintió de forma mecánica, cogió, otra vez, su teléfono para mandarle un mensaje a los chicos, que estuviera a punto de estallar no significaba que aún no tuviera control de lo que hacía, simplemente debía evitar el contacto visual con ellos.

Una de las cafeterías más importantes de París estaba al norte de la Torre Eiffel por eso, los cinco chicos estaban sentados en un café bastante mediocre, en una zona muy apartada de la parte turista, pero aún así, el brillo de París estaba en todos lados. Elena tomó su café.

- No me puedo creer que nos vayamos de París -comentó nostálgica como si París hubiera sido su hogar durante años, Enzo soltó una carcajada mientras le robaba un macaron- ¡Hey!

- ¿Qué? -le enseñó las manos, la crema rosa del macaron asomaba por el labio, Elena le fulminó con la mirada- No he hecho nada…

- Niños, sois mis niños.

- Nos haces sentir muy jóvenes -le comentó de pasada Damon- Cuando el más viejo aquí es Alaric.

- Gracias colega, yo también te quiero.

El sonido de las risas de sus amigos para Jenna era música celestial, nunca creyó que encontraría una familia entre todos ellos y casi sentía la pérdida. Podía verlo, en el aire, en el ambiente, en la situación, todo se iba a ir a tomar por culo en cuestión de días, tal vez semanas. Agosto había empezado a lo grande y no iba a terminar nada bien.

- Vale, chicos, sois unos nenes pequeñitos pequeñitos, ¿os vale?

- ¡Nah tampoco te pases! -la amenazó Enzo con una cucharilla de café comenzando la risa de todos los presentes, Elena se agarró del brazo de Ric en un acto reflejo, llamando la atención de los otros tres en la mesa.

Demasiado juntos, fue el pensamiento tanto de Damon como de Jenna y Enzo pero nadie expresó sus pensamientos en voz alta, simplemente se limitaron a seguir bromeando, esperando que todo fuera un malentendido.

- ¿Ric? -el chico se giró con un trozo de tostada en la boca- ¿Puedes venir conmigo a la barra a pedir un poco más de café?

- El mesero está ahí…

- ¿Y? -cuestionó Jenna- ¿Te molesta mucho alejarte de Elena?

Nadie emitió una queja, Alaric salió arrastrando la silla, Elena le dejó pasar pero no apartó los ojos de Jenna en ningún momento, no estaba entendiendo la escena de celos, ¿a qué venía eso?

Jenna dejó que Ric pasara primero para ser ella la que viera cada uno de sus pasos, nunca se había considerado una mujer celosa, lo que era suyo, era suyo nadie iba a decirle lo contrario, ¡que se atreviera siquiera!

Llegaron a la barra.

- Más café.

- Claro.

En cuanto el mesero desapareció,Ric se giró para mirar a su amiga, esperando una explicación coherente a su movimiento de antes.

- ¿A qué mierda ha venido eso de antes?

Jenna le miró con dureza. Para al rato, suavizar el rostro, con una sonrisa le cogió del brazo para mostrarle un Ipad casi minúsculo comparado con los que frecuentaba la chica.

- ¿Para qué…? -vocalizó porque si Jenna no había pronunciado palabra era evidente que pasaba algo y que todo el numerito anterior sería puro teatro. Esperaba.

Encendió el aparato, no pedía contraseña, cosa un tanto extraña y solo había un archivo, lo encendió comprobado que se trataba de una hoja de cálculo, la miró por encima, todo eran números y conjeturas al alzar. Miró a Jenna esperando una respuesta.

La chica rodó los ojos y le señaló unas barritas repletas de fechas, desde el 2004 hasta el 2014, era el tiempo que llevaba Damon trabajando para Mason, y por lo tanto, todo lo que aquí ponía era su deuda, desesperado giró la pantalla para poder ver los datos desde otra altura.

Cero euros, dólares, libras, lo que quisiera. Damon no debía nada a Mason. Era libre. Siempre lo había sido.

- ¿Qué mierda…?

- Me di cuenta hace poco, el otro día, cuando me enteré de la "verdad", me puse a investigar a los Gilbert, a los Salvatore y a toda esa mierda.

- ¿Cómo sabes…?

- No importa. Quiero decir que hay un vínculo que ata a las tres familias, Mason trabaja para los Salvatore.

- ¿¡Qué!? -gritó, Jenna le tapó la boca casi al segundo. Miró por todos lados, localizando entre los presentes algo sospechoso, pero no había nada más llamativo de lo normal, estaba claro que Jenna estaba perdiendo sus facultades.

En un reservado con una vista perfecta de lo que estaba sucediendo en la sala se encontraba Amara Pierce, observando la escena con un cuidado milimetrado, en cuanto Mason le llamó supo que algo iba mal, pero en ningún momento esperó que esa sabelotodo estuviera viva, sonrió recostándose contra los cojines, claro que no se sorprendía, a fin de cuentas, Jenna era una superviviente.

Sacó su teléfono móvil y tecleó la marcación rápida. En unos segundos el sonido característico de ese acento italiano resonó en la otra línea.

- Robert querido, Mason tiene un problema.

- Te escucho querida.

- Jenna sigue viva -susurró con sensualidad algo de lo que Robert estaba más que acostumbrado, el hombre bufó exasperado al darse cuenta de la magnitud de sus problemas.

- ¿Cuan gran problema es?*

- Mm, cuando hablas así no te entiendo…

- Perdona, ¿cómo de grande es el problema? -intentó de nuevo olvidando que el italiano de la chica era casi pésimo. Amara le relató los hechos por encima, no solo la muerta de Jenna sino que encima parecía que los chicos habían elegido antes a una traidora que a la causa- No me impresiona, ese demonio de Damon hace lo que le venga en gana, si esa gente supiera quien es Damon en realidad…

Amara no dijo nada, solo escuchó la retahíla de insultos hacía el chico, aunque lo negaría si alguien se lo echaba en cara alguna vez, para ella Damon no era para nada lo que el jefe le decía pero no protestó.

- ¿Hago algo?

- Encárgate de Jenna.

Amara asintió colgando al instante. Miró en dirección a la barra no localizando a la pareja que antes discutía tan acaloradamente, sonrió desviando la mirada hasta la terraza donde localizó a tres de ellos.

- ¿La cuenta, s'il vous plait?

Jenna y Ric llegaron a la zona reservada donde estaban sus amigos, sumidos en sus propios problemas no vieron que solo Enzo permanecía en la mesa. Ric, al segundo se temió lo peor, sus amigos podrían llegar a ser un dolor de muelas.

- ¿Dónde están Damon y Elena?

- Salieron a buscaros -comentó un muy indignado Enzo al ver con sus propios ojos lo que más temía, que entre Elena y Damon había algo demasiado fuerte- O eso pensaba.

- Tengo que contarles algo. -comentó cansada Jenna- Y necesito que estén todos, ¿podéis ir a buscarles? No tengo tiempo para tonterías.

- Pues esos dos si que tienen tiempo para "tonterías" -bromeó de mala gana Enzo bebiéndose de un trago lo que quedaba de café- Necesito algo más fuerte.

Alaric negó con la cabeza.

- Voy yo, quedaos aquí -manteniendo aún las manos entrelazadas, se separó de Jenna con claras dudas en sus ojos, una parte de él temía que Jenna desapareciera de un momento a otro.

Elena caminó frenéticamente por las calles, intentando huir de Damon, no es como si le tuviera miedo o algo así es que no necesitaba escucharle, vale que se dio la vuelta dispuesta a hablar con él, a enfrentarle, pero, ¿de qué le iba a servir hacer tal estupidez?

Necesitaba respuestas, una explicación coherente por todo y por nada. Había veces que podía ver en sus ojos azules un poco de humanidad, algo, como si realmente ella le importara, pero en otras ocasiones, cuando estaban juntos, algo estallaba volviendo todo negro y sin vida y ahí es cuando se daba cuenta de la cruda realidad. Ella no era nada para él.

Apretó los puños con fuerza.

- ¡Elena! -Damon corrió tras ella, alcanzándola en una esquina, la agarró con fuerza de la muñeca tirando de ella para que le mirara pero la chica esquivó sus ojos con la misma velocidad, intentó zafarse de su agarre pero no tenía más fuerzas para resistirse, Damon se puso peligrosamente cerca- ¡Mírame! ¡Ahora!

Pero no lo hizo, no solo no le miró es que ni siquiera le habló, era incapaz de pronunciar una palabra, las palabras se le atoraba en la garganta impidiéndole respirar, decir algo con coherencia, las lágrimas caían sin control mientras la cercanía de Damon se volvía adictiva, como su cuerpo reaccionaba al suyo.

- ¡Elena, no hagas esto!

- ¿¡Que no haga qué!? -le suplicó, atreviéndose a mirarlo por primera vez, el chico se quedó quieto, paralizado al ver el dolor en los ojos de la chica. Como si algo se rompiera dentro de él,deshizo el agarre- Tu, tu eres el que hace toda esta mierda, Damon...a mi...me importas…

- Angelito…

- No, no empieces con eso, Damon. No vayas a decirme que te importo, porque si te importara no jugarías conmigo -sollozó limpiándose las lágrimas de forma desesperada, Damon, paralizado solo quiso acabar con toda esta mierda, tomarla entre sus brazos y hacerla suya.- ¿Sabes cual es tu problema? Que con esa idea tuya de que eres malo para los demás haces que se alejen de ti, que la gente salga dañada…

- Pues parece que contigo no funciona -susurró con la voz rota, la chica lo miró unos segundos antes de responder- Nadie te pidió que te acercaras.

- Tu no me lo impediste tampoco.

- ¿Por qué, Elena? ¿Por qué estar cerca de alguien tan peligroso como yo? -se señaló- Dime, ¿por qué?

- No lo sé -comentó a los minutos sintiendo como el aire a su alrededor se volvía cada vez más espeso, no sabía porque seguía haciendo esto, bueno si, si lo sabía, le miró a los ojos y pudo ver en ese azul eléctrico el mismo miedo- O tal vez si.

- Necesito una respuesta Lena, necesito saber...qué me está pasando...necesito desesperadamente saber porqué sigo buscando… -se calló, agachó la cabeza para impedir que Elena pudiera ver el dolor en sus ojos, nada tenía sentido, no entendía como esa chica se había vuelto algo constante en su vida, no tenía sentido para él, porque cada vez que cerraba los ojos su mente dibujaba su sonrisa, su cuerpo desnudo o simplemente sus besos, apretó los puños, clavándose .las uñas en la fría piel.

- ¿Qué...buscas…? -tragó saliva ruidosamente, dio un paso al frente necesitando sacar fuerzas para obligar a ese chico a hablar pero no sabiendo tampoco muy bien como hacerlo- Dime, Damon…¿qué buscas?

- Una excusa para estar contigo.

Se quedó boquiabierta, las lágrimas caían por su rostro marcando con surcos sus mejillas y sus labios, el aspecto de Damon no era ni mucho menos mejor, sus ojos azules brillaban con intensidad, las lágrimas caían silenciosas y su cuerpo temblaba como una hoja de papel, sin pensarlo, la castaña acortó las distancias entre ambos, uniendo su boca con la suya, mientras enredaba las manos en su cabello azabache, Damon alucinado, soltó un jadeo al notar la lengua de la castaña dibujando sus labios, abrió la boca por pura inercia, uniendo sus lenguas en ese baile, como si ambas fueran viejas amigas, el beso se volvió salvaje a los segundos, y ambos jadeantes buscaron cada centímetro del cuerpo del otro, el chico pasó sus manos por su espalda, hasta sacar la blusa por sus pantalones, la chica jadeó en su boca, arañando su cuello con desesperación.

- Damon…-jadeó desesperada, colocando su frente contra la suya, el chico la abrazó con fuerza mientras sus respiraciones se estabilizaban. Cerró los ojos unos segundos y una sonrisa torcida apareció en su rostro.

- No sabes cuanto te extrañé…

- Yo también -ambos unieron sus labios una vez más, y hubieran seguido besándose, sino fuera porque estaban en mitad de la calle, a la vista de todo el mundo, y aunque Damon, amaba estar así con Elena sabía que su prioridad era la misión, enfurruñado se separó de la chica, manteniendo sus manos en sus acaloradas mejillas- Damon…

- Tenemos que volver con los demás -consiguió decir, aunque su voz sonó más grave de lo normal- ¿O prefieres que tu Alaric nos vea así?

Elena cerró los ojos unos segundos. Respiró hondo varias veces, no quería que, otra vez, todo se estropea por unos celos infundados, tomó las manos de Damon justo cuando el chico iba a disculparse por su atrevimiento pero Elena fue más rápida.

- Quiero estar contigo, no con nadie más, a ver si eso te entra en la cabeza una puta vez, ¿entendido?

- Te adoro…-susurró capturando sus labios una vez más, Elena enredó sus manos por detrás de su nuca atreyéndolo más cerca suyo, ambos rieron al notar lo doloroso de la cercanía y lo molesto que era oír las quejas de la mayoría de los transeúntes- Vamos anda…

- ¡Jo, no quiero…! -un puchero adornaba su pequeño y adorable rostro, Damon se mordió el labio dibujando con sus dedos la boca de la chica- ¿No podemos…?

- Cariño, vamos con los demás, tenemos que parar a Mason e irnos lejos -no quiso decirlo, en serio, se arrepintió nada más decirlo, él sabía mejor que nadie que tendría que traicionar tanto a Jenna como a los demás porque su venganza, a fin de cuentas, iba por encima de cualquier cosa, pero mentir valía la pena si con eso la felicidad reinaba en el rostro de ese pequeño ángel, la chica se lanzó a sus brazos, girando en el aire, decidieron, a regañadientes, volver a la realidad.

La pareja, tonteando y empujándose alcanzaron la calle que comunicaba con el bar pero antes de poder dar un paso más unos brazos tiraron de ellos, Damon se puso a la defensiva, agarrando al idiota por el cuello para después comprobar que se trataba de Alaric.

- Tío -se quejó Damon soltandolo de golpe- ¿¡De qué vas!?

- Jenna se ha tenido que ir.

Elena abrió la boca alucinada miró por todos lados, asomándose incluso a la calle de la cafetería, era cierto, ni rastro de la pelirroja.

- A ver, ¿cómo que ha tenido que irse? Íbamos a hablar de Mason.

- Lo sé, pero vimos algo muy raro. Alguien nos observaba.

- ¿Quién? -se preocupó- ¿Mason?

- No, Katherine.

- ¿Quién? -se echó para atrás, odiaba cuando la gente le decía un nombre y daba por hecho que él tenía que conocerla.

- Una compañera, sus jefes le tienen dicho que no muestre que está viva, Damon, acaba de hacer todo lo contrario.

- Ya bueno, no es como si estuvieran muy pendientes de lo que hace al día. -le quitó importancia con un gesto despectivo- ¿Y os ha dicho algo?

- Que nos verá en Edimburgo.

Miranda comprobó la hora en su teléfono por quinta vez consecutiva, Grayson hacía un rato que había salido al exterior para esperar al investigador afuera pero Miranda había optado por vigilar desde la suite, no es que desconfiara de la gente pero eran demasiadas cosas, hacía poco que habían hablado con John, su cuñado y este parecía realmente nervioso, suspiró, pasando un dedo por el rostro de sus pequeñas, la única foto que tenía de sus hijas, sonrió con desgana pensando en la posibilidad que en vez de salvar a Elena hubieran salvado a Amara, ¿las cosas serían diferentes? ¿Elena sería la zorra manipuladora? No claro que no, si hubieran secuestrado a Elena ya tendrían la herencia de los Gilbert en su poder, una parte de Miranda odiaba a la mujer de Grayson por haberles puesto en este aprieto cuando murió pero por otro lado no podía culparla, ¿cómo sabía alguien de la herencia? ¿quién estaba tan pendiente de las vidas de unos simples empresarios?

Su teléfono vibró, cayéndose de sus manos, la mujer, malhumorada se agachó para justo ver como un nuevo archivo se añadía a dropbox. Agotada mentalmente cliqueó en la carpeta que ponía Mirada en letras grandes.

Había dos archivos, un documento de word y una imagen, cliqueó en la imagen, viendo, no muy animada una serie de fotografías de varios chicos, las pasó sin ánimos, pero la foto de un muchacho de ojos azules la dejó paralizada, pasó un dedo por la imagen, no era el chico el que llamaba su atención sino la muchacha que estaba a su lado claramente enfadada.

- Elena… -gimió sorprendida.

Sin pensarlo pasó todas las fotos, viendo como su hija salía en la mayoría de ellas, y lejos de parecer secuestrada estaba rodeada de gente que parecía quererla con la misma intensidad que ella y Grayson, las lágrimas se agolpaban en sus ojos con fuerza, ahogó una exclamación y sin pensarlo tomó el documento.

El documento estaba repleto de nombres y datos insignificantes para ella, pero no solo de eso, sino también de lugares, su móvil vibró al ser actualizado el mismo documento que tenía, refrescó la página comprobando que un nuevo destino se dibujaba en sus ojos.

Edimburgo.

Tomó el teléfono fijo para pedir unos pasajes directos a Edimburgo, vale que la zona era enorme y que tendría que estar recapacitando, ¡ni siquiera sabía quien le enviaba la información! pero su instinto maternal era superior a cualquier cosa, tras reservar un viaje a esa misma tarde siguió revisando el documento, el sonido de unas llaves le dejó claro que Grayson, junto a Mason estaban llegando.

Mason Lockwood.

Y ahí estaba, justo delante de sus ojos, estaba la imagen del hombre que, supuestamente, apoyaba a la persona que quería a su hija, su móvil cayó al suelo en un golpe seco, la advertencia de cuidado desapareció al mismo tiempo que la pantalla de su móvil; Grayson corrió a su lado para comprobar que tanto la tensión como el corazón estuvieran bien, lo estaba; aunque Miranda sentía que en cualquier momento se desmayaría allí mismo.

Ese hombre era un mentiroso.

El aeropuerto, a diferencia de hacía un mes, estaba atestado de gente, de turistas como de gente que estaba esperando a la hora de su vuelo, fingiendo sus papeles, Elena estaba pegada a Damon, la última vez que se vieron en esa situación ambos estaban claramente incómodos, sonrió al recordar lo tonta e inocente que fue en esa época, y ahora, bueno tenía mucho mundo que conocer pero ya no era como antes, miró por encima de sus pestañas la figura de su "supuesto" marido, dios, tal vez no era amor pero le quería hasta dolor, apretó su agarre para que notara que aún estaba ahí, que todo estaba bien, que estaban juntos.

Cuando sus ojos se cruzaron con los suyos todo el miedo y la ansiedad desapareció porque ambos sabían que estar juntos era como montar en una montaña rusa recién almorzados y con el estómago revuelto, algo raro y peligroso.

- ¿Preparados? -rió Enzo a lo que los demás le fulminaron con la mirada- ¿Eh? Soy realista, este va a ser nuestro último viaje, ah, no. El último será cuando Mason nos pegue un tiro, ¿verdad?

- Vete a la mierda -le sacó la lengua Elena, ganándose una carcajada de Damon al segundo, todos, después de eso comenzaron a reír, por instinto Elena echó la vista atrás, pasó la mirada por encima de todo el mundo, por un momento creyó sentir unos ojos puestos en ella, pero era eso, su imaginación.


¿Habéis descubierto que spoilers eran ciertos y cuales no?

Tranquilos, recordad que tengo todos los episodios escritos tendréis más oportunidad de acertar, simplemente hay que echarle imaginación. Como os he dicho al principio siento la tardanza, iba a subir el jueves de TVD o el mismo viernes por la mañana, pero la tarde del jueves y gran parte del viernes lo pasé con un resfriado y un dolor de cabeza terrible y encima ese viernes tenía examen de filosofía (lo hice aunque acabe fatal) pero bueno ahora estoy mejor, me molesta la cabeza y tengo fiebre de vez en cuando pero estoy casi recuperada dispuesta a darlo todo escribiendo, si los exámenes me lo permiten claro, prueba de ello es que llevo bastante avanzado el siguiente episodio de Calle Bourbon.

La serie me está ayudando a que las ideas vengan con mucha fuerza en mi cabeza, pronto tendréis noticias de mis ataques de inspiración.

Gracias por vuestros reviews, amo-adoro cuando tomáis un poco de vuestro tiempo para darme vuestra opinión y demás, en serio os adoro y en cuanto pueda respondo a vuestras dudas y sugerencias.


Ronda de Spoilers:

Dos verdades y dos mentiras.

1: Elena muere en las manos de Damon.

2: Elena descubre que va a ser vendida por una esclava.

3: Recuerdos dolorosos de Amara.

4: Enzo descubre una verdad terrible sobre su hija.

¿Apuestas? Esta vez, creo que es más complicado de averiguar, ya que todo tiene truco, pero prometo que si descubrís cuales son os envió un spoiler (si tenéis cuenta en FF) sorry.


¡Espero con ansias vuestros comentarios!

¡Besos!