Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 24: Sarada.
— ¿Qué tienes?— preguntó Naruto extrañado— has estado inquieto desde hace bastante rato.
— Me creerías si te digo que no sé qué me pasa— respondí— pero tengo una inquietud en el pecho que no me deja tranquilo.
— Tal vez son los nervios— divagó pensativo.
— ¿Por qué estaría nervioso de estar aquí?— cuestioné con una ceja alzada— no se trata de estar aquí, me da igual a que grupo me asignen o como sean los entrenamientos. Es como...— hice una pausa buscando las palabras adecuadas— como si alguien necesitara de mí.
— Quizás Sakura-chan está desesperada porque cree que estás muerto y puedes sentirlo porque sus sentimientos están fuertemente conectados.
— Extrañamente, no me parece una idiotez lo que dices— Naruto esbozó una sonrisa de suficiencia.
— Cambiemos de tema antes de que enloquezcas— comentó burlón— espero que nos toque en el mismo grupo.
— Ni aquí puedo librarme de ti— ante mis palabras, Naruto se mostró ofendido— ¿dónde quedó tu sentido del humor, Usuratonkashi? Sólo bromeaba.
— Es que lo dices con tanta seriedad— comentó.
— De cierta forma agradezco que estés aquí conmigo, tú has sido mi mayor apoyo en toda esta situación— sonreí con sinceridad.
— Creo que voy a llorar— fingió limpiarse las lágrimas.
— Tú no te tomas nada en serio— bufé.
— ¿Dónde quedó tu sentido del humor, Teme?— repitió con mofa.
— Hmp— gruñí.
— Siguiente— ordenó el hombre que estaba asignando los grupos y donde dormir.
Lo primero que tengo que hacer es sustituir mis gafas por las de contacto. Mi hermano me había advertido al respecto, pero no quise hacerle caso. No me siento listo para afrontar lo que pasaré cuando tenga que estar todo el tiempo sin ellas, no quiero salir de la zona de confort que ellas me han brindado toda la vida.
Para mi buena suerte, o eso dijo Naruto, nos tocó en el mismo grupo. Él me sugirió que podía usar mis gafas falsas cuando no estuviéramos en los entrenamientos, cosa que por andar distraído no había llegado a considerar.
— Ten cuidado por donde caminas, idiota— me reclamó una chica con la que tropecé al salir de la fila.
— No te vi— dije de mala gana.
Estaba malhumorado por el asunto de mis gafas, pues los muy malditos me las rompieron para obligarme a acostumbrarme a usar lentes de contacto.
— Obviamente no lo hiciste— atacó con sarcasmo. Puse los ojos en blanco y decidí ignorarla, no tengo tiempo para discutir por idioteces.
— Sasuke, vamos— Naruto llegó hacia mí y me guió con disimulo hacía donde fueron asignadas nuestras cosas— no puedo creer que le hicieran eso a tus lentes— comentó indignado.
— Usarlos sería un estorbo para los entrenamientos— alegué— es mejor que me vaya acostumbrando a usar lentes de contacto, aunque no me agrade la idea.
— Pero tampoco debían dejarte sin ellas de esa manera— replicó— ahora no ves bien por culpa de las absurdas reglas.
— No es como si voy a ver borroso todo el tiempo— bufé exasperado.
— Como digas— sacudió la mano restándole importancia— oye, Sasuke— llamó como si hubiera recordado algo importante— ¿aún mantienes esa angustia en tu pecho?
— Trato de no pensar en eso— contesté con sinceridad— sigue allí, latente, cortándome el ritmo regular de mi respiración. No consigo contrarrestarla, estoy intranquilo sin motivo y me molesta porque no puedo seguir a mi instinto. Por eso estoy tratando de ignorarlo.
— ¿Y qué te dice tu instinto?— cuestionó.
— Mi instinto me ordena que haga algo impulsivo y salga a buscarla como loco, no le importa que no sepa dónde está— expresé lo que de verdad sentía. Tratando de darle una explicación medianamente lógica a lo que me estaba pasando.
— Estás aquí por decisión propia— me recordó.
— Lo sé— acepté— no dije que quería irme de aquí, es sólo un deseo desesperado que tengo.
— Es mejor que lo olvides, tal vez no sea nada— sugirió.
Decidí que lo mejor era, por una vez en la vida, hacerle caso a las sugerencias de Naruto y olvidarme de ese asunto. Eventualmente iré a buscarla, pero hoy no es ese día... aunque tenga la desesperada necesidad de hacerlo.
...
Respiré profundamente una y otra vez, tal y como la anciana me enseñó a hacerlo. Las contracciones eran más constantes cada vez y ella no llegaba.
— ¿Puedes esperar?— le supliqué al bebé— mamá quiere tenerte con ella, pero estamos solos...— gemí de dolor ante otra contracción— ¡Nana!— grité desesperada, con la esperanza de que estuviera cerca y pudiera escucharme— ¡Nana, ayuda!
Seguí sin obtener respuesta de su parte. Comencé a prepararme mentalmente para recibir a mi bebé sola, teniendo fe en que todo salga bien. Aplicar los conocimientos que la anciana me ha brindado estos meses.
— Sakura-sama, conseguí algo de ropa para el bebé. No es mucho, pero...— se detuvo abruptamente al notar mi estado.
— Gracias a Dios que ya llegó— musité aliviada.
— ¿Cuánto ha pasado desde la primera contracción?— interrogó dejando las bolsas en la silla que estaba junto a la puerta.
— Hace como dos horas y media, tal vez tres— contesté insegura.
— Revisemos cuantos centímetros de dilatación tienes y luego prepararé todo ¿vale?— me dedicó una sonrisa tranquilizadora. Asentí levemente y volví a recostarme, esperando que ella hiciera lo suyo.
— Sasuke-kun, ojalá estuvieras aquí conmigo para conocer juntos a nuestro bebé— mascullé con dolor.
Miraba a la anciana entrar y salir de la habitación. Aún faltaba bastante para que mi bebé naciera, pues ella me dijo que apenas estaba a la mitad del camino.
— Deberías comenzar a pensar en un nombre para él— comentó con dulzura.
— O ella— señalé.
— O ella, lo olvidaba— repitió riendo.
— No necesito pensarlo mucho— dije— si es un niño, tendrá un nombre parecido al de su padre. Y si es una niña, tendrá el nombre que su padre escogió para ella.
— Pensé que él y usted no tenían idea de la venida de esa criatura— dijo extrañada.
— Y no la teníamos— confirmé— fue uno de esos raros momentos en donde uno habla de sus futuros hijos y como quisieran que fueran sus nombres.
— Ya todo lo que necesitaba está listo— informó— sólo necesitamos saber si ya estás lista para comenzar y trasladarte.
— ¿Trasladarme a dónde?— interrogué desconcertada.
— A la bañera, darás a luz en el agua— contestó.
— ¿En el agua?— pregunté dudosa. Ella asintió dedicándome otra sonrisa tranquilizadora.
— En mi pueblo las mujeres optaban por dar a luz en el agua, según ellas es como una epidural natural. Dar a luz y nacer bajo el agua tiene múltiples ventajas tanto para la futura mamá como para el bebé, ya que ahorra tiempo, dolor y traumas innecesarios— explicó pacientemente— más para ti que eres una madre primeriza y demasiado joven, además no puedo llevarte a un hospital. Correrás menos riesgos, confía en mí— sentenció segura de sus palabras.
— Haré lo que me pida— aseguré más tranquila.
— Estarás lista para comenzar a pujar en cualquier momento, es mejor que nos movamos ahora— me levanté con dificultad, sosteniéndome de ella con fuerza.
Al llegar al baño, me ayudó a despejarme de toda mi ropa y me ayudó a entrar en la bañera. Allí tenía toallas, una pequeña bañera con agua tibia, pañales y la ropa que le consiguió al bebé.
— ¿Cuándo puedo comenzar a pujar?— pregunté impaciente.
De alguna manera, ella tenía razón en lo que dijo. El dolor que sentía disminuyó considerablemente. Lo único que me preocupaba ahora era tener a mi bebé sano y salvo en mis brazos.
...
Karin miró por la ventana de su nueva cocina y dejó escapar un suspiro involuntario. Cuando no estaba ocupada en su trabajo, su hogar, su esposo y su hija; no podía evitar pensar en ella. Esa pelirrosa que llegó a sus vidas y que veía como su pequeña hermana.
— Me pregunto si ya habrás tenido a tu hijo, Sakura-chan...— pronunció al aire— o si esa criatura pudo sobrevivir a lo que te haría ese despreciable sujeto... ¿al menos fuiste consciente de su existencia?
— ¡Estoy en casa!— se limpió las lágrimas con rapidez y salió a recibir a su esposo.
— Bienvenido, ¿qué tal tu día?— preguntó con una cálida sonrisa.
— ¿Por qué llorabas?— por más que lo intentó, ella no podía ocultarle nada a Suigetsu.
— Pensaba en Sakura-chan— contestó en un susurro.
— Sé que no has estado bien desde que pasó su cumpleaños, pero...
— No se trata de no haber pasado su cumpleaños con ella— interrumpió— no del todo... pensaba en la criatura que llevaba en su vientre. Me preguntaba si ya nació o si...— no pudo terminar la oración.
— ¿O si qué...?— la animó a continuar.
—... O si lo perdió por culpa de su padre— finalizó afligida.
— ¡Todo estará bien!— exclamó sosteniéndola por los hombros— Sakura es una mujer fuerte. Ella y su bebé debieron ser capaces de soportarlo todo, estoy seguro de ello. Cuando Sasuke la traiga de regreso, verás que esa criatura estará con junto a su madre y su padre, como debería ser.
— Tú haces que mis preocupaciones sean diminutas— rió más relajada.
— Ya no te preocupes, mujer. Te saldrán arrugas— sonrió burlón.
Vio como la expresión de tristeza de su esposa, cambió a una de enojo y no dudó en escapar de allí, temiendo por su integridad física.
— ¡Vuelve aquí, maldito cobarde! ¡Te juro que no te dolerá!— bramó furiosa.
Karin se dispuso a ir a su habitación y despellejar vivo al idiota con el que se había casado, pero el sonido de su teléfono la hizo olvidarse de sus pensamientos asesinos. Se desconcertó al darse cuenta que se trataba de un número telefónico del extranjero.
— ¿Sí, diga?— respondió temerosa.
Pensaba que quizás era una llamada para amenazar a su familia, ella no estaba tranquila desde que se llevaron a la pelirrosa. Karin pensaba que ellos no estarían a salvo para siempre, pues estaba segura que Kizashi se vengaría de ellos por haber mantenido oculta a Sakura de él por un tiempo.
— Soy Tsunade— suspiró aliviada al escuchar la voz de la rubia— Lamento no haber llamado estos meses, pero lo había olvidado— soltó una risita nerviosa— ¿Y Sakura? ¿Por qué su celular aparece desconectado? ¿Ya se fue a la universidad?...
Karin sintió una punzada de culpabilidad, ella no había procurado poner sobre aviso a Tsunade sobre lo que le pasó a la chica.
— Sakura... ella— tragó grueso antes de continuar— Sakura fue encontrada por Kizashi en verano, poco después de que usted se fuera...— soltó sin más. El otro lado de la línea se quedó en un silencio sepulcral— ¿Tsunade?— llamó preocupada.
— No puedo creerlo...— musitó con voz quebradiza— Mi pobre Sakura... ¿Cómo sucedió? ¿Cómo se lo tomó Sasuke? ¿Ustedes están bien? ¿Ese hombre no les hizo nada malo?
— Ellos aparecieron en la casa buscándola, esa noche Sakura-chan había salido a una cita con Sasuke— comenzó a responder cada pregunta— golpearon a Suigetsu, apuntaron a Hotaru con un arma, todo para les dijera donde estaba. Pero Sakura apareció sola, le suplicó a él que nos dejará en paz y se fue con ellos voluntariamente. Apenas y pude despedirme de ella— hizo una pausa para despejar sus ganas de llorar— A nosotros no nos pasó nada, Suigetsu sólo sufrió unos cuantos golpes y a mí no me hicieron nada. Sasuke no tuvo la misma suerte que nosotros...
— ¡¿Lo mataron?!— cuestionó escandalizada.
— Sobrevivió apenas, lo dejaron en un estado bastante delicado— relató— El chico sufrió un paro en cirugía, tuvieron dificultades para revivirlo. Estuvo en el hospital dos semanas enteras, pasó inconsciente una de ellas.
— ¿Qué está haciendo ahora?— interrogó sintiendo pena por él. Imaginaba el dolor que debió sentir Sakura si llegó a verlo herido y estaba casi segura que lo vio, Kizashi haría cualquier cosa para regodearse de su sufrimiento.
— Se fue del pueblo al terminar la escuela, dijo que entraría a la Academia de Policías para luego comenzar a investigar y encontrarla— contó.
— Como quisiera haberla persuadido para que viniera conmigo— suspiró— Yo le pedí que viniera, le dije que ella estaría a salvo si ponía un continente de distancia entre ella y Kizashi. Pero se rehusó a dejar a Konoha y a Sasuke atrás.
— Eso ya no importa ¿O sí?— inquirió— Ya no podemos arrepentirnos por lo que pudimos haber hecho, ahora sólo debemos dejar todo en manos de Sasuke y confiar en que él conseguirá salvarla.
— Creo que es demasiada carga para ese niño— expresó con molestia— Pero admito que es lo mejor que podemos hacer por ahora...
— Yo tengo fe en él— admitió Karin.
El otro lado de la línea permaneció en silencio. Sabía que la rubia no pensaba igual que ella, pues esa mujer lo perdió todo por culpa de Haruno. Tsunade no es tan positiva como ella y su esposo en lo que respecta a Sakura.
Se despidió de ella y cortó la llamada. La actitud poco alentadora de Tsunade había conseguido que sus preocupaciones volvieran a agobiarla y el dolor, que ha tenido en su pecho desde que ella se fue, se intensificara con ahínco.
...
Aferré mis manos a los bordes de la bañera y comencé a pujar cuando ella me lo ordenó. Tomaba un respiro y lo volvía a intentar, una y otra vez. Hasta que finalmente, la anciana pronunció las palabras que tanto ansiaba escuchar en ese momento.
— Puedo sentir su cabeza. Vamos, Sakura-sama, hazlo una vez más— ordenó entusiasmada.
Asentí levemente y pujé con todas mis fuerzas una última vez. Lágrimas de felicidad corrieron por mis mejillas cuando ella sacó a mi bebé del agua y escuché su llanto agudo. Mi corazón latía con violencia, se llenaba de regocijo al ver a esa hermosa criatura de cabello negro como su padre.
— Felicidades, Sakura-sama ¡es una niña!— anunció con júbilo.
Sonreí enternecida y dejé escapar una risotada escandalosa, mientras dejaba descansar mi cabeza en el borde de la bañera. No dejaba de mirarla, ansiaba sentirla en mis brazos, llenarla de besos y brindarle todo el amor que tengo para darle y que seguramente él también le daría.
— Aquí tiene— me sonrió con dulzura al entregármela— Está bien, ambas lo están. Me alegra que no hubiera complicaciones.
— Gracias— expresé agradecida— Muchas gracias por ayudarme, no sé qué sería de nosotras si usted no estuviera aquí. Le voy a estar eternamente agradecida por haberme ayudado a traer a esta preciosa niña al mundo y por ayudarme a sobrellevar mi embarazo.
— Oh, mi niña— masculló conmovida— Para mí es un placer hacerlo. Sé que solamente debo mantenerla aquí en contra de su voluntad, pero yo acepté a hacerlo sólo para que usted no sufriera más de lo que ya lo hace por culpa de esos degenerados.
— Ya no sufro— besé la frente de mi niña— Ya no más...— acaricié su respingada nariz con delicadeza.
La anciana se alejó lentamente y me dejó a solas para disfrutar del momento. Ella sentía tan pequeña, tan frágil entre mis brazos. Temía que un mal movimiento fuera a hacerle daño, por suerte con Hotaru aprendí mucho como se debe sostener a un recién nacido o sino estaría muerta de los nervios.
— Hola, preciosa. Soy mamá, es un gusto conocerte al fin— saludé con una cálida sonrisa, sin dejar de derramar lágrimas— Sé que no lo entiendes, pero quiero que sepas que te protegeré con mi vida. Nada te hará daño, no permitiré que él te dañe, antes tendrá que pasar sobre mi cadáver. Y entiendo que será difícil mantener mi promesa, pero lo intentaré. Lucharé para que seas una niña feliz, sin importar que tengas que crecer en esta porquería de lugar— hablé decidida— Ahora mismo papá no está con nosotras, pero no quiero que lo odies por eso. Él vendrá algún día por nosotras, me prometió que vendría y sé que lo hará. Nadie es más perspicaz y decidido que él, tu papá vendrá y te amará tanto como yo lo hago.
Miré sus párpados cerrados, adornados por unas largas pestañas. Es tan idéntica a él, aunque algunos rasgos en su rostro son como los míos... y heredó mi enorme frente...
— Perdóname— me disculpé con ella— Espero que por culpa de la herencia de mamá no tengas complejos algún día, aunque para mi siempre serás hermosa. Sólo espero que seas como papá y no le des importancia a esos detalles. En fin...— seguí hablándole. No puedo dejar de mirarla, quiero decirle tantas cosas y a la vez nada. No me importa que ella no pueda entenderme. Simplemente deseo congelar este precioso momento en mi memoria— es tiempo de que mamá te dé un nombre y deje de balbucear incoherencias, ¿No te parece?— le di otro beso en la frente— tu nombre será...
Acaricié su cabello sin dejar de observar su tranquila expresión mientras duerme con la cabeza recostada en mis piernas. Sonreí para mis adentros y me acerqué a darle un suave beso en los labios.
— Sakura...— llamó con voz ronca— Déjame dormir un poco.
— Hmmh— musité pensativa— No quiero— dije berrinchuda, comenzando a repartirle besos por todo el rostro.
— Anoche no dormí mucho— se quejó.
— ¿Por qué?— cuestioné arqueando una ceja.
— Estaba trabajando en una presentación que tendrán los niños de mi clase al inicio del Verano— respondió.
Puse los ojos en blanco, estos días no hemos tenido un tiempo juntos y ahora que él está libre del trabajo, Karin me pide que haga de niñera y estoy atrapada en casa con Sasuke, que vino sólo para dormir.
— ¡No es justo!— chillé en voz alta.
— Deja el drama— gruñó entre dientes. Lo miré indignada, pero decidí mover la última pieza.
— Sasuke-kun— ronroneé contra sus labios— hoy tenemos la casa sólo para nosotros, Hotaru está tomando su siesta...
Sonreí triunfal cuando esbozó una sonrisa torcida y me puso la mano en la nuca para evitar que me alejará de él.
Tuvimos que separarnos cuando Hotaru comenzó a llorar. Sasuke soltó una grosería y me dejó ir. Corrí a su habitación a buscarla, ella sólo quiere su biberón de la tarde y luego volverá a dormir.
— No te enojes— comenté divertida, él me fulminó con la mirada.
Sasuke observaba de reojo como le daba de comer a ella. Hotaru es capaz de sostener ella misma su biberón, pero cuando estoy sola con ella temo que se ahogue y yo no sepa que hacer, así que lo sostengo evitando que se atragante.
Una loca idea pasó por mi cabeza y no dudé en exteriorizarla.
— Imaginas que nosotros tuviéramos una niña— aventuré.
— Apuesto que sería igual de molesta que su madre— agregó burlón.
— Es mejor que sea una molestia a que sea una amargada como su padre— ataqué en el mismo tono.
— Sea molesta o no...— sonrió con ternura— Será muy hermosa, como tú...— los colores se me subieron al rostro.
— Y-yo creo que será más como tú— admití en voz baja— ¿Qué nombre le pondrías si tuviéramos una?— pregunté.
—...— él se quedó pensativo unos minutos y luego sonrió— Sarada...
— Me gusta, es hermoso— le concedí emocionada— ¿Escuchaste eso, bebé? Papá te ha dado un nombre muy lindo— le hablé con ternura a mi vientre, divirtiéndome con la palidez que adoptó su rostro.
— ¿Q-qué...?— balbuceó sin salir de su asombro.
— Sólo estoy jugando— solté una carcajada— Debiste haber visto tu cara, creí que te daría un ataque.
— Molestia— gruñó enojado— Me vengaré luego...— su expresión oscura no me dio buena espina. Pero que importa, sé que lo disfrutaré de todos modos.
— Sarada...— dije en un susurro— mi preciosa Sarada.
...
— Sarada...— pronuncié inconscientemente.
— ¿A que viene eso?— preguntó Naruto extrañado— ¿Se te antojó una ensalada o qué?
— No es de tu incumbencia— respondí cortante.
No sé porque recordé esa conversación que tuve con ella y porque el nombre que escogimos ese día, surgió de mis labios sin poder evitarlo. Una alegría inexplicable me invadía al pensar en ese nombre...
...
— Es un lindo nombre— interrumpió la anciana.
Se acercó a mí y me quitó a Sarada. Sentí un enorme vacío al no tenerla en mis brazos.
— No te preocupes, sólo será un momento— aseguró al ver la aflicción en mi rostro.
El cansancio cayó sobre mi con furia, pero luchaba para que no se me cerrarán los ojos y fuera a quedarme dormida metida en el agua. Con la ayuda de ella, me di un baño y regresé a la cama, donde Sarada dormía tranquilamente. Me dediqué a contemplarla embelesada, aún no terminaba de aceptar que esa delicada personita hubiera salido de mí. Ella es tan perfecta, mi pecho se llena de calidez y una alegría rebosante con sólo mirarla.
Sin darme cuenta, ella abrió sus ojos. Unos orbes tan negros como los de él me devolvían la mirada y lloré de nuevo. Por segunda vez en mi vida, me enamoré de unos profundos ojos negros que, sabía a ciencia cierta, serían mi perdición.
Sarada comenzó a hacer gestos de querer llorar, mi instinto me dijo que ella sólo tenía hambre y no dudé en darle de comer de mi pecho. La sensación que tuve es indescriptible, ahora entiendo la conexión que hay entre la madre y el bebé de la que tanto hablaba Karin. Creí que mi corazón colapsaría de tanto amor que sentía. Sin duda una sensación mágica que no cambiaría por nada en este mundo.
Luché contra mi cansancio por muchas horas, hasta que finalmente el sueño me venció y caí rendida. Lo primero que hice al despertar, fue tantear el lado de la cama donde estaba Sarada... pero ella no estaba.
Me senté bruscamente en la cama al entenderlo. Sarada no estaba ¡Sarada no es-ta-ba!.
— ¡Nana!— llamé a gritos, más no obtuve respuesta de su parte.
Me levanté de la cama, ignorando el dolor que sentía y salí de la habitación. Comencé a buscarlas desesperadamente por toda la casa, pero no había rastro de ella y mi Sarada.
— ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué a mí?! ¡¿Acaso no he sufrido suficiente ya?!— bramé desesperanzada, mirando al cielo.
Caí de rodillas sobre la tierra seca que rodeaba la vieja casa donde vivía ahora. Pensé lo peor... imaginé que Kizashi se había enterado de su existencia y le ordenó a la anciana que se deshiciera de ella cuando naciera.
Golpeé el suelo con los puños y lloré de frustración, estaba furiosa conmigo misma por no haber aguantado lo suficiente para evitar que la apartarán cruelmente de mi lado.
De no ser porque ese maldito grillete que hay en mi pierna lo mantiene informado sobre mi ubicación actual, hubiera salido a buscar a mi hija sin importar que aún no me he recuperado del parto. Ella es más importante que yo ahora.
— ¿Qué haces fuera de la cama?— la voz enojada de ella me trajo de vuelta a la realidad. El alma me volvió al cuerpo cuando vi a mi niña entre sus brazos.
— ¿Dónde estaban?— demandé bruscamente.
— Estábamos en el hospital del pueblo, quería que un pediatra la revisara— respondió con tranquilidad— Es una niña sana, pesa 3.500 gramos y mide 40 centímetros. Le pusieron sus vacunas de recién nacido y debe ir de nuevo a consulta en un mes.
— Debo disculparme con usted— bajé la cabeza arrepentida— Pensé que mi padre le había ordenado que se la llevara en cuanto naciera.
— Yo te entiendo, querida— sonrió amablemente— Si yo estuviera en tus zapatos, también tuviera el mismo miedo.
— Tengo una petición que hacerle— dije seriamente— cuando él regrese, sé que es su obligación decirle que di a luz, pero le suplico que no le mencione su género, deje que yo me encargue de eso. Si sabe que es una niña, querrá llevársela y hacer con ella lo que no pudo hacer conmigo.
— Es decir que...— se cubrió el rostro horrorizada.
Me levanté del suelo con lentitud y caminé al interior de la casa, con ella siguiéndome de cerca. Me lavé las manos en la cocina y tomé a mi bebé.
— Sí— confirmé al fin— Él la criará para meterla en su negocio, hará de mi niña una...
— No lo diga— interrumpió escandalizada— Entiendo lo que quiere decir y le aseguro que no voy a permitir que eso suceda.
— Agradezco su amabilidad, pero si llega el momento en que tenga que escoger entre usted y yo. Piense en usted primero, no quiero cargar con otra muerte en mi consciencia— sentencié fríamente, antes de regresar a mi habitación— Sólo le pido que se la lleve y se le entregue a su padre...
...
Di vueltas en la cama, odiaba estar en la litera de arriba. Naruto y yo discutimos para ver cual de los dos se quedaba con la cama de abajo. Al final decimos que lo mejor era dejársela a él, Naruto es de los que se mueve mucho al dormir y era casi un hecho que se caería de la cama la primera noche.
— ¡Sasuke!— llamó entusiasmado, asomando la cabeza por los barrotes de la litera— iremos con unos compañeros a un bar, celebremos tu cumpleaños.
— No quiero— decliné de inmediato— Sabes lo que pienso sobre esos sitios.
— Sólo será una vez— suplicó haciendo un puchero. Resistí el impulso de darle una patada en la cara— Vamos, pasemos una noche diferente— insistió.
— Seguirás jodiendo si no acepto ¿Cierto?— solté con fastidio. Naruto esbozó una sonrisa zorruna.
— Es fin de semana y tu cumpleaños, podemos hacer lo que queramos.
— Bien, pero si se torna molesto. No dudes en que voy a irme— le advertí, bajándome de la cama. Él asintió en respuesta
...
Sasuke rugió enojado y salió del local, ignorando el llamado de su mejor amigo. No tenía ganas de celebrar su cumpleaños. Debió haber mandado a la mierda a Naruto y quedarse la cama como había planeado. Ni siquiera con todas sus ocupaciones, puede dejar de pensar en ella. Sakura está presente en sus pensamientos a cada instante, ella es su motivación para seguir adelante, soportar los rudos entrenamientos y aguantar las miradas de todos sobre él cuando se ve obligado a no usar las gafas falsas.
— No tiene remedio— suspiró Naruto con pesadez— Sabía que lo haría.
— ¿Qué hace alguien como él aquí?— preguntó uno de los compañeros que Naruto había invitado— Alguien como Uchiha debería estar en una universidad, no formándose para ser un oficial de policía.
— Sasuke tiene sus razones— aventuró el rubio— No te imaginas cuantas universidades estaban interesadas en él y como las rechazó sin considerar las ofertas.
— ¿Por qué?— preguntó la única chica del grupo.
Ella se sentía atraída por el misterioso chico de ojos negros desde que él tropezó con ella el primer día. Aunque el Uchiha es una sensación entre las mujeres que están dentro de la Academia y a donde vaya sin sus anteojos, ella se sentía privilegiada de haber sido la primera en fijarse en la belleza de su rostro sin las gafas. Pero por más que lo intente, él no deja de rechazarla. Como último recurso, se propuso a competir con él y superarlo en todo, pero eso también es un imposible para ella. Uchiha, como ella suele llamarlo, es demasiado perfecto en todo.
— Es una larga historia, Kurotsuchi— así es el nombre ella. Todos allí la llamaban por su nombre, excepto él.
— Yo quiero escucharla— pidió. Los demás compañeros, asintieron dándole la razón.
Naruto se mostró indeciso, él había evitado mencionar el nombre de la pelirrosa muy seguido. De hecho, Sasuke no hablaba de ella. Pero sabía ella siempre estaba presente en sus pensamientos, incluso más de una vez lo ha escuchado llamarla entre sueños.
— Sasuke tenía una novia...— comenzó— Sakura-chan era una chica especial, como ninguna otra.
— ¿Qué puede tener de especial ella?— interrogó la pelinegra con sarcasmo.
— Mucho— aseguró— Sakura-chan fue la primera mujer que miró a Sasuke sin saber lo que había debajo de sus gafas, ella se enamoró de él sin conocer su verdadero rostro— relató— no crean que la tuvo fácil, él podía ser muy desgraciado con ella. Pero Sakura-chan no se rindió y consiguió meterse en su corazón, sin que él pudiera evitarlo. Yo notaba como la miraba más, como se metía en problemas para defenderla, como se la quedaba viendo cuando creía que nadie se estaba dando cuenta. Sin embargo... nada era tan perfecto como parece. Sakura-chan tenía un secreto, ella había huido de su padre, fue allí cuando llegó a Konoha y entró en la escuela.
— ¿Por qué huía de su padre?— preguntó el grupo.
— Eso es... complicado— suspiró con pesadez— el punto es que Sasuke hacía todo por ella, todo para que Sakura-chan conociera lo que su difícil vida le había negado. Ella lo cambió, lo hizo ver la vida desde otra perspectiva, ella se convirtió en su todo. Pero él sabía que su padre la buscaba y que en cualquier momento la encontrarían. Sasuke estuvo a punto de morir, ese hombre había mandado a que lo matarán porque él una vez les dijo que él no la conocía, cuando en realidad ella ya era su novia. Además de que tal vez quiso darle una lección a su hija por desafiarlo. Lo primero que dijo que haría al despertar en el hospital, fue que cumpliría su promesa de salvarla y por eso vino a la Academia. Yo decidí venir con él porque le debo mucho a Sasuke y Sakura, y quiero ayudar para que ambos estén juntos de nuevo.
— ¿Dónde puedo conseguir una como ella?— bromeó Omoi, uno de sus compañeros— ¿tienes una foto de la chica?
—Sí tengo, pero Sasuke no lo sabe— Naruto se acercó a ellos para hablar en cuchicheos— es muy celoso con ella.
— Entonces debe ser muy hermosa— comentó otro de sus compañeros, llamado Choji.
— Sí que lo es— aseguró Naruto.
Buscó en su billetera y sacó una fotografía que estaba doblada a la mitad. En ella, Sakura sonreía a la cámara y Sasuke la tenía abrazada desde atrás por la cintura, apoyando la barbilla en el hombro de ella, esbozando una leve sonrisa.
— Esa foto fue en el cumpleaños de ella, él le organizó una fiesta sorpresa en su casa. Esa noche lo vi más complaciente que nunca, todo lo que ella le pedía, él lo hacía y posar para esa foto fue una de ellas. Guardé una copia de esa fotografía porque me gustó, él se ve genuinamente feliz y se nota lo mucho que se aman.
Ellos entendieron que lo que Naruto decía no eran simples exageraciones, Sakura de verdad era hermosa. A leguas se notaba lo mucho que ellos se amaban, entendieron las razones por las que el Uchiha estaba en ese lugar, él luchaba por salvar a quien ama con desesperación y locura.
Kurotsuchi entendió que nunca había tenido una oportunidad para entrar al corazón del moreno, pues este ya estaba ocupado por alguien que se ganó ese lugar y que estaría allí permanentemente.
...
Comencé a caminar por toda la habitación, arrullando a Sarada para que se durmiera, mientras tarareaba una canción.
Hoy es el día de su cumpleaños. Como desearía estar con él y disfrutar de nuestra hermosa hija juntos.
— Es una linda canción, Sakura-sama— apreció la anciana, entrando con la cena— ¿Dónde la aprendió?
— Mi novio la tocaba en el piano, él y su madre la escribieron juntos cuando él era niño— conté con alegría. La anciana me sonrió con tristeza y dejó la bandeja en la mesa.
— Veo que está usted muy enamorada de ese joven, ha de ser un hombre maravilloso— comentó encantada.
— Lo amo, nana. Él es increíble, o lo era, no sé si sigue con vida— musité sintiendo una punzada de dolor en mi corazón.
— Él aún debe estar con vida— quiso darme ánimos.
Seguramente tiene razón, sé que él no dejaría que su vida se apagara con facilidad. Algunas veces por las noches, cuando las pesadillas vuelven, estas ya no se tratan sobre la muerte de Ino o mi tortuosa infancia/adolescencia, no, se trata de esa noche. La imagen de Sasuke tirado en ese asqueroso callejón, sus delirios en medio de su agonía y la horrible culpa que sentí al dejarlo solo.
— ¿Sabe? Hoy es su cumpleaños, está cumpliendo diecinueve años. Apuesto que su amigo Naruto le organizó una fiesta, lo imagino negándose a ir a la dichosa fiesta como siempre lo ha hecho cuando se trata de ellas— relaté con melancolía— Si estuviera con él, estaríamos en su casa reunidos en familia. Su padre, su hermano, la esposa de su hermano, nuestros amigos, Sarada, él y yo.
— No se ponga triste, Sakura-sama. Las emociones negativas de la madre se le transmiten a la criatura.
— Lo sé, tengo que salir adelante sólo por ella— dije con decisión, mirando enternecida a mi hermosa bebé.
Cada noche, cuando voy a dormirla, pienso en lo que sería nuestra vida si estuviéramos en Konoha. Tal vez él y yo nos tendríamos que haber enfrentado a muchos problemas por descuidados, pero después todos hubieran enloquecido con la idea de un nuevo bebé en la familia. Probablemente hubiéramos celebrado una boda pequeña con nuestros más allegados. Todo el proceso del embarazo juntos, lo que hubieran sido las consultas mensuales para verificar que todo marchaba de maravilla, la cara de Sasuke al saber que sería una preciosa niña. El padre de Sasuke también hubiera enloquecido con la idea de una nieta, no es un secreto que él también deseaba una hija. Los cumpleaños de Sarada, los de Sasuke y los míos. Las noches en vela porque la niña enfermó, las visitas al pediatra, sus primeros pasos, las clases de piano que le daría su padre todas las tardes, los días del padre, días de las madres...
Una lágrima traicionera corrió por mi mejilla y cayó en la frente de Sarada, ella frunció el ceño al sentir la gota chocar en su piel. Me limpié el resto de aquella lágrima y acaricié la mejilla de ella con suavidad.
— ¿Cómo es él?— preguntó curiosa. Una sonrisa se me escapó al intentar ver cómo abarcar todo lo que esa pregunta puede conllevar.
— Él es introvertido, observador, frío y arrogante cuando se lo propone, un hombre de pocas palabras, pero con un gran corazón— mi voz se quebró al recordar todo de él— sus ojos negros son tan profundos, cada vez se clavaban en mí, me sentía desnuda en su presencia. Siempre que se me presentaba la oportunidad, le hacía saber que lo amaba. En cambio él, no me decía que me amaba con palabras, me lo demostraba. Solía decirme "Las palabras son vacías, Sakura. No significan nada porque cualquiera puede decirlas. En cambio, las acciones hablan por sí solas y valen más que todas las palabras que pueda decirte"
— Un joven muy listo— alabó.
— Sí, no se imagina cuanto— reí al recordar todas las veces que Sasuke hacia alarde de su inteligencia.
— Creo que usted supo escoger bien de quien enamorarse— agregó con vehemencia. Negué levemente mientras sonreía de nuevo.
— Uno no escoge de quien se enamora, nana. Se trata de algo que va más allá de nuestro entendimiento— reflexioné.
— O simplemente se trata del hilo rojo del destino— acotó— Su madre estaría orgullosa de usted— confesó, sacándome de mis pensamientos.
Volteé a verla sorprendida y ella simplemente sonrió.
— Yo cuidaba a su madre cuando sus padres se iban de viaje, le tenía mucho aprecio. Cuando ella se casó, me invitó a su boda, pero yo no pude ir por una enfermedad— relató— muchos años después, su padre me buscó. Él me ofreció este trabajo, tenía que cuidar de usted y evitar que escapara de nuevo. Me pareció cruel, pero lo hice por el aprecio que le tengo a su madre. Y todas esas cosas que le traigo, sólo lo hago porque estamos solas en casa usted y yo.
— Y yo le agradezco mucho su ayuda— confesé.
De no ser por esa anciana y Sarada, creo que ya había recurrido al camino de los cobardes... el de quitarme la vida.
— ¿Qué se siente amamantar?— preguntó mirando como Sarada, a pesar de estar dormida, no dejaba de comer de mi pecho— nunca tuve hijos, no sé lo que se siente.
— Es una sensación maravillosa— argumenté mirando a Sarada con dulzura.
— Descanse, Sakura-sama— hizo una leve reverencia.
— Buenas noches— contesté.
Los meses pasaron volando, cada día lo dedicaba a ver crecer a mi niña. Notaba mucho de él en ella, Sarada es una niña inteligente, capaz de hacer cosas que los niños a su edad no hacen. La anciana dice que es una niña precoz.
Su primera palabra la dijo los seis meses, lloré mucho cuando me dijo mamá por primera vez. Era feliz cada vez que ella me despertaba y me sonreía. Es tranquila y observadora, como su padre. Y extremadamente curiosa, como yo. Estoy segura de que Sasuke diría —Es una molestia como tú— negaba divertida cada vez que lo imaginaba.
Esa mañana de invierno, faltaban dos meses para su primer cumpleaños, Sarada gateaba por todo el cuarto, mientras yo supervisaba que no fuera a meterse a la boca algo indebido. Decidí que era tiempo de dejarla moverse con más libertad.
Vi que ella trató de levantarse por cuenta propia, usó sus propias manos para levantarse del suelo. Chillé emocionada y me mantuve a una distancia prudencial, por más que quisiera ayudarla, sabía que era algo que tendría que hacer sola.
— Tú puedes, cariño— comencé a animarla, sin levantarme de la cama.
Con dificultad, pudo ponerse de pie e intentó dar sus primeros pasos. Pero sus pies tropezaron entre ellos y cayó. Me alarmé y me precipité a ayudarle, pero mi hija es orgullosa y se levantó por sí sola, sin embargo volvió a caer por el mismo motivo. Lo mejor que pude hacer fue observar que hará para mantenerse de pie y poder dar sus primeros pasos.
He llegado a pensar que Sarada no ve bien, por eso no me gusta dejarla moverse libremente, por miedo a que quizás comience a estrellarse contra todo. Pero sólo era una teoría que no pude confirmar, sino hasta ahora. Al ver como es difícil para ella visualizar sus pasos y por eso tropieza con sus propios pies. Además de que va gateando directamente a la pared y al parecer no se ha dado cuenta de ello.
Corrí a auxiliarla cuando su frente chocó con aquella pared e inevitablemente comenzó a llorar.
— Ya, ya— la tomé entre mis brazos y comencé a arrullarla para que dejará de llorar— parece que tienes el mismo problema de la vista que papá.
— ¿Le sucedió algo a Sarada-chan?— llegó la anciana preocupada por el escándalo de ella.
— ¿Qué hora es?— interrogué ignorando su pregunta.
— Hace rato vi que eran las ocho apenas— contestó.
— ¿Cree que pueda ir con Sarada al hospital y la vea un oculista?
— No tengo problema alguno— dijo extrañada.
— Esta pequeña necesita de gafas— expliqué— su padre también las ha usado desde muy pequeño, recuerde que el otro día le expresé mi preocupación por los posibles problemas de vista de Sarada.
— Lo recuerdo— objetó— no se preocupe, iré de inmediato con ella al hospital. No será problema conseguirle unos anteojos a ella— sonrió.
— Gracias— le devolví el gesto— Sarada estará lista en un rato.
La abrigué bien para protegerla del frío, se veía un poco cómica considerando que tiene ropa de niño. La anciana suele conseguirle ropa y no me importa que sea de niña o de niño, lo importante es que ella tenga con que vestir.
— Mamá, no— sollozó cuando la dejé en brazos de la nana para que se fueran.
El corazón se me estrujó al ver sus ojos llenos de lágrimas y sus manos estiradas hacía mí mientras se alejaban de la vivienda poco a poco. Permanecí de pie allí hasta que las perdí de vista.
Un terrible escalofrío me recorrió cuando un auto se estacionó frente a la casa, eso sólo significa una cosa... mi padre ha regresado a Japón.
— Saludos, hija mía— sonrió con falsa ternura, al bajarse del vehículo.
Pasé saliva, mi rostro palideció. Se supone que todavía no pasaban los dos años que la anciana dijo que él estaría fuera. Ahora que ha regresado, temo por nosotras. Temo por la vida de mi preciosa Sarada...
Hasta aquí el capítulo de hoy.
Cuando Naruto dijo que sus sentimientos están fuertemente conectados, lo hice pensando en que, irónicamente, cuando hay un capítulo que implica Sasusaku, ya sea en el manga o anime, se llama "sentimientos conectados". Creo que no he sido la única que lo ha notado. En fin, quiero aclarar que el parto de Sakura lo hice basado en un artículo de una revista médica que leí cuando hacía un trabajo para la universidad, donde decía exactamente lo que la nana le explica a Sakura. Volvió la basura de Kizashi, ¿será capaz de hacerle algo a Sarada? ¿Sasuke podrá rescatarlas antes de la tragedia?
Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.
Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.
EAUchiha.
